La problemática de la reproducción del capital en El Capital.

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Autor(es): Bihr, Alain

Bihr, Alain. Profesor de Sociología, Universidad de Franche-Comté, profesor de filosofía en Estrasburgo, Francia. Es doctor en sociología y autor de diversas obras como: La farce tranquille, Spartacus, 1960. Entre bourgueoisie et prolétariat, L' Harmatta,1989. También es colaborador de Le Monde Diplomatique y de varias otras publicaciones francesas.


 

Este artículo condensa las principales conclusiones a las que llegué tras una relectura crítica de El Capital.[1] Esta relectura está concebida como el inicio de un vasto proyecto dirigido a elaborar una teoría general del modo de producción capitalista, en el sentido de una constelación conceptual capaz de ofrecer un marco a todos los análisis parciales del capitalismo presente o pasado. La hipótesis estratégica sobre la que se apoya este proyecto es que tal teoría puede y debe elaborarse a partir del concepto de reproducción del capital.Por lo tanto, se impone la relectura de Marx para determinar, simultáneamente, los aportes hechos por Marx a la elaboración de este concepto, así como sus límites.
 
Una temática simultáneamente central y periférica
 
En el conjunto de su crítica de la economía política, los análisis que Marx dedicó a la reproducción del capital ocupan una posición ambigua, central y periférica a la vez.
Central puesto que, en un sentido, ese concepto permite retomar la unidad de esa crítica, establecer la síntesis de esos elementos, recolocarla en su totalidad bajo una perspectiva original, reevaluando en consecuencia sus diferentes momentos. Sin embargo, simultáneamente, el concepto de reproducción no es objeto de un cuestionamiento ni análisis específicos en ningún momento de esa labor de Marx. En este aspecto, nada es más significativo que la forma en la cual se introduce la expresión misma de “proceso de reproducción” en su crítica de la economía política, sin que Marx se detenga en él, sin hacerlo objeto de un análisis conceptual (una definición explícita, un cuestionamiento de sus presupuestos, una justificación de su necesidad, etcétera), al revés de todos sus hábitos. Tanto que el “proceso de conjunto” del que trata el Libro III (a juzgar por su título) en definitiva no es siquiera identificado clara y nítidamente por Marx como proceso de reproducción del capital.
La temática de la reproducción debe tal ambigüedad a su posición –tanto cronológica como metodológica– en el seno de la crítica marxiana de la economía política.
En primer lugar, su posición cronológica. El tema y a fortiori el concepto de reproducción del capital no figuran ni en los Grundrisse (salvo, de manera todavía implícita, en el esbozo de análisis del “doble movimiento” de la circulación), ni tampoco en los Manuscritos de 1861-1863 (si no es a través de la discusión de las famosas tablas de Quesnay). Parecen haber hecho su aparición recién durante la redacción de la versión primitiva de El Capital (entre 1863 y 1865), al menos si lo juzgamos por el fragmento del Libro I que ha quedado y fue publicado bajo el título de El Capital. Libro I. Capítulo VI (Inédito). Pero como acabo de recordar, el Libro III de El Capital que Engels armó a partir del manuscrito de esa primitiva versión, revela la persistente ambigüedad de la posición teórica del concepto de reproducción en el seno del manuscrito.
Recién tardíamente, pues, durante la redacción de la versión definitiva del primer Libro de El Capital, más exactamente de su penúltima sección, y aun más cuando se abocó a la redacción definitiva del segundo Libro, la temática de la reproducción parece haber comenzado a tomar cierta amplitud y, sobre todo, cierta autonomía y consistencia teórica en el pensamiento de Marx. Sobre todo, es en ese contexto, en relación con la elaboración de los esquemas de reproducción condicionando la circulación del capital social, cuando Marx parece haber comenzado a tomar conciencia de los problemas específicos que plantea la reproducción del capital en su conjunto.
Esta hipótesis del descubrimiento gradual y tardío de la temática de la reproducción también puede apoyarse en la posición que Marx le asigna en su abordaje, que va metódicamente de lo abstracto a lo concreto. Sabemos que eso implica que en cada etapa del análisis están levantadas las hipótesis condicionales sobre las cuales éste fue conducido en las etapas anteriores, mostrando cómo se encuentran producidaspor el capital las condiciones de su movimiento que previamente se suponían como dadas. Ahora bien, en El Capital la temática y la problemática de la reproducción aparecen siempre al final del trayecto: en los dos primeros Libros, en los cuales los procesos de producción y proceso de circulación son analizados sucesivamente por separado, sólo en las secciones finales Marx les dedica algunas consideraciones; y es en el Libro III, que analiza “el proceso de conjunto” resultante de la unidad de ambos procesos, donde son elaborados y desarrollados con mayor amplitud, aunque en lo esencial de manera simplemente implícita y todavía fragmentaria.
Esa posición no pudo ser fortuita: indica claramente que, según la misma lógica del método seguido por Marx en su crítica de la economía política, el proceso de reproducción del capital es justamente el proceso más concreto pero también el más complejo, aquel cuya exposición supone la recapitulación del conjunto de los anteriores resultados del análisis, y que descubre al mismo tiempo el secreto de momentos anteriores. Sin embargo, Marx nunca lo presenta así (salvo quizás en el Libro II): casi siempre figura sólo como un desarrollo complementario, abordando fenómenos nuevos, y no como una profundización y culminación de análisis anteriores.
 
