Algunas pistas para iniciar el taller sobre la cuestión de la guerra

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(Proyecto de elaboración colectiva)

1. Hoy, bajo múltiples formas y escalas, la guerra es omnipresente. Hay días en los que la guerra ocupa el primer plano de la actualidad en diarios y radios, con noticias destacadas provenientes realmente de todas partes del mundo.

2. En relación con el carácter de nuestro proyecto común, vale decir, un trabajo teórico y político que pretende pensar la actualidad del comunismo en el siglo XXI, los problemas que plantea esa constatación pueden, provisoriamente, agruparse en torno a dos grandes cuestiones:

- ¿como definir los factores constitutivos del "sustrato" económico y político del que se alimenta esa profusión de conflictos, cuando no es posible establecer a priori una relación directa entre el origen, la definición de las fuerzas comprometidas y sobre todo la importancia de las cuestiones estratégicas geopolíticas en juego y el número de víctimas (recientemente, las que estuvieron a la cabeza fueron el genocidio rwandés, las guerras civiles del Congo y la guerra de Darfur y, antes que ellas, la especie de genocidio perpetrado por los Khmer rojos)?

- Si el comunismo es el "movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual" ¿Qué relación podemos establecer entre los elementos constitutivos de este proceso y la omnipresencia de la guerra que venimos de constatar?

Guerras dirigidas tanto contra poblaciones como contra ejércitos

3. En relación a estas dos cuestiones, posiblemente se deberá comenzar por un trabajo que busque establecer la medida exacta de lo que, pasando por diversas etapas, ha llegado a convertirse en un rasgo general de la guerra en la época imperialista, esto es, que la guerra se hace contra las poblaciones por lo menos en igual medida que contra los ejércitos.

Esta constatación es hoy bastante clara. Por detrás del carácter aparentemente proteiforme de los conflictos en términos de nacionalidad de las fuerzas armadas, escala de los conflictos o grado en que las tropas son "regulares", hay un hecho dominante: en muchas circunstancias la guerra se dirige exclusivamente contra poblaciones civiles y, en todas las guerras, al menos parte de las operaciones van contra ellas. ¿Hasta qué punto se trata de una novedad? ¿No estamos ante la manifestación actual de un proceso que podría ser consustancial a la relación entre el imperialismo y la guerra? ¿No es preciso encuadrar la discusión recolocándola en una historia un poco más larga?

Para iniciar la reflexión, indiquemos las que podrían haber sido etapas de la generalización de la guerra contra las poblaciones. La expansión europea en América, inicialmente en la parte hoy llamada "latina", luego en los Estados Unidos e inmediatamente la expansión colonial, fueron marcadas de punta a punta por la guerra contra las poblaciones, en algunos guerra genocida. Desde 1880 ese rasgo se endurece, al punto que filósofos como Hannah Arendt establecen un lazo muy estrecho entre esta forma de guerra colonial y el imperialismo como régimen político del capital financiero. Con los años 30 y el ascenso del fascismo, hace pié en Europa la guerra contra poblaciones situadas "en el extranjero", como una forma peculiar de la guerra social interna y, por lo tanto, como un medio al que el capital financiero debe recurrir tanto para asentar su dominación como para defenderla cuando está amenazada. La indignación levantada por el bombardeo de civiles en Guernica (España, 1937) expresa que fue visto como algo nuevo. Pero ese paso hacia la barbarie se generaliza. Tenemos las masacres perpetradas contra los civiles por el ejército japonés en China. Tras los ejércitos alemanes, la Gestapo instala en los países vencidos y ocupados formas de ataque y represión calcadas de las que sirvieron para destruir el movimiento obrero e instaurar el terror en Alemania. El Holocausto es el punto mas alto de una forma general de terror, de la que también constituyó un pico la campaña de los ejércitos alemanes que el nazismo llevó a cabo en la URSS. Pero la imbricación entre dos tipos de guerra, guerra entre burguesías rivales y guerra de clases (efectiva o "preventiva"), marca también la acción de las democracias. Así, el bombardeo de las grandes ciudades alemanas, del que Dresde devino símbolo, tuvo como objetivo prevenir la posible acción de lo que restaba de movimiento obrero alemán: se preservó los sitios de producción, pero se arrasó las ciudades obreras. El lanzamiento por los Estados Unidos de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki apuntó al mismo objetivo en Japón, al mismo tiempo que anunciaba el arma que el imperialismo estaba dispuesto a utilizar en determinadas condiciones políticas.

