“La memoria de la mayoría de los hombres es un cementerio abandonado, en el que yacen sin honor muertos que ya no se aman” (Yourcenar, 1974: 228). Adriano aparta a Antinoo de este destino; “Antinoo estaba muerto”; sin embargo, “Antinoé iba a nacer” (Yourcenar, 1974: 217). Todo es imagen del joven muerto: la ciudad que se le consagra, las esculturas. Adriano lo hace renacer.
I
El diario es, al comienzo, solo páginas en blanco. No obstante, Lukács sabe qué es lo que lo va a componer: "letras escritas con mi sangre" (Lukács, 1985a: 73); es decir, palabras y vida, insustituibles en el diario en tanto género autobiográfico. Todo diario aspira, además, a dar testimonio del curso incierto del presente: afirmar lo nimio, lo cotidiano; interrogarse sobre lo significativo. "¿Quién de los antiguos pasará al nuevo diario? ¿Cuáles serán los nombres nuevos que llenarán con letras escritas con mi sangre esta cantidad aterradora de papel blanco?"(Lukács, 1985a: 73): asedio del devenir, es decir, de la irresolución actual entre lo que queda del pasado y la pura potencialidad futura.
Estudio preliminar de José Sazbón. Traducción de José Emilio Burucúa y Nicolás Kwiatkowski
Buenos Aires, Biblos, 2007, 211 páginas.
Escritos entre 1788 y 1793, los textos incluidos en este volumen nos acercan la visión de cuatro mujeres que, dentro del marco de la Revolución Francesa, reflexionan y toman posición en torno a cuestiones directamente vinculadas con su pertenencia de género. La tarea de ubicar al lector en relación con la coyuntura histórico-política y con las implicancias de este "feminismo ilustrado", tal como él lo denomina, queda a cargo de José Sazbón, quien, en un extenso y muy esclarecedor estudio preliminar, expone tanto las potencialidades como los límites que ese contexto histórico impuso al pensamiento y acción de las mujeres. De acuerdo con Sazbón, ese "salto de calidad que permite hablar de una intervención política femenina en la Revolución Francesa tiene varias causas concurrentes" (p. 17). Hay, en efecto, una tradición de diferentes modos de participación femenina (actividades religiosas, reclamos ligados a la subsistencia, etc.); no obstante, con la Revolución cambian -o, más bien, se amplían y radicalizan- estos modos de participación: "sus expresiones públicas exceden largamente esa motivación y en algunos casos (…) incluyen explícitamente reivindicaciones que ponen en juego la condición femenina tal como los nuevos tiempos la refiguran ante sus ojos" (p. 22). Esta ampliación y radicalización no está exenta, sin embargo, de una complejidad que, en el límite, como indica Sazbón, "convierte a las mujeres en verdugos de sus congéneres" (p. 25).