14/07/2024

El sionismo en Argentina y en América Latina: militarismo y ultraderecha contra nuestros pueblos

Publicado en DossierGuerra y genocidio en Palestina: colonialismo y resistencias en tensiónNuestra América

La incidencia del sionismo en gran parte de los medios de comunicación le permite mantener entre brumas su intervención en América Latina, tanto al servicio de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, como de su propio provecho. Develarla resulta imprescindible, para asumir que las crecientes movilizaciones  en el mundo en solidaridad con el pueblo palestino devienen, asimismo, en una cuestión de defensa propia. Así lo están entendiendo, entre muchos otros, los estudiantes universitarios en los Estados Unidos, que se movilizan en una magnitud solo comparable con la que desplegaban contra la guerra de Vietnam.

Cada vez más, las bombas que siegan miles de vidas en Gaza, dejan en claro que el Estado sionista no despliega un operativo de defensa contra Hamas sino un sangriento genocidio. Este intento de exterminar al pueblo palestino  comenzó desde antes de 1948 con la masacre de centenares de poblados y la expulsión de cientos de miles de habitantes, continuó con la transformación de Gaza en un gueto hace ya 17 años y, desde el 7 de octubre, entró en una fase de “solución final” –lo que evoca reminiscencias dolorosas del nazismo y provoca una indignación creciente-. Con cada bomba asesina, cae el velo que encubre al sionismo como portador de valores éticos y democráticos, para mostrar su verdadero rostro racista y colonial.  

En nuestro continente el Estado sionista fue una pieza fundamental para proveer armamento  a las dictaduras que asolaron la región en la década de los ’70 y ’80. Con el advenimiento de los gobiernos post dictatoriales, el mercado bélico y represivo no menguó, sino que, por el contrario, se amplió y cambió en sintonía con las transformaciones del capitalismo global. Los cuerpos castigados y los territorios arrasados en América Latina se mantienen entre brumas, pero no son diferentes a los de Palestina.

Hay razones profundas para que el sionismo, desde su inicio, haya priorizado entablar relaciones políticas, económicas y militares con los gobiernos más conservadores, dictatoriales y reaccionarios, sin que constituyan un obstáculo los rasgos antijudíos de algunos, como fue el caso de la dictadura argentina. Relaciones que se entablaron tanto cuando el laborismo era quien ejercía el poder en Israel o como ahora, en que el fundamentalismo religioso consolidó su fusión con el sionismo laico, bajo la jefatura de Benjamín Netanyahu.

Las armas que asesinan en Palestina son las mismas que reprimen en América Latina

Las empresas de armamento de Israel son claves, tanto para mantener la dominación sobre el pueblo palestino como para ocupar uno de los primeros lugares en la venta de armas en el mundo. Esto le permitió ocupar un octavo lugar en relación al volumen de ventas mundial y el primero en la venta de armas per cápita. Más de un 10% de la población israelí vive de la militarización -a través de unas 6.800 empresas proveedoras de servicios de armas y seguridad-, lo que no resulta ajeno a la derechización de su población. 

Ya lo había señalado a fines de los años ’70 Israel Shahak -quien emigró en 1948 a Palestina tras sobrevivir al campo de concentración de Poniatewo- al denunciar que “cada día más, vivimos de la muerte de otros pueblos: palestinos aquí y muchos otros en el resto del mundo”. 

El apoyo israelí a las dictaduras en América Latina. 

Una de las principales empresas israelíes es “Israel Military Industries”, quien proveyó de sus armas a Anastasio Somoza en Nicaragua y a la dictadura salvadoreña. Esta última obtuvo por esta vía el 83% de su armamento. Por su parte, la “International Security and Defense Systems” (ISDS), empresa de seguridad del ex agente del Mossad Leo Gleser, vendió importante cantidad de armas a las dictaduras de Guatemala, el Salvador y Honduras, al tiempo que participó de la formación militar de los Contras en Nicaragua. También la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay obtuvo similar apoyo por parte de Israel.

