Grecia diciembre 2008: crisis, rebelión y esperanza

Versión para impresoraEnviar a un amigo

Autor(es): Memos, Christos

Memos, ChristosMemos, Christos. Profesor en la University of York.


 Feliz Crisis y un Próspero Miedo Nuevo
Escrito en las paredes de Atenas en diciembre del 2008
  
Debido a la intervención anglo-americana, la liberación de los griegos de la ocupación nazi no condujo a un período de paz, estabilidad social y desarrollo económico. A diferencia de otros países europeos, el final de la Segunda Guerra Mundial constituyó para Grecia un nuevo período de crisis, conflictos y el primer paso que condujo al estallido de la guerra civil de 1946-1949. La política de Churchill, sumada a las provocaciones de la derecha griega, condujo al conflicto armado de diciembre de 1944, el llamado “Dekembriana” (los acontecimientos de Diciembre). El 3 de Diciembre de 1944, la policía griega abrió fuego sobre una demostración masiva organizada por el movimiento de izquierda, matando a más de 28 personas e hiriendo a otras 48. Los manifestantes de izquierda atacaron varias estaciones de policía para conseguir armas y municiones. Se desató una lucha que duraría un mes entre el ejército griego y el inglés, por un lado, y los integrantes del partido comunista, por el otro. El movimiento de izquierda fue derrotado finalmente el 12 de febrero de 1945 y se firmó un tratado (Varkiza) entre el partido gobernante de derechas y el Frente de Liberación Nacional/Frente Nacional de Liberación Popular (EAM/ELAS). El acuerdo Varkiza estableció el desarme de los luchadores izquierdistas y señaló un período de violencia incontrolable en contra de la población civil y los movimientos de la izquierda griega.
Pero 64 años después, aparecen graffiti en los edificios de Atenas con el siguiente texto: “El acuerdo Varkiza está muerto. Estamos otra vez en guerra”. Cabe recordar que Atenas es la ciudad principal de un país que es miembro de la Comunidad Europea y ésta se mostraba otra vez como “zona de guerra”. El 6 de Diciembre de 2008, un miembro de la policía tiró a quemarropa y mató a un joven de 15 años: Alexis Grigoropoulos. Después del asesinato del joven estallaron en la ciudad capital protestas espontáneas; pocos días después, la insurrección ya se había extendido por todo el país.
Este escrito reflexiona entonces acerca de la rebelión popular considerándola el resultado de la crisis del capital y al mismo tiempo de nuestra negación del capital y su estado. La crisis del capital se produce por nuestras luchas y por nuestra resistencia a aceptar las normas y dictámenes del sistema neoliberal. Considerando el proceso dialécticamente, la crisis del capital intensifica nuestras luchas y reproduce la crisis de identificación con los modos capitalistas. Asimismo, el articúlo argumenta que el malestar griego fue un carnaval de los oprimidos, una lucha contra el capital y su estado, una lucha por la humanidad y la dignidad. Concluye que esta lucha contiene las semillas de lo “nuevo” y crea nuevas formas de organización propia. Promueve el proyecto de autonomía social y nos permite mantener un optimismo militante.
 
La Dialéctica de la Crisis
 
De acuerdo con Aristóteles la historia de las revoluciones, revueltas y rebeliones sugiere que “las ocasiones pueden ser triviales, pero están en la picota grandes intereses”[1]. En el caso de la revuelta griega, sin embargo, habría que ver quién puede argumentar que el crimen espantoso de un joven, perpetrado por un policía, resulta ser trivial ¿Puede haber algo más significativo para nuestro humanismo que la vida de cada ser humano si adoptamos la doctrina de que “para el hombre no hay nada más supremo que el hombre”[2]? Contrario a cualquier idea de humanismo es el escándalo de que en este nuevo y globalizado mundo capitalista miles de muchachos y chicas mueren cada día a causa de la pobreza, el hambre y enfermedades curables o son asesinados en guerras en Iraq, Gaza o África. Luego, la pregunta fundamental que tenemos que hacernos no es por qué la rebelión estalló en Grecia, sino por qué la gente de todo el mundo no se rebela contra la inhumanidad del capitalismo, contra el asesinato diario de miles de niños inocentes. Por qué la gente tolera o por qué son indiferentes a estos datos. ¿Adónde ha ido a parar la superioridad de nuestro humanismo occidental y nuestra democracia liberal?
Hace siete años, exactamente el 20 de julio de 2001, durante las protestas internacionales contra la cumbre del G8 en Génova, un joven manifestante, Carlo Giuliani, fue muerto a balazos por los carabinieri italianos. Para su familia, la pérdida de su hijo es trágica, horrorosa y desafortunadamente irremediable. Es una pena profunda, un dolor intolerable. Los padres de Giuliani dijeron, “nada puede justificar la pérdida de la vida de un niño. Nada puede hacerlo regresar a la vida, para nosotros, ni tampoco para los jóvenes como él”[3]. Para el resto de nosotros, el asesinato de Carlo, de Alexis y de miles más que ocurren día a día también hieren nuestros sentimientos, nuestra humanidad y nuestra dignidad. Es un recuerdo fuerte y doloroso, como lo indica Benjamin tomando la idea de Strindberg, “el infierno no es algo que nos está esperando, es más bien esta vida aquí y ahora”[4]. El hecho más perturbador en el caso griego es que tanto comentaristas como periodistas, académicos y los intelectuales de la derecha y la izquierda coinciden en que el asesinato de un niño de 15 años fue la ocasión y no la mayor causa de la explosión social por parte de la juventud. Se rehúsan a aceptar que hay también “una suerte de derrame de sangre cuando se hiere a la conciencia” y, “por medio de esta herida, la verdadera humanidad del hombre”[5]. Parece que no comprenden que el asesinato de un niño fue la principal razón para el estallido de la violencia griega. Para los funcionarios del nuevo orden capitalista la muerte de miles de niños no es un escándalo, el escándalo para ellos no lo constituyen los sentimientos, la sensibilidad, la conciencia, sino que “para ellos los valores humanos como la integridad y la dignidad constituyen un escándalo”.[6]
Asesinatos, Sangre, Muerte. ¿Sangre de Niños? El Capital es trabajo muerto, vampírico, tal y como Marx lo expresó tan explícitamente: “sólo vive chupando el trabajo viviente y cuanto más trabajo chupa, más vive”[7]. El capital vive chupando el trabajo infantil viviente en toda la superficie del mundo. Parafraseando a Marx podemos decir que buena parte del capital, que se manifiesta hoy en día en los EEUU y en Europa Occidental sin certificado de nacimiento, es la sangre capitalizada de los niños de África, Asia y América Latina[8]. Aunque el “capital viene chorreando de pies a cabeza, desde todos los poros, chorreando sangre y suciedad”[9] el nuevo orden mundial capitalista y más específicamente las sociedades capitalistas occidentales tienen una relación muy discriminadora y selectiva con la muerte. La muerte, la muerte de los niños, ocurre en continentes remotos y exóticos: concierne a los niños de África o los niños de la calle asesinados en América Latina. Las imágenes de los niños de la calle asesinados no nos concierne a nosotros, los ciudadanos del Mundo Occidental, sino a “ellos”, los “extraños”, la gente de otra religión, de otro color o los inmigrantes que viven en Europa. La muerte ocurre en otro lado, en un mundo diferente. Para Castoriadis “la verdad última de la sociedad occidental contemporánea, se encuentra finalmente en la huída desesperada y asombrada frente a la muerte, el intento de cubrir nuestra mortalidad”[10]. Una pregunta dura pero inevitable: ¿los griegos de Grecia, habrían reaccionado de la misma forma si el niño hubiese sido un extranjero?
Sobre todo parece que en las sociedades capitalistas occidentales la muerte no concierne a los jóvenes. De la misma manera, los jóvenes griegos crecieron con el sentimiento de que la muerte no tiene nada que ver con ellos, que no los afecta directamente. La muerte está relacionada con los “otros” tal y como se la presenta en los medios masivos y en el cine o, peor para ellos, la muerte está relacionada con sus abuelos y sus padres. La muerte violenta de Alexis, el joven de 15 años asesinado por la policía quebró el orden; los jóvenes griegos se identificaron con él. Alexis era uno de los nuestros, un joven occidental. En teoría cualquiera de nosotros podría haber estado en su lugar. Para poder comprender ese hecho terrible y doloroso tenían que explicárselo. Tenían que dotar de significado a tan horrible crimen. Este proceso de comprender y explicar los llevó a cuestionarse el “mundo”, la sociedad neoliberal de la que son miembros. ¿Qué significa para un policía asesinar a un muchacho? ¿Por qué lo hizo? ¿Qué representa? ¿Cuál es el rol representado por el estado en su vida cotidiana? ¿Y qué representan el gobierno y los partidos políticos?
Los jóvenes estaban bien concientes del hecho de que el sistema político y social los oprimía duramente y los trataba con mala fe e hipócritamente. Pero ¿hasta llegar al punto de matarlos a “ellos”? La reflexión acerca del asesinato, la identificación con el joven asesinado y el esfuerzo para comprender puso en marcha el proceso de pensamiento y cuestionamiento. Y “el pensamiento mismo ya es síntoma de resistencia, el esfuerzo por no dejarse engañar más”[11]. No dejarse engañar nuevamente. Para ellos, pensar significaba la negación, el rechazo del orden político y social existente. Significó comprender la sociedad real, plantear preguntas políticas, politizarse. Pero para hacerse político e intentar comprender la realidad tenían que ir más allá de los hechos, para “comprender lo que las cosas son en realidad” y rechazar “su mera factualidad”.[12] Por una vez no huyeron de la muerte sino que se enfrentaron a aquellos que habían causado la muerte del joven. Lo que a su vez los condujo a conectar esa muerte con la muerte de su vida cotidiana. Su debilidad para dar significado a la muerte violenta reveló la debilidad de dotar de contenido y significado a su vida, a su propio mundo. Por otra parte esto puso de manifiesto su dificultad y rechazo a identificarse con los valores dominantes de la sociedad griega neoliberal y puso de manifiesto su crisis. Y la crisis de la sociedad griega contemporánea, según Castoriadis “produce la crisis del proceso de identificación y al mismo tiempo es reproducido y agravado por el proceso de identificación”.[13]
La crisis de la sociedad griega pertenece a una crisis más general que caracteriza a las sociedades modernas occidentales. No obstante tiene sus propias características y peculiaridades. Durante los últimos 20 años y en especial después de la caída de las sociedades de tipo soviético, el neoliberalismo ha estado intentando demostrar no sólo el fracaso, el impasse y el carácter totalitario del régimen soviético, sino también la superioridad de la “democracia liberal occidental” de “mercados libres” y el “fin de la historia”. El objetivo central en juego fue la identificación de la idea de socialismo o de una sociedad alternativa al capitalismo con el modelo soviético, la opresión y el temor. El colapso del régimen soviético en 1989 se presentó como el “fin del socialismo” y el “triunfo del capitalismo”. Bajo el impacto y la propaganda de los medios masivos de comunicación privatizados después de 1989, las clases medias y obreras de Grecia fueron imbuidas con los valores neoliberales: individualismo, carrera, productividad, eficiencia, privatización, economía de libre mercado, globalización, estilo-de-vida, flexibilidad, ganancias, cinismo, apatía social y política, consumo y superficialidad.
 
