Revista Herramienta Nº 16

Julio de 2001

Ciclos económicos en la Argentina de los noventa.

 

En un trabajo publicado en el Suplemento de Página 12 de Universidad de las Madres de Plaza de Mayo –y reproducido en el último número de Debate Marxista–, analizamos las características del modo de acumulación de la Argentina que se instaló a partir de los noventa. Sosteníamos allí que, por sobre las diferencias tácticas, existe una unidad fundamental en la clase dominante acerca de profundizar la orientación económica que se llevó bajo el menemismo. Más en general, afirmamos que esa estrategia enlaza con un modo de acumulación que se ha ido imponiendo a nivel mundial, cuya persistencia se puede advertir en la dirección que tomaron las resoluciones de las diversas crisis en los últimos años.

Ira y esperanza: la pedagogía revolucionaria de Peter McLaren

Autor(es)

(Entrevista de Mitja Sardoc)

Mitja Sardoc: Tomé conocimiento de tu obra, por primera vez, a través de Schooling as a Ritual Performance, que combinaba análisis estructuralistas, posestructuralistas y marxistas de la educación católica. Desde aquel tiempo tu obra (estoy pensando en la tercera edición de Life in schools, Critical pedagogy and predatory culture, Revolutionary multiculturalism, Che Guevara, Paulo Freire and the pedagogy of revolution) ha pasado a estar más inspirada por la teoría posmoderna pero también se ha ido desplazando -muy perceptiblemente en tu último libro- hacia un reencuentro con el análisis del materialismo histórico, una crítica de la globalización del capitalismo, y una preocupación por la lucha de clases. La lucha de clases y otras ideas marxistas parecen haber pasado de moda con la caída del muro de Berlín y lo que Francis Fukuyama llamó el fin de la historia o el fin de la ideología. Pero si leemos, por ejemplo, el Manifiesto Comunista, encontramos a algunos de sus tramos aún más relevantes hoy que cuando fue originariamente publicado en 1848. ¿Por qué las ideas marxistas se encuentran todavía rondando el discurso educativo dominante de Occidente a pesar del aparente fin del legado marxista en el armario de la historia de los sueños revolucionarios perdidos?

Gramsci, el latín y la traición. Sobre «Tradire Gramsci» de Giuseppe Prestipino

Teti Editore, Milán, 2000. 146 págs.

Guido Liguori se pregunta[1] si es lícito que un autor (G. Prestipino) que se propone evitar forzar los textos, al interpretar a Gramsci en otros contextos históricos y teóricos distintos a los de aquél, -asuma ­­aunque con inteligencia y honestidad- que no hay escapatoria a aquello de que todo traductor es traidor: Traduttore, traditore (en castellano la expresión "traductor, traidor" pierde su encanto fonético).

Nuestro autor solía decir que antes que definirse en algún "ismo", pretendía contenerse en la tradición marxista. Sintomáticamente, tradición, traducción, traición, tienen una misma raíz latina que indica tránsito.[2] Podría decir que estas páginas que -como aclara G.P.- fueron escritas y pensadas hace tiempo y cuya contextualización actual obliga a "reflexiones muy amargas", constituyen una teoría de la transición. Una teoría apoyada o que parte de una reelaboración (traducción) de las también sucesivas y transitorias reelaboraciones (traiciones) del propio Gramsci.[3]

Utopía juveniles. De la bohemia al Che, de Hugo E. Biagini.

 Leviatán, Buenos Aires, 2000, pág. 106.

A partir de la Revolución Francesa, los jóvenes se han transformado en un nuevo sujeto político y social, protagonista de muchos acontecimientos y también capaces de elaborar un pensamiento propio, siempre crítico hacia los sistemas existentes, e incluso un estilo de vida en clara oposición al de las generaciones que los preceden. Sin los jóvenes ni siquiera sería pensable la idea de Revolución o de Utopía. Si Sócrates nos sorprende como revolucionario y anticonformista, en el fondo es por sus 70 años, pero no encontramos contradicción alguna entre la actividad revolucionaria de Robespierre o de Danton, de Saint Just o de Desmoulins o de Napoleón, que fallecieron apenas sobrepasados los 30 años. Cuando Lenin dirigió la Revolución Rusa era un hombre de mediana edad, pero Stalin y Trotsky todavía no habían cumplido los 40 años. Y ni qué hablar de los jóvenes Fidel Castro y Ernesto Guevara. También recuerdo a Gramsci, que murió a los 46 años y que a los 30 ya había fundado el Partido Comunista Italiano.

El Imperio y la transición al Comunismo. A proposito de Imperio, de Michael Hardt y Antonio Negri.

Autor(es)

 A propósito del libro Empire de Michael Hardt y Antonio Negri, Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 2000

Sin duda, los desarrollos conceptuales de Imperio[1] están llamados a desatar una polémica intelectual y política, de enorme trascendencia. Prueba de ello, es que frente al desafío lanzado por Toni Negri: “(...) abrir una verdadera discusión y de verificar en forma experimental los conceptos (mejor, las denominaciones) que nosotros proponemos, con el fin de renovar la ciencia política y jurídica a partir de la nueva organización del poder global”[2], las aguas parecen dividirse. Mientras Slavoj Zizek (uno de los mayores exponentes de la crítica de la economía política), define la obra Imperio, como “el Manifiesto Comunista del siglo XXI”, la inmensa mayoría de los intelectuales de izquierda –particularmente de la Argentina y América Latina–, guarda un silencio cuanto menos llamativo.

Capitalismo hoy: La nueva marginalidad. Acerca del libro Parias de la Ciudad.Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio, de Loic Wacquant

Autor(es)

Acerca del libro Parias urbanos. Marginalidad en la ciudad a comienzos del milenio,   de Loic Wacquant, Ediciones Manantial. 204 págs. Buenos Aires 2001.
 
No es el primer libro que comentamos de Loic Wacquant, sociólogo francés, investigador y docente de varias universidades norteamericanas y europeas, colaborador regular de Le Monde Diplomatique y discípulo de Pierre Bourdieu. En Herramienta Nº 13 comentamos Las cárceles de la miseria, valiosa investigación sobre el irrefrenable proceso de criminalización de la miseria que llevan adelante los gobiernos capitalistas, incluidos aquellos que encabeza la Socialdemocracia, con el fin de mantener a raya a los sectores populares más pauperizados.
En Parias urbanos... , Wacquant se interna en el submundo surgido al   interior de las grandes ciudades, habitado por amplios sectores urbanos víctimas del desempleo, de la precarización de las relaciones laborales y del sistemático desmantelamiento del llamado Estado de Bienestar. Es decir, la llamada nueva pobreza o marginalidad urbana que genera este capitalismo de fin de siglo.
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