Alan Shandro
Resumen: El autor hace un pormenorizado análisis textual y contextual de la proposición de Lenin en el ¿Qué Hacer?, acerca de que la conciencia socialista debe ser introducida dentro del movimiento obrero -que es espontáneo- desde fuera. Como resultado muestra que -contrariamente a lo que sostienen tanto el saber convencional de los no-marxistas como la mayoría de los estudiosos marxistas - la tesis de Lenin no entra en contradicción con la tesis marxista básica de la autoemancipación del proletariado. La idea de Lenin sólo tiene sentido a la luz de la lógica distintiva de su modo de análisis político. Así vista, su proposición puede entenderse como un prerrequisito necesario para que los actores políticos marxistas teoricen sobre su situación dentro de la complejidad de la lucha de clases y puedan, a partir de allí, aprender de las luchas de la clase obrera. La tesis de "la conciencia desde fuera" expresa, paradójicamente, no sólo una preocupación científica por aprehender las realidades del proceso de la formación de la conciencia de la clase obrera, sino también un compromiso teórico con la autonomía política de la clase obrera.
Al comentar la breve historia del movimiento obrero ruso en el ¿Qué
Hacer?, Lenin saludaba "el despertar espontáneo de las masas
trabajadoras" pero advertía que "los obreros no tenían ni
podían tener, la conciencia del antagonismo irreconciliable entre
sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo".
La conciencia era el producto del trabajo teórico de los intelectuales
y "tenía que ser traída [a los trabajadores] desde fuera".
Por cierto, generalizaba, "el desarrollo espontáneo del movimiento
obrero lleva a su subordinación a la ideología burguesa".
Era la tarea de los socialdemócratas, por lo tanto, "combatir la
espontaneidad" (Lenin , 1961c, 375, 384-385). Mi posición es que,
contrariamente a lo que sostiene el saber convencional, la evaluación
de la espontaneidad y la conciencia de Lenin no viola la concepción
marxista de la autoemancipación del proletariado. Más bien,
sugeriré que el sofisticado método de análisis político
sobre el que descansa permite una comprensión más fructífera
de esta concepción y de la relación entre la lucha de clases
y la conciencia de lo que pensó hasta ahora.
El saber convencional
Desde que se publicó el ¿Qué Hacer? en 1902,
los críticos de Lenin contrapusieron su relato del desarrollo de
la conciencia de la clase obrera con la tesis de Marx de que "la emancipación
de la clase obrera debe ser obra de los trabajadores mismos" (Marx, 1985,
14). Esta tesis involucra dos cuestiones: primero, que la clase obrera
es capaz de una actividad revolucionaria autónoma, en el sentido
de que sus luchas no tienen por qué estar subordinadas a los fines
de otros. No tiene por qué servir de carne de cañón
en las batallas en que se enfrentan sus explotadores. Su propia lucha de
clases resultará, eventualmente, no en la dominación de una
nueva clase explotadora, sino en la superación de las clases y la
explotación. Segundo, el fin y el objetivo de la emancipación
del proletariado, la supresión del capitalismo y la construcción
de una sociedad socialista, sólo pueden conseguirse a través
de la actividad independiente de la clase obrera. No la pueden conseguir
los reformistas que arman esquemas filantrópicos en nombre de los
trabajadores. Estas dos cuestiones, que juntas constituyen la idea de la
autoemancipación del proletariado, están en el centro del
pensamiento revolucionario de Marx. Desde esta perspectiva, podría
parecer que, al plantear una oposición entre el movimiento espontáneo
de los trabajadores y la teoría socialista de los intelectuales,
Lenin había abandonado el método de buscar las ideas básicas
en las relaciones sociales de producción, y había creado
en su lugar un armazón teórico que planteaba la superioridad
de los intelectuales revolucionarios sobre el proletariado. La noción
de que la conciencia socialista debe traerse al interior del movimiento
obrero desde fuera, estaría sujeta a la misma crítica que
Marx le hacía a Feuerbach:
Los primeros en hacer esta crítica a la concepción sobre la espontaneidad y la conciencia avanzada en el ¿Qué Hacer? fueron Vladimir Akimov y Alexander Martinov, adherentes a la corriente "economicista", que eran el principal blanco de la polémica del libro de Lenin (ver Frankel, ed. 1969, esp. 112-125 y 316-329, y El Partido Socialdemócrata Obrero Ruso, 1980, 140-153). Después de la división de la socialdemocracia rusa entre mencheviques y bolcheviques, los términos de la crítica fueron retomados y elaborados por los que hasta entonces habían sido compañeros de Lenin, los dirigentes del menchevismo (ver Dan, 1970, 236-263). A partir de entonces, esta interpretación se hizo un lugar común y su lógica estructura casi todas las explicaciones, marxistas o no, del pensamiento político de Lenin (ver, por ejemplo, Liebman, 1975, 25-42; Pannekoek, 1975; Kolakowski, 1978; Polan, 1984, 136-144). De acuerdo con esta interpretación, si Lenin alguna vez había subscripto las posiciones centrales del marxismo, dejó de hacerlo: si la clase obrera no estaba a la altura de su vocación revolucionaria, la intelligentsia socialista debería hacer su trabajo; si las luchas de los trabajadores no generaban una conciencia socialista, deberían subordinarse al proyecto revolucionario de la elite intelectual. Aunque la vanguardia conspirativa de revolucionarios profesionales fuera la corporización institucional inicial de esta filosofía autoritaria e idealista, la contraposición no dialéctica de espontaneidad y conciencia hecha por Lenin, teórica y prácticamente genera una lógica "sustitutista" por la que "la organización partidaria sustituye al partido, el Comité Central sustituye a la organización partidaria y finalmente un dictador sustituye al Comité Central" (Trotsky, 1970, 121). De acuerdo con esta interpretación, Lenin se transformaría en el progenitor intelectual del totalitarismo soviético: Stalin es la culminación lógica de la tesis leninista de que la conciencia debe ser traída a la clase obrera desde fuera. Así, esta tesis se transforma en el eje intelectual alrededor del cual gira la explicación más frecuente del desarrollo/degeneración de la revolución bolchevique.
