Los orígenes de las expresiones dramáticas libertarias en Córdoba

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Autor(es): Fos, Carlos

A diferencia de los centros portuarios del país, que fueron objeto de un explosivo crecimiento demográfico determinado por la inmigración, la provincia de Córdoba, como otras mediterráneas, sufrieron este fenómeno pero en virtud de un proceso paulatino. En 1882 aparecía una obra teatral de Alberto Stirner, inmigrante alemán, afincado en las cercanías de Villa Allende. Comedia en dos actos que bajo el título de El orden familiar nos entregaba una pincelada de la sociedad de la época. Allí, en su escena segunda, Alberto, criado de la hacienda, decía a su patrón: “Así están las cosas señor; para algunos la opulencia y la holgazanería y para otros la agitación.” A esto respondía el interlocutor: “Me parece adivinar en tus palabras demasiada tendencia al razonamiento y sobre todo a quejarte de tu suerte”. Este lejano antecedente encuentra marco orgánico en la última década del siglo XIX, cuando comienzan a estructurarse los gremios locales en torno a la seccional de Obreros Tipógrafos de la capital provincial. En un periódico de efímera vida perteneciente al círculo ácrata, “La antorcha”, aparece una pequeña pieza dramática que culminaba en el siguiente monólogo rimado: “Amemos la lucha compañeros / luchemos que la lucha regenera / la vida de su cauce verdadero / se aparta si el dolor no impera.”

 

Un hecho será fundamental para el desarrollo de las ideas anarquistas en la región. Dos maestros racionalistas catalanes, Puyalt y Montalvet, fundaron el círculo “Los forjadores del Ideal” y dos años más tarde, en 1898, la primera escuela libertaria en el barrio popular de Alberdi. Estos pioneros, seguidores de la posición pedagógica del teórico europeo Carlos Malato, esbozaron un programa que hoy podemos reconstruir. Proponían desarrollar la institución de la siguiente manera:
 
1º grado. 1ª Sección: rudimentos de lectura y escritura, deletrear y silabear, paleografía de las primeras letras; primeras nociones de escritura. 2ª Sección: las mismas asignaturas en más adelanto.
2º grado. 1ª Sección: lectura corriente, lectura sencilla. Aritmética: rudimentos. Gramática: rudimentos. Principios de dibujo. 2ª Sección: lecturas varias (manuscritas). Escritura (ensayos de dictado). Aritmética, sistema decimal. Gramática en grado intermedio. Creación de cuadros filodramáticos. Normas de ensayo y construcción de piezas dramáticas y de declamación y oratoria. Dibujo lineal. Talleres de carpintería y elementos escénicos.
3ª y 4ª grados: lectura corriente y manuscrita. Caligrafía. Aritmética, sistema decimal y ecuaciones simples. Geometría, dibujo lineal de adorno, de figuras y cuerpos (en copia y moderna). Nociones generales de geología, astronomía, química y física. Sociología, trato social, historia, geografía. Política y economía.
Mañana y tarde. Matrícula por mes adelantado $1 para 1º y 2º grados y de $ 2 para 3º y 4º.
 
Esta propuesta es bastante ilustrativa del pensamiento contestatario inicial sobre el curriculum escolar; una suerte de satisfacción de requerimientos destinados a introducir en la formación infantil cuestionamientos al orden imperante. Sin duda, materias como sociología (es difícil entrever qué objetivos procuraba la cuestión “trato social”), economía y política eran absolutamente osadas, reservadas con exclusividad para el escenario de las vanguardias. A pesar de los innumerables problemas que tuvo este establecimiento para desarrollar su tarea, debido a las múltiples provocaciones de la burguesía regional, el taller de producción dramática dejó algunos monólogos que Julio Chaves, miembro del mismo, hoy desempolva para nosotros:
 
Yo tenía catorce años y trabajaba en un horno de ladrillos quince horas diarias. Los patrones nos explotaban con todo. Para colmo los sectores de la construcción eran muy fuertes y tenían banca en el gobierno. De hecho, muchos funcionarios les obedecían ciegamente. Sólo la empecinada voluntad del hombre organizado sindicalmente y el fervor idealista de luchadores por la justicia social, logró abrir una brecha en la blindada coraza de los explotadores y la idea de la organización penetró como un fresco mensaje para los peones y los trabajadores de acarreo. Las mujeres contratadas para que, con su miserable oficio de prostitutas, hicieran olvidar a los esclavos de sus negras horas de tortura laboral y miseria, servían de cebo-carnada para que la bebida, el juego y las riñas fueran el obligado espectáculo que diera salida a resentimientos y rivalidades. De esta manera se evitaba el acuerdo de los que sufrían esas condiciones bestiales de trabajo y de vida. Yo, que era bastante caradura y me gustaba declamar, integré varios cuadros filodramáticos y organicé bibliotecas populares, todas destruidas por el odio patronal.
 
