La crisis y el porvenir del capitalismo no se explican solo por la lógica de "El Capital", pero sin ella son incomprensibles
Carlos Abalo
El comentario sobre el trabajo de Chesnaispuede ser un punto de apoyo para la comprensión del momento que vivimos, aunque el trabajo en sí me parece lleno de reiteraciones que poco aportan al conocimiento específico del capitalismo actual y no propone hipótesis que contribuyan demasiado a aclarar el presente conflicto social.
La mundialización del capitalismo es una consecuencia de la acumulación del capital. Es un proceso objetivo apoyado por la política del capital transnacionalizado, pero no la consecuencia exclusiva de una política predeterminada. Las características que toma el proceso de acumulación en el capitalismo global son una combinación de la reproducción capitalista y de las políticas que la fomentan, precisamente porque el capital transnacionalizado domina los resortes del poder político. El proceso de acumulación y el apoyo político que encuentra en la generalidad de los gobiernos son una sola y misma cosa. La realidad no es un resultado de la lógica objetiva ni tampoco de una política predeterminada sino de una interacción entre ambas en el seno de la sociedad.
La internacionalización del capital tampoco es la misma hoy que durante el período que siguió a la finalización de la Segunda Guerra Mundial. La acumulación del capital tiende a alcanzar el mercado mundial. El capitalismo pasó por distintos grados de internacionalización, no siempre ascendentes ni continuados. Este siglo empezó con una rápida internacionalización que se interrumpió en los años veinte para seguir de otra manera en un mercado mundial fragmentado, lo que trajo como consecuencia el derrumbe bursátil de 1929. Las compañías no podían internacionalizarse más que de una manera limitada porque el mercado mundial se había fraccionado.
La internacionalización actual continúa la de los años sesenta; la acumulación capitalista tiende a desarrollar la fábrica mundial y el producto mundial. Lo nuevo es la manufactura internacional mucho más generalizada. Aunque la mundialización no abarca a todos los países, amplía el radio de la internacionalización y profundiza el desarrollo capitalista en nuevos países, como son los del sudeste asiático, México y el sur de , en primer lugar, Brasil.
Las otras características del nuevo empuje a la internacionalización se encuentran en que ésta se basa no sólo en la vigorización de la acumulación capitalista sino también en la derrota del movimiento obrero y de las fuerzas que luchaban por un espacio nacional desconectado del capitalismo mundial. Esto incluye la desaparición del llamado socialismo real y su tránsito hacia el capitalismo, la elevada desocupación de origen tecnológico, el retroceso en la sindicalización, la reducción del peso social y político de la clase obrera y de su importancia cuantitativa en las sociedades avanzadas (aunque se haya incrementado numéricamente en el mundo) y el papel hegemónico de Estados Unidos.
Un ejército industrial cada vez menos "de reserva"
La acumulación capitalista no ofrece desarrollo para todos: incluye desempleo y desigualdad. A mayor desarrollo del capital, más despauperización relativa, en el sentido de que hay cada vez más pobres en comparación con las posibilidades de producción del capitalismo. Por ahora, aparece una marginación creciente y no como un ejército industrial de reserva transitorio sino como producto de la automatización en la industria, de la creciente productividad del trabajo y de las peores condiciones laborales. Si esta tendencia fuera permanente, se estaría ante condiciones distintas a las que prevalecieron hasta hace pocos años. El análisis de la diferencia no se contesta sólo con los textos. "La población obrera, pues, con la acumulación del capital producida por ella misma, produce en volumen creciente los medios que permiten convertirla en relativamente supernumeraria". La diferencia es que, con la incorporación más generalizada de las nuevas tecnologías el ejército industrial de reserva es cada vez menos "de reserva" y cada vez más permanentemente una población marginada debido a la automatización en las industrias avanzadas y al incremento de la productividad. Si bien el desalojo por productividad es una constante en la historia del capitalismo sólo neutralizada en los períodos de auge, puede ser acumulativo ahora, aunque transitoriamente más pausado en los países situados en la punta tecnológica o más adaptados a los requerimientos flexibles de la producción.
