El marxismo occidental en Brasil

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Autor(es): Sader, Emir

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Las dos obras de Perry Anderson reeditadas en un único volumen resumen una visión -clásica, como referencia obligatoria- de la evolución del pensamiento marxista, que se volvió indispensable para dar cuenta tanto de la situación actual del marxismo, como también del pensamiento social en su conjunto. En primer lugar, por la trascendencia de los análisis y propuestas de Marx y de sus seguidores, más allá de las consecuencias históricas concretas que su pensamiento propició. En segundo lugar, porque el marxismo se convirtió en eje central de las mayores polémicas teóricas y embates políticos del último siglo y medio, debates y construcciones intelectuales que se hicieron dentro del marxismo, entre marxistas y sus críticos y entre estos, bajo el impacto, directo o indirecto del marxismo. En tercer lugar, porque Perry Anderson construyó un marco interpretativo, teórico y político, que permite dar cuenta del potencial, de los límites, de las contradicciones y del marco contemporáneo de la más expresiva y contundente formulación teórica y política que el pensamiento social consiguió elaborar.

En "Consideraciones sobre el marxismo occidental" (Siglo XXI Editores, Madrid 1979) analiza cómo el pensamiento marxista, formulado como instrumento de comprensión y de transformación intrínsicamente articulados, se fue modificando, enriqueciéndose pero, al mismo tiempo, auto limitándose bajo el impacto de la estalinización de los partidos comunistas y de la represión fascista, entre el final de los años 20’ y de la década del 30’. En este proceso la teoría y la práctica, indisociables en la teoría marxista y en la práctica de sus primeros exponentes, se fueron disociando, separando dramáticamente: la intelectualidad crítica de la práctica política, y los militantes y partidos políticos de la teoría crítica. Sin ese enfoque se pierde el marco esencial de la evolución contradictoria de la teoría y de la propia historia de la izquierda y de los movimientos sociales. De los teóricos y simultáneamente dirigentes políticos, como Marx, Engels, Lenin, Trotsky, hasta los intelectuales con perfil académico de décadas después, Anderson en su libro "Tras las huellas del materialismo histórico" (SigloXXI Editores, Madrid 1985) complementa esta visión, extendiendo el análisis hasta los años 70, incluyendo las nuevas versiones del mismo fenómeno, en una coyuntura política ya distinta de la década anterior, con los desdoblamientos del estructuralismo y del neo-estructuralismo, entre otras corrientes.

El pensamiento marxista brasileño puede ser mejor comprendido a la luz de los esquemas de análisis de Perry Anderson, sobre todo porque factores similares que condicionaron el surgimiento de la categoría marxismo occidental estuvieron igualmente presente entre nosotros, en las condiciones particulares del desenvolvimiento de la sociedad brasileña. Dos de los factores condicionantes citados por Anderson, el proceso de "bolchevización" de los PCs operó directamente entre otros, a pesar que el otro -la represión fascista- no estuviera presente en dimensiones comparables con las existentes en Europa. Así mismo con la represión del Estado Nuevo a la intelectualidad y al Partido Comunista, no tuvo, ni de lejos, la dimensión que el fenómeno asumió en Europa y todavía así fue superado, por lo menos en relación al PCB (Partido Comunista Brasileño), cuando éste se convirtió al nacionalismo getulhista.

Más adelante, la represión ejercida por la dictadura militar, será la correspondiente entre nosotros al fascismo europeo, ya que ella se da en un marco de crisis abierta de la hegemonía del PCB en la izquierda brasileña y de ascenso de alternativas radicales -consignadas por Anderson- en los años 60’. No se da por lo tanto aquella concomitancia dramática entre "bolchevización" y represión entre nosotros, lo que se corresponde con particularidades importantes en relación a la trayectoria del marxismo en nuestro país. Sin embargo, una cartografía de nuestro pensamiento marxista, al final de estos procesos, nos permite constatar cómo los esquemas de análisis de Anderson en relación al marxismo occidental se reproducen, aunque por diferentes vías.

