Sobre la economía-mundo actual.

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Autor(es): Wallerstein, Immanuel

Wallerstein, Immanuel. Director del Centro Fernand Braudel para el Estudio de Economías, Sistemas Históricos y Civilizaciones en la Universidad del Estado de Nueva York (SUNY) en Binghamton, director de la revista Review de ese mismo Centro y ex-presidente de la Asociación Internacional de Sociología (ISA). Entre sus últimas publicaciones en español se cuentan Después del liberalismo (México, Siglo XXI editores / CEIICH-UNAM, 1996); El futuro de la civilización capitalista (Barcelona, Icaria, 1997) y, como coordinador, Abrir las Ciencias Sociales (México, Siglo XXI Editores / CEIICH – UNAM, 1996.


El doctor Immanuel Wallerstein (IW) visitó México el pasado mes de febrero, invitado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, dirigido por el doctor Pablo González Casanova. En esa oportunidad concedió la siguiente entrevista al economista mexicano José Guadalupe Gandarilla Salgado(JG) y a la politóloga argentina Karina Moreno (KM). La misma será publicada simultáneamente por la revista mexicana CEMOS/Memoria.

  
JG: En su análisis teórico, el sistema-mundo moderno funciona a través de una economía-mundo capitalista y ésta tiene determinados mecanismos. Aquellos que hablan de una etapa actual de globalización económica, parecieran plantear que hay cambios por el gran auge de la actividad especulativa, el gran poderío de los grupos de capital financiero, etc. ¿Se modifican, en su opinión, los mecanismos de funcionamiento de la economía-mundo capitalista debido a ellos? Y si es así, ¿qué consecuencias habría para el sistema mundial?

 

 

 

 
IW: ¿El gran auge actual?
 
JG: Sí, actual.
 
IW: La pregunta supone que por un lado está la economía-mundo capitalista, y por el otro los grandes capitalistas. Su cuestión apunta al impacto de éstos sobre aquélla. Pero ambas son parte de la economía-mundo capitalista, no se encuentran escindidas y conforman su eje fundamental. Su planteo se presenta como una variación acerca de las problemáticas sobre la globalización, en síntesis podríamos reformularla del siguiente modo: ¿habría algo hoy fundamentalmente diferente de lo que sucedía hace cincuenta años?, ¿es la misma economía-mundo capitalista actual que la de hace veinte años? Para mí, la respuesta es no: económicamente no sucede nada diferente de lo que actualmente denominamos “globalización”.
La globalización, así entendida, es la esencia del modo de funcionamiento de la economía-mundo capitalista, y lo ha sido toda la vida. Los capitalistas no se concentran en un solo país, no los grandes, no los importantes. Y es totalmente falsa la idea de que solamente hoy existe mercado mundial, producción mundial. En el siglo XVI o XVII, la creación de productos atravesaba fronteras enormes, los capitalistas invertían en distintos países, negociaban con gobiernos. Evidentemente, lo que pasa hoy no es algo nuevo; sin embargo, se manifiesta como una expresión ideológica de la situación actual. El término globalización, que es utilizado desde hace más o menos diez años, parte de la campaña neoliberal para imponerse sobre resistencias varias, fomentando la creencia según la cual hacemos frente a una situación inevitable, y es en este sentido que los Estados no pueden hacer nada, deben someterse. Es lógico, esta teoría dice que es “bueno” aceptar que con una situación de libre comercio todo va bien, y que más allá de las condiciones actuales esto redundará en un “beneficio” para la mayoría de la población. El neoliberalismo alcanzó cierto éxito con esta forma de presentar la cuestión, pero debemos aclarar algunos puntos. En principio es falso que los Estados no puedan hacer nada, si bien es cierto que no está en su poder hacer todo lo que quieran con total independencia. Nos encontramos en una situación intermedia: los Estados pueden protegerse hasta un cierto punto del funcionamiento del capitalismo transfrontera, pero evidentemente sólo hasta un cierto punto, y pagan un determinado precio por esto. Pero el hecho de que nosotros lo observemos hoy, que se resalte este aspecto en la actualidad no quiere decir que es la primera vez que sucede.
La problemática es difícil y es una relación más compleja de la que se manifiesta.
No soy partidario de la teoría de que hoy, por fin, los capitalistas podrían borrar los Estados. Los capitalistas utilizan a los Estados y son tan necesarios hoy como ayer, pero al mismo tiempo esta etapa es todavía parcial, se necesita a los Estados y se lucha contra los Estados. Es una situación mucho más ambigua y compleja.
 
