Revista Herramienta Nº 34
Marzo de 2007

Pensar el Comunismo, el Socialismo hoy
Las contradicciones y antagonismos del capitalismo mundializado y sus amenazas a la humanidad
François Chesnais
América Latina
Oaxaca en la constelación de la violencia y la cultura
Fernando Matamoros Ponce
Batalla por Oaxaca: La represión y la resistencia revolucionaria
Eugene Gogol
Más allá de la supervivencia: la economía social como alternativa real
Michael A. Lebowitz
Reportajes
Dos sentidos de la crisis del trabajo abstracto. Entrevista a John Holloway
Luciana Ghiotto y Rodrigo Pascual
El mundo del trabajo / Ensayo
Mecanismos disciplinarios, dispositivos de poder y neoliberalismo: formas de intervención sobre la fuerza de trabajo
Damian Pierbattisti
Teoría marxista
El marxismo de la subjetividad revolucionaria de Lukács
Michael Löwy
Estado y sociedad civil en Gramsci
Alvaro Bianchi
Teoría política
Giorgio Agamben para pensar política y derecho. Lo ético-político
Edgardo Logiudice
Sociología / Filosofía
Cultura / Memoria
Dos memorias de presos políticos. Argentina y Brasil, años 70
Afrânio Mendez-Catani
Reseñas
Anticapitalismo y antiimperialismo: cuestión de sobrevivencia
Acerca de un libro de José Guadalupe Gandarilla Salgado
Beatriz Stolowicz
Invertir la sociedad. La resistencia, una variante independiente
Acerca de un libro de José Guadalupe Gandarilla Salgado
Guillermo Almeyra
Sociedad y desarrollo. Aportes para reiniciar un debate crítico,
de Guido Pascual Galafassi y Andrés Dimitriu (coordinadores)
Valeria Iñigo Carrera
Sociología da cultura. Lucien Goldmann e os debates do século xx,
de Celso Frederido
Jorge Cymlich
Los filósofos y las mujeres,
de Antonino Infranca
Miguel Vedda
Tres ideas que pueden ayudar a pensar este momento histórico
La primer idea está tomada del Libro III de El capital, donde Marx escribe que
"La producción capitalista aspira constantemente a superar estos límites inmanentes a ella, pero sólo puede superarlos recurriendo a medios que vuelven a levantar ante ella estos mismos límites, todavía con mayor fuerza."[1] Las raíces de este movimiento de superar-volver a levantar están en las contradicciones consustánciales a la valorización del dinero devenido capital, a través de la producción de valores de cambio fundada en la compra de fuerza de trabajo y su explotación - todos factores indisociables de la propiedad privada de los medios de producción.
¿Es correcto seguir hablando de la actualidad de la revolución en esta fase histórica signada por una relación de fuerzas desfavorable y el notorio déficit teórico y estratégico de los trabajadores en general y las organizaciones de izquierda en particular? Y en tal caso, ¿qué "rango" o alcance tiene semejante caracterización? ¿Qué conclusiones prácticas pueden derivarse? Creo que en torno a estas cuestiones puede desarrollarse una fecunda discusión y espero que este artículo ayude a suscitarla. No constituye un ensayo acabado, sino más bien anotaciones que resultan de un doble empeño: elucidar el curso de la lucha de clases en Latinoamérica con la ayuda de una determinada perspectiva marxiana y re-pensar esta tradición teórico-política para desarrollarla en función de responder a los desafíos de la lucha de clases en lo que algunos estudiosos consideran nuevo "momento constitutivo" de las sociedades latinoamericanas, desafíos cuyo desenlace podría fundar por largo tiempo el "modo de ser" del continente.[1]
Oaxaca, Oaxaca la Antequera, ciudad convertida en el centro comercial del folklore, entre olvido y memoria, entre turismo y culturalismo, entre mezcal e historias, la capital y su centro se han vuelto también espacio y tiempo del calendario de los otros, los adoloridos. Expresan esa Constelación de grietas del pasado renaciendo junto con las del presente. "Erase una vez Oaxaca…" la que se hizo fama: comer tlayuda hecha a mano junto con chapulines cosechados en los campos, disfrutarlos bebiendo un mezcal por los campesinos y comprar artesanías, labor de manos deformadas por el trabajo y, para los que puedan, comprar obras plásticas de la corriente artística que se hizo famosa con el indigenismo y su constelación. Claro que eso se puede disfrutar junto al olvido de sus nativos, sus pobres rechazados de las cantinas desinfectadas por la cultura del poderoso. Parecía que todo iba por el buen camino del progreso y la civilización. Los miserables del Sur se subían al tren del Norte de la democracia y su civilización, se encerraban en los proyectos de las organizaciones no gubernamentales (ONG), las nuevas cárceles de las maquiladoras, o abandonaban a sus familias para inmigrar al paraíso de los Estados Unidos de Norteamérica.