La mayor tasa de desocupación de los años treinta, sobre todo en Alemania y en el centro de Europa, fue compensada por avances del sindicalismo en Estados Unidos y el crecimiento en número y organización de la clase obrera en países de más reciente industrialización o de industrialización sustitutiva. Ahora también se ha incrementado el peso numérico de la clase obrera en los nuevos países industrializados, sobre todo los del sudeste asiático, pero la diferencia es que en el mundo y en los países más industrializados la clase obrera no ocupa el lugar central, por número ni por influencia. Ese lugar está cada vez más ocupado por la clase media con gran heterogeneidad de objetivos (en vías de empobrecimiento o de capitalización), y el centro del escenario tiende a ser el de las luchas democráticas, que engloban también la cuestión del salario y el empleo.
Estas diferencias tienen que ver con las características específicas del capitalismo actual. Si el desempleo ya no es transitorio se debe a que el trabajo socialmente necesario se ha vuelto más productivo. Si es así, habrá menos obreros en las fábricas y proporcionalmente más asalariados técnicos e ingenieros, y también más desocupados. Contrariamente a lo que sucedió en el capitalismo de los "años de oro" la ocupación tal como ahora se concibe posiblemente tenderá a aumentar y la avanzada de los trabajadores posiblemente no se encuentre en la clase obrera tradicional.
En el movimiento sindical lo más destacado es la lucha por la reducción de la jornada de trabajo como alternativa al aumento de la productividad, hasta ahora prácticamente acotada a Europa y sólo practicable en países de elevada industrialización y con movimientos sindicales muy activos.
El cambio de perfil productivo, que no es exactamente una estructura menos industrial o menos vinculada a la producción, crea una serie de fracciones heterogéneas de asalariados. La "terciarización" va acompañada de una menor importancia relativa de la clase obrera, pero los sectores nuevos de asalariados no obreros y la expansión de los servicios son una característica de la revolución tecnológica, en que la mecanización se subordina crecientemente a la electrónica y modifica sustancialmente la composición de clase de los asalariados y el trabajo en relación de dependencia fuera de las unidades productivas, el peso de los servicios directamente ligados a la producción y la productividad. Como su resultado es también una distribución más desigual del ingreso, al mismo tiempo que la productividad crecen el gasto superfluo y los servicios suntuarios. En lo primero (servicios productivos, desarrollo de la electrónica, modificación de la composición de clase de los asalariados y menor peso social obrero relativo) se basa gran parte del aumento de la productividad. El gasto superfluo y los servicios suntuarios son una consecuencia del incremento del trabajo no necesario y del ocio en provecho de pocos.
Una nueva fase expansiva
La revolución tecnológica y el consiguiente aumento de la productividad indican la posibilidad de que haya comenzado una recomposición del capitalismo y una nueva fase larga expansiva pese a la crisis financiera internacional, lo que no excluye que una vez empezada una fase larga de alza ésta pueda interrumpirse. La onda larga expansiva de finales del siglo pasado se inició con una fuerte crisis financiera; en cambio, el comienzo del llamado "período de oro" del capitalismo de la última posguerra en la fase expansiva 1945-1970 no tuvo una crisis financiera general sino una aguda hiperinflación en Alemania previa a la estabilización del marco.
La onda larga expansiva no se define por los padecimientos, el empobrecimiento o, al revés, las mejoras generalizadas en el nivel de vida. Hasta ahora, en el capitalismo, las mejoras generalizadas no fueron continuadas sino el resultado de años de prosperidad, que, además, facilitaron la lucha sindical y reivindicativa. Al contrario, los inicios de las fases largas expansivas se caracterizaron por los desequilibrios sociales, tanto más profundos cuanto más grandes fueron las innovaciones tecnológicas, debido al desalojo de pasadas modalidades de producción y a la acumulación forzada de capital. Tampoco la recuperación de la tasa de ganancia es inmediata, porque está influída por la quiebra de las empresas de la generación anterior y el peso del endeudamiento adquirido para afrontar las innovaciones. Las ondas largas no se rigen por los mismos fundamentos que explican los ciclos comerciales.
