Rostros de la crisis. Reflexiones sobre el colapso de la civilización burguesa

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Autor: Jorge Beinstein * **

La crisis mundial apareció primero bajo
la forma de una turbulencia financiera empujada por el desinfle de la burbuja
inmobiliaria norteamericana, incluso inicialmente no faltaron opiniones de expertos
(muy difundidas por los medios de comunicación) asegurando que la tormenta
duraría poco dada la fortaleza general de los Estados Unidos y cuando los
problemas aumentaron sin superación a la vista una nueva andanada de pronósticos
tranquilizadores nos informaba que las dificultades del Imperio no tenían
porque propagarse a escala global (sino tal vez muy débilmente). Nació así la
vida efímera de la "teoría del desacople" (geográfico) según la cual
algunos espacios centrales o periféricos emergentes estarían lo suficientemente
resguardados de la tormenta como para preservar sus economías e incluso
proseguir la expansión sin mayores problemas. Unos apostaban a la supuesta
solidez europea, otros al empuje arrollador de China, India o Brasil y porque
no a la renaciente potencia energético-militar rusa. Esos mismos medios de
comunicación habían saturado al planeta durante muchos años con la idea de que
ninguna nación grande o pequeña podía escapar a la globalización capitalista y que
si un país o un grupo de países no insignificantes se resfriaban el contagio
seguramente se propagaría a escala planetaria; ahora resultaba que cuando los
Estados Unidos, el centro del mundo, sufría una enfermedad grave otros espacios
decisivos de la economía global no serían perjudicados o lo serían mínimamente.
Que en 2007 la superpotencia representaba cerca del 25 % del Producto Bruto
Mundial, una deuda total -pública más privada- cercana al PBM (y una deuda
externa total equivalente al 22 % del PBM) no parecía afectar al pronóstico.
Como es lógico los efectos de la intoxicación mediática duraron muy poco;
Europa entró en recesión empujada por los Estados Unidos pero también cargando
con sus propias taras parasitarias, la ola negra llegó también a Japón y e
inundó a las llamadas potencias emergentes de la región como India. Corea del
Sur o China y de otras zonas de la periferia como Brasil.

La crisis es mundial y será larga, la
acumulación de desajustes, su magnitud, no sugieren una rápida recuperación
del sistema sino todo lo contrario aun si restringimos el análisis a sus
aspectos económicos (a comienzos de octubre de 2008 la crisis financiera se
convirtió en un colapso que ha puesto bajo signo de interrogación a todos los
escenarios de supervivencia del capitalismo).

El segundo desacople

Pero queda en pié otro desacople
no menos ilusorio: el sectorial. Existe una deformación cultural en
nuestra civilización que empuja hacia la fragmentación del conocimiento, hacia
la negación del mundo como totalidad, como sistema complejo en movimiento. Lucien
Goldman solía oponer de manera tajante "ideología" (reduccionista,
disociadora) y "visión del mundo", encontrando allí una de las claves de
la reproducción de la opresión burguesa y en consecuencia del camino para
emanciparnos de ella marcado por la recuperación de la percepción de la
realidad como conjunto amplio, plural, coherente, contradictorio,
dinámico.

La crisis actual ha llevado hasta el
extremo las tendencias psicológicas disociadoras, en buena medida alentadas por
los medios de comunicación. Las turbulencias financieras, energéticas y alimentarias
aparecen saturadas de explicaciones superficiales acerca de "errores"
gerenciales o de políticas públicas. A veces se establecen vínculos entre
ellas, por ejemplo la especulación financiera como causa de la inestabilidad de
los precios del petróleo o de ciertos productos agrícolas o bien la relación
entre costos energéticos y precios de los alimentos, pero esas interacciones
quedan reducidas a juegos de corto plazo o a ciertas tendencias perversas
de mediano plazo. La incertidumbre es encubierta con explicaciones anecdóticas
casi siempre girando en torno de los cambios de humor en los llamados
"inversores", por su parte las autoridades económicas de los países centrales o
de los organismos internacionales que los representan (OCDE, FMI. Banco
Mundial, etc.) no cesan de hacer declaraciones contradictorias, un día anuncian
los peligros de una recesión inflacionaria, otro día alertan acerca de las
amenazas de recesión deflacionaria, por la mañana aseguran que la crisis será
pronto superada y por la tarde declaran que el enfriamiento económico puede ser
de larga duración. Todo al ritmo de los movimientos erráticos de bolsas y
precios y de las corridas impredecibles de los especuladores manipulando masas
de fondos cuyo volumen las hace ingobernables. Ni los especuladores ni las
autoridades entienden realmente lo que está ocurriendo, se les ha venido encima
una avalancha de desastres y cada uno trata de sobrevivir con el instrumental
disponible.