Mediante los principales medios masivos, los cambios sociales y políticos a nivel global y una nueva política neoliberal económica y de créditos, la clase gobernante griega hizo un esfuerzo para imponer en las clases trabajadoras las normas del mercado liberal, sus modos y motivaciones. El principal objetivo fue obtener y mantener la cohesión social necesaria para el desarrollo y expansión del capitalismo griego. Fue una “revolución” social y cultural de los ricos contra las clases trabajadoras en el intento de reorientar el contenido de sus vidas llenándolas con nuevos valores sociales y culturales. Surge masivamente un muy particular nuevo tipo de individuo para instituir así un nuevo “tipo antropológico”. El nuevo individuo liberal y moderno tenía que trabajar duro, calcular y no pensar o reflexionar, ser eficiente y no creativo, sustituir cantidad y velocidad por calidad. Tenía que ser flexible en todos los aspectos de la vida, establecer una red de relaciones públicas y no entablar amistades. Este parece estar confuso, ser emocionalmente inestable, estar desbalanceado y desorganizado. Su existencia y sus percepciones son contradictorias.[14] Es penetrado por el capital, por los valores neoliberales y, al mismo tiempo los rechaza y lucha en su contra y contra sus consecuencias. Consecuentemente el “individuo cotidiano vive haciendo collages. Su vida es un agregado desordenado de collages.[15]
Se decreta como virtudes pasadas de moda e ingenuas las emociones y el amor. No había espacio para una forma de vivir poética o romántica, para la ternura o la solidaridad. Ningún lugar para la pasión, la sinceridad, la dignidad o la integridad. El hombre por su naturaleza es malo y astuto. Tiene que ser frío, insolente y egoísta. Finalmente tiene que aparecer estúpido y satisfecho. Al mismo tiempo se glorificaba el cuerpo humano que fue puesto al servicio de la carrera y el éxito financiero. El cuerpo se redujo a carne vulgar. Se puede hacer cualquier cosa con tal de tener éxito en los objetivos, siempre y cuando no se tengan problemas con la ley. El cuerpo, la mente y el alma tienen que estar separados entre sí y resolverse en valores de intercambio. Se separa el hacer del pensar y el sentir. Hay que saber cómo venderse, “pasar” a los otros, usarlos. Cualquier acción provechosa es moralmente correcta y socialmente aceptada.
Los personajes humanos neoliberales tenían que trasmutarse en seres sin corazón, crueles y despiadados moviéndose constantemente en medio de la inseguridad, vivir y sentir como nómades y migrantes en su propio país. Tal y como lo expresó Polanyi, una economía de mercado sólo puede existir y funcionar en una sociedad de mercado[16].
Para ser más preciso, todos estos valores y normas neoliberales por supuesto que existían en la sociedad griega después del fin de la segunda guerra mundial. Pero nunca antes fueron estas costumbres dominantes para la mayoría de quienes viven de su trabajo y de la venta de su fuerza de trabajo. Sin embargo, no importa cuánto intentó la burguesía griega, apoyada por los medios de comunicación, presentar los ideales y actitudes neoliberales como naturales, inmutables y eternos: éstos siguieron siendo abstractos, unidimensionales y no-naturales. Como argumentó Hegel, “hacer que las abstracciones sirvan en la actualidad significa destruir la actualidad”[17]. Veinticinco años después, la imposición de las abstracciones neoliberales precipitó el disloque social y la destrucción de la realidad social, de las relaciones sociales humanas. Dejó un “vacío cultural” y causó una desintegración psicológica y moral.
El esfuerzo hecho para subordinar a los seres humanos y a la naturaleza al mecanismo de mercado, a las leyes del mercado donde el único valor es el dinero y la ganancia provocó una “fragmentación general de las relaciones sociales” y “crearon una situación caótica, desarticulada”[18]. La sociedad griega, una sociedad con una rica tradición histórica, cultural y política basada en las conexiones sociales y características religiosas y culturales altamente distintivas (mismo en las formas de vivir y de comer), presentaba elementos de descomposición y una evanescencia total de los valores.
La crisis de los valores humanos y sociales se reflejó en la crisis de la forma de familia tradicional y su desintegración parcial. Esta crisis viene indicada no sólo por el aumento brusco de los divorcios, sino que lo que está en juego es el desmoronamiento y la desintegración de los roles tradicionales –hombre, mujer, padres, hijos– y sus consecuencias: la desorientación informe de la nueva generación[19]. Muchos aspectos importantes de la socialización y la orientación de la nueva generación fueron asignados a medios de comunicación masiva privados, lo cual tuvo efectos devastadores y dramáticos sobre las generaciones más jóvenes. A su vez el proceso provocó una tremenda crisis de socialización de los jóvenes agudizada por la proliferación de los usos de Internet. Tanto el capital como los gobiernos neoliberales encontraron muy conveniente este movimiento de privatización y despolitización y vieron en ello la preponderancia concreta de los valores y sistema de vida neoliberales. Los niños crecieron dentro de este miserable modelo de vida anglosajón, encerrándose en sí mismos, viviendo una vida llena de vacío, sin valores humanos positivos. La sociedad capitalista griega se caracteriza por una degeneración social y cultural que no tiene precedente en la historia moderna.
El burgués ortodoxo-cristiano griego percibió e interpretó la máxima bíblica “quien sea el último será el primero” como “quienes son los más insignificantes, narcisistas y depravados serán los primeros y gobernarán”. Este perverso adaggio ha sido aplicado por el capital y la mecánica de mercado a todos los aspectos de la sociedad griega: política, medios de comunicación, artes, cultura y educación.[20] Desde 1985, dos generaciones (la gente de entre 15 y 40 años de edad) han crecido en una sociedad marcada por la insignificancia, la corrupción, el nepotismo, la relación clientelista, escándalos políticos, financieros y religiosos, y la burocracia. En agosto y septiembre de 2007 los incendios producidos mayormente en el sur de Grecia arrasaron villas, miles de hectáreas de bosques y mataron a más de 60 personas.
Paradójicamente, para el neoliberalismo político y económico griego, las leyes del mercado no funcionaron para nada en la protección del ambiente natural y en salvar vidas humanas. El capital, el gobierno neoliberal griego y un estado capitalista corrupto y altamente burocratizado fueron el origen del problema y no una parte de su solución. El subordinar la sociedad y la naturaleza a las leyes del mercado significa una calamidad social y ecológica. Hay incontables ejemplos en la sociedad griega.
El liberalismo de mercado implementado por los gobiernos social-liberaes y de derecha promovieron privatizaciones, flexibilidad laboral y la liberalización de los precios. Los derechos básicos del trabajo se debilitaron y se boicotearon. La política neoliberal predicó la formación de una economía fuerte y abierta en Grecia dentro del marco de un capitalismo popular mediante el desarrollo del mercado bursátil griego.
Durante los últimos años de los 90 la sociedad griega vivió su mito neo-liberal del mercado accionario. Casi el 35% de la clase trabajadora griega, procedente en su mayoría de la clase media, invirtió sus ahorros en acciones con la esperanza de hacerse ricos en forma inmediata y sin esfuerzo. La caída de la bolsa griega en 1999 no sólo significó “la muerte del pequeño gerente” sino que fue también el mayor escándalo económico y político desde la caída de la dictadura militar en 1974. Se trató de la mayor redistribución de riqueza (aproximadamente 10 billones de euros) para beneficio de la burguesía griega. Después de la reconstrucción neoliberal de los valores humanos y sociales, la clase gobernante griega llevó así a cabo su “revolución” económica en contra de las clases trabajadoras. Sólo 19 años más tarde, en enero de 2009, en un país de 10 millones de habitantes, el 21% de la población se clasifica como pobre, lo que significa el segundo nivel más alto de pobreza de Europa después de Latvia, y un 5% más alto que el promedio de pobreza de la Unión Europea. Hay 460.000 niños viviendo bajo la línea de pobreza mientras que el desempleo en los jóvenes, el más alto de Europa, es de aproximadamente el 28%. La nueva y promisoria política neoliberal creó en realidad nuevas formas de pobreza, privación, exclusión y miseria.
