El "Que Se Vayan Todos" y las "Asambleas Populares" en Ecuador

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Autor(es): Alfaro, Eloy, Corral, Luís, Hidalgo Flor, Francisco

"Nuestros sueños no caben en sus urnas;

La lucha nos da, lo que las urnas nos quitan"

Graffitis en Quito.

 

Las movilizaciones sociales entre febrero y abril del 2005, que fueron determinantes para el derrocamiento del presidente Lucio Gutiérrez, trajeron consigo, junto a la de "Lucio Fuera", la consigna de "Que Se Vayan Todos" y una propuesta organizativa: las "Asambleas Populares". No son meras imitaciones, ganan significado en el marco de las dinámicas propias del proceso político en Ecuador: bastó que los primeros en poner en circulación estos planteamientos, como el Foro "Ecuador alternativo", hayan tenido como referente procesos similares vividos en Argentina en el año 2002 y 2003, mas adquirieron una dinámica propia, ecuatoriana, conforme los sectores que se lanzaban a la acción directa las hacían suyas.

El "Que Se Vayan Todos" echó raíces sobre la base del profundo desprestigio de los partidos políticos, a partir de los comportamientos de los diputados en el Congreso Nacional y de los funcionarios del gobierno de Gutiérrez: las componendas, los pactos, los repartos de cargos y canonjías, descarados y desembozados.

Una condena ética ante la "escena obscena", como la calificó el sociólogo Moreano. Mas no se reduce a una respuesta a la coyuntura inmediata, responde a la experiencia de casi una década y se remonta hasta los derrocamientos de Abdalá Bucaram (1998) y de Jamil Mahuad (2000), sustituidos por regímenes que se convirtieron en continuistas de las mismas políticas, y lo que es peor, agudizaron los mecanismos clientelares y corruptos del sistema político imperante. El "Que Se Vayan Todos" emerge como alternativa válida a una crisis extensa en las pretensiones hegemónicas del proyecto neoliberal y a la podredumbre del conjunto de los partidos políticos. Desde 1996, con los juicios levantados contra el ex-Vicepresidente Alberto Dahik, hasta el presente caso de Gutiérrez en el 2005, todos los mandatarios han terminado condenados por la opinión pública y encausados por corrupción.

A su vez, las "Asambleas Populares" surgieron como respuesta a la crisis de representatividad y legitimidad de los partidos políticos, pues en la última década estos dieron pruebas evidentes, ante la faz pública, que actuaban de acuerdo a intereses particulares: en unos casos de grupos bancarios, en otros de comerciantes pudientes, o incluso respondiendo presiones corporativistas y clientelares. Los partidos no son democráticos, actúan según ordenes de sus dueños y los circuitos dirigenciales son de gente mediocre cuya mayor virtud es el servilismo. En este contexto de agitación social, de un debate político intenso, de una extendida conciencia social de "no más de lo mismo, ni a los mismos de siempre", es que empiezan a surgir las "Asambleas Populares", como búsqueda de espacios democráticos, donde los movilizados puedan expresarse, hacer escuchar su voz libremente y deliberar sin ataduras dirigenciales que son sospechosas de una constante actitud manipuladora.

Las movilizaciones de abril promovieron no solo un nuevo derrocamiento de un Presidente electo (¡el tercero consecutivo en menos de diez años!), sino una propuesta política innovadora, que supera las tradicionales "plataformas de lucha" de los gremios, y los reacomodos de las fuerzas políticas a lo interno del sistema político, proponiendo un cuestionamiento al conjunto del sistema político presidencialista, autoritario, vertical, corporativo y corrupto del Ecuador. Simultáneamente, existen limitaciones que vale la pena señalar: los sectores movilizados fueron mayoritariamente de las clases y capas medias de la ciudad capital; no fue un fenómeno nacional y tuvo poca presencia de las organizaciones tradicionales obreras, campesinas e indígenas; se producen en un marco discursivo que apela mucho a los conceptos de ciudadanía y sociedad civil, rechazando la organización partidaria incluso la de izquierda ortodoxa; es un proceso en ciernes que emerge a inicios de abril y, por lo tanto, con poca experiencia política. Pero son vientos frescos ante el escenario de compra y venta de conciencias que caracterizó al gobierno de Gutiérrez.

