A 30 AÑOS DE LA MUERTE DE ERNESTO GUEVARA

Entrevista a Ricardo Napurí*


El 8 de octubre próximo se cumplirán 30 años de la muerte de Ernesto Guevara.
En todo el mundo se han lanzado decenas de nuevas biografías y se están reeditando las
antiguas, respondiendo a un renovado interés por la vida y la obra del Che.
El cine y el teatro no han estado ausente de este revival. No escasean las mesas
redondas y seminarios sobre el tema. Confinada a los posters y las remeras, la imagen
del Che es la de alguien respetado por su fidelidad hasta la muerte a sus principios.
Sin embargo, se lo considera un utópico, un romántico que creía sinceramente en sus
ideales, cuya temprana muerte le ahorró ver el fracaso de los mismos.
Hay una evidente necesidad, sobre todo por parte de las nuevas generaciones,
por conocer el pensamiento y la vida de Guevara, a la luz de los acontecimientos de la
última década, rica en crisis y virajes históricos imprevistos.
Existe una enorme deuda pendiente. Falta todavía una lectura profunda de sus
escritos y una evaluación objetiva de su trayectoria política para llegar a un análisis
preciso del lugar de la utopía del Che en la teoría y la práctica revolucionaria
en la segunda mitad del siglo XX. Para ello es esencial también el análisis de
las vivencias de quienes lo conocieron  y lucharon a su lado. Dentro de los numerosos
testimonios, hay por lo menos uno que ha sido ignorado: el del peruano Ricardo Napurí,
un testigo privilegiado de los primeros años del  Che Guevara en La Habana,
con quien colaboró en sus esfuerzos por extender la revolución al resto del continente.
Con el siguiente reportaje, realizado por José Bermúdez y Luis Castelli, queremos
compartir con nuestros lectores al menos parte de ese importante testimonio.