En los términos de esta interpretación, la idea de la autoemancipación del proletariado tiene ecos de la dicotomía entre autonomía y heteronomía de la filosofía alemana clásica. A este nivel de abstracción, las alternativas quedan reducidas sólo a dos: o los trabajadores desarrollan espontáneamente una conciencia de sí mismos como clase con vocación socialista (autonomía) o esta conciencia debe serles impuesta por otros (heteronomía). Esta dicotomía preside una serie de distinciones conceptuales: conciencia y espontaneidad, teoría y práctica, idealismo y materialismo, intelectuales y obreros, autoritarismo y democracia.
Por otra parte, agregar la calificación de "proletario" al acto de "autoemancipación", nos plantea una serie de preguntas sobre las circunstancias en las que éste se realiza. Preguntas que, desde la perspectiva hasta aquí considerada, o no reciben ninguna respuesta o la que reciben es inadecuada. Por ejemplo, ¿todos los trabajadores llegan a la conciencia al mismo tiempo en el momento de la autoemancipación o algunos de ellos, los dirigentes, llegan antes? Si, como parece más probable, lo cierto es lo segundo, ¿cómo deben ser las relaciones entre los trabajadores, y entre los dirigentes y los demás para que se pueda hablar de que la clase se hace o es consciente? Las circunstancias en que se da la lucha de clases son decididamente tan relevantes como su objetivo para darle una respuesta a esta pregunta. El punto en cuestión es que, para darle un significado concreto a la noción de la autoemancipación del proletariado, no basta simplemente con llevar el significado profundo del concepto abstracto de autoemancipación al proletariado. La importancia de la idea está ligada a las circunstancias concretas de la lucha de clase del proletariado. Si se entiende esto, no parece haber razón para reducir las circunstancias relevantes a los hechos generales del modo de producción capitalista y su desarrollo. También lo son circunstancias tales como si los proletarios se enfrentan a la república democrática o a una monarquía absolutista, o si cuentan con el apoyo de una pequeña burguesía urbana educada o de un campesinado analfabeto. La perspectiva que consideramos casi no permite tomar en cuenta tales circunstancias.
El centro de la contestación de Lenin a quienes lo criticaban, y un refrán constante en todos sus escritos políticos, es la insistencia en el análisis de la lucha de clases en el contexto de sus circunstancias concretas. "El ABC de la dialéctica", escribió, "nos dice que no existe la verdad en abstracto, la verdad es siempre concreta" (Lenin , 1961d). Su énfasis en el análisis concreto sugiere que, debido a sus formulaciones abstractas, la crítica al concepto de "autoemancipación" del ¿Qué Hacer? no sólo no entiende el desarrollo de la conciencia de clase, sino que, por la misma razón está completamente equivocada. Esta visión es un poco la que se encuentra en las lecturas de Lenin que ven sofisticación teórica y realismo político en su análisis concreto de la espontaneidad y la conciencia (ver, por ejemplo, Althusser, 1969, 168-169; Balibar, 1974, 272-279; Harding, 1977, 161-196). Pero esta preocupación por lo concreto y lo complejo no es en sí misma una respuesta adecuada a la crítica, porque no llega a demostrar la coherencia de la explicación "concreta" de Lenin con la tesis marxista de la autoemancipación del proletariado. Quienes ponen el acento en esta preocupación han podido señalar errores y omisiones en las lecturas de los críticos de la "autoemancipación" del ¿Qué Hacer?, pero, al mismo tiempo, han evitado las demostraciones, o las han hecho sin prestar atención o minimizando la importancia de las formulaciones más radicalizadas de Lenin. Este procedimiento sacrifica tanto la letra del texto de Lenin, como la característica distintiva de la posición teórica en que se basa.
La postura de Lenin sobre espontaneidad y conciencia, a la que me referiré como la tesis de la conciencia desde fuera, merece un cuidadoso análisis textual y contextual. Prestar atención a esta tesis significa reconocer que no es una simple y única afirmación, sino un complejo de varias afirmaciones que a veces parecen contradictorias. Estas afirmaciones, que a menudo se encuentran entrelazadas en el texto, deben ser desenmarañadas y se debe clarificar el significado de sus términos. Al proceder de esta manera, aparecen indicaciones de la lógica del análisis político subyacente y es posible encontrarle sentido a las paradojas argumentales de Lenin. Este procedimiento, que parte de prestarle extrema atención a lo que Lenin realmente escribió, necesariamente va más allá de la letra del texto. Sin embargo, esto se justifica si es posible presentar una lectura coherente del texto dado que las interpretaciones alternativas no pueden hacerlo.
La tesis de la conciencia desde fuera sólo puede entenderse como
la expresión de una lógica subyacente del análisis
político, que requiere la realización de análisis
políticos concretos antes de que se puedan determinar las formas
de actividad política y organizativas del movimiento obrero que
son adecuadas a las circunstancias existentes. Por esta razón, la
tesis de Lenin es compatible con diferentes formas de organización.
Si lo que exige formas de organización no democráticas son
las circunstancias de la autocracia y no la tesis de Lenin, entonces su
tesis puede ser compatible con la autoemancipación del proletariado.
Pero, esta última involucra más que democracia organizativa:
implica una actividad política consciente e independiente de la
clase obrera. Y es en este sentido que la lógica de la tesis de
Lenin sobre la autoemancipación del proletariado resulta ser más
coherente que la posición de sus críticos. Todos los que
participan en la controversia definen la "conciencia" en relación
con la teoría marxista, pero la lógica de la posición
de Lenin implica el entendimiento claro de que la teoría marxista
necesariamente debe estar sujeta la evolución mediante su aplicación
a los análisis concretos. Esto quiere decir que, no sólo
al transformarse en teóricos marxistas, los trabajadores individuales
pueden tomar parte directamente de la elaboración creadora de la
autoconciencia del proletariado e impartir esta autoconciencia al movimiento
espontáneo de la clase obrera. También significa que, dado
que la tesis de la conciencia desde fuera es compatible con la transformación
de la teoría marxista en respuesta a innovaciones revolucionarias
espontáneas, puede entenderse que la clase obrera toma parte, indirectamente,
pero aún así de manera activa y creadora, en la formación
de la conciencia. Si, como sugiero, los críticos de Lenin se basan
en una comprensión de la teoría marxista como una doctrina,
cuyos fundamentos en lo esencial fueron elaborados de una vez y para siempre,
entonces la autoemancipación del proletariado pasa a ser poco más
que la asimilación de esta doctrina, y la creatividad que ella implica
se ve realmente, aunque "inconscientemente", negada. La tesis de Lenin
de la conciencia desde fuera no sólo ofrece un modo más concreto
de análisis de la conciencia de la clase obrera, sino que permite
una apreciación más concreta y rica de la autoemancipación
proletaria que la de sus críticos.