Pero, ¿qué hay de los intelectuales griegos? ¿Adónde han ido todos los sabios? A lo largo de este período marcado por la dominación de los valores normativos liberales, la razón, como era representada por los intelectuales griegos era, una vez más en la historia humana, “un aliado pobre de la reacción”[21] que en su apariencia neoliberal negaba “a la razón su papel histórico….de provocar la insubordinación y destruir los horrores”[22]. Con pocas excepciones, los intelectuales griegos trabajaron al servicio de la realidad capitalista existente y desempeñaron la sistemática función de estabilización. Forzadamente contribuyeron al campeonato de las estructuras institucionales neo-liberales, reproduciendo todas aquellas relaciones humanas y modos de reacción “en las cuales el hombre es un ser rebajado, esclavizado, dejado de lado y despreciable”[23].
Siendo parte de la miseria y corrupción capitalista, los intelectuales griegos negaron su misión, perdieron sus propios fundamentos, su razón y su conciencia. ¿Y la llamada Izquierda o los intelectuales marxistas? En raras ocasiones confirmaron el rol del trabajo intelectual como negación y destrucción del orden capitalista existente. En la mayoría de los casos su trabajo es inteligencia sin contenido, sin mencionar la existencia de un contenido radical. Su único radicalismo se expresa en descubrir más medios “radicales” para promover el favoritismo, el ser clasistas y corruptos, conformistas e hipócritas. Jacoby lo definió muy sabiamente: “una vez los intelectuales eran outsiders que querían ser insiders. Ahora son insiders fingiendo ser ousiders[24]. Como diría el poeta griego Odysseus Elytis, Premio Nobel:
Anticipaciones lloradas toda la noche no hay más
No hay ninguno
Si se oyera una pisada libre       
Que se eleve una voz.[25]
En este contexto, los jóvenes griegos, particularmente entre 13 y 28 años de edad, que participaron masivamente en el levantamiento de diciembre, experimentan a diario presión mental y un stress en aumento. Hasta la edad de 18, los estudiantes griegos son los más oprimidos a la vez que los más trabajadores de entre los ciudadanos griegos. El programa diario consiste en 7 horas en sus escuelas, 2-3 horas adicionales de clases privadas y por lo menos 4 horas para tareas en el hogar. Tal como en otros países (India y China), las familias griegas consideran a la educación como el medio básico de movilidad social para sus hijos. Es dura la competencia y ésta demanda sacrificios a los padres y a los estudiantes. Lo que distingue a los estudiantes griegos de la actualidad es el hecho de que ahora pueden ver los resultados de las luchas y sacrificios de las generaciones anteriores. Los niveles de desempleo y un salario mensual de 700 euros de quienes consiguen emplearse (por eso se llaman “la generación de los 700 euros”), no deja espacio para proyectos optimistas con respecto a su futuro.
Grecia es el país con el más alto nivel de desempleo entre los graduados de toda Europa. Los jóvenes graduados universitarios, con estudios de grado y con conocimientos de por lo menos, dos lenguas extranjeras, están desempleados. La mayoría de los jóvenes enfrenta el futuro con temor y piensa que la situación no va a cambiar. Además, debido al costo de los alquileres y uno de los costos de vida más altos de la Eurozona, los jóvenes griegos en su mayoría viven hasta los 40 años con sus padres. En muchos casos los abuelos, los padres y los nietos ocupan la misma vivienda por años. Este hecho tiene un doble efecto contradictorio o paradójico en el carácter y la personalidad de las jóvenes generaciones. Por un lado pueden sentirse oprimidos o malcriados y sobreprotegidos. Por otro sufren una peculiar socialización y atraviesan una politización subterránea. Están muy concientes de las luchas de sus padres, los salarios congelados, el aumento de los precios y la corrupción social y política. En muchos casos sus abuelos participaron en la Resistencia Griega en la Segunda Guerra Mundial o sus padres en la resistencia contra la dictadura militar (1967-74). Como resultado, existe “capital político”, una “gran educación política radical” que se transmite de generación en generación.
De esta forma los jóvenes griegos encuentran cada vez más difícil identificarse con los valores de la normativa neoliberal. Trabajan demasiado, se oprimen y experimentan la crisis multilateral de la sociedad griega. Pero “si hay una crisis es porque la gente no se somete pasivamente a la organización de la sociedad sino que reacciona y lucha en su contra, de muchas formas”[26]. La crisis actual se ha producido por esta lucha y al mismo tiempo reproduce la lucha del pueblo griego. La crisis, por lo tanto, deberá verse como el producto de la lucha, “como la expresión de la fuerza de nuestra oposición al capital”[27]. Durante los últimos 20 años se han desarrollado luchas visibles e invisibles contra el capital. Estas luchas produjeron la crisis del neoliberalismo y al mismo tiempo fueron intensificadas por éste. La emergencia del movimiento contra la globalización neoliberal, la lucha en contra de la privatización de las universidades, en contra del bombardeo de Serbia y en contra de la Guerra del Golfo, las movilizaciones masivas y las acciones radicales de los chacareros, las campañas antirracistas y la solidaridad con los inmigrantes, la insurrección en las cárceles griegas, la ocupación de los edificios públicos, las apropiaciones colectivas de los bienes de consumo en los supermercados: estas luchas contribuyeron en forma decisiva a producir la crisis del capital y la desintegración del sistema político.
Al mismo tiempo, a lo largo de estos años los jóvenes griegos experimentaron la hipocresía y la integración en el sistema de los llamados partidos de izquierda y el engaño de los gobiernos de centro-izquierda y derecha. Aun más importante, vivieron la reconciliación y la prostitución de los sueños y los ideales de las generaciones anteriores. Kostas Mourselas en Cabello teñido de rojo, tal vez la mejor novela de los últimos 30 años, describió brillantemente esta prostitución de los valores y los sentimientos:
Nos enterramos en el cinismo, en la mezquindad: nunca solucionamos el gran misterio del mundo; las preguntas permanecieron sin respuesta, implacables: ¿Cómo pudieron vivir de esa forma? ¿Por qué? Ustedes estaban buscando otro camino, otro significado, pero tocaron los timbres equivocados, golpearon a puertas equivocadas, recorrieron calles equivocadas, amaron a las personas equivocadas, durmieron en camas equivocadas, vivieron en casas equivocadas, ¿Por qué tal desprecio por sus sueños? ¿Sus ideales?[28]
¿Por qué tal desdén por nuestros sueños y nuestros ideales? Y especialmente todos ustedes viejos revolucionarios sin revolución, amantes sin amor, artistas sin arte, padres sin alma, académicos sin conciencia, ¿adónde han ido todas las grandes palabras, las promesas y los ideales ¿? ¿Por qué vivieron de esta manera durante los años de ataque neoliberal?
Puedes verlos venir, los pavos, las ratas de albañal, los charlatanes y gritones y en vez de hacerles frente, marcan el paso. “Nosotros también”, dicen. Y saltan dentro de la mierda. Esas vuestras ideologías, esas grandes palabras acerca del país, la familia y la religión nada más que coartadas, nada más que bosta y excusas. Humos, espejos y bosta. Pero nunca te identificaste con ellos, por lo menos puedo decir OK. Algo he sacado de eso. Ustedes no, ustedes pretendían estar por encima de todo eso, pretendían que eso estaba lejos, muy lejos de ustedes. Ni una cosa ni la otra. Los dedos en todas las tortas, fanfarrones, anfibios. ¿Sabes lo de anfibio, no? Pensaban que estaban subiendo las escaleras, pero miren lo que pasó. Estaban escalando escaleras subterráneas. De un piso al otro, primo. Y cuando algún día llegues al tope, ¿qué encontrarás? Vas a encontrar la tapa de una cloaca… y ni siquiera tendrás fuerza para abrirla, para salir a la luz, al aire. Lástima, primo, lástima. Porque la humanidad es un invento tan fino, tan tierno, como dijo un escritor. Todo lo que has hecho ha sido agrandar el prostíbulo.[29]
Después del asesinato del chico de 15 años, salió a la luz “un mundo escondido de insubordinación”[30]. Los jóvenes alcanzaron el “punto cero” de la rabia, el enojo y el resentimiento. Y este “punto cero” finalmente llegó a ser “el punto de cambio dialéctico”[31]. Los jóvenes griegos se identificaron con el muchacho asesinado, al tiempo que rechazaron violentamente su identificación con el orden establecido que causó su muerte. Una sensibilidad oculta y la dignidad mezclada con represión acumulada y desembocó en la explosión social. Ellos se niegan a ser ratas o anfibios. Dijeron “no” a seguir escalando escaleras subterráneas. Se negaron a ampliar el prostíbulo neoliberal. Se negaron a obedecer las normas neo-liberales. Y este rechazo significó ambas cosas: el proceso del pensamiento y el proceso de la acción”[32]. Y la acción de los jóvenes griegos fue rápida, explosiva y subversiva.
 
