La insurrección como restauración: El kirchnerismo (2002-2015).

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Autor(es): Bonnet, Alberto

Bonnet, Alberto. Licenciado en Filosofía y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Autónoma de Puebla, docente en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).


 
Por Iván Kitay 
 
 
Buenos Aires: Prometeo Libros, 2015, 304 págs.
 
¿Qué fue el kirchnerismo? Esta pregunta se ha formulado innumerables veces en los últimos años. Sin embargo, en la mayoría de los casos, ha sido respondida con lo que el autor de este libro llama “método (oportunista) propio de los tenderos”. Este método consistiría en la ponderación de las continuidades y rupturas (con el menemismo), de manera tal que la conclusión resulta del mero promedio aritmético de una suma de hechos seleccionados más bien arbitrariamente. El trabajo aquí reseñado intenta, en cambio, proveer una conceptualización totalizadora que dé cuenta del significado histórico del kirchnerismo dentro del desarrollo reciente de la lucha de clases en Argentina. En este sentido, la principal tesis que el autor argumentará a lo largo de sus páginas es que el kirchnerismo expresó la recomposición de la acumulación y la dominación capitalistas luego de la crisis resultante del ascenso de las luchas sociales que culminara en la insurrección popular de fines de 2001. En una propuesta original que se sirve tanto de los aportes del marxismo abierto como de la teoría de la derivación del Estado capitalista, el autor hace énfasis en los modos en que aquella insurrección persiste en la forma que asumió la posterior restauración del orden burgués. En este sentido, se puede decir que este trabajo continúa algunas líneas de indagación y argumentaciones ya planteadas en La Hegemonía Menemista (Prometeo, 2008), que trata sobre el período inmediatamente anterior (1989-2001). Además, se nutre de y dialoga con otras producciones del Programa de Investigación Acumulación, dominación y lucha de clases en la Argentina Contemporánea, 1989-2011, que este autor dirige en el Centro de Investigaciones Sobre la Economía y la Sociedad de la Argentina Contemporánea (IESAC) de la Universidad Nacional de Quilmes.
El libro se divide en dos partes. La primera consiste en una narración histórica, en estricto orden cronológico, del kirchnerismo, que sienta las bases de los análisis focalizados expuestos en la segunda parte. Si bien los hechos que se relatan pueden resultar conocidos para el lector local, el autor pretende mostrar la dinámica del proceso en cuestión, así como también proponer una periodización alternativa. En los primeros dos capítulos se aborda la primera etapa del kirchnerismo, que abarcaría no sólo una parte de la presidencia de Néstor Kirchner (hasta las elecciones parlamentarias de 2005 inclusive), sino también la administración provisional de Eduardo Duhalde en el crucial año 2002, a menudo soslayada. Estas gestiones son consideradas distintos momentos de un mismo proceso de recomposición económica y política post-crisis cuyas características se proyectarían en los años subsiguientes. En el capítulo siguiente se describe el período de consolidación de un “primer kirchnerismo”, que se extiende desde fines de 2005 a principios de 2007, caracterizado por la estabilización económica y política y el retroceso de ciertas luchas socialesque venía registrándose desde mediados de 2002. Sin embargo, se destaca que en este mismo período se gestaron, a su vez, dos elementos que luego adquirirían una importancia clave: la aceleración de la inflación y el ascenso deotro tipo de luchas sociales, con características muy diferentes a las del período previo. Se trata tanto de luchas protagonizadas por trabajadores empleados en el sector público y privado (organizados en oposición a las burocracias sindicales dirigentes, o bien por fuera de ellas, en torno a reivindicaciones principalmente salariales), como de luchas socio-ambientales contra la megaminería metalífera a cielo abierto y la expansión del monocultivo de soja transgénica.
En los siguientes dos capítulos se aborda el conflicto de 2008 entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (CFK) y la burguesía agraria, entendido éste como una disputa interburguesa en torno a la apropiación de la renta de la tierra. Se afirma que el lockout capitalista fue el primer desafío político importante que enfrentó el kirchnerismo, lo que llevó a la desarticulación generalizada del bloque en el poder que se había rearticulado a la salida de la crisis que culminó en 2001. Esta desarticulación explicaría en buena medida la pérdida de consenso del oficialismo que se expresó en su magro resultado en las elecciones parlamentarias de 2009.Se argumenta quela crisis política desatada por este conflicto cuestionaba su capacidad del gobierno para arbitrar entre las distintas fracciones de la burguesía, en tanto “la negativa de esta burguesía agraria a pagar mayores retenciones bien puede interpretarse como su declaración de que el proceso de recomposición de la dominación posterior a la crisis de 2001 había concluido, puesto que, precisamente, el pago de esas retenciones había sido en 2002 una concesión de esa burguesía agraria destinada a contribuir con dicha recomposición a través del financiamiento de los subsidios de desempleo” (p. 67). Esta crisis habría tenido profundas consecuencias, marcando el punto de inflexión que dio lugar a un “segundo kirchnerismo” entre 2008 y 2015.
El último capítulo de la primera parte del libro analiza los años más recientes. Por un lado, se explica cómo el “segundo” kirchnerismo logró sobrevivirse a sí mismo tras la crisis política de 2008-2009, tanto por la recuperación general de la economía como por una serie de iniciativas políticas de corte más progresista (Asignación Universal por Hijo, estatización del sistema jubilatorio y Aerolíneas Argentinas, Ley de Matrimonio Igualitario, Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, transmisión gratuita de los partidos de fútbol de primera y segunda división, etc.). Todo lo anterior le habría permitido una rápida recuperación del consenso (CFK fue reelecta con el 54% de los votos en 2011), que sin embargo se reveló poco duradero (en las elecciones parlamentarias de 2013 el oficialismo retrocedió veinte puntos y fue derrotado en los principales distritos).
Por otro lado, el autor expone aquí su tesis más significativa, en términos de su análisis del proceso histórico: que este “segundo” kirchnerismo, si bien logró sobrevivirse a sí mismo tras la crisis política de 2008-2009, habría entonces dejado de representar un papel relevante en la lucha de clases, en tanto ya no tenía por delante la tarea de restaurar el orden (porque ya la había realizado), pero tampoco podía administrar ese orden restaurado. En otras palabras, el kirchnerismo pudo restaurar el orden tras la insurrección de diciembre de 2001, pero a costa de expresar unas relaciones de fuerzas que luego le impidieron administrar exitosamente ese mismo orden restaurado de manera duradera. La insurrección de diciembre de 2001, entonces, habría dejado su marca en la imposibilidad del kirchnerismo de “cambiar de caballo en medio de la corriente”, es decir, de alterar aquellas relaciones de fuerza entre clases inscriptas en su origen e imponer un paquete de ajuste sobre los trabajadores (como venía exigiendo cada vez más decididamente la burguesía en su conjunto).
 