Este es un artículo escrito a tres manos, en donde cada uno de los autores conserva su propia dinámica, mas aspiran a presentar visiones coherentes que ayuden a entender este nuevo momento del proceso de lucha social en el Ecuador, proceso cuyo denominador común en los últimos diez años es la incesante búsqueda de cambios en las esferas política, económica y social, pero sin tener muy claros los caminos a seguir.

 

Uno:

Apuntes sobre una Revuelta Democrática que trastoca el tablero político 

Abril del 2005 en Ecuador será recordado como el mes donde se concentraron una serie de conflictos sociales. En ese contexto, desde algunos gobiernos locales identificados con la socialdemocracia (partido Izquierda Democrática, en Ecuador), se planteó para el día 13 la realización de un Paro, principalmente en Quito. La violenta y brutal represión de ese día hizo que, a través de los medios de comunicación, la movilización no apareciera contundente y se mostrara el fracaso del paro. Para ese momento, ya el pueblo de Quito había sacado a empujones a las autoridades que convocaron a la movilización (el Alcalde Paco Moncayo y el Prefecto, así como otros dirigentes de izquierda que se encontraban del lado del gobierno) y encabezaban la marcha, pues era evidente que no tenían capacidad de dirección, y menos aún responsabilidad, frente a la población que heroicamente resistía la violencia estatal.

Dado que el pueblo no tenía los medios para confrontar a la policía y sostener la lucha, se debió crear otra estrategia desde el mismo pueblo, que se auto convocó a través de radio la Luna a continuar la jornada de lucha, en los barrios y plazas de la ciudad, aplicando el escrache. Se había decidido que la principal arma serían la cacerola y la voz:

"que se vayan todos, primero el dictador"

"ni un presidente, ni uno más, vamos a crear la Asamblea Popular",

"y donde está que no se ve, el dictador del Coronel".

El mejor momento sería la noche: que nadie se quede en la casa era la consigna. Con esta estrategia se logró romper el discurso oficial de "hay que trabajar para producir y no salir a protestar, pues el país necesita trabajo y no paros". La noche se convirtió en cómplice de la movilización y el mejor momento para tomarse la calle. Esa noche del 13 de abril, día del maestro ecuatoriano, la población de Quito dio una cátedra de dignidad a la tradicional clase política, intelectual y social, planteando escenarios diferentes de lucha y estrategias novedosas de resistencia. "El reventón", "el cacerolazo", "el rollazo", "el golpe de estadio", "el mochilazo", fueron los nombres para las distintas formas de protesta en los ocho días que duró la movilización, basadas principalmente en la irreverencia y que provocan una reacción que se concretó en la presencia masiva de la población.

 

La irreverencia al Poder: Callarse es morir en el intento 

La irreverencia que cuestiona y se burla del Poder parece ser una de las grandes lecciones que deja la forma de lucha del pueblo de Quito. Esta irreverencia se expresó de múltiples maneras, con cantos, graffitis, bromas, etcétera. Sin humor, la caída de Gutiérrez (y la de los últimos presidentes) no habría sido posible. La fiesta, aquella que ocupa la calle, se convirtió en estrategia de lucha. ¿Pero que significa el humor como elemento fundamental en los procesos de resistencia y lucha en el Ecuador de la última década? Esta es una pregunta compleja, para la cual podemos ensayar algunos elementos de respuesta.

Según algunos estudiosos del mundo Andino, entre ellos Enrique Hurbano, el humor, la mofa, lo lúdico, la fiesta, la posibilidad de volver el mundo al revés cada cierto tiempo (como en los carnavales o el año viejo), es parte de un complejo social, cultural, simbólico y político, que se ha construido y mantenido históricamente, y se encuentra en nuestro inconsciente colectivo. Según este autor, lo lúdico, la broma, el chiste, la máscara de doble lado, serían la forma pacífica en que las sociedades andinas resistieron a la opresión española, la manera como se transferían conocimientos, se cuadraban matrimonios, es decir, se conservaban las formas sociales (sus instituciones y sus símbolos) expresadas de manera sincrética. Sólo disfrazándose como español se podían burlar de él, cosa imposible de manera cotidiana.

