En foco

Alepo, Ankara, Berlín: geopolítica del desastre

 

Habrá que analizar sus consecuencias y alertar sobre los peligros, pero a nadie puede extrañar lo ocurrido. Era cuestión de tiempo. Tanto el asesinato del embajador ruso en Ankara como el atentado de Berlín se inscriben en una lógica imparable que, fruto a su vez de una acumulación histórica anterior, comenzó hace ya cinco años: eso que la revista Esprit llamó “nuevo desorden global” y Pablo Bustinduy, del modo más elocuente, “geopolítica del desastre”.

Para entender ese marco catastrófico que demanda nuevas catástrofes, en un rebote sin fin entre paredes cerradas, conviene abordar el contexto desde la denuncia de una ilusión muy peligrosa que parece imponerse entre la izquierda, y ello precisamente cuando la izquierda retrocede en todo el mundo. Conocidos militantes anti-imperialistas latinoamericanos, por ejemplo, interpretan el asesinato del embajador ruso en Turquía como una “respuesta” al creciente protagonismo de Rusia y China en el mundo, describiendo ese protagonismo, en tono positivo, como “la peor pesadilla para EEUU”. Esta interpretación incurre, a mi juicio, en una doble ceguera. La primera es la de considerar que el pistolero turco, al disparar sobre el diplomático, estaba defendiendo de algún modo los intereses estadounidenses, si es que no estaba dirigido o comandado directamente desde Washington. La segunda, más grave, es la de considerar que una “pesadilla para los EEUU” es necesariamente una liberación para la Humanidad; que cualquier acontecimiento o alianza o cambio geoestratégico que ponga en dificultad a los EEUU se corresponde automáticamente con una erosión del capitalismo y un fortalecimiento de la democracia, la justicia social y los DDHH en todo el mundo.

Alepo y las izquierdas

 

Antoni Domènech, G. Buster,  Carlos Abel Suárez, María Julia Bertomeu, Daniel Raventós *

 
La reconquista de los barrios del este de Alepo por la coalición internacional que apoya al gobierno al-Assad en el conflicto sirio, después de cinco años de terribles combates y la destrucción de casi la mitad de la ciudad por ambos bandos –con miles de muertos y decenas de miles de desplazados—, ha desatado un inusitado debate internacional. Tan sectario, por lo pronto, como la guerra siria, y bien anclado en el mundo mental de la que, según el Oxford Dictionary, ha sido la palabra del año en 2016:  “posverdad”. 

Trump ¿fin del neoliberalismo? La “protección” de los pobres

 

El electo a nombre propio.

Hace tiempo ya que Giorgio Agamben aludió al estado de excepción. Estado como situación en que la única norma es que no existen reglas. Reglas de juego.
Donde todos estamos sujetos, no a la ley, sino al bando. Porque de las normas con fuerza de ley, sólo ha quedado la fuerza. Y del Estado de Derecho, sólo la imagen del Estado como comunidad ilusoria, como lo definiera Marx en La Ideología Alemana.

Trump entre el proteccionismo y la liberalización

 
 
 
 
Donald Trump le ganó las elecciones presidenciales a Hillary Clinton y desnudó la crisis de la política tradicional en un marco de crisis capitalista, que es mundial por su epicentro en EEUU.
El triunfo electoral es del político de la anti-política ante el descontento social con la política tradicional, demócrata y republicana. Trump, es también el poder económico, como Hilary. Ambos disputaron la gestión de la potencia imperialista hegemónica del sistema mundial.
Las diferencias entre ellos expresan matices y contradicciones entre núcleos del poder mundial y de EEUU. Ahora veremos, desde la asunción de la presidencia en enero próximo, el margen de maniobras del electo presidente ante lo concreto de la gestión de EEUU. La novedad es la movilización popular convocando a no reconocer la presidencia Trump. Sus alcances no se pueden anticipar, pero no es menor la protesta de calles en varias ciudades estadounidenses.
Hillary Clinton sumó 59.727.805 votos, algo así como el 47,67%; Donald Trump, el ganador de las elecciones, tiene 59.505.613 votos, un 47,49 por ciento. La candidata demócrata tuvo el apoyo de 222.192 estadounidenses más que el candidato republicano. Sin embargo, Trump sumó 279 electores y Hillary solo 228. Cosas del sistema electoral, que reitera lo acontecido entre George Bush y Al Gore en 2001.

Alt-Right, la derecha alternativa que está al lado de Donald Trump

Julio Gonzalez

 

Global Politics and Law

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los EEUU ha sido el resultado de una confluencia de factores, entre ellos el apoyo que ha recibido de la denominada alt-right, la denominada derecha alternativa que ha sido, además, la que le ha prestado sustento ideológico en las cuestiones más polémicas de su campaña. Posiblemente por ello, representantes de esta forma de entender el pensamiento político han sido parte de los primeros designados por Trump para cubrir puestos de importancia en su Administración, como es el caso de Stephen Bannon, el nuevo director de estrategia de la Administración Trump.

Pichetto y la gobernabilidad

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Por Silvio Schachter
 

Chile: Trabajo vs. Capital: el conflicto social por el sistema de pensiones

Juan Carlos Gómez Leyton
Dr. en Ciencia Política, Investigador Asociado FLACSO-Chile

La lucha [anticapitalista] no es producto de la militancia
que viene del exterior, por fuera de la dominación, sino que,
por el contrario, se inscribe en la relación de la dominación misma
y es inherente a nuestra experiencia cotidiana”
John Holloway, Contra el Dinero.