Junto a esas crisis se hace presente la
de los Estados Unidos (en tanto centro, pilar decisivo del sistema global) a
menudo solo mostrada desde su especificidad "nacional", por ejemplo como
resultado de políticas irracionales (por lo general reversibles)
impuestas por ciertos grupos de poder; su subordinación estratégica a la
dinámica mas amplia del sistema global suele ser ignorada o subestimada.

Una de sus componentes principales es la
crisis del Complejo-Militar-Industrial a menudo atribuida a sus "errores" en
Irak y Afganistán endosados a su vez al aventurerismo de George W. Bush y sus
halcones. La hipótesis de que la misma podría estar expresando la crisis
del militarismo burgués (fenómeno engendrado por la evolución del capitalismo
mundial) y su probable ingreso en fase terminal, de decadencia, no es tema de
debate.

Igual suerte corre la crisis del Estado
imperial, acorralada en su especificidad, subestimada, desconectada de
fenómenos paralelos en un amplio abanico de países centrales y periféricos y de
la historia universal del capitalismo, en especial el ciclo del estatismo
iniciado hacia fines del siglo XIX.

Por otra parte la reflexión acerca de la crisis-de
la tecnología
, es decir de la cultura técnica moderna (incluida la
perspectiva de su agotamiento histórico), está por lo general ausente. El "optimismo
tecnologista"
preserva un predicamento aplastante, nuestro sistema
tecnológico es visualizado como una compleja maraña de instrumentos, de
conocimientos muy flexibles, cuya dinámica aunque influida por el poder
político, económico o ciudadano vigente (y en consecuencia relativamente
manipulable) respondería en ultima instancia al movimiento más general, sobreterminante,
del llamado progreso humano, desde la edad de piedra hasta el siglo
XXI.

En fin, la crisis ambiental suele ser
atribuida a comportamientos irracionales modificables a partir de la
intervención ciudadana. Queda así impuesto un "debate único" en torno de
alternativas presentadas como posibles, positivas, constructivas,
realistas, etc., alejadas del catastrofismo, del pesimismo y otras perversiones
practicadas por los profetas del fin del mundo. De ese modo es desplegada una
mega operación de censura ideológica, de bloqueo de la razón, del esfuerzo por
conectar la catástrofe ambiental con la lógica de la civilización (burguesa)
que la sobre determina.

Sacar a la luz e integrar estas y otras
"crisis" en una visión general constituye una tarea extremadamente difícil, pero
dramáticamente necesaria, urgente. La aceleración y expansión del desorden
global nos impone la necesidad de ver más allá de la superficie y de los
aspectos parciales, única manera de comprender el mundo que vivimos.

Crisis financiera

La crisis financiera debe ser entendida
como expresión de la hipertrofia de las actividades especulativas, es necesario
ir más allá de la sucesión de burbujas que se desarrolló desde mediados de los
años 1990 hasta la actualidad (burbujas bursátiles, inmobiliarias) y abarcar
las cuatro últimas décadas durante la cual una crisis crónica de
sobreproducción de carácter global
(cuyo inicio podría ser establecido en
1968-1973) fue alimentando al globo especulativo que a su vez reforzó la
enfermedad del sistema económico. La crisis de los países centrales pudo ser
amortiguada, postergada, gracias a un complejo mecanismo de desarrollo mundial
de negocios financieros pero dicha postergación prolongada terminó por
engendrar uno de los factores decisivos de la crisis total del sistema (que
ahora estamos empezando a recorrer). La prosperidad de la post guerra terminó
en 1973-74 con el shock petrolero que encontró a
una economía mundial muy frágil debido a la suma de hechos negativos que lo
precedieron como los desordenes monetarios, la caída en la rentabilidad
empresaria, la desaceleración del circuito de endeudamiento y consumo privados,
el incremento de la capacidad productiva ociosa. Con el telón de fondo de una
crisis de sobreproducción las economías industrializadas ingresaron en la
llamada "estanflación", los precios subían al igual que la desocupación
y los aparatos productivos se estancaban. A partir de allí la tasa de
crecimiento económico mundial fue cayendo tendencialmente, el fenómeno
persistió hasta la actualidad
(ver el gráfico 1).

