24 de marzo de 1976: ¿por qué el golpe?

Mario Hernández (*)

Todo indicio de iniciativa autónoma de los grupos subalternos

tiene que ser de inestimable valor para el historiador integral.

Gramsci

Presentación

En los últimos años se han escrito en la Argentina una serie de trabajos que tienden a explicar la recuperación de la hegemonía por parte de la burguesía -entendiendo su pérdida en el sentido gramsciano de crisis de autoridad o crisis del Estado en su conjunto-, a partir de la política desarrollada por la dictadura militar instaurada en 1976. A modo de ejemplo daré cuenta de algunos de ellos:

1) Juan Villarreal (1984) señala que la crisis política posterior a 1955 se relaciona con las bases sociales del poder: una estructura social heterogénea en el campo de los sectores dominantes del capital y homogénea dentro de las clases subalternas con un peso mayoritario de los trabajadores industriales articulados políticamente en el peronismo.

Socialmente homogéneos y mayoritarios, los trabajadores en sus acciones de lucha frecuentemente desbordaron los límites que le imponía su conciencia peronista; fortalecidos por la heterogeneidad y contradicciones de los grupos dominantes comenzaron a presentarse a principios de los setenta como virtual amenaza al orden establecido.

Frente a este panorama se alzaba la incapacidad de los grupos dominantes de desarrollar un proyecto estabilizador que articulara sus distintos intereses.

Los sectores industriales impulsaron un desarrollo orientado al mercado interno apoyándose en el Estado y favoreciendo la redistribución de ingresos. Esta política posibilitó una armonización de intereses con el proletariado que se expresaba políticamente en el peronismo.

Sin embargo, los obreros en las fábricas entraban en conflicto con sus aliados en la política amenazando frecuentemente con el fantasma del poder obrero más allá de límites aceptables.

El gobierno militar que se inicia en 1976 resultó así un proceso general de respuesta autoritaria, disciplinaria y represiva a los avances de radicalización y lucha de los sectores populares en los años anteriores y en un sentido más estratégico produjo efectos de recomposición de las bases sociales de poder dejando como herencia fundamental la fragmentación popular.

2) Perry Anderson (1987) señala que las particulares características que asume el conflicto social en la Argentina y el cono sur de América Latina habría sido consecuencia del equilibrio de fuerzas entre la clase terrateniente tradicionalmente fuerte y la clase obrera fuerte también.

El enfrentamiento entre estas dos clases fundamentales fue decisivo para el advenimiento de las dictaduras militares desencadenado por lo que denomina "la inflexión populista".

Este proceso abierto en la década del '40 planteaba dos problemas centrales: un mayor peso de las masas organizadas por el avance de la industrialización y, como consecuencia, mayores presiones distribucionistas que conducían a una inflación galopante. En cuanto las políticas de sustitución de importaciones agotaron su potencial previo, el resultado fue un nivel de desorden y tensión económica intolerable.

Al tiempo que se entraba en este atolladero económico se produce la radicalización política de los elementos más activos de la coalición populista como consecuencia del impacto de la revolución cubana, hacia lo que Anderson denomina un socialismo revolucionario incipiente. El resultado va a ser para la Argentina la aparición del ala montonera de la guerrilla.

Las intervenciones militares de la década del '60 y del '70 serían, desde su punto de vista, contrarrevoluciones preventivas para eliminar a esa izquierda que apuntaba a un socialismo.

3) Por último, Abal Medina (1995) destaca que desde 1955 hasta el gobierno de Onganía, la alta inestabilidad de los gobiernos, tanto civiles como militares, se explica por el continuo juego pendular de la gran burguesía industrial constituyendo una alianza económica con la coalición mercadointernista (trabajadores y burguesía local) durante la fase ascendente de la economía para luego conformar un frente político con la burguesía agraria durante los períodos recesivos.

Hacia 1966, con Krieger Vasena en el Ministerio de Economía, la gran burguesía industrial pretende constituirse en el sector hegemónico del capitalismo argentino, pero fracasa en el intento.

Recién con las transformaciones estructurales del capitalismo mundial reforzadas por el plan Martínez de Hoz (1976-81) se redefine la matriz de poder social, permitiendo a los grandes grupos económicos reconstruir una hegemonía capitalista por primera vez desde la crisis del '30.

No es mi intención analizar críticamente estos enfoques, sí destacar que tienen la característica común de profundizar el análisis acerca del significado del Proceso abierto por los militares en el '76 más allá de sus manifestaciones represivas y señalar su éxito al cerrar la crisis de hegemonía abierta en el '55 con la caída del peronismo y sentar las bases económicas y sociales para la dominación de nuevas fracciones del capital que por primera vez ocupan conjuntamente el centro del proceso de acumulación y sintetizan un proyecto orgánico común: los Grupos Económicos de capital nacional y las Empresas Transnacionales (Azpiasu, Basualdo, Khavisse, 1995).