A nuestro juicio, la idea anterior, pese a desarrollarse en apenas unas pocas páginas, tiene implicancias de largo alcance. Aquí nos interesa señalar al menos dos de ellas: por un lado, esta lectura intenta no caer en explicaciones unilaterales (sean economicistas o politicistas), por cuanto considera lo económico (acumulación) y lo político (dominación) como formas diferenciadas (y que, por lo tanto, pueden sufrir “desacoples”) en las que se expresan unas mismas relaciones sociales capitalistas de explotación, y cuyas respectivas dinámicas dependen de las relaciones de fuerza entre clases vigentes en cada momento. Por otro lado, es este enfoque el que permite al autor referirse al kirchnerismo en tiempo pretérito, aun cuando las últimas líneas del libro fueron escritas meses antes de las elecciones presidenciales, cuando ni siquiera habían sido definidos los candidatos. Mucho antes de que la campaña electoral correspondiente a la segunda vuelta extremara hasta el absurdo la supuesta contraposición entre “dos proyectos de país” prestos a aplicarse tras el conteo de los votos, el autor anticipa los contornos de lo que indudablemente se constituiría como una nueva etapa de la lucha de clases en el país. En efecto, a diferencia de los análisis más habituales, aquí ni los recambios institucionales ni los precios de los commodities gozan de una jerarquía explicativa establecida a priori. Según esta perspectiva, ni la economía ni la política son cosas que se mueven por sí mismas: se trata, como señalamos al principio, de poner a la lucha de clases en el centro de la escena, en lo que se constituye además como un aporte original al debate contemporáneo sobre el llamado “fin del ciclo de los gobiernos progresistas”.
En la segunda parte del libro se abordan en detalle algunas dimensiones particulares del kirchnerismo, siempre en clave comparativa con la década menemista. El primer capítulo de esta sección, séptimo del volumen, analiza las características que revistió el Estado argentino desde el 2002. Se argumenta que la forma neoliberal de Estado entró en crisis a comienzos de este siglo, pero que la restauración de la dominación burguesa no conllevó la instauración de una nueva forma de Estado sino una desordenada reconstrucción de éste a partir de los escombros que dejara el derrumbe anterior.
El capítulo ocho trata sobre las relaciones entre Estado y mercado que, a diferencia de las concepciones dominantes, aquí no son entendidas como un “juego de suma cero” (en el cual si uno se agranda el otro debe achicarse). Se afirma que estas relaciones se modificaron significativamente entre la década del noventa y la posterior, en el sentido de una mayor intervención del Estado en el mercado (determinación de tasas de interés, salarios, precios de energía y transporte, etc.). Esto implicaría un arbitraje más activo por parte del Estado entre los intereses de las distintas clases y fracciones de clase, impuesto por el propio colapso de la matriz neoliberal de relaciones vigente en los noventa, sin que por ello se haya alcanzado a consolidar posteriormente una nueva matriz.
El capítulo nueve analiza las características del modo de acumulación de capital en el período, en lo que hace a la relación entre la política económica y el mercado mundial. Se sostiene que la orientación global de la política económica implementada por el kirchnerismo implicó un relajamiento de la disciplina de mercado propiamente neoliberal, dado que las medidas implementadas debieron responder a la impugnación que las luchas sociales que precipitaron la caída de la convertibilidad hicieron a aquél disciplinamiento. La condición de posibilidad de este relajamiento habría sido el contexto favorable que el mercado mundial ofreció al país en estos años, fundamentalmente por la reversión de la tendencia secular al deterioro de los términos de intercambio del comercio internacional y el consiguiente aflojamiento de la llamada “restricción externa”.
