A los camaradas del Movimiento Sin Tierra: Ustedes están cultivando las semillas apropiadas

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Autor(es): Lebowitz, Michael A.

Queridos camaradas:

Tuve el privilegio de asistir a principios de esta semana a la apertura de la Escuela Nacional Florestan Fernández. Había leído sobre el MST y escuchado informes sobre vuestras reuniones, pero (como dice mi compañera Marta Harnecker) una cosa es conocer por la cabeza y otra muy diferente conocer por la cabeza y el corazón. Tuve algunas ideas sobre lo que vi y oí que hubiera deseado haber podido decírselas en ese momento, pero que me gustaría compartirlas ahora.

Varios oradores describieron problemas en la formación de cuadros en el pasado y hablaron acerca de la enseñanza, que no sería relevante para el desarrollo de los nuevos sujetos revolucionarios.

Mi primer pensamiento fue: ¿qué podría ser más relevante para la transformación de los seres humanos que la obra de Marx? A través de su obra pasa un hilo rojo, desde sus primeros escritos: el concepto de la práctica revolucionaria, ese cambio simultáneo de las circunstancias y el cambio de los hombres mismos. Una y otra vez vemos a Marx hablar acerca de cómo, a través de sus luchas, las personas cambian las circunstancias y se cambian a sí mismos.

Los sujetos humanos, formados bajo condiciones específicas pero transformando esas condiciones y a sí mismos a través de su propia actividad: he aquí un Marx totalmente relevante para las luchas de hoy.

¿Qué podría ser más relevante que aprender del mismo Marx que siempre aprendió de las luchas de los obreros? Desde su primera mirada al proceso liberador de los trabajadores uniéndose en la lucha hasta las lecciones que los obreros en la Comuna de París le enseñaron espontáneamente sobre la forma necesaria de un Estado obrero; este es un Marx para quien era obvia la importancia de las luchas desde abajo y la creación de espacios en los que los trabajadores y las comunidades pueden proceder a transformar las circunstancias y a sí mismos. Evidentemente, este es un Marx para las luchas de hoy.

Pero, ¿por qué esto no siempre fue obvio? ¿Por qué es que la gente (no sólo en esta escuela) podía hablar acerca de la educación para cuadros que no era relevante, que no enfatizaban la importancia de la transformación del sujeto humano? El Marx del que tantos de nosotros aprendimos era el Marx del desarrollo de las fuerzas productivas. Aprendimos que toda la historia giraba alrededor del desarrollo de las fuerzas productivas: fuerzas que eran sofocadas por las viejas relaciones de producción, o fuerzas productivas que eran alentadas por las nuevas relaciones de producción. ¿Qué le sucedió a la cuestión de la coincidencia del cambio de las circunstancias y el cambio de los hombres mismos? Silencio. Es como si la historia le hubiera jugado a Marx una trampa.

La historia en cuestión fue la de la revolución de Octubre, en lo que se convirtió en la Unión Soviética, un país mucho más atrasado que sus vecinos capitalistas. En ese cuadro, la tarea inmediata fue el desarrollo más rápido posible de las fuerzas productivas -sin consideración alguna por el carácter de las relaciones de producción ni del efecto sobre los sujetos humanos-. ¿Debería reducirse el ritmo? se preguntaba Stalin en 1931. Respondió: "No. Estamos entre cincuenta y cien años atrás de los países capitalistas. Rusia ha sido derrotada antes, y si no salvamos esa diferencia en diez años podría ser derrotada nuevamente". Este fue uno de los mejores pronósticos que se hayan hecho en la Unión Soviética: diez años después la invadió el ejército de la Alemania nazi.

Entonces, ¿deberíamos sorprendernos de que el marxismo adoptado y difundido en esa época se centrara tanto en el desarrollo de las fuerzas productivas? Para el marxismo oficial, la transformación de los sujetos humanos aparecía como el resultado de un efecto de derrame: se suponía que las nuevas fuerzas productivas seguramente liberarían al pueblo. Entonces, ¿podemos afirmar simplemente que esta fue una horrible distorsión de Marx? Sí y no. Es algo que he dicho en el pasado y que me gustaría poder continuar diciéndolo. Pero quizás las cosas son un poco más complejas.

A Víctor Serge, un anarquista partidario de la Unión Soviética en los primeros años, le preguntaron una vez si no estaban ya en Lenin las semillas de Stalin. Respondió: "En Lenin había muchas semillas". Quizás necesitamos reconocer que en Marx había muchas semillas; o al menos, varias. ¿Qué es lo que determina cuáles semillas crecerán? Quizás la combinación del medio ambiente histórico y el cultivo consciente de una semilla particular explica por qué floreció el centro en el desarrollo de las fuerzas productivas, mientras que se ahogó el énfasis en la transformación del sujeto humano, tan importante para Marx.

Pero, sin duda, el ambiente histórico ahora ha cambiado. Y pienso que el Marx que necesitamos hoy es el que enfatizaba la práctica revolucionaria. Este es un marxismo que puede jugar un importante papel en ayudar a los nuevos movimientos que están tratando de crear el mundo mejor que todos queremos. Pero también debemos reconocer que estos nuevos movimientos como el de ustedes también están sacando a la luz este costado de Marx, y ayudándolo a florecer. Un camarada en la escuela hacía hincapié en que un movimiento revolucionario necesita una teoría revolucionaria. De acuerdo. Pero nuestra historia demuestra que una teoría revolucionaria también necesita un movimiento revolucionario; necesita esas luchas desde abajo (como las de ustedes) que puedan cultivar las semillas apropiadas. Entonces, espero que en vuestra nueva escuela siempre tendrán en cuenta que esta teoría no es algo rígido y transmitida desde arriba, sino que existe en una dialéctica crítica de teoría revolucionaria y práctica revolucionaria.

Un saludo solidario,

Michael A. Lebowitz


Carta al MST de Brasil del 24 de enero de 2005. Enviada especialmente por el autor para su publicación en Herramienta. La traducción del inglés corresponde a Francisco T. Sobrino.