Cuestiones históricas
Para entender las implicaciones de las tesis de Lenin, deben distinguirse dos tipos de afirmaciones hechas en la discusión sobre espontaneidad y conciencia. Primero, hay afirmaciones históricas que dan respuesta a las siguientes preguntas: ¿Quién fue el primero en formular la teoría que define los contornos de la conciencia socialista? ¿Cómo y en qué contexto se elaboró esta teoría? Luego, hay afirmaciones que apuntan a preocupaciones acuciantes de la práctica política: ¿cómo deberían orientarse en relación al movimiento espontáneo de los obreros los adherentes a la teoría socialista, los futuros dirigentes de la clase obrera? Hay que examinar ambos tipos de afirmaciones porque cada una juega un rol diferente en la formulación de la tesis de Lenin. Comenzaré por las cuestiones históricas.
En la amplia oleada de huelgas que se extendió por toda Rusia
a partir de "la famosa guerra industrial de 1896 en San Petersburgo", Lenin
colocaba el "elemento espontáneo" en el primer lugar. La conclusión
de Lenin fue la siguiente:
Por el momento, lo importante es que Lenín afirma que existe este límite antes que los detalles con que justifica su existencia. Vale la pena notar, sin embargo, que la restricción al desarrollo de la conciencia socialista de la clase obrera se entiende, no como un problema específico de la situación de los obreros rusos, sino como un límite general a la dialéctica espontánea de la lucha de la clase obrera. Los términos del problema implican que la solución le debe llegar a la clase obrera desde fuera. La teoría del socialismo, de la que depende la conciencia socialista, "ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas que han sido elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por la intelligentsia" (Lenin , 1961c, 375-376). El advenimiento de la teoría socialista es concebido como un proceso de ideas cuyos portadores fueron los intelectuales. El hecho de que esto haya ocurrido así es visto como una necesidad histórica, y por lo tanto, también lo es la importación de la conciencia socialista desde fuera al interior del movimiento de la clase obrera.
Lo que importa para nuestro propósito no es cuán precisa
es la explicación histórica de Lenin , sino cuáles
son sus implicaciones para el desarrollo de la conciencia de la clase obrera.
Su tesis histórica de la conciencia desde fuera, simplemente, no
implica la falta de aptitud de los trabajadores para tener una conciencia
socialista ni la necesidad de la sujeción de su movimiento a la
tutela de la intelligentsia socialista. Aún cuando Lenin
desechaba "hablar de una ideología independiente formulada por las
masas mismas en el proceso de su movilización", hace notar que los
obreros no juegan un rol en la elaboración de tal ideología:
Pero, ¿qué pasa con los trabajadores en general, con las
masas no teóricas? Las limitaciones de la espontaneidad proletaria
no inhiben la siguiente afirmación de Lenin:
Las cuestiones políticas
Los términos en que Lenin presenta su proyecto político
-la organización de una vanguardia revolucionaria para las luchas
de la clase obrera -, están en función de su consideración
de las limitaciones del curso espontáneo del movimiento de la clase
obrera. En una formulación, estas limitan a la clase obrera a "una
conciencia sindicalista, es decir, la convicción de que es
necesario unirse en sindicatos, luchar contra los patrones, reclamar del
gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para
los obreros, etc." (Lenin, 1961c., 375). A partir de esta definición,
se acostumbra leer a Lenin como si, al estilo de Gompers, estuviera proclamando
al "sindicalismo puro y simple" como el telos de la conciencia proletaria
(ver, por ejemplo, Hyman, 1971, 11-14; Widman, 1967, 59). Por cierto, algunos
comentaristas incluso han aplaudido el realismo de este supuesto destello
de Lenin, a la vez que deploraban su fracaso en sacar las correspondientes
conclusiones reformistas (ver, por ejemplo, Crouch, 1982, 32-33; Pipes,
1963, 124-125). Esta interpretación puede resultar atractiva en
relación con la caracterización de Lenin del "economicismo"
como blanco de sus críticas. Se basa en párrafos en los que
Lenin parece poner un signo igual entre espontaneidad y conciencia y entre
lucha política y lucha económica:
En primer lugar, la idea de que Lenin interpretó que la estrechez
de miras del sindicalismo era la esencia del movimiento proletario espontáneo
se choca con la afirmación de que aún las revueltas primitivas
que precedieron al movimiento huelguístico de su época permitieron
a los obreros comenzar a cuestionar la estabilidad del sistema y a superar
su actitud de servilismo hacia las autoridades. Tal suposición se
ve desmentida por las repetidas afirmaciones de que "la fuerza del movimiento
actual reside en el despertar de las masas" y que los que hubieran sido
los futuros dirigentes revolucionarios se quedaron por detrás de
las masas (Lenin, 1961c, 373, 420). En segundo lugar, Lenin aceptaba que
el término "economicismo", aunque establecido por el uso, no traducía
adecuadamente la naturaleza de la tendencia política que designaba.
El economicismo, argumentaba, "no sólo niega la lucha política,
sino que se somete a su espontaneidad, a su falta de conciencia"
(Lenin , 1961c, 387). En la argumentación de Lenin la distinción
entre espontaneidad y conciencia es así más fundamental
que la distinción entre la lucha económica y política
y no debería definirse en términos de la segunda. Finalmente,
el "etc." con que Lenin concluye su definición inicial de conciencia
sindical indica el carácter incompleto, abierto, de su definición.
Inmediatamente hace notar que los sindicatos siempre han llevado adelante
luchas políticas y ofrece a sus lectores un largo capítulo
sobre la diferencia entre la política sindicalista y la política
socialista. Allí se encuentra el siguiente argumento:
Un "Antagonismo irreconciliable... con el todo"
Lenin ofrece otra formulación de los límites de la espontaneidad del movimiento obrero, y su examen ayudará a aprehender este escurridizo concepto. Como antes se dijo, sostenía que los obreros no podían generar a través de su movimiento espontáneo una conciencia del "antagonismo irreconciliable de sus intereses con el sistema político y social moderno como un todo". Ahora bien, Lenin no dice que los trabajadores no puedan o que sean incapaces de darse cuenta de cuáles son sus intereses, o de que éstos son antagónicos con los de sus patrones. Lo característico de su afirmación se refiere a la extensión de este antagonismo a todo el "sistema político y social moderno", a la idea de que ambos son irreconciliables. Lo que Lenin sostiene, entonces, es que el movimiento obrero espontáneo no puede sino mantenerse inconsciente de la naturaleza absolutamente irreconciliable de este antagonismo de intereses. Para que esta afirmación tenga sentido es necesario aprehender la importancia para la concepción de conciencia de Lenin del sistema político y social concebido como un todo y del antagonismo irreconciliable de la totalidad social.
