El socialismo en el siglo XXI (Segunda parte de "La única economía viable")

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Autor(es): Mészáros, István

Mészáros, IstvánMészáros, István. (Budapest, Hungría, 1930) Doctor en Filosofía. Fue alumno de Lukács antes de que el régimen estalinista húngaro desatara sobre éste una violenta polémica que causó su retiro. Mészáros, no obstante, continuó reconociéndose como su discípulo aun durante la época más difícil de la dictadura. Es uno de los más importantes intelectuales marxistas en la actualidad. Reside en Inglaterra, es profesor emérito en la Universidad de Sussex donde actualmente vive. Es autor de Más allá del capital (Beyond Capital, Merlin Press, Londres, 1995. Vadell, Caracas 2001. Boitempo, San Pablo, 2002) y El siglo XXI ¿socialismo o barbarie? (Buenos Aires, Ediciones Herramienta, 2003). Entre sus otros libros publicados se destacan Marx's Theory of Alienation(1970), The Work of Sartre: Search for Freedom (1979), Philosophy, Ideology and Social Science (1986), The Power of Ideology (1989). Premio Libertador, Venezuela, 2009. Integrante del Consejo asesor de Revista Herramienta.


(Ver primera parte, "La única economía viable")

El capital no admite correcciones parciales

No es posible introducir en la estructura operativa del capital ni siquiera correcciones parciales, si éstas son genuinamente orientadas hacia la cualidad. Porque las únicas cualidades relevantes en este sentido no son determinadas características físicas abstractas sino cualidades humanamente significativas inseparables de las necesidades. Y como ya subrayamos, tales cualidades son siempre específicas, en correspondencia con necesidades humanas particulares claramente identificables, tanto de los individuos mismos como de sus relaciones sociales históricamente cambiantes. Por lo tanto constituyen, en su especificidad multilateral, un conjunto coherente y definido de determinaciones sistémicas, con sus propios límites sistémicos inviolables. Y es precisamente la existencia de esos límites sistémicos -para nada abstractos- lo que imposibilita la transferencia de algunas determinaciónes operativas y principios orientativos significativos desde un previsto orden social metabólico alternativo hacia el seno del sistema del capital. Ambos sistemas se excluyen radicalmente entre sí.

Pues las cualidades específicas correspondientes a las necesidades humanas en el orden alternativo llevan la marca indeleble de las determinaciones sistémicas generales, como partes constitutivas de un sistema reproductivo de control social humanamente válido. Por el contrario, en el sistema del capital las determinaciones generales han de ser inalterablemente abstractas, porque la relación de valor del capital debe reducir todas las cualidades (correspondientes a la necesidad y al uso) a cantidades genéricas mensurables, para afirmar su alienante dominación histórica sobre todo, en provecho de la expansión del capital y a despecho de las consecuencias.

Las incompatibilidades entre los dos sistemas se ven claramente cuando consideramos sus relaciones con el problema de los propios límites. El crecimiento sustentable promovido positivamente bajo el orden metabólico social alternativo de control sólo puede estar basado en la aceptación consciente de los límites cuya violación pondría en peligro los objetivos reproductivos - humanamente válidos- elegidos. Por tanto, el derroche y la destructividad (como conceptos limitantes claramente identificados) quedan absolutamente excluidos por las mismas determinaciones sistémicas aceptadas concientemente y adoptadas por los individuos sociales como vitales principios orientativos. En contraste con esto, el sistema del capital está caracterizado y fatalmente orientado por el rechazo -conciente o inconsciente-de todos los límites, incluyendo sus propios límites sistémicos. Incluso éstos últimos son tratados arbitraria y peligrosamente apenas com obstáculos contingentes siempre superables. Por lo tanto, todo el funcionamiento de este sistema social reproductivo incluyen la posibilidad -y en nuestra época histórica, la abrumadora probabilidad- de la destrucción total.

