Operatividad de la biopolítica. Ámbito de historicidad

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Autor(es): Logiudice, Edgardo

 Agradezco a mi hija Ana Logiudice su orientación en la lectura de Foucault.

 
1. La sospecha
 
Cuando escribí Agamben y el estado de excepción intuí que la expresión biopolítica tenía algo de redundancia. Me preguntaba a qué otra cosa se podía referir la política sino a la vida. Me conducían a ello las lecturas de Negri y de Agamben, donde sospeché cierto abuso. Es decir una utilización de una generalidad tal que todo podía ser biopolítico. De ese modo, en la indistinción, su operatividad determinativa se nulificaba. Tanto desde el ángulo de la especificidad histórica, como de su fecundidad política.
El librito se publicó y allí quedó el asunto. Insatisfecho. Molesto por el estado de sospecha y la imprecisión de lo meramente intuido. En suma, duda e inquietud.
Tal como parece, si no quién acuñó la expresión, al menos quien la hizo célebre fue Foucault. Ineludible, entonces, bucear allí. Al menos en lo que está traducido hasta ahora al castellano. 

2. Negri

Después del revuelo de Imperio que, con Hardt, escribió Negri, éste se vio acuciado a hacer aclaraciones.
Tales las clases impartidas en la Università di Cosenza-Arcavacata, Istituto di Sociologia, en la primavera europea de 2002. Publicadas como Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio.
De ellas nos interesa la Lección 2. Allí hace explícita, como tentativa de actualización, su concepción de la biopolítica. Expresamente en relación a Foucault.
El dispositivo consiste en extender el campo de los biopoderes, desde lo que Foucault analizaba como gubernamentalidad a todo el campo vital. Al mismo tiempo eso significa, naturalmente, su extensión de validez histórica hasta hoy.
No es mi intención, en este trabajo, analizar su argumentación, sino simplemente registrar el dispositivo.
Según Negri, la biopolítica, como ciencia de policía, crece vinculada a la administración, al derecho público, pero en un segundo momento de separa de él. Se separa, entonces,
 
[…] de toda función política que se encuentre dentro de la tradicional dicotomía Estado-sociedad. Se trata, entonces, de una economía política de la vida en general. La biopolítica nace como ciencia de policía, como una tecnología ligada al obrar del Estado, y luego se representa como un tejido general que concierne a toda la relación entre Estadoy sociedad. Esta segunda formulación genera, sin em­bargo, otro problema: ¿debemos pensar la biopolítica como un conjunto de biopoderes derivados de la actividad de gobierno o, por el contrario, en la medida en que el poder se ha apropiado de la vida, también la vida se convierte en un poder? Mejor aún ¿podemos decir que la biopolítica representa un poder que se expresa por la vida misma, no sólo en el trabajo y el lenguaje, sino también en los cuerpos, los afectos, los deseos y la sexualidad? ¿Podemos identifi­car en la vida el lugar de emergencia de una suerte de contrapoder, de una potencia, una producción de subjetividad que se da como momento de des-sujeción? Desde esta segunda perspectiva inter­pretativa, cuando la vida se presentara como potencia, la cuestión de la biopolítica sería fundamental para una reformulación de la relación política: la biopolítica representaría el paso de lo político a lo ético, omejor, una perspectiva de construcción ética del cuerpo, de la vida de los placeres y de la vida del trabajo. (A.N. 2004: 85/86)
 
Para Negri, con la “experiencia científica contemporánea” la noción se instala desde la identificación histórica de la extensión de los poderes del Estado, concomitante con el gobierno cada vez más amplio de las poblaciones
 
hasta el momento en que esta relación se invierte. Es precisamente alrededor de esa inversión que una serie de estudio­sos foucaultianos comenzaron a proponer la distinción entre biopoder y biopolítica. Se habla de biopoder cuando el Estado ejerce su dominio sobre la vida por medio de sus tecnologías y dispositivos; se habla de biopolítica, en cambio, cuando el análisis crítico del do­minio se hace desde el punto de vista de las experiencias de subjetivación y de libertad, en resumidas cuentas, desde abajo. Desde esta perspectiva, el biopoder es la caracterización más elevada de la modernización capitalista de las relaciones sociales. (A.N. 2004: 86)
 