Pero la irreverencia no sería sólo una forma de resistencia, sino también un mecanismo para romper con los convencionalismos (en los momentos más serios, incluso por ejemplo incluso en los velorios, no falta un bromista). La combinación de estos aspectos de la cultura andina, de alguna manera se ve expresada en el abril de los forajidos, que fue también un espacio burlesco, que rompía con la formalidad de la lucha / combate según el formato y la simbología de la izquierda y que recuperaba otros tonos, igual de válidos, igual de efectivos. La virtud de estos momentos es que reconfiguran la realidad, dándole más sentidos, más temas, más razones para vivir. Otro elemento que nos deja la irreverencia como forma de resistencia es la lucha desde la alegría, y no solamente desde el sacrificio (que fue como nos enseñó la izquierda) y, a través de esta alegría (la de los niños, de los vecinos), interpelar a los responsables de la situación socio política, de forma burlesca, osada, irreverente, sacándolos representados como monigotes, bajándolos de su curul a la plaza de barrio, poniéndolos de igual a igual, es decir des-sacralizándolos: como diría Galeano "haciéndolos mortales".

 

"a la guan, a la tu, a la tri y a la for, soy forajido"...

Así empieza el texto de la canción símbolo de las luchas de abril, que compuso el cantautor y director de radio la Luna Ataúlfo Tobar. La idea surgió cuando el jueves 14 el ex presidente, en rueda de prensa, denunció que un grupo de "forajidos" fue a su casa a interrumpir el sagrado sueño de su familia. Lucio hacía referencia a la estrategia del escrache que hacían los vecinos del barrio donde él vivía. El término forajido es un término militar (muy usado por el ejército para referirse a la subversión y a todo aquello que se le parezca), pero además hace referencia a las personas que huyen y no dan la cara... La humanidad ha sido testigo de hechos parecidos, por ejemplo cuando en el imperio Romano la revuelta de los esclavos terminó con el grito de "todos somos Espartaco", o cuando en el México del EZLN el Estado anunciaba que ya se conocía la identidad del sub Comandante Marcos, la ciudad entera se movilizó con capuchas diciendo "todos somos Marcos". La historia del Ecuador recoge una sola vez un hecho así, cuando Fernando Daquilema, indio concierto de las haciendas de Chimborazo, se levantó contra el Estado y en una lucha con ribetes anti sistémicos quiso fundar una nueva Nación: los indios, para defenderlo, caminando a la muerte gritaban "todos somos Daquilema". En el abril del 2005, el pueblo de Quito, ante la ignominia de un gobierno despótico, dijo de todas las formas posibles "todos somos forajidos".

Eran las 20:00 hs. del viernes 15 de abril cuando los noticieros se interrumpieron. Lucio Gutiérrez, junto con el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, decretaba el Estado de Emergencia Nacional y disolvía la Corte Suprema de Justicia. La medida significaba el inmediato toque de queda y la supresión de todos los derechos a la ciudadanía. Intentaba, sobre todo, frenar la serie de movilizaciones nocturnas que se venían dando y que obviamente no le dejaban dormir. La población, lejos de amedrentarse, se volcó a la calle y durante la noche, en distintos puntos de la ciudad, salía para demostrar que ya no le creían al dictador, que ya le perdieron el respeto. Muchas de las consignas de esa noche eran:

"estado de emergencia, jaja, jaja"

"estado de emergencia, es hambre y violencia"

"a la policía le quedan dos caminos, estar junto al pueblo o ser sus asesinos"

Al medio día del sábado 16, cuando la gente se hacía presente en las calles, Gutiérrez derogó el Estado de Emergencia. El argumento para ello fue que se había cumplido con el objetivo... El estado de emergencia había caído, al igual que la hasta entonces "férrea estructura de mando militar". El pueblo siguió en la calle.