Hemos hallado en registros de la escuela “Negras banderas” la disponibilidad de obras de Gorki, Hauptmann y Suderman, junto con múltiples citas de piezas de elaboración propia con indicación de producción colectiva bajo seudónimo. Algunas de las funciones fueron anunciadas y publicitadas desde las páginas de la prensa ácrata, lo que aseguraba la crítica periodística del espectáculo y estimulaba ciertos estilos escénicos. Apreciamos un especial apego por el monólogo. Este papel de privilegio está claramente explicado porque retiene con facilidad la atención del público, en muchos casos semianalfabetos o analfabetos funcionales, y genera la fuerza didáctica de lo que se muestra o expresa. Empleaban una fraseología cercana a la arenga que permitía presentar causas, denunciar, exponer y convencer, resaltándose el valor pragmático de la palabra pronunciada desde un tablado. Los monólogos observados cumplen con las leyes típicas de este teatro de acción: la repetición de fraseología, temas y enseñanzas. Esto se efectiviza con la presencia de un personaje esclarecido y esclarecedor, encargado de dar una lógica interna proselitista. La originalidad no es buscada, pues la insistencia del discurso es la que garantiza la eficacia publicitaria del mensaje, la economía que permite erradicar del texto lo innecesario o inalcanzable para la puesta en escena. Se utiliza la condensación y la simplificación como maniobras útiles que permiten racionalizar la cantidad de personajes y los signos escénicos. A través de ellos se informa e ilustra al público, testigo de los horrores padecidos por el proletariado y el origen de los mismos. También se formulan preguntas, interrogaciones que el personaje esclarecido dirige al destinatario interno del texto en quien se proyecta el público
Lucha sin tregua, aparecido en el número 3 del periódico “Brecha obrera” del día 5 de mayo de 1905, evidencia tales recursos. En él el autor hizo decir a su personaje concientizado:
 
Es urgente / que la clase dirigente / retroceda en su demencia / de ser del pueblo tutora / pues lo tiene uncido al yugo de su ambición y su jugo / el trabajo le devora / ¡Pobre pueblo! / él labra tierra / caminos, minas y tosqueras / da vida a las quebraderas / muere por Córdoba en la guerra. Es avaro de la gloria / de la libertad que engrandece / y tan solo ser merece / héroe anónimo de la historia. Se le engaña y se le explota / con un cinismo sin nombre / y en vez de darle renombre / se le trata como a ilota. ¡Inhumanos no agradecen / nada el rico ni el gobierno! Por el contrario, en eterno / desprecio vil lo escarnecen!
 
En la primera década del siglo XX, numerosos círculos y centros libertarios florecieron en la capital mediterránea y en numerosas localidades de la pampa cordobesa. El cuadro filodramático “Ciencia y progreso” estrenó el 1º de mayo de 1910 la obra Extraña traición. En ella queda expuesta la lucha de los obreros del gremio alimenticio que abogan por la reducción de la jornada de trabajo y por la reglamentación de la labor de los niños, mujeres y ancianos. Alberto, líder de la insurrección, debe organizar a la masa ignorante, adoctrinarla y coordinar con el resto de los sindicatos el boicot y huelga general. Su joven mujer Paula, trabaja en la casa de los patrones como doméstica y por momentos parece defeccionar. Alberto, junto a Soto (linotipista), redacta libelos, prepara reuniones y jornadas de acción directa. Asimismo logra la adhesión de Don Goyo, hombre respetado de la campaña que resueltamente incorpórase a la causa. La policía, reforzada por elementos de la Liga Patriótica local, reprime el movimiento,matando en una emboscada a Don Goyo e hiriendo de gravedad al propio Alberto. Al enterarse de lo acontecido, Paula comprende el sentido último de la confrontación y se suma a las improvisadas trincheras donde es “sableada” por un cosaco. Soto, ahora líder del estallido obrero, intenta convencer a los renuentes a continuar el paro. Los rompehuelgas habían comenzado su accionar disgregador:
 
