
La crisis económica y financiera que está en curso es parte de tres grandes crisis en las que convergen numerosos procesos.[1] Será larga, porque su sustrato es una sobreacumulación de capacidades de producción. Asume la forma de una importante superproducción localizada en sectores y países determinados, pero su marco es la economía mundializada. La sobreacumulación de las capacidades de producción está acompañada por una inmensa acumulación de capital ficticio, de derechos a percibir parte de valor, plusvalor y de “productos financieros derivados”. La crisis comenzó en la esfera financiera y en este sentido es la crisis del régimen de acumulación de preeminencia financiera o financiarizado montado a fines de la década del 80. Marca también el fin del período de hegemonía mundial no compartida de Estados Unidos iniciado en los años 80 y especialmente desde 1992. Todos los recursos han sido utilizados (y seguirán siendo utilizados) por el gobierno estadounidense tratando de asegurar la perennidad tanto de la hegemonía estadounidense como de la dominación de Wall Street, de los bancos y los fondos de colocación financiera. La recuperación actual [el artículo fue escrito en enero 2010] es sólo un momento, posiblemente breve, de un proceso de crisis económica que se prolongará durante muchos años.
La intelectualidad ha sido objeto de estudio permanente en nuestro continente, identificándosele con el segmento profesional que engloba aquellos creadores de sentidos, capaces de reformular y difundir los conocimientos más avanzados del arte y las ciencias sociales. Dentro del gremio, la rama de los llamados “intelectuales públicos” ha sido reconocida por su tendencia a desplegar la crítica social y asumir roles de representación de intereses o identidades colectivos, preservación de la memoria y ejercicio e invocación de la responsabilidad cívica. Vocación que desencadena en sus miembros una pasión vital por las grandes ideas, valores, temas, encarnados en verdadera constelación de símbolos y alegorías que (re)crean y evalúan de forma regular y sistemática ante auditorios más o menos amplios.
“No vale la idea perfecta, absoluta, abstracta, indiferente a los hechos, a la realidad cambiante y móvil; vale la idea germinal, concreta, dialéctica, operante, rica en potencia y capaz de movimiento”
José Carlos Mariátegui
Entrevistado por Sebastjan Leban - Segunda parte
Recapitulación crítica