La Rebelión es el Festival de los Oprimidos
 
“Teme la Ira de los muertos”[33]
 
La “interpretación” del levantamiento de la juventud griega no debería representar un esfuerzo para ser tratado como un “objeto de investigación social científica”. Pensar a los griegos insurgentes como “objeto”, como algo fuera de nosotros, significaría “violentarlos”, “rechazar escucharlos”[34]. La juventud griega no es un “ellos”, es un “nosotros”[35]. Se trata de la sublevación de nuestra conciencia y sensibilidad, de nuestra lucha por la humanidad y la dignidad. Es nuestro gran esfuerzo por “aprender lo que ya sabemos”, “llegar a ser lo que ya somos”, escapar de nuestro conformismo, subordinación y compromiso, “introducirlos en nuestros sueños” a través de la práctica, de la praxis revolucionaria[36].
Desde el levantamiento de diciembre pareció, a partir de los medios de comunicación y el orden establecido, que la inmensa mayoría de nosotros, el mundo de los oprimidos, se “había reconciliado con la amargura”[37], con la miseria, con la pérdida de su humanidad. Dado eso, no es sorprendente que el capital nos considere y nos trate como valores de consumo, como cosas, como “cantidades” desarraigadas y sin bases.
En realidad, el capital utiliza nuestra actividad y nuestra creatividad, mientras al mismo tiempo intenta deshumanizarnos, reificarnos. Pero, “la reificación nunca puede realizarse completamente”[38]. Esta reificación incompleta y el hecho de que la gente en el capitalismo ha sido alienada van de la mano con su lucha contra esta reificación, contra su reducción a objetos. Esta reificación imperfecta constituye la fuerza conductora y al mismo tiempo es indicación de la fragilidad, la vulnerabilidad y la última contradicción del capitalismo. Esta lucha dentro y contra la reificación es la característica decisiva de la sociedad capitalista y no la acción de leyes económicas que pueden conducir al capitalismo a su definitivo colapso[39].
Para el capital, nosotros estamos fragmentados, solos, miserables y sin cambios. Se nos concibe como objetos, somos “nada”. Sin embargo, para su desgracia “como una nada fuimos, somos, seguiremos floreciendo”[40]: tal vez en el verso de Celan podemos encontrar la descripción más pertinente de nuestra lucha en contra de la “cosificación” fetichista. Y este florecimiento aparece en forma completa en los momentos revolucionarios, los momentos de protesta y rebelión que son “carnavales en los que la vida individual celebra su unificación en una sociedad regenerada”[41]. El capital cree que puede controlar y calcular todo. Pero no puede calcular y destruir pasiones impredecibles, la rabia y la bronca. El Hombre es Hombre porque es impredecible. Como decía Heráclito, “no se puede conocer los límites del alma, se atraviesan todos los caminos – tal es la dimensión que posee”[42].
Después de que Alexis Grigoropoulos fuera asesinado por un guardia especial el sábado 6 de diciembre, comenzaron en Atenas muchas protestas espontáneas y, luego, en la misma noche en Tesalónica. Se unieron anarquistas, anti-autoritarios, comunistas libertarios y autonomistas y miles de jóvenes. El lunes 8 de diciembre, en un estallido de rabia, miles de estudiantes de la secundaria y las universidades marcharon espontáneamente y la insurrección asumió niveles nacionales. Los manifestantes confrontaron violentamente con la policía, se destruyeron carros de policía. Los jóvenes atacaron los puestos de policía en todo el país, arrojando piedras, huevos, tarros de pintura, botellas de agua, frutas, monedas y en algunos casos atacaron a la policía con bombas molotov. Durante las dos semanas siguientes los jóvenes continuaron quemando barricadas en las calles. Embistieron y entablaron batallas violentas con la policía arrojando piedras, bombas de gasolina y cócteles Molotov. Cientos de bancos, negocios, grandes tiendas y edificios oficiales fueron atacados, aplastados, saqueados y quemados. Los atacantes se centraron principalmente en los símbolos del capitalismo: bancos, por ejemplo. Y quemaron coches y destruyeron las vitrinas de hoteles y negocios de lujo.
Los manifestantes atacaron u ocuparon edificios oficiales, municipios y ministerios. También unas 600 escuelas secundarias y más de 150 escuelas universitarias, en donde los insurgentes realizaron gran cantidad de asambleas populares. También llevaron a cabo acciones en los teatros durante las representaciones, en los estudios de la televisión estatal e incluso en la Acrópolis de Atenas. Estas manifestaciones de los griegos se distinguieron por su carácter masivo, su radicalismo y su extensión. Se trató de una explosión de rabia, sensibilidad, dignidad e indignación. Estas manifestaciones se extendieron por todo el país, aun en las zonas más remotas y políticamente conservadoras. En ciudades en las que, en otras demostraciones, escasamente 300 personas participaban, se llegaron a reunir entre 2.000 y 3.000 manifestantes luego de la muerte del muchacho. La izquierda radical llamó a una demostración pacífica y súbitamente se encontraron con miles de jóvenes, muchos de ellos ocultos por máscaras, que se unieron a la marcha. Estos se habían preparado para una “batalla” con la policía, para atacar bancos, negocios y edificios estatales. Llevaban barras de metal, piedras, bombas de petróleo y cócteles molotov. ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían?
Los marxistas tradicionales, marxistas-leninistas, estalinistas o trotskistas no sólo comenzaron a entrar en pánico sino que procedieron a acusarse entre sí de no haber podido “mantener” su demostración pacífica. ¿Quién los había traído? ¿Quién los había llamado a unirse a la protesta? ¿Eran “anarquistas” que provenían de otras ciudades? Eran nada más que barras bravas convocadas por los anarquistas para enfrentarse violentamente con la policía y de esa forma sabotear el contenido político de las protestas. Habiéndose establecido por décadas para “el papel de representantes de la revolución”, estaban derrotados como revolucionarios sin revolución[43]. Los marxistas ortodoxos adoptaron una actitud contradictoria con respecto al levantamiento y se sorprendieron por el dinamismo y el radicalismo de los insurgentes.
Comenzaron a atacar a los anarquistas por haber movilizado a toda esa gente y por los estallidos de violencia. Por cierto, los anarquistas no tenían capacidad para organizar este estallido social espontáneo sino que además, en muchos casos, el estallido excedió las expectativas de los grupos antiautoritarios más radicalizados. En medio de la insurrección los marxistas ortodoxos fueron rehenes, en lo teórico y en lo práctico, de su percepción del mundo y la comprensión de la lucha anti-capitalista. Incapaces de comprender el mundo de la rebelión, parecían ser absolutamente incompetentes para vérselas con las condiciones prácticas de la rebelión y para comprender la práctica social humana. Encontrándose inmersos en sus presuposiciones y certezas, los marxistas intentaron incorporar cualquier radicalismo social a sus concepciones preconcebidas sobre la lucha de clases y la revolución. Aun después del levantamiento, seguían preguntándose: ¿adónde iban todos esos jóvenes enmascarados y encapuchados?
La actitud más hostil y conservadora hacia el levantamiento la tomó el Partido Comunista Griego (KKE). Una mera sombra y reminiscencia de su pasado militante, se puede etiquetar como comunista o marxista sólo eufemísticamente. Como señaló Marx, “en las luchas históricas se debe distinguir el lenguaje y las aspiraciones imaginarias de los partidos, de su organismo real y de sus intereses reales, y su concepción de sí mismos, de la realidad”[44]. En la práctica, el Partido Comunista Griego se redujo a un partido estalinista-leninista clásico, una organización absolutamente reaccionaria y represiva. Los estalinistas griegos no sólo apoyaron al gobierno griego de derechas en su política, sino que declararon por boca de su Secretario General, Al Papariga “que los cócteles molotov (bombas incendiarias) y los desmanes de los encapuchados están ligados con los servicios secretos y centros extranjeros” y es una conspiración de agentes foráneos, se trata de una conspiración de agentes extranjeros que actúan como provocadores con el fin de minar el movimiento obrero griego[45].
De acuerdo con el líder del estalinismo griego, aquello que algunos partidos denominan levantamiento popular no es ni más ni menos que la ridiculización y vulgarización de los levantamientos populares. Un levantamiento real tendrá a los obreros y empleados y a la juventud como punto de partida. Ni siquiera una ventana debe ser destrozada. Debe tener demandas y propósitos, debe tener un propósito político y no será solamente indignación[46]. Siguió diciendo que el levantamiento popular genuino no quiere destruir los bancos, las máquinas y las empresas sino que quiere convertirlas en propiedad del pueblo. Los estalinistas atacaron la violencia ciega de los encapuchados y razonaron que el centro de las así llamadas “fuerzas anti-poder” persiguen difamar la lucha y el movimiento organizado y presentarse como un sustituto indoloro de la lucha de clases. Finalmente los estalinistas griegos argumentaron que ellos luchan “sin máscaras” y concluyeron que “sabemos muy bien que estos jóvenes madurarán y pensarán con calma”[47].
Lamentablemente, muchos otros grupos menores anti-capitalistas, leninistas, trotskistas y marxistas ortodoxos adoptaron una actitud ambivalente y contradictoria con respecto a la rebelión griega. Sin embargo, la posición tomada por los estalinistas griegos es indicativa del resultado trágico del “marxismo” vulgar y corporiza el papel que el marxismo ortodoxo ha jugado en la historia del movimiento obrero y radical como un enemigo del pensamiento crítico y de la práctica revolucionaria: “Individuos enmascarados y encapuchados ligados a los servicios secretos y a centros extranjeros: “en un levantamiento real… no se deberá romper ni una ventana”; y mucho más importante, “debemos madurar y pensar con calma”.
No debe sorprender entonces que los periódicos conservadores escribieran que si el gobierno de derechas era incapaz de paralizar el desorden social, entonces el Partido Comunista griego debería ser llamado para imponer cierto orden en el caos del país entero. Mientras tanto el gobierno estaba pensando declarar el “estado de emergencia” mientras que la brutalidad policial contra los insurgentes alcanzó dimensiones sin precedentes. Fueron arrestadas más de 270 personas y 67 ya están encarceladas esperando juicio. Por lo menos a 70 inmigrantes que fueron arrestados durante el levantamiento se les dieron 18 meses de prisión y están siendo deportados, mientras que en la ciudad de Larissa 19 personas, entre ellas estudiantes de entre 14 y 16 años de edad están siendo procesadas bajo la ley antiterrorista[48]. El lunes 22 de diciembre, Constantina Kouneva, inmigrante y sindicalista, secretaria del Sindicato Griego de Mucamas y Personal de Limpieza, fue atacada con ácido sulfúrico (vitriol) a causa de su accionar gremial y hasta el momento en que se escribió este artículo, estaba hospitalizada tratando de salvar su vida. Los asesinatos, el estado brutal de violencia, el terrorismo de estado, las persecuciones, encarcelamientos y deportaciones: “la tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de emergencia” en el que vivimos no es excepción sino más bien la regla”[49]
Y acerca de los miles de individuos enmascarados y encapuchados que se unieron al levantamiento en masa: ¿quiénes eran? ¿de dónde vinieron? ¿adónde fueron? Los marxistas ortodoxos pasan buena parte de su tiempo intentando definir el sujeto revolucionario de la revolución que viene y son incapaces (a la vez que no les interesa) de comprender que “el sujeto revolucionario se desarrolla a través de un conflicto constante con el capital y su estado, y la composición social de este sujeto dependerá de aquellos que están del lado de la emancipación humana”[50]. El sujeto revolucionario, la realidad material del anti-poder[51] estaba “allí”, en la rebelión griega, estaba presente en las luchas en contra del capital y del estado capitalista. Entonces, ¿quiénes eran esos que estuvieron del lado de la dignidad humana, la sensibilidad y la insubordinación durante la rebelión griega? ¿Cuál era la composición social de esa “gente enmascarada y encapuchada“? La subjetividad revolucionaria del levantamiento griego consistía en jóvenes de entre 13 y 65 años, aunque aquellos de entre 13 y 30 se juntaron en mayor número y en la forma más dinámica.
Los arrestos llevados a cabo por la policía mostraron que la gente que “no eran maduros y no pensaban con calma” durante la insurrección eran “gente común, es decir, rebeldes”[52]: trabajadores y trabajadoras, desocupados, migrantes, estudiantes de secundaria y universitarios, fanáticos de football y Romaníes. Éramos esos que son “invisibles” al mundo del capital, aquellos cuya lucha es “la lucha de los que no tienen cara”, esos que “cubrimos nuestras caras para poder ser vistos”[53]. Como dijeron los Zapatistas, “detrás del pasamontañas estamos los “nosotros” que somos “ustedes”[54]. Somos el “volcán apagado, silencioso”, el “mundo escondido de la insubordinación”[55] quienes nos subordinamos al capital y nos insubordinamos contra el mismo, que reforzamos el capitalismo y lo negamos. Y es ese “substrato de resistencia existente en todas las sociedades opresivas, ese substrato de negatividad que, aunque generalmente invisible, puede estallar en momentos de alta tensión social. Este substrato de negatividad es la materia de la que están hechos los volcanes. Esta capa de no-subordinación inarticulada, sin cara, sin voz, muchas veces denostada por la izquierda, es la materialidad del anti-poder, la base de la esperanza[56]. O, para decirlo de otra manera: el lema de los insurgentes es: “estamos aquí y tenemos que resistir si todavía queremos ser seres humanos”[57].
A lo largo de todo el levantamiento griego la violencia perpetrada por el estado capitalista contra quienes resisten y niegan el capital fue extrema y brutal en una medida sin precedentes. No es por accidente que uno de los graffiti más populares y los cantos durante las protestas eran: “canas, cerdos, asesinos”. Como Marx lo dijo en forma vívida: “la civilización y la justicia del orden burgués sale en toda su luz cada vez que los esclavos y subordinados de ese orden se levantan contra sus patrones. Entonces esta civilización y justicia se presentan como salvajismo sin tapujos y venganza sin leyes”[58]. En contra de la violencia de la supresión capitalista, los insurgentes no tenían respeto por las leyes o las propiedades burguesas, sino por lo que era correcto. No servían al estado capitalista, sino que servían a la humanidad con su conciencia[59]. Y, como decía Thoreau, “la acción a partir del principio, la percepción y la puesta en acción del derecho, cambia las cosas y las religiones. Es esencialmente revolucionaria”[60].
El capital ejerce violencia en todos los aspectos de esta sociedad, es responsable de las muertes de miles de personas a escala global y, al mismo tiempo, como diría Marx “está convulsionada por el horror frente a la profanación de ladrillo y cemento”[61]. “Violencia Administrativa”[62], es decir, la violencia de supresión de la burguesía, es “el poder sanguinario sobre la vida por la vida”; por otro lado, la violencia de los manifestantes era “puro poder sobre la vida, por el bien de los vivos”[63].
 
