Hacer y dejar hacer. Evocación de Sergio Cecchetto (1959-2009)

Versión para impresoraEnviar a un amigo

Autor(es): Salerno, Gustavo

Era 2006; aproximadamente hacia marzo o abril. Llevábamos trabajando juntos cierto tiempo y el café que convidaba en la reunión tenía por objetivo dirimir esta cuestión: qué tema y autor cada miembro del grupo de investigación del que formábamos parte elegiríamos para trabajar ese año y el siguiente. La primera cuestión estaba en rigor ya decidida por el proyecto general que compartíamos, la del "cambio social"; la segunda era personal. Le comenté que había leído hacía algún tiempo unos textos de un pensador que encontré interesantes. Más aún: que éste solía visitar Argentina y que existía un grupo de personas en Capital Federal reunidas en un proyecto editorial que solía frecuentarlo. En efecto, Herramienta había publicado hasta entonces varios trabajos de John Holloway, y la idea de gestar su visita a nuestro país dependía de esfuerzos y tiempo que pudieran compartirse de uno y otro lado. Dio el visto bueno a la iniciativa, me acercó algunos contactos y quedó al tanto de las gestiones.

Ese mismo año presentamos en Mar del Plata Contra y más allá del capital, organizamos un curso de postgrado con la presencia de Holloway, y también junto a éste una charla abierta al público en el Teatro Colón de esta ciudad. Parte de la anécdota cuenta que los lugares en que se desarrollaron estas actividades estuvieron colmados. Hubieron además entrevistas para periódicos y revistas de la disciplina, artículos que luego se presentaron en congresos y jornadas, y una amistad con varias personas que se iría forjando progresivamente. En 2007 apareció por él editado Miradas contemporáneas sobre la sociedad futura, donde se recopiló lo fundamental del trabajo conjunto; se gestó la visita de Fernando Matamoros y se prepararon las líneas a trabajar más adelante, casi como una continuidad de la experiencia anterior. Parte de esta iniciativa y de estos esfuerzos fue el intercambio que tuvo lugar con Sergio Tischler en 2008. Parte. Sólo parte. Entre tantas y tantas cosas, esto quedó interrumpido.

Hace un mes nos dejó Sergio Cecchetto. Esta forma de aludir a su fallecimiento, en la que pareciera que hubiera sido algo que a él le correspondió decidir, es un artilugio para no pensar ahora en la absurdidad de la vida; la finitud, la fragilidad. Todo eso nos madrugó un comienzo de año. Entretanto se desarrollaban las tareas a las que me referí, antes y después de ellas, Sergio trataba de aunar la maduración de una sólida trayectoria académica (era profesor titular regular en la Universidad Nacional de Mar del Plata, investigador independiente del CONICET, colaborador de renombradas publicaciones internacionales, dictaba cursos y seminarios de postgrado en universidades locales y del exterior, etc.) con la percatación de la fecundidad de los canales de comunicación y producción menos habituales. Daba conformidad a las iniciativas de quienes recién empezábamos en la materia y, sin que uno se sintiera presionado, estaba al tanto de nuestras marchas y contramarchas. Así dije antes, y ahora que Herramienta me invita a esta evocación, se me ocurre destacar esta arista de su personalidad. Hacía y dejaba hacer. Estaba al tanto de todo sin ser un intruso; era, si se quiere, displicente, pero al tiempo que había dejado en claro sus compromisos y expectativas con lo que emprendíamos.

Le gustaba otra música que la que a mí; películas que me parecieron malas él las destacaba en un aspecto o incluso en varios más; en casos le resultaba interesante hablar con personas a las que yo no dirigía la palabra; pensábamos diferente y, en general, gastábamos nuestras horas de ocio en asuntos que no podían ser de interés para el otro. A pesar de todo ello, o más bien por esto mismo, confiaba mucho en mí. La distancia y la proximidad fueron sinceras. No se preocupó nunca por nuestros desencuentros; dialogamos siempre acerca de todos ellos. Ser tozudo y obstinado en las diferencias perdía de vista en definitiva que -como solía repetir- "la vida es blandita".

Me permito sumar a mi enunciación a otros muchos para decir: te recordamos Sergio. Y también para esto: te agradecemos sinceramente lo mucho que aprendimos con vos, todo lo que hicimos y lo que nos dejaste hacer.