Naturalmente, esta relación mutuamente excluyente en la cuestión de los límites vale en el otro sentido. Vale decir que para crear y de fortalecer un orden metabólico social alternativo no se puede recurrir a "correctivos parciales" tomados en préstamo del sistema del capital. Las incompatibilidades parciales -por no decir generales- de ambos sistemas se derivan de la incompatibilidad radical de sus modos de dimensionar el valor. Esto es así, como antes se dijo, por las mismas razones que impiden transferir las determinaciones de valores particulares y las relaciones del orden alternativo al marco metabólico social del capital con el propósito de mejorarlo, como han postulado algunas concepciones reformistas absolutamente irreales, apegadas a la vacua metodología del "poco a poco": incluso las menores relaciones parciales del sistema alternativo están profundamente embebidas en las determinaciones generales de valor de una estructura completa de las necesidades humanas cuyo axioma elemental inviolable, de acuerdo a su más íntima naturaleza es la exclusión radical del despilfarro y de la destrucción. Por otra parte, que ningún "correctivo" puede ser transferido desde la estructura operativa del capital a un orden genuinamente socialista, lo demostró de modo concluyente el desastroso fracaso de la aventura del "socialismo de mercado" de Gorbachov. Puesto que también en este caso siempre chocaríamos con la incompatibilidad radical de las determinaciones de valor, incluso cuando el valor en cuestión es contra valor destructivo correspondiente a los límites últimos -necesariamente ignorados- del mismo sistema del capital. Los límites sistémicos del capital son plenamente compatibles con el derroche y la destrucción, porque estas consideraciones normativas sólo pueden ser secundarias y por encima de ellas deben prevalecer otra determinaciones mas fundamentales para el capital. A esto se debe que la indiferencia hacia el derroche y la destrucción presente en los orígenes del capital (pues nuca tuvo una actitud mas positiva que la indiferencia) se convirtiese en su activa promoción cuando las condiciones requirieron ese giro. De hecho, en este sistema el derroche y la destrucción se deben perseguir implacablemente y en directa subordinación al imperativo de expansión del capital, que es el aplastante determinante sistémico. Más aún cuando ya dejamos atrás la fase de ascenso histórico del desarrollo del sistema del capital. Y nadie debería engañarse por el hecho de que la afirmación preponderante del contra valor sea frecuentemente disimulada y racionalizada por afamados ideólogos del capital como "neutralidad del valor".

Por eso era estupidizante que en los tiempos de la lamentable "perestroika" de Gorbachov su "ideólogo jefe" (según era llamado oficialmente) afirmase que el mercado capitalista y sus relaciones mercantiles eran corporizaciones instrumentales de "valores humanos universales" y un "importante logro de la civilización humana", agregando a estas grotescas afirmaciones capituladoras que el mercado capitalista era incluso "la garantía para la renovación del socialismo".[1] Estos teóricos se dedicaban a charlar sobre la adopción del "mecanismo del mercado", cuando el mercado capitalista era cualquier cosa antes que un adaptable "mecanismo" neutro: está de hecho irremediablemente cargado de valor, y siempre lo estará. Desde esta concepción -compartida curiosamente por "el jefe de la ideología socialista" de Gorbachov (y otros) con los Friedrich von Hayeks del mundo que violentamente habían denunciado cualquier idea de socialismo como el camino hacia la servidumbre[2] , el intercambio en general era ahistórica y anti-históricamente igualado con el intercambio capitalista, y la realidad cada vez más destructiva del mercado capitalista con un ficticio "mercado" en general benevolente. A sabiendas o nó, ellos capitularon idealizando los imperativos de el implacable sistema de necesaria dominación del mercado (en última instancia inseparable de las devastaciones del imperialismo) exigida por las intrínsecas determinaciones del orden social metabólico del capital. La adopción de esa posición capitulacionista se expresó también, y de manera aún más dañina, en el documento de la reforma de Gorbachov, porque él insistió en que

No hay alternativas al mercado. Solamente el mercado puede asegurar la satisfacción de las necesidades del pueblo, la justa distribución de la riqueza y el fortalecimiento de la libertad y de la democracia. El mercado podría permitir a la economía soviética ligarse orgánicamente con el mundo, y proporcionar a nuestros ciudadanos el acceso a todos los logros de la civilización mundial. [3]

Naturalmente, dada la total irrealidad del lavado de cerebro implícito en ese "no hay alternativa" de Gorbachov y de las esperanzas en el generoso ofrecimiento "al pueblo" de todas las supuestas realizaciones y beneficios del mercado capitalista global, esta aventura sólo podía terminar del modo más humillante, con la desastrosa implosión del sistema de tipo soviético.