El caso de Guatemala merece una mención especial. Allí se cometió uno de los peores genocidios de América Latina, con el exterminio no sólo de las izquierdas, sino de cerca de 200 mil integrantes del pueblo Maya y la destrucción de unas 600 aldeas, a mano de las dictaduras que gobernaron desde mediados de los ‘70 hasta entrados los ‘80. Tras el corte de la ayuda militar de los Estados Unidos en 1977, por decisión del presidente Carter -al que se le dificultaba congeniar ese apoyo con su limitada política de DD.HH.-, su lugar fue ocupado por Israel. El Estado sionista en 1980 rearmó a todo el ejército guatemalteco con los fusiles Galil, además de aportar equipamiento policial, entrenamiento militar y cerca de 300 asesores en el terreno.  En 1982, el Jefe del Estado Mayor de Efraín Ríos Montt –considerado uno de los dictadores más sanguinarios- declaró a ABC News que “Israel es nuestro principal proveedor de armas y amigo número uno de Guatemala en el mundo”. La experiencia acumulada por Israel en la destrucción de aldeas palestinas durante 1947/1948 resultó invalorable para el ejército guatemalteco. Sólo el apoyo israelí dado al régimen de apartheid sudafricano y al Sha de Irán puede equiparar tal ignominia.

Tanto al Chile de la dictadura pinochetista como a la Argentina de la dictadura cívico-militar-eclesiástica, fue enviado como enlace para la provisión de armas el Teniente General retirado Motta Gur, dirigente del Partido Laborista y columnista de Davar, el periódico oficial de la Histadrut (la CGT israelí). Este “personaje” no sólo se ocupó con éxito de la venta de armas, también se fotografió en Chile con Pinochet y declaró “sé que el ejército chileno se ha habituado a obtener victorias y que tiene la ambición de continuar victorioso”, de más está decir que la victoria a la que se refiere implicó la represión y asesinato de su propio pueblo. Durante la represión en Santiago de Chile, testigos afirmaron que vehículos con cañones de agua para disolver protestas traían la inscripción de su fabricación en el Kibutz Beit Alfa, del Hashomer Hatzair. 

En Argentina, durante una gran recepción en su honor, esta vez la fotografía fue con el general Viola. Como sostiene Israel Shahak, las fotografías cumplían un papel importante, “usadas como prueba del carácter progresista, o al menos no tan terrible de estos regímenes y sus jefes ya que, en muchos medios norteamericanos ¿quién se atrevería a criticar a Israel, exponiéndose así a la acusación de antisemitismo?”.

Transformaciones en el militarismo israelí al compás de la mutación del capital global y de la “guerra contra el terrorismo”

A partir del 2001 y el inicio de la “guerra contra el terrorismo” por parte de los EE.UU., junto a la crisis global del capitalismo y el recrudecimiento de la acumulación por desposesión, el militarismo –sin abandonar la noción de enemigo externo- pasó a concentrarse en el control del “enemigo interno”, o sea,  la propia ciudadanía a la que se le endilga el mote del enemigo de turno. Migrantes, piqueteros, militantes, ecologistas, feministas, sindicalistas o lo que fuera, devinieron en motes peyorativos, plausibles de ser perseguidos y reprimidos con armas cada vez más nocivas, ya no sólo por parte de regímenes dictatoriales sino por el conjunto de los países “democráticos”. El “brindar seguridad” a la población quedó como frase decorativa en bellos discursos, para encubrir que esa misma población pasó a ser el enemigo interno a controlar.

Es así como el mercado militar y de seguridad israelí, más allá de las dictaduras y en la actualidad, tiene a más de 130 países como clientes. Firmó acuerdos de libre comercio con México, Colombia y con el bloque del MERCOSUR, que entró en vigencia en el 2009. El capítulo latinoamericano del BDS informa que las exportaciones de Israel hacia América Latina, en el año 2016 correspondieron en un 25% a material bélico. Con algunos picos, como a Colombia, donde fueron del 49,6% del total.

Las largas décadas en que Israel desarrolló tecnología para controlar y reprimir a millones dentro y fuera de sus fronteras le significan una gran ventaja comparativa. Lo que para el pueblo palestino es una tragedia, para Israel resulta una vidriera en la que expone la eficacia de su tecnología de muerte “probada en el terreno”. Esto le permite destacarse en la venta de armas, en ciberseguridad y en el asesoramiento y formación de fuerzas policiales, militares y servicios de inteligencia. Su experiencia en el control poblacional a partir de la construcción del muro en Cisjordania le valió la obtención de contratos para el control de migrantes en el muro que levantó EE.UU. en su frontera con México. En Argentina, se firmó en septiembre de 2017 un convenio de Cooperación en Asuntos de Seguridad Pública e Interior, mientras fuerzas policiales de varias provincias, como las de Buenos Aires, Tucumán, Salta, San Juan y Santa Fe realizaron viajes de formación a Israel. Mientras bombardea Gaza, Israel ofrece sus misiles guiados por inteligencia artificial, que le permite fijar blancos con una cantidad “aceptable” de “daños colaterales”. En el caso de Israel, trascendió que considera aceptable que, por cada militante de Hamas eliminado, sean asesinados hasta 20 familiares y vecinos.