 

La izquierda en entre dicho 

Es cierto y no hay como negarlo, que entre los forajidos, también hay for - ágiles que están pescando a río revuelto y así generando un proceso sistemático de lucha anticomunista, y a través de esto procesos peligrosos de conservadurismo. Dejar pasar esto o pensar que no es así, nos convertiría en fora - giles. Por ello, la primera tarea para la izquierda a partir de las movilizaciones de abril es combatir a capa y espada este posicionamiento anticomunista. Los hechos de abril también son un fuerte campanazo contra la izquierda, para que reaccione. Esa izquierda que se revolcó y embarró en la cloaca de la institucionalidad, creyendo que con eso generaba condiciones para la revolución: pero con ser parte, lo que hacía es mantener el Estado de Derecha. Con todo ello, se confirmó la máxima que "no hay peor ciego que el que no quiere ver": y la izquierda del Ecuador no quiere ver, oír, sentir. Esto ameriza un análisis mas profundo.

Por lo general los suicidas no cavan su propia tumba, pero los partidos de izquierda del Ecuador (PSE; MPD, MUPP) sí lo hicieron. Pero en esto hay que estar claros: son los partidos de izquierda, no la izquierda, ni el comunismo, ni el marxismo, ni el pensamiento de izquierda el que se enterró, pues este pensamiento no era y no es propiedad privada de aquellos "zurdos" que intentaron "representarnos" en la institución.

Otro aspecto es creer que solo en las estructuras del partido se tiene la verdad: "somos la vanguardia obrera", somos "la única izquierda revolucionaria". Es necesario distinguir entre individuos orgánicos y los inorgánicos (que no por no pertenecer a un partido dejan de ser de izquierda, ni son menos comprometidos), y la una disyuntiva que se genera, la izquierda orgánica no ha logrado recoger el pensamiento de izquierda no orgánica, no lo representa, no trasciende. Las ideas renovadoras de avanzada, transformadoras, revolucionarias, no perméan las estructuras férreas y cerradas de los partidos que, por su lectura de la realidad, aún tienen una lógica sectaria, compartimentada, verticalista. Por tanto, se es de izquierda, pero no se puede participar en ella. La posibilidad de pertenencia es incluso vista como propiedad privada, en la cual los no organizados no tienen cabida.

La izquierda ecuatoriana que ha enarbolado la revolución como instrumento para el cambio, no ha sabido ejecutarla en sus propios pensamientos y estructuras. Es urgente por tanto, vivir un proceso de revolución en las ideas y prácticas de la revolución que ha desarrollado la izquierda en la última mitad de siglo. La organicidad debe plantearse lecturas más autocríticas: que no se siga reproduciendo el modelo en el que los orgánicos se escuchan así mismos, y no aceptan sugerencias o propuestas que no vengan de si mismos.

Otra constatación que deja abril es que las organizaciones de base de los partidos zurdos (sindicatos, estudiantes, campesinos, etcétera) no son suficientes para representar y recoger los sentidos reivindicativos de la población. El pueblo no agremiado, recoge y recupera el sentido de dignidad y lucha por la justicia profundizando las reivindicaciones de la izquierda, pues estas no son propiedad privada de los partidos.

Una constatación de lo anterior es que las estructuras organizativas significaron un freno a las intenciones de lucha y transformación de la mayoría de la población. Es por ello que los sectores que tradicionalmente encabezan las luchas populares -la izquierda con sus organizaciones de base- no tuvieron presencia orgánica en las movilizaciones que acabaron con Gutiérrez. Muchas personas sindicalizadas o agremiadas asistieron a las jornadas de lucha sin sindicato y sin dirigentes. Es decir, muchas personas saltaron la valla de las estructuras partidarias y de otras estructuras jerárquicas (el jefe, el dirigente, el hombre, etcétera). Eso explica también la presencia masiva de distintos actores en la calle, como la familia que enriqueció sus lazos de unión, que fortaleció vínculos en circunstancias en las que antes no había compartido (la lucha política por la dignidad).

