Pensar el Comunismo, El Socialismo, hoy. Intervención de Ricardo Napurí

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Autor(es): Napuri, Ricardo

Napuri, RicardoNapuri, Ricardo. [Barranca, Lima, 1924] Marxista revolucionario peruano. Militó en el moviviento trotskista. Fue colaborador del Che Guevara.


"En la lucha por la revolución y el socialismo, las experiencias de la lucha de clases en Latinoamérica enriquecen la teoría…"

Intervención de Ricardo Napurí, 17 de setiembre 2006

Ante todo, permítanme que salude a mi amigo François Chesnais, camarada y amigo en decenas y decenas de años. El está al origen de mi "conversión" trotskista; y eso es decir bastante. Advierto que, por el apuro, las notas que leeré son apuntes rápidos, escritos a mano y en una letra chica que ni yo mismo entiendo; y que son un desarrollo de la intervención que realizara últimamente en Suiza, en el seminario "Pensar el socialismo hoy".

Me parece que el texto que vamos a discutir es valioso y que está estructurado con las herramientas que nos da el método abstracto-deductivo. Es decir, la interacción entre teoría (análisis y caracterizaciones fundamentales) y práctica en la lucha de clases. De la critica-práctica; de la praxis.

El texto recorre, directa o implícitamente, el proceso histórico en que la propiedad privada de los medios de producción y los capitalistas propietarios de los mismos, han depredado el trabajo humano y a la naturaleza. Tanto, que en esta etapa de la globalización-mundialización la consigna de "socialismo o barbarie", es más vigente que nunca.

En este curso, el capitalismo ha creado un mercado único. Mecanismos de acumulación, de revalorizacion del capital, pero en un sistema de dominación mundial atravesado por la crisis; ésta de diverso carácter. O sea, la reproducción de la dominación como producto de la reproducción del capital.

Por ello debemos plantearnos con toda urgencia la perspectiva del socialismo concebido como proceso de auto emancipación, colectivo a individual. Es, qué duda cabe, un arduo trabajo teórico y político, de decantación y clarificación, en­trelazando la ligazón de nuestra propia experiencia y la de los contenidos diversos de la lucha de clases.

De ahí el llamado a tomar en cuenta el largo periodo de la historia del movimien­to obrero, del accionar de las masas populares; de la propia historia del marxismo.

Debido a esto el documento se detiene en precisar la naturaleza de las fuerzas sociales, concebir al marxismo como actividad teórico-práctica y analizar las formas particulares de la creciente barbarización del sistema; y asimismo en todas las manifestaciones de la autoactividad y auto emancipación de los trabajadores. Autoactividad, resultado siempre de la relación de fuerza entre las clases.

Intentare, muy apuradamente, presentar algunas manifestaciones de esta autoactivi­dad en el proceso de las luchas -ofensivas y defensivas- de la realidad de algunos de los países latinoamericanos. Entendiendo, como se ha expresado, esta autoactividad como una capacidad de autodeterminación, una capacidad de autoorganizacion y la capacidad de formar su conciencia de clase en sus diversas dimensiones y contradicciones.

Pero sin olvidar que estamos hablando de países dominados por el imperialismo y explotados los trabajadores y capas populares por el conjunto del capital, es decir, las patronales de cada país. Con todos los particularismos -peculiarieda­des- que produce el desarrollo desigual y combinado del proceso historico. Por esto han quedado reducidos a la condición semicolonial.

Por estas peculiaridades y por el desarrollo desigual, hay que considerar que es mas apropiado que la idea de clase obrera debe resolverse, o fundirse, en clase trabajadora; de todos aquellos que viven de la venta de su fuerza de trabajo. Sobre todo en la mundialización capitalista que produce en estos países atrasados, además de la pobreza y miseria y el desarraigo de la fenomenal marginación del trabajo y social. Y en estos países de desarrollo capitalista. rezagado, la noción de masas populares, con fuertes minorías campesinas e indígenas.