KM: Cuando usted plantea el tema de la Revolución Industrial (la cual generalmente es ubicada temporalmente, acorde con la cosmovisión liberal, a fines del siglo pasado), llama la atención acerca de que la época en que se produce ésta es alrededor de 1940-60 del presente siglo, ya que en este período es cuando realmente podemos observar un cambio cualitativo en el desarrollo de las fuerzas productivas. Ahora bien, en este momento, ¿hay elementos cualitativamente distintos en cuanto al desarrollo tecnológico o no? o, ¿qué peso específico tienen éstos, cuál es el impacto del desarrollo tecnológico actual desde su perspectiva?
 
IW: Tampoco adhiero a una explicación del capitalismo visto como un capitalismo “tecnologicista”. Evidentemente, el problema, una vez más, es crear productos importantes y útiles, sobre los cuales ciertos productores tendrán un monopolio relativo. Esto permitirá realizar enormes ganancias, indiscutiblemente esta fase necesita de inversiones tecnológicas. Cuando soy un gran e importante productor, por ejemplo de la siderurgia a fines del siglo XIX o comienzos del siglo XX, no estoy buscando nuevas invenciones, ya que, en el momento en que logré monopolizar la siderurgia, ésta me permitió realizar inconmensurables ganancias. Ahora bien, una vez que otros entran en el mercado, me tendré que enfrentar con una situación de mucha competencia en la producción de la siderurgia, lo cual será inevitable; en este momento pierdo o comienzo a perder. Por consiguiente, inicio como gran capitalista una búsqueda que me conduzca hacia algo de nuevo, y eventualmente lo hallo y entro en el mercado con este nuevo producto que monopolizo a nivel mundial prosiguiendo de este modo por espacio de tres o cincuenta años más.
Esta es la historia del capitalismo: como gran capitalista en un momento dado, perderé este tipo de monopolio iniciando -entonces sí- un gran esfuerzo tecnológico para hallar algo más avanzado, y así sucesivamente.
Hay que resaltar, entonces, que es el monopolio y la pérdida de éste la lógica que impulsa al capitalista, no es una lógica interna de la tecnología, todo lo contrario.
Podemos mostrar que en la historia del desarrollo económico del mundo moderno hubo muchos momentos en los cuales hemos optado por lo que es menos avanzado tecnológicamente, menos racional. Por ejemplo “esto” [la computadora que tiene frente a sí, levanta con sus manos el teclado], o al momento de comenzar la dactilografía: hubo cien, doscientos tipos diferentes y evidentemente éste no es útil, porque es difícil, ¿esto qué significa? Que por azar, un señor comenzaba a tener el 15 o 20 por ciento del mercado, y a partir de esta ocasión (del 20 al 90 por ciento es más fácil, y es lógico que así lo sea), todo el mundo quiso empezar a comprar este modelo y no otro, todos deseaban tener el mismo. Sin embargo, podemos hacer la prueba,no es de lejos lo más eficiente, pero en ese instante dado, el monopolio impuso que fijemos este modelo y no otro. Un especialista en la materia realizó al respecto una gran investigación, donde se demuestra que a través de los dos últimos siglos hemos tomado enormes decisiones en nombre de situaciones similares a la presentada anteriormente.
Por ejemplo las videocasetes: en un período dado hay una gran concurrencia entre Beta y VHS; VHS ha podido obtener la mayoría del mercado en este período, y accede por ende inmediatamente a la totalidad del mismo, porque es lógico nadie aspira a comprar una videocasete que no podrá utilizar. Pero, para decir la verdad, Beta es más eficiente, podemos continuar con tales ejemplos.
Lo que es importante no es la tecnología, no es la racionalidad, es el monopolio. Todo es legítimo, siempre que le permita al capitalista acapararse del mercado. Sabiendo que más tarde inevitablemente va a perder el monopolio, pero va a perderlo en tres años, en cuarenta años quizá, entre tanto gana. 
 