Queda claro que pelear por el Estado, desde el Estado y la institucionalidad burguesa, no es el camino. Quienes defienden esa como la estrategia a seguir por las organizaciones de izquierda, no deben ser consideradas como tales. Las movilizaciones de abril y en especial el repudio al gobierno de Gutiérrez lograron algo que la izquierda no logró hacer: tener un amplio sector de la población politizada, interesada por la situación del país y con opinión y voz propia. Como parte de esto podemos destacar el papel de los niños, que salían tomados de la mano con sus padres, pero con su propia voz; lo que los pequeños decían, era producto de las discusiones familiares, de lo que oyeron en la calle o en la tele, y por primera vez aparecían como actores de una lucha como esta.

Por otro lado, esta fue una alfabetización política intensiva y masiva. Lo que no logró el movimiento de abril (entre muchas otras cosas) es cuestionar las estructuras sociales de clase que sostiene el status quo. Por ello es necesario profundizar en los motivantes de la lucha, darle un carácter adecuado, transformador, para, a partir de abril, ir construyendo una sociedad nueva. A partir de abril, ir construyendo las condiciones para los cambios que deseamos, que solo son posibles rompiendo las estructuras de clase.

Como nunca antes, se evidenció una lucha de sentidos en las jornadas de abril. Esto, por que se puso en escena toda la capacidad humana creadora, como lo evidenció el que lo que más se ejercitó fue el derecho a hablar, sin necesidad de teorizar, sin que se tuvieran los "elementos políticamente correctos" para hablar, entendidos estos como categorías marxistas o sociológicas. No eran los "cuadros", "los intelectuales", "los teóricos", los que decían que hacer o por donde ir. Eran las amas de casa, el señor de la tienda, la ejecutiva y la secretaria las que interpelaban el sistema, desde su sentir y desde su actuar cotidiano, usando pitos, ollas o el humor; burlándose del machismo y de los machos, de los líderes y del liderazgo.

Podemos decir que el papel que jugaron los actores políticos (de derecha e izquierda) durante el gutierrato, abre un debate fresco sobre el quehacer político y de la política en el Ecuador. Este debate es altamente necesario y positivo y genera muchas expectativas para los sectores de izquierda. Esto, mirándolo desde las posibilidades de construcción de un bloque popular que en realidad transforme las condiciones para las clases subalternas, es altamente positivo. La duda surge en cuanto a tener la capacidad para cosechar a partir de estas excelentes condiciones: el tiempo lo dirá.

 

Dos:

Del ¡Fuera Todos! a las Asambleas Populares

Para poder interpretar adecuadamente el momento histórico que vivimos en Ecuador y, desde esta perspectiva, analizar el alcance y límites de las asambleas y de los procesos post rebelión, necesitamos un enfoque con el cual mirar, analizar, criticar (aunque sea en forma provisional) la realidad y, al mismo tiempo, con el cual alumbrar los siguientes pasos. Esto es, poner de manifiesto una actitud, una opción política, desde la cual realizar este ejercicio.

En ese sentido, planteo de partida que prefiero una lectura de los acontecimientos de abril desde una perspectiva abierta, no cerrada ni definitiva. Si bien entiendo al poder y a sus estructuras con una gran capacidad de reacomodo y refuncionalización, dentro de este marco las veo también como móviles y contingentes. Y en coyunturas como las presentes, incluso frágiles. Veo también a los pobladores y a las organizaciones sociales en su calidad de sujetos políticos: constructores de la sociedad, entes históricos, con conciencia y proyección política. No como seres inertes. No como seres vacíos de conciencia, crítica y memoria. Seres apresados, sí, por una realidad económica cada vez más aplastante, pero finalmente con una conciencia de sí, para sí y para el otro.

