Homenaje a Paul Sweezy

Versión para impresoraEnviar a un amigo

Autor(es): Ticktin, Hillel

Ticktin, Hillel. Catedrático del Instituto de Estudios sobre Rusia y el Este Europeo del Centro para el Estudio de la Teoría y los Movimientos Socialistas de la Universidad de Glasgow, Escocia. Ticktin es además editor de la revista británicaCritique, fundada en 1973. Esta nota,gentilmente cedida a Herramienta por su autor, aparecerá en el próximo número de Critique.


Paul Sweezy falleció el 27 de febrero de 2004 a la edad de 93 años. La enorme influencia que ejerció sobre la izquierda y particularmente en la economía política marxista es indiscutible. En efecto, Sweezy dominó esa ciencia desde los años cuarenta hasta la mitad de los sesenta. Ha habido una cantidad de obituarios que hicieron un relato de su vida. He preferido describir su importancia para el marxismo, tal como yo la veo, a lo largo del último medio siglo.

Nacido en 1910, estudió economía en Harvard, graduándose con una tesis sobre monopolio y competencia en el comercio de carbón británico. Dejó Harvard sin obtener una cátedra permanente, a pesar del apoyo de uno de sus profesores, Schumpeter, y se consagró a las publicaciones de izquierda. Sweezy fue fuertemente influenciado por dicho economista y por las nuevas doctrinas keynesianas de la época. Schumpeter había tenido una breve participación en la revolución alemana de 1918 y era uno de los pocos economistas burgueses que estudiaban la economía en el largo plazo.

Paul Sweezy ejemplificó la naturaleza contradictoria de su tiempo. Evolucionó de un temprano apoyo al estalinismo a una posición más compleja. En ese primer período apoyó las purgas en la URSS. En efecto, cuando invité a Tamara Deutscher a formar parte del consejo consultivo editor de Critique, ella se negó sobre la base de que yo había invitado a Sweezy, y citó el segundo volumen de la trilogía de su esposo sobre Trotsky para confirmar que Sweezy había apoyado las purgas estalinistas. Yo no había tenido conocimiento de ese hecho anteriormente, puesto que para cuando apareció en escena Monthly Review, Sweezy se había vuelto crítico de la Unión Soviética.

Su Teoría del desarrollo capitalista dominó la enseñanza de la economía política marxista a partir de su publicación, durante la guerra. El libro mismo es claramente estalinista, aunque sin las citas de rigor. Predecía que tras la guerra, el continente europeo devendría socialista, considerando también claramente a la URSS como socialista. Aquí estoy usando la categoría "estalinista" en el sentido técnico de alguien que sostiene la doctrina del "socialismo en un solo país". En 1961 Monthly Review apoyó la construcción del muro de Berlín. Unos años más tarde Sweezy salió abiertamente a apoyar a Mao en China. También apoyó a Cuba como socialista desde el principio, pero luego retiró ese apoyo.

Al mismo tiempo, el libro le debe mucho al keynesianismo. Sweezy y sus compañeros, como Paul Baran, eran subconsumistas. Paul Sweezy es muy claro en su texto, al afirmar que la teoría de la tendencia descendente de las ganancias no es aplicable. También rechaza implícitamente la teoría de la desproporcionalidad, al presentar una descripción de su mecanismo que no difiere de el del subconsumo. Esto lo deja solamente con el subconsumo como un motivo para la crisis.

De hecho, amplió este aspecto, convirtiéndolo en una teoría de largo plazo de la naturaleza del desarrollo capitalista cuando él y Baran produjeron su muy influyente trabajo El capital monopolista. Él y Baran argumentaron que el capitalismo había entrado en una era de excedentes productivos, que sólo podía ser absorbido a través de una serie de formas de despilfarro. El argumento no se expuso en términos marxistas clásicos, y entonces los críticos pidieron saber de qué clase de excedente se trataba. Sweezy respondió que era nada menos que plusvalía. Pero el argumento del libro de Baran, La economía política del crecimiento, en donde el concepto había sido por primera vez acuñado, no podía ser sostenido en términos de valor.

Es evidente que el capitalismo moderno tiene una tasa de ganancia suficiente para producir una corriente de ganancias que no puede ser absorbida por el gasto productivo. Al mismo tiempo, el capital norteamericano no está dispuesto a aceptar niveles tributarios más altos para sostener un gran sector público que provea servicios gratuitos de salud y educación. Ni tampoco tiene intención de seguir aumentando los salarios reales en lugar de las ganancias. Sweezy concluyó por ello que el capital había inventado métodos altamente eficientes para absorber el excedente. Estos incluían los grandes gastos en publicidad directa e indirecta y en la maquinaria bélica. Tomó el ejemplo del automóvil, señalando cómo su costo podría ser una fracción de lo que es actualmente si se le quitaran los costos de venta implícitos.