Hacia un estado de emergencia real: Ser inmaduro y pensar insubordinadamente.
 
El análisis de la rebelión de la juventud griega hecho por la burguesía, los medios y los partidos políticos en cuanto a su significado e importancia constituye un esfuerzo por re-escribir su historia, falsear su lucha y distorsionar el significado de los acontecimientos. Intentan presentar el levantamiento como un hecho puntual y aislado, un episodio temporal. De esa forma intencionalmente intentan rechazar que los movimientos griegos pertenecen a la tradición revolucionaria de los oprimidos y es parte de esta “serie discontinuada de momentos extraños en los que la cadena de dominación se ha roto”[64]. No quieren ver que es la continuación de una gran tradición revolucionaria griega que comenzó al empezar el siglo pasado, atravesando la heroica Resistencia Griega (1941-44), la Guerra Civil Griega (1946-49), el movimiento de los estudiantes y la juventud de los 60´, el levantamiento contra la dictadura militar (1973) y que aún se mantiene viva. Al respecto, y parafraseando a Marx, se diría que el mayor significado de la rebelión griega ha sido su propia existencia[65]. Los insurgentes ahora tienen que darse cuenta de lo que han hecho para tomar conciencia de los logros de su levantamiento, que son el resultado de su propio trabajo[66].
Uno de los éxitos más considerables del levantamiento es la solidaridad activa entre la escuela secundaria y los universitarios, los migrantes, los profesionales y los trabajadores. Los participantes atravesaron un “enorme proceso de socialización, aun si resultó de corta duración”[67]. Cuando todos estos diversos grupos sociales marchaban por las calles de Atenas y se reunían para tomar decisiones colectivas, el resultado más importante de su lucha es lo que Holloway describe como “el desarrollo de una comunidad de lucha, un hacer colectivo caracterizado por su oposición a las formas capitalistas de relaciones sociales”[68]. Estos momentos de lucha organizados a través de “sucesos” son “flashes” contra el fetichismo, festivales de la insubordinación, “carnavales de los oprimidos”[69]. En estos momentos de lucha contra el fetichismo, el pueblo lucha para superar su fragmentación, para derrotar sus relaciones sociales pervertidas y para encontrar caminos de auto-determinación. Esta lucha es primero y principalmente una lucha “para encontrar formas adecuadas de articular nuestra “nosotridad”, para encontrar caminos para unir con respeto mutuo nuestra dignidades distintas”[70].
Uno de esos caminos para luchar contra el fetichismo y encontrar caminos de auto-determinación ha sido la formación de “asambleas populares abiertas” durante la lucha. Es verdad que estas asambleas frecuentemente eran pequeñas y marginales. En algunas la situación era caótica, y los debates eran confusos, demasiado largos y redundantes. Los marxistas ortodoxos, marxistas-leninistas, trotskistas y radicales izquierdistas que participaban expresaban muy frecuentemente y en repetidas ocasiones su opinión favorable a la necesidad de un partido revolucionario como vanguardia organizada de la clase trabajadora. O cuestionaban la orientación política del levantamiento y la no participación (según su opinión) de la clase trabajadora. En la mayoría de los casos el defecto de todos estos marxistas ortodoxos e individuos y grupos izquierdistas fue “tomar su orgullosa experiencia de pasadas derrotas de la clase obrera y nunca a partir de nuevas condiciones y un nuevo estilo de la lucha que ignoraron en principio. Repetían su ideología acostumbrada en el mismo tono aburrido que habían utilizado durante una o dos décadas de inactividad. Parecían no percibir nada nuevo en el movimiento de ocupación. Ya habían visto todo antes”[71]. Por otro lado, muchos anarquistas y grupos e individuos anti-autoritarios fueron rehenes de su fragmentación y sectarismo. En muchas ocasiones fetichizaron la violencia y promocionaron un estilo de vida anárquico. A pesar de ello, las asambleas abiertas no eran jerárquicas, se basaban en una democracia directa y daban a todos la oportunidad de participar y discutir. No eran ni líderes ni “revolucionarios profesionales”. Miles de jóvenes se juntaban y promovían fuertes debates. Hasta los marxistas y los anarquistas con su participación, inconcientemente criticaban en la práctica y rechazaban las formas de organización tradicionales que caracterizaban el movimiento radical. En este sentido, las “asambleas populares abiertas” fueron un paso adelante en dirección a la auto-organización del movimiento.
Esto “nuevo” también emerge en las nuevas formas de organización de las marchas y las acciones radicales de los jóvenes. La profusa utilización de Internet para lo que Cleaver llamó contro-informazione (contra-información) para la información opuesta “a la información oficial de los gobiernos y los medios comerciales de comunicación masiva”[72] es una lección que los activistas aprendieron a raíz de su participación en manifestaciones anteriores contra la globalización neoliberal. Las websites y blogs de activistas, teléfonos móviles, ciberespacios como Facebook[73] son los medios habituales por los que se han organizado, formaron comunidades cibernéticas y se coordinaron redes de acción dispersas, no-jerárquicas”[74]. Esta “tela electrónica de la lucha” no ha reemplazado a las acciones físicas ni a las conexiones directas ya que la mayoría de la gente se encontró en la calle[75].
En la calle, los jóvenes griegos se opusieron a cualquier superstición política y al fetichismo del estado y su papel. También rechazaron y trascendieron en la práctica las organizaciones jerárquicas y represivas tales como partidos políticos y organizaciones sindicales. Contrariamente a las críticas del marxismo ortodoxo, las prácticas anti-estado del movimiento constituyeron un recordatorio útil de que antes de desarrollar su crítica a la economía política en El Capital, Marx primero desechó los fundamentos de la “superstición política” y la fe “fetichista” en el estado. Para Marx la crítica del estado precede lógica y cronológicamente la crítica de la economía política.
Los marxistas ortodoxos griegos dejan de lado o ignoran simplemente los aspectos anti-estatistas y libertarios en Marx. Como Maximilien Rubel escribió, en los escritos de Marx, “la crítica de la política es anterior a la crítica de la economía política. En su teoría, la negación del estado es anterior a la negación del capital, el anarquismo anterior al comunismo”[76]. De igual forma, el levantamiento griego probó, en la práctica, una vez más, que ‘la expresión “partido revolucionario” es una contradicción en sus términos’[77]. Aparte de la posición hostil y reaccionaria que adoptó el partido comunista estalinista griego en relación con el levantamiento, la gran mayoría de los partidos o grupos llamados marxistas, leninistas o trotskistas mantuvieron una actitud negativa y contradictoria. Las palabras de Lukács expresan claramente tanto los puntos de vista como el papel representado por los partidos marxistas e izquierdistas a lo largo de todo el período de rebelión: “Para un marxista vulgar, los fundamentos del burgués son tan indestructibles que, aun cuando están visiblemente temblando, solamente espera y reza por el retorno a la “normalidad”, considera sus crisis como pasajeras y considera una lucha como una rebelión irracional e irresponsable contra el eternamente invencible sistema capitalista. Para él, los luchadores en las barricadas… son locos”[78].
Estos miles de jóvenes “locos”, “inmaduros”, “irracionales” e “irresponsables” que pelearon en las barricadas tomaron conciencia, por su propio esfuerzo, del principio que señala que “la indiferencia a la política hasta el momento no le ha garantizado inmunidad ante sus consecuencias, a nadie”[79]. Experimentaron que la “Izquierda” en todas sus versiones parlamentarias y, desafortunadamente, en la mayoría de sus versiones extraparlamentarias, “toleran la espontaneidad solamente cuando es el resultado de su propio poder”[80]. Cada vez más los jóvenes se dan cuenta de que el capital y el estado capitalista tienen que temer a los partidos opositores de izquierda “solamente” como competidores que “sólo reemplazarían a los gobernantes en el poder”[81]. Los insurgentes, hombres y mujeres trabajadoras, estudiantes y desempleados, “han aprendido que no tienen nada que esperar de aquellos que los llaman de vez en cuando, sólo para enviarlos nuevamente a casa – pero más de lo mismo – aun después de una victoria”[82]. Están llegando cada vez más cerca de comprender que “la organización de los trabajadores insurgentes debe ser obra de los mismos trabajadores insurgentes”[83], de darse cuenta de que no tienen absolutamente nada que esperar de esos políticos “izquierdistas”, burócratas y revolucionarios profesionales que se han convertido en “mirones de la clase trabajadora, espectadores de su propio potencial encajonado”[84].