Esto se tradujo en altos niveles de
desocupación y precarización laboral agravados por la guerra tecnológica entre
las empresas que buscaban preservar o conquistar mercados cada vez mas duros.
En consecuencia se fue imponiendo una tendencia pesada, de larga duración de
desaceleración de la demanda de las naciones ricas, en los países de la OCDE la
tasa de crecimiento real promedio del consumo privado final había llegado al
5,1% en el período 1961-73 pero descendió al 3,1% en 1974-79, al 2,7 % en
1980-89 y al 2,3 % en 1990-99 (1). Lo que a su vez frenó la expansión
productiva convirtiendo a la sobreproducción real o potencial desatada desde
comienzos de los 1970 en un fenómeno crónico que persistió en el largo plazo.

La desaceleración económica causó déficits
fiscales. Un achicamiento del gasto público o una mayor presión tributaria
habrían tenido efectos recesivos, por otra parte existían excedentes
financieros de empresas y bancos (petrodólares, etc.) con serias dificultades
para convertirse en inversiones productivas debido a la situación de
estancamiento.

La solución al problema fue encontrada
por medio del crecimiento de la deuda pública, de ese modo el endeudamiento de
los países ricos desde los 1980 sucedió al endeudamiento de países pobres del
segundo lustro de los 1970.

Esto se vio facilitado por la
liberalización financiera y cambiaria que en esa época empujó hacia arriba las
tasas reales de interés y eternizó la inestabilidad de las paridades entre las
monedas fuertes. Los estados necesitaban fondos (para sostener las demandas
internas a través de pagos de pensiones, subsidios a desempleados, gastos militares,
etc.) que desbordaban las disponibilidades monetarias locales, entonces
acudieron a los inversores internacionales lo que les obligó a eliminar las
trabas a la libre circulación de monedas, a la compra-venta de títulos públicos
y privados y al desarrollo de negocios financieros. La financierización
empresaria completó el círculo; las empresas colocaban fondos en títulos
públicos pero también en papeles que intercambiaban entre ellas o bien
empapelaban el mercado bursátil con sus acciones.

La interacción perversa de tres
fenómenos: desaceleración del crecimiento económico, crecimiento
del endeudamiento público
y financierización empresaria,
generó un monstruo que creció sin cesar hasta convertirse en hipertrofia
financiera global
alimentada por tasas de interés relativamente
altas que desaceleraban la inversión y la demanda.

Hacia comienzos de los 1990 los
endeudamientos estatales comenzaron a ser percibidos negativamente por lo
gobiernos centrales y los grandes grupos económicos (el salvavidas liberal se
hacia cada vez mas pesado amenazando con hundir a las economías desarrolladas).
Por otra parte los excedentes acumulados por el sistema financiero mundial
requerían nuevas áreas de expansión que les permitieran preservar sus niveles
de rentabilidad, diversos mecanismos adicionales posibilitaron el sostenimiento
de su reproducción ampliada.

La ingeniería financiera aceleró ese
desarrollo, fondos de pensión y de inversión, bancos y empresas encontraron en
la revolución informática el atajo tecnológico que les permitió crear "productos
financieros derivados"
de alta complejidad (ver el
gráfico 1), articular una red bursátil y cambiaria internacional muy dinámica y
otras innovaciones que los medios de comunicación pintaban como las cabeceras
de playa del nuevo capitalismo planetario triunfante. Esos negocios atraparon
también a familias y pequeños ahorristas que se incorporaban de manera directa
o indirecta, principalmente en los Estados Unidos, a la euforia de las elites.
Se inflaron valores de acciones y otros activos especulativos, aumentó la masa
financiera global.