3. Agamben
 
Afirma Edgardo Castro:
 
[…] es posible distinguir dos sentidos de la biopolítica en Agamben, la biopolítica de la soberanía (cuya cronología se extiende desde la Antigüedad hasta nuestros días) y la biopolítica de la gubernamentalidad (la biopolítica moderna, cuya cronología coincide con la que propone Foucault). (E.C. 2008: 115/116)
 
En El Reino y la Gloria, dice Agamben que se propone indagar los modos y razones por los que el poder ha ido asumiendo en Occidente la forma de un gobierno de los hombres:
 
Ella se sitúa por lo tanto en la huella de las investigaciones de Michel Foucault sobre la genealogía de la gubernamentalidad, pero busca, a su vez, comprender las razones internas por las que estas no han llegado a com­pletarse. En efecto, la sombra que la presente interrogación teórica proyecta sobre el pasado llega, aquí, mucho más allá de los límites cronológicos que Foucault le ha asignado a su genealogía: hasta los primeros siglos de la teología cristiana, que ven la primera e incierta elaboración de la doctrina trinitaria en la forma de una oikonomía. Situar el gobierno en su locus teológico, en la oikonomía trinitaria, no significa tratar de explicarlo a través de una jerarquía de las causas, como si a la teología le compitiera necesariamente un rango genético más originario; significa, más bien, mostrar cómo el dispositivo de la oikonomía trinitaria puede constituir un laboratorio privilegiado para observar el funcionamiento y la articulación –tanto interna como externa– de la máquina gubernamental. (G.A. 2008: 9)
 
Y un poco más adelante:
 
Una de las tesis que se tratará de demostrar es que de la teología cristiana derivan en general dos paradigmas políticos, antinómicos pero funcionalmente conectados: la teología política que funda en el único Dios la trascendencia del poder soberano, y la teología económica, que sustituye a ésta por la idea de una oikonomía concebida como un orden inmanente –doméstico y no político en sentido estricto– tanto de la vida divina comode la humana. Del primero derivan la filosofía política y la teoría moderna de la soberanía; del segundo, la biopolítica moderna hasta el actual triunfo de la economía  y el gobierno sobre todo otro aspecto de la vida social. (G.A. 2008: 13)
 
En Homo Sacer I, dice Agamben:
 
Se puede decir, incluso, que la producción de un cuerpo biopolítico es la aportación original del poder soberano. La biopolítica es, en este sentido, tan antigua al menos como la excepción soberana. Al situar la vida biológica en el centro de sus cálculos, el Estado moderno no hace, en consecuencia otra cosa que volver a sacar a la luz, el vínculo secreto que une el poder con la nuda vida, reanudando así (según una correspondencia tenaz entre moderno y arcaico que se puede encontrar en los ámbitos más diversos) el más inmemorial de los arcana imperii. (G.A. 1998: 16)
 
Recordemos el término zoé. Al menos en palabras del mismo Agamben:
 
Los griegos no disponían de un término único para expresar lo que nosotros entendemos con la palabra vida […] zoé, que expresaba el simple hecho de vivir, común a todos los seres vivos […] (G.A. 1998: 9)
La muerte impidió a Foucault desarrollar todas las implicancias del concepto de biopolítica y también mostrar en que sentido habría podido profundizar posteriormente la investigación sobre ella […] (G.A. 1998: 13)
La tesis foucoltiana debe, pues, ser corregida o, cuando menos completada, en el sentido de que lo que caracteriza a la política moderna no es la inclusión de la zoé en la polis, en sí misma antiquísima, ni el simple hecho de que la vida como tal se convierta en objeto eminente de los cálculos y de las previsiones del poder estatal […]. (G.A. 1998: 18)
 
No obstante, entonces, la distinción analítica de Edgardo Castro, podemos decir que, en definitiva, Agamben otorga a la biopolítica un alcance histórico mucho mayor, también ampliando el concepto que de ella había elaborado Foucault. No solamente la gubernamentalidad de Foucault queda subsumida en el nuevo concepto de biopolítica sino que ella misma es antiquísima. Porque lo que hace el Estado moderno es sacar a la luz lo que está presente desde los arcana imperii, lo arcaico de la soberanía generando el cuerpo biológico, desde los comienzos mismos del cristianismo.
 
