Sobre las tendencias actuales del capitalismo
Rolando Astarita (*)
En el debate de la izquierda sobre la situación del capitalismo actual, podemos distinguir, a grandes rasgos, dos posiciones: por un lado, la de aquellos compañeros con una visión "catastrofista", que hablan de una "crisis crónica", o "crisis sin salida" del modo de producción capitalista. En el polo opuesto, están los que consideran que la crisis abierta a comienzos de los años setenta (algunos la datan a fines de los sesenta) constituiría una crisis de transición o readaptación del capitalismo, que inevitablemente daría lugar a una nueva fase de fuerte expansión. Dentro de esta corriente interpretativa, algunos dicen que ya se inició un nuevo período de desarrollo a largo plazo, una nueva "onda larga" Kondratiev, que podría extenderse hasta bien entrado el próximo siglo.
En lo que sigue, y tratando de ser lo más breve posible, esbozaré una posición alternativa a las anteriores. Para esto, comenzaremos por la discusión sobre la tasa de ganancia del capital, variable central en la explicación de la crisis de los setenta.
A partir de los comienzos de los ochenta el aumento de la productividad y de la explotación -intensificación de los ritmos de trabajo, descenso del salario, pérdida de conquistas sociales- ha provocado una enorme transferencia de valor desde el trabajo al capital. La participación de las ganancias en el valor agregado aumentó significativamente en Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otros países adelantados; es decir, la masa de ganancia ha crecido, y con ello hubo una recuperación de la tasa de ganancia, con respecto a los promedios de los años setenta y mediados de los ochenta. Factores políticos -retroceso de la lucha sindical, triunfo de la reacción neoliberal, caída de la URSS, etc.- fortalecieron la confianza del capital, y explican en parte ciclos de crecimiento como los de Estados Unidos entre 1982 y 1988 y entre 1991 y hoy.
Pero esta recuperación está lejos de determinar una nueva "edad dorada" del capital. El crecimiento de las economías capitalistas se mantiene vacilante; las tasas de inversión en relación al producto bruto han tendido a ser declinantes a largo plazo en los países de la OCDE. Es muy significativo que el crecimiento del stock de capital en Estados Unidos haya sido, entre 1963-68 (última fase de la onda larga expansiva) del 5,1% anual, mientras que en la fase de crecimiento 1983-88 fue del 2% anual. Es una muestra de la debilidad de la inversión en los ciclos actuales; la inversión en equipos de computación crece apreciablemente, pero en estructuras y construcciones industriales permanece estancada o tiene un crecimiento muy débil. Hoy las inversiones son esencialmente "racionalizadoras", esto es, provocan aumento de la productividad, con tendencia al crecimiento del desempleo o del trabajo parcial (como sucede en Estados Unidos).
Posiblemente la explicación más profunda de este tipo de crecimiento la encontremos en el comportamiento de la tasa de ganancia. Si bien ésta ha crecido, no logra sin embargo volver a los niveles de los años sesenta. Glyn sobre la base de datos de la OCDE, muestra cómo las tasas de beneficio neto en el sector manufacturero en Estados Unidos, Alemania, Japón y Gran Bretaña estaban, entre 1993 y 1994 todavía a la mitad de las tasas de ganancia que existían a comienzos y mediados de los sesenta.
Como explicación de este hecho adelantamos la hipótesis de que, si bien la inversión de capital por obrero no aumenta al ritmo en que lo hacía en los sesenta, tendió sin embargo a permanecer en niveles elevados, y esto constituye un factor deprimente de la tasa de ganancia. Las tasas de ganancias en Alemania y Japón, especialmente, se mantienen a niveles mucho más bajos que en la época del boom, profundizando la tendencia estructural de la debilidad de las inversiones, y el ritmo desigual de la acumulación capitalista mundial. Recordemos que la última recuperación generalizada del sistema capitalista, ocurrida a fines de los ochenta, terminó en una recesión también sincronizada. Hoy, mientras la economía de Estados Unidos crece a una tasa de poco más del 2% anual, la economía japonesa se sumerge en una nueva recesión; pero al mismo tiempo los capitales que no se invierten en Japón, se vuelcan a los Estados Unidos, ayudando a financiar el crecimiento de éste último. La economía europea, principalmente la alemana, sigue un curso también vacilante, mientras que los países en desarrollo experimentan crecimientos mucho más fuertes, pero a costa de enormes desequilibrios.
Agreguemos algunos elementos que, si bien no puedo desarrollar, quiero dejar mencionados: por un lado, hay que reconsiderar la influencia que tiene en la recuperación de las ganancias de las empresas de Estados Unidos las transferencias de plusvalor que se están operando a través de los mecanismos del intercambio internacional. Aspectos de la vieja teoría del "intercambio desigual" deberían ser reactualizados, para explicar la forma en que se acentúa la acumulación mundial desigual. En segundo término, es preciso incorporar al análisis la alta velocidad del cambio tecnológico en curso, como otro factor de depresión de la tasa de ganancia global del capital, que operaría junto con la creación de los beneficios extraordinarios de las empresas "de punta". Sin embargo, y en tercer lugar, es un factor positivo para la tasa de ganancia la reducción de los stocks de capital circulante posibilitados por la extensión de los métodos "justo a tiempo". Por último, habría que incorporar al análisis la manera en que la precarización del trabajo y la ofensiva internacionalizada del capital contra el trabajo operan para mantener a raya las presiones salariales cuando aumenta la producción, atenuando así los ciclos clásicos recesivos -suaves-, que se ocasionaban por la compresión de las ganancias en los cincuenta y sesenta.
Por otro lado, el aumento de las ganancias y el estancamiento de los salarios, plantea el problema de la realización de las mercancías. Algunos partidarios de la escuela regulacionista -con los que hemos polemizado en Argentina- argumentan que la crisis actual es de "subconsumo" o de realización, de la cuál se podría salir con un nuevo pacto social que aumentara los salarios, permitiendo así una reactivación de la demanda mundial y una nueva fase de desarrollo sostenido del capitalismo; tienen en mente lo que sucedió desde mediados de los cincuenta y sesenta en los países adelantados, en que los salarios seguían, con cierta aproximación, a los aumentos de la productividad, y permitían un avance del consumo masivo.
Frente a este razonamiento adquieren relieve los esquemas de reproducción de Marx, porque demuestran que la plusvalía acrecentada puede realizarse no sólo a través de la inversión, sino también por medio del consumo suntuario.
Aquí es necesario incorporar al análisis el sector financiero. Como sucede en toda crisis, en sus inicios enormes masas de capitales se retiraron de la inversión y se mantuvieron líquidos, alimentando los circuitos financieros, que a su vez fueron impulsados por la subida a largo plazo de las tasas de interés; esto acentuó, paralelamente, la caída de la tasa de ganancia empresaria, debilitando más la inversión productiva.
Pero en la medida en que se prolonga esta masa de capital financiero, cumple un rol funcional al tipo de acumulación que hemos descrito. Por un lado el dinero actúa como disciplinador social (como lo ha remarcado tantas veces Holloway); pero además, esta masa financiera cumple objetivamente el rol de distribuir plusvalía entre amplios sectores de la clase capitalista rentística, alimentando así los circuitos de consumo lujoso que constituyen una salida a la realización. De esta manera se puede prolongar un modo de acumulación débil, pero ya no se trataría de la "crisis crónica" aguda de la que nos hablan las visiones catastrofistas, ni tampoco preanunciaría una nueva "edad dorada" del capitalismo, con aumento de salarios y disminución de la desocupación. Al pasar, quisiera señalar que en la visión de Chesnais sobre el rol del capital financiero en la "barbarización", se tiende a pasar por alto cómo y por qué se puede injertar en esta lógica de acumulación. Las consecuencias políticas de esta distribución del ingreso, y de la forma de consumo asociada a ella, son los regímenes cada vez más autoritarios y represivos de las democracias burguesas, y las formas extendidas de violencia social.
De conjunto el mundo capitalista va a tensiones crecientes y luchas competitivas entre las burguesías; como había advertido Bujarin, la tendencia hacia la mundialización del capital no anula los impulsos nacionalistas. Si bien no se advierte un curso hacia una nueva guerra interimperialista imperialista, los bloques comerciales proteccionistas, las devaluaciones competitivas, la lucha por las zonas de influencia entre las grandes potencias, están a la orden del día.
Por falta de espacio diré muy poco sobre los países en vías de desarrollo. Hoy el PBI combinado de estos países representa el 46% del PBI mundial. La globalización ha significado -especialmente para el Asia del Pacífico- la extensión de las relaciones capitalistas, pero también acentuó la dependencia de estos países con respecto a las grandes corporaciones, especialmente financieras. Es que la industrialización dependiente se manifiesta en el endeudamiento y en las crisis recurrentes de sus cuentas externas, y la carrera sin fin hacia la superexplotación de mano de obra para mantenerse competitivos en el mercado mundial.
Con esta visión tratamos de superar la idea que el período actual sería sólo una breve transición hacia una nueva y esplendorosa fase de ascenso "Kondratiev". Si tenemos en cuenta que el período "clásico" del llamado fordismo duró poco menos de 20 años, y que la ofensiva reaganiana y thatcheriana ya lleva 17, podemos decir que lo que vivimos no es un mero "reajuste cibernético" del sistema capitalista. Más aún, la respuesta del sistema a cada crisis va en el sentido de una profundización de las tendencias actuantes, a la flexibilización y precarización laboral, hacia la mayor inserción en la división internacional del trabajo, y la mayor liberalización financiera. Lo mostró la crisis del tequila en América Latina, y lo muestra hoy la crisis japonesa y de los otros países asiáticos. Considerado desde una perspectiva histórica, el período de gran ocupación de los cincuenta y sesenta fue un paréntesis en la larga historia del capitalismo; otros períodos de crecimiento de Estados Unidos o de Inglaterra, como sucedió a fines de siglo pasado y comienzos de éste, vieron tasas de desocupación "normales" del 10% promedio. La tasa de crecimiento del capitalismo a comienzos de siglo era de un 2% anual, en promedio, pautadas con crisis financieras profundas. Traigo estas referencias no para comparar mecánicamente, sino para combatir el prejuicio de que, o bien el capital debería crecer a las tasas de la "edad de oro", o bien estaríamos en la "crisis crónica en fase aguda". Lo más probable es que veamos un largo período de este tipo de crecimiento débil, acompañado de caídas muy fuertes financieras (como la de Japón en 1991, la posterior mexicana, la actual de Tailandia, etc.), y el mantenimiento de un alto desempleo (y la "explosión" de la desocupación en zonas extensas como China). La lenta pero sostenida tendencia al aumento del capital invertido por obrero, podría desembocar en un plazo mediato en una nueva caída de la tasa de ganancia, y en una consecuente desvalorización masiva de capitales.
Este panorama está marcando una agudización de la contradicción más básica del modo de producción capitalista, la relación capital-trabajo. En la medida en que la clase obrera pueda articular respuestas a la ofensiva del capital (como por ejemplo, en Francia a fines de 1995, o la reciente huelga de UPS), se prepararán las condiciones para que la lucha de clases se desarrolle en un nivel mucho más elevado. Contra lo que dicen los teóricos del "adiós al proletariado", al tiempo que aumentan los desocupados, asistimos a una extensión nunca antes vista de las relaciones del trabajo asalariado y de la mercantilización de productos. Frente a la coerción que ejercen sobre los explotados la movilidad permanente de los capitales y el chantaje de las "huelgas de inversiones", es necesario concluir que las "terceras vías" del reformismo tienen cada vez menos horizontes como alternativas duraderas de solución a los problemas de la humanidad. La competencia exacerbada y mundializada, actúa como coerción externa sobre cada capitalista obligándolo a ir hasta el fondo en el aumento de la extracción de plusvalía y el desplazamiento de la mano de obra por la máquina. Por eso podemos decir que el "objeto" de estudio, el mundo capitalista, se ha acercado mucho más al cuerpo teórico del marxismo, a El Capital. El programa de la revolución socialista, de acabar con la propiedad privada y el Estado burgués, adquiere mayor vigencia que nunca antes en la historia.
Notas:
(*)Profesor universitario y director de la revista Debate Marxista
2)A. Glyn (1997): Does aggregate profitability really matter?, en Cambridge Journal of Economics, N›5. Agradezco a G. Gigliani por haberme llamado la atención sobre la existencia de este trabajo.
3)En términos marxistas podemos utilizarla como un índice de la composición orgánica de capital.
4) Luego de cuatro años de crecimiento casi nulo, desde 1992, y un año de crecimiento del 3,4% en 1996.
5) El ahorro japonés representa la tercera parte del ahorro mundial; sólo el año pasado los inversores japoneses compraron títulos del gobierno de Estados Unidos por valor de 88 mil millones, y hacia fines de 1997 superarían los 130 mil millones.
6) Ver Michel Chossudovsky, La pauvreté des nations, en Actuel Marx N›18, 1995.
7) Cuando se produce la innovación tecnológica, la empresa innovadora recibe una tasa de ganancia extraordinaria; pero en el marco de la lucha competitiva, la caída de precios de los productos que conlleva esa innovación, tiende a deprimir la tasa de ganancia general del resto de las empresas que, por supuesto, no pueden introducir inmediatamente la innovación. G. Reuten, en Accumulation of capital and the foundation of the tendency of the rate of profit to fall (en Cambridge Journal of Economics, 1991, N›1), trata este proceso, desde el punto de vista teórico, en el marco de una crítica al teorema Okishio.
8)M. Husson en Les trois dimensions du néo-impérialisme (Actuel Marx N›18, 1995) señala este rol que cumple el capital a interés y el aumento de la tasa de interés. Deberíamos agregar el rol de las alzas bursátiles y la expansión de los fondos de pensión, sustentados en el aumento de la masa de ganancia.
9)Un ejemplo de devaluación competitiva es la de China, en 1994. Esto provocó un aumento de exportaciones -en gran medida motorizadas por empresas transnacionales- que perjudicó grandemente a otros países asiáticos. A ello se sumó la suba del dólar, al cual estaban atadas las monedas de Tailandia, Malasia, Filipinas, precipitándose la crisis de estas economías fuertemente exportadoras y endeudadas.