- SOTO: Sé lo que es el hambre, ese hambre que se mitiga con el mendrugo de pan que los potentados niegan a los miserables, ese mendrugo que tanto nos cuesta para ganarlo cuando empuñamos la herramienta y que los amos, no contentos con explotarnos en el trabajo, cuando sentimos en nuestros corazones las ideas de la liberación nos niegan el derecho de ganarlos con nuestros esfuerzos. Pero, tú no debes desesperar; todos los compañeros están dispuestos a ir a la huelga para obligar a la administración que te restituya en tu trabajo.
-HÉCTOR: (un rompehuelgas, enmascarado como obrero). Muchos han aprobado continuar la huelga pero pocos lo cumplirán. El movimiento fracasará con el sacrificio de unos pocos. Aún cuando todos fuesen a la huelga, llevarían posibilidades de perder. Los trabajadores tenemos el deber de fijarnos en las consecuencias. La huelga es un arma de dos filos que bien puede herir a los capitalistas como a nosotros mismos. Cuidemos siempre que no nos hiera a nosotros y que nos sirva para asestar golpes mortales al capitalismo (Acto I, cuadro III, escena IV)
 
La obra finaliza con el pueblo resistiendo y con un monólogo vibrante de Soto.
 
-SOTO: ¡Compañeros!. No desmayéis. El yugo burgués será aplastado y de nuestra sangre vertida brotarán retoños de libertad. La huelga general es nuestra herramienta. Rumian los patrones sabedores de su derrota. No abandonemos la esperanza y construyamos un mundo sin dolor, explotación ni odio (Acto II, cuadro V, escena III)
 
En cuanto a la estructura superficial, podemos encontrar elementos clásicos de un teatro didáctico simple. En relación a lo expuesto con respecto a los artificios, observamos el encuentro personal, la extraescena realista, la coincidencia abusiva, la causalidad lógico-temporal y los niveles de prehistoria en el principio. Con referencia al sistema de personajes aparecen el esclarecido activo, Alberto y el pasivo, Soto. Héctor, falso obrero enviado para quebrar la huelga, oficia como personaje negativo. Él entrega los datos que permiten asesinar al personaje positivo, clarificador, embrague. Y el personaje al que se intenta convencer es el proletariado local.
La estructura profunda nos entrega a Alberto Muñoz como Sujeto, y a la organización de la resistencia proletaria para obtener reinvindicaciones sociales concretas como Objeto. Como oponentes actúan Héctor, la policía del lugar, los miembros de la Liga Patriótica, el clero, los patrones y el orden injusto. El destinatario es el proletariado y a través de él, la concientización de la humanidad toda, mientras que el destinador es el tejido social injusto. Alberto no alcanza su objetivo al ser herido de muerte, pero Soto, investido como líder, continúa la lucha. La aparición del hijo menor de Soto, Javier, apenas un niño, simboliza la esperanza. Este artilugio es una de las características comunes de todas las piezas ácratas.
En las formaciones discursivas aparecen dos ejes: el social–libertario, que representa Alberto, Soto y Don Goyo y el proletariado cordobés en orden de jerarquía. Antagónicamente se introduce el discurso oficialista, expresado en los bandos oficiales, la prensa burguesa, los jefes policiales y la patronal.
Héctor, que oscila entre ambos, no puede encuadrarse en ninguno de los dos ejes y queda sin voz. Un ejemplo claro del discurso oficial es el que la pieza refleja en el acto II, cuadro IV, escena V, cuando Soto lee las noticias desarrolladas por el diario conservador “La voz del interior” que, como vocero de la reacción, comenta:
 
Esas bestias cuasihumanas, llevadas de la nariz por panfletarios energúmenos, fracasarán en su intento asesino por destruir el orden y la propiedad. Los elementos sanos de la población pronto controlarán junto a nuestra valiente policía los arrebatos de la chusma.
 
El discurso de las capas bajas de las fuerzas de seguridad del lugar, puede ejemplificarse con este párrafo, correspondiente al acto I, cuadro II, escena V; un cabo grita: “¡A lonjazos, quiero la cabeza de estos cabrones! ¡Vamos! Que son pura cabeza como ternero de pobre”.
En relación con el discurso de Alberto, podemos agregar que una vez herido mortalmente Soto se convierte en el personaje embrague, trocando de una actitud secundaria a un accionar de liderazgo. En un momento reflexiona:
 
Desear el combate en cerros y senderos / no dudar ante el golpe artero / nuestra existencia en búsqueda de lo verdadero / se consuma si abandona al compañero”.
 