En contraste con los “mirones Izquierdistas maduros” de la rebelión griega, los insurgentes confirmaron otra vez en la práctica que “claramente las armas del criticismo no pueden reemplazar el criticismo de las armas”[85]. Ellos han reafirmado lo que ya sabíamos de la tradición de los oprimidos y sus luchas heroicas, es decir, que “sin el criticismo de las armas, las armas del criticismo no son más que armas para el suicidio”[86]. El tema de la violencia revolucionaria fue ubicado en el epicentro de los debates ya que había quedado indudablemente claro que “predicar la no violencia en principio reproduce la violencia institucionalizada existente”[87]. Pero el resultado de la violencia revolucionaria no fue lo único que se mostró durante el levantamiento.
Uno de sus logros más importantes fue el enorme movimiento de politización y re-politización que se produjo y se difundió a través de buena parte de la sociedad griega. El desorden invadió la agenda cotidiana provocando discusiones teóricas y políticas y restauró en la memoria colectiva y los debates, conceptos y “palabras que estaban mutiladas junto con nosotros”[88]: rebelión, solidaridad, colectividad, camaradería, auto-organización, organización en consejos, dignidad, insubordinación, lucha de clases y revolución. El levantamiento “interrumpió el curso del mundo”[89]; produjo una ruptura en “el tiempo en la forma del estado” y produjo “su propia temporalidad”, que el tiempo de la dignidad y la insubordinación[90]. También defendió la “unidad de la razón y la conciencia” y esta unidad contribuyó, aun temporalmente, a la destrucción de las mistificaciones capitalistas y a una mejor “comprensión del significado de las cosas, del hombre y de la realidad”[91]. Fue un intento de recuperar y devolver lo esencial a nuestras vidas, en contra de lo hecho por el capital para imponer en nosotros lo no esencial y la acumulación de lo innecesario”[92].
Sin embargo, lo que es distintivo en el levantamiento griego es la “violencia de lo negativo”[93], el poder de la rabia, el poder del rechazo, del pensamiento y la práctica negativos[94]. La rebelión civil griega no buscó mejorar las condiciones sociales existentes tomando el poder político. No tenía demandas reformistas; no luchó por mejores salarios o por la mejora del sistema político existente; no operó constructivamente y no se circunscribió en los límites del sistema capitalista. Pero entonces, ¿dónde estuvo lo positivo? Lo positivo se encuentra en su negación del capital y su estado, la negación del sistema de consumo y su poder político. El levantamiento griego fue encendido por el poder explosivo de la crítica destructiva[95] y el lema “duda de todo” estuvo omnipresente dentro de la insurrección. Los insurgentes no se proponían ganar el poder-sobre-los-otros, sino simplemente poner en evidencia nuestro poder-hacer, nuestra propia resistencia a ser dominados por otros.
Dudaban del “sistema de orden” existente, y pedían su destrucción. Negaban el estado de cosas establecido, el capital y su estado, y por lo tanto su negación era determinada. Pelearon contra la imposición de los valores neoliberales y su falsa moralidad. Su negación fue un acto positivo, determinado y destructivo y “una negación determinada es en última instancia una negación política”[96]. Su crítica operó fuera de las reglas, normas y limitaciones de la democracia liberal parlamentaria en su ataque al status quo capitalista y todas sus estructuras de desigualdad, subordinación y poder. Por eso es que la rebelión griega no puede integrarse en el sistema. Los insurgentes no derrotaron ni se reconciliaron. El orden capitalista entró en estado de pánico y miedo: “la Revolución fue puesta otra vez como tema”[97]. ¡Feliz Año Miedo!
El espectro de la revolución griega acecha al capital y al “establishment” político de los países liberales, sobre todo los de la Unión Europea. Hay preocupación y temor por parte de las elites económicas y políticas de que el levantamiento griego sea imitado en otros países. Se han producido enfrentamientos entre manifestantes y policías en algunos países: Islandia, Latvia, Letonia y Bulgaria. En Francia el gobierno manifestó su temor de que los hechos sucedidos en Grecia se repitieran en su territorio y el presidente francés, Nicolás Sarkozy canceló la reforma educacional anunciada porque le preocupaba que el Síndrome Griego se difundiera en Francia y en toda Europa. El movimiento social actual en Guadalupe tiene aroma a revuelta griega y confirma los peores temores del establishment francés. Sin embargo, su preocupación y temor son nuestra esperanza.
Hasta ahora las elites económicas y políticas parece que no pueden comprender el cambio del mundo, comprender completamente la señal de alarma lanzada por Grecia. Enfocados en la crisis económica actual parece que no conciben la multifacética y total caída del sistema neoliberal. Pretenden atribuir las explosiones sociales y las crisis económicas a los defectos de aplicación de las recetas neo-liberales. Pero las políticas económicas neoliberales significaron siempre para los trabajadores que deberían vivir en un estado de crisis permanente, pobreza, miseria, opresión y malestar. El Capital global y sus representantes políticos parecen no comprender la profundidad y el carácter sistémico de la crisis y el final del modelo económico y social neoliberal.[98] No quieren ver los resultados de sus políticas, es decir la opresión, rabia, descontento, y miseria de la clase trabajadora. Se niegan a ver los millones de volcanes silenciosos y a pensar acerca de la proliferación de la degradación social y moral o de las enfermedades mentales de las que han sido origen.
Con mucho cinismo, se podría decir que son buenas noticias. Cuando los gobernantes y los explotadores no pueden comprender el mundo y los explotados y los oprimidos han comenzado a no identificarse con las ideas reinantes o cuando comienzan a darse cuenta de la magnitud de la decepción neoliberal, allí es donde pueden surgir situaciones revolucionarias. El “síndrome griego” puede difundirse por toda Europa, África, China o India. Es por eso que hay en este momento una conspiración de silencio entre los políticos profesionales de izquierda y derecha y el capital, acerca de lo que sucedió en Grecia. Hicieron un esfuerzo por difamar la insurrección griega, por esconder su radicalidad y disminuir su significado.
Aun así, el reconocimiento más honorable de la rebelión griega vino desde los zapatistas en las palabras del Subcomandante Marcos: “Camarada mujer, camarada hombre. Grecia Insurgente. Nosotros, los más pequeños, desde este lado del mundo, los saludamos. Acepten nuestro respeto y admiración por lo que piensan y hacen. Desde muy lejos nosotros aprendemos de ustedes. Les damos las gracias”.[99] Pero el respeto y la admiración son profundamente mutuas todos nosotros aprendimos del levantamiento Zapatista. Ellos abrieron el camino y su rebelión viene desde el futuro y no desde la “melancolía de Izquierda” que marcó el fin del último siglo.
Las sublevaciones son contagiosas. Mejor dicho: pueden ser contagiosas. Sin embargo no hay certeza. No hay optimismo inocente.[100] Depende de nuestras luchas a lo largo de todo el mundo, de que el suceso griego sea contagioso. Dependerá de nuestras luchas sociales y de nuestra actividad radical el producir un estado de emergencia, es decir, responder a la crisis del capital con una revolución desde abajo, y no permitir la auto-transformación del capital a través de una revolución desde arriba. La esperanza no está en Obama sino en el radicalismo de la sublevación griega. Al respecto, la protesta griega nos permite un “optimismo militante“[101] Tener esperanza. Pero esta esperanza no es certeza. En palabras de Ernst Bloch “no podría ser decepción, no será esperanza. Es parte de la cosa. La esperanza es crítica y puede ser decepcionada. Sin embargo la esperanza pone aun su bandera en el mástil, aun en la decadencia en la que la decadencia no se acepta aun cuando esta decadencia todavía es fuerte”.[102]. Los padres del muchacho asesinado hicieron grabar en la lápida de su hijo, estas palabras extraídas de Hamlet “Si yo tuviera tiempo…..yo podría deciros….yo estoy muerto pero tú vives……dí la verdad y los motivos de mi conducta a quienes lo ignoran” (Traducción de Leandro Moratín ). Para todos esos inocentes “jóvenes príncipes” que mueren asesinados por el capital y sus estados en batallas que ni siquiera se pelean, asesinados con sus rostros marcados de debilidad y dolor[103], la rebelión griega iza una bandera.
 

