Revista Herramienta Nº 38

Junio de 2008

Modernidad y cambio social. Dos hipótesis de revolución y sus consecuencias

Hacer época no es intervenir pasivamente en la cronología, es interrumpir el momento.

Walter Benjamin

Un proyecto emancipatorio puede ser definido de múltiples modos: por el sujeto social que interpela, por su concepción de transformación, por el futuro que proyecta, entre otras cosas. Todos estos elementos constituyen lo que podría denominarse una narrativa. Esta supone un modo de ordenar el mundo que se pretende transformar y una distribución de lugares y roles en dicha tarea. En tal sentido, construye un sujeto[1] a partir de las potencialidades específicas de una fuerza social que es considerada capaz de subvertir la totalidad, postulando una relación determinada entre el sujeto y el todo, otorgando de este modo mayor o menor relevancia política a diferentes actores sociales.

La pulseada por la renta

Autor(es)

Mayo de 2008

El prolongado conflicto entre el ruralismo y el gobierno ha derivado en una agobiante pugna política. El primer bloque busca acaparar la renta agraria a costa de la mayoría popular y el oficialismo necesita exhibir autoridad, para implantar un Pacto Social que favorezca al conjunto de los capitalistas.

Paro agropecuario y Post-Kirchnerismo

Autor(es)

Mayo de 2008

En la Argentina, el enfrentamiento entre el gobierno de Cristina Kirchner y los productores agropecuarios representados por la Federación Agraria Argentina (FAA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), CONINAGRO y la Sociedad Rural Argentina (SRA), ha provocado una crisis política, que mereció y merece distintas interpretaciones.

El Movimiento Agrario Misionero en los años setenta. Protesta, movilización y alternativas de desarrollo rural


Introducción

En la provincia de Misiones, así como en el resto de las provincias del nordeste argentino, asistimos en la primera mitad de los años setenta a la aparición de un movimiento agrario de pequeños y medianos productores que comenzaron a movilizarse en defensa de lo que ellos consideraban sus derechos, en el contexto de un capitalismo argentino en transformación hacia lo que luego se identificó como "política de apertura económica", que implicaba, entre otras cosas, una profundización de la crisis en las economías regionales que recaía sobre la clase obrera pero también sobre los estratos más bajos de la burguesía agraria e industrial. El Movimiento Agrario Misionero, tal el nombre del movimiento principal que emerge en 1971, se constituye en el referente provincial de lo que fueron las Ligas Agrarias del Nordeste[1], que constituyeron, sin lugar a dudas, la máxima expresión de la lucha social en el ámbito rural en esa década en la cual parecía estar muy cerca el camino definitivo hacia la revolución social. Además de las diferencias y particularidades estructurales de la economía misionera en relación con las otras provincias del nordeste, el MAM constituyó el único movimiento agrario regional que aún hoy persiste como tal, siendo además por aquellos años el único integrante de las Ligas Agrarias que tuviera a su vez desprendimientos que dieran lugar a la creación de otros movimientos agrarios dentro del ámbito de una misma provincia.

«La economía política argentina: poder y clases sociales (1930-2006)», de Mónica Peralta Ramos

Buenos Aires, FCE, 2007, 453 páginas.

El libro constituye una actualización de los trabajos de la autora publicados en Argentina. La obra se extiende en el tiempo y se modifican (aunque conservando algunos núcleos) las versiones previas sobre los años 1930-1970. Precisamente aquí se observan cortes. Si hasta mediados de los setenta se mantiene el anterior análisis económico estadístico construido con firmes categorías marxistas, en la extensión a los análisis posteriores no se continuará midiendo el proceso de acumulación del capital a través de las distinciones de los tipos de plusvalía y las implicancias sobre la estructuración de la clase obrera. Aquí hay un llamativo contraste. Los capítulos hasta los setenta dan lugar a análisis de estas categorías, mientras que los de los noventa presentan un relato económico más coyuntural.

«Vida lumpen, Bestiario de la multitud», de Esteban Rodríguez

La Plata, Editorial de la Universidad de La Plata, 2007, 343 páginas.

