György Lukács, Derrotismo y dialéctica. Una defensa de Historia y conciencia de clase

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Traducción y cuidado de la edición: Francisco García Chicote y Martín Ignacio Koval
Buenos Aires: Ediciones Herramienta, 2015, 205 páginas
 
La publicación de la primera edición en castellano de este texto lukácsiano ofrece una herramienta valiosa para los estudios marxistas. El texto central es la respuesta de György Lukács a las críticas de las reseñas de Historia y Conciencia de Clase –de aquí en más HCC– escritas en 1924 por László Rudas y Abraham Deborin. El texto en cuestión fue hallado a mediados de los años ’90 en los archivos moscovitas de la Comintern y publicado originalmente en 1996 en húngaro y alemán. Se estima que fue escrito alrededor de 1925-1926 y el título del mismo: “Chvostismus und Dialektik”, como señalan los cuidadores de la edición, recoge el primer término del ruso jvost –“cola”, “zaga”– empleado por Lenin para denunciar el desconocimiento de la posibilidad objetiva del instante revolucionario de parte de los “economistas” que irían a la zaga del movimiento obrero, tanto en cuestiones de política organizativa como de conciencia de clase. Lukács recoge este término para referirse precisamente a las posturas de sus críticos, que terminan proponiendo una concepción mecanicista –derrotista–de la historia que no deja lugar para la acción del proletariado y desconoce el lugar del partido.
Podemos dividir el escrito en dos grandes partes: una dedicada a problemas relativos a la conciencia de clase, tal como su título lo indica y una segunda parte dedicada a la “Dialéctica en la naturaleza”. Desde el comienzo del texto Lukács les adjudica a sus críticos la incapacidad de comprender la cuestión fundamental sobre la que versa HCC: el vínculo preciso entre la conciencia de clase y el Partido. Destaca que, bajo la acusación de “subjetivismo”, Rudas y Deborin comparten el punto de vista burgués de la socialdemocracia, que separa rígida y mecánicamente el sujeto y el objeto, incapaz de ver el proceso histórico que los atraviesa e identifica. Comienza así una acusación que se repetirá a lo largo del escrito: Deborin y Rudas se muestran como kantianos al no ver el vínculo dialéctico existente entre sujeto y objeto, vínculo que se hará manifiesto en la capacidad de acción del proletariado en la época de la Revolución, esto es, en “el ABC del leninismo”. Precisamente las referencias a Lenin están aún más presentes que en HCC, él es ahora la autoridad sobre la cual Lukács fundamenta su mayor desarrollo de la cuestión del instante (Augenblick). En oposición al positivismo fatalista que representa la postura criticada, Lukács –anticipando las “Tesis sobre el Concepto de Historia” de Walter Benjamin– destaca la importancia del instante de decisión, como el momento fundamental que definirá la dirección futura del proceso histórico: la conciencia de clase del proletariado es el factor subjetivo capaz de influir, en determinadas circunstancias, en este proceso a través de la praxis en el presente.
Se destaca a continuación un segundo apartado sobre la conciencia atribuida, en el que Lukács responde a las críticas que de este concepto realiza Rudas. Plantea así que la incapacidad de este último para comprender la imbricación dialéctica del Partido en la formación de la conciencia determina su rechazo al concepto de conciencia atribuida. La propuesta de Rudas –un partido cuya función quedase relegada a “prever” las modificaciones que naturalmente y de forma necesaria se produjeran en la conciencia proletaria– no es más que otra expresión de su kantismo. Para contraponer a esto la importancia de la intervención activa del Partido en el proceso de desarrollo de la conciencia proletaria, el referente vuelve a ser Lenin; sin embargo, sorprende aquí la crítica a Rosa Luxemburg, quien fuera valorada positivamente en HCC. Precisamente la importancia que toman en este texto las formas de organización como mediaciones -con el Partido a la cabeza- lleva casi inevitablemente a confrontar con el espontaneísmo revolucionario de Luxemburg, por considerarlo al mismo nivel teórico que el kantismo en tanto presupone que la conciencia de clase está dada de forma inmediata.
Finaliza la primera parte un breve comentario donde, en respuesta a las acusaciones de Rudas, Lukács caracteriza al campesinado como una clase que debe ser conducida por el proletariado para desarrollar su conciencia de clase, dada la imposibilidad objetiva que tiene de desarrollarla por sí misma. Se destaca aquí la valoración que Lukács hace de su ensayo “Observaciones de método acerca del problema de la organización” -donde desarrolla su concepción del Partido- como “decisivo” dentro de HCC, a pesar de que muchas veces suele ser pasado por alto en los estudios sobre el autor.
La segunda parte, relativa a la dialéctica en la naturaleza, comienza por resaltar una cuestión metodológica: la importancia de la mediación dialéctica, cuyo desconocimiento desemboca en las conclusiones oportunistas que representan sus detractores. Más allá del carácter polémico del texto, aquí se destaca el desarrollo del “punto medular objetivo” de la controversia con Rudas y Deborin: la mediación social en el metabolismo del hombre con la naturaleza, específicamente el conocimiento de la misma, el cual se presenta como histórico al depender del desarrollo de la estructura económica de la sociedad. Sigue en el texto otro aporte teórico fundamental para comprender la concepción del autor sobre Marx: Lukács resalta la capacidad de la dialéctica materialista para no pasar por alto el carácter histórico de las categorías dialécticas simples, dado que en él se distingue el método de exposición –la elevación de lo abstracto y simple a lo concreto y complejo–del proceso de formación de lo concreto mismo. Es la comprensión del todo concreto lo que posibilita el conocimiento de las categorías simples, mientras que el planteo inverso, presente en Hegel y atribuido a Marx por Deborin, desemboca en una apologética de lo existente.
Finaliza el texto de Lukács el apartado sobre la dialéctica de Engels, en la que retoma la célebre cita de Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana sobre la refutación del noúmeno kantiano por el experimento y la industria y vuelve a reproducir lo expuesto en HCC: la cosa en sí requiere de una refutación filosófica y no basta con la industria y la ciencia, en tanto estas son parciales y reproducen un comportamiento contemplativo. La refutación adecuada debe buscarse en la reapropiación y transformación de la dialéctica hegeliana por parte de Marx: la praxis transformadora llevada a cabo por el proletariado consciente es la única superación de las antinomias del pensamiento burgués. Si bien en este apartado el escrito se interrumpe, la intención del autor queda perfectamente clara.
Finalmente caben algunas consideraciones sobre la presente edición. El texto está acompañado de numerosas notas, remisiones al idioma original cuando hay uso de vocabulario técnico, así como de un anexo con una selección de las reseñas de Deborin y Rudas, con referencias a ellas en el texto de Lukács, lo que facilita mucho el seguimiento de sus argumentos. Además, la edición reúne estudios críticos inéditos de varios especialistas que enriquecen la comprensión del escrito y su contexto histórico; sobre esto último los artículos de Gángó y Mesterházi sobre el P.C. Húngaro resultan muy esclarecedores. Por otro lado, los estudios de Infranca y Löwy buscan comprender el valor del texto como crítica a los avances del estalinismo y el marxismo positivista representado por Deborin y Rudas. Finalmente, los artículos de Vielmi Fortes y Tertulian rescatan el valor del texto dentro del corpus lukácsiano, el primero al explorar a la luz de este escrito las continuidades y rupturas de las obras de juventud con las de madurez de Lukács y el segundo al relacionarlo con la teoría de la subjetividad desarrollada en HCC.
 
Alejandro Nahuel Alzu
Universidad de Buenos Aires