La subestimación de la problemática de la reproducción por Marx
 
Esa posición profundamente ambigua de los análisis que Marx ha dedicado a la reproducción del capital, me parece que se explican por su subestimación y en definitiva por su desconocimiento de la especificidad de los problemas que plantea precisamente esa reproducción. Porque, en resumidas cuentas, para Marx la reproducción del capital no plantea verdaderamente un problema: esta íntimamente convencido de que, dentro de los límites que le asignan sus contradicciones internas, límites que él puede sin dudas desplazar pero de los cuales no pude liberarse, el movimiento del capital como valor en proceso es un movimiento auto-reproductivo, un movimiento que (re)produce sus propias condiciones, cuyos resultados no son otros que sus propios presupuestos.
Todos los análisis que Marx dedica a la reproducción del capital repiten a porfía la formula siguiente: los resultados del proceso de conjunto de la producción capitalista son al mismo tiempo sus presupuestos, entre los que figuran en primer lugar las mismas relaciones capitalistas de producción; tanto que el proceso engendra permanentemente las condiciones de su propia repetición. Y todo el esfuerzo teórico de Marx consistirá en demostrar que el proceso de producción capitalista es también un proceso de reproducción sui generis: que produce por sí mismo sus propias condiciones, no sólo materiales (medios de producción y fuerzas de trabajo) sino también sociales (las relaciones de producción que operan estas condiciones materiales que le sirven de apoyo). Dicho de otra manera, todo su esfuerzo consiste en “internalizar” las condiciones de la reproducción del capital, en transformarlas en otros tantos resultados del mismo proceso capitalista.
Trabajando en esa perspectiva, Marx logró sus principales resultados y elaboró su contribución original al análisis del proceso de reproducción del capital. En el mismo movimiento, llega así a subrayar la coherencia y la consistencia de ese proceso, que presenta como un proceso auto-reproductivo, pero también su fragilidad y su caducidad; porque las condiciones de su reproducción son por eso contradictoriamente las de sus disfunciones y crisis, en definitiva las de su autodestrucción. Especialmente:
 