Por otra parte se acentuó y generalizó
el llamado fenómeno de las "economías emergentes", hacia allí
fueron flujos monetarios que adquirieron e instalaron empresas, compraron
papeles públicos y privados, todo ello en una lógica de beneficios altos y
rápidos que expandieron aun más la marea financiera. El desmantelamiento de la
URSS y otros países del este europeo generó en los años 1990 una gran evasión
de capitales hacia las economías centrales reforzando dicho proceso.

Lo que fue presentado como la
incorporación de países subdesarrollados y ex-socialistas al sistema global de
mercado, a las ventajas del Primer Mundo, no fue sino la implantación de
sistemas de depredación que desarticularon aún más a esas economías. En ciertos
casos presentados como "exitosos" (como los de Brasil, India, China y
otros países de Asia) fueron instalados o reforzados mecanismos de
superexplotación de trabajadores y/o recursos naturales al servicio del consumo
y la producción de los países centrales (vía materias primas o productos
industriales baratos).

Finalmente se desarrolló un fenómeno en
sus comienzos marginal pero que luego se fue instalando en el corazón de la
economía internacional: el espacio de los negocios ilegales, visibles,
desembozados en la periferia, discretos en el centro (donde residen sus
jefaturas estratégicas). Estos negocios de muy alta rentabilidad se expandieron
como una mancha de aceite cubriendo de áreas mafiosas al sistema global. Tráfico
de drogas y armas, prostitución, golpes de mano sobre patrimonios públicos
periféricos, etc., forjaron una masa de negocios que por su volumen y dinamismo
pasó a constituir un factor decisivo de la reproducción de la economía mundial.

La crisis asiática de 1997 apareció en su
momento como una catástrofe financiera de la periferia emergente, sin embargo
debería ser vista como una crisis global cuyo corazón se encontraba en los
países centrales envueltos por la desaceleración productiva y el parasitismo (la
burbuja especulativa asiática de aquellos años no fue mas que una epifenómeno
del cáncer financiero central). Pero al iniciarse la década actual el motor
visible del desorden se presenta claramente en el centro del mundo: los Estados
Unidos y las otras grandes potencias.

La profundización de la crisis nos
permite ver mas allá de los juegos conceptuales que fabricaban universos
económicos "monetarios" y "virtuales" despegados de la llamada "economía real".
Las interrelaciones concretas entre los fenómenos descriptos demuestran el
carácter ilusorio de las fronteras entre esas supuestas esferas diferenciadas,
no se trata sino de una sola realidad, estructural, material, social donde la
producción de bienes, su intercambio, los medios monetarios, el empleo, pero
también la política, el Estado, la tecnología, etc., conforman un único sistema
a la deriva.

Al comenzar el siglo XXI el desborde financiero
provoca turbulencias de gravedad creciente en los países centrales, sus
mecanismos de exportación de la crisis (hacia la periferia) y de control
interno de la marea especulativa devienen insuficientes ante el volumen
alcanzado por esos negocios. Los productos financieros derivados registrados
por el Banco de Basilia en el año 2000 equivalían a cerca de dos veces el
Producto Bruto Mundial de ese momento, a mediados de 2008 los derivados
registrados (algo más de 600 millones de millones de dólares) equivalen a algo
más de diez veces el actual PBM. Si a ese volumen le sumamos los otros negocios
especulativos en danza llegaríamos a unos mil millones de millones de dólares,
aproximadamente unas 18 veces el PBM, que algunos autores califican como el "mega agujero negro financiero de la economía mundial". Pero la marea parasitaria no podía expandirse
indefinidamente, tarde o temprano tenía que colapsar y como es lógico el
puntapié inicial fue dado en el centro del centro del mundo; los Estados
Unidos.

Dos observaciones de carácter general son
necesarias.

En primer lugar constatemos que la sobrevalorización
de activos financieros no ha sido otra cosa que un mecanismo de concentración
mundial de ingresos y de saqueo (desarticulador) económico que ampliaba cada
vez mas la brecha entre los aparatos productivos (globalizados) dominados por
la lógica del parasitismo especulativo y masas crecientes de pobres y excluidos
(principalmente, pero no solamente, en la periferia). La sobreproducción
crónica se autoalimentaba con su propio veneno marginalizador-concentrador-financiero.