Entiendo a la rebelión del 20 como una fisura que se abre en las estructuras del poder. Lo que, definitivamente, no asegura en lo más mínimo transformaciones de las mismas. En el momento en que estas fisuras se cierren, el poder hegemónico se consolidará con más fuerza o, por el contrario, se abrirá la pauta para el inicio de un proceso de resistencia más activo. Todo dependerá de cómo continúen estas batallas. Todo dependerá de cómo interpretemos y cómo nos miremos, todos y cada uno, dentro de este nuevo contexto.

 

20 de abril: reconciliación simbólica del mestizo con su ascendente rebelde indígena; ¡hacia la constitución de la Comuna de Quito!

Desde que se inició la rebelión (algo sobre lo cual no hay un consenso definitivo, pero digamos desde el 16 de febrero, cuando la población de Quito llegó masivamente a la Plaza de San Francisco y con su grito "Fuera Lucio", dejó pasmados a los convocantes que recibieron ya sus primeros gritos de desaprobación), se puede observar todo un giro progresivo, aparentemente espontáneo, desde ese grito inicial, hasta el multitudinario "Fuera Todos" y "Asambleas Populares", que fueron los gritos con los que se concluye y al mismo tiempo se abre un nuevo momento histórico del país.

Detrás de estas consignas hay por un lado una crítica muy radical al sistema político vigente, al sistema de representación, a la forma como ha sido secuestrado el poder por unos pequeños grupos oligárquicos, que han monopolizado las estructuras partidarias, para representarse a sí mismos y a sus intereses o a sus grupos de influencia, en detrimento de los intereses de la población en su conjunto. Detrás de estas consignas, que toman cuerpo en la conciencia de un pueblo que ha sido testigo y parcialmente protagonista de dos caídas presidenciales, con un sentimiento acumulado de frustración frente a cambios de gobierno sin que se hayan modificado las estructuras de poder real, hay por otro lado un deseo impostergable de participación directa en las principales decisiones del país. ¡Se acabó la democracia representativa y empieza la democracia directa! Y ello se expresa en el deseo de "asamblear", constituirse en un comité, en una comuna, que delibere, discuta, llegue a acuerdos, canalice adecuadamente los desacuerdos, y que influya en la política nacional y local. ¡Esto supone una crítica radical al poder y, específicamente, a la forma occidental de poder!

El 19 y 20 de abril del 2005, noche y día de luna llena, le sucedió al 20 y 21 de enero del 2000, otra noche y día de luna llena. La rebelión indígena continúa con la rebelión urbano mestiza. Existe un vínculo no solo cósmico entre estos dos momentos: el vínculo es muy fuerte en términos de lo que se podría denominar un encuentro étnico-cultural entre los indígenas y los mestizos. En esta ocasión los mestizos (con todas las contradicciones dentro de su interior o, si se quiere en forma más precisa: un sector importante de mestizos) le toman la posta a los indígenas y retoman una de sus instituciones simbólicas por excelencia: la comuna, la auto convocatoria, la democracia directa, con una nueva forma de poder y representación. Y se plantea que la reformulación de la política se haga en función de este principio: el gobierno desde abajo, los gobernantes deben mandar no mandando (como han estado acostumbrados) sino obedeciendo. Y por otro lado, dentro de esta rebelión continúa -al menos por parte de un pequeño pero significativo grupo dentro del movimiento amorfo de los forajidos- una lucha antisistémica que había iniciado ya, hace más de una década, el movimiento indígena ecuatoriano.

 

Asambleas Populares: alcances y límites 

Detrás del "Fuera Todos" , el establishment, los diputados socialcristianos, las elites sociales, ven un riesgo de anarquía, de caos, de potencial destrucción de la república, lo que podría desembocar, considerando las fuerzas de poder real en una dictadura o en un escenario de alta violencia. Pero, ¿cuál es el camino "sensato", el trayecto "óptimo" para que se vayan todos, para la refundación del país?: a) entender que el gobierno de Palacio era / es un gobierno de transición; b) que debía / debe asegurar un proceso amplio de deliberación nacional sobre los grandes temas nacionales, lo que se iba / debe lograr a través del impulso de las asambleas populares; c) que iba / debe convocar a una consulta nacional sobre los temas claves; y d) que a partir del trabajo de las Asambleas Populares y de la consulta popular debía / debe convocar a una Asamblea Constituyente, sin la participación de partidos políticos, con el fin de sentar las bases de la construcción de una nueva sociedad.