Israel desarrolló también software de vigilancia que es utilizado en América Latina para la vulneración de los derechos humanos. Uno de ellos es el software Pegasus, de la corporación israelí NSO Group, que permite capturar el micrófono y la cámara de celulares. Fue adquirido por el gobierno de Peña Nieto de México y fue utilizado para intervenir, entre otros, los celulares de los abogados y familiares de los desaparecidos en Ayotzinapa. En Argentina, el software utilizado para el espionaje sobre las familias de Santiago Maldonado y la de Jones Huala es también israelí, en este caso de la empresa Voyager Labs.

En esta nueva fase del militarismo israelí, otro hecho importante de mencionar, en el año 2005 en Guatemala, es el asesinato de  un manifestante contra la megaminería perpetrado por un agente israelí de una empresa de seguridad de esa nacionalidad, especializada en contratos con empresas de esa rama extractivista.

Pero las empresas israelíes que desembarcan en América Latina no son sólo militares y de seguridad. Una de ellas, Mekorot, tristemente conocida -y denunciada ante la ONU- por aplicar el apartheid contra los palestinos, quitándoles el agua en Cisjordania para darle ese  vital insumo a los colonos israelíes. En Argentina ya desembarcó en 10 provincias. Recientemente, para la extracción del litio en el norte argentino, Javier Milei acordó con la israelí XtraLit. Ambas empresas se complementan. Tanto la extracción de litio como el conjunto de las actividades extractivas requieren millones de litros de agua que dejan de estar a disposición de la población. Asegurar esto es la tarea de Mekorot.

Cómo sostiene la campaña BDS, “al final no solo son herramientas las que se transfieren sino también ideología: la que entiende la violación de los derechos humanos como un arma legítima”.

El sionismo se alía a sectores evangelistas y ultraderechas

Un viejo chiste judío acerca de los cristianos sostenía que “hay quienes no están seguros de que Jesucristo haya existido, pero sí están seguros de que los judíos lo mataron”. Con el advenimiento del sionismo un nuevo chiste vino a reemplazar al anterior, “hay judíos que no están seguros de que Dios exista, pero sí lo están de que dio a los judíos la tierra de Israel”. Sobre esta última creencia se consolidó una alianza entre importantes sectores evangelistas con el sionismo. La creencia de fondo en común es el que el pueblo de Israel, según el Génesis, fue elegido por Dios para apropiarse de los territorios que van desde el río Eufrates hasta el Nilo. 

El fundamentalismo judío supone estar cumpliendo con el mandato de Dios al aplastar y desplazar al pueblo palestino. Hay miembros del gobierno israelí –entre otros el ministro de finanzas- que argumentan que Dios avala el genocidio, tal como ordenó a los hebreos, según la biblia, acabar con el pueblo de Amalek: “destruye a hombres como a mujer, a niño como a lactante, a buey y oveja, camello y asno” (Samuel 15.1). ¿Alguien imagina el escándalo mundial que se armaría si algo similar saliera de la boca de algún ministro de un país árabe enemistado con los Estados Unidos?

El evangelismo sionista –de creciente influencia en los Estados Unidos y en América Latina- cree que sólo cuando el pueblo de Israel cumpla el mandato divino de apoderarse de esas tierras, llegará el tiempo del Armagedón (batalla final) y la segunda venida de Cristo para instaurar el reino de Dios.