Los críticos destacaron el hecho de que Sweezy no había usado categorías marxistas, y que su análisis era el de un keynesianismo de izquierda. Sus escritos, sin embargo, tuvieron dos grandes méritos. Primero, fueron ampliamente comprensibles, al mismo tiempo que, en segundo lugar, fueron siempre innovadores.

A pesar de su estalinismo, Sweezy produjo un análisis que fue más allá de éste. Todo el concepto del producto excedente había sido prohibido bajo Stalin, por la obvia razón de que los estalinistas no podían admitir que ese producto excedente era extraído a los trabajadores por el grupo dirigente de la Unión Soviética. De hecho, he conocido al menos a una persona que fue enviada a un campo de concentración por cinco años, por discutir en una conferencia ese tema, todavía en 1952. En los años veinte la discusión sobre el modo de producción asiático fue prohibida precisamente por la misma razón. Es evidente que Sweezy y Baran ignoraban esta historia y su concepto del excedente fue siempre vago permitiendo al lector comprenderlo tanto en un sentido keynesiano como en uno marxista. El término "excedente" deja pensar al lector en términos de dinero y precios más que de valor.

De todas maneras, su resurrección del concepto permitió su reintroducción al análisis marxista por un número de académicos, habitualmente no conscientes de la reaparición de esta categoría.

La plusvalía está claramente definida por Marx, como lo es la categoría más general del producto excedente, que circula a través de las diferentes formaciones sociales. Cuando formulé una teoría de cómo funcionaba la URSS, en 1972/73, utilicé el concepto de excedente derivándolo de Sweezy y Baran y luego pasé al concepto marxista del producto excedente.

El Capital de Marx habla de una contradicción entre valor de uso y valor de cambio y se entiende que el valor de uso circula a través de las formaciones sociales, mientras que la forma mercancía o valor de cambio es más o menos específica del capitalismo. La implicancia del análisis de Sweezy es que los valores de uso se alteran al estar subordinados a la forma valor de cambio. Los autos se diseñan de un modo particular para ser vendidos y se fabrican de modo tal que se vuelvan obsoletos rápidamente. Otros valores de uso como el armamento o la comida chatarra, son concretamente dañinos. Aunque Sweezy nunca analizó la economía en términos de contradicciones o de alteración de los valores de uso, su trabajo ayudó a los marxistas a avanzar en estas direcciones. Las implicancias son enormes y aún deben ser adecuadamente explicadas.

Conocí a Paul Sweezy por primera vez a principios de los setenta y lo invité a participar del consejo asesor de Critique, en el momento en que la publicación apenas estaba en proyecto, lo que aceptó, aunque renunció un año después. En esa época, mi propia concepción del consejo asesor era ingenua. Pensé en invitar a participar del consejo asesor a tres marxistas con diferentes puntos de vista para destacar la naturaleza no sectaria de la publicación. El problema fue que el proyecto fue explícitamente concebido para teorizar sobre la Unión Soviética, basándose en el conocimiento directo de la misma. Para este propósito era esencial el conocimiento del ruso, las publicaciones rusas y relaciones empíricas reales. Pero era evidente que desde los años treinta en adelante, la literatura de izquierda sobre la Unión Soviética era a menudo apenas algo más que especulación, o algo peor. Como resultado, no fue una sorpresa que mis escritos y la misma revista pronto colisionaran con los puntos de vista estándard. El nuevo punto de vista que adopté me sorprendió a mí tanto como a cualquiera. Sin embargo, para el mismo era esencial el concepto del excedente y por ello su predecesor y alter ego, el producto excedente, que como he indicado más arriba, yo había usado precisamente a causa del énfasis puesto por Sweezy y Baran sobre dicho concepto. En efecto, mi propia educación política le debía mucho a Monthly Review, que leía desde 1955.

Monthly Review atraía a aquellos marxistas que estaban a la izquierda del Partido Comunista. A veces ellos estaban en el PC y otras veces fuera. Su gran fortaleza era su naturaleza no sectaria, algo que Sweezy cultivó, incluso aunque claramente tenía un punto de vista crítico hacia los partidos comunistas y las organizaciones a la izquierda de éstos. Un segundo aspecto de su convocatoria residía en el hecho que Sweezy en particular efectuaba un abordaje fresco e innovador de la economía política marxista, que le permitía analizar el mundo contemporáneo de un modo mucho más significativo que los estalinistas o los marxistas a la izquierda de ellos.