Finalmente consideramos el idiolecto cordobés inmerso en el discurso de la masa proletaria libertaria. “Está dura la cosa. Pero no puede ser que a mí nomás se me llueve el rancho”. En otro tramo un obrero dice: “Mirálo al Héctor y Hasta luego dijo Pérez y no volvió nunca” (Acto III, cuadro IV, escena I)
La segunda década del siglo XX trajo consigo un importante crecimiento en el número y la actividad de los centros libertarios de la provincia. En 1925 contaban cerca de ciento veinte grupos con una integración aceitada con la red Buenos Aires – Santiago de Chile, que les permitía extenderse hacia el Noroeste siguiendo el tendido de las vías férreas. Estos núcleos produjeron, imprimieron y difundieron folletos, libros, obras de teatro, cancioneros e impulsaron la fundación de escuelas racionalistas, centros de enseñanza independientes, talleres libertarios, ateneos, bibliotecas, comunas libres, círculos de estudios, universidades populares e inmigrantes con el objetivo de promover una propaganda educadora.
La decisión de fortalecer la presencia del movimiento en las zonas más alejadas de los centros urbanos, tomada en 1919, respondió a dos estrategias. En primer lugar, extender la influencia del anarquismo en lugares vírgenes de luchadores sociales de cualquier signo, contando así con círculos pequeños, indetectables, para esconder compañeros durante las represiones. En la zona de Calamuchita funcionaron dos centros vinculados al gremio panadero. Eran verdaderas células (no más de diez miembros) y habían sido fundadas por obreros formados, provenientes de Buenos Aires. Cuenta Jimeno Arredondo:
 
Yo había participado en varias huelgas en los talleres y en el puerto de la Capital, pero no me sentía a gusto. Cuando escuché que había un proyecto para enviar militantes a lugares no trabajados, me acerqué inmediatamente. Realicé un curso de formación en el gremio de imprenteros y cuando creyeron que estaba listo fui mandado a Córdoba. No paramos mucho en la ciudad y nos dividimos con diferentes destinos. El mío fue la zona serrana de Calamuchita. No tenía idea de cómo era el lugar ni con qué me iba a encontrar. Sólo sabía que la verdad estaba de mi lado y me sentía orgulloso de colaborar, aunque fuera mínima mi lucha en comparación con la de nuestros grandes mártires. Yo era un gran lector y aún con más de 90, lo sigo siendo. Y despuntaba el vicio escribiendo guiones para los cuadro filodramáticos. Debo decir que, por modestia, tiré la mayor parte del material, ya que lo consideraba inútil comparado con un Sánchez o un González Pacheco. Así y todo me atrevía a recitar monólogos y a usarlos para que la gente humilde y sin demasiada cultura entendiera mejor mis palabras. Para ello inventé un personaje llamado “El gringo”, que era un obrero anarquista y que en cada intervención arengaba al público. Mi intención era mover las conciencias y generar espíritu crítico. Y realmente funcionaba. Aquellas tímidas criaturas serranas se acercaban a escucharme con más interés y pudimos crear algunos círculos de poca monta, que el descuido del movimiento y la acción de la policía brava local destruyeron rápidamente. Pero aún hoy, cuando paso por algún pueblito y me encuentro con la inquietud de una perdida biblioteca popular, pienso que toda nuestra pelea no fue en vano. Y no me siento derrotado. Es más, si mi cuerpo lo permitiera, saldría a recorrer los caminos y a tratar de completar esa antigua obra. Razones en la actualidad no faltan.
 
La provincia fue recorrida por los mensajeros o acólitos, cuya función era la difusión de los principios social–libertarios. En general, se trataba de hombres jóvenes con una elemental formación y locuacidad suficiente para convencer al ocasional compañero de charla.
Un panfleto, fechado en Villa Dolores el 8 de marzo de 1920, reproduce una obra de títeres pensada para la técnica de guante. En el soliloquio de rigor el protagonista exclamaba: “Oh penas obreras / llanto de los niños vapuleados / gritos callados de las mujeres vejadas / dispersas ante el flamear de la ácrata bandera de la dignidad”. La labor de estos primeros emisarios se complementaría en la década del treinta con el infatigable trajinar de los crotos, verdaderos trashumantes, que viajaban en vagones y chatas del ferrocarril con su atado al hombro. Recorrían innumerables parajes, a veces con el ánimo de hallar fugaces trabajos y a veces sólo por el placer de vagabundear. Aquel mundo de los crotos estaba tejido de silencios y discreciones. Gente con dolores callados y con pasado inquietante, compartía las viadas con hombres que se automarginaban de una sociedad sorda a todo lo que no fuesen valores materiales y con jóvenes ansiosos de mundo nuevo. También iban a parar (o a andar) seres atormentados por problemas psicológicos, los pasados del mono (los que habían enloquecido en la vía). Entre ellos deambulaban muchos, tal vez la mayoría, para quienes estando cerradas las oportunidades laborales en sus diminutos pueblos rurales de origen, sabían buscarlas sin esperanza de arraigar al pie de trabajos estables. Nadie preguntaba en semejante mundo por la historia del otro, ni por las razones de su errabundia. Nadie trababa compañía con otro sino temporaria, apenas por algunas estaciones. La amistad no exigía otra frecuentación que algún encuentro para “otra vez” en tal sitio, para un tiempo que fijaría el trabajo, el clima o el azar. Tanta discreción había facilitado la infiltración de los que dejaban cuentas pendientes con la justicia. Pero también propiciaba el desplazamiento de los propagandistas ideológicos que compartían con los crotos permanentes, la inmunidad derivada de su propia marginalidad. Por eso muchos militantes libertarios eligieron la vida en la vía, para hacer llegar por regiones impensadas su ideal libertario en panfletos, folletos y libros, con cuyas ensoñaciones de emancipación social encendían nuevo trasfoguero junto a la ranchada de los crotos.
Ruben Stirk, croto ácrata recuerda:
 