JG: En cuanto a la relación centro-periferia, y relacionado con la utilización de políticas o estrategias monopolistas, se plantea que los países del centro pueden sujetar o subordinar sus relaciones externas a la acumulación interna, ¿es posible precisar estrategias políticas, que puedan contrarrestar los efectos nocivos del sistema mundial sobre la periferia capitalista? Samir Amín por ejemplo, ha propuesto su teoría de la “desconexión”, ¿cuál sería su punto de vista al respecto?
 
IW: Cuando se impone el monopolio, si bien se realiza a través de un anclaje en medidas puramente económicas, también se necesitan decisiones y medidas políticas, incluso un poder tan coercitivo como el de los grandes Estados, interviniendo con golpes de Estado y presiones diversas, esto es muy claro, incluso lo hace mediante cuestiones culturales: por ejemplo, la imposición de la lengua inglesa como medio de comunicación impactando de un modo impresionante.
Un ejemplo, podemos observar cómo actualmente el gobierno brasileño corta los fondos de investigación para las universidades, aduciendo que no cuenta con las posibilidades fiscales, y en todo caso podría obtener los resultados alcanzados en los Estados Unidos, a fin de economizar... Otra vez, por supuesto, la consecuencia será cierto monopolio.
Para actuar en contra de esto, históricamente, el método principal fue el utilizar la estructura estatal de las zonas menos fuertes creando barreras, realizando incursiones internas, etc., esto es sencillamente el mercantilismo.
Lo que ha sugerido Samir Amín: “la desconexión”, es, desde los comienzos del sistema mundial moderno, una variación de la idea mercantilista: cerrar las fronteras, realizar una reestructuración interna que dé lugar a una organización más férrea de la vida económica y sólo después, abrirse a los otros países sobre una base interna más equitativa. La propuesta es lógica, pero hay límites sutiles, pero límites al fin, porque los otros países reaccionarán económicamente, políticamente, militarmente, esto es una cuestión de poder.
En ciertos momentos de la historia, cuando el poder mundial es menos centralizado, hay tales períodos, los países pueden ser más mercantilistas, y en otras circunstancias no pueden serlo, porque perderían demasiado a corto plazo y la reacción interna de las poblaciones que se encuentran excluidas serían demasiado costosas, por consiguiente todo culminaría en pérdida.
En muchas ocasiones hemos presenciado como corolarios de estos procesos los golpes de Estado o el desmoronamiento del sistema político, es que algunos sectores a veces no son pacientes; en otros casos, la invasión por otro país, con lo cual, evidentemente, esta alternativa no se presenta como una respuesta clara, plausible de ser realizada.
Samir Amín mismo, si bien todavía propugna la idea de cierta desconexión, opina que hoy es menos factible esta posibilidad, ya que no es tan sencilla tal y como fue planteada por el autor hace veinte años. Samir Amín tiene ahora una posición mucho más avanzada, evidentemente.
El hecho de la Guerra Fría ha permitido un cierto grado de mercantilismo en un número importante de Estados, pero una vez que ha comenzado el estancamiento de la economía-mundo, la fase B de Kondratiev, los efectos negativos de ésta desde el mercantilismo han sido más fuertes que los efectos positivos, por lo cual la mayoría de estos países optaron por cierta apertura al mundo: hoy día si Cuba se hace mercantilista, no es por su voluntad solamente, es una imposición que emerge desde la sociedad civil, en reacción al bloqueo y sus consecuencias, por ende, hoy Cuba quiere abrirse al mundo.
 
KM: Para analizar la realidad usted plantea que un sistema histórico debiera ser entendido a partir de su “génesis” (cómo nació, el porqué de la emergencia), una explicación del “desarrollo” de éste, teniendo en cuenta los “ritmos cíclicos” y, como resultado de los mismos, los “trenes seculares”, y el advenimiento posterior de una “crisis” que culminaría con el presente sistema histórico a la vez que daría paso a la ascensión de otro y otros subsistemas. Teniendo en cuenta el período del Ciclo Kondratiev en que nos encontramos, las contradicciones intrínsecas entre el sistema mundial, que en tanto “sistema” permite explicar su funcionamiento a partir de determinadas lógicas, reglas y leyes; y por otro lado, el carácter histórico del mismo: podríamos distinguir un período de desarrollo y prever una crisis terminal para los años subsiguientes. Se anuncia, entonces, el advenimiento de otro sistema histórico, si enfatizamos el aspecto sistémico. Ahora bien, la faceta histórica imprime movimientos y genera contradicciones, hablamos de sistemas complejos. Inmersos en esta cosmovisión, la pregunta es: ¿Quiénes (qué sujetos y desde dónde) tendrían el potencial de “liderar” la emergencia de un nuevo sistema histórico?
 