"No hay alternativa"

No es para nada accidental o sorprendente que la frase "no hay alternativa" ocupe tan prominente lugar en las concepciones socioeconómicas y políticas que se formulan desde el punto de vista del capital. Ni siquiera escaparon a esto los mayores pensadores de la burguesía, como Adam Smith y Hegel. Porque es absolutamente cierto que el orden burgués o tiene éxito afirmándose con la forma de expansión dinámica del capital o está condenado al fracaso completo. Realmente, desde el punto de vista del capital no puede haber ninguna alternativa concebible a la expansión infinita del capital, y esto determina la visión de todos los que lo adoptan. Pero la adopción de tal de vista también significa que no puede ni siquiera ser considerada la pregunta de "cuál es el precio a pagar" por la incontrolable expansión del capital más allá de cierto punto en el tiempo, una vez que la fase ascendente del sistema ha quedado atrás. Por eso la consecuencia necesaria de la adopción del punto de vista del capital es la violación del tiempo histórico al internalizar el imperativo expansionista del sistema como su determinación fundamental y absolutamente inalterable. Esta posición prevalece incluso en las concepciones de los más grandes pensadores burgueses: no puede haber ningún orden social futuro alternativo con características definitorias significativamente diferentes a las ya establecidas. Por esto incluso Hegel, que formuló la que es de lejos la más profunda concepción histórica de su propio tiempo, debió también poner arbitrariamente fin a la historia en el inalterable presente del capital, idealizando al estado-nación capitalista como culminación insuperable del desarrollo histórico concebible, a pesar de su aguda percepción de las implicaciones destructivas del sistema total de los estados-nación.

Así pues, en el pensamiento burgués no puede haber alternativa al dogma pernicioso del "no hay alternativa". Pero es totalmente absurdo que los socialistas adopten la posición de la expansión infinita (y por su naturaleza misma incontrolable) del capital. Porque el idealizado corolario del "consumo" -sintomáticamente, no calificado- ignora la verdad elemental de que, desde el punto de vista acrítico favorable a la auto expansión del capital no puede haber diferencia entre destrucción y consumo. Para el fin perseguido, una es tan buena como la otra. Esto es así porque, en la relación del capital, incluso la transacción comercial del tipo más destructivo, encarnada en las mercancías del complejo militar/ industrial y el uso que se les dá en guerras inhumanas, completa exitosamente el ciclo de la auto- reproducción ampliada del capital y posibilita el inicio de un nuevo ciclo. Y esto es lo único que cuenta para el capital, sin que importe cuan insustentables sean las consecuencias. Por lo tanto, cuando los socialistas internalizan el imperativo de la expansión del capital como terreno necesario del pretendido crecimiento, no solamente aceptan un dogma aislado sino "todo el paquete" del negocio. Concientemente o no, aceptan simultáneamente todas las falsas alternativas que se derivan de la defensa acrítica de la necesaria expansión del capital, como por ejemplo "crecimiento vs. no-crecimiento"- .

La falsa alternativa del no-crecimiento debe ser rechazada por nosotros, porque su adopción perpetuaría la horrible miseria y desigualdad que actualmente domina en el mundo, junto con luchas y la destructividad que la acompañan. Pero la negación radical de ese enfoque sólo es un necesario punto de partida. La dimensión inherentemente positiva de nuestra visión, implica la fundamental redefinición de la misma riqueza tal como la conocemos. Bajo el orden metabólico social del capital estamos confrontados al dominio alienante de la riqueza sobre la sociedad, que afecta todos los aspectos de la vida, desde lo estrechamente económico a los dominios culturales y espirituales. En consecuencia, no podemos salir del círculo vicioso del capital con todas sus determinaciones destructivas y sus falsas alternativas, sin invertir esas relaciones vitales. Es decir, sin hacer que la sociedad -la sociedad de los individuos libremente asociados- gobierne sobre la riqueza, redefiniendo también al mismo tiemposu relación con el tiempo y con el tipo de utilización que se dará a los productos del trabajo humano. Como Marx ya había escrito en uno de sus primeros trabajos:

En una sociedad futura, donde habrá cesado la contradicción de clases y donde no habrá clases, el consumo [la utilización] no será ya determinado por el mínimo de tiempo necesario para la producción; al contrario, la cantidad de tiempo que ha de consagrarse a la producción de los diferentes objetos será determinado por el grado de utilidad social de cada uno de ellos.[4]