La primera fase del marxismo en Brasil fue directamente condicionada por el triunfo de la revolución bolchevique que, unido a las formas del desenvolvimiento industrial del país, favorecieron la consolidación del marxismo y el debilitamiento del anarquismo. La fundación del Partido Comunista se dio en ese marco, con la primera generación de intelectuales marxistas vinculados directa o indirectamente al partido, identificados con la URSS y con la generación de Lenin, que asociaba al papel de dirigente político el de teórico del movimiento comunista. Sin embargo, no se puede decir que esa primera generación haya producido grandes teóricos del marxismo en Brasil, a la altura del chileno Luis Emilio Recabarren, del peruano José Carlos Mariátegui o del cubano Julio Antonio Mella.

No demoró mucho para que el proceso de "bolchevización" de los PCs llegase al Brasil, con el significado histórico que adquirió -el de la estalinización y el correspondiente estrechamiento de las condiciones de debate y de elaboración teórica dentro del partido, al mismo tiempo que la Internacional Comunista imponía la línea -con sus debidos cambios- hacia el conjunto del movimiento comunista. Al mismo tiempo, se cristalizaba la visión esquemática de análisis del proceso histórico por etapas rígidamente establecidas, cualquiera que fuese la región del mundo en que se situase el partido comunista.

Mientras el Partido Comunista iniciaba su proceso de expansión, era víctima de este proceso de congelamiento teórico. El primer y principal caso de división entre el marxismo soviético y el marxismo occidental fue el de Caio Prado Jr. El más importante historiador brasileño, supo captar las particularidades del desenvolvimiento capitalista de nuestro país -entre la colonización y la esclavitud-, en una interpretación creativa en el marco del pensamiento de Marx. Significativamente, al no sintonizar con la línea oficial del PC y sin espacio para la discusión interna, Caio Prado vivió marginalmente en relación al partido -de forma más o menos similar a la de Lukács en relación al PC húngaro. La diferencia es que mientras que el pensador húngaro se resignaba -conforme a los cánones del marxismo occidental- a temas menos vinculados con la política -estética, método-, Caio Prado abordó temas centrales en la concepción programática. Su visión permitía definir de forma radicalmente diferente el periodo histórico vivido por Brasil, desembocando en su libro "La revolución brasileña", una manifestación directa de las divergencias estratégicas derivadas de esta interpretación histórica. Esta diferencia entre Caio Prado Jr. y Lukács puede ser atribuida, entre otros factores, a la menor fuerza del PC brasileño en relación al húngaro, lo que permitía la supervivencia del historiador brasileño, aunque marginalmente, en el área del PC, con su propia revista -Brasiliense- en los años de auge del partido.

Es preciso hacer justicia con los casos de la generación intelectual de los años 60 -muy bien representada por Carlos Nelson Coutinho y por Leandro Konder, responsables por introducir en Brasil a autores como Lukács y Gramsci, unidos a la audacia editorial de otro miembro del PCB, Enio Silveira. A este le cabe igualmente la difusión de autores críticos a la línea oficial del PCB y de la Unión Soviética, como Geoge Lukács, Isaac Deutscher, Antonio Gramsci y Trotsky. Esto se debe en parte a que los años 60 trajeron, para el movimiento comunista, los aires liberalizantes del periodo post-estalinista de Kruschev, aliado a la importancia que la autonomía y mayor libertad de elaboración teórica del PC italiano comenzaba a tener, con el peso que asumió en la formación de Konder y Coutinho como un ejemplo significativo de esa influencia.

Sin embargo, ellos no ocuparon un papel central en la estructura de poder del PCB, ni tampoco aquellos textos tuvieron una influencia significativa en la línea política del partido, cuyos dirigentes no revelaban mayor capacidad de creación teórica. Las grandes polémicas de la izquierda brasileña -protagonizadas en parte por Coutinho- no incluían a figuras importantes de la estructura partidaria del PCB, siendo más directamente protagonizadas por marxistas universitarios.

Estos comenzaron a tener peso a partir del clima de recuperación del marxismo crítico de los años 60’, bajo la influencia directa del althusserianismo, como producto del peso que el pensamiento social francés tenía en el pensamiento universitario brasileño, multiplicado por la influencia de los movimientos de mayo del 68’. Esta intelectualidad estaba más concentrada en la vida académica, separada, en lo esencial, de las prácticas partidarias tradicionales.