Parte de la amplitud de la noción de Lenin sobre la conciencia
se puede ver en esta cita:
La noción de la totalidad social y su relación con la
conciencia de la clase obrera que acabamos de delinear no es, sin embargo,
la que transmite la argumentación del ¿Qué Hacer?
La tesis política de Lenin sobre la conciencia desde fuera es mucho
más radical que la afirmación de sentido común de
que la propia complejidad del sistema socio-político, considerado
de conjunto, es una barrera para la generación de una conciencia
socialista en este todo solamente a partir de la lucha económica
de los obreros. Afirma no sólo una diferencia, sino una contradicción
entre el movimiento espontáneo de la clase obrera y su vanguardia
consciente:
En el curso de la argumentación de Lenin, la correcta actitud
socialista hacia el espontaneísmo toma dos aspectos aparentemente
contradictorios. La vanguardia consciente es llamada a alentar y guiar
al movimiento obrero espontáneo y, al mismo tiempo, a combatirlo.
Esta ambivalencia que como voy a argumentar es simplemente aparente, tiene
sus raíces en una evaluación contradictoria del espontaneísmo
en sí mismo: a éste se le adjudica tanto ser el embrión
de la conciencia socialista, como el repositorio de la ideología
burguesa. Esta contradicción se ve señalada de la siguiente
manera:
Una lógica de la lucha política
El trabajo teórico preliminar de tal explicación puede encontrarse en el texto de Lenin, aunque no detallado de manera explícita. Consiste en una manera particular de analizar la lógica de la lucha política, de forma tal que, sucesivamente, cada análisis se relacione con el anterior y lo modifique; es una concepción meta-estratégica de todo el sistema social y político considerado como una red compleja de luchas interconectadas, como si fuera una especie de campo de batalla. No está completamente detallada porque Lenin escribió como protagonista de la batalla para otros protagonistas, menos preocupado con la compilación de la historia de la guerra que por distinguir los alineamientos en la batalla real. Es algo específico del campo de batalla de la lucha política que su forma y sus sujetos cambien con cada enfrentamiento, de modo que el cuadro del campo en su conjunto debe emerger de la conjunción de los análisis sucesivos. Siguiendo una indicación en el texto de Lenin, primero sugeriré una forma de situar a la espontaneidad burguesa y socialista con respecto a tal concepción meta-estratégica, luego le daré forma a esta concepción haciendo referencia a sus análisis de las fases sucesivas de la lucha contra el economicismo, y finalmente sacaré las implicaciones teóricas de esta concepción.
Entender la diferencia entre el espontaneísmo burgués
y el socialista en el contexto de una totalidad socio-política compleja
de luchas interconectadas, requiere distinguir entre dos niveles de análisis:
a un nivel inicial, el análisis se abstrae enteramente de la "conciencia",
de la influencia de la ideología sobre la lucha espontánea
de las fuerzas sociales, que es entendida como una función de las
relaciones sociales de producción. Aquí se determina que
los intereses de la clase de los asalariados están en conflicto
irreconciliable con las relaciones sociales fundamentales del modo de producción
capitalista. Se puede esperar que los trabajadores, en virtud de estas
relaciones sociales, graviten espontáneamente hacia la teoría
socialista para explicar su situación y orientar su lucha. Pero,
como indica Lenin en su Plática con los defensores del economicismo
(1901), un artículo que describió como una sinopsis del ¿Qué
Hacer?, el análisis de la base socioeconómica de la lucha
de clases no agota los determinantes del movimiento espontáneo:
Una vez que se distinguen las funciones de estos pares de términos, se entiende que el movimiento espontáneo es aquel con quien confronta la conciencia socialista de la que será la vanguardia del proletariado, dentro de su campo de acción pero más allá de su control. Por lo tanto, abarca al movimiento de la clase obrera no simplemente como lo determinan las relaciones de producción sino también sometido a la influencia de los aparatos ideológicos de la burguesía. Es sólo en este segundo y más concreto nivel de análisis que Lenin ubica el dominio de la ideología burguesa sobre el espontaneísmo del movimiento obrero. Sin embargo, lo que se encuentra sujeto a esta dominación, si tomamos seriamente la doble distinción que establece Lenin, no es la clase obrera como tal sino el desarrollo espontáneo de su movimiento; es decir, su movimiento considerado con abstracción de la vanguardia socialista formada con la teoría marxista y por lo tanto consciente. Ya he demostrado que la vanguardia no puede ser igualada teóricamente con la intelligentsia: en la medida que los trabajadores asimilan la teoría marxista son considerados como parte de la vanguardia consciente y -aunque siguen siendo parte de la clase obrera- se distinguen del movimiento espontáneo.
Una vez que se entiende la espontaneidad en términos estratégicos, por medio de un ejemplo en el que se examina la interrelación dialéctica de los elementos del movimiento espontáneo, se puede entender el valor de la afirmación de Lenin de que el movimiento espontáneo lleva al dominio de la ideología burguesa. Asumiré que los trabajadores e intelectuales marxistas se abstraen del desarrollo de la lógica de la lucha de clases y que los restantes actores en el drama, trabajadores y burgueses, son capaces de reflexionar estratégicamente y de actuar persiguiendo sus intereses, aunque los trabajadores no estén, y los burgueses puedan no estar, al tanto de la naturaleza irreconciliable de sus intereses. Las luchas de los trabajadores para mejorar sus condiciones en algún punto se encuentran con la resistencia de la burguesía; aunque se haya conseguido alguna mejora, la resistencia implica que las más puras formas de la ideología burguesa que afirman la existencia de una armonía de intereses básica, mantendrán en el mejor de los casos un poder de convicción muy precario sobre la experiencia de los trabajadores. La lucha espontánea puede fácilmente minar las bases de esta forma de dominación ideológica, pero los trabajadores pueden experimentar esta oposición de intereses de muchas formas distintas. Cómo lo hagan, dependerá en parte de la respuesta de los ideólogos burgueses y estos, si son inteligentes y sensibles, adaptarán sus ideas a la realidad de la experiencia de la clase obrera, tal vez sugiriendo intereses en común más urgentes o fundamentales como una amenaza externa, tal vez proponiendo nuevos medios para reconciliar los intereses enfrentados. Tales temas pueden tocar a veces las cuerdas más básicas de la experiencia obrera. No hay ninguna razón para suponer que haya algún aspecto de la experiencia proletaria con el que no puedan jugar. La lucha ideológica es pues una lucha por los términos en que los actores en la lucha de clases deben construir su experiencia de ella. Las instituciones y prácticas del movimiento obrero, que son generadas en una historia de victorias, derrotas y compromisos, y que, a su vez, estructuran la experiencia proletaria, llevarán las marcas de la lucha ideológica. De esta manera, el proceso de lucha toma un carácter dialéctico por el cual la ideología burguesa y la experiencia proletaria son parcialmente constitutivas la una de la otra.