Cierto, no hay que hacer historiografía y detenerse tanto en el pasado. Pero

si la autoactividad y mas aun la autoemancipacion deben ser entendidos como una construcción a largo plazo, en un proceso contradictorio de avances y retrocesos, las referencias históricas pasadas son una necesidad en la medida que son un componente, integrado y complejo, del proceso en que hoy se encuentran implicadas las masas populares.

Asimismo, en la condición del atraso y dominación capitalista, la estructuración de clase es diferente con relación a los países centrales, ya industrializados. De ahí que no se hayan podido formar partidos propios de la clase trabajadora, perfectamente delimitados; y sí partidos de frente de clases, mesoclasistas, bajo la dirección de la pequenaburguesia nacionalista o reformista. Como, por ejemplo, el APRA peruano; el MNR boliviano; el peronismo argentino; el laborismo brasileño. Y aun el PT de Lula y los partidos Socialista y Comunista de Chile con diferencia de origen y tradiciones, tienen este carácter.

Con este aviso, intento introducirme en el desarrollo del problema. Si en la definición tentativa de autoactividad cabe la actividad de las masas populares en sus diversas expresiones, los marxistas latinoamericanos hemos debido tomar a la revolución mexicana que se inicio en 1910 -mucho antes que la revolución rusa de 1917- como un verdadero laboratorio del comportamiento de las clases y capas sociales, en un proceso en que se gesto la revolución democrática mas abarcativa y profunda en experiencias de América Latina. Las masas y vanguar­dias que lucharon y se organizaron bajo el liderazgo de Pancho Villa, en mayoría semiproletarias, artesanales, pauperizadas, marginales; las campesinas a indígenas detrás de Emiliano Zapata. El conjunto del proceso ha dejado experiencias y huellas enormemente útiles a la memoria de los oprimidos latinoamericanos. No obstante, no puedo detenerme en esta breve exposición en resaltar cuanto avanzaron en sus luchas diversas y complejas, en su autoorganización y en conciencia política.

Tampoco es materia de esta exposición señalar el porqué los partidos de influencia de masas, sobre todo los del Cono Sur, no se apoyaron en las enseñanzas del proceso de la revolución mexicana y de otras ocurridas en Latinoamérica. Y tampoco, y esto merece una mención especial, las organizaciones y corrientes que se han reclamado del socialismo y del marxismo.

Sin embargo, en el recorrido de la memoria histórica, debemos detenernos, siquiera de paso, en las posturas asumidas por estas corrientes y organizaciones que se han reclamado asimismo representantes de la clase obrera y del socialismo revolucionario. Tanto los partidos comunistas, por su seguidísimo incondicional a la burocracia contrarrevolucionaria stalinista de la URSS y del "campo socialista", como los grupos y organizaciones compuestas por militantes no stalinistas, incluidos los troskistas, dejaron de lado este tipo de experiencias "democrático-burguesas". Es que había que seguir el "modelo" de la revolución bolchevique, de Octubre. Bastaba con tratar de imitarla, obviamente sin tener en cuenta la realidad histórica concreta y sus peculiaridades diversas.

Este es uno de los hechos por el que no se profundizara el análisis critico de "toda" revolución no soviética, de que los cuadros marxistas no se calificaran en el conocimiento a fondo de la realidad de cada uno de sus países. Así, salvo excepciones, se "olvidó" la revolución obrero-popular en Bolivia, 1952 -y en gran medida asimismo de la revolución cubana, analizada muchas veces­con una gran carga sectaria.. De ella, ante todo, han debido extraerse lecciones en la perspectiva y carácter de la revolución, del hecho de que "direcciones pequeno-burguesas, incluidas stalinistas, puedan ir más lejos en la via de la ruptura con el imperialismo...", lo que está en la base de las formas sustituis­tas particulares que ha asumido la revolución cubana.