Esto significa una ruptura absoluta e irreversible con la visión de la riqueza como una entidad material fetichista que ignora a los individuos reales que son los creadores de la riqueza. Naturalmente, el capital -con su falsa pretención de identificarse con la riqueza, como el "creador y encarnación de la riqueza"- debe ignorar a los individuos, en función de la autolegitimación de su mismo control metabólico social. De este modo, usurpando el rol de la riqueza real y subvirtiendo la utilización potencial que podría dársele, el capital es enemigo del tiempo histórico. Esto es lo que se debe corregir en beneficio de la misma supervivencia humana. Por tanto, deben ser reunidos en una estructura social metabólica cualitativamente diferente todos los constituyentes de las relaciones que se desarrollan entre individuos reales históricamente auto-determinandos, junto con la riqueza que crean y asignan mediante la aplicación conciente de la única modalidad viable de tiempo: el tiempo disponible. Para decirlo con Marx:

La riqueza real es la fuerza productiva desarrollado de todos los individuos. Ya no es entonces, en modo alguno, el tiempo de trabajo, la medida de la riqueza, sino el disposable time [tiempo disponible]. El tiempo de trabajo como medida de de la riqueza pone la riqueza misma como fundada sobre la pobreza, y al disposable time [tiempo disponible] como existente en y en virtud de la antítesis con el tiempo de plustrabajo, o bien pone todo el tiempo de un individuo como tiempo de trabajo y consiguientemente lo degrada a mero trabajador, lo subsume en el trabajo.[5]

El tiempo disponible es el real tiempo histórico de los individuos. Por el contrario, el tiempo de trabajo necesario requerido por el funcionamiento del modo de control metabólico social del capital es anti-histórico, y niega a los individuos el único medio a través del cual pueden afirmarse y realizarse como sujetos históricos reales en control de su propia actividad vital. En la forma del tiempo de trabajo necesario del capital los individuos están sujetos al tiempo que opera como juez tiránico y medida degradante que no admite ningún tribunal de apelación, en lugar de ser juzgados y medidos en relación al criterio cualitativo humano de "las necesidades del individuo social".[6]

El tiempo antihistórico del capital perversamente auto-absolutizante se superpone entonces por encima de la vida humana como determinante fetichista, reduciendo el trabajo vivo a una "cáscara del tiempo" como ya se ha discutido en relación a "la necesidad de Planificación". El reto histórico es entonces moverse hacia un orden social metabólico alternativo haciendo a un lado la dominación del tiempo congelado del capital como determinación alienante para que se transforme en libremente determinado por los mismos individuos sociales que conscientemente dedican a la realización de los objetivos escogidos sus recursos de tiempo disponible, inconmensurablemente más ricos de lo que se les podría extraer mediante la tiranía del tiempo necesario. Ésta es una diferencia absolutamente vital. Pues solo individuos sociales pueden realmente determinar su propio tiempo disponible, en agudo contraste con el tiempo de trabajo necesario que los domina. La adopción del tiempo disponible es el único camino concebible y justo para que el tiempo pueda ser transformado de determinante tiránico a un componente autónoma y creativamente determinado del proceso de reproducción.

Superar esta división social del trabajo

Semejante desafío necesariamente involucra la superación de la división social jerárquica del trabajo impuesta estructuralmente. Puesto que en tanto el tiempo domine a la sociedad, bajo la forma del imperativo de extraer tiempo de trabajo excedente a la inmensa mayoría, la gente que encargada de este proceso debe llevar una forma de existencia sustancialmente diferente y acorde a su función de ejecutores satisfechos del imperativo del tiempo alienante, al mismo tiempo que la abrumadora mayoría de los individuos son degradados a la condición de meros trabajadores sometidos al trabajo. En estas condiciones, el proceso de reproducción social debe hundirse cada vez más profundamente en su crisis estructural, con la peligrosa implicación final de un camino sin posible retorno.