¨      Muestra que el proceso capitalista de producción reproduce permanentemente, por medio del “doble movimiento” del proceso de circulación, la separación entre productores directos y medios de producción, separación que transforma los segundos en capital y coloca los primeros bajo la dependencia directa de este último, al obligarlos a poner continuamente en venta su fuerza de trabajo. Así como engendra por sí mismo “el ejército industrial de reserva” que el capital necesita para hacer frente a las fluctuaciones cíclicas de su proceso de acumulación.
¨      Establece también las proporcionalidades intersectoriales que condicionan la circulación y la reproducción del capital social no sólo en valor sino en naturaleza: las proporciones entre los elementos constantes y variables del capital de los dos sectores productivos, estableciendo también las relaciones que deben respetar tanto en su composición orgánica como en su tasa de acumulación. Indicando al mismo tiempo que esas condiciones circulatorias de la reproducción son igualmente factores potenciales de disfuncionamiento, de desajustes y, en definitiva, de crisis del proceso de reproducción.
¨      En tercer lugar, demuestra la necesidad funcional de la autonomización de una parte del capital social en y por el proceso de circulación (capital vendedor); así como de la autonomía del capital financiero, bajo su doble forma de capital de préstamo y de capital ficticio; subrayando también acá los riesgos de disfunción y de crisis potencial que encierra, sin embargo, esa doble autonomía.
¨      En cuarto lugar, contra las ilusiones de la economía vulgar en la competencia, restablece en su verdadero nivel las relaciones entre capitales singulares, consistentes en atracciones y repulsiones recíprocas, mostrando que éstas no hacen más que realizar las exigencias y condiciones de la reproducción del capital en general.
¨      Por medio del análisis de las formas fetichizadas que revisten las relaciones capitalistas de producción en el curso del proceso de reproducción, establece en quinto lugar las bases de un análisis del comportamiento de los agentes de ese proceso (especialmente de los agentes capitalistas), que permite comprender cómo su autonomía individual, presupuesta por ese proceso y engendrado por él, se subordina sin embargo a su movimiento de conjunto –aunque pueda, sin embargo, desviarse y generar, otra vez, disfunciones y crisis–.
¨      Finalmente, se llega a que incluso las contradicciones de ese proceso y las crisis que ellas generan pueden, en definitiva, servir a su reproducción, restableciendo las condiciones de equilibrio que su misma dinámica tiende sin embargo a perturbar y destruir sin cesar.
 
En cada etapa del análisis, el resultado alcanzado –aunque no siempre perfectamente obtenido– por Marx es el siguiente: mostrar que el proceso de producción capitalista engendra los diferentes elementos (materiales, sociales, institucionales, ideológicos) que condicionan la posibilidad de su propia reproducción, generando contradicciones que excluyen que esa reproducción pueda ser una simple repetición idéntica y menos aun un proceso indefinido.
 
Los tres niveles del proceso global de reproducción del capital
 
Pero si la idea que el proceso capitalista de producción es un proceso de reproducción sui generis, que engendra por sí mismo las condiciones de su reproducción, fundamenta el interés y la originalidad de los análisis de Marx sobre la reproducción, ella también marca sus límites e insuficiencias.
En efecto, es más que evidente –tal es el sentido de lo que demuestro en el estudio cuyas tesis aquí resumo– que, por sí mismo, en tanto valor en proceso, el capital no llega a darse, a producir, el conjunto de sus propias condiciones de existencia y de permanencia, el conjunto de sus mismos presupuestos. Por el contrario, algunas de esas condiciones, y no las menos importantes, solamente pueden ser aseguradas mediante procesos que se sitúan más allá del movimiento del capital como valor en proceso, más allá del proceso de conservación y de incremento del valor-capital, por fuera del proceso de conjunto de la producción capitalista.
En una palabra, este último es, como máximo, sólo un momento de un proceso mucho más vasto a través del cual resulta engendrado el conjunto de las condiciones de la existencia y de la permanencia del capital como relación social de producción, y que propongo denominar el proceso global de reproducción del capital. Proceso que se puede analizar, a mi modo de ver, como tres procesos distintos, cada uno de los cuales posee autonomía relativa, pero sin dejar de estar articulado sobre los otros dos.
 