En el proceso histórico latinoamericano a las experiencias citadas hay que agregar, entre otras, la vía pacífica al socialismo de Allende, en Chile; el desarrollo de la revolución centroamericana en la década de 1970; la cuasi guerra civil en Colombia actualmente; el nacionalismo "tardío" del chavismo venezolano y aun las frustraciones y capitulaciones del PT-Lula y del Frente Amplio uruguayo con su gobierno actual.

Bolivia, Ecuador y los países andinos merecen un análisis prolijo; sobre todo la Bolivia del MAS y Evo Morales .Lo sorprendente es el abandono u olvido del tema de la "cuestión nacional" tratándose de los países atrasados latinoamericanos; de países oprimidos por el imperialismo en la fase actual de la mundialización, con los estragos que ella produce en su realidad propia. Por ello, casi con sorpresa, se ha asumido la existencia en muchos de nuestros países de la cuestión campesina a indígena.

En la no actualizada memoria critica de nuestro proceso histórico continental se desconocieron, por ejemplo, los aportes que ya en 1930, realizara el marxista peruano Jose Carlos Mariategui, tomando en cuenta la realidad peruana de ese entonces, caracterizó que el problema de la mayoría campesina-indígena era un problema fundamentalmente político y no racial o étnico. Entre los particularis­mos del país, consideró que la existencia de decenas de miles de comunidades campesinas, con su organización comunal aun vigente, constituían un fuerte y notable apoyo para la emergencia y organización del campesinado atrasado. Así, Mariategui planteó la necesidad de una revolución campesina, motorizada por los propios campesinos. Pero que sin embrago no podría triunfar sin contar con el apoyo de las ciudades; y en ultima instancia, bajo la dirección del proletariado.

Pero Mariategui aportó mucho más. En su histórica polémica con Haya de la Torre, avanzó en el tema de la opresión nacional, por tanto del rol del nacionalis­mo, aun del mas progresivo; del carácter de clase del partido revolucionario frente a los de frente de clases o mesoclasistas; y sobre todo del porque del carácter socialista de la revolución en nuestros países. El marxista peruano dejó otras valiosas huellas. Afirmo que ni la revolución ni el socialismo "indoame­ricano" podían ser "calco ni copia".Es decir que no podían haber "revoluciones tipo", y que las conocidas, como la Rusa, no podían ni copiarse ni imitarse. Por esto los stalinistas lo motejaron de "populista", de "idealista campesinista", de "revisionista". Y muchos troskistas, además de desconocer su existencia y legado, lo "olvidaron" porque sus desarrollos lo enfrentaban al modelo de la Revolución de Octubre, concebida como revolución histórica "tipo".

Siempre sucintamente. Con lo dicho quiero resaltar un problema fundamental a resolver, siquiera tentativamente: que en la lucha por la revolución y el socialismo, las experiencias de la lucha de clases en Latinoamérica enriquecen la teoría, una especie de huella histórica en el camino de la revolución. Pero los ejemplos de autoactividad y autoorganización son muchos y de una diversidad notable. Entre la teoría y la práctica, dialécticamente pensada, queda planteado éste interrogante ¿la revolución y el socialismo embrionario no se han ido "gestando" a través, sobre todo, de la práctica de la lucha de clases?

En este tramado, contradictorio y complejo, me parece que encontramos enorme aportes en el terreno de la subjetividad. Llámese conciencia política, de clase, o madurez e inmadurez de las vanguardias.

Es explicable que los partidos burgueses de masas, nacionalistas o no, sustituyan por "principio democrático" a los trabajadores, al pueblo. Por "principio" ellos afirman que son los representantes del pueblo, que no debe ejercer la democracia directa. O sea que no son para nada realmente democráticos. Y en el caso de gobiernos de fuerte acento nacionalista, bonapartistas, como el de Chávez en Venezuela, permiten la organización por la base, de las capas populares, pero siempre impidiendo su real independencia. Así ocurre con el ataque del gobierno a la mayoría de la UNT, central mayoritaria de los trabajado­res, por manifestarse independiente del gobierno.