Siendo este el marco en el que se conciben las Asambleas Populares, éstas efectivamente -luego del 20 de abril- se han dado en todo el país y, con mayor o menor organización espontánea, se enfrentan a una serie de dificultades. En esta oportunidad me referiré a dos en concreto, que se expresan en dos formas que adoptan las asambleas: por un lado, están las asambleas barriales, y por otro lado las asambleas que se han constituido por afinidades en función de dar una suerte de representación orgánica al movimiento forajido. El potencial y límite de las primeras formas organizativas gira alrededor de una temporalidad auto impuesta de mediano-largo plazo: para el sentir de los vecinos del barrio, el mandato hacia el nuevo Presidente es menos importante que el proceso mismo para consolidar una asamblea con representatividad y legitimidad, dentro de este marco surgen espontáneamente formas rotativas de vocería de coordinación; por otro lado, para éstas es fundamental entrar en un proceso lento de construcción de vida comunitaria, para el barrio, la intimidad, cotidianeidad del barrio: los problemas de seguridad, el manejo de basura, son temas primordialmente cruciales, frente a los cuales las reivindicaciones políticas pasan a segundo plano. En cambio, en las asambleas de forajidos se plantea como principal objetivo generar una influencia en el nuevo gobierno, determinar su agenda; en este intento se olvidan de la crítica a las formas tradicionales de hacer política, su principal motivación es construir un mandato y legitimarse frente a la sociedad como el grupo que representa el sentir de todos y todas. Esto ha hecho que se elaboren pliegos interminables de peticiones y exigencias, dentro del marco de una auto impuesta representatividad de los forajidos, a pesar de la profunda y generalizada crítica a las formas de representación.

El gran reto para los próximos meses es lograr articular las diferentes formas de asambleas, con sus distintos énfasis y prioridades, para lograr en el corto plazo tener una capacidad de incidencia, en la perspectiva de concretar el trayecto antes mencionado, para avanzar en la refundación del país; y por otro lado lograr, en el mediano y largo plazo, la construcción de una nueva cultura societal, basada en una democracia directa, sobre la base de potenciar las fuerzas creadoras del barrio y la comuna; esta direccionalidad colectiva que debe emerger y que permitirá que un sentido incluyente y de largo plazo recree la cotidianeidad de nuestra sociedad indo americana.

Quizás por ahí podamos, como ecuatorianos, alumbrar el impostergable proceso de la integración de los pueblos del Abya Yala.

 

Tres:

Repercusiones internacionales del "efecto Ecuador".

El análisis de las repercusiones internacionales del derrocamiento del gobierno de Gutiérrez lo haremos en tres niveles: proyectos estratégicos de los Estados Unidos, perspectivas en la región andina y aprendizajes para la izquierda.

El gobierno de Gutiérrez fue clave en el afianzamiento de las estrategias centrales definidas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América para la región. Esto es: en el plano militar, la aplicación del Plan Colombia, luego denominado Plan Patriota y, en el plano económico, los avances en la negociación del Tratado de Libre Comercio entre los países andinos y Estados Unidos. No en balde los más altos funcionarios de la administración Bush, inicialmente Powell y luego Condoleeza Rice, y los mandos militares como Rumsfeld y el Jefe del Comando Sur, expresaron reiteradamente respaldo a su administración.

La salida de Gutiérrez representa un revés para la política de la Casa Blanca en la región, porque ya no pueden contar con "su hombre" y deberán actuar a través de intermediarios, lo que provocará retardos en las metas trazadas. Pero también porque dentro del Ecuador recupera fuerza un discurso de soberanía nacional frente a Washington. En esa línea pueden entenderse declaraciones del nuevo canciller, un personaje de la vieja guardia nacionalista que pasó por cargos relacionados con las relaciones exteriores, exigiendo el cese a las fumigaciones en las zonas fronterizas colombo-ecuatorianas y abrir el debate respecto de la renovación de la base de Manta, que deberá resolverse en el 2009.