Esta dialéctica, sin embargo, sólo puede ser parcial, porque se funda y está condicionada por relaciones antagónicas de producción: si se asume que la lucha de clases es irreconciliable, la ideología burguesa no puede capturar completamente la experiencia proletaria. Por lo tanto, no existe ninguna necesidad de que los trabajadores se queden satisfechos con las formas de lucha sancionadas por la ideología burguesa en un momento determinado. Al igual que los burgueses, pueden innovar a través de los materiales ideológicos y experimentales que se encuentran a su disposición. Por lo tanto, los límites ideológicos de su lucha no pueden especificarse en términos absolutos sino sólo en términos de la dialéctica de la lucha. Es posible, entonces, que algunos trabajadores puedan llegar a una comprensión marxista de lo irreconciliable del antagonismo de clase, pero estos obreros, en cuanto portadores de la conciencia, no pueden ya ser considerados parte del movimiento espontáneo y se transforman en sujetos para quienes cabe la reglamentación autonegativa aplicada a los marxistas originales.
Una vez que se establece la lógica de la espontaneidad en estos
términos estratégicos, la afirmación de Lenin de que
el movimiento espontáneo de la clase obrera está necesariamente
subordinado a la ideología burguesa puede reformularse en las siguientes
afirmaciones: primero, que el movimiento obrero no puede establecer una
posición de independencia estratégica vis a vis sus
adversarios, sin adquirir el reconocimiento de lo irreconciliable de sus
intereses con todo el sistema político-social organizado alrededor
del dominio de los intereses burgueses; segundo, que semejante reconocimiento
no puede ser efectivamente utilizado para influir en la lucha de clases
si no existe una dirección organizada instruida en la teoría
marxista.
Un análisis estratégico
Los términos de este pensamiento se aproximaron a una existencia política real con la aparición del Credo de E.D. Kuskova en 1899. Aunque no fue el blanco directo del ataque de la polémica de Lenin, este documento adquiriría una importancia crucial en esta discusión, ya que Lenin previno que la lógica de la espontaneidad arrastraría al movimiento de la clase obrera "a la línea del programa del Credo" (Lenin , 1961c, 384). Kuskova discernía en la historia del movimiento de la clase obrera una tendencia fundamental a desarrollarse "siguiendo la línea del menor esfuerzo", y en Rusia el peso del atraso cultural y la intensidad de la opresión política empujaban al movimiento obrero hacia el estrecho molde de la lucha económica. Con las tareas rudimentarias de la construcción de un movimiento obrero en ciernes, toda pretensión de una dirección revolucionaria, aún de un partido político obrero independiente, eran meros sueños. Los marxistas rusos, si eran realistas, sólo podrían llevar adelante la "ayuda a la lucha económica del proletariado y la participación en la actividad de oposición liberal" (ver Kuskova, 1983). El Credo, por lo tanto, prevé una división del trabajo entre las luchas económicas de las masas obreras políticamente incompetentes y la política de oposición de la intelligentsia liberal, y directamente le cede la hegemonía política sobre la clase obrera a la burguesía liberal.
Para cuando Lenin escribió el ¿Qué Hacer? el programa del Credo ya no tenía seguidores en el movimiento (ver Wildman, 1967, 143-144). Sin embargo Lenin lo veía como el quid de una tendencia más amplia, más amorfa ("economicismo"), que llevaba a subordinar la política de la hegemonía proletaria en la revolución democrática rusa a preocupaciones corporativas más estrechas. Así, por ejemplo, recibieron la calificación de "economicistas" no sólo la preocupación del periódico Rabochaya Mysl (Pensamiento Obrero) por las minucias prácticas de la lucha económica, sino también las tácticas de Rabochoye Dyelo (Causa Obrera), que era el campeón de la lucha política por los derechos de los obreros como un derivado de las luchas económicas. Esto no quiere decir que Lenin identificara estas posiciones con las del Credo. La conexión que estableció entre ellos está basada, al igual que la identidad del economicismo como tendencia, en el lugar que ocupaban en relación con la lógica estratégica de la lucha política. Las similitudes de contenido entre los puntos de vista de Kuskova y los de Rabochoye Dyelo (o entre cualquiera de ellos y otras posibles variables del economicismo) son de importancia secundaria en el análisis de Lenin y pueden, en cualquier caso, sólo identificarse una vez que el marco estratégico del análisis se encuentra en su lugar. El impacto sobre la conciencia de la clase obrera de ambas partes de la división de tareas del Credo -la "actividad de oposición liberal" y las luchas económicas de los trabajadores- deben examinarse a través de la lógica estratégica de Lenin. Gran parte de lo inadecuado de la discusión de las tesis de la conciencia desde fuera de Lenin, surge de una perspectiva estrechamente focalizada en la dicotomía entre los trabajadores y los intelectuales socialistas, que por lo tanto desecha tanto el amplio terreno sobre el que Lenin sitúa la formación de la conciencia proletaria como el problema, central para él, de la naturaleza y modalidades de la influencia ideológica de la burguesía. Comenzaré, por lo tanto, el análisis de la oposición liberal de Lenin.
