Estancamiento dinámico y exclusión en la economía mundial

Versión para impresoraEnviar a un amigo

Autor(es): Hinkelammert, Franz J.

Hinkelammert, Franz J.Hinkelammert, Franz J.. Destacado intelectual alemán, doctor en Economía y Filosofía por la Universidad Libre de Berlín, docente e investigador del Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) de San José, Costa Rica. Principales publicaciones: Crítica de la razón utópica (1984); Democracia y totalitarismo (1987); El mapa del emperador: determinismo, caos, sujeto (1986); El grito del sujeto (1998), además de, entre otros, El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalización; La deuda externa de América Latina. El automatismo de la deuda, etc.


El estancamiento dinámico

Desde los años sesenta del siglo xx se inició en América Latina una discusión sobre el estancamiento dinámico de nuestras economías. Se trata un estancamiento, pero de uno acompañado muchas veces por altas tasas de crecimiento del producto, tal como éste suele ser medido (producto interno bruto, PIB o producto geográfico bruto, PGB). Esta tendencia hacia el estancamiento dinámico aparece en América Latina a partir del rápido crecimiento de la producción de productos-mercancías, tanto en la industria de manufacturas como en la agricultura.

El fenómeno llamó especialmente la atención en la industria, ya que se esperaba que la industrialización absorbería tanto a la nueva fuerza de trabajo, resultado del crecimiento demográfico, como a la fuerza de trabajo proveniente de las migraciones del campo a la ciudad. Sin embargo, el crecimiento de la industria era ahora cada vez más el resultado del crecimiento de la productividad del trabajo, y ya en los años sesenta el empleo industrial crece menos que el aumento de la fuerza de trabajo disponible resultante del crecimiento demográfico. Así, el aumento de la oferta de empleo, resultado de la migración del campo a la ciudad, ya no podía ser atendido por el sector industrial, a pesar de las tasas de crecimiento del producto industrial todavía permanecían altas.

Pero debemos explicar la migración del campo a la ciudad como resultado de un estancamiento dinámico del mismo tipo. Con la expansión del capitalismo en la agricultura, la producción agrícola crece, pero la productividad del trabajo en el campo crece a tasas significativamente mayores. Por tanto, el campo expulsa fuerza de trabajo. No se trata solamente de un estancamiento dinámico, sino que incluso este estancamiento es en realidad un decrecimiento dinámico. Hay ejemplos extremos de este fenómeno. En Honduras durante los años setenta la producción bananera se triplicó, mientras que la fuerza de trabajo ocupada en la producción del plátano disminuyó a un tercio.

La producción de productos-mercancías (producción material) sigue en ascenso, pero en lo que toca a la fuerza de trabajo ocupada, ésta muestra un estancamiento (o incluso una retracción), que puede ser absoluto o relativo. Es absoluto, cuando la cantidad de la fuerza de trabajo ocupada en estos sectores se estanca, y es relativa, cuando la parte de la fuerza de trabajo disponible ocupada en estos sectores crece a una tasa similar que la fuerza de trabajo total disponible o, inclusive, a una tasa menor (decrecimiento relativo). Sin embargo, las tasas del crecimiento del producto de estos sectores no revelan este estancamiento dinámico. Éste se revela exclusivamente en el plano de la fuerza de trabajo ocupada.

Este estancamiento dinámico aparece, por supuesto, no solamente en América Latina. En los Estados Unidos se empezó a hablar en los años ochenta del "crecimiento sin empleo" (jobless growth). Pero esta expresión es teóricamente inadecuada, porque no induce a efectuar el análisis de la estructura del empleo. Por tanto, no induce tampoco a discutir las posibles alternativas en términos de una reformulación de esta estructura del empleo.

En el grado en el cual se da este fenómeno de estancamiento dinámico, la fuerza de trabajo disponible no empleada en los sectores de producción de productos-mercancía no puede encontrar empleo por fuera de los sectores de servicios.

Con relación a la fuerza de trabajo disponible y su empleo, se dan entonces dos líneas de búsqueda de soluciones eventuales, que no son necesariamente excluyentes entre sí. Éstas son: a) un desarrollo correspondiente de los sectores de producción de servicios suficientemente grande como para activar y emplear a esta fuerza de trabajo; b) un aumento del empleo en los sectores de producción de productos-mercancías por medio de lo que podemos llamar crecimiento extensivo.

Es evidente que si no se logra ni lo uno ni lo otro, aparece el fenómeno de la exclusión de una parte creciente de la población, exclusión que hoy estamos viviendo dramáticamente.

Crecimiento extensivo - crecimiento intensivo

Requerimos de algunos conceptos básicos adicionales para poder analizar con más precisión el fenómeno mencionado. Se trata principalmente de los conceptos de crecimiento extensivo y crecimiento intensivo y de sus medidas cuantitativas.

El crecimiento extensivo es un crecimiento del producto, que es extensivo con relación a la fuerza de trabajo necesaria para producir ese producto. Su medida o indicador es: un crecimiento del producto mayor que el crecimiento en la productividad del trabajo. El crecimiento intensivo es lo contrario. En este caso, el crecimiento de la fuerza de trabajo necesaria para producir el producto disminuye. Se trata de un proceso en el cual el crecimiento del producto es menor que el crecimiento de la productividad del trabajo.

La referencia más exacta es la producción de productos-mercancías: industria y agricultura. Con crecimiento extensivo el empleo de mano de obra crece; con crecimiento intensivo diminuye. El tamaño de estos sectores lo medimos, por tanto, en términos del número de trabajadores empleados en sentido amplio. El crecimiento se mide en producto producido, evaluado en precios constantes, por sector. Hay un punto neutro entre los dos tipos de crecimiento, que es el punto en el cual la productividad del trabajo y el producto crecen a la misma tasa. Éste es el punto de partida del estancamiento dinámico.

Entonces, el crecimiento extensivo de un sector atrae fuerza de trabajo y no es posible sin que aumente el empleo. Y esto ocurre si se atrae fuerza de trabajo de otros sectores o si hay inmigración.

El crecimiento intensivo, en cambio, expulsa fuerza de trabajo. No es posible sin disminuir el empleo. Cuando el crecimiento intensivo se hace exclusivo, el sector de marras entra en estancamiento dinámico.

Si hay estancamiento dinámico en los sectores de producción de productos, eso sólo puede ser compensado por una ampliación en el sector de servicios. Por tanto, la fuerza de trabajo disponible no ocupada en los sectores de producción de productos puede ser empleada solamente por los servicios (formales): banca, comercio, servicios públicos y otros servicios privados.

Si ahora, entre la producción de productos y la producción de servicios se absorbe toda la fuerza de trabajo disponible, tenemos un equilibrio macroeconómico en el empleo de la fuerza de trabajo.

Estancamiento dinámico y exclusión

Este concepto de estancamiento dinámico surge en cuanto relacionamos el producto de algún sector con la fuerza de trabajo empleada para producirlo. Este punto de vista es necesario en el grado en el cual conceptuamos la economía como la actividad humana orientada hacia la reproducción de la vida humana. Pierde su relevancia en una teorización de lo económico que considere a la economía como la actividad humana que tiene por objeto la maximización de la ganancia.

Sin embargo, puede darse el caso de que la producción de productos y de servicios en su conjunto no pueda absorber a toda la fuerza de trabajo disponible. Aparece la fuerza de trabajo sobrante. Si se trata de un fenómeno estructural a largo plazo y no de un fenómeno coyuntural a corto plazo, entonces podemos hablar de un estancamiento dinámico de todo el sistema de producción (formal). El resultado: hay población expulsada y excluida.

Sin embargo, los excluidos también tienen que vivir. Si los sectores modernos (formales) están estancados y no dan espacio para el pleno empleo de la fuerza de trabajo, surgen entonces, a partir de la exclusión, los llamados sectores informales. Son sectores de muy baja productividad, de vida precaria y sin capacidad de acumulación de capital. Aparecen como productores de servicios y de productos y funcionan alrededor de los sectores modernos, muchas veces acoplados a ellos (por ejemplo, vendedores de diarios, de chicles, de emblemas de equipos de fútbol); pero también ofreciendo servicios de lavado de ropa, guardas de estacionamiento en las calles, jardineros, limpiabotas, etcétera. También en forma de precarios talleres de producción o prestación de servicios (vendedores de comidas, peluqueros, talleres de reparación de artefactos, etcétera). Igualmente, aparece la mendicidad. De vez en cuando pueden servir de trampolín para subir al sector moderno (el guarda que llega a tener su propia empresa de seguridad), pero como regla general no tienen salida de su condición precaria. Viven también en casas precarias, de barrios precarios, y sus hijos asisten a escuelas precarias. Emergen problemas de prostitución y drogadicción a partir de este sector informal, lo mismo que los antros de criminalidad que surgen a partir estas paupérrimas condiciones de vida.

Se trata de sectores completamente "flexibilizados". No hay siquiera normas sociales de respeto por la vida de aquellos que pertenecen a estos sectores informales. En caso de sospechas o simple repudio son asesinados impunemente por escuadrones de la muerte. No hay límites para el trabajo infantil, los salarios pueden ser de miseria absoluta, muchas veces no hay acceso a las clínicas de salud ni a las escuelas. Sus barrios son transformados en guetos. Las normas de comportamiento que rigen en el interior de muchos de estos sectores informales no son impuestas por la sociedad formal (Estado), sino que son de producción espontánea en el interior de los grupos y vecindades. No pocas veces desarrollan un alto nivel moral, de hospitalidad, de honradez y de ayuda mutua. Sus economías, con frecuencia, se pueden denominar efectivamente "economías solidarias".

Pero todo eso existe debido al espacio de exclusión producido por el estancamiento dinámico de los sectores modernos (formales), exclusión de la cual no se puede salir sino en casos más bien excepcionales. Sin embargo, el límite no es unívoco. Hay una zona gris, entre sectores modernos y la exclusión. En cierto sentido, toda la exclusión es esta zona gris. Conforman la otra cara del estancamiento dinámico de los sectores modernos en su conjunto. En América Latina, según los distintos países, conforman entre el 25% y el 75% de la población.

Pero estos sectores excluidos e informales no tienen una existencia neutral al lado de los sectores modernos. Su propia existencia impacta a los sectores modernos. En este sentido ejercen influencia. No es una influencia directa, e incluso, desde los sectores modernos son despreciados. Los altos valores morales que suelen desarrollarse al interior de estos sectores informales, no son conocidos ni menos aún imitados. Su influencia sobre los sectores modernos se ejerce a través de la propia existencia de estos sectores informales.

Flexibilización y deshumanización

Los sectores informales son población objetivamente deshumanizada. Pero presentan mucha resistencia a una deshumanización subjetiva. A partir de su deshumanización objetiva se resisten a caer en una deshumanización subjetiva. Resisten a dejarse deshumanizar subjetivamente por la deshumanización objetiva, a la que están expuestos. Para la población integrada en los sectores modernos ocurre un proceso contrario. Necesita deshumanizarse subjetivamente para poder sostener la situación de estancamiento dinámico frente a los excluidos. Por eso, cuanto más se estanca el sistema y cuanto más se afirma la exclusión, mayor es la propaganda de parte de los dueños de los sectores modernos, que son también los propietarios de los medios de comunicación. Se trata de una propaganda de deshumanización de ellos mismos, y con ellos, de todos los demás. Tienen que deshumanizarse para aguantar el cataclismo social que están produciendo, para hacerlo pasar desapercibido, para ser percibido como algo "natural". Pero no están dispuestos a flexibilizar el sistema. Es decir, tienen que deshumanizarse para poder seguir viviendo. Por supuesto, en el interior de estos sectores también aparecen resistencias y éstas también tienen expresiones de moralidad. Pero pertenecen al sector que tendría que propiciar los cambios. Por tanto, tienen que enfrentar obstáculos específicos.

Nada mejor para mostrar esto que la actual política de flexibilización de la fuerza de trabajo, uno de los caballos de batalla del ajuste estructural. La flexibilidad absoluta se ha dado por primera vez precisamente en los sectores informales, que no ostentan ya ninguna "rigidez". Los dueños de los sectores modernos (formales) han transformado esta flexibilidad de la miseria de los sectores informales en ideal de la sociedad entera. La flexibilidad, que se ha producido brutalmente en los sectores excluidos, ahora es importada hacia los sectores modernos y actúa en contra de la fuerza de trabajo empleada en estos sectores. Todos tienen que ser tan flexibles como lo es la población excluida. Para presentar esta situación como ideal, hace falta deshumanizar a la población entera. La mercantilización absoluta que se predica es la otra cara de esta deshumanización subjetiva, que el sistema necesita para estabilizar a largo plazo la situación de exclusión. Desde el punto de vista de los dominadores del sistema esto presenta además la ventaja de poder aumentar enormemente la explotación de la fuerza de trabajo. El resultado es una concentración de los ingresos cada vez más extrema que se ha ido produciendo en los últimos decenios, tal como lo ilustran los estudios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El crimen asalta en el límite del sistema. Sus máximos organizadores son personas que están ubicados en el interior de los sectores modernos, aunque en los sectores informales encuentran muchas veces a sus auxiliares y testaferros; pero son otros quienes manejan los hilos (ladrones de automóviles, asaltantes de bancos, secuestradores, lavado de dólares, tráfico de armas, tráfico y distribución de drogas, etcétera).

Pero tampoco los dueños del sistema se escapan. Tienen que seguir igualmente los imperativos del estancamiento dinámico y, al final, al mismo proceso de deshumanización y flexibilización. Entonces, resulta que son dueños relativos del sistema, porque el sistema es el verdadero dueño de todos. Toda la situación humana es transformada en precaria: "todo lo sólido se esfuma (evapora) en el aire". Para que el sistema no tenga que flexibilizarse, todos los seres humanos tienen que ser flexibles para seguir y obedecer los imperativos inflexibles del sistema. Tienen que postrarse frente al trono ocupado por el sistema.

En busca de alternativas

Si queremos una respuesta, una alternativa, la podemos buscar solamente en la flexibilización del sistema, a partir de la cual se puedan recuperar las seguridades irrenunciables por parte de los seres humanos y su dignidad. Tiene que haber un mundo en el cual quepan todos para poder enfrentar las consecuencias nefastas de las estrategias de acumulación que han tenido como su resultado el estancamiento dinámico y la consiguiente exclusión de grandes partes de la población.

Para analizar este punto, vamos a partir de nuevo del análisis del estancamiento dinámico, porque este estancamiento está en la raíz de la exclusión. Se trata de un estancamiento dinámico del sistema, es decir, del conjunto de la producción de productos y de servicios. No se puede superar sino por una sociedad en la que quepan todos. Esto significa que hace falta abrir los sectores de producción de productos y de servicios para que toda la población tenga lugar. Aparecen dos direcciones de apertura potencial, la de la producción de servicios y la de la producción de productos-mercancías.

Partamos de los servicios. Si suponemos dado el estancamiento dinámico en los sectores de la producción de productos, entonces toda la fuerza de trabajo no empleada en la producción de productos tiene que ser ubicada en los sectores de servicios. El hecho es, que hoy alrededor de un 30% de la fuerza de trabajo disponible en los países desarrollados está empleada en la producción de productos. Por tanto, el 70% restante tiene que ser ubicado en los sectores de servicios. Hace falta desarrollarlos de una manera tal, que efectivamente esta parte de la población pueda ser empleada allí.

Los servicios son muy diversos. Pueden ser servicios directamente vinculados con la producción, como son los bancos y el comercio. Otros tipos de servicios tienen solamente una vinculación indirecta con la producción. Esta vinculación indirecta puede ser fácilmente visible, como es en el caso de la educación y la salud. Pero puede ser también muy diluida y casi imperceptible, como el cuidado de las personas de edad avanzada y otros servicios de infraestructura social (espacios de juegos para niños, centros comunales, centros deportivos, etcétera) y de infraestructura física (recolección y tratamiento de la basura).

Evidentemente, es necesario financiar estas actividades. El financiamiento de los servicios siempre y necesariamente tiene que pasar por transferencias de ingresos provenientes de una parte de la producción bruta. Desarrollar los sectores de servicios de una manera tal, que pueda absorber a toda la fuerza de trabajo no ocupada en la producción de productos, presupone una transferencia correspondiente de ingresos de la producción de productos hacia los sectores de servicios. Si suponemos equivalencia de los ingresos, eso significa que -en una estimación gruesa- un 70% de la producción de productos tiene que ser transferida a la producción de servicios, si suponemos, que la producción de productos emplea el 30% de la fuerza de trabajo disponible. Eso es necesario si queremos que todos tengan lugar en la sociedad, sin ser excluidos.

El financiamiento de estas transferencias necesarias puede tener varias formas. Veamos las más importantes: a) una parte puede pasar por la compraventa de estos servicios. Esto ocurre de manera casi general, sobre todo en el sector de la banca, del comercio y de los medios de comunicación, aunque con la política de privatización alcanza cada vez más a sectores como la educación y la salud; b) otra parte pasa por el financiamiento por la vía de los impuestos, lo que vale sobre todo para los servicios públicos, como todavía ocurre con una parte significativa de los servicios de educación, salud y seguridad civil. Pero a estos servicios también pertenecen la policía, el aparato militar y los servicios de seguridad y del control de la población con sus servicios secretos; c) una tercera parte pasa por el financiamiento a través de donaciones (privadas), como son los servicios caritativos, los bingos, la lotería estatal, los llamados "turnos", etcétera.

Se trata de distinciones bastante gruesas, pero pueden dar un primer ordenamiento que suministra algunas pistas para poder analizar el hecho actual del estancamiento dinámico del desarrollo de los sectores de servicios. Se nota fácilmente, que una política efectiva de apertura de este estado de estancamiento necesita basarse, principalmente, en la segunda opción, la transferencia de ingresos mediante impuestos públicos. La estrategia neoliberal de concentración en la privatización de los servicios, está en la raíz misma del estancamiento dinámico, por el hecho de que por su lógica excluye a los que ya están excluidos. Puede provocar un mejor servicio para un número decreciente de los incluidos, pero a los excluidos no puede integrarlos, e incluso profundiza la propia exclusión. Las privatizaciones orientan la producción de servicios en general hacia los sectores modernos, en cuyo interior se ha dado el estancamiento dinámico, que hay que superar precisamente. El hecho de que el financiamiento de las transferencias necesarias tiene que ser básicamente por la vía de impuestos no implica necesariamente, que los servicios a promover sean exclusivamente estatales. Pueden ser estatales, regionales, municipales, e incluso privados. Pero no pueden ser financiados principalmente por la compraventa de servicios, sino que tienen que ser financiados por otras transferencias de ingresos, que en última instancia no pueden provenir sino de impuestos.

Hecho este análisis de la potencial ampliación de la producción de servicios, podemos ahora enfocarnos a los sectores de producción de productos, en especial, la agricultura y la industria, por cuanto han sido estos sectores, donde se ha hecho presente por primera vez el fenómeno del estancamiento dinámico.

Podemos hacernos ahora la pregunta: ¿es posible transformar la producción de productos de una manera tal, que dé lugar a más productores, es decir, a un mayor empleo de la fuerza de trabajo disponible? Hoy, en los países centrales, los trabajadores de la industria y la agricultura ocupan alrededor del 30% de la fuerza de trabajo disponible. En países como Costa Rica, ocupan alrededor del 40%, con una tendencia a la disminución. Eso significa que hay en curso un proceso de estancamiento dinámico del tipo de un decrecimiento dinámico. En una situación de estancamiento dinámico de los servicios, reforzado por las privatizaciones de éstos, esto significa una tendencia a una creciente exclusión de la población, que es notable hoy en la ruina de los pequeños productores agrícolas. Ellos migran a las ciudades y van a engrosar los barrios de miseria que continuamente surgen, con la consecuente tendencia a una creciente descomposición de las relaciones sociales.

En los términos que habíamos introducido antes, el crecimiento en los sectores de producción de productos es hoy un crecimiento de tipo intensivo y no extensivo. La referencia de estos conceptos es la fuerza de trabajo necesaria para la producción. El crecimiento intensivo se basa en el aumento de la productividad del trabajo y lleva a la expulsión una parte de la fuerza de trabajo, si el aumento de la productividad del trabajo es mayor que la tasa de crecimiento del producto. Esta es la tendencia hoy. Nuestra pregunta puede ser reformulada en estos términos: ¿hasta qué grado será posible transformar este crecimiento del producto en un crecimiento extensivo, en el cual las tasas de crecimiento de la producción sean mayores que la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo, asegurando así la atracción o, por lo menos, la estabilización de la fuerza de trabajo, sin atentar contra las condiciones de reproducción de la naturaleza?

Evidentemente, podemos imaginar políticas correspondientes. Una reforma agraria en favor de los pequeños productores, un orden del mercado que garantice la supervivencia digna de los productos agrícolas, créditos de fomento para pequeños productores, apoyo sistemático a actividades de producción del sector informal y correspondientes tarifas aduaneras de protección para determinados productos. Sin embargo, la política económica internacionalmente impuesta es contraria a tales posibilidades. Impulsa sistemáticamente la tendencia al estancamiento dinámico también en los sectores de producción de productos-mercancías.

El desenfreno de las políticas del mercado irrestricto y de la anulación de las políticas de intervención en los mercados implica una política sistemática hacia el estancamiento dinámico de la economía. La privatización de las empresas públicas sólo acelera esta tendencia general. Sobre la producción de los sectores de producción de productos esta política del mercado total tiene el mismo efecto que en el plano de los sectores de producción de servicios tiene la progresiva privatización de los servicios y de su financiamiento por la compraventa de servicios.

Al ser estas políticas introducidas como políticas mundiales, el estancamiento dinámico se ha transformado en el rasgo básico de la economía mundial. Los sectores modernos mantienen muchas veces una alta dinámica, pero con relación a la población y la fuerza de trabajo disponible se estancan y en muchas partes se retraen. El resultado es la exclusión creciente de partes cada vez más significantes de la población mundial. Y cuanto más avancen estas políticas, más se va a acentuar la situación.

Los anuncios de la "lucha contra la pobreza" que constantemente nos vienen de las entidades multinacionales como el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario Internacional (FMI) o los gobiernos, son pura palabrería y construyen castillos en el aire. Las alternativas están a la vista: abrir el estancamiento dinámico de los sectores modernos hacia una sociedad donde quepan todos. Hemos mencionado algunas de las medidas necesarias. Pero estamos frente a un sistema que prefiere el cinismo al realismo necesario.

Ciertamente, en gran parte las alternativas hoy tienen que ser consideradas en el ámbito mundial. Efectivamente, el mundo es global. Tenemos más bien la elección entre el pillaje global de la actual estrategia de globalización neoliberal o el ordenamiento global en función de una sociedad mundial, en la que quepan todos, lo que necesariamente incluye también a la naturaleza.

Podemos agregar un ejemplo, el de los órdenes del mercado, que en los Estados Unidos y en la Unión Europea se realizan en el campo agrario. La exigencia racional no es la abolición de estos órdenes, que además es de hecho imposible y que probablemente empeoraría la situación en general. La exigencia racional es mundializar o globalizar estos órdenes. Necesitamos órdenes mundiales del mercado, tanto en el campo agrícola como en general en el plano de las materias primas. No tenemos que abolir las intervenciones en el mercado, tenemos que mundializarlas y, por tanto, globalizarlas. Ésta es la globalización de la cual se trata. Tiene que implicar también un orden mundial de las relaciones financieras, y por tanto, la transformación de entidades multinacionales como el FMI y el BM en organizadores de tales órdenes mundiales de los mercados y de las relaciones financieras.

Sin embargo, por lo que hemos presentado, queda claro que hoy en día, una política seria de enfrentamiento y condena de la creciente exclusión provocada por la política de estancamiento dinámico, es de hecho imposible. Los dueños del poder no aceptan soluciones. Pero se trata de una imposibilidad de hecho, no de principio.

El problema no es conocer las alternativas. Se sabe cuáles son. El problema es hacerlas posibles, dado que hay un sistema que hace imposible las alternativas. Se trata ahora de hacer posible aquello que los poderes actuales hacen imposible.



 


* Artículo enviado especialmente a nuestra revista por su autor, a través de la gentileza de Carlos Aguilar.