En segundo término tenemos que ver al
movimiento de financierizacion de las últimas cuatro décadas como etapa
superior, final, del proceso de expansión financiera del capitalismo iniciado
hacia fines del siglo XIX, evaluado por los textos célebres de Lenin, Hilferding,
Bujarin y otros autores. Sobre todo es necesario tomar en consideración las
referencias de Lenin acerca del carácter decadente del fenómeno
(2) y de Bujarin respecto de la formación de una clase capitalista parasitaria,
cada vez mas alejada de la cultura productiva (3).

Podríamos diferenciar (utilizando la conceptualización
gramsciana) una primera etapa (desde fines del siglo IXX hasta fines de los
años 1960) de "dominación" financiera donde esos negocios
controlaban crecientemente el corazón del sistema pero lo hacían bajo el
disfraz cultural del productivismo industrial. Le siguió una segunda etapa
(iniciada en los años 1970) de "hegemonía" financiera donde el
cáncer parasitario controla integralmente al sistema, arroja a un costado los
discursos productivistas que aún sobrevivían y convierte su estilo de vida en
el centro de la cultura universal.

Tal vez debamos establecer una tercera
etapa, marcada por una suerte de parasitismo decadente, irrumpiendo en la
primera década del siglo XXI, caracterizada por la saturación financiera de la
economía mundial empujando hacia el colapso del sistema donde emergen dinámicas
de autodestrucción del capitalismo pero también de recomposición salvaje, de
barbarie, reedición actualizada y a escala ampliada de la tentativa hitleriana
(si adoptamos esa hipótesis Bush y sus halcones serían los pioneros de la
nueva era).

Las crisis energética y alimentaria

Habiéndose cumplido el pronóstico
formulado por King Hubbert en 1956 acerca del momento de máximo nivel de la
producción petrolera norteamericana, que como él lo anunció comenzó a decaer
desde comienzos de los años 1970, parecen ahora cumplirse (utilizando la misma
metodología) los pronósticos más pesimistas referidos al máximo nivel de la
producción petrolera mundial que fijaban la llegada del techo para antes del
fin de la década actual. Desde hace algo más de dos años y medio la curva de
extracción tiende a aplanarse dentro de una franja que oscila entre los 84
millones y los 88 millones de barriles diarios, tal vez rompa ese techo pero lo
haría muy probablemente forzando la capacidad productiva racional en áreas
claves del sistema internacional de explotación del recurso y sin conseguir
modificar la tendencia hacia el estancamiento. ¿En que momento la actual
evolución productiva levemente ascendente se convertirá en declinación?, todo
parece indicar que la duración del estancamiento es directamente proporcional a
la futura tasa anual de declinación. Si la presión de los grandes consumidores
globales consigue someter a los principales productores (Medio Oriente, Cuenca
del Mar Caspio, Rusia, etc.) obligándoles a súper explotar sus yacimientos;
tarde o temprano podrían producirse colapsos productivos importantes en algunos
de ellos.

La recesión internacional en la que estamos
ingresando anuncia la desaceleración del consumo petrolero incluso su descenso,
ello debilita la suba del precio haciéndolo bajar en ciertos períodos,
tendencia reforzada por el repliegue de fondos especulativos que apostaban al
alza de su cotización. Sin embargo el hecho de que nos encontremos en la cima
extractiva global (el "Peak Oil") o muy próximos de la misma
nos indica la existencia de disparadores inflacionarios (dinámicas alcistas en
el precio del petróleo) que cuando la extracción comience a descender irán
apareciendo desde niveles cada vez más bajos del Producto Bruto Mundial. En
síntesis, la tendencia de largo plazo es hacia la suba del precio que no tiene
porque ser ordenada, fácilmente previsible, sino todo lo contrario. Sucesivas
entradas y repliegues de fondos especulativos en dicho mercado atraídos o
repelidos por hechos reales o imaginarios de cada coyuntura prolongarán hacia
el futuro la trayectoria zigzagueante-ascendente que se viene desarrollando en
los últimos años, provocando inflación, bloqueando el instrumental anti
recesivo de los países capitalistas centrales.