Quizás sirva para dimensionar la importancia de esta corriente evangélica en Estados Unidos que sus seguidores rondan entre los 10 y los 20 millones de personas. Una cantidad mayor que la de los judíos que hay en el mundo entre los cuales, además, un sector importante no se considera sionista. Un reciente libro de divulgación del sionismo cristiano, escrito por Tim Lataye y Jerry Jenkins tuvo más de 65 millones de copias vendidas. Entre sus seguidores se encuentran senadores y jueces de los EE.UU. La organización “Cristianos Unidos por Israel”, fundada en 2006, cuenta con 7 millones de miembros entre los cuales se cuenta a Mike Pompeo, quien fuera jefe de la CIA y secretario de Estado bajo el gobierno de Trump. En un reciente mitin en homenaje a Israel en Texas, organizado por esta corriente, uno de sus pastores arengó: “Ahora es el momento para exterminar a Hamas. Pónganle un fin y háganlo ahora”. Y finalizó: “Israel hoy, Israel mañana, Israel para siempre”.

Estos puntos de contacto entre el sionismo como una corriente política dentro del judaísmo y el sionismo cristiano, constituyen también un elemento en común con las ultraderechas a nivel mundial, con la que comparten el racismo y la islamofobia. Paradójicamente, el sionismo comparte con el antisemitismo de las ultraderechas el mismo universo ideológico conceptual, “la identificación del Estado entendido como superestructura política con la Nación (comunidad de sangre) y no con la ciudadanía”. 

Con la imbricación del sionismo con el fundamentalismo cristiano y las ultraderechas se consolidó la integración de Israel al aparato imperial de los Estados Unidos, que se apoya en ellos para extender su influencia militar y cultural en el mundo, tras desencadenar la “guerra contra el terror” que, cada vez más, se enfoca en el dominio de los recursos naturales, en su batalla geopolítica con China por el control de los mismos.

Ya en 1972 el intelectual israelí Arie Bober había tomado nota de esa imbricación de intereses al señalar que, en Israel, “la división política fundamental es entre sionistas y no-sionistas o antisionistas, la división entre derechas e izquierdas es superficial”. La realidad le dio la razón y fuertes corrientes que se proclamaban de izquierdas o progresistas en Israel, como lo fueron el Partido Laborista, Mapam, Hashomer Hatzair, Shalom Ajshav (Paz Ahora) o incluso las fuertes movilizaciones contra el gobierno de Netanyahu, al no distanciarse del sionismo y por lo tanto del etno-Estado exclusivamente judío, acaban en la esterilidad política y social, sin lograr solucionar ningún problema, ni de judíos ni de palestinos.

Después de los Estados Unidos, el país donde más se extendió el sionismo evangelista es Brasil, en donde brindó a Jair Bolsonaro una parte importante de su sostén electoral, a cambio de su apoyo a Israel. Al igual que posteriormente Milei en Argentina, Bolsonaro visitó en 2016 el Muro de los Lamentos junto a Netanyahu, donde cumplió su compromiso y apoyó la pretensión de soberanía israelí sobre Jerusalén.

Esta combinación de intereses amplía la influencia sionista en gobiernos, medios de comunicación y en la opinión pública mundial. La importancia que se le da en Israel a esta alianza resalta con la creación en el 2004, en su Parlamento, de un lobby denominado “Aliados Cristianos de Israel”, que posteriormente se consolidó como Fundación Aliados de Israel. Su propósito es detectar parlamentarios que en el mundo simpaticen con estas ideas, para incidir en las agendas parlamentarias, limpiar la cara de Israel en el mundo e influenciar en organismos internacionales como las Naciones Unidas o la OEA.

El reciente fallo de la justicia argentina en el caso del atentado a la AMIA es una muestra más de la incidencia de estos intereses geopolíticos en nuestros países, por encima de cualquier consideración ética o de justicia. Sin prueba alguna se determinó la culpabilidad de Irán en el atentado. Tal veredicto sólo se sostiene en que así lo afirman los servicios secretos de EE.UU. y el Mossad israelí. La afirmación del juez interviniente para demostrar la culpabilidad de Irán se basa en que el atentado “responde a un programa escatológico, apocalíptico, que pretende instalar una especie de califato universal” lo cual sólo prueba que la Justicia argentina es parte –como sostienen los familiares de APEMIA- de los intereses geopolíticos de los Estados Unidos e Israel. No hace tanto, las sospechas habían pasado de Irán al Líbano, “casualmente” cuando Israel disputaba, con dicho país, el control de los yacimientos de gas de su costa mediterránea.