a.      En primer lugar, figura el movimiento del capital como valor en proceso, valor capaz de conservarse y de acrecentarse en un proceso cíclico. Este proceso constituye pues un nivel de proceso global de reproducción del capital, el único que Marx reconoció explícitamente como tal y del que nos legó un análisis metódico, sino exhaustivo, en su crítica de la economía política.
Propongo llamarlo proceso inmediato de reproducción del capital para distinguirlo del proceso global de reproducción, de la misma forma que Marx distingue y opone el proceso de producción inmediata al proceso de conjunto de la producción capitalista. El calificativo inmediato no se justifica sin embargo por esa sola analogía, sino por la manifiesta capacidad del capital de producir en y por su movimiento de valor en proceso, sin otra mediación que las elaboradas por ese proceso, y por tanto inmediatamente, algunas de las condiciones de su propia reproducción.
b.      Pero a esas condiciones inmediatas de la reproducción del capital se agregan otras que el movimiento del capital como valor en proceso no puede justamente engendrar por sí mismo. Para distinguirlas de las precedentes, las denominaré las condiciones generales exteriores de la producción capitalista.
Esas condiciones son generales en un doble sentido. Por otra parte, debido a que son concernientes esencialmente a la reproducción del capital social en su totalidad, tal como se forma por el entrecruzamiento de los movimientos de múltiples capitales singulares, y no a la reproducción inmediata de estos últimos: son los presupuestos generales de la valorización de los capitales singulares que deben ser garantizados a nivel del conjunto del capital social. Por otra parte, y sobre todo, esas condiciones ponen en juego el conjunto de los aspectos y de los elementos de la realidad social y no sólo aquellos que el capital se apropia inmediatamente en y por su movimiento de valor en proceso.
En cuanto a su exterioridad con respecto a este último, no significa que ese movimiento no puede ocupar un lugar directo en su producción, sino que ninguna de esas condiciones generales es ni un dato inmediato, ni el resultado global del movimiento del capital como valor en proceso. Dicho de otra manera, su producción debe necesariamente requerir otras mediaciones distintas a las implicadas en y por el proceso de reproducción inmediato del capital. Y son esas mediaciones las que aseguran la apropiación y la integración de los elementos de la realidad social como condiciones de reproducción del conjunto del capital social.
Así por ejemplo, por su movimiento de valor en proceso el capital no alcanza a asegurar la (re)producción de algunas condiciones de su proceso de producción inmediata, ya sea de medios socializados de producción (infraestructura colectiva, producción y difusión de los resultados de la investigación científica, etcétera) o de aspectos de la reproducción de la fuerza del trabajo no aseguradas directamente por la circulación mercantil de la misma (las relaciones familiares, la producción y la gestión del espacio- tiempo doméstico, las prácticas educativas, el sistema de enseñanza, etcétera). Asimismo, el movimiento de capital como valor en proceso no está en condiciones de producir y de reproducir por sí mismo el espacio social que requiere la circulación del capital: las redes de transporte y de comunicación, las concentraciones urbanas, los arreglos del territorio, etcétera. Así como tampoco es capaz de crear el conjunto de condiciones que aseguren una perfecta movilidad tanto del capital social y del trabajo social, permitiéndoles un desplazamiento lo más rápido posible de una rama de producción a la otra, para asegurar la perecuación de la plusvalía social generadora de la ganancia media: pensemos sólo en lo que ello implica también de unificación (político-administrativa) del territorio y de homogeneización de modos de vida (normas sociales y culturales) en el seno de una sociedad dada. En cuanto a la apropiación por el capital de los procesos de consumo, tanto del salario como de la plusvalía, supone mediaciones que sobrepasan por lejos las que el movimiento del valor en proceso puede producir por sí mismo.