Una nueva era de crecimiento económico
prolongado necesitaría sincronizar sistemáticos ahorros de energía y reemplazos
de recursos energéticos y mineros en general no renovables por recursos
renovables o por recursos no-renovables (¿cuales?) sometidos a nuevas técnicas
de explotación cuyas "inmensas" reservas (relativas) alejarían para un
futuro muy lejano el tema de su agotamiento (esto último es lo que ocurrió
desde fines del siglo XVIII con la explotación del carbón mineral primero y del
petróleo mucho tiempo después).

Ello requeriría un salto innovativo, una
ruptura capaz de superar casi dos siglos y medio de una cultura tecnológica muy
densa basada en la explotación intensiva de recursos no-renovables. No se
dispone ni del menor indicio serio de que esa ola innovadora este apareciendo
ni de que pueda aparecer durante la próxima década.

La irrupción de los biocombustibles
demuestra que efectivamente esa ola no existe. Su expansión, incluso la más
osada, no consigue superar la penuria energética y el acaparamiento de tierras
fértiles y productos agrícolas con fines energéticos reduce la oferta alimentaria,
trae hambre e inflación.

La utilización a gran escala de energía
nuclear, además de plantear graves problemas de seguridad, enfrentaría un
rápido agotamiento de las reservas de uranio, por su parte la expansión del
empleo del carbón enfrenta problemas de costos de reconversión, de muy
difíciles adaptaciones tecnológicas, de polución y finalmente de agotamiento
del recurso. Según recientes evaluaciones las explotaciones intensivas de las
reservas de uranio y carbón (en el nivel necesario como para suavizar la crisis
energética) llevarían a la declinación de su extracción aproximadamente a
partir del año del año 2030 y posiblemente antes (4).

Las fuerzas productivas mundiales tal
como ahora las conocemos se encuentran bloqueadas por un techo energético
producto de su propio desarrollo
, de su interacción con la "naturaleza", aprehendida
desde la lógica de la modernidad, es decir como objeto de depredación (el
notable éxito energético del capitalismo industrial fue en realidad la
antesala de un desastre universal). Por otra parte el bloqueo energético al
crecimiento económico plantea el tema crucial de la expansión incesante del
producto bruto global, necesidad vital para el capitalismo pero no para otras
formas de organización social donde el consumo, la posesión de objetos
materiales, serían subordinados a la convivencia humana. Dicho en otros
términos, la humanidad podría reducir sustancialmente su gasto de energía
produciendo globalmente menos a condición de reorganizar su sistema productivo
en torno de las necesidades básicas de la reproducción social liberadas de
dictaduras elitistas y parasitarias, es decir de la cultura
occidental-burguesa. Esto que aparece aún como una propuesta utópica,
inalcanzable, sera cada vez más (a medida que avance la crisis general del
sistema) un programa urgente de sobrevivencia (rehumanización del "sentido
común").

Pero hoy estamos sumergidos en plena
crisis capitalista donde la penuria energética constituye una realidad
ineludible, en consecuencia ocupa el centro de la escena la lucha por la
apropiación de dichos recursos entre las potencias dominantes (USA, Japón,
Unión Europea) y sus asociados emergentes periféricos (China, India). Aparece
entonces la guerra por el control de los yacimientos y las vías de distribución
(oleoductos y gasoductos) y su impacto no solo sobre el mundo subdesarrollado
sino también sobre la evolución social de los países centrales (por ejemplo la
tesis acerca del "fascismo energético"). Esa guerra comenzó en los años 1990 cuando
el tema del agotamiento de los recursos energéticos tenía una difusión
marginal. La ofensiva militar norteamericana sobre Eurasia en algunos casos
solitaria y en otros asociada con la Unión Europea se inició con la primera
guerra del Golfo, siguió con las guerras de Yugoslavia (flanco izquierdo de la
franja eurasiática) y continuó con las invasiones de Afganistán e Irak, las
amenazas occidentales contra Irán hasta llegar a las recientes aperturas de
nuevos frentes militares en el Caucaso (enfrentando a Rusia) y en Pakistán. Se
trata de una loca fuga hacia adelante acompañada por la incesante expansión de
la OTAN.

