Herramienta Web 1
Julio de 2009
ISSN 1852-4729
Presentación: continuidad y cambio
Grecia diciembre 2008: crisis, rebelión y esperanza - Christos Memos
América latina en la ancianidad del tío Sam - Salvador Capote
Filosofía y materialismo. Adolfo Sánchez Vázquez y Alfred Schmidt - Stefan Gandler
La historia a contrapelo de la historia. Reflexiones en torno a la violencia y la religión en el materialismo histórico - Joaquín Algranti
Difusión y recepción del "Manifiesto" en Italia desde 1889 a 1945 - Marcello Musto
1968 y la idea del socialismo - Hugo Radice
El individualismo metodológico - Guido Galafassi
Ciencias sociales y teología. Un adorno epistemológico - Rodrigo F. Pascual
Ajustes a la noción de vanguardia - Alain Bihr
Apuntes sobre el poder obrero y popular - Sebastián Gómez
«El marxismo en América Latina. Antología desde 1909 hasta nuestros días», de Michael Löwy - Rocío Otero
«Marx-Engels-Jahrbuch 2003: Karl Marx, Friedrich Engels, Joseph Weydemeyer» - Georg H. Fromm
En América Latina la población pasó de 166 millones de habitantes en 1950 a 513 en el año 2000 y se espera que crezca a más de 800 para el 2050. En 1950 tenía aproximadamente la misma cantidad de habitantes que Estados Unidos pero, a partir de esa fecha, debido a su mayor tasa de crecimiento, se ha ido distanciando y se estima que hacia el año 2050 su población será casi el doble que la de Estados Unidos.
Por otra parte, el crecimiento de la población no es homogéneo a través de toda la América Latina, con valores considerablemente menores en el cono sur del continente (Uruguay, Chile, Argentina) y en Cuba y Puerto Rico en el Caribe. Entre los países más cercanos geográficamente a Estados Unidos -si las tendencias demográficas se mantienen- hacia el final del presente siglo México verá duplicada su población, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia y República Dominicana la triplicarán, mientras que Guatemala y Haití la cuadruplicarán.
Introducción
A causa de conflictos teóricos o de acontecimientos políticos, el interés por la obra de Marx jamás ha sido constante y, cuando se ha manifestado, conoció indiscutibles momentos de declinación. Desde la “crisis del marxismo” a la disolución de la “Segunda Internacional”, desde discusiones sobre los límites de la teoría del plusvalor a las tragedias del comunismo soviético, las críticas a las ideas de Marx parecieron, en cada ocasión, superar definitivamente su horizonte conceptual. Siempre, sin embargo, hubo un “retorno a Marx”[i]. Constantemente, se desarrolló nuevamente la necesidad de referirse a su obra que -a través de la crítica de la economía política, las formulaciones sobre la alienación o las brillantes páginas de los panfletos políticos- siguió ejerciendo una irresistible fascinación sobre seguidores y opositores. Y pese a que con la finalización del siglo se le decretó unánimemente el olvido, desde hace algunos años a esta parte, inesperadamente, Marx se ha vuelto a presentarse sobre el palco de la historia. En efecto, está en curso una verdadera recuperación del interés a su respecto y, en los estantes de las bibliotecas de Europa, Estados Unidos y Japón, sus escritos son despolvados cada vez más frecuentemente.
(Una mirada neofuncionalista y posmoderna sobre los conflictos sociales)
La situación, intermitente, de crisis y conflicto político-económico vivida en Argentina en los últimos años, contrasta muy fuertemente con las preocupaciones que vienen estructurando a las teorías dominantes sobre los movimientos sociales y las protestas, gestadas en los países del Norte y adoptadas casi acríticamente por buena parte de los intelectuales y académicos locales. Son mayoritariamente los recortados fenómenos puntuales aquellos estudiados por el individualismo metodológico, dejando de lado casi cualquier intento por indagar sobre la más compleja totalidad. Los repertorios de acción, la gestión de recursos, la identidad, la racionalidad o no de las elecciones individuales, la capacidad emprendedora-organizacional de los líderes, las motivaciones egoístas de los integrantes, las oportunidades políticas, los agravios sociales, etcétera. son los interrogantes fundamentales y casi exclusivos de estos marcos teóricos, quedando olvidados los contextos y entramados socio-políticos, las relaciones de poder entre sujetos, sectores sociales y clases, los idearios de cambio social y las disputas sobre la desigualdad y la injusticia social inherentes a un sistema de dominación y explotación social.