Los pies de las y los trabajadores asalariados permanecen
sumergidos en el lodo de la explotación incluso cuando
(su cabeza respira) en nubes ideológicas burguesas”
Richard Gunn, Notas sobre Clase.

Olimpiadas Rio 2016, deporte, negocios y exclusión

 

 

 

Un explosión de júbilo sacudió la playa de Copacabana, miles de personas celebraron cuando el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, anunció la designación de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos de 2016. La imagen exultante de Lula recorrió el mundo, había afirmado que su país y Río de Janeiro necesitaban y merecían esta oportunidad y luego declaro : Vamos a probar que el alma generosa de los brasileños va a hacer la más extraordinaria olimpiada que este mundo vio". Fue el 2 de octubre de 2009 en la reunión del Comité Olímpico Internacional celebrada en Copenhague, cuando Rio de Janeiro fue elegida como sede de las olimpiadas del 2016 derrotando a las otra ciudades finalistas Chicago, Madrid y Tokio.

La importancia del evento quedo reflejada por las presencias estelares que se dieron cita para apoyar a las candidatas, Lula junto a Pele, Barak y Michelle Obama, los reyes de España, el presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y el ex presidente del COI Juan Antonio Samaranch, y el primer ministro de Japón, Yukio Hatoyama.
 

El bicentenario argentino 2016 y la “segunda y definitiva independencia”

Autor(es)

 

Este ensayo interviene en los debates en torno al bicentenario de la declaración de la independencia argentina, cuyo momento crucial tendrá lugar en la segunda semana de julio de 2016. Más exactamente, procura incidir en una notoria, aunque no sorprendente, vacancia conceptual entre las izquierdas a propósito del tema independentista. Incluso el asunto puede ser extendido hasta involucrar a la entera cultura política de las izquierdas.

Desarrollaré el tema alrededor de un tópico que es el semblante de una posición nítida respecto al bicentenario en cuestión. Me refiero a la fórmula con que, mayoritariamente, las izquierdas imaginan su lugar político-cultural ante el tema de la independencia nacional de la que se conmemoran los 200 años. Frente a una por ellas proclamada impugnación del uso oficial de una declaración de independencia conducente a una legitimación del estado de cosas existente, quiero explicar por qué la presunta validez de la alternativa de una “segunda y definitiva independencia” –una proposición que en verdad interesa a un sector importante de las izquierdas latinoamericanas– entraña más problemas de los que resuelve. Sostendré que se trata de una apuesta aparentemente más vigorosa que la ofrecida por los discursos oficiales, pero en rigor involucra una concepción anacrónica, y una revelación de las dificultades para lidiar con el orden global de la dominación capitalista plasmado en el marco estatal-nacional.
Más allá de ese señalamiento crítico, pienso que el momento presente constituye una oportunidad para replantear algunos temas que inciden en la tarea de reconstrucción de la estrategia socialista. Y si desde luego esa es una faena que no puede ser abordada aquí sino muy lateralmente, admite ser tratada en lo que atañe al problema de la “independencia”.
En una primera sección explicaré por qué es previsible una repercusión pública del evento bien diferente a la alcanzada por el bicentenario de la revolución de mayo de 1810. También señalaré los motivos por los cuáles a pesar de su discurso tecnocrático, el relato oficial macrista creará condiciones para una muy limitada eficacia de un contra-discurso nacionalista, que desde 1930 fue en la prosa llamada “revisionista” el dispositivo ideológico más eficaz de la crítica política a la llamada “historia oficial”. Básicamente porque el macrismo es ideológicamente flexible y puede incorporar, incluso en su discurso de una “reinserción en el mundo”, una moderada retórica nacionalista. Nacionalismo y mercado mundial no son términos necesariamente antitéticos. Por otra parte, las contradicciones lógicas son admisibles en la práctica ideológica. En una segunda sección –más extensa– discutiré el que será uno de los tópicos centrales del contra-discurso de las izquierdas, la ya mencionada “segunda y definitiva independencia”. En mi opinión se trata de una consigna equívoca e inactual. La postura de las izquierdas (en su variedad) ante el bicentenario de la independencia acentúa la relevancia del internacionalismo en esta época de dominio globalizado del capital. No obstante, argumentaré que eso no conduce a hacerlo en términos de una también arcaica oposición binaria entre nacionalismo esencialista e internacionalismo abstracto.

Las elecciones en los Estados Unidos. ¿Elegir entre el fuego o la sartén?

 
Las elecciones en los Estados Unidos. ¿Elegir entre el fuego o la sartén?
Se aproximan las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y el tema gana espacio en todos los medios de comunicación del mundo. De hecho, hace ya varios meses que cotidianamente se informa sobre el desarrollo de las campañas para las elecciones primarias y se comentan las agrias disputas intestinas que han conmovido a cada uno de los dos grandes aparatos políticos de “la gran democracia del Norte”: Demócratas y Republicanos.
Poco se dice, sin embargo, de la declinante legitimidad de la política institucional en su conjunto, una expresión de lo cual son las altísimas tasas de abstención: tanto en las primarias como en las elecciones generales, sólo una minoría de la población concurre a votar. Algo que está tan naturalizado que ya no provoca ni siquiera comentarios. Los grandes medios contribuyen a disimular el carácter marcadamente ficcional de candidaturas y campañas, que están montadas en base a las ingentes sumas de dinero que aportan Wall Street y grandes grupos de interés, marketing e interminables “roscas” de políticos profesionales, asesores y lobistas. O sea: campañas de desinformación que nada aportan al debate de ideas y erigen barreras a la participación y movilización política del pueblo.
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