La pesadilla del "estado estacionario" sigue siendo una pesadilla aunque se pretenda aliviarla, como proponía John Stuart Mill, con el remedio ilusorio de una "mejor distribución" considerada aisladamente. Porque no puede haber "mejor distribución" sin una reestructuración radical del mismo proceso de producción. La alternativa hegemónica socialista al dominio del capital requiere fundamentalmente ir más allá de la dialéctica trunca en el interrelacionamiento vital de producción, distribución y consumo. Pues sin eso, el objetivo socialista de convertir el trabajo en "primera necesidad vital", es inconcebible. Citando a Marx:

En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea sólo un medio de vida sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!. [7]

Estos son los objetivos completos de la transformación socialista, que simultáneamente proveen la brújula para el trayecto y también para medir los logros alcanzados (o que no se cumplieron) durante la marcha. Dentro de esta visión de alternativa hegemónica al orden reproductivo social del capital, de ninguna manera caben cosas como el "estado estacionario", ni otras las falsas alternativas derivadas del mismo. "El desarrollo de los individuos en todos sus aspectos ", ejerciendo concientemente los recursos plenos de su tiempo disponible, en la estructura del nuevo control metabólico social orientado hacia la producción de "riqueza cooperativa", proporcionará la base para una contabilidad cualitativamente diferente, la necesaria contabilidad socialista definida por las necesidades humanas y diametralmente opuesta a la cuantificación fetichista y al consecuente e inevitable derroche.

De aquí, la importancia vital de que la estructura metabólica social alternativa reconozca y administre exitosamente un tipo sustentable de crecimiento. El control metabólico del orden alternativo será aquel en que la antítesis entre el trabajo mental y físico -imprescindible para mantener la dominación absoluta por sobre el trabajo del capital en tanto usurpador de la función de control del sujeto histórico- desaparecería para siempre. Y consecuentemente, la misma productividad conscientemente perseguida podrá ser elevada a un nivel cualitativamente más alto, sin ningún riesgo de derroche incontrolable, aportando un avance genuino -y no méramente orientado hacia el lucro material- de la riqueza. Una riqueza plenamente controlada por "individuos sociales enriquecidos" (Marx) como sujetos históricos autónomos (ricos precisamente en este sentido).

En el "estado estacionario", por el contrario, los individuos no podrían ser auténticos sujetos históricos, pues no podrían tner el control de sus propias vidas estando a merced del peor tipo de determinaciones materiales: bajo la dominación directa de la escasez irremediable.

El derroche siempre creciente en el sistema del capital -con sus catastróficas implicaciones finales-es inseparable del modo irresponsable con que son utilizados los bienes y servicios producidos, en función de la expansión lucrativa del capital. Perversamente, cuanto más baja sea la tasa de utilización de bienes y servicios, más crecen las condiciones para su reemplazo lucrativo, lo que constituye un absurdo derivado del alienado punto de vista del capital que es incapaz de trazar alguna distinción significativa entre consumo y destrucción. Pues la completa destrucción derrochadora calza adecuadamente con la demanda que requiere el capital auto expansivo para un nuevo ciclo lucrativo de producción, tanto como lo podría hacer el consumo genuino que corresponde al uso.

Sin embargo, el momento de la verdad llega cuando debe pagarse un fuerte precio por la criminal e irresponsable administración del capital en el curso del desarrollo histórico. En este punto, pasa a ser absolutamente vital adoptar el imperativo de una tasa de utilización cada vez mejor e incomparablemente más responsable de los bienes y servicios producidos, y realmente producidos conscientemente teniendo ese objetivo en mente, en relación con necesidades y usos cualitativamente humanos. Pues la única economía viable -la que economiza significativamente y es por eso es sustentable a corto y mediano plazo- sólo puede ser un tipo de economía administrada racionalmente, orientada hacia la utilización óptima de los bienes y servicios producidos. No puede haber crecimiento sustentable de ningun tipo por fuera de estos parámetros de administración racional orientada por genuinas necesidades humanas.