La crisis económica en curso podría en
principio frenar el ímpetu imperialista aunque no es seguro que ello suceda,
también podría imponerse la alternativa opuesta: la escalada militarista de
Occidente, la experiencia histórica occidental nos enseña que su anterior mega
crisis (aproximadamente 1914-1945) generó fascismo y guerra. La descomposición
y la recomposición autoritaria constituyen tendencias visibles que pueden
alternarse e incluso combinarse trágicamente.

Por su parte la crisis alimentaria está
estrechamente asociada al tema energético. Las transformaciones neoliberales
que liquidaron economías campesinas tradicionales contribuyeron al problema,
por su parte la aparición de nuevas presiones de demanda de alimentos (por
ejemplo de China) y las avalanchas especulativas sobre esos productos empujaron
en su momento los precios hacia arriba. Pero fue principalmente la crisis
energética la que impulsó los costos agrícolas a través de los mayores precios
de los hidrocarburos. Las llamadas modernizaciones agrarias, las "revoluciones
verdes" aplicando tecnologías avanzadas, mas "productivas", generaron
una aguda dependencia respecto de los hidrocarburos en los principales sistemas
agrarios del planeta. Luego cuando llegó la crisis de la energía el remedio
buscado a través de los biocombustibles encareció tierras y productos
agrícolas.

Nos encontramos ahora ante la perspectiva
de una subproducción relativa de alimentos a escala global (paralela a la subproducción
energética)
causada por la dinámica general (el llamado progreso)
del capitalismo, su desarrollo tecnológico.

La crisis de los Estados Unidos

La economía norteamericana se presenta
como el centro generador de las tres crisis arriba mencionadas, su voracidad
energética opera como la principal catalizadora de las turbulencias en los
mercados petrolero y alimentario, su hipertrofia parasitaria (especulativa,
militar, consumista) alimenta el desorden financiero mundial. Se trata de un
largo proceso de desarrollo de tendencias internas-externas que hundieron en la
decadencia a la sociedad estadounidense que por su enorme peso relativo global
condicionó la evolución del resto del mundo (5).

En el último cuarto de siglo los Estados
Unidos sufrieron una profunda transformación de carácter elitista y
parasitario. La concentración de ingresos fue decisiva, el 1 % más rico de la
población concentraba entre el 7 % y el 8 % del Ingreso Nacional a comienzos de
los años 1980, dicha cifra se eleva actualmente a cerca del 20 %, por su parte
el 10 % más rico pasó en el mismo período del 33 % al 50% del Ingreso
Nacional. Pero las clases altas no convirtieron sus mayores ingresos en mayor ahorro
e inversión sino en la base de una desenfrenada carrera consumista. El ahorro
personal medio (originado en su mayor parte en las clases medias y superiores)
representaba a comienzos de los años 1990 entre 7 % y 8 % del ingreso medio
disponible, actualmente y desde hace algo más de un lustro está muy próximo de
cero. En el polo opuesto de la sociedad los salarios de los más pobres fueron
perdiendo velocidad hasta declinar en términos reales a lo largo de la década
actual, ello acompañado por una creciente precarización laboral. Como resultado
de eso el ingreso real medio de los norteamericanos es hoy inferior al del año
2000.

El consumismo avanzó paralelo a la financierización
generalizada, en primer lugar de las grandes empresas que hacia mediados de los
años 1980 obtenían de sus negocios financieros cerca del 16 % de todos sus
beneficios logrados en el territorio estadounidense, veinte años después esa
cifra se había elevado al 40 % (6).

El avance parasitario impulsó un proceso
de degradación de la integración social y del cumplimiento de las normas de
convivencia, la transgresión y la criminalidad penetraron en los más diversos
sectores de la población cuya dinámica elitista generó la criminalización de
los sectores inferiores. Actualmente las cárceles norteamericanas son las más
pobladas del planeta, hacia 1980 alojaban unos 500 mil presos, en 1990 cerca de
1.150.000 , en 1997 eran 1.700.000 a los que había que agregar 3.900.000 en
libertad vigilada (probation, etc.), pero a fines de 2006 los presos
sumaban unos 2.260.000 y los ciudadanos en libertad vigilada unos 5 millones;
en total más de 7.200.000 norteamericanos se encontraban bajo custodia
judicial (7). En abril de 2008 un articulo aparecido en el New York Times
señalaba que los Estados Unidos con menos del 5 % de la población mundial
alojan al 25 % de todos los presos del planeta, uno de cada cien de sus
habitantes adultos se encuentra encarcelado; es la cifra más alta a nivel
internacional(8).