La amplitud y alcances de esta imbricación fueron luego ocultadas por una reflexión sobre la guerra realizada principalmente desde el ángulo del "equilibrio de la capacidad destructiva" de las dos principales potencias atómicas, pero también por el hecho de que la guerra de Corea tuvo aún la apariencia de una guerra principalmente librada entre ejércitos. El hecho de que también en Dien Bien Phu se viera la derrota de un ejército por otro, oscureció la conciencia del grado en que las sucesivas guerras de Indochina y Vietnam se dirigieron contra la población civil al menos tanto como contra el ejército vietnamita. Antes de que el gobierno de los Estados Unidos fuera obligado a abandonar Saigón, la guerra de Vietnam fue el campo de ensayos de todos los medios tecnológicos de guerra "selectiva" a gran escala contra poblaciones civiles. Los Estados clientes de los Estados Unidos fueron formados para hacer este tipo de guerras. Así, la "guerra contra la coca" en Colombia es un verdadero ejemplo de este tipo de "guerra combinada" contra la población, y también contra la tierra donde vive (defoliantes tipo "agente naranja", minas anti-personal, etc.).

Las guerras en las que el enemigo potencialmente es toda o casi toda la población de un país, exigen una ocupación militar durante largos o muy largos períodos, con todas las consecuencias que esto implica en términos de modificación de condiciones políticas en el país agresor (nuevo impulso al movimiento anti-guerra) e internacionalmente. Uno de los objetivos de los medios tecnológicos cada vez más sofisticados que se preparan es acortarlos. Los casos de Afganistán e Iraq ilustran los límites de esa estrategia. Pero esto, a los ojos de quienes están empeñados en ello, es una razón más para dar otros pasos que ya están en preparación, sobre todo la miniaturización del arma nuclear.

El engranaje de situaciones de ocupación militar durante largos o muy largos periodos que, de una u otra forma e independientemente de los deseos o intenciones formales, implican que exista una guerra en contra de la población en cuanto tal, no es una exclusividad de los Estados Unidos, ni de Rusia en Chechenia. Es también el caso del Estado de Israel en relación a los palestinos. Una guerra dirigida contra la población, suscita como reacción acciones mortíferas y a ciegas cuyas víctimas son también civiles. Los únicos medios de poner fin a este engranaje son políticos y están del lado de los ciudadanos del país ocupante.

¿Cómo articular los dos usos del término "imperialismo"?

4. La primer discusión realizada en el encuentro del 20 y 21 de mayo de 2006 en Nyon (Suiza), puso en evidencia que no es posible sortear el trabajo de análisis y debate que impone el hecho de que, entre los anti-imperialistas, el término imperialismo puede ser utilizado de dos maneras (exageramos deliberadamente la oposición): sea para designar sobre todo o principalmente la economía política de la mundialización contemporánea como un todo; sea para caracterizar la acción política y militar mundial de los Estados Unidos y sus mas próximos aliados (estas maneras de abordar el debate se manifestaron ya en el debate entre Claude Serfaty y Gilbert Achcar en Carré rouge nº 30).

En el primer caso, se pone el acento en el régimen social de dominación del capital financiero en sus formas contemporáneas (fondos de pensión e inversión) y sobre los efectos de la dominación característica de ese capital que se nutre de intereses y dividendos. Son formas de acumulación que atacan frontalmente las exigencias de la reproducción a largo plazo de sociedades y ecosistemas amenazan la existencia misma de los productores y sus familias, alimentando las revueltas pero también las "guerras fraticidas". En el segundo caso, se pone el acento en los lazos de los terrenos de intervención y núcleos de guerra con los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, dictados en gran medida por sus propias necesidades en materias primas.