Como ejemplo de importancia crucial de lo que en este terrano está irremediáblemente equivocado bajo la dominación del capital, pensemos en el modo en que nuestras sociedades utilizan una cantidad vada vez mayor de automotores. Los recursos malgastados en la producción y mantenimiento de los automotores son inmensos bajo el "capitalismo avanzado" y representan en cada hogar el segundo más alto gasto (después de las deudas hipotecarias). Sin embargo y absurdamente, la tasa de utilización de los coches es inferior al 1% con la falsa justificada de los derechos de posesión exclusiva conferidos a sus compradores. Al mismo tiempo, alternativas reales perfectamente practicables no son meramente desdeñadas sino activamente saboteadas por los concentrados intereses de corporaciones cuasi-monopólicas. Pues la simple verdad es que, lo que los individuos necesitan (y no tienen, a pesar de las pesadas cargas financieras que se les impone) son servicios de trasporte adecuados y no esa mercancía económicamente despilfarradora y ambientalmente dañina que, además, les hace perder incontable cantidad de horas de sus vidas en insalubres congestionamientos de tránsito.

Evidentemente, la alternativa real sería desarrollar un trasporte público a un nivel cualitativamente más alto, satisfaciendo criterios económicos, ambientales y de salud personal contemplados en el horizonte de ese proyectos racionalmente perseguidos, limitando al mismo tiempo el uso de los autos -poseídos colectivamente y adecuadamente distribuidos, y no ya exclusivamente/derrochadoramente poseídos. De tal modo, las mismas necesidades de los individuos -en este caso la necesidad genuina de servicios de trasporte adecuados- determinaría las metas de vehículos e instalaciones de comunicación (como caminos, redes ferroviarias, sistemas de navegación) a ser producidos y mantenidos, de acuerdo con el principio de utilización óptima, en vez de que los individuos sean completamente dominados por la fetichista necesidad del sistema establecido de lucrativa pero en definitiva destructiva expansión del capital.

La cuestión inevitable pero hasta ahora tendenciosamente esquivada de la economía y en correspondencia con las consideraciones presentadas en este artículo, debe ser enfrentada en un futuro muy cercano. Porque en los llamados países del tercer mundo es inconcebible seguir el patrón de "desarrollo" derrochador del pasado bajo la dominación del modo de reproducción social metabólica del capital, que de hecho los condenó a las precarias condiciónes de hoy,. El fracaso estridente de las promocionadas "teorías de la modernización" y sus correspondientes encarnaciones institucionales demostró claramente la inutilidad de ese enfoque.

Es urgente enfrentar los problemas

Al menos en un aspecto hemos sentido una alarma sobre esto -claro que, sugestivamente, presionando al mismo tiempo con la afirmación y absoluta preservación de los privilegios de los países capitalistas dominantes. Hay preocupación por la creciente necesidad internacional de recursos energéticos y la intervención competitiva de algunas economías potencialmente inmensas, sobre todo China, en el el proceso en curso. Hoy esa preocupación se centra primordialmente en China, pero en el debido momento se agregará también la India a la lista de grandes países que inevitablemente presionarán por esos vitales recursos energéticos. Y cuando agregamos a China la población del subcontinente indio, estamos hablando de más de dos mil quinientos millones de personas. Naturalmente, si realmente siguieran la otrora propagandizada receta de Las etapas del crecimiento económico [8] y su burda defensa del "crecimiento capitalista que conduce a la madurez", las consecuencias para todos serían desvastadoras. Porque una sociedad de dos mil quinientos millones de personas plenamente motorizada según el modelo norteamericano de "desarrollo capitalista avanzado" con más de setecientos coches por cada mil personas, significaría que todos estaríamos muertos mucho antes a causa de los beneficios "modernizantes" de la contaminación venenosa para no mencionar el agotamiento total de las reservas de petróleo del planeta en un abrir y cerrar ojos. Pero esta misma señal indica, en un sentido opuesto, que nadie puede seriamente imaginar que esos países podrán ser indefinidamente relegados a su posición actual. Imaginar que dos mil quinientos millones de personas en China y el subcontinente indostánico podrían estar condenadas para siempre a su afligente situación, y de una u otra manera sometidas todavía a una fuerte dependencia respecto a las partes mas avanzadas del mundo desde el punto de vista capitalista, desafía toda credibilidad. La verdadera cuestión es si la humanidad puede encontrar una solución racionalmente viable y verdaderamente justa a la legítima exigencia de desarrollo social y económico de los pueblos en cuestión. De otro modo, la competencia antagónica y la lucha destructiva por los recursos serán el camino del futuro, porque esto es compatible con la estructura orientadora y los principios operativos del modo de control socio-reproductivo del capital.