4. Foucault y la historia
 
El telón de fondo de las investigaciones de Foucault es la historia del capitalismo.
Los biopoderes operan, en su concepción, como condición necesaria o, si se quiere, como una meta-estructura del capitalismo.
 
Decía Foucault en 1976:
 
[…] Ese bio-poder fue, a no dudarlo, un elemento indispensable en el desarrollo del capitalismo; éste no pudo afirmarse sino al precio de la inserción controlada de los cuerpos en el aparato de producción y mediante el ajuste de los fenómenos de población a los fenómenos económicos. Pero exigió más; necesitó el crecimiento de unos y otros, su reforzamiento al mismo tiempo que su utilizabi­lidad y docilidad; requirió métodos de poder ca­paces de aumentar las fuerzas, las aptitudes y la vida en general, sin por ello tomarlas más difíciles de dominar; si el desarrollo de los grandes apa­ratos de Estado, como instituciones de poder, aseguraron el mantenimiento de las re1aciones de producción, los rudimentos de anátomo y biopolítica, inventados en el siglo XVIII como técnicas de poder presentes en todos los niveles del cuerpo social y utilizadas por instituciones muy diversas (la familia, el ejército, la escuela, la policía, la medicina individual o la administración de colectividades), actuaron en el terreno de los procesos económicos, de su desarrollo involucradas. (M.F. 1996: 170)
 
Creo que esto autoriza efectuar, entonces, una reconstrucción cronológica, estableciendo algunas correspondencias entre sus conceptualizaciones y algunas emergencias económico-políticas.
 
 
SIGLOS
FOUCAULT CONCEPTOS
PROCESOS ECONOMICO PRODUCTIVOS
IDEAS ECONOMICAS
FORMA JURID-POLÍTICA LEGITIMACION
XV
Disciplinas monásticas
Condiciones del capitalismo: Acumulación
Intercambio reglamentado
Reinos Soberanía
XVI/XVII
 
 
Liberación del mercado Mercantilismo *
Monarquías Absolutas
XVII/XVIII
Disciplinas Anatomopolítica
Manufactura fabril
Organización racional           *
Contractualismo codificación
XVIII/XIX
Control Biopolítica
Gran Industria
Liberalismo económico
Código Napoleón
XX
Biopolítica
Fordismo
 
Const. social
XX/XXI
**
Posfordismo (toyotismo, etc.)
Cap. financiero Neoliberalismo
Estado de derecho
* Liberación de los mercados y organización racional de la producción constituyen premisas lógicas e históricas del capitalismo ya desarrollado de la gran industria. 
* * Para este período la preocupación de Foucault está en el arte de gobernar, entendido como “la manera en que se ha procurado, desde el siglo XVIII, racionalizar los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de seres vivos”. Resumen del curso 1978-1979
 
Es común que, para ubicar los dispositivos de poder, Foucault acuda a los siglos pertinentes, y en éstos a sus principios o finales. Su atención principal, dados los mecanismos que quiere describir, está puesta entre los siglos XVII y XX. No obstante, para señalar la originalidad o novedad de un fenómeno, acude a algunos “antecedentes”, datados directa o indirectamente.
Así cuando, en Vigilar y castigar, afirma que “Durante siglos las órdenes religiosas han sido maestras de disciplina”, hace referencia a la vida monástica de los Hermanos de la vida común. (M.F. 2003: 143). O a la acepción genérica del término mercado en el sistema de reglamentaciones de precio justo y sanción del fraude, en la Clase del 17 de enero de 1979.
La datación del primer ejemplo es indirecta: Los hermanos de la vida común corresponden a los siglos XIV y XV. Del segundo es directa: el mercado “[…] tal como funcionó en el Medioevo y en los siglos XVI y XVII”. (M.F. 2007: 46)
Creo que algunos párrafos más legitiman la pretensión del cuadro arriba expuesto.
 