Además superan otros análisis que tienden a explicar la crisis del gobierno peronista a partir de concepciones autoritarias dominantes en el interior del partido gobernante que modificaron las reglas de funcionamiento institucional (Itzcovitz), o bien, por el pretorianismo propio de la sociedad argentina (O'Donnell).

Por mi parte pretendo poner el acento en el rol jugado por el poder del trabajo en el período previo a la irrupción militar.

Del vandorismo a la crisis de los sindicatos peronistas

Derrotadas las grandes huelgas de 1959, la burguesía argentina había logrado doblegar al movimiento obrero que se expresaba a través de los delegados y las Comisiones Internas que controlaban en las fábricas el número de hombres por tarea, los ritmos, el control de calidad, los turnos, etc.

El debilitamiento de la organización de base de los trabajadores benefició a las conducciones sindicales en el control de sus afiliados. El vandorismo fue la expresión de esta nueva situación y mientras mantuvo su hegemonía fue capaz de desarrollar su propia estrategia política generando bases propias de poder y desafiando ocasionalmente la autoridad de Perón negociando directamente con los partidos políticos, los empresarios y los militares.

El vandorismo no planteaba un programa alternativo a las distintas fracciones burguesas que se enfrentaban entre sí por imponer sus distintos proyectos. En general estaba dispuesto a aceptar la eliminación en los convenios laborales de las cláusulas que hacían al control de las condiciones de trabajo a cambio de aumentos salariales y la administración de una extensa gama de servicios sociales. Durante el gobierno autoritario del general Onganía, que suspendió las negociaciones de los convenios, se ve privado de aplicar esta política.

El gobierno del general Onganía (1966-70) desarrolla una política económica favorable a los grandes capitales industriales y financieros en detrimento de la pequeña y mediana empresa y de algunas economías regionales, propietarios rurales y trabajadores.

Esta situación se combinó con el congelamiento del sistema político abriendo una profunda grieta entre la sociedad civil y el poder. Mientras duró el repliegue político y social contó con un importante margen de maniobra para imponer su plan, pero hacia mediados de 1969, en Córdoba, se combinaron el descontento gremial y las tensiones de la sociedad civil en una ola de desobediencia social generalizada.

La actividad sindical que había tenido por escenario los despachos oficiales y las gerencias de las empresas, desciende a las fábricas y se vuelca a las calles.

"En los dos cordobazos la clase obrera -arrastrando tras de sí a las capas populares- enfrenta directamente al brazo armado del estado. En el Chocón, en las tomas de las plantas mecánicas de Córdoba (1970-71), en las ocupaciones de los pueblos tucumanos "vaciados" por los cierres de ingenios, lo mismo que en Campomar, Del Carlo, La Bernalesa y tantas otras, la acción directa, una tradición de la clase obrera argentina amortajada por las direcciones reformistas en las alfombras de los ministerios vuelve a levantar vigorosamente la cabeza" (Natalia Duval).

Irrumpe un sindicalismo combativo a nivel de fábrica y en el interior del país que a partir de mediados del '72 se extiende al cordón industrial del Gran Buenos Aires -hasta ese momento más controlado por los aparatos sindicales- y no detiene su accionar hasta marzo del '76.

Los dirigentes de los sindicatos se vieron reiteradamente desbordados. La crisis de representación sindical, el surgimiento de nuevos delegados y el rol jugado por las asambleas de fábrica constituyen elementos claves para comprender la relevancia del poder del trabajo en el período.

«Por qué Córdoba?

La conflictividad laboral y el cuestionamiento a las direcciones sindicales alcanzan su máxima intensidad en Córdoba, asiento de un fuerte y concentrado proletariado fabril en uno de los sectores más adelantados del capitalismo, la industria automotriz.

Pero hay otros elementos que explican esta situación. El pluralismo que dominaba las prácticas sindicales favorecido por el relativo aislamiento de los centros del poder sindical peronista y el carácter independiente del sindicalismo cordobés respecto del vandorismo. El rol del sindicato de Luz y Fuerza conducido por Agustín Tosco, líder del sector independiente de la seccional cordobesa de la CGT. Las nuevas empresas multinacionales instaladas en Córdoba que fomentan los convenios por empresa como el caso de la Fiat que altera la estructura sindical tradicional del movimiento obrero argentino al promover la formación de sindicatos por planta. Además, la política laboral seguida por el gobierno radical en el período 1964-66 buscando debilitar a los sindicatos peronistas estimuló la concertación de convenios por empresa y la formación de sindicatos en los nuevos sectores industriales dando mayor autonomía a los sindicatos locales y seccionales existentes.

