Revista Herramienta Nº 17

Octubre de 2001

Revista Herramienta número 17. Indice

Revista Herramienta Nº 17

Primavera de 2001

Herramienta Nº 17

Sección especial sobre el atentado en Estados Unidos y la Situación Mundial

11 de septiembre de 2001.
Locura criminal y desorden imperial

Charles-André Udry

Entrevista a Noam Chomsky

Contra las teorías conspiratorias de Washington
James Petras

Hay muchos Islames
Edward Said

El incendio del Reichstag en Nueva York
Boris Kagarlitsky

Bosquejo histórico de un siglo de intervenciones de Estados Unidos en América Latina
Renán Vega Cantor

Guerra y terror en la era del imperio global
Sergio Fiedler

El polvorín afgano
Tariq Ali entrevistado por Pénélope Duggan

Declaración de la izquierda iraní

Otras secciones

Éxodo y nuevo desorden mundial
Renán Vega Cantor

Los objetivos socialistas en la protesta global
Claudio Katz

Después de Génova, mirando hacia el futuro
Eric Toussaint

Transformaciones dialécticas: teleología, historia y conciencia social
István Mészáros

Antropología, marxismo, compromiso...
Entrevista a Claude Meillassoux por François Chesnais y Francis Tour

El sistema mundial y América Latina: notas para el siglo XXI
Carlos Eduardo Martins

La larga, larga crisis de la economía argentina
Luis Becerra y Andrés Méndez

Debates de Herramienta

Un trabajo colectivo de renovación programática
Aldo Andrés Romero

Por un debate serio, respetuoso y constructivo
Marta Harnecker

Apuntes para el debate sobre el papel de las revistas de izquierda
Alberto Bonnet

"Un debate sobre el papel que cumple (o debe cumplir) una revista marxista hoy es de gran importancia"
Marcos Del Roio

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11 de septiembre de 2001. Locura criminal y desorden imperial

Los protagonistas de los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 utilizaron a sus víctimas –pasajeros y pilotos de aviones civiles– para perpetrar un asesinato masivo. Estas acciones no tienen justificación alguna. La masacre, sin ninguna reivindicación política, sólo mató miles de civiles: conserjes, emplead@s de oficina o ejecutivos...

Este asesinato indiscriminado de civiles no tiene nada que ver con las luchas emancipadoras de los asalariados y los millones de explotad@s y oprimid@s del mundo.

Para tener la más mínima posibilidad de éxito, estas luchas deben inscribirse en una perspectiva: la de un combate que fortalezca la confianza de las "masas" en sus capacidades, fuerzas e inteligencia. Los combates deben anticipar –con las limitaciones impuestas por los dominantes, por supuesto– la conducta para una gestión cooperativa y democrática de la sociedad, después de romper el chaleco de fuerza de la apropiación privatizada de la creatividad de los individuos y los diversos medios de producción de la riqueza social. De hecho, la usurpación privada de los recursos –con los golpes de la competencia desenfrenada y la ganancia– sólo puede hacerse con una total desconsideración hacia la mayoría de los seres humanos y su "medio ambiente vital" en el planeta. En este combate, es legítimo el derecho a la violencia colectiva contra los opresores (ya volveremos sobre esto).

Por el contrario, actos criminales como los del 11 de septiembre permiten a los Bush, Blair y compañía condenar en nombre de valores declarados universales a la "violencia", el "terrorismo" y a la acción directa de pueblos enteros frente a las opciones militares, económicas y políticas que afectan a millones de habitantes de la tierra. Tanto ayer como hoy, tales condenas al terrorismo se contradicen con sus propias acciones que masacran decenas de miles de civiles. ¡Y estos emprendimientos se justifican con los mismos valores universales de un Occidente imperial en "cruzada"!

Entrevista a Noam Chomsky, Radio B92, Belgrado

Autor(es)

22 de septiembre de 2001

Radio B92, Belgrado - Znet

¿Por qué piensa que tuvieron lugar estos ataques?