El sitio preferido que yo recuerde fue Santa Victoria, ferrocarril Pacífico, en tiempos de la administración inglesa, allá por los años 1928 al 32. Era un punto tranquilo, que invitaba al descanso a los caminantes que transitaban bajo el intenso azul cielo de Córdoba. La autoridad, la ley, no figuraban de ningún modo; la hermosa libertad brillaba en todo su esplendor. Los vagabundos encontrábamos ahí un clima, un ilimitado campo de seguridad y tranquila estancia. En la amplia playa de maniobras, marginando los desvíos y una larga vía muerta, dos tinglados de abierto alero con mojinetes de norte a sur ofrecían sus “comodidades” a los golondrinas eventuales. La vía muerta en cuya terminal, junto a los restos derruidos de lo que fuera un embarcadero de vacunos con bebederos oxidados, había un grifo del que aún manaba un fresco chorro de agua. Sobre aquellos rieles en desuso, destartalado y herrumbroso, yacía un vagón inservible. Era un armatoste cerrado, de los llamados “hamburgo”. Había quedado allí abandonado por alguna ignorada causa y por milagro conservaba el techo y la estructura lateral casi intactos.
 
Stirk nos da un primer escalón para desarrollar un estudio futuro sobre los modismos y lunfardías de los hombres de los rieles en las primeras cuatro décadas del siglo XX.
La provincia de Córdoba actuó como centro multiplicador del mensaje ácrata a provincias limítrofes como Santiago del Estero y San Luis. El papel del centro “Mártires de Chicago” fue fundamental en este sentido, con la labor activa de su comité de propaganda.
Sin embargo las persecuciones constantes, las detenciones y posterior deportaciones de los líderes teóricos más representativos, sumado, a partir de la segunda mitad de la década del 20, a los procesos políticos y sociales de radicalización reaccionaria, decidieron la suerte de esta corriente del pensamiento humano en la región. La característica de ser un campo intelectual circular y las agresiones de la cultura oficial, le depararon una doble muerte al sumirlos en las nubes del olvido.
 
Bibliografía
 
Bilsky, Eduardo; Esbozo de historia del movimiento obrero argentino, desde sus orígenes hasta el advenimiento del peronismo. Cuadernos Simón Rodríguez, Nº 3. Buenos Aires. Editorial Biblos. 1987
Costas, Enrique; El racionalismo en Argentina. Buenos Aires. Ediciones Cántaro. 1986
Fos, Carlos; Educación libertaria. Salamanca. Ediciones Real Universidad de Salamanca. 1996
Fos, Carlos; Teatro libertario y su acción pedagógica. Salamanca. Ediciones del huerto. 1995
Hardman, Francisco; Ni patria, ni patrón. San Pablo. Ediciones Brasilienses. 1984
Luizzeto, Flavio; “Cultura y educación libertaria en el inicio del siglo XIX”. En: Educación y sociedad Nº 12, septiembre 1982. México D.F. Ediciones UNICAMP. 1982
Oslak, Oscar; La formación del Estado Argentino. Buenos Aires. Editorial Planeta. 1997
Oved, Iaácov; El Rebelde. Buenos Aires. Ediciones Populares. 1988
Stirner, Alberto; El orden familiar. Córdoba. Ediciones del autor. 1882
 
Publicaciones ácratas consultadas
 
La antorcha 1897-1906. Colección completa
Banderas agitadas 1901-1914. Colección completa
Brecha obrera Nº 3, 5/5/1905
 
Entrevista Jimeno Arredondo. Ciudad de Córdoba, Mayo 1992