La unidad obrero-estudiantil

Los sucesos de Córdoba fueron precedidos por una serie de levantamientos que tuvieron como protagonista central al movimiento estudiantil universitario que había sufrido un violento ataque de Onganía desde su subida al poder. Prácticamente, la Universidad fue el único sector que protestó desde el principio debido al duro golpe sufrido por el movimiento obrero por la derrota de la huelga de portuarios después de más de 30 días de conflicto y la actitud abiertamente colaboracionista de la dirigencia de la CGT con el gobierno militar. No por casualidad la primera víctima que se cobró la dictadura a dos meses del golpe fue el estudiante Santiago Pampillón durante una manifestación en la ciudad de Córdoba.

La gran expansión económica mundial a partir de fines de la Segunda Guerra Mundial exigía muchos más administradores y técnicos. El lugar para formarlos eran las universidades o instituciones de enseñanza superior. El mejoramiento del nivel de ingresos hizo posible el acceso a los niveles superiores de educación a hijos de sectores medios, obreros y familias humildes. Era la mejor forma de conseguir ingresos más elevados y un nivel social más alto.

Esa multitud de jóvenes se encontró que las universidades no estaban ni física, ni organizativa, ni intelectualmente preparadas para recibirlos. El resentimiento hacia las autoridades universitarias se hizo extensivo a todo tipo de autoridad. Así los estudiantes se inclinaron hacia la izquierda.

No sólo eran políticamente radicales y explosivos sino de una eficacia única a la hora de dar expresión nacional e incluso internacional al descontento político y social como lo demostraron en EE.UU., México, Polonia, Checoeslovaquia y Yugoeslavia, estimulados por los sucesos de París de 1968, que luego precipitó una enorme oleada de luchas obreras en Francia e Italia en demanda de salarios más altos y de mejores condiciones laborales.

En nuestro país en la década del '50 el estudiantado universitario reflejó el repudio de la clase media y burguesa al régimen peronista y al movimiento obrero. Con el triunfo de la revolución cubana y el ingreso masivo de sectores medios y populares a la enseñanza superior, gira a la izquierda y se radicaliza. Al tratar el gobierno desarrollista y los monopolios extranjeros de orientar la enseñanza en su beneficio durante la etapa cientificista, los estudiantes chocan con el régimen más de conjunto. Influidos por el ascenso mundial y latinoamericano de fines de los '60, en forma mayoritaria se unen a la lucha del movimiento obrero.

En mayo del '69 se desarrolla en la ciudad de Corrientes una movilización contra el aumento del ticket en el comedor universitario que fue reprimida violentamente por la policía dando muerte al estudiante Cabral.

El 16 de mayo la CGT regional decreta el paro y se convoca a una manifestación -la de mayor envergadura en la historia de la ciudad-, a la que asisten más de 12.000 personas.

A partir de ese momento se suceden en el ámbito universitario de todo el país asambleas, actos relámpagos y discusiones públicas que llegan a su clímax en la Universidad de Rosario donde es asesinado el estudiante de Ciencias Económicas Adolfo Bello.

El 21 de mayo estudiantes universitarios, secundarios y obreros marchan en homenaje a Bello y Cabral hasta el centro de la ciudad de Rosario y se traban en lucha abierta contra la policía que va a ser desbordada. El obrero y estudiante secundario de 15 años, Luis Norberto Blanco, muere a causa de la represión. El día 23 la CGT regional lanza un paro general.

También se producen enfrentamientos en La Plata y Tucumán donde el 27 de mayo los manifestantes ocupan la Plaza de la Independencia.

En todos estos acontecimientos -salvo en La Plata- se da un proceso de unidad obrero-estudiantil, donde el sector más dinámico lo constituye el estudiantado universitario.

La movilización estudiantil por sí misma difícilmente hubiera podido variar la situación si no hubiera entrado en escena el movimiento obrero.

La huelga de petroleros de Ensenada y la de Fabril Financiera en Capital Federal comienzan a revertir esta tendencia que se expresará claramente en el Cordobazo donde a diferencia de los sucesos anteriores, el movimiento obrero pasa a ocupar el centro de la escena.

El Cordobazo fue una explosión de repudio popular al régimen autoritario, una protesta política. Cerca de 30.000 personas combatieron el 29 de mayo de 1969 contra la policía y la gendarmería contando con el apoyo de toda la población. Por primera vez desde la Semana Trágica, la policía fue puesta en retirada por las fuerzas populares.