Para responder a esta pregunta primero debemos identificar a los que perpetraron los crímenes. Por lo general se supone, verosímilmente, que su origen está en Oriente Medio, y que los ataques probablemente estén ligados a la red de Osama Bin Laden, una organización extensa y compleja, sin duda inspirada por Bin Laden, pero no necesariamente actuando bajo su control.

Contra las teorías conspiratorias de Washington

Autor(es)

Después de los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, los teóricos de la conspiración han prosperado. Si bien en el pasado las teorías conspiratorias tenían su origen en grupos marginales situados más bien en las periferias del poder político, en el caso que actualmente nos ocupa los conspiradores se encuentran en las altas esferas de gobierno, en medios de comunicación que cuentan con las mayores audiencias a nivel mundial, y entre los más respetados académicos.

Las teorías conspiratorias enunciadas desde Los Estados Unidos y Europa se extienden por todo el planeta, y son repetidas por líderes, ilustres personajes religiosos y medios de comunicación por todo Asia, África y América Latina.

La "conspiración", de acuerdo con lo argumentado por sus máximos exponentes en Los Estados Unidos, es la de un entramado de conspiradores secretos islámicos agrupados en torno a un líder fundamentalista, Osama Bin Laden. Según esta teoría, Bin Laden y sus seguidores estarían organizados en torno a una red global terrorista, y se hallarían conspirando para derrocar a los gobiernos occidentales y establecer regímenes islámicos en todo el mundo, comenzando con los ataques sobre el World Trade Center y el Pentágono. Los formuladores de estas teorías contra el fundamentalismo islámico no se basan sobre ninguna evidencia concreta.

Hay muchos Islames

Autor(es)

El horror espectacular que ha golpeado a Nueva York (y en menor grado a Washington) ha sido el preludio de un nuevo mundo de atacantes invisibles, desconocidos, de misiones de terror sin mensaje político, de destrucción sin sentido.

Para los residentes de esta ciudad herida, la consternación, el miedo y la continua sensación de shock e indignación, se mantendrán seguramente durante mucho tiempo, así como también la genuina tristeza y aflicción que semejante carnicería ha impuesto tan cruelmente a tantos.

La información nacional por televisión, desde luego, ha llevado el horror de esos terribles gigantes con alas a cada hogar, sin concesiones, insistentemente, no siempre de manera edificante. La mayor parte de los comentarios ha subrayado y seguramente amplificado, lo que era de esperar y por cierto predecible, lo que siente la mayoría de los estadounidenses: la terrible pérdida, la cólera, el ultraje, un sentido de vulnerabilidad violada, un deseo de venganza y de castigo irrestricto. Más allá de las expresiones formales de pesar y patriotismo, los políticos y expertos acreditados han repetido diligentemente que no seremos derrotados, ni disuadidos, ni detenidos, hasta que el terrorismo sea exterminado. Esta es una guerra contra el terrorismo, dicen todos. ¿Pero dónde, en qué frentes, con qué objetivos concretos? No se ofrecen respuestas, excepto la vaga sugerencia de que el Oriente Medio y el Islam es lo que "nosotros" estamos enfrentando, y que hay que destruir el terrorismo.

Bosquejo histórico de un siglo de intervenciones de Estados Unidos en América Latina

Hablar de las intervenciones norteamericanas en nuestro continente supone ocuparse de un tema muy amplio. Hoy casi no se habla del asunto y la rica bibliografía que sobre el tópico se generó en las décadas de 1960 y 1970 hoy es casi una curiosidad historiográfica, sepultada en el último lugar de archivos y bibliotecas. Afortunadamente, algunos nos dimos a la tarea de recuperar la historia de ese proceso de invasiones, sin pensar que en el camino eso iba a coincidir con la nueva política de Estados Unidos, cuyo epicentro fundamental en América Latina es Colombia.