[…] las técnicas de racionalización y economía estricta de un poder que debía ejercerse, de la manera menos costosa posible, a través de todo un sistema de vigilancia, jerarquías, inspecciones, escrituras, informes: toda la tecnología que podemos llamar tecnología disciplinaria del trabajo, que se introduce desde fines del siglo XVII y durante el siglo XVIII. […] Luego de la anatomopolítica del cuerpo humano, introducida durante el siglo XVIII, vemos aparecer, a finales de éste, algo que ya no es esa anatomopolítica sino lo que yo llamaría una biopolítica de la especie humana.
[…] durante la segunda mitad del siglo XVIII vemos aparecer algo nuevo, que es otra tecnología de poder, esta vez no disciplinaria. Una tecnología de poder que no excluye la primera, que no excluye la técnica disciplinaria sino que la engloba, la integra, la modifica parcialmente y, sobre todo, que la utilizará implantándose en cierto modo en ella, incrustándose, efectivamente, gracias a esta técnica disciplinaria previa.
Clase del 17 de marzo de 1976. (M.F. 2000: 219)
 
A grandes rasgos, tendríamos así, un período de antecedentes del disciplinamiento de los cuerpos en las disciplinas monásticas, más o menos coincidente con la liberación del mercado, es decir un presupuesto esencial de la economía mercantil-capitalista. Período también de la acumulación originaria, desposesión de los campesinos, etc.
El período de la anatomopolítica o tecnologías disciplinarias del trabajo, es decir, el de su organización de acuerdo a la razón instrumental (“de la manera menos costosa posible”), al que se corresponde la manufactura fabril, comenzada ya a mediados del Siglo XVI.
Ya a mediados del Siglo XVIII, la “biopolítica de la especie humana”, “el ajuste de los fenómenos de población a los fenómenos económicos”. El control de las poblaciones: “técnicas de poder presentes en todos los niveles del cuerpo social y utilizadas por instituciones muy diversas (la familia, el ejército, la escuela, la policía, la medicina individual o la administración de colectividades)”. Es la época de la gran industria, el taylorismo y el fordismo. La producción de bienes en masa, por las masas y para las masas.
 
5. Foucault en la historia
 
Probablemente Agamben acierte cuando dice que la muerte impidió que Foucault desarrollara todas las implicancias de su concepto de biopolítica. Lo que no parece seguro es que las desarrollara en el sentido que él propone.
Aun en relación al método Agamben mismo se encarga de señalar puntos ciegos “que el ojo del investigador no puede percibir” (G.A. 1998: 15).
Por lo demás, la corrección a las tesis foucoltianas que él propone, no significa una “actualización” como en el caso de Negri, sino una remisión a un paradigma del derecho romano arcaico. Paradigma en el que con el modelo biopolítico confluye el jurídico-institucional, del que Foucault quería obstinadamente liberarse. (G.A. 1998: 14/15).
Lo cierto es que allí donde Foucault elaboraba el concepto de gubernamentalidad, donde el Estado aparecía aun estableciendo todas las reglas del juego, Agamben veía ya el estado de excepción, que significa “que la política parece sufrir hoy un eclipse duradero”.
Quizá, en ese sentido, de alguna manera lleve más razón Negri, en tanto Foucault, parece esforzarse por captar el papel del neoliberalismo llegado ya a las usinas ideológicas de Francia y el real papel del Estado. De eso trata el Curso de 1978/79 y su definición de la política, en 1982, en El sujeto y el poder.
Sin ahondar en los procesos económicos críticos ni en las emergencias geopolíticas de los años setenta, señalaré brevemente algunos hitos atinentes a mi objeto.
Recordemos, Foucault dicta sus clases en el Collège de France desde 1970 hasta su muerte en 1984.
Margaret Thatcher asumió en 1979. La primera reacción importante a sus políticas tiene lugar con las huelgas mineras contra los despidos masivos y la flexibilización en 1984.
Ronald Reagan recién asumió en 1981. El toyotismo, una forma de producir que incorpora la robótica, hace pié en los Estados Unidos en 1982, con la empresa Honda en Ohio. En ese mismo año surgen los primeros contratos de opciones de divisas en los mercados de cambio y su primer mercado se organiza en la Bolsa de Filadelfia. Las comunicaciones permiten operaciones en tiempo real. Por esos años John Bogle funda Vanguard, un fondo de inversión fiduciario indexado. La ingeniería financiera apenas se montaba, eran los inicios del gran edificio contractual que sustenta la economía de especulación.
En 1981 el marketing se define como una ciencia para orientar conductas.
Por entonces, según el Banco Mundial, el mundo contaba con 1.900 millones de pobres, un tercio de la población mundial. De esa época datan nuevos enfoques y formas de medir la pobreza.
No se hablaba aun de la quiebra del Estado-Nación.
Aunque Foucault analizaba los argumentos neoliberales respecto al achicamiento del Estado, dedica el curso de 1978/79 al arte de gobernar, la gubernamentalidad
En 1982, en El sujeto y el poder, dice aun que las relaciones de poder han llegado a estar “cada vez más bajo el control estatal”.
En 1979, Foucault dice el objetivo actual del capitalismo no es el consumo, sino la multiplicidad y diferenciación de empresas.
 
