Revista Herramienta Nº 44

Junio de 2010

La deuda odiosa de Grecia

En la caracterización de la deuda griega y las consignas referidas a la misma, las asociaciones y partidos de los movimientos anticapitalista y altermundialista se muestran demasiado prudentes, lindando con la timidez. Trataré de explicar por qué considero que la consigna que hoy se impone es la denuncia de la deuda por parte de Grecia.[1] Y que el apoyo más eficaz a la juventud y a los trabajadores griegos por parte de los asalariados de los restantes países de Europa sería advertir que harán lo mismo. La denuncia vale para todas las deudas públicas. Es la única manera de terminar con la “dictadura de los mercados” o, mejor dicho, con la “sumisión voluntaria” de los gobiernos, dada su flagrante y completa capitulación ante los bancos y los fondos de inversión financiera, aceptando convertirse en engranajes y ejecutores de las medidas requeridas por ellos. 

Pensar la Nación: a propósito del Bicentenario de la Revolución de Mayo

Autor(es)

Es común advertir en la militancia de izquierda dificultades un tanto desmedidas a la hora concebir una nación no liberal y no burguesa. Por cierto, después de la última dictadura y de más de un siglo de relatos militaristas y reaccionarios sobre la nación, se ha tornado difícil formular una idea de nación no emparentada con lo más abyecto. Existe, además, toda una cultura política en sectores de la izquierda argentina reacia a la idea de nación. A algunos de los militantes más veteranos muchas veces la dialéctica les quedó trunca y les resultó complicado conjugar lo general con lo concreto, lo internacional con lo nacional, más allá de que el mismísimo Trotski rescatara el patriotismo de los oprimidos. 

En los militantes más jóvenes, el rechazo de lo nacional puede reflejar no sólo la impronta de viejas tradiciones, sino también el impacto de la experiencia neoliberal: el economicismo, la falta de referentes históricos, el culto a la técnica, la reivindicación de una condición desterritorializada y el desprecio por la política. También, en el caso de los jóvenes, el rechazo de lo nacional suele ir acompañado por el repudio de los grandes relatos históricos.

Alejandro Cánepa (1958-2010), ¡hasta el socialismo, siempre!

Alejandro Cánepa  (1958-2010)

 
Nuestro querido compañero Alejandro Cánepa se nos fue recientemente, el 8 de junio, luego de luchar por su vida durante varias semanas desde que sufriera un derrame cerebral. Ese “nos” es inmenso, contiene su compromiso militante indoblegable, la causa de la revolución y del socialismo que abrazó desde fines de los años ochenta, la satisfacción de luchar cotidianamente por un mundo mejor, su alegría siempre compartida…
Alejandro fue psicólogo y docente universitario. Pudo desarrollarse en la docencia por sus capacidades, sin duda, pero eligió enfocar su profesión a nivel social, trabajando con jóvenes adolescentes excluidos y judicializados por el sistema. Lo hizo con toda pasión, primero en Buenos Aires, luego en Rosario. Supo encontrar en ese trabajo una proyección de sus convicciones éticas y políticas. No fue uno más, no fue “normal”, era “el psicólogo” que los chicos y las chicas querían y buscaban. El que se disfrazaba de abuela para un video o el que jugaba al fútbol con ellos, aunque terminara rompiéndose el tendón de Aquiles. Su pasión nunca estuvo desdoblada, era la misma que nos transmitía en las luchas, en la militancia cotidiana, en las reuniones y en tantos momentos compartidos.
Desde que iniciamos la publicación de Herramienta, allá por 1996, Alejandro fue un entusiasta difusor de la revista. Luego, acarreando vicisitudes políticas y errores, él y quienes fundamos Socialismo Libertario nos alejamos por un tiempo. Volvimos, sin embargo, aprendiendo a reencontrarnos solidariamente, reiniciando un camino común, afirmando en la amplitud de pensamiento la búsqueda de la liberación. Volvimos, felizmente. Y Alejandro fue uno de los que volvió con gran satisfacción al espacio que siempre había sentido como suyo. Volvió a sentirse parte de Herramienta, no sólo difundiéndola, sintiéndose feliz de reencontrar a Aldo Casas, a Chiche Vázquez, a Néstor López... Se nos fue, es cierto, pero su bonhomía y su ternura, tantas veces demostrada, nunca podrá irse de nuestro colectivo.
Hermano nuestro, ¡hasta el socialismo, siempre!
 
Manuel Martínez
Por el Consejo de redacción
Junio de 2010

 

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