Una de sus expresiones más significativas fueron los seminarios sobre "El Capital", con profesores de la USP (Universidad estatal de San Pablo), desde el comienzo de los años 60. Su primer grupo incluyó profesores como Fernando Enrique Cardoso, Paul Singer, José Arthur Gianotti, entre otros, que reflejaban el interés renacido sobre la obra de Marx. La segunda generación de este tipo de seminario incluyó a Marilena Chauí, Roberto Schwartz, Francisco Wefort, Ruy Fausto, Emir Sader, entre otros. Este segundo grupo, teniendo pretensiones de vínculos políticos más directos, llegó a publicar tres números de una revista -"Teoría e Pratica"- bajo la influencia directa de la revista marxista inglesa "New Left Review" y de la presencia de Perry Anderson en la USP a mediados de la década del 60’.

Estas iniciativas tuvieron la misma suerte de aquellas contemporáneas del marxismo europeo, sin que se pudiera decir que de los seminarios hubiesen surgido obras destacadas, apenas algunos estudios sobre la obra de Marx, a pesar de que su influencia fuese más duradera en el conjunto de la obra de otros. Los seminarios de "El Capital" no permitieron la superación de las contradicciones del marxismo occidental, por la no incorporación de los autores que posibilitarían una mediación entre la teoría y la práctica política -Lenin, Trotsky, Gramsci-, así como de una visión más concreta de la hegemonía imperialista y en particular de sus efectos sobre América Latina., lo que habría permitido una revalorización mayor de la revolución cubana y de sus significados para el continente y para Brasil. Estos eslabones faltaron y facilitaron la esterilización política del marxismo en las décadas siguientes.

Concomitantemente surgieron otros movimientos -especialmente el POLOP y la Acción Popular, así como el PC do B, la primera separación maoísta en el mundo- que ayudaron a quebrar la hegemonía del PCB en la izquierda - que permitieron que una parte de esta intelectualidad académica pudiera aproximarse a la militancia política. El POLOP fue la mejor expresión de esa tendencia, con intelectuales como Ruy Mauro Marini, Gunder Frank, Theotonio dos Santos, Vania Bambirra, entre otros, que contribuyeron a la renovación del pensamiento marxista brasileño y latinoamericano, conjuntamente con la obra de Florestan Fernández.

Mientras tanto, la derrota de la resistencia armada a la dictadura militar, en la segunda mitad de los años 60’, abrió espacio a la hegemonía liberal en la oposición democrática. En el plano del pensamiento marxista, se agrava en este momento el otro elemento que Anderson utiliza para su análisis -la represión. El exilio, la exclusión en las universidades, la clandestinidad, la crisis de los movimientos radicales, así como del propio PCB - crisis política, pero también organizativa, como efecto de la dura acción de los órganos de la dictadura-, contribuyó para que a partir de los años 70’ se pudiese hablar en Brasil de una renovación del pensamiento marxista, con la consolidación del marxismo occidental como fisonomía de esta corriente en Brasil.

Temas clásicos del marxismo occidental pasaron a dar la tónica de los estudios marxistas, con autores como Benjamín, Lukács, Adorno, teniendo un peso esencial, además de la incorporación de temáticas de Foucault y de visiones reductivas de Gramsci, como "teórico de las superestructuras". En realidad, se extremaba una tendencia existente anteriormente. Temas estratégicos para el pensamiento y la práctica marxistas, como los análisis históricos y económicos, ya sufrían de una gran debilidad en las décadas anteriores.

Después de la obra de Caio Prado Jr., el marxismo brasileño no contó con historiadores de su altura, que diesen continuidad a sus interpretaciones, especialmente para la fase de industrialización y de renovación del capitalismo brasileño en las décadas del 60’ y del 70’. La historiografía marxista tuvo contribuciones, sin retomar el hilo interpretativo histórico general en los moldes de Caio Prado, como si aceptase las tesis, predominantes a partir de los años 80’, de la post-modernidad, según la cual los "grandes relatos históricos" ya no serían viables -por la infinita capacidad de conocimiento que requerían -o recomendables- porque desembocarían en visiones reduccionistas y/o totalitarias.

La economía sufrió la alianza entre el PCB y el nacionalismo, que había adoptado las tesis de la CEPAL -de las que Celso Furtado es la mejor y más creativa expresión entre nosotros, acompañado por Maria Conseicao Tavares y Carlos Lessa, entre otros- como su orientación. Era como si el marxismo entregase la tarea de analizar la evolución del capitalismo brasileño a los keynesianos, librándose así de la responsabilidad de responder al proceso de acumulación y a las relaciones entre la economía brasileña y el capitalismo mundial a partir de sus propios fundamentos.[1] Las consecuencias fueron graves, tanto por el agotamiento del modelo explicativo de la CEPAL, dejando al marxismo huérfano, como por la desconexión de aquellos análisis con las relaciones de clase, con la naturaleza clasista del Estado, con el marco de la evolución internacional y continental del capitalismo.

Las condiciones políticas e ideológicas a partir de los años 70’ abrieron el campo para que el marxismo occidental se tornase la tendencia predominante del marxismo brasileño. Teoría de la literatura, cuestiones de método, exégesis de los textos de Marx, peso de los análisis de Walter Benjamín y de la Escuela de Frankfurt, cuestiones estéticas, análisis de la "superestructura" ideológica, estudios culturales - predominaron, en detrimento de los análisis económicos, históricos y políticos, propiamente dichos. La riqueza de los análisis culturales y estéticos, particularmente bajo la influencia formadora de Antonio Candido -y que tuvieron en la obra de Roberto Schawrtz su expresión más significativa- confirmaron esta tendencia.

La influencia del liberalismo dentro de la "nueva izquierda" -especialmente en el PT (Partido de los Trabajadores)- favoreció un desprecio por la elaboración teórica - el PT es uno de los casos excepcionales de partido históricamente nuevo que no elaboró una teoría de su práctica, lo que ciertamente facilitó su transformación ideológica de partido de movimientos clasistas y de base hacia un partido más, institucionalizado y tradicional de izquierda, lejos de la tradición marxista - y tuvo reflejos en las nuevas temáticas teóricas que, de alguna forma, ocupan el lugar -a pesar de que no necesariamente tenga que ser así- de las temáticas marxistas: ciudadanía, sociedad civil, exclusión social.

Poca presencia tuvieron hasta aquí autores como Ernest Mandel, como expresión fuerte de la actualización de los análisis económicos dentro del marxismo o la historiografía británica -Hosbawn, Carr, Deutscher, Hill-, que si tuvieron influencia, no llegaron a constituir corrientes que diesen el vigor que aquellas contribuciones dieron a la izquierda marxista en otros países. La izquierda brasileña, en su proceso de renovación desde los años 70’, no contó por lo tanto con una influencia importante del marxismo, acentuando su camino empírico y pragmático, mientras tanto la intelectualidad marxista se refugiaba en la universidad, como si no hubiese fuertes motivos para su convergencia y confluencia.

Una renovación del pensamiento marxista en Brasil ciertamente requiere retomar los análisis históricos globales -para lo cual puede apoyarse en el basto material sectorial existente-, así como del estado del proceso de acumulación de capital en el país y en América Latina, al mismo tiempo que dedicarse de forma concentrada al debate político, ante la crisis actual de la izquierda. Para esto, debe contar con el marxismo como método -en los términos en que Lukács lo entendía- y en los análisis de Perry Anderson, para enmarcar las limitaciones del marxismo occidental, preservando a pesar de ello, el rigor y la riqueza de sus análisis.


* Enviado por el autor para Herramienta. Traducción de Raúl Negri.

[1] La obra de Ruy Mauro Marini, desarrollada contra las tendencias predominantes en el PCB, constituye la gran excepción. Véase "Dialetica da dependencia", Ruy Mauro Marini. Org: Emir Sader, Edición Vozes, Petrópolis, 2000.