[…]se equivocan los críticos que se imaginan […] al denunciar […] a esa sociedad uniformadora, de masas, de consumo […] estar criticando el objetivo actual […] Se trata, al contrario, de alcanzar una sociedad ajustada no a la mercancía y su uniformidad, sino a la multiplicidad y la diferenciación de empresas. Clase del 14 de febrero de 1979. (M.F. 2007: 187)
 
Percibe aun el papel del Estado como la instancia que dicta las reglas del juego de la competencia inter-empresarial.
 
Un juego regulado de empresas dentro de un marco institucional garantizado por Estado […] Hayek caracteriza esta definición de Estado de derecho […] «consiste en trazar el marco más racional en cuyo  interior los individuos han de entregarse a sus actividades conforme a sus planes personales». Clase del 21 de febrero de 1979. (M.F. 2007: 209)
 
Percibe también la expulsión de la mano de obra.
 
[…] tenemos la constitución de una política económica que ya no está centrada en el pleno empleo […] se renuncia […] para integrarse a una economía de mercado […] Es un sistema muy distinto del que utilizó el capitalismo del siglo XVII o del siglo XIX […]. Clase del 7 de marzo de 1979. (M.F. 2007: 247)
 
La referencia de Foucault al consumo y a la pobreza es muy fugaz.
Atiende a ello, en relación a las políticas neoliberales de abandono del pleno empleo y el asistencialismo, en la Clase del 7 de marzo de 1979. (M.F. 2007: 247/248)
Dice allí que para adecuar la cantidad de mano de obra necesaria y suficiente, para producir conforme a la demanda, no se puede ya acudir a la masa campesina. Es necesario mantener una cantidad de pobres relativos que, por supuesto, deben sobrevivir para estar disponibles cuando se los necesite. Para ello es necesario asistirlos, mantener un consumo de sobrevivencia, pero no tal que les sea más beneficioso vivir sin trabajar, sino que deseen estar mejor, para estar dispuestos a volver a producir.
Como se ve su concepto de pobreza, cuando ésta ya abarcaba casi un tercio de la población mundial, todavía estaba anclado al concepto marxiano de “ejército industrial de reserva”.
Su atención al consumo, que ya era objeto de especulación financiera, sólo apuntaba a su relación con el asistencialismo de ese ya desbordado “ejército de reserva”.
Sostengo, entonces, que Foucault no alcanzó a investigar los procesos con los que la informática y la robótica estaban revolucionando las formas de apropiación del trabajo ajeno en escala mundial, a través del consumo y la generación de deuda y la exclusión en masa de millones de trabajadores.
Ya no se trataba de producción de ganancias por incorporación masiva a los mercados de trabajo y consumo.
Ya no se trataba del disciplinamiento de los cuerpos y el control de las poblaciones, correspondientes al modo de producir fordista y al estado social.
Foucault no alcanzaba a sopesar toda la dimensión del punto de inflexión de los años ochenta, pero su preocupación era eminentemente política.
Política en el sentido de conductas destinadas a generar otras conductas, tal como lo enuncia en El sujeto y el poder. Sus investigaciones son un esfuerzo por captar los mecanismos específicos de dominación capitalista que él percibe en el neoliberalismo. 
 