Oaxaca es una tierra de levantamientos revolucionarios, de represión y de resistencia. En estos momentos (fines de 2006), la represión con mano dura está a la orden del día, y los oaxaqueños que han participado en el levantamiento, son detenidos en las calles, golpeados por la policía local para sembrar el miedo en la comunidad y luego son liberados . Otros siguen encarcelados unas semanas luego de haber sido detenidos por la policía federal preventiva, que disolvió ferozmente una marcha de protesta a fines de noviembre. Aun sigue en el poder el corrupto gobernador Ulises Ruiz, quien fuera electo fraudulentamente, y responsable de la actual represión.
Las raciones para los esclavos nunca fueron constantes. Así también en el capitalismo ha sido posible para los trabajadores y ciudadanos, gracias a sus luchas, obtener alguna tajada de los beneficios del trabajo social. Pero la globalización capitalista y la ofensiva de la política neoliberal invadieron todas esas conquistas de las luchas pasadas; y la respuesta a quienes fueron sorprendidos por lo efímero de esas victorias fue el mantra del TINA (There Is No Alternative: "no hay alternativa"). Sin embargo, a medida que la devastación de la ofensiva capitalista se ha vuelto cada vez más obvia, surgió la oposición, especialmente en América Latina. Los trabajadores de todo el mundo buscan hoy aquí la demostración de que "un nuevo mundo es posible".
John Holloway visitó nuestro país en octubre pasado, invitado por la Facultad de Ciencias de la Salud y Servicio Social de la Universidad Nacional de Mar del Plata, para dictar un curso de posgrado sobre "Pensamiento crítico, entre la violencia y el cambio social", en el marco de la II Feria del Libro local y abierto a estudiantes y público en general. Además, presentó en el Hotel Bauen de Buenos Aires su nuevo libro Contra y más allá del capital coeditado por Ediciones Herramienta y la Universidad Autónoma de Puebla (México).
A pesar de su corta estadía en Mar del Plata pudo participar también en un cálido encuentro con diversos movimientos asamblearios y juveniles que se dieron cita en la sede del Centro Cultural y Social Tinta Roja, en ese momento bajo la amenaza de desalojo judicial y finalizar su visita con una muy concurrida conferencia-debate celebrada en el Teatro Colón de dicha ciudad.
En este marco se llevó a cabo la entrevista que hoy editamos.
"Indudablemente, la voluntad del capitalista consiste en embolsarse lo más que pueda. Y lo que hay que hacer no es discurrir acerca de lo que quiere, sino investigar lo que puede, los límites de este poder y elcarácter de estos límites" (Karl Marx)[1]
Introducción
En el campo de las Ciencias Sociales es muy difícil evitar que la difusión de ciertos conceptos se encuentre desprovista de cierta "complicidad espúrea". Cuando hablamos de "liberalismo" y particularmente de "neoliberalismo" involucramos, voluntaria o involuntariamente, distintas dimensiones sociales, de muy distinto orden y de manera no pocas veces equívoca. Es así como suele entenderse por tal concepto cierta forma, o momento, de la acumulación capitalista, la abolición de todo tipo de regulación económica, la flexibilización de las leyes laborales, etcétera.
En este artículo propondré abordar el tránsito del liberalismo clásico a lo que habitualmente se denomina "neoliberalismo" desde la perspectiva desarrollada por Michel Foucault durante los años 1977-1979, cuyas investigaciones se cristalizan en los dos últimos Seminarios publicados en Francia en octubre de 2004.[2]
Durante muchos años, los investigadores y lectores se preguntaron por qué Lukács nunca contestó al fuego intenso de la crítica dirigida contra Historia y Conciencia de Clase
(HCC) poco después de su publicación, particularmente desde las filas comunistas. El reciente descubrimiento de Chvostismus und Dialektik, en los viejos archivos del Instituto Lenin, muestra que el "eslabón perdido" existía. Efectivamente Lukács respondió en forma muy explícita y vigorosa a estos ataques y defendió las principales ideas de su obra maestra hegeliano-marxista de 1923. Se podría considerar esta respuesta como el último escrito marxista revolucionario del filósofo húngaro, poco antes de que se produjera un giro importante en su orientación teórica y política.
Encontrar la identidad real bajo la aparente diferenciación y contradicción, y encontrar la sustancial diversidad bajo la aparente identidad es la más delicada, incomprendida y no obstante esencial dote del crítico de las ideas y del historiador del desarrollo histórico. (C 24, § 3, Vol. 6, p. 166.)
El objetivo de este artículo es proceder a una reconstrucción del concepto gramsciano de Estado, a fin de superar el falso antagonismo establecido entre estos conceptos y revalorizar el carácter unitario y orgánico del pensamiento de Gramsci. El punto de partida para el análisis del concepto de Estado puede ser una nota, ya presente en el Primer Cuaderno, titulada La concepción del Estado según la productividad [función] de las clases sociales. En esa nota afirmaba Gramsci: "Para las clases productivas (burguesía capitalista y proletariado moderno) el Estado no es concebible más que como forma concreta de un determinado mundo económico, de un determinado sistema de producción." (C 1, § 150, Vol 1, p.188.)[1] El Estado es la expresión, en el terreno de las superestructuras, de una determinada forma de organización social de la producción. Así, la conquista del poder y la afirmación de un nuevo mundo económico y productivo son inseparables y es de esta condición unitaria que surge la propia unidad de la clase que es, al mismo tiempo, política y económicamente dominante.