No obstante es fuerte el sustituismo entre las organizaciones de la izquierda radical, que se reclaman del socialismo. Los partidos comunistas no pueden ser democráticos; son burocráticos y centralizados y verticalizados por imposi­ción cupular. Esta deformación estructural la imponen a las organizaciones de masas que dirigen.

Sin embargo, las organizaciones de origen no stalinista, aun marxistas y trosquis­tas, son igualmente sustituistas. Sin cargar de ejemplos concretos, las experien­cias de autoorganización y autodeterminación, embrionarias y a veces desarrolla­das, han debido soportar a los sustituistas no stalinos, que pretenden dirigir sin haber ganado autoridad alguna, en nombre de su condición de autoproclamada vanguardia revolucionaria y depositarios de la verdad socialista. Su sectarismo, dogmatismo y sobre todo marginalidad, están al centro de este hecho. Un ejemplo a destacar ha sido el comportamiento de estas "vanguardias", sustituistas, en el proceso revolucionario argentino, a partir de la crisis del 2001-2002.

Me parece que es necesario analizar concienzudamente el comportamiento de estas autoproclamadas direcciones revolucionarias, o vanguardias, en el proceso de gestación y desarrollo de las iniciativas de autoorganización de los trabajadores y de la juventud. Y si cabe su responsabilidad en las frustraciones y fracasos de aquellos.

Producida la crisis del sistema de partidos y la perdida de autoridad e influen­cia de estos sobre las masa organizadas y autoorganizadas, constatamos que los llamados movimientos sociales, de diversa naturaleza y carácter, han aprovechado de esta perdida de influencia y antigua autoridad, para desarrollar gran numero y variedad de experiencias de autorganizacion, que sin embargo no los han acercado al poder, caso por ejemplo del MST de Brasil o la CONAIE en Ecuador. Esta realidad ha permitido el surgimiento de calificados analistas, que incluso han teorizado sobre este presunto poder alternativo en el cuadro de la sociedad capitalista. Es el caso de Holloway que toma como "modelo" a la experiencia zapatista; y en otro terreno a la "multitud" de Toni Negri.

Por ello considero correctas las preguntas del documento ante las responsabilida­des de la izquierda marxista ante estos procesos: ¿Que parte han tenido en el desarrollo de elementos de autoactividad las organizaciones revolucionarias? ¿Que rol hubieron podido o debido asumir? ¿qué enseñanzas se pueden extraer en cuanto a lo que debería ser la forma, la estructura, los modos de organización e intervencion, y las finalidades (el programa), de grupos y organizaciones que no pretenden sustituir al proletariado para actuar en su lugar, ni tampoco dirigir sus luchas, sino activar en su seno sus potencialidades de autoactividad?

En mi parecer las respuestas a estas importantes preguntas solo se pueden dar recorriendo el proceso de la lucha de clases, para el caso en América Latina. Y sin desechar, como se ha hecho, la riqueza de los aportes de luchas, rebeldías y revoluciones. Pero tampoco de los aportes en el terreno de las ideas, del análisis, de la teoría, de revolucionarios del tipo de Jose Carlos Mariategui, entre otros muchos.

Para concluir: creo vivamente que hoy es mas acentuado el anticapitalismo embrionario de cada lucha y rebeldía. Pero además que hay que restablecer -­metiéndole sangre a las ideas, como dijo Mariategui- la idea de la revolución. ¿O acaso no es más urgente y necesaria ésta en la época de "socialismo o barbarie capitalista"? No esperemos que el socialismo recreado nos venga del "cielo" o del simple ejercicio teórico. Es que la revolución y el socialismo se construyen a partir de la lucha reivindicativa y política de cada dic y lugar. En cada uno de nuestros países, componentes de la lucha internacional de los trabajadores por su emancipación del yugo del capital.