6. Operatividad
 
El procedimiento explícito y deliberado de Negri consiste en desplazar las técnicas de disciplinamiento a lo que Foucault comprendía en la biopolítica, y las de éstas al posfordismo.
En la Lección dice:
 
En una conferencia pronunciada en la Universidad de Bahia en 1976 (publicada en 1981-1982), Foucault sostenía: «El descubri­miento de la población y, al mismo tiempo, el descubrimiento del individuo y del cuerpo manipulable se presentan como núcleo tecnológico específico, en torno al cual los procedimientos políticos de Occidente se transformaron. En ese momento se inventó lo que, en oposición a la anatomopolítica, se llama biopolítica». Retomando a Foucault, hay que subrayar el paso del arte del gobierno de la disciplina al control.Por disciplina se entiende una forma de go­bierno sobre los individuos, de manera singu­lar y repetitiva. Actualizando la definición, podríamos decir que es disciplina lo que en la época contemporánea cubre todo el tejido social mediante la taylorización del trabajo, las formas fordistas de las formas macroeconómicas de las políticas keynesianas. Por con­trol, en cambio, se entiende el gobierno de las poblaciones por me­dio de dispositivos que abarcan colectivamente el trabajo, lo imagi­nario y la vida. Diciéndolo en términos actuales, podemos afirmar que el pasaje de la disciplina al control está representado hoy por el paso del fordismo al posfordismo. Siguiendo a Foucault se podría decir que en la fase posfordista el control pasa más por la televisión que por la disciplina de fábrica, más por lo imaginario y la mente que por la disciplina directa de los cuerpos. (A.N. 2004: 84/85)
 
En las páginas que Agamben dedica a Foucault en Homo Sacer sus preocupaciones andan por otros carriles.
Más parece interesarle el método de aquél. Tales son sus remisiones en relación a los paradigmas, las signaturas y la arqueología filosófica en cada uno de los capítulos de su Signatura rerum.
El asunto es que para él toda la historia de Occidente desde los comienzos de la era cristiana se confunde con la biopolítica, cuyo paradigma es la construcción teológica desde el propio Génesis. De esta manera, las diferenciaciones de los procesos históricos (preocupación permanente en Foucault), aparecen como sucesivas afloraciones de las originarias signaturas a las que los fenómenos remiten. 
De estos dos desplazamientos derivan sendas consecuencias de operatividad política.
En Negri que busca ampliar el concepto de biopolítica de modo que la íntegra vida puede denominarse así. Es decir, todos los aspectos de la vida humana, de modo que quedan indiferenciados los propios polos de la dominación. La biopolítica queda confundida con toda vida humana.
La conflictualidad deviene así genérica, “[…] la biopolítica es una extensión de la lucha de clases” (A.N. 2004: 88), pero las clases quedan confundidas en la multitud.
 
Sabemos que hoy la pobreza consiste en el simple hecho de .no conseguir hacer valer la actividad. Por lo tanto, también el inmigrante pobre o el excluido es alguien que tiene una potencia que expresar […] los pobres son la sal de la tierra porque son una actividad general, una potencia hasta aquí irresoluta y bloqueada.  Si la función de la explotación es quitar aliento, espacio y movilidad, además de capacidad de cooperación y de creación de valor, entonces, el po­bre no es sólo un excluido, sino el sujeto ejemplar de la explotación. En este sentido, el pobre y el trabajador tienen que luchar juntos. […]
 
La alternativa que proponemos en términos de lucha común del trabajo y de la pobreza no es una alternativa mítica, ya que construye una lucha que atraviesa la vida, construye subjetividad. Ciertamente, si el trabajo siguiera siendo trabajo puramente material, todo esto podría parecer dudoso, pero no lo es, porque el trabajo ya es producción del cerebro, y el cere­bro es de todos. Podría decirse tal vez que ante el pobre (y ante esta pobreza que comienza a presentarse como una fuerza positiva) cae también la última figura de la función progresiva del capital. El pobre, «libre como un pájaro», se convierte aquí en el paradigma del trabajador. Es Marx quien define al trabajador, que es condición de la acumulación originaria capitalista, «libre como un pájaro». Quiere decir asimismo pobre como un pájaro. Pero es a partir de esta pobreza, precisamente allí, en el límite que separa de la muerte, donde todo comienza. (A.N. 2004: 90).
 