 
Artículo enviado para su publicación en Herramienta por gentil mediación de John Holloway. Traducción desde el inglés de Alba Invernizzi.
 
[1] Aristóteles, La Política y la Constitución de Atenas, Cambridge University Press, 1996, p.125. (Hay versión en castellano, Abada Editores, 2004).
[2] K. Marx, “Contribución a la Crítica de la Filosofía del derecho de Hegel”, en Karl Marx, Escritos tempranos, Penguin, 1992, p. 251. (Hay versión en castellano, Ediciones del Signo, 2006).
[3] Joel Stennfeld, “Pisoteando a los Reyes: Protestas contra la G8 en Génova”, Steidl Publishers, Götingen, 2002, p.80.
[4] Walter Benjamin, “Central Park”, en Michael W. Jennings (ed.), El escritor de la vida moderna; Ensayo sobre Charles Baudelaire, Harvard University Press, 2006 p. 161.
[5] Henry David Thoreau, “Desobediencia Civil” en Sherman, Paul (ed.) Henry David Thoreau Walden y la Desobediencia Civil, Riverside, 1960, p. 246.
[6] Para este tema, ver Werner Bonefeld “Progreso y Desarrollo Humano”, Theomai Journal, número 8, segundo semestre 2003. Disponible en : http://revista-theomai.unq.edu.ar/numero8/artBonnefeld8.htm bajado el 26 de Enero de 2008.
[7] K.Marx, El Capital, Vol I, Lawrence and Wishart, 1979, p.233. (Hay edición en castellano, Siglo XXI, ediciones varias).
[8] K.Marx, Ob. cit. Vol I, p.756.
[9] K.Marx, Ob. cit. Vol I, p.760.
[10] Cornelius Castoriadis “La Dilapidación de Occidente” en Cornelius Castoriadis, La marea alta de la insignificancia (El gran sueño), p.85. Traducido del Francés y editado anónimamente como servicio público en 2003. De acuerdo con Castoriadis, mucho esfuerzo por escapar de la muerte “está camuflado en miles de maneras: por la eliminación del duelo, por los “morticios”, por los interminables tubos y mangueras al servicio de los profesionales en cuidados de la salud, por los psicólogos especializados en “asistir” a los enfermos terminales, por la relegación de los viejos a los geriátricos”, Ibid p.85.
[11] Max Hockheimer, “El estado autoritario” en Andrew Arato & Eike Gebhart: El lector esencial de la Escuela de Frankfurt, Urizen Books, 1978, p.116. (Hay versión en castellano, Editorial Itaca, 2006)
[12] Herbert Marcuse, “Un apunte sobre la Dialéctica”, Andrew Arato & Eike Gebhart: El lector esencial de la Escuela de Frankfurt. Urizen Books, 1978, p.446.
[13] Cornelius Castoriadis, “La crisis del Proceso de Identificación” en Cornelius Castoriadis Ob. cit. p.208.
[14] Para este tema ver John Holloway, “El estrechamiento del Marxismo: Un comentario sobre los comentarios de Simon Clarke” en Ana Dinerstein y Michael Neary (eds.) The Labour Debate, Ashgate, p.63 (próximamente edición castellana por Herramienta, 2009). Ver también John Holloway Cambiar el mundo sin tomar el poder, Pluto Press, p.5 (Hay edición en castellano, Ediciones Herramienta, 2002).
[15] Cornelius Castoriadis, “La crisis del proceso de identificación”, p.223.
[16] Karl Polanyi, La gran transformación, Beacon Press, 1957, pp.57-77. (Hay versión en castellano, Fondo de Cultura Económica, 1992)
[17] Hegel Conferencias de Hegel acerca de la Historia de la Filosofía, Vol. 3, Routledge and Kegan, 1963, p. 425.
[18] John Holloway, Ob. cit., p.184.
[19] Cornelius Castoriadis, “La crisis de las sociedades occidentales” en David Ames Curtis (ed) El lector de Castoriadis, Blackwell, 1997, p.259.
[20] Sobre este tema ver el análisis hecho por Castoriadis, La marea alta de la insignificancia (El gran sueño), p. 124-154.
[21] Max Hockheimer, “La función social de la filosofía” en Teoría Crítica: Ensayos Escogidos, Herder and Herder, 1972, p. 271. (Hay versión en castellano, en Teoría crítica y Teoría tradicional, Ediciones Paidos, 2001)
[22] Johannes Agnoli ”La destrucción como determinación del intelectual en épocas miserables” en Werner Bonefeld (Ed) Escritos Revolucionarios, Autonomedia, 2003, p.26.
[23] K.Marx “Contribución a la Crítica de la Filosofía del derecho de Hegel. Introducción” en Karl Marx: Escritos tempranos, Penguin Books, 1992 , p.251.
[24] Russell Jakoby, El fin de la utopía, Libros Básicos, 1999, p.114.
[25] Odysseus Elytis, ‘Aniversario’, en The Collected Poems of Odysseus Elytis, The John Hopkins University, 1997, p. 18.
[26] Cornelius Castoriadis, “La crisis de la sociedad moderna en David Amos Curtis (ed) Cornelius Castoriadis: Escritos políticos y sociales, Vol.3, 1961-1979. Reiniciando la Revolución: Desde el Socialismo a la Sociedad Autónoma, Ed.Universidad de Minnesota, 1993 p.115
[27] John Holloway, Ob. cit., p.178.
[28] Kostas Mourcelas, Cabello teñido de rojo, Kedros,1992, p.350.
[29] Kostas Mourcelas, Ob. cit., p.421.
[30] John Holloway, Ob. cit., p.157.
[31] Ernst Bloch, El principio Esperanza, Vol.3, The MIT Press, 1995, p.1358. (Hay versión en castellano, Editorial Trotta, 2006)
[32] Herbert Marcuse, Apunte sobre la Didáctica, p.446
[33] Odysseus Elytis, El AXION ESTI, Univ. De Pittsburg Ed.,1974,p.42
[34] John Holloway, “Zapatismo y las Ciencias Sociales” en Revista Capital & Class Nº 78, 2002, p.156.
[35] John Holloway, ídem.
[36] Raoul Vaneigem, La revolución cotidiana, Left Bank Books and Rebel Press, 1983, p.7. (Hay versión en castellano, Anagrama, 1998)
[37] Odysseus Elytis, “Orion” en Poemas escogidos de Odisseus Elytis, The John Hopkins University Press, 1997, p. 15.
[38] Cornelius Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad, Polito Press, 2005, p.16.
[39] Sobre este tema ver el análisis brillante hecho por John Holloway en “Un apunte sobre la alienación”, Revista Historical Materialism, Nº 1, Otoño de 1997, p. 116-9; John Holloway “Clase y clasificación: contra y más allá del Trabajo” en Dinerstein y Neary (ed.); y John Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, p. 43-105.
[40] ‘Ein Nichts/ waren wir, sind wir, werden/ wir bleiben, blühend’ (Un nada éramos, somos, quedaremos, afloreciendo), Paul Celan, ‘Psalm’, en Paul Celan: Poems, Carcanet New Press Limited, 1980, p. 142-3.     
[41] Raoul Vaneigem, La revolución cotidiana, p. 82.
[42] Heráclito, Fragments, traducido y comentado por T. M. Robinson, University of Toronto Press, 1987, p. 33. (Hay edición en castellano, Hispanoamérica Ediciones, 1984).
[43] Raoul Vaneigem, Ob. cit, p. 215.
[44] K. Marx “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” en Marx-Engels Trabajos escogidos, Lawrence and Wishart, 1991. (Hay edición en castellano, Andrómeda, 2007).
[46] Ver su discurso publicado en Rizospastis, el periódico del Partido del 23/12/2008 http://www.rizospastis.gr/page.do?publDate=23/12/2008&id=10466pageNo=6&direction=1