A nivel regional, se rompe el alineamiento Quito-Bogotá versus Caracas. El gobierno de Gutiérrez se caracterizó por un alineamiento total con el gobierno de Álvaro Uribe en lo que a comportamiento regional se refiere y dio claro respaldo al aislamiento del gobierno de Chávez. Un ejemplo es la apertura de negociaciones de TLC con los Estados Unidos, a espaldas de las resoluciones y acuerdos de la Comunidad Andina de Naciones, lo que implicaba poner entre la espada y la pared a Venezuela comenzando a construir aislamientos regionales. Los debates en la OEA en torno al reconocimiento del nuevo gobierno y aceptar el derrocamiento de Gutiérrez, siempre tuvieron como trasfondo el "sentar precedentes" ante un posible escenario de intervención en Venezuela y por ello el tema se convirtió en una "piedra en el zapato", pues obligó a Washington a "abrir cartas" que mantenía reservadas. Temen además que el "efecto Ecuador", esto es, movilizaciones sociales que aíslan a gobiernos corruptos deslegitimados conduciendo a su derrocamiento, pueda extenderse hacia Perú y Bolivia, países donde crece la protesta popular contra sus mandatarios, y ello acreciente la condición de "ingobernabilidad" de la región, en un contexto donde pareciera ser que el frente del Cono Sur es adverso parcialmente a Washington. En general, los mandatarios del continente han puesto "sus barbas al remojo" ante la eventualidad de revocatorias del mandato por la vía de movilizaciones sociales sostenidas que ganan consenso nacional.

Finalmente. el caso ecuatoriano llama a un aprendizaje de la izquierda, en especial aquella tradicional y oficial. A nombre de "aprender a moverse en el escenario nacional", los partidos que participan en el Congreso nacional y los gobiernos locales fueron haciendo suyos los mecanismos corporativistas y clientelares que caracterizan al sistema político ecuatoriano. En el Ecuador se utiliza la expresión "se subieron a la camioneta" para representar el "contagio" de las prácticas políticas propias de las estructuras partidarias montadas por las oligarquías.

Es verdad que la izquierda oficial estuvo impulsando la movilización social que se generó para los anteriores derrocamientos de los ex-Presidentes Bucaram y Mahuad, pero también estuvo en las negociaciones y repartos de sus sucesores. Así se produjo un sui generis proceso: mientras el sistema político se veía obligado a aceptar el derrocamiento de presidentes, al mismo tiempo implementaba mecanismos para asimilar a sus "códigos" a los sectores en lucha: perdía por una mano, pero ganaba por la otra. La ascensión al gobierno por parte de Gutiérrez, con apoyo del movimiento indígena y la izquierda oficial, fue el mejor ejemplo de aquello. Ni que decir de los nuevos apoyos a la mayoría oficialista de diciembre del 2004.

Durante esta década la izquierda oficial, en la práctica, aunque en la retórica dijera lo contrario, dejó de encarnar ese sentimiento social de "no a los de siempre, ni a la política de siempre", que se volvió a expresar en las movilizaciones de Abril del 2005, enriqueciéndose con el lema de "Que se vayan todos": ahora allí también están incluidos los parlamentarios de la izquierda oficial, que no fueron capaces de ser distintos a los parlamentarios de las diversas fracciones oligárquicas en pugna.

Aunque hay que reconocer que este no es problema solo de la izquierda oficial en el Ecuador, y ello se debe en parte a la incapacidad e imposibilidad de asumir un debate teórico y una transformación en la praxis. La otra parte es la pérdida de una ética revolucionaria, y eso es mas grave. Es muy débil el debate teórico apuntado a renovar un proyecto socialista en los nuevos escenarios de la composición y la lucha social, y una transformación en la praxis que construya una democracia radical a lo interno de la propia organización y quiebre los mecanismos de reproducción y cooptación desde el poder.