IW: ¿Quiénes?, honestamente no lo sé. Y pienso que no hay un sujeto.
 
KM: ¿No hace falta?
 
IW: Sí, precisamente en tal situación de caos, caos no solamente político y económico, sino intelectual, el surgimiento de múltiples movimientos, de varios tipos, modelos, sugiere la necesidad de pensar en torno a esta temática. Por lo mismo, no estoy de acuerdo con la idea según la cual deberíamos pensar en una nueva internacional disciplinada, etc. Al contrario, un complejo de grupos múltiples en todos los países, donde cada uno tratase de hacer algo localmente poniéndose en contacto continuado con los otros movimientos y construyendo detenidamente una nueva estrategia para enfrentar la crisis sería lo correcto.
Me parece que hoy es éste el espíritu, un poco desde hace diez años, diría, en muchas partes del mundo. Aquí en México, con los zapatistas y toda la tonalidad de los discursos de los zapatistas en su tono de apertura y no de control; y diría que en los Estados Unidos es la misma cosa, si bien no podemos ubicar a un movimiento importante, en este sentido, no podemos hablar de liderazgo; a mi juicio el problema es el de la creación de una fuerza compleja, flexible.
 
KM: Entonces, ¿qué rol cumplen la clase obrera, las fuerzas populares, los movimientos sociales o los sujetos en su modelo analítico?
 
IW: ¿Qué rol cumple la clase obrera? Hoy, la clase obrera es el mundo. Hace treinta años todos hacíamos la distinción entre “la clase obrera”, por una parte, y “las cuestiones étnicas” y “los movimientos de mujeres”, por otra. Pensar en la clase obrera como un grupo de hombres asalariados trabajando en fábricas, que hoy se presenta como un sector minoritario de la fuerza de trabajo, 20% tal vez en el mundo entero (si es que alcanza tanto como el 20%), deja fuera a la mayoría de la población. El punto es que estas mujeres, estos grupos étnicos son, forman parte de “la clase obrera”. Si tomáramos el caso de la población involucrada en fábricas y con salario no observaremos más que hombres y blancos, las mujeres y el resto de la gente de todas las razas no estaría incluida.
Y pienso que la clase obrera redefinida en este sentido no debe subdividirse, es la mayoría del mundo.Es alrededor de esta clase obrera amplia que se formaría, se fundaría un movimiento serio de resistencia y de transformación Por lo cual no quiero distinguir entre clase obrera y fuerzas populares o movimientos sociales. Son falsas distinciones o diferenciaciones, interesantes tal vez en el pasado histórico pero no hoy.
 
KM: Si la crisis del pensamiento liberal es terminal, ¿cómo y desde dónde formular en este contexto (en el contexto actual) un modelo civilizatorio alternativo?
 
IW:Respecto a cómo formular en este contexto... es toda la cuestión y no tengo la respuesta en mi bolsillo, es el problema a discutir entre nosotros, todos.
 
KM:¿Qué elementos, qué categorías, qué conceptos piensa usted que son esenciales, que indefectiblemente habría que integrar en este debate?
 
IW: Quiero decir algo muy sencillo. Es un momento de lenta desintegración en éste, nuestro sistema mundial, donde los poderosos van a continuar hablando públicamente en el lenguaje de la ideología existente. Pero, estoy seguro que amén del discurso se reúnen, intentan llegar a un consenso, a pensar ellos una alternativa al sistema capitalista, que será otra distinta a la actual; no sé cuál es, pero, sin lugar a dudas, será una alternativa que es desigual, que mantendrá los privilegios.
En un momento dado los poderosos van a comenzar a presentarnos esta nueva propuesta inequitativa como un gran progreso que no será. Si debemos quedar como actores en la historia real, debemos nosotros -al mismo tiempo- proponer una alternativa efectiva igualitaria. La tarea no es fácil, exige bastantes reflexiones y muchas discusiones, debates, a fin de superar nuestras limitaciones personales, nuestras limitaciones sociales, geográficas, etc., llegar a un entendimiento más universal, más grupal, de los pueblos, es para mí la principal cuestión política civilizacional más importante de los próximos veinte o treinta años.