Otra cuestión por la cual aparece en nuestro horizonte el imperativo absoluto de adoptar un modo cualitativamente nuevo de organizar la vida económica y social concierne a la ecología. Pero una vez más, el único modo viable de enfrentar los crecientemente graves problemas de nuestra ecología global -si quisieramos enfrentar de manera responsable el agravamiento de los problemas y las contradicciones de la casa planetaria, desde sus impactos directos en cuestiones vitales como el calentamiento global, hasta las demandas más elementales de agua limpia y aire respirable- es conmutar desde el orden existente de admiinistración derrochadora de la cuantificacion fetichista hacia uno genuinamente orientado hacia la cualidad. En cuanto a esto, la ecología es un aspecto importante pero subordinado de la necesaria redefinición cualitativa de la utilización de bienes y servicios producidos sin lo cuale la defensa de una ecología permanentemente sustentable para la humanidad -lo que es un absoluto debe- no será mas que una esperanza piadosa.

El último punto a enfatizar es que la urgencia para enfrentar estos problemas no puede ser subestimada y mucho menos minimizada, dados los intereses adquiridos del capital, sostenido por sus formaciones de estados imperialistas dominantes en insuperables rivalidades entre sí. Irónicamente, aún cuando hay tanta habladuría propagandística acerca de la "globalización", las exigencias objetivos de hacer funcionar un orden intercambio sociales racionalmente sustentable y globalmente coordinados son constantemente violados. Sin embargo, dado el presente estadio de desarrollo histórico, la verdad que no se puede callar es que con respecto a todas las cuestiones mayores que hemos estado discutiendo en este artículo, debemos estar realmente preocupados por los desafíos globales que se agravan y que requieren de soluciones globales. Sin embargo, nuestra preocupación más grave es que el modo social de reproducción metabólica del capital -en vista de sus inherentes determinaciones estructurales antagónicas y de sus manifestaciones destructivas- no es para nada susceptible a soluciones globales viables. El capital, dada su naturaleza inalterable, no es nada a menos que prevalezca en las formas de dominación estructural. Pero la otra dimensión de la dominación estructural es la subordinación estructural. Este es el modo en que siempre funcionó y debe intentar funcionar el modo social de reproducción metabólica del capital, trayendo consigo las más devastadoras guerras de las que hemos tendido bastante más que una muestra en nuestro tiempo. La afirmación violenta de los imperativos destructivos del imperialismo hegemónico global a través del antes inimaginable poder destructivo de los Estados Unidos como el hegemon global no puede traer soluciones globales a nuestros problemas exacerbados sino solamente el desastre global. De ahí que la inevitable necesidad de corregir estos problemas globales de un modo históricamente sustentable pone en el orden del día el desafío del socialismo en el siglo XXI -la única alternativa hegemónica al modo de control social metabólico del capital.


Publicado en dos partes por razones de espacio, fue publicado por Monthly Review, mayo 2007 http://www.monthlyreview.org/; Traducción de Federico García Morales para Globalización http://rcci.net/globalizacion/2007/ ;revisada para Herramienta por Aldo Casas.

[1] Vadim Medvedev, "The Ideology of Perestroika", en Perestroika Annual 2, Abel Aganbegyan (ed.), Londres, Futura/Macdonald, 1989, págs. 31-32.

[2] The Road to Serfdom: título del mas famoso libro de la cruzada anticomunista de Hayek.

[3] Gorbachov, citado en John Rettle, "Only market can save Soviet economy", en The Guardian, 17 de octubre de 1990.

[4] Marx, Miseria de la filosofía, Buenos Aires, Ed. Cartago, 1987, pags.49/50. Ver sobre estos temas "El sistema comunal y la ley del valor", "La tasa de utilización decreciente bajo el capitalismo" y "La tasa de utilización decreciente y el Estado capitalista: el manejo de la crisis y la autorreproducción destructiva del capital" (Capítulos 19, 15 y 16 de Más allá del capital).

[5] K. Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858, vol. 2. Buenos Aires, Siglo XXI, 1972, pág. 232.

[6] Ibid.

[7] C. Marx, Critica del Programa de Gotha, Buenos aires, Organización Editorial, 1971, pag. 24.

[8] Walt Rostow, The Stages of Economic Growth: A Non-Communist Manifesto (Cambridge: Cambridge University Press, 1960).