[47] Discurso del Secretario General del KKE, camarada Al Papariga pronunciado en la gran demostración organizada por KKE en Atenas el 8 de diciembre después del asesinato de Alexandros Grigoropoulos a manos de la policía. Disponible en http://inter.kke.gr/News/2008news/speech-aleka/
[48] Ver periódico Eleuterotupía 29/01/2009.
[49] Walter Benjamin “Sobre el concepto de Historia” en Escritos Escogidos, Vol.4, 1938/1940, Harvard University Press, 2003, p. 392. (Hay edición en castellano, Ediciones Piedras de Papel, 2007)
[50] Werner Bonefeld, ”Inseguridad y Autonomía Social” disponible en http://libcom.org/library/uncertainty-social-autonomy2-bonefeld ingresado el 8 de Febrero de 2008.
[51] John Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, p. 156, 157.
[52] John Holloway, Ob. cit., p. 158.
[53] John Holloway, Ob. cit., p. 156.
[54] Citado por John Holloway en “Zapatismo y las Ciencias Sociales”, p. 160.
[55] John Holloway, Cambiar el Mundo sin tomar el poder, p. 156,157.
[56] John Holloway, Ob. cit., p. 159-160.
[57] Herbert Marcuse, “El Problema de la Violencia y la Oposición Radical”, 1967, disponible en: http://www.marxists.org/reference/archive/marcuse/works/1967/violence.htm
[58] K. Marx, “La guerra civil en Francia”, en Marx-Engels Trabajos Escogidos, Lawrence & Wishart, 1991, p. 288.
[59] Acerca de la diferencia entre “ley” y “derecho” ver Henry David Thoreau, Desobediencia Civil, p. 236-237. (Hay edición en castellano, Alianza Editorial, 2005)
[60] Henry David Thoreau, Ob. cit., p. 242.
[61] Karl Marx, La Guerra Civil en Francia, p. 289.
[62] Walter Benjamin, “Crítica de la violencia” en Escritos Escogidos, Vol.1, 1913-1926, Harvard University Press 2003, p. 252. (Hay edición en castellano, en Iluminaciones IV, Taurus, 1998)
[63] Walter Benjamin, Ob. cit., p.250.
[64] Michael Löwy, Aviso de incendio, Verso, 2005, p. 106. (Hay edición en castellano, Fondo de Cultura Económica, 2003)
[65] Marx escribió acerca de la Comuna que “la gran dimensión social de la Comuna fue su propia existencia laboral”. Karl Marx, La Guerra Civil en Francia, p. 280.
[66] Ver punto de vista similar en Mayo del 68´ en René Vienet “Furiosos y Situacionistas en el movimiento de Ocupación, Francia Mayo 1968”, Autonomedia, 1992, p. 100.
[67] Cornelius Castoriadis, Un mundo fragmentado: escritos sobre Política, Sociedad, Psicoanálisis y la Imaginación, Stanford University Press, 1997, p. 54. (Hay edición en castellano, Altamira, 1997)
[68] John Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, p. 208.
[69] John Holloway, Ob. cit., p. 215.
[70] John Holloway, Ob. cit., p. 105.
[71] René Vienet, “Furiosos y situacionistas en el Movimiento de Ocupación”, p.105.
[72] Harry Cleaver, “Los Zapatistas y el Tejido Electrónico de la Lucha”, en John Holloway & Eloína Pelaez (Eds.) ¡ZAPATISTA! Reinventando la Revolución en México, Pluto Press, Londres, 1998, p. 84. (Disponible en inglés en http://www.eco.utexas.edu/~hmcleave/zaps.html)
[73] Grupo Facebook: “Alexandros Grigoropoulos” se formó después del asesinato del muchacho y atrajo a miles de miembros. El 15 de Febrero de 2009 tenía 136.011 miembros.
[74] María Elena Martínez-Torres, “Sociedad Civil, Internet y los Zapatistas”, Revista Paz, Vol. 13, Nº 3, 2001, p. 347-355.
[75] Harry Cleaver, “Los Zapatistas y el Tejido Electrónico de la Lucha”, p.81-103.
[76] Citado por Kevin Anderson, “Maximilien Rubel, 1905-1996, Editor Libertario de Marx”, Revista Capital & Class, Nº 62, Verano de 1997, p.162.
[77] Antón Pannekoek, “Partido y Clase Trabajadora” (1936). Disponible en : http://www.marxists.org/archive/pannekoe/1936/party-working-class.htm
[78] Georg Lukács, Lenin, NBL, 1970, p. 11 (Hay versión en castellano, Editorial Gorla, 2005)
[79] Karel Kosik, “Nuestra Crisis Actual” en Karel Kosik, La crisis de la Modernidad, Rowman & Littlefield, 1995, p.17.
[80] Max Horkheimer, El Estado Autoritario, p. 98.
[81] Max Horkheimer, Ob. cit., p.103.
[82] Max Horkheimer, Ob. cit., p.104.
[83] Raoul Vaneigem, La Revolución de la vida cotidiana, p.215.
[84] Raoul Vaneigem, ídem.
[85] K.Marx, “Una contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”, Introducción, p.251.
[86] Raoul Vaneigem, La Revolución de la vida cotidiana, p.214.
[87] Herbert Marcuse “El Problema de la Violencia y la Opción Radical” en Marcuse, El fin de la Utopía, Siglo XXI, 1968.
[88] “Vosotras mis palabras mutiladas Junto conmigo, vosotras mis fuertes” de Paul Célan (...Plashes the Fountain) en Paul Celan, Poemas, Carcanet New Press Ltd, 1980, p.150-151.
[89] Walter Benjamín “Central Park”, p.145.
[90] Sergio Tischler, “Tiempo de Reificación y Tiempo de Insubordinación. Algunas notas”, en Bonefeld y Psychopedis (eds.) Human Dignity, Ashgate, 2005, p.131.
[91] Karel Kosik, “Razón y Conciencia” en Karel Kosik La Crisis de la Modernidad, Rowman y Littlefield, 1995, p. 14-15.
[92] Karel Kosik, “Nuestra Crisis Actual”, p. 49.
[93] René Vienet, “Enfurecidos y situacionistas en el Movimiento de Ocupación, Francia, Mayo 68”p.71
[94] Johannes Agnoli, “La destrucción como la determinación del estudioso en tiempos miserables”, p. 25-33.
[95] John Holloway, “Diez Tesis acerca de Cambiar el Mundo sin tomar el Poder”, disponible en: http://libcom.org/library/twelve-theses-on-changing-the-world-without-taking-power
[96] Herbert Marcuse, “Una Nota sobre la Dialéctica”, p. 449.
[97] Werner Bonefeld, “Incertidumbre y Autonomía Social”.
[98] Ver acerca de las crisis sistémicas en Grecia, Takis Fotopoulos “Una Crisis Sistémica en Grecia: El Diario Internacional de la Democracia Inclusiva” disponible en : http://inclusivedemocracy.org/journal/
[99] Subcomandante Marcos (EZLN) Mensaje a Grecia Rebelde “Compañera-compañero. Nosotros, los más pequeños de este rincón del mundo, te saludamos. Recibe nuestro respeto y nuestra admiración por lo que piensas y haces. Desde lejos aprendemos de ti. Gracias (Subcomandante Marcos)” Primer Festival Mundial de la Digna Rabia – México – Diciembre 2008
[100] Ver Werner Bonefeld “Inseguridad y Autonomía social” y Ernst Bloch “Algo Falta. Una discusión entre Ernst Bloch y Theodor W. Adorno sobre las contradicciones del Anhelo utópico” en La Función Utópica del Arte y la Literatura, Ed. MT, 1996, p.16.
[101] Ernst Bloch , El Principio Esperanza, Vol. 3, p. 1372.
[102] Ernst Bloch, “Algo Falta. Una Discusión entre Ernst Bloch y Theodor W. Adorno sobre las Contradicciones del Anhelo Utópico”, pp16-17.
[103] La expresión ha sido tomada del poema de William Blake “Londres”, de la obra Canciones de Experiencia.