Combustibles fósiles versus energías renovables – Lo que muestra el gráfico

Herramienta

El gráfico nos muestra que siempre debemos cuestionar a los políticos y a otros que afirman que la producción de electricidad a partir de combustibles renovables nos conduce felizmente hacia una sociedad post-combustibles-fósiles. Lo que sucede en realidad es que la cantidad total de combustibles fósiles ha seguido subiendo más y más en cada año desde la década de los sesenta. Esto lo muestran las franjas verde, azul y amarilla en el cuadro, que miden el consumo total de carbón, gas y petróleo.

El uso de estos combustibles se deslizó suavemente hacia abajo solo en un año, en 2009, debido a la crisis financiera, y luego volvió a crecer. Cuando se publiquen los datos para el 2020 mostrarán que bajará de vuelta, pero a menos que tomemos acciones drásticas, podría comenzar a crecer en 2021.

El gráfico también muestra que la mayor parte del crecimiento del consumo desde el 2000 fue por el mayor uso del carbón, el combustible más sucio y más peligroso para causar el cambio climático. La línea roja muestra el total de combustible fósil usado, como proporción del “suministro de energía primaria total” (el acrónimo en inglés es TPES). El TEPS es la totalidad, medida por los estadísticos en la Agencia de Energía Internacional, de todos los insumos iniciales en los sistemas mundiales de energía, ya sea que estos insumos ingresen en las centrales eléctricas o en refinerías de petróleo (para ser convertidas en electricidad, gasolina, u otras formas de energías) o sean usadas directamente como combustible para calentar los hogares, para trasladarse en automóvil o para que funcionen las máquinas en las fábricas.

En el gráfico se puede ver que la porción de combustibles fósiles cayó durante los años setenta y ochenta, del 93% al 87%, particularmente debido al crecimiento sustancial de la energía hidroeléctrica y nuclear. La porción de combustibles  fósiles cayó otra vez, en forma mucho menos dramática, en un par de puntos porcentuales, en el período 2010-2015. Esto fue gracias a las “nuevas” energías renovables, en particular la eólica y la solar. Esto demuestra que estas últimas están progresando. Pero hasta ahora en forma muy limitada. Acerca de estas estadísticas, hay que recordar que el suministro total de energía primaria – toda la energía usada por los sistemas energéticos de la sociedad – es mucho mayor que la energía que se necesita para producir electricidad. A veces se puede leer en algún diario que países como Dinamarca, España o Alemania, ahora están generando una gran proporción de su electricidad proveniente de energía “renovable”. Es verdad, y son buenas noticias. Pero la generación de electricidad solo es uno de los sistemas de energía en estos países, o en cualquiera de los demás. A nivel mundial, para hacer electricidad se utiliza menos de un tercio de la oferta de energía primaria: el resto es combustible para la industria, para el sector militar y para el estado, petróleo para hacer gasolina para los automóviles, etcétera.

El gráfico nos recuerda que cerrar las centrales eléctricas alimentadas a carbón y gas, y reemplazarlas con la generación de energía eólica y solar, ayudaría a reducir el uso de combustibles fósiles, y así ayudaría a combatir el cambio climático. Pero no será suficiente. Tienen que cambiarse todos los grandes sistemas tecnológicos que usan combustibles fósiles y esto también significará cambiar también los sistemas sociales y económicos en los que están insertados.

El carbón, el gas y el petróleo han sido los principales combustibles de la sociedad desde la revolución industrial. Y sin embargo, de todos los combustibles fósiles consumidos, más de la mitad han sido quemados en los últimos 50 años. Lo más alarmante de todo, el consumo de los combustibles fósiles ha crecido más rápido en las últimas tres décadas, desde que los científicos confirmaron que es la principal causa del calentamiento global potencialmente devastador.

Traducción para Herramienta a cargo de Francisco T. Sobrino

 


* Simón Pirani es autor de Burning Up – A Global History of Fossil Fuel Consumption (Londres: Pluto Press, 2018). En este libro, narra la historia del ascenso implacable desde mediados del siglo XX. Desmintiendo las explicaciones que lo atribuyen al consumo individual y a los argumentos de que el crecimiento de la población es el principal problema, el autor muestra cómo se consumen los combustibles fósiles a través de los sistemas tecnológicos, sociales y económicos, y propugna el cambio de estos sistemas. Entre sus libros, se incluye The Russian Revolution in Retreat (2008) y  Change in Putin´s Russia (2009).