La pregunta es ¿cómo?
En Agamben los procesos singulares de dominación sólo aparecen en sus efectos. Los mecanismos, los dispositivos positivos, histórico-concretos, no aparecen más que como el móvil filosófico de su arqueología, de la búsqueda de su marca teológica. La tarea política es la profanación, la búsqueda de otros usos a los bienes. Usos que se hacen comunes por el hecho de profanarlos. Se profanan con sólo mostrar que no son sagrados.
 
La creación de un nuevo uso es, así, posible para el hombre solamente desactivando un viejo uso, volviéndolo inoperante. (G.A. 2005:111/112)
Restituir el juego a su vocación puramente profana es una tarea política. (G.A. 2005: 101)
Las potencias, de la economía, el derecho y la política, desactivadas en el juego se convierten en la puerta de una nueva felicidad. (G.A. 2005:101)
Un automóvil, un arma de fuego, un contrato jurídico se transforman de golpe en juguetes […] Y esto no significa descuido (no hay atención que se compare con la del niño mientras juega), sino una nueva dimensión del uso, que niños y filósofos entregan a la humanidad. (G.A. 2005: 101)
 
7. Conclusiones
  
Concluyo, entonces, con dos hipótesis:
 
a)      Es probable que las coneptualizaciones de la biopolítica que elaboró Foucault tengan plena validez, como decía él del marxismo, “local”. Es decir, en la medida en que, aunque dominados o sobredeterminados por otras formas de dominación, explotación y exclusión, las formas de disciplinamiento y control subsistan.
b)      Es probable también que esas conceptualizaciones puedan enriquecerse, incorporando mecanismos que Foucault no indagó, pero que jueguen similares roles de disciplinamiento, control y gubernamentalidad. Siempre en dentro de los límites “locales”. Tales podrían ser, el papel de la contractualidad y del consumo. Biopoderes, si queremos expresarnos así, tanto para la dominación como para las formas de resistencia. De alguna manera los contratos son la forma jurídica de la vida humana en una sociedad de matriz mercantil. Pero también son contractuales el asociacionismo y la cooperación, no necesariamente vinculadas al mercado.
c)      Las extensiones de Negri y de Agamben no me parecen políticamente conducentes.
 
Escrito en Noviembre 2009
 
Bibliografía
 
AGAMBEN, Giorgio. Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. (I). Valencia, 1998, Pre-textos, 268 Págs.
 
AGAMBEN, Giorgio. El Reino y la Gloria. Una genealogía teológica de la economía y del gobierno. Buenos Aires, 2008. Adriana Hidalgo Ed., 538 Págs.
 
AGAMBEN, Giorgio. Signatura rerum. Sobre el método. Buenos Aires, 2009, Adriana Hidalgo Ed., 162 Págs.
 
CASTRO, Edgardo. Giorgio Agamben. Una arqueología de la potencia. Buenos Aires, 2008, UNSAM, 160 Págs.
 
FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad.1. La voluntad de saber. Buenos Aires, 1996. Siglo XXI, 194 Págs.
 
FOUCAULT, Michel. Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Buenos Aires, 2003, Siglo XXI, 314 Págs.
 
FOUCAULT, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978/1979). Buenos Aires, 2007, Fondo de Cultura Económica, 401 Págs.
 
FOUCAULT, Michel. Defender la sociedad. Buenos aires, 2000. Fondo de Cultura Económica, 287 Págs.
 
FOUCAULT, Michel. El sujeto y el poder.Post-escriptum en Dreyfus, Hubert L. - Rabinow, Paul. (2001) Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Buenos Aires, Nueva Visión, 303 Págs. (Págs. 241 a 259).
 
NEGRI, Antonio. Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio. Buenos Aires, 2004. Paidós, 221 Págs.