Las fases largas recesivas o expansivas se asocian sólo parcialmente con las "ondas Kondratieff" y no puede esperarse que tengan una determinada duración, porque su lógica general (la del capital) está subordinada a las consecuencias sociales, que no están sujetas a una lógica predeterminada e influyen sobre la tasa de ganancia y las inversiones. En los veinte años previos al presente decenio, el capitalismo mundial tuvo un comportamiento casi recesivo, acentuado en los ochenta en América Latina y Africa. La excepción más notable fue el sudeste asiático, donde se produjo una expansión capitalista sobre la base del desarrollo de la electrónica y la mano de obra barata, condiciones que contribuyeron a impulsar la reestructuración en el centro del sistema y a preparar las condiciones de un posterior nuevo período de crecimiento.
En los años noventa la presunción de que podría haberse iniciado una fase expansiva larga se debe a que la acumulación en el centro se aplicó en proporciones más considerables a innovaciones tecnológicas que modificaron de una manera mucho más radical el proceso productivo y a un fuerte crecimiento de la inversión extranjera directa en la periferia, sobre todo en el sudeste asiático, China y . La expansión y profundización del capitalismo en las nuevas áreas empieza por una adaptación a la acumulación mundial, característica esencial de esta época, en contraposición con el capitalismo nacional protegido que desarrolló la sustitución de importaciones.
En el capitalismo, la sobreacumulación se deriva de la insuficiente expansión de la demanda a una tasa de ganancia aceptable para las empresas, conseguida mediante la sobreexplotación y el crecimiento de la desigualdad de los ingresos, que a su vez limitan el consumo masivo y, a la larga, el comercio internacional. Esa combinación específica de rentabilidad y distribución de ingresos modifica las condiciones de acumulación en el mercado mundial. Cuando la acumulación está bloqueada por la sobreinversión productiva, ésta tiende a transformarse en sobreinversión financiera, que tiene límites mucho menos inmediatos que la otra. Cuando ese bloqueo no existe o es menor, el excedente se orienta a la inversión productiva, que incluye el fortalecimiento de la inversión directa extranjera en la periferia. Cuando el mercado mundial estuvo bloqueado, la inversión se orientó a los mercados nacionales (si se repitiera esa situación, ahora quizá también se expanderían los mercados regionales de una manera más cerrada). En el caso de que los grandes mercados se diferenciaran demasiado cerrándose sobre sí mismos, se plantearía la posibilidad de un fraccionamiento del mercado mundial. Así ocurrió, con una economía mundial de características diferentes a la actual, en los años veinte y treinta. En la actualidad es más difícil porque la acumulación capitalista se desarrolla fundamentalmente en una escala mundial.
Las fases largas expansivas de la economía mundial capitalista no se caracterizan por los inventos ni las revoluciones tecnológicas, que pueden tener lugar con bastante independencia del ciclo de acumulación, sino por la incorporación de las invenciones al aparato productivo a través de la inversión. El desbloqueo de la inversión, la aparición de nuevos mercados y la profundización de los ya existentes es lo que define un ciclo de alza. No hay tampoco una duración predeterminada de una fase larga alcista ni éstas tienen por qué desarrollarse plenamente. La fase larga alcista de los años noventa del siglo pasado se interrumpió por el bloqueo del mercado mundial debido a su fragmentación. Después de años de incertidumbre, la inversión masiva se orientó a los grandes mercados internos y aquel género de economía mundial abierta desapareció. Los revolucionarios de los años veinte creían imposible que el capitalismo se reconstituyera; sin embargo, eso ocurrió dos décadas y media más tarde. Para remover el escollo fue necesario que el capitalismo desvalorizara los capitales en la Gran Depresión y resolviera la fragmentación con una nueva guerra mundial.
La nueva fase larga de los años de oro de la última posguerra mundial no fue interrumpida y duró aproximadamente un cuarto de siglo. Simplemente, se agotó. El modo de acumulación peculiar de e