El primer enfoque tiende sobre todo a describir las cuestiones en término de "caos" contagioso provocado por la extensión mundial de la liberalización y desreglamentación neoliberales. Este caos conduce en muchos casos a situaciones en las que protagonistas de los países y regiones mas miserables se convierten en "ejecutantes" contemporáneos de la "ley de la población" de Malthus (ver los textos de Claude Meillassoux publicados por Editions Page Deux sobre este tema). En otras situaciones, se asiste a intervenciones desordenadas del tipo "bombero-piromaniaco" por parte de Estados situados mayoritariamente en Europa y los Estados Unidos, que son simultáneamente los mas militarizados y los más interesados en mantener los privilegios de las clases sociales que mas se benefician con la mundialización del capital. El segundo privilegia la idea de un "gran ajedrez" donde los Estados (o incluso sólo uno, los Estados Unidos) desplazan sus piezas.

El objetivo del análisis y la discusión sería llegar a comprender cuanto hay de real y cuanto de artificial en tal oposición. Esto permitiría también establecer lo más claramente posible las formas de articular ambas maneras de considerar los problemas. Así se reforzaría la comprensión de los procesos de privatización y "tercerizacion" de la guerra y de la violencia, tanto por parte de los grupos industriales privados como por los ejércitos "regulares", así como la del rol de los "traficantes de armas" de todo tipo.

Uno de los factores que hacen urgente la clarificación del peso relativo de cada uno de estos aspectos, es el siguiente. Existen suficiente indicios para formular la hipótesis de que se desarrolla una relación cada vez mas estrecha entre la guerra y dos procesos relacionados pero que conviene distinguir: la relación del capitalismo con la "naturaleza" y la que se establece el imperialismo y los recursos del globo. La primera tiene que ver con la finitud de los recursos energéticas y de materias primas en base a los cuales sigue basándose ampliamente la acumulación del capital, a despecho de "el ascenso de lo inmaterial " (lo que se verifica en el marco de una transferencia hacia China de la base manufacturera del mundo). La segunda tiene que ver con la destrucción multiforme de las mas elementales condiciones de vida de la población de los países mas pobres del mundo (o parte de dichos países) como resultado tanto de los perjuicios ecológicos como de una nueva etapa de expropiación del campesinado a través de las políticas neoliberales que permiten a los grandes grupos utilizar el manejo tecnológico de lo viviente (Organismos Genéticamente Modificados, etc.) como pura arma de dominación de clase.

Tanto en uno como en otro proceso, la guerra está contenida simultáneamente como guerra general de los centros imperialistas contra "los condenados de la tierra" y como conflicto inter-imperialista. Será preciso pues mejorar bajo ambos ángulos (el de los efectos de la competencia inter-imperialista y el de las consecuencias de la expropiación y agravamiento de la miseria de las poblaciones) la comprensión de las relaciones entre la guerra y la necesidad imperialista de controlar las fuentes de materia prima, de energía, del agua, de las tierras arables y los "reservorios" de quiere aprovecharse la biogenética.

Este es el marco en que deberá situarse la discusión de las guerras y de las precedentes alianzas apuntadas al control militar de los principales recursos (energéticos, pero no solamente) del Medio Oriente, África y Asia Central. El empeño de los Estados Unidos es manifiestamente central. En algunos teatros estratégicos como el Medio Oriente sus mejores aliados, como por ejemplo Israel, sacan un gran provecho. Pero no es sólo el acceso a los recursos lo que está en juego, para el valor del dólar es una cuestión clave la denominación en dicha moneda de la venta de tales productos. Además, no sólo los Estados Unidos son los protagonistas de la guerra de los centros imperialistas contra los condenados de la tierra y, potencialmente, de los conflictos ínter imperialistas. Los Estados de la Unión Europea lo son a igual título: de ahí el hecho de que la construcción de "la Europa de de la defensa y la diplomacia común" (ver Irán) continúa y que las burguesías europeas buscan salvar sus industrias militares. Finalmente, tampoco Japón y China están por fuera de este proceso. Japón se rearma rápidamente y liquido las barreras constitucionales a su intervención en el exterior. China es un estado militarizado en el que las fuerzas armadas y sus dirigentes son un componente central del Estado en un país cuya transición al capitalismo significa también su ingreso en el sistema de dominación imperialista como potencia protagonista (será indispensable discutir los alcances y la naturaleza de la ocupación del Tibet, cosa que nunca fue hecha desde el lado "antiimperialista"). Ambos Estados tienen ya una "diplomacia del petróleo". ¿Es razonable suponer que no irán mas allá?

