1975. Tres de la mañana. Teléfono. (¿?) Raje. Abogados de La Liga. Beatriz Rajland ordena el desorden: borrarse. Cyro Cacho Eyras: sacate el tegobi. Ofrecen cobijo. David Tute Baigún me guarda en su casona de Belgrano, lejos de Lanús.
No se agradece, es deber de abogados militantes.
Déjenme que les agradezca hoy de esta manera.
¿Por qué Giorgio Agamben?
Mis reflexiones sobre la política y el derecho tienen puntos de partida muy alejados de Agamben.
Filosóficamente mis diferencias son sustanciales.
Dice Agamben: "La política ha sufrido un eclipse perdurable porque se ha contaminado con el derecho".
Yo pienso que la normatividad se ha contaminado con la dominación, una de cuyas formas es la dominación política.
Introducción
Nuestra intención en este trabajo será analizar las relaciones e influencias no siempre reconocidas entre el pensamiento de Max Weber y el de algunos de los autores más importantes y paradigmáticos del llamado "marxismo occidental".
Partiremos para ello del análisis de los Escritos políticos de Weber, para pasar luego a intentar establecer puntos de continuidad y diferenciación con la obra teórica de György Lukács y con las del -por muchos considerado- "núcleo interior" de la llamada escuela de Frankfurt, concretado en los desarrollos teóricos de Adorno y Horkheimer.
Ha sido reconocida la influencia del pensamiento de Weber en las posteriores formulaciones lukácsianas, en la medida que es sabido que el húngaro estudió con el propio Weber y con otro de los autores "clásicos" de la sociología europea, como Simmel.
Este libro es parte de mi propio esfuerzo para expulsar al invasor. Pero lo cierto es que de cualquier manera, después de todo esto, cargamos siempre pedazos de muerte en el corazón.
(Koutzii, 1984, página 129).
A principios de 2001, fui a trabajar a la Universidad de Minho, en Braga, al norte de Portugal. Para alguien que vive en Brasil resulta extraño que las distancias en ese país puedan afrontarse con asombrosa rapidez y en pocos minutos se está en otra ciudad, con características distintas. En la pequeña Barcelos, hay un monumento dedicado "A los hijos muertos en Francia, I Grande Guerra Mundial, de Barcelos, ciudades y aldeas vecinas", con la lista de quienes no volvieron a sus casas. En una de sus placas pueden leerse dos emotivos versos de Camões, extraídos de Os Lusíadas:
Para porem as coisas em memória
Que merecem ter eterna glória.
(c. VII/e. LXXXII)
Tiene razón José Gandarilla cuando dice que cuanto más palpable es la realidad explicada teóricamente por un concepto, menos se recurre a él. Pero esto no es paradójico, no es por necedad. El ámbito de la teoría es un específico escenario de lucha de clases, y cada vez más tiene que echarse mano del encubrimiento y la falsificación para justificar la superioridad moral del capitalismo.
Todavía hay quienes niegan que América Latina sea un objeto de estudio como tal, supuestamente diluido en la bilateralidad particularizada de los intercambios económicos en el mundo, y que el latinoamericanismo es un trasnochado resabio sesentista. Sólo más recientemente, por razones políticas, se le reconoce a América Latina alguna especificidad como región, particularmente por los avances electorales de la izquierda. Pero no faltan los que buscan minimizarlo explicándolo por movimientos pendulares, de normales ajustes para corregir excesos en un camino que inevitablemente hay que transitar.
El ensayo de José Gandarilla, tan justamente premiado, que dio origen a este libro, es breve pero sustancioso y, sobre todo, muy oportuno.
En efecto, crecen las resistencias, como se vio en la Cumbre de Mar del Plata, incluso de los gobiernos capitalistas de los países saqueados, porque ya es insoportable el deterioro de los términos de intercambio, el pago de los intereses sobre los intereses de la deuda, la exportación de ganancias de las transnacionales, la evasión de impuestos por éstas, los precios monopólicos, y la reducción de los salarios reales; es intolerable la gigantesca bomba aspirante que se lleva cada año centenares de millones de dólares de los países dependientes hacia los países imperialistas.
Buenos Aires - Montevideo: Extramuros - Theomai - Nordan Comunidad, (2005), 171 páginas.