Cuando a fines del siglo los que habían sido camaradas de ruta de la socialdemocracia, como Peter Struve, comenzaron a gravitar hacia el liberalismo, todos los intentos por lograr un modus vivendi entre la oposición liberal cristalizada alrededor del periódico de Struve, Oxvobozhedeniye (Liberación) y los marxistas revolucionarios fracasaron. Cuando Struve lanzó un pedido al gobierno para que se reformara y así no se siguiera fortaleciendo el movimiento revolucionario, Lenin le contestó -en Los perseguidores de los Zemstvos y los Aníbales del liberalismo-, con una crítica de las tácticas del liberalismo ruso. Lenin colocaba al liberalismo constitucional de Struve, al igual que a las preocupaciones corporativas de los economicistas, en el campo de las estrategias políticas opositoras, cuya principal línea de demarcación estaba definida por la lucha entre el Estado zarista autocrático y la estrategia socialdemócrata de la hegemonía proletaria en la revolución. Concebía a los Zemstvos, instituciones elegidas por las clases propietarias cuyos derechos constitucionales los liberales querían extender, como un pequeño ángulo de su campo de fuerzas estratégico. A través de la influencia de la opinión pública, los Zemstvos podrían funcionar como un "factor auxiliar" en la lucha por la revolución, "haciendo que el gobierno dudara sobre la magnitud de la represión en momentos críticos", pero serían incapaces, sin embargo, de operar como "un factor independiente" (Lenin , 1961a, 73). Cuando los llamados a la extensión de los derechos de los Zemstvos se contrapusieran a la lucha por la revolución, servirían "como un instrumento para el fortalecimiento de la autocracia a través de las medias concesiones, como una forma de atraer a un cierto sector de los liberales" al lado del gobierno (Lenin , 1961a, 74). Cuando el movimiento revolucionario asumiera proporciones amenazantes, las autoridades zaristas, actuando de acuerdo con "el antiguo método policial de divide y reinarás, cederían lo secundario para preservar lo esencial, darían con una mano y quitarían con la otra", utilizarían llamados como el de Struve en Los derechos y un Zemtsvo con autoridad en un esfuerzo por aislar y derrotar a los revolucionarios, concediendo "algo del tipo de una constitución consultiva y aristocrática" y engañarían, una vez más, incluso las esperanzas liberales (Lenin , 1961a, 70, 75). En Lenin hay una simetría entre esta disección de la táctica liberal y el análisis del economicismo: en ambos casos, manifiesta una cierta simpatía hacia las preocupaciones de su oponente, ya sea que se trate de remediar el sufrimiento de los obreros o establecer restricciones a un gobierno arbitrario, a condición de que éstas no se contrapongan a la lucha por la revolución, pero en cada caso diagnostica que sus oponentes, deslumbrados por sus estrechas preocupaciones, están ciegos ante la lógica de la lucha por el poder del Estado.
Contra el telón de la lógica estratégica de este proceso, Lenin discierne algo más que una mera ilusión en la afirmación de Struve de que "un partido moderado siempre tiene algo que ganar de una lucha acentuada entre elementos políticos extremos" (citado en Lenin, 1961a, 78). El intento de Struve de extraer concesiones al zarismo, invocando la amenaza de la revolución, constituía el embrión de una estrategia liberal que amenazaba hacer que la revolución naciera muerta. Este juego liberal no era simplemente una charada constitucional a ser jugada a puertas cerradas, sino que requería que la fuerza revolucionaria de las masas fuera tratada como una especie de ejército de marionetas, capaz simplemente de asustar al zar y luego de retirarse tras bambalinas cuando comenzara el asunto serio de la negociación de la redistribución del poder. Su lógica tenía, por lo tanto, que extenderse más allá de los salones de las clases propietarias. Requería que ideas, actitudes e instituciones, que le permitirían a las masas jugar el rol que tenían asignado, fueran alentadas y promovidas entre ellos. Pero si la estrategia liberal iba a tener un "eco" entre los trabajadores, sería mejor que sonara claramente proletaria. Lenin pensaba que se podía escuchar ese eco, por ejemplo, en el llamado de Rabochoye Dyelo a que los trabajadores lucharan por sus derechos políticos como una manera de conseguir sus exigencias económicas. La similitud entre este llamado y el de Struve en favor de los derechos es aparente, pero lo que es crucial para el análisis de Lenin no es esta similitud formal, sino la complementariedad estratégica de los dos dentro de la lógica de la lucha política. La complementariedad estratégica que se percibe en el Credo de Kuskova había sido destruida por el movimiento espontáneo de los obreros, más allá de la lucha puramente económica; su restablecimiento requeriría la adaptación a las nuevas circunstancias, a ajustes que tomaran en cuenta los movimientos de intervención de otros actores políticos.
Así, la tendencia economicista dentro del movimiento de la clase obrera cambia su forma, pero mientras ese cambio excluya del ámbito del movimiento de la clase obrera cualquier aspecto de la totalidad socio-política, significa una mera revisión de la estricta división del Credo (la economía para los trabajadores, la política para los intelectuales) y no su eliminación. Por lo tanto, le concedería la iniciativa estratégica a los adversarios políticos del movimiento obrero. Lenin reconoce que las luchas obreras pueden desafiar espontáneamente esta división política del trabajo y forzar una revisión de sus términos. Su crítica del economicismo sólo involucra indirectamente una crítica de la espontaneidad; tomada directamente es una crítica al "espontaneísmo", es decir el fracaso de la conciencia para dominar teórica y prácticamente la lógica del proceso espontáneo. El objetivo final de su crítica no son los errores y omisiones específicos de los pronunciamientos economicistas, sino la tendencia a definir el proyecto político de la clase obrera en términos restrictivos, ya que esta tendencia denota la incapacidad para reconocer que la lucha de clases se ve refractada a través de la lógica estratégica de la lucha política y por lo tanto la incapacidad para anticipar los movimientos de los adversarios o reaccionar independientemente a sus innovaciones.