El capítulo diez aborda el modo de acumulación propiamente dicho. Se argumenta que si el menemismo había terminado de instaurar un nuevo modo de acumulación que había comenzado a constituirse tras la crisis de 1974-75, el kirchnerismo no hizo otra cosa que consolidar el modo preexistente, a través de una dinámica de acumulación extensiva que se erigió a partir de la recuperación de los restos del aparato productivo heredado de los noventa. En este sentido, la crisis culminada en 2001 (a diferencia de la crisis hiperinflacionaria de 1989-1990) no habría dado ningún motivo a la gran burguesía doméstica para que reorientase su proceso de acumulación, basado en la producción de productos industriales estandarizados de bajo valor agregado destinados a la exportación. En este capítulo se discuten y revisan críticamente, a su vez, las difundidas ideas de “reindustrialización” y “extractivismo”, habitualmente utilizadas en referencia al modo de acumulación vigente durante el kirchnerismo.El capítulo once trata sobre el llamado bloque en el poder. Se afirma que este bloque en el poder se rearticuló tras la crisis de 2001, manteniendo una composición similar a la existente durante la convertibilidad (en la cual ocupan una posición dirigente las fracciones de la gran burguesía asentadas en sectores competitivos internacionalmente y orientados al mercado mundial). No obstante, la cohesión política entre las distintas fracciones de la burguesía habría sido menor, situación ligada auna correlación de fuerzas más favorable a la clase trabajadora con respecto al menemismo.
El capítulo doce profundiza acerca del modo de dominación del kirchnerismo, que se habría caracterizado por un arbitraje gubernamental más activo entre los intereses de las distintas clases y fracciones de clases, como respuesta a una situación de cambio repentino de la relación de fuerzas entre las clases. Este arbitraje, que operó plenamente dentro de las condiciones de la democracia capitalista, se habría constituido como la manera específica de incorporación a la política burguesa de las demandas de los protagonistas de la resistencia contra el neoliberalismo (previa selección y resignificación de las mismas).
El último capítulo de esta segunda parte trata sobre las mediaciones organizativas entre el Estado y la sociedad, es decir, los partidos políticos, los sindicatos y las organizaciones sociales. Se argumenta que la crisis del sistema de partidos que se había gestado en el período anterior continuó durante el kirchnerismo, lo que expresaría el carácter no hegemónico de la recomposición de la dominación en esta década. Por otra parte, si bien el sistema de sindicatos habría recuperado su centralidad como mecanismo institucionalizado de canalización de las luchas sociales (en desmedro, fundamentalmente, de las organizaciones piqueteras), continuó la tendencia a la fragmentación de la representación sindical. Por último, se señala que las organizaciones sociales surgidas en el período anterior siguieron diferentes caminos, que van desde la disolución hasta la integración al Estado. No obstante, se destaca a su vez que el proceso de normalización de la conflictividad impuesto por el kirchnerismo evidencia límites, expresados en la emergencia del llamado “nuevo sindicalismo clasista” y de movimientos socio-ambientales, así como también en el crecimiento electoral del Frente de Izquierda y de los Trabajadores.
El libro cierra con una reflexión acerca de la función que desempeña el populismo en una sociedad como la de la Argentina contemporánea, en la cual la clase trabajadora ya se encuentra incorporada dentro del orden burgués. El autor considera que el populismo fue el recurso ideológico por excelencia ante la tarea de gestionar la restauración del orden después de la crisis de fines de los noventa y comienzos de este siglo. El horizonte populista, entonces, habría limitado la resistencia al neoliberalismo desde una perspectiva anticapitalista, debilitando a la izquierda en su capacidad para ofrecer una alternativa a dicha restauración. El autor ubica a su propio libro, entonces, como un aporte al proyecto de ruptura con el horizonte ideológico del populismo, en pos de desarrollar una nueva izquierda anticapitalista que, en su opinión, aún no ha emergido.
En definitiva, La insurrección como restauración resulta una obra imprescindible para todo aquél que desee entender, desde un punto de vista marxista y anticapitalista, el proceso histórico en el que Argentina estuvo inmersa desde principios de este siglo. Como el propio autor señala, “la crítica radical del kirchnerismo equivale (…) a la crítica de la restauración del orden burgués en la Argentina contemporánea” (p. 14). Y es precisamente este orden restaurado el que hoy en día parece estar mostrando su rostro más temible. Para comprender el nuevo escenario abierto tras las últimas elecciones presidenciales e intervenir adecuadamente en él, es imprescindible entender de dónde ha brotado y por qué. Este libro llega, entonces, en el momento oportuno.
 
Iván Kitay: Lic. en Sociología. UBA. Becario del Consejo Interuniversitario Nacional en el proyecto “Las relaciones centro-periferia en la etapa actual de la mundialización. Impactos sobre América Latina y Argentina”, dirigido por el Dr. Claudio Katz