Para saber por casa cómo andamos, preguntale a Montoto

En la Argentina reciente, el sionismo –a través de uno de sus sectores más reaccionarios, la corriente Jabad Lubabitch- consagró a un personaje tan cruel y oscuro como el presidente Javier Milei con la distinción de “embajador de la luz”. La preferencia de Milei por esta rama del judaísmo es coherente con su ideología e intereses, ya que se trata de una rama judaica ortodoxa, extendida en el mundo, pero con su epicentro en los EE.UU., profundamente anticomunista y que ve en Israel a un muro de contención de la “barbarie islámica”. La importante influencia que tiene en Argentina sobre grandes empresarios como Eduardo Elsztain (dueño de Cresud, el grupo IRSA, los shoppings porteños, el Banco Hipotecario y un millón de hectáreas), Daniel Sielecki (laboratorios Elea), Gerardo Werthein (banco Patagonia y dueño de 100 mil hectáreas, designado como embajador en EE.UU.) o Darío Epstein (consultor financiero y organizador del Latam Economic Forum), le permite a Milei fundir en un sólo plano su proyecto político, religioso, cultural y económico. Asimismo, mostrarse como parte del eje geopolítico que constituyen los EE.UU e Israel. Quien conectó a Milei con esta corriente fue Tomás Pener, militante libertario y director de Betar, un movimiento sionista juvenil que reconoce como ideólogo fundador a Zeev Jabotinsky (1880-1940), quien tuvo grandes simpatías por Benito Mussolini. Como embajador en Israel, Milei eligió a otro integrante de esta corriente ortodoxa, al rabino Wahnish.

Pero la importancia que tiene el sionismo en la política de Milei no puede conducir a suponer que el apoyo a la política israelí recién comienza en la Argentina. Vale recordar que el primer viaje internacional que hizo Alberto Fernández al ser electo presidente también fue a Israel y Jerusalén, que la primera visita que hizo a la Argentina un primer ministro israelí fue la del genocida Benjamín Netanyahu bajo el gobierno de Mauricio Macri, que durante los gobiernos kirchneristas se firmó el tratado de libre comercio y que Cristina, en 2005, al visitar al presidente israelí declaró su “admiración por cómo el pueblo judío defiende sus derechos y que una de sus ventajas es ser un pueblo que posee memoria”. A su vez, Carlos Menem fue el primer presidente argentino en pisar Israel.

Las presidencias cambian, pero hay tres nombres que se repiten en esta relación. Uno de ellos es el de Patricia Bullrich, ministra de seguridad y habitué de saltos políticos que lubrican su cercanía al poder. Los otros dos –que manejan los hilos de las relaciones con Israel y del comercio de material bélico- son Guillermo Yanco (marido de Bullrich) y Mario Montoto (amigo de ambos). El rol de Patricia Bullrich resulta vital para concretar los negocios, como cuando en 2016, con la intermediación de Mario Montoto y siendo también ministra de seguridad, usó millones de dólares en la compra a Israel de material bélico y de 4 lanchas equipadas con cañones y sistemas de vigilancia por un valor que –según la denuncia de la Cámara de los Astilleros de Argentina- era el doble al que hubieran costado de ser construidas en el país.

Algo que tienen en común los señalados, además de su amistad, es su capacidad de lobby a favor del intercambio comercial con Israel -y de su propio interés- y su incidencia en medios de comunicación que justifican y avalan la política sionista, mientras etiquetan como “antisemita” a toda crítica.

Mario Montoto, quien conoce a Patricia Bullrich desde la militancia de ambos en Montoneros en la década del ’70 y quien la acercó al área de la seguridad tras haber tenido un rol importante en el Ministerio de Seguridad bonaerense durante el mandato de Daniel Scioli, es presidente de la Cámara de Comercio Argentina-israelí. Desde allí interviene para la venta de armas y tecnología de seguridad de Israel a nuestro país. Es además dueño de la empresa CODESUR (Corporación para la Defensa del Sur), vinculada a empresas israelíes como Aeronautics, Azimut Israel, Metax y otras varias, a las que representa en Argentina. También fundó la empresa Surely S.A., -especializada en las tobilleras electrónicas y otros medios de rastreo y localización de personas- en la que está asociado a varios ex militares. Uno de ellos el ex capitán de navío Carlos Ruda, quien fuera condenado en 2012 por el espionaje llevado a cabo contra militantes sindicales, sociales y de derechos humanos, desde la base aeronaval de Trelew. 