Último factor de complicación: las rivalidades inter-imperialistas fueron pensadas políticamente en un contexto en que ellas llevaban directamente a guerras mundiales o cuasi-mundiales entre las potencias rivales. Actualmente, predominan las llamadas guerras "baja intensidad". Generalmente son llevadas a cabo por ejércitos de Estados dominados, o por lo menos con el apoyo de una fracción de las capas dominantes de esos Estados, actuando como correas de transmisión de una o varias fracciones del capital transnacional. Estas "guerras de baja intensidad" se dirigen contra otros Estados dominados y sus poblaciones. Generalmente preceden la intervención directa de las fuerzas militares imperialistas. Se vieron ejemplos en la ex -Yugoslavia y actualmente en varios países de África.

¿Qué relación existe entre guerra y revolución? ¿Qué programa para el movimiento anti-guerra?

5. Pasemos al segundo de los temas arriba expuestos. Dos ideas Para iniciar la discusión pueden adelantarse acá dos ideas:

- ¿No sería oportuno reexaminar la frase "el imperialismo, época de guerras y de revoluciones"? ¿La guerra es terrible, pero dado que engendra la revolución tiene acaso una función histórica? ¿Esa caracterización de la III Internacional -que algunas corrientes de la IV Internacional retomaron tal cual, a despecho de textos de Trotsky de 1938-40 que pueden ser leídos de tal modo que ofrecen una visión muy diferente- no operó como atenuante del grito "socialismo o barbarie"? ¿No contribuyó a "normalizar" la idea de la guerra reintroduciéndola en una teoría "optimista" de la historia en la cual la superación del capitalismo sigue siendo presentada como algo que está inscripto en el movimiento "objetivo" de la historia?

El otro subtema que no puede evadirse acá es lo referido al actual movimiento anti-guerra. Puede postularse que acá reside el lazo potencialmente mas fuerte entre la guerra y el comunismo concebido como "movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual" . Pero esto conduce a numerosas cuestiones. Si se dice que sí, y que el movimiento contra la guerra tiene la potencialidad de jugar un rol importante o central en la constitución de un sujeto político con vocación de "cambiar el mundo" ¿no depende eso enteramente de las bases políticas sobre las cuales se construye y de los enemigos que se fija? ¿No es obligatorio examinar la relación que establece entre el régimen de la propiedad privada y la guerra, así como los aliados que escoge (por ejemplo el islamismo llamado "radical") y las formas de intervención que adopta?¿El movimiento anti-guerra que se reconstituyó en el momento de la invasión a Iraq no es acaso - tal como lo fuera el viejo "movimiento por la paz"- un terreno de confrontación entre corrientes que defienden distintas visiones del antiimperialismo? ¿Un movimiento anti-guerra conduzca a la cuestión del comunismo, no debería relacionar el problema de la guerra con la existencia del capitalismo y no aclararía siempre que fuera posible las relaciones de la guerra no sólo con los actos de tal o cual Estado (los Estados Unidos, Israel, la Rusia de Putin en Chechenia) sino también con el régimen de la propiedad privada en cuanto tal? ¿En todas las situaciones en la que está en juego la situación de una nación oprimida, el contenido, la "cualidad" de las campañas por la defensa de tal país o pueblo no dependen, al menos parcialmente, del grado en que se relaciona la opresión nacional con la dominación económica y política que tiene su fundamento en el capitalismo?
 


[Publicado en Carré rouge nº 31, junio 2006. Traducción del francés al castellano de Aldo Casas]