En cierto sentido, fue un hijo de su tiempo y vivió a la altura de éste. En un período de predominio estalinista, los marxistas críticos de los partidos comunistas eran confinados a un limbo que pocos intelectuales e incluso pocos trabajadores se atrevían a pisar. Más allá de sus intenciones subjetivas, evitó la crítica abierta al estalinismo y pocas veces criticó a la Unión Soviética hasta que se hizo maoísta. Por el contrario, se concentró en analizar el capitalismo, algo que muy pocos marxistas parecían capaces de hacer de un modo sustancial, desde los tiempos de Lenin y Trotsky.

Su estilo fue siempre lúcido y fácil de seguir. Esto se vio muy favorecido por el hecho de que evitó la dialéctica y adoptó frecuentemente un análisis semikeynesiano. En él no eran necesarias las acciones de leyes, de esencias, o de los movimientos de los polos de una contradicción. (Cuando escribí una colaboración para Monthly Review, la rechazó precisamente porque usaba esa terminología y preguntó específicamente qué quería decir la expresión "nivel superior de contradicción". Se la expliqué, refiriéndome al hecho de que en un período de transición debían estar operando varios conjuntos de contradicciones, derivadas del viejo y del nuevo orden. Si bien tenía razón en pedir una detallada explicación de su significado, quedaba claro que ella se ubicaba absolutamente fuera de su forma de pensar).

Mientras los marxistas a secas, a diferencia de los marxistas de distintos aditamentos, son necesariamente expertos en dialéctica, el no dialéctico Sweezy era capaz de defender la fortaleza marxista de una manera notable precisamente porque no hubo otros economistas políticos marxistas de primer orden hasta inicios de los setenta. En un sentido, fue un marxista en una época de no marxismo, cuando los marxistas clásicos eran pocos en número y muchos de ellos estaban dedicados a la batalla por la propia subsistencia del marxismo.

Sweezy renunció como asesor al año siguiente de la aparición de la primera Critique y él mismo me lo justificó en una detallada carta y luego a uno de los editores de ese momento, David Ruben, quien lo visitó. (Los documentos de Critique se encuentran actualmente depositados en los archivos de la biblioteca de la Caledonian University de Glasgow.) Por lo que creí entender, había pasado a apoyar al maoísmo, considerando que la política debía estar al mando, por así decir, y que eso era de lo que trataba su carta. Sin embargo, creo que él probablemente se confundió acerca de la orientación de Critique, pensando que apoyaría a uno u otro grupo trotskista. En realidad, Critique jamás lo hizo. Pero indiscutiblemente Critique es antiestalinista, rechazaba el concepto del socialismo en un solo país, y encontraba mucho más para aprender en Trotsky, así como en los otros grandes marxistas.

En los setenta surgió una nueva generación de marxistas, y el más destacado entre ellos, Ernest Mandel. Mandel, de hecho, desarrolló la economía política marxista, tomando los temas de la época. Su libro rivalizó con el de Sweezy en influencia y su obra El capitalismo tardío labró un surco diferente. Mandel era un marxista ortodoxo y, como tal, fue el primero en producir una economía política para nuestro tiempo. Al mismo tiempo, otros socialistas comenzaron a desarrollar aspectos específicos de la teoría de la economía política marxista. No obstante, los libros de Sweezy aún permanecen en un lugar destacado porque tienen un rigor y una profundidad que a menudo faltan en Mandel, incluso cuando se equivoca. Creo que su visión del método de Marx es simplemente errónea y su comprensión de la crisis, mecánica. De hecho, en un sentido él es responsable del desarrollo de una amplia escuela de economía política marxista más mecánica que dialéctica. Sin embargo, el mismo hecho de que esté equivocado lo hace más digno de lectura precisamente debido a las virtudes aludidas más arriba. Sweezy tiene un rigor y una profundidad rara vez demostrada por sus sucesores.

En resumen, mientras que los marxistas genuinos mantuvieron vivo el marxismo como monjes custodiando la herencia en los oscuros días del dominio estalinista, Sweezy, Baran y la escuela de Monthly Review rompieron con los límites del estalinismo, a menudo a pesar de ellos mismos, y mostraron de lo que el marxismo podría ser capaz una vez eliminados sus límites estalinistas.


Esta nota,gentilmente cedida a Herramienta por su autor, aparecerá en el próximo número de Critique.