Uno

Hay un proverbio chino que dice: "conocer y no actuar es como no conocer". La frase se completa y complica con las palabras que Morfeo dedica a Neo en Matrix: "Tarde o temprano te darás cuenta de que una cosa es conocer el camino y otra recorrerlo". Son estas las líneas con las que Rodríguez comienza su último libro, en el que aborda de lleno en la categoría de lumpen proletariado. "Ya no como calificativo despectivo", nos dice, "sino como herramienta teórica que contribuye con más preguntas que las que puede aportar el propio proletariado".

«El comunismo: otras miradas desde América Latina», de E.Concheiro, M. Modenesi, H. Crespo (coordinadores)

México, UNAM, 2007, 683 páginas.
América Latina sólo ha conocido un régimen comunista, el cubano -del cual paradójicamente no se habla en este volumen, como reconocen los mismos coordinadores-, pero a pesar de esta limitada experiencia práctica, no hay en todo el mundo otro continente o realidad cultural en donde el comunismo haya hecho discutir tanto, o haya representado tanto una concreta esperanza para millones de seres humanos como América Latina. La esperanza del comunismo en este continente se encarnó a veces en personajes que lindan con el mito, como Ernesto Che Guevara; encontró aquí óptimos teóricos, como Carlos Mariátegui; sin olvidar a los millones de sinceros combatientes que han sacrificado incluso la vida para soñar con la realización de una sociedad más igualitaria. En ninguna otra realidad cultural el pensamiento de Gramsci experimentó tanta difusión como en América Latina y, hoy, incluso el pensamiento de un filósofo en otras partes olvidado como Lukács se difunde ampliamente. Y además, si alguna esperanza existe en una futura sociedad comunista, sin duda esta esperanza nace sobre todo en América Latina. Teniendo en cuenta estas premisas, este volumen no puede sino ser una reseña, y tampoco exhaustiva, del tema. Pero por lo menos ofrece un primer panorama de la cuestión: ¿por qué el comunismo se ha difundido tanto, aunque no se haya realizado, en América Latina?

«Gramsci vivo e il nostro tempo», de Giuseppe Prestipino

Edizioni Punto Rosso, Alessandria, 2008, 240 págs.

Herramienta ha publicado ya trabajos del autor y reseñas de algunos de ellos. También ha organizado un seminario-taller sobre aspectos de su pensamiento y propicia el Fondo Bibliográfico existente en el CEDINCI.

Puede decirse que toda la obra de Prestipino es un continuo hurgar en los escritos de Gramsci: un trabajo filológico en busca de la savia gramsciana para traducirla, -como el mismo dijera- traicionándola. Es decir, no se trata de una lectura evangélica, apologética o cristológica.

«A Revolução Boliviana», de Everaldo de Oliveira Andrade

Autor(es)

En: Emília Viotti da Costa (direct.), Revoluçoes do século 20, San Pablo, Editora UNESP, 2007, 184 páginas.

Se sabe que, al comienzo de El dieciocho brumario de Louis Bonaparte, Marx estableció una distinción entre las revoluciones del pasado y aquellas que, a su juicio, habrían de tener lugar en un futuro próximo: "Las revoluciones anteriores", sostiene Marx, "necesitaban evocar la historia universal a fin de insensibilizarse respecto de su propio contenido. La revolución del siglo diecinueve debe dejar que los muertos entierren a sus muertos, a fin de alcanzar su propio contenido. Allí, la expresión rebasa el contenido; aquí, el contenido rebasa la expresión".[1] Las revoluciones burguesas, que tuvieron su punto culminante en el siglo XVIII, se caracterizan por una relativa superficialidad: rutilantes y enérgicas en sus comienzos, rápidamente se aletargan y son sucedidas por una modorra que subyuga a la sociedad, "antes de que esta haya aprendido a apropiarse sobriamente de su período de ímpetu y tormenta".[2] De estas revoluciones se distinguen las proletarias, que, sustraídas a este optimismo anodino, se someten a sí mismas a una crítica permanente. Si el siglo XIX anunció primero la crisis y luego el cierre del período idealista y revolucionario de la clase burguesa -proceso que encuentra, como hitos significativos, la Revolución de Julio de 1830, el Levantamiento de Lyon de 1831, la sublevación parisina de Junio de 1848, con sus repercusiones en el resto de Francia y de Europa, y la Comuna de 1871-, el siglo XX se encuentra atravesado por una serie amplia y significativa de revoluciones socialistas, impulsadas con signos y resultados diversos.

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