Para influir en el terreno de los medios, Montoto fundó la editorial TAEDA desde la que publica la revista DEF, especializada en temas de energía, medio ambiente y defensa; y fue asociado de Daniel Hadad, por lo que escribe asiduamente en el medio Infobae, que asimismo reproduce notas aparecidas en DEF.

Montoto es un asiduo visitante de las embajadas de EE.UU e Israel en Argentina y asimismo, un asiduo oficialista, que no duda en ofrecer sus servicios al gobierno de turno, desde Carlos Menem en adelante. Esto aceita su poder de lobista por el que fue quien preparó la agenda del viaje de Patricia Bullrich a Israel, en la que se concretó la compra de las lanchas mencionadas. Y quien logró que las provincias de San Juan y Mendoza firmaran un convenio con Mekorot por el manejo del agua. También logró ganar la licitación por el mantenimiento de los submarinos ARA Salta y ARA San Juan, este último el desaparecido en el mar por causas que nunca se terminaron de esclarecer.

La última pata de este trípode empresarial es Guillermo Yanco, marido de Patricia Bullrich, vicepresidente del Museo del Holocausto, miembro de la Red de Partidos Políticos, financiada por el Congreso de los Estados Unidos y desde donde opera la CIA en América Latina, así como parte del Instituto de Estudios Estratégicos de la Seguridad, desde donde recibe subsidios del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y entabla relaciones con las empresas contratistas de la ciudad. Es socio de la empresa GEAS SRL, que realiza el control de matafuegos y diversas obras para la ciudad. Gracias a sus relaciones, Yanco interviene en las licitaciones y compra de tecnología y armamento para las fuerzas de seguridad federales y provinciales. Junto con el ex secretario de derechos humanos del PRO, Claudio Avruj, comparten el portal de noticias Vis a Vis, desde donde apoyan el genocidio sionista en Gaza y tildan toda crítica como antisemita.

La apuesta por el embargo militar a Israel

Desarmar el entramado justificatorio de la agresión sionista es vital pero no sencillo, dada la cantidad de medios destinados a lograr el efecto contrario. Abundan también propuestas que pueden provenir de la buena voluntad, pero resultan totalmente inconducentes y solo colaboran a mantener el statu quo. Llamados a lograr un entendimiento entre ambas partes, como si fueran fuerzas equivalentes, sólo sirven para tranquilizar las conciencias de quienes lo enuncian.

El único camino realista es intervenir a favor de los oprimidos, para lograr la autodeterminación del pueblo palestino y su derecho a la igualdad. Luchar por cambiar el paradigma racista y colonial de una Israel étnicamente pura, por el de una Palestina con igualdad de derechos para todos, terminando con el apartheid sionista.

Un pilar esencial de esta economía colonialista israelí y de su andamiaje ideológico es su comercio militar y de seguridad. El llamado a un embargo y al fin de los lazos militares y de seguridad, como propone el BDS, no es solo un necesario esfuerzo de solidaridad con el pueblo palestino, es asimismo una lucha colectiva y en defensa propia, para mantener nuestra vida y valores básicos que nos hacen seres humanos.

Sergio Zeta

Bibliografía utilizada:

* Israel Shahak, El Estado de Israel armó las dictaduras en América Latina, editorial Canaán, 2007

* Movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), Militarismo israelí en América Latina, 2018

* Julián Maradeo, Mario Montoto, el dueño del control. En: revista crisis, 22/09/2022

* Antonio Basallote Marín, El sionismo y la nueva extrema derecha. Historia de una relación y nuevas alianzas. En: Revista de Estudios Mediterráneos, no. 33 (2023), p. 253-278

* Mark Lewis Taylor, Cómo Israel facilitó el genocidio en Guatemala, Revista Jacobin 10/04/2024 

* Leandro Albani, El soft power de Israel en América Latina: entrevista a Martín Martinelli, El Salto, 31/01/2024

* Jim Cason y David Brooks, Los sionistas más poderosos en Estados Unidos son cristianos, La Jornada, 30/04/2024

* Claudio Katz, el coimperialismo en Medio Oriente, 2024

* Guillermo Martínez y Flor Niti, Software de vigilancia israelíes utilizados para violaciones de DD.HH., virginiabolten.com.ar, 07/05/2024

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