El libro que nos ocupa constituye una selección de trabajos presentados en las Primeras Jornadas Interdisciplinarias Theomai sobre Sociedad y Desarrollo: interacciones, procesos y conflictos. Organizado en el año 2004 por la Red Theomai, aquel encuentro tuvo por objeto avanzar en la construcción de espacios de discusión en torno al desarrollo y al cambio social. En tanto esos espacios son pensados como necesariamente integradores y comprometidos, el debate en torno a las teorías del desarrollo es visto como especialmente potente en su doble intención de ser interdisciplinar y de franquear las paredes del mundo académico. Como muestra de aquel ejercicio que procura ser crítico, esta publicación reúne un rico abanico de contribuciones.
San Pablo, Cortez, 2006, 151 pp.
El libro de Frederico tiene varios méritos. El primero de ellos, y el más importante, es la elección del tema: el ensayo rescata de un olvido injusto a uno de los pensadores marxistas más importantes del siglo XX. Los libros de Goldmann, apenas con suerte, pueden llegar a ser conseguidos en las librerías de usados; sus intervenciones parecen formar parte de una lucha intelectual en un pasado remoto. Otro mérito del libro es que ubica la obra del pensador rumano en el seno de los debates acontecidos, especialmente en la década del 60m entre el estructuralismo, por un lado y el existencialismo sartreano por el otro. La discusión que Goldmann propiciaba representaba una defensa del marxismo y la dialéctica histórica frente a corrientes que la combatían o la deformaban. Un tercer mérito del libro es su modo de exposición: si la calidad de un docente se mide en su claridad conceptual, en hacer entendible lo difícil, de hacer simple lo complejo, Frederico lo es en una medida sobresaliente. Si bien, Frederico participa activamente en el debate que promueve la obra goldmanniana, discute y cuestiona muchas de sus posiciones, se cuida de separar cuáles son sus juicios de valor y cuál es el pensamiento de Goldmann. Nunca lo distorsiona y lo expone con objetividad. Finalmente el más importante logro de este libro consiste en proponernos una invitación: la de seguir explorando la obra de Goldmann, analizarla y exponerla a la luz de los problemas políticos y sociales en este siglo que recién comienza; la de descubrir, para sorpresa de muchos, su vigencia y actualidad.
Buenos Aires, Tutopía, 2006, 92 pp.
Hace dos años tuvimos ocasión de reseñar, en esta misma revista, la novela Tecnécrates, del filósofo italiano Antonino Infranca; en esta oportunidad, nos ocupamos de comentar un nuevo libro del mismo autor, y podemos decir que entre ambas obras percibimos una suerte de íntima complementariedad: si, en Tecnécrates, encontrábamos una novela filosófica, en Los filósofos y las mujeres descubrimos un ensayo sobre filósofos que puede ser leído, prácticamente, como una novela o -mejor aún- como una sucesión de novelas cortas. En su, por momentos, trágica singularidad, pero también en su carácter típico, las tres historias que integran el volumen se le presentan al lector como narraciones que son, en cada uno de los casos, coherentes y que se hallan sólidamente estructuradas, pero que también despliegan múltiples relaciones entre sí. Pero, al margen de los méritos estéticos, cabe destacar la elaboración de los contenidos: en tal sentido, corresponde decir, ante todo, que el libro no pretende abarcar el tema anunciado en el título, sino examinar en profundidad tres historias de amor específicas, pero, a la vez, representativas: las de Abelardo y Eloísa, György Lukács e Irma Seidler, y Martin Heidegger y Hannah Arendt. Como un hilo rojo atraviesa los tres estudios una serie de motivos conductores y de estrategias de análisis que Infranca desarrolla con acierto; así, ante todo, despunta la determinación -acorde con un hondo conocedor de la Filosofía de la Liberación como lo es Infranca- de adoptar el punto de vista de los "humillados y ofendidos"; en palabras del autor, "para juzgar un sistema [...] hay que ponerse de parte de la víctima de este sistema: solo desde la perspectiva de la víctima el sistema ofrecerá su cara más auténtica" (p. 5). En los casos analizados en este libro, se trata de destacar la perspectiva de las mujeres, que aparecen aquí como las víctimas de sistemas de pensamiento que, al margen de sus inocultables virtudes, avalan -consciente o inconscientemente- un punto de vista patriarcal. Si, como ha escrito Walter Benjamin, todo documento de la cultura es, a la vez, un documento de la barbarie, por cuanto no es solo el producto del gran genio que lo creó, sino también de la servidumbre anónima de sus contemporáneos, es posible afirmar que las filosofías de Abelardo, del joven Lukács y de Heidegger se encuentran, en parte, sustentadas en el silenciado sufrimiento de Eloísa, de Irma y de Hannah.