El proceso de producción de las condiciones generales exteriores de la producción capitalista constituye entonces un proceso irreductible al movimiento del capital como valor en proceso. Lo consideraré como un segundo nivel específico del proceso global de reproducción del capital, distinto de su proceso de reproducción inmediata.
c.       Sin embargo, los dos procesos anteriores no agotan el proceso global de reproducción del capital. Este comprende además el proceso de producción y de reproducción de las relaciones de clases. Dicho de otra manera, se trata también de comprender cómo la reproducción del capital en tanto relación social se efectúa en y al mismo tiempo contra la división de la sociedad en clases, las luchas entre ellas en sus múltiples formas y sus peripecias constantes, en fin, las mismas clases como sujetos colectivos.
Considerar ese proceso complejo como un nivel específico del proceso global de reproducción del capital se justifica doblemente. Por una parte, por el hecho que, aquí también, intervienen mediaciones del proceso de reproducción desconocidas en los dos niveles precedentes. Así, para tomar un ejemplo, sólo el análisis de las luchas de clases puede permitir acceder a las relaciones de fuerza, los compromisos, los fenómenos de composición y descomposición de las clases sociales en la escena social y política, conducentes especialmente a la formación de bloques sociales (sistemas complejos de alianzas entre clases, fracciones, capas y categorías) que se encarnan y se representan en organizaciones asociativas, sindicales, partidarias pero también en los aparatos de Estado. Es imposible, en consecuencia, limitar el análisis de la relación del Estado con la reproducción del capital a las formas y estructuras que se derivan de las funciones que cumple en los dos niveles precedentes del proceso de reproducción, sin tomar en consideración los efectos propios de las luchas entre clases que se materializan en él.
Por otro lado y sobre todo, ( re)introduciendo las relaciones y luchas de clases, se trata de restituir las determinaciones subjetivas (las clases en lucha, sus intereses, proyectos y representaciones, en el doble sentido ideológico y político del término) del proceso global de reproducción del capital, puesto que los análisis de los dos niveles anteriores sólo retienen las determinaciones objetivas (las relaciones sociales autonomizadas y reificadas frente a los sujetos individuales y colectivos), por lo que tiende a presentar ese hecho como un proceso automático. Aquí, por el contrario, en este nivel de análisis la perspectiva en parte se invierte; porque no se trata sólo de mostrar cómo el capital y su reproducción generan relaciones y luchas de clases; se trata por el contrario de poner en evidencia que las clases dan forma en y por sus luchas a esa relación y los niveles anteriores de su proceso de reproducción, que las mediaciones anteriores de ese proceso no son en un sentido más que el resultado y la materialización de esas luchas, que estas últimas constituyen pues el motor principal y la última palabra del proceso de reproducción del capital, hasta para diseñar la perspectiva de su desplazamiento.
d.      Considerado globalmente, el proceso de reproducción del capital no es otro, en      definitiva, que aquel por el cual esa relación social que es el capital se apropia contradictoriamente de la praxis social entera, teniendo que subordinarla a las exigencias de su permanencia y de su crecimiento, y ésta está más allá de su solo movimiento de valor en proceso, que no constituye sino el primer momento, su momento inmediato. Así he avanzado en la hipótesis en la introducción de mi propuesta, ella es el proceso por el cual el capital llega a desarrollarse en un modo de producción específico, el capitalismo: a totalizar la praxis social, subordinándola a sus propias exigencias, precisamente las de su reproducción, y transformándolas en consecuencia en su conjunto como cada uno de sus elementos. Es también en ese sentido que se puede hablar de él como proceso global de reproducción porque es en definitiva el proceso generador y organizador de la sociedad global contemporánea.
 