–En enero de 1959, a pocos días de la caída del gobierno de Batista, usted viaja a Cuba y se encuentra con el Che. ¿Qué lo lleva a tomar tal decisión?
–RN: Existía en la Argentina un Comité de Apoyo a los combatientes del Movimiento 26 de Julio, que se formó en 1956 casi inmediatamente después del desembarco del Granma en la isla. En ese entonces yo era periodista del diario La Razón, y además secretario general de su Comisión Interna y miembro de la dirección del Sindicato de Prensa de Buenos Aires. Desde 1949 formaba parte del Grupo Praxis, que dirigía Silvio Frondizi1, y a pesar de que éste, como casi toda la izquierda del país era hostil a los “barbudos”, personalmente colaboraba con el Comité de Apoyo, en disidencia con Praxis . Mi razonamiento era simple, intuitivo: los del Granma apelaban a la lucha armada para enfrentarse a Batista, dictador y genocida de su pueblo, y aunque estuvieran aliados con fuerzas burguesas, su rol era progresivo.
–¿Cómo explicaban Praxis y algunos grupos de izquierda esta hostilidad hacia los combatientes del Granma?
–RN: El Grupo Praxis y gran parte de la izquierda ponía un signo igual entre Batista y Fidel, decían que ambos eran “agentes del imperialismo”. En Praxis, por ejemplo se decía que Fidel era agente del “ala democrática” del imperialismo y que estaban luchando dos tipos de agentes, agente contra agente. No hacían diferencias. Me pegué al Comité de Apoyo casi por instinto, pensaba: “aunque sea un agente burgués, Fidel es más progresivo, más democrático que el asesino Batista”. En este aspecto estaba en disidencia con Praxis y como tal fui a Cuba.
–Al Che lo ve casi inmediatamente...
–RN: Arribé a La Habana el 8 de enero de 1959, en un avión que alguien de la dirigencia revolucionaria castrista había enviado para repatriar a los exiliados cubanos residentes en Argentina. Algunos “amigos” del Comité de Apoyo y periodistas, entre ellos yo, utilizamos ese avión. Junto a la madre del Che y dos de sus hermanos, pude verlo casi inmediatamente. Mi primera impresión fue que era un joven amable, cálido, sencillo, con apariencia de tímido. Vestía aún ropa de campaña, con algo de barro en sus pantalones y zapatos, y portaba su pistola al cinto. Le dije quién era yo y que quería colaborar con la revolución. Al tomar nota de mi militancia en el Grupo Praxis, me pidió que le explicara las diferencias políticas que separaban a los hermanos Silvio y Arturo Frondizi. Dijo que su desinformación se explicaba porque no había tenido ideas ni actividad política durante su paso por la Universidad en Argentina2.
–En esos primeros días de enero de 1959, existían diferencias entre los combatientes que venían de la “sierra” y los del “llano”, o sea las ciudades...
–RN: Cuando llegué esa era la discusión en Cuba. Le dije al Che que había escuchado comentarios de las diferencias entre los de la “sierra” y los del “llano” sobre el papel que habían jugado en la guerra. El me dio su versión favorable a las guerrillas de la sierra, y agregó que si el asunto me interesaba me facilitaría medios y contactos para recorrer la isla y hacer entrevistas. Los combatientes de la ciudad –el “llano”– decían: “Nosotros peleamos más que los de la sierra y no tenemos ningún título de Comandante”. Según ellos, al 70% u 80% del ejército batistiano lo retuvieron en las ciudades a través de la acción de resistencia activa. Había conflicto hasta el punto que Fidel amenazó a los combatientes del Directorio Revolucionario3, que habían tomado la Universidad, con echarles bala. Después algunos de estos grupos se fusionaron con el Movimiento 26 de Julio, otros no.
–Usted fue a ofrecer su colaboración con la revolución, ¿cómo se expresó esta colaboración?
–RN: Al Che le entusiasmó el que hubiera sido un aviador militar deportado de Perú por haberme negado a bombardear a marinos y militantes de la izquierda aprista en la insurrección de octubre de 1948. Yo, que había pensado en apoyar y colaborar con la revolución haciendo propaganda, me encontré con que el Che me decía que una primera prueba de mi colaboración sería mi retorno a Perú con la tarea de ver qué organizaciones y hombres apoyaban a Cuba, pero que a la vez estuvieran dispuestos a asumir un compromiso revolucionario. Y fue claro: “Aceptas o no aceptas”, dijo. Ahí decidí abandonar todo, mi familia, mi trabajo, todo. Era la fuerza que tenía la revolución, la gente en las calles. Yo era joven, apenas tres años mayor que el Che, y pensé: “Siempre quise esto, peleé por esto”. Y Cuba te decía: “Vamos a hacer juntos la revolución”. No decía “yo la hago”. Decía: “Háganla ustedes y nosotros les apoyamos”. Así que no dudé, acepté de inmediato. Cuando menos lo pensaba, ya estaba comprometido con el Che, apenas siete días después de arribar a la isla.
–Si tomamos en cuenta su formación marxista al lado de Silvio Frondizi, cuesta entender qué fue lo que lo impulsó a abandonar la Argentina para retornar a Perú ante el pedido del Che, dirigente de una revolución que en esos momentos no era declaradamente antiimperialista y menos aún socialista, y cuyo destino era incierto...
–RN: Cierto. Por mi formación marxista yo era un combatiente de la revolución socialista. Llevaba muchos años en ello. Lo que pasaba era que los revolucionarios latinoamericanos nos tropezábamos con la muralla que significaban los movimientos nacionalistas, pero también los partidos comunistas. Estos últimos, al plantear alianzas y frentes populares con las burguesías nativas cumplían el nefasto rol de “policías políticos en la izquierda”, privilegiando la vía pacífica y reformista. A su manera esto lo constató el Che cuando le criticó duramente a José Manuel Fortuny, secretario general del Partido Guatemalteco del Trabajo (el Partido Comunista) el haber capitulado, no defendiendo al gobierno de Arbenz, en 1954, ante la agresión de Estados Unidos, no llamando a la resistencia armada4. No habíamos encontrado el medio para terminar con la “losa” estalinista, que impedía la revolución. Por eso, al constatar que Fidel Castro, el Che, Camilo Cienfuegos y otros lo habían logrado, el deseo de imitarlos fue, para muchos de nosotros, superior a las previsiones que sugería nuestro bagaje teórico, programático y político marxista. Ellos, a través de la guerrilla abrían un capítulo inédito en América latina. Muchos jóvenes pensamos que podían tener razón y que bien valía la pena imitarlos, impulsando la lucha revolucionaria en cada uno de nuestros países.
–¿Durante qué años estuvo usted relacionado con el Che?
–RN: Tuve relación o