Hay que recordar la cantidad impresionante de agresiones externas que ha sufrido nuestro continente, que son tantas que la cuenta prácticamente se ha perdido, incluyendo no sólo las afrentas efectuadas por Estados Unidos sino por todas las potencias europeas. Al respecto, existe un libro de Gregorio Selser, titulado Enciclopedia de las agresiones extranjeras en América Latina, en el que se contabilizan más de 10.000 ocupaciones, agresiones y desembarcos de muy diverso tipo desde comienzos del siglo XIX hasta momentos recientes.

El incendio del Reichstag en Nueva York

El ataque terrorista en Nueva York y Washington el 11 de septiembre ha sido comparado con Pearl Harbour y el hundimiento del Kursk. Michail Gorbachov vio un paralelo con Chernobyl, una comparación más justa si tomamos en cuenta el impacto y la ignominia experimentada por el aparato del gobierno norteamericano. En ambos casos hemos visto primero la incompetencia y la desidia, para luego pasar a los desesperados esfuerzos por salvar el "honor del uniforme".

Sin embargo, hay una comparación que no hemos oído hasta ahora: la del incendio del Reichstag. La histeria antiárabe y antimusulmana que ha barrido al mundo entero desde la catástrofe nos obliga al paralelo con lo ocurrido en los años treinta.

Guerra y terror en la era del imperio global

Autor(es)

Las imágenes de desolación y sufrimiento que nos trajeron los noticiosos televisivos desde Nueva York han estremecido al mundo entero. Las victimas del ataque, causadas por el ataque kamikaze contra las torres gemelas y el Pentágono el 11 de septiembre, se pueden contar hoy por miles. La gran mayoría de los muertos eran trabajadores de las nuevas industrias de servicio, no los poderosos capitalistas que se amparan en sus mansiones bunkerisadas.

Las victimas fueron hombres y mujeres como nosotros; empleados de oficina, limpiadores, cocineros, estudiantes. Entre los muertos también había bomberos, enfermeras y conserjes. Ellos no eran simplemente anglosajones de piel blanca, eran personas que llegaron a los Estados Unidos de muchas partes del mundo, incluso del Oriente Medio, en busca de un futuro mejor. Como anticapitalistas y revolucionarios quisiéramos expresar nuestra solidaridad con todas las victimas inocentes de esta masacre y compartir con la gente de la calle nuestro rechazo al terrorismo como estrategia política.

El polvorín afgano

Autor(es)

¿Cómo analizar la evolución de Afganistán desde la invasión soviética y la victoria de los talibán?

El Partido Democrático del Pueblo Afgano (PPDA, partido comunista afgano), que tenía una fuerte implantación en el ejército y la aviación, en 1978 dio un golpe de Estado, derrocando al corrompido régimen de Daoud. El pueblo recibió con satisfacción el cambio: inicialmente, el PPDA era popular. Prometía reformas sociales importantes y democracia. Pero esta promesa nunca fue cumplida, pese a que se desarrollaran importantes reformas en la educación, como la educación libre y escuelas para mujeres.

Declaración de la izquierda iraní

Worker-Left Unity *

Los ataques terroristas del 11 de septiembre fueron verdaderamente deplorables y deben ser condenados inequívocamente.

El terrorismo suicida, especialmente en una escala tan cruel, es la expresión de una crisis moral y una afrenta a los socialistas. Hoy, cuando la pobreza, las privaciones y la injusticia se han vuelto más globales que nunca, el uso de la violencia y el terrorismo no tiene identidad nacional ni cultural. El fundamentalismo islámico y el terrorismo asociado a él son productos de un período marcado por el colapso del estalinismo y la ausencia de una poderosa izquierda revolucionaria. Además de abrazar ideas reaccionarias (anti-obreras, anti-mujeres, nacionalistas...) sus blancos son los individuos antes que el sistema capitalista.

En consecuencia debemos condenarlos claramente. Pero ninguno de los estados que hoy afirman enfrentar al terrorismo puede ser tomado en serio, cuando esa oposición al terrorismo está condicionada a quiénes se dirige. Están contra el terrorismo que los ataca a ellos y a sus intereses. Reprimen a algunos grupos terroristas, mientras simultáneamente crean, organizan y apoyan a otros.

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