La precarización laboral en las clases
bajas sumado al clima consumista-parasitario proveniente de las clases altas
degradaron severamente la cultura productiva, lo que hizo cada vez menos
competitivo al sistema industrial. El resultado fue un déficit comercial
crónico que llegó en 2007 a los 800 mil millones de dólares, un factor
adicional (y decisivo) del problema es el déficit energético que se fue
acentuando desde comienzos de los años 1970 cuando empezó a declinar la
producción petrolera de los Estados Unidos que actualmente importa cerca del 65
% de su consumo. Dicho deterioro fue acompañado por un déficit fiscal
permanente y creciente.

En consecuencia el Estado, las empresas y
las familias fueron acumulando deudas mientras el dólar declinaba, así se
resquebrajaba el pilar central de la posición financiera internacional de los
Estados Unidos.

El 4 de octubre de 2008 la deuda del
estado federal alcanzaba los 10,1 millones de millones de dólares (a un ritmo
diario de unos 3 mil millones de dólares si tomamos como referencia los últimos
doce meses) mientras que la deuda total (pública más privada) había llegado a
los a los 53 millones de millones de dólares hacia fines de 2007 (equivalente
al Producto Bruto Mundial de ese año o bien a 3,8 veces el PBI
norteamericano). Se trata en síntesis de una economía que funciona (cada vez
peor) sobre la base del endeudamiento acelerado.

La degradación económica y social es
agravada por el fracaso de la estrategia militar del Imperio centrada en la
conquista de una extendida franja territorial eurasiática que va desde los
Balcanes hasta Pakistán pasando por Turquía, Irak, Arabia Saudita, Iran, los
países de Asia central hasta llegar a Afganistán. En el centro de dicha franja
se encuentran la zonas del Golfo Pérsico y de la Cuenca del Mar Caspio que
albergan cerca del 70 % de las reservas globales de petróleo. Los Estados
Unidos desde el fin de la Guerra Fría fueron cubriendo ese espacio con bases
militares y ocuparon algunos de sus países. Su victoria les habría permitido
avanzar sobre Rusia, seguramente realizando una mega tarea de desmembramiento,
réplica a gran escala de lo obtenido en la ex Yugoslavia, para luego acorralar
y someter a China. No se trataba solo de objetivos energéticos sino a través
de los mismos reasegurar su dominio sobre el sistema financiero internacional.

Más aún, es necesario superar el reduccionismo
económico y percibir el trasfondo cultural colonialista de Occidente asumido
por la elite dominante norteamericana. Siguiendo la vieja utopía geopolítica
anglosajona descripta por MacKinder hace más de un siglo esa gran conquista le
habría permitido al Imperio poseer el control planetario (9), los ideólogos de
los halcones llevaron hasta el extremo (grotesco) dicha ilusión heredera además
del "milenio germánico" anunciado por Hitler.

Pero la estrategia eurasiática fracasó,
la economía decadente de los Estados Unidos no está en condiciones de asumir
una larga guerra universal, la degradación de su cohesión social limita las
posibilidades de reclutamiento de tropas lo que les obliga a incorporar
mercenarios. Como otros imperios declinantes del pasado se encuentran atrapados
en una formidable "sobre extensión estratégica" (Paul Kennedy) que
profundiza su crisis.

La decadencia norteamericana arrastra al
mundo capitalista, los Estados Unidos constituyen el espacio esencial de la
interpenetración productiva, comercial y financiera a escala planetaria que se
fue acelerando en las tres últimas décadas hasta conformar una trama muy densa
de la que ninguna economía capitalista desarrollada o subdesarrollada puede
escapar (salir de esa red significa romper con la lógica, con el
funcionamiento concreto del capitalismo integrado por clases dominantes
locales