Entender al economicismo no como un conjunto particular de ideas (economía versus política), sino como una tendencia (espontaneísmo) dentro de la lógica estratégica de la lucha política, es comprenderlo como un acomodamiento al movimiento espontáneo. La explicación de Lenin del movimiento espontáneo descansa sobre una distinción entre sus dos aspectos: la lógica de la lucha de clases entendida en términos de las relaciones sociales que generan una tendencia hacia el socialismo, y la influencia ideológica de la burguesía sobre esta tendencia. La relación entre estos dos aspectos se concibe dinámicamente, como un proceso de lucha que constantemente se genera a sí mismo una y otra vez, mientras que periódicamente ajusta su forma y términos. Como ya lo he sugerido, Lenin vio este proceso como si se desenvolviera en el contexto de una historia de victorias y derrotas, acuerdos y compromisos. Las ideas, actitudes y tradiciones generadas a través de esta historia se corporizan en instituciones y prácticas que estructuran las experiencias y percepciones de los participantes. Si esto es así, la clase obrera no es nunca una tabla rasa ideológica; no hay un punto cero en el que un proletariado ideológicamente virgen es simplemente seducido por ideólogos burgueses inescrupulosos. Consecuentemente, el contenido ideacional que se atribuye a cada uno de los dos aspectos del proceso espontáneo no puede determinarse en abstracto. Dependiendo del contexto histórico y político, la misma idea puede surgir más o menos directamente de la experiencia proletaria o encontrar su camino hacia los trabajadores a través de las máquinas de propaganda de la burguesía o del Estado. La sustancia de la crítica de Lenin a los economicistas, por lo tanto, tiene que ver con las implicancias de sus ideas para la lógica de la luchas políticas y no con el origen de esas ideas.
Una vez que se concibe la lucha de clases como intersectada y refractada
por la lógica estratégica de la lucha política, la
importancia crucial de la definición de Lenin de la conciencia socialista,
como aquella que reconoce la naturaleza total e irreconciliable del antagonismo
de los intereses de clases, puede ser entendida mejor. Primero, es parte
de la lógica de la lucha política que los actores hacen sus
"movimientos" en el contexto del todo social y político, que no
hay aspectos de la totalidad social que puedan excluirse en principio de
esta lucha. Así, estratégicamente, el movimiento obrero debe
ser visto como algo colocado "bajo la mirada" de sus adversarios políticos.
Pero esto no significa, simplemente, que actúa en un drama que es
tanto político como económico sino también que su
carácter de actor político se define a través de este
proceso. Cualquier limitación de la perspectiva estratégica
del movimiento obrero puede conceder a sus adversarios no sólo objetivos
políticos cruciales, sino también las materias primas necesarias
para el duro trabajo de la autodeterminación política. Cualquier
limitación en las posibilidades de preocupación política
del proletariado le da a sus adversarios estratégicos la posibilidad
de realizar una actividad política e ideológica que podría
refractar la dinámica del antagonismo de clases hacia una reconciliación
inestable o más o menos provisional de los "antagonismos irreconciliables"
de los intereses proletarios con "el todo de la política moderna
y el sistema social". Es imposible escapar a la influencia de la ideología
burguesa en una sociedad capitalista. El punto de Lenin es que la formación
teórica es condición necesaria pero no suficiente para una
lucha efectiva en su contra. Segundo, puesto que el proceso espontáneo
que se presenta al analista político marxista no refleja simplemente
la lógica de la lucha de clases económica, las limitaciones
de este proceso no pueden definirse simplemente en términos de esta
lógica. También están relacionadas con la lógica
de la lucha política, o tal vez sería mejor decir que son
relativizadas por la segunda: así como no hay un umbral antes del
cual se origina un movimiento absolutamente espontáneo, no puede
haber ningún punto fijo más allá del cual pueda decirse
que el movimiento obrero haya superado definitivamente la espontaneidad.
El proceso de lucha es entonces un proceso abierto, puesto que cualquier
nuevo movimiento puede alterar de manera significativa el contexto socio-político
de la respuesta del adversario, puede proveer material para la innovación.
Dado que el antagonismo de los intereses de clase es el principio que subyace
en el juego, los jugadores pueden no tener razón para obedecer las
reglas existentes; y dado que son capaces de innovación, no hay
razón para asumir que el próximo movimiento estará
sujeto a las mismas reglas que el último. Alasdair MacIntyre presentó
un punto de vista similar en un contexto muy diferente, "mover el caballo
a QB3 siempre puede recibir como respuesta un pelotazo al arco" (MacIntyre,
1984, 98). Dado que, cualesquiera sean las reglas y prácticas corrientes
que estructuren y canalicen la lucha de clases, en la totalidad socio-política
nada puede ser considerado definitivamente fuera de juego, el campo de
juego no puede restringirse al proceso espontáneo sino debe incluir
la conciencia misma, la comprensión teórica desplegada en
la formulación de la estrategia revolucionaria. Es decir, la presencia
política de la teoría marxista (y consecuentemente de la
clase que conlleva) es también un objeto de la lucha política.
Algunas implicaciones
La tesis de Lenin de la conciencia desde fuera ahora puede ser resumida tomando en consideración sus implicaciones. En primer lugar, la aparente ambivalencia de la actitud de Lenin hacia la espontaneidad debe entenderse como el producto de una posición teórica coherente aunque teóricamente compleja. Su llamado a la vanguardia consciente a que alentara y combatiera lo espontáneo en el movimiento obrero no es un signo de incoherencia, sino la asunción de una sofisticada posición estratégica dentro del desarrollo de una lucha política e ideológica.
Segundo, la relación de la conciencia con la teoría marxista puede entenderse como sigue. Para que la conciencia incluya la noción del reconocimiento de lo irreconciliable de los intereses de clase del proletariado con el conjunto del moderno orden (burgués) social y político, debe tomar una forma teórica. No sólo debe hacerlo porque los trabajadores típicamente tienen poco acceso a través de la experiencia a muchos de los más altos puntos de este todo, sino también porque la experiencia de la clase obrera siempre reflejará diversos intentos por reconciliar los intereses de los obreros con el orden prevaleciente, y el fracaso de estos intentos (o su éxito meramente parcial, provisional y temporario) siempre puede ser atribuido a aspectos efímeros de la lucha política (o a la fatalidad de la naturaleza humana). El hecho de que el movimiento espontáneo en parte se forma por una lógica de lucha política que prescribe la innovación estratégica, táctica e ideológica, implica que se generarán coyunturas nuevas y nunca vistas y se enfrentarán intentos para establecer la conciliación constantemente renovados y ocasionalmente innovadores, hace que la comprensión de la naturaleza irreconciliable (y no simplemente irreconciliable hasta ahora) del antagonismo de clase necesariamente depende de la teoría. Lenin creía que el corazón de la teoría marxista consistía precisamente en las herramientas conceptuales necesarias para forjar tal comprensión; sólo instruida por esta teoría la experiencia del movimiento obrero puede tener una influencia independiente sobre las cambiantes coyunturas políticas.
Tercero, ahora pueden formularse las implicaciones de las tesis de Lenin para la idea de la independencia del proletariado. Si es cierto que el antagonismo de los intereses de clase es irreconciliable dentro de la sociedad capitalista, todo intento de conciliar los intereses de clase y por cierto cualquier institución o idea que promueva la conciliación, debe concebirse estratégicamente como una forma de subordinación de la clase obrera a fuerzas heterógamas. La comprensión de lo irreconciliable del antagonismo de clase, incluyendo la capacidad de agudizar y profundizar esta comprensión mediante el análisis de formas novedosas de conciliación, es por lo tanto, un requisito previo para la independencia del proletariado. La independencia del proletariado se plasma en el momento en que esta comprensión orienta la dirección del movimiento obrero. Esto implica, por supuesto, que la teoría marxista se corporiza en instituciones dirigentes del movimiento, pero no implica nada sobre la naturaleza de estas instituciones. Esto dependerá de la historia concreta de la lucha de clases y de la capacidad de los marxistas para elaborar análisis que clarifiquen la situación y las aspiraciones de los trabajadores. Las organizaciones de vanguardia pueden ser más o menos amplias, más o menos abiertas, más o menos democráticas, de acuerdo con las circunstancias de la lucha. Como se dijo anteriormente, al presentar su tesis, Lenin invocó al Partido Social Demócrata Alemán como un ejemplo y, cualesquiera sean las salvedades que ahora deban tenerse en cuenta, este partido era entonces casi universalmente considerado como la vanguardia en cuanto a una organización democrática. El pedido de Lenin a favor de un partido de revolucionarios profesionales restringido, de carácter conspirativo y jerárquico, surgía entonces de su análisis del contexto de la lucha en Rusia y no de su tesis de la conciencia desde fuera.
Cuarto, la tesis de Lenin tiene importantes implicaciones para el estatus conceptual de la teoría marxista, que no debe entenderse como "un dogma", o sea un conjunto de axiomas, proposiciones y predicciones dado, sino como "una guía para la acción", es decir como una matriz teórica aplicable a coyunturas siempre nuevas y cambiantes de la lucha de clases y que en el curso de esta aplicación es concretizada y modificada (Lenin , 1966, 71). El que haya que entenderlo así es una necesidad teórica porque la teoría marxista es la comprensión del antagonismo irreconciliable de los intereses proletarios con el conjunto del orden socio-político capitalista. Este todo debe ser entendido teóricamente y debe por lo tanto estar abierto a la modificación para entender el proceso por el cual la lógica innovadora de la lucha política puede refractar las líneas de demarcación de la lucha de clases y así, constante y a veces significativamente, modificar los contornos del todo. Es una necesidad política, porque la teoría marxista es también un objeto en la lucha política y el fracaso en desarrollarla, concretizarla y modificarla invita a su revisión y apropiación por fuerzas que desarmarían al movimiento obrero. Es en este sentido que Lenin retrata la importancia del revisionismo y el economicismo bernsteininano. Es en este sentido que más tarde criticaría a Kautsky y a los mencheviques por ser marxistas abstractos y dogmáticos.
Si el estatus conceptual y político de la teoría marxista requiere que ésta se desarrolle, se concretice y modifique, es necesario hacer una última pregunta: ¿Qué fuerzas empujan su desarrollo? En el ¿Qué Hacer? Lenin no lleva esta pregunta más allá de la referencia a la necesidad de entrenar a los teóricos obreros. Se podría sugerir, por implicancia, que el proceso del desarrollo teórico se restringe al claustro teórico de los obreros e intelectuales marxistas "conscientes". Pero de las tesis de Lenin de la conciencia desde fuera, no se desprende que la espontaneidad proletaria no juega un rol importante en el desarrollo de la teoría marxista. Lo cierto es que, correctamente entendida, su tesis sugiere lo contrario, porque la lógica del análisis político que la conforma implica que los trabajadores son capaces de innovaciones "espontáneas". Y dado que las limitaciones del movimiento espontáneo deben ser entendidas en términos relativos y no absolutos, no hay razón para que estas innovaciones no puedan a veces ser semillas capaces de producir frutos revolucionarios y aún teóricamente revolucionarios. Lo que implica la tesis de Lenin es que tales innovaciones pueden jugar sólo una parte episódica en el drama de la autoemancipación del proletariado, a menos que la teoría marxista las absorba, extraiga y clarifique sus implicancias. Pero si la absorción teórica de la innovación proletaria espontánea lleva a modificaciones importantes en la teoría marxista, será verdad en un sentido significativo que las masas de trabajadores y no sólo los teóricos juegan un rol activo, independiente y creador en la elaboración de la conciencia socialista.
"El marxismo aprende (… ) de la práctica de las masas"
escribió Lenin "y no reclama para sí enseñarle
a las masas formas de lucha inventadas por los ‘sistematizadores’ encerrados
en sus cuartos de estudio" (Lenin , 1962, 213-214). No puede haber dudas
de que luego aprendería de la práctica de las masas, más
especialmente de la iniciativa proletaria espontánea que establecieron
los soviets, ni de que modificaría de manera significativa la estructura
de la teoría marxista como consecuencia de este aprendizaje. Y pudo
hacerlo, no a pesar de la tesis de la conciencia desde fuera, sino debido
a ella. La tesis de que la conciencia debe ser llevada al movimiento espontáneo
de la clase obrera desde fuera es una precondición necesaria para
llevar la espontaneidad proletaria, a la conciencia, a la teoría
marxista y en consecuencia a una apreciación concreta y no simplemente
retórica de la tesis marxista de la autoemancipación del
proletariado. Consideremos si no la alternativa: negar la tesis de Lenin
es aseverar que la conciencia socialista es inmanente a la espontaneidad
proletaria, que la teoría marxista y la experiencia proletaria espontánea
de la lucha de clases están, o pueden estar, en armonía.
Pero entonces, con semejante posición sería difícil
no sólo explicar la conciencia existente en la mayor parte de la
clase obrera, sino también comprender que la teoría marxista
pudiera aprender de la práctica de masas de manera consistente.
Así, no debería sorprendernos que Rosa Luxemburgo, la apóstol
de la espontaneidad proletaria y crítica de Lenin escribiera:
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* Artículo publicado en Science & Society, vol. 59,
Nº 3, número especial dedicado en su totalidad a la evaluación
de los diversos aspectos teóricos y prácticos del legado
de Lenin. El autor es docente en el Departamento de Ciencias Políticas
de la Laurentian University de Ontario, Canadá. La traducción
pertenece a Virginia de la Siega.