El eslabón perdido de la crítica de la economía política
 
Sean cuales fueren las razones que puedan explicarlo, y sobre las cuales no es posible detenerme aquí, lo cierto es que la insuficiente elaboración por Marx del concepto de reproducción del capital obstaculizó directamente la culminación de su crítica de la economía política, al menos tal como la entendía inicialmente.
En efecto, si nos remitimos a los primeros planes de esa crítica, concebidos en 1857-1858, su proyecto es el de un análisis global del mundo de producción capitalista, de una critica de la civilización capitalista en toda su extensión y en todos sus alcances:
 
El plan a adoptar debe ser manifiestamente el siguiente: 1º Las determinaciones abstractas generales, que convienen entonces más o menos a todas las formas de sociedad, pero en el sentido expuesto más arriba; 2º Las categorías que constituyen la estructura interna de la sociedad burguesa y sobre las cuales reposan las clases fundamentales. Capital, trabajo asalariado, propiedad de la tierra. Sus relaciones recíprocas. Ciudad y campo. Las tres grandes clases sociales. El intercambio entre ellas. Circulación. Crédito (privado). 3º Concentración de la sociedad burguesa bajo la forma de Estado. Considerada en su relación con sí misma. Las clases “improductivas”. Impuestos. Deuda pública. Crédito público. La población. Las colonias. Emigración. 4º Relaciones internacionales de producción. División internacional del trabajo. Intercambio internacional. Exportación e importación. Cotización. 5º El mercado mundial y las crisis.[2]
O también: “Examino el sistema de la economía burguesa en el siguiente orden: capital, propiedad de la tierra, trabajo asalariado; Estado, comercio exterior, mercado mundial.”[3]
De las dos tríadas precedentes, sabemos que Marx finalmente se atuvo a la primera y, además, de manera incompleta. Pero conociendo ahora el exhaustivo sentido que podemos y debemos darle, se percibe claramente que el concepto de reproducción del capital es el verdadero eslabón perdido de la crítica marxiana, la mediación que le faltó para que pudiera culminar su obra madura.
Por una parte, la relativamente inacabada elaboración por Marx de la primera tríada, capital-propiedad de la tierra-trabajo asalariado, suministrando “la estructura interna de la sociedad burguesa”, tiende a la reducción de la reproducción del capital a su proceso inmediato solamente. En efecto, ya sea que se trate de realizar un verdadero análisis del trabajo asalariado, de la condición salarial, del proceso de producción y reproducción de la fuerza del trabajo ajustado a las condiciones de una reproducción ampliada del capital, cosa que los análisis marxianos están muy lejos de suministrar; o incluso de los desarrollos de la división social del trabajo, de las relaciones entre ciudades y campo, de la división capitalista de la sociedad en clases y de sus relaciones recíprocas; a fortiori, por último, de la síntesis del conjunto de esos elementos en y por el Estado (los diferentes estados-naciones tomados aisladamente), lo que en cada caso hace falta y mucho más para aferrar la articulación entre esos diferentes momentos es precisamente el concepto de reproducción del capital tal como propongo comprenderlo, como proceso mediante el cual el capital totaliza el conjunto de determinaciones de la praxis social para convertirlas en otras tantas mediaciones de su proceso de reproducción, subordinándolas a las exigencias del mismo.
Y esa misma carencia es la que trabará, por otra parte, el esfuerzo de Marx para desarrollar la segunda tríada, o dicho de otra manera, para desarrollar su análisis de la mundialización de las relaciones capitalistas de producción, su análisis de las relaciones internacionales y del mercado mundial. Porque, tal como todo el devenir ulterior del capitalismo lo puso de manifiesto, la mundialización no puede comprenderse sino como la extensión progresiva de esas relaciones dirigida por los imperativos de su reproducción, y especialmente como una tentativa para escapar de los límites y contradicciones de esa misma reproducción.
Finalmente y quizás sobre todo, el concepto de reproducción del capital es lo que le habría hecho falta a Marx para concebir la articulación entre las dos tríadas precedentes. Porque es el único que permite aferrar la relación entre los dos procesos que acabo de evocar sucintamente: el devenir-capital del mundo, o sea la apropiación por el capital del conjunto de las condiciones de la praxis social, su penetración hasta lo más profundo de la vida individual y colectiva, para someterlas a las exigencias y efectos de la reproducción del capital, por una parte; y, por otra parte, el devenir-mundo del capital, la extensión de las relaciones capitalistas de producción sobre toda la superficie del planeta, unificando a la humanidad bajo la dominación de las exigencias capitalistas; estos dos movimientos conjuntos no pueden comprenderse en su unidad sino como dos momentos del proceso global de reproducción del capital.
 
La reproducción del capital, un concepto horizonte
 
En definitiva, para resumir y terminar mis palabras sobre el lugar que ocupa el concepto de reproducción del capital en el seno de la crítica marxiana de la economía política, diré que figura como una suerte de concepto-horizonte en un triple sentido:
 
·        Por una parte, se sitúa en el punto de convergencia de sus principales líneas directrices, el punto donde se entrecruzan sus líneas de fuerzas pero también sus líneas de fuga, tanto las que Marx ha seguido y explorado metódicamente como las que se limitó a abrir e indicar, o incluso las que desdeñó y las que no percibió y que sin embargo están implicadas en y por su propio enfoque.
·        Por otra parte, es a la vez el punto desde el cual la unidad de la crítica marxiana de la economía política puede percibirse y concebirse, de manera original en relación con la comprensión que el mismo Marx tenía y propuso; el punto desde el cual las insuficiencias de esa crítica se revelan y las razones de esa conclusión inacabada se explican; y por lo tanto también el punto a partir del cual puede vislumbrarse la culminación de esa crítica.
·        En definitiva, proporciona la apertura que permite sobrepasar el proyecto mismo de esa crítica, avanzando hacia una crítica del conjunto de la civilización del capital, que debería ser el objeto propio de la teoría general del modo capitalista de producción aquí proyectada.


[1] Alain Bihr, La reproduction du capital. Prolégomènes à une théorie générale du capitalismo. Lausana, Editions Page Deux, dos tomos, 2001.
[2] Introducción a la crítica de la economía política, pág. 172.
[3] Contribución a la crítica de la economía política, pág. 3.