Meses después, en setiembre, los ferroviarios rosarinos se levantan contra las sanciones que pretenden aplicarse contra los huelguistas que cumplieron el paro general del 1 de julio. El gobierno moviliza militarmente a los huelguistas, sin poder evitar que entre el 16 y el 22 de setiembre se combata en las calles y las barricadas cubran Rosario.

El Cordobazo no alcanza para producir la caída inmediata de Onganía -se producirá un año después-; su debilidad consistió en la inexistencia de una dirección sindical y política que superara a la burocracia sindical peronista y generalizara la movilización al conjunto del país.

En el plano cordobés estimuló una de las experiencias más significativas en la historia del movimiento obrero argentino, el surgimiento del Sitrac-Sitram en el complejo de la empresa Fiat en Ferreyra.

Sitrac-Sitram

Estos sindicatos de empresa se habían mantenido al margen de la lucha del movimiento obrero cordobés. Constituían típicos sindicatos "amarillos", correa de transmisión de las políticas laborales dictadas por la Gerencia de Personal de la Fiat.

El 15 de mayo de 1970, sus trabajadores ocupan la planta de Concord contra la conducción sindical y durante tres días mantienen como rehenes a funcionarios de la empresa, consiguen la renuncia del comité ejecutivo del Sitrac y acuerdan con la patronal y el Ministerio de Trabajo realizar elecciones en el término de un mes.

El éxito alentó una rebelión similar en Materfer, la planta de equipos ferroviarios de la Fiat.

Las plantas de Ferreyra, con más de 5.000 operarios, se convierten en el epicentro de la política obrera cordobesa.

En los meses siguientes los trabajadores desarrollan una rica experiencia de democracia sindical. Las asambleas generales abiertas dentro de las fábricas eran una verdadera institución y se realizaban para decidir todas las cuestiones de la base fabril. Todos sus dirigentes conservaban sus empleos en la planta y no había puestos gremiales pagos.

Apoyados por una creciente participación de las bases los nuevos líderes dirigieron gran parte de su atención al problema de la calidad del trabajo dadas las penosas condiciones laborales dentro de las plantas, y desafiando directamente la autoridad patronal se enfrentaron con los planes de racionalización orientados a intensificar la producción y cuestionaron las prerrogativas y la autoridad de la empresa en el proceso laboral, lo que suponía un desafío directo al control absoluto de la Fiat sobre la fábrica y todas las cuestiones relacionadas con la producción. En las negociaciones que sostuvieron con la Fiat un año después, el Sitrac y el Sitram pidieron la abolición del sistema de incentivos de la empresa y que el aumento de la producción debía originarse en la renovación tecnológica y no del mayor esfuerzo del trabajo humano.

No se limitaban sólo a una propuesta sindical. Evolucionaron hacia un programa político que sostenía la estatización del comercio exterior, el sistema bancario, financiero y de seguros. La expropiación de todos los monopolios industriales, servicios públicos y grandes empresas nacionales y extranjeras. Expropiación de la tierra a la oligarquía terrateniente sin compensaciones. Planificación integral de la economía, abolición del secreto comercial y control obrero del sector empresario no expropiado. Construir un Frente de Liberación Social y Nacional bajo la dirección de los trabajadores e instaurar mediante la lucha popular y la movilización de masas un gobierno popular revolucionario para asegurar el cumplimiento del programa precedente, instaurar una Asamblea Unica del Pueblo y sostener una política internacional solidaria con los pueblos que luchan por su liberación como Vietnam.

En otros puntos del país se producen movilizaciones obreras significativas. En febrero, Onganía debe postergar su visita a la represa hidroeléctrica de El Chocón (Neuquén) ocupada durante cuatro meses. Para quebrarla interviene la Gendarmería. Se reclamaban salarios, condiciones de trabajo, alojamiento, respeto por parte de los encargados, reconocimiento de dirigentes elegidos democráticamente y rechazados tanto por la patronal como por la directiva de su sindicato.

Una de las victorias más importantes de la nueva vanguardia clasista fue la de Banco Nación con 6.000 trabajadores. También comienza un reanimamiento en textiles y metalúrgicos (Tamet).

En PASA, la más grande empresa petroquímica del país, eligen nuevos delegados. En el sindicato mecánico, delegados pertenecientes a la oposición pasan a controlar muchas de las principales firmas asentadas en el Gran Buenos Aires: Chrysler, Peugeot, Citroen, Mercedes Benz y FAE.

Según una solicitada publicada por Ika-Renault desde abril de 1969 a mayo de 1970 se perdieron en sus fábricas 1.100.000 horas de trabajo y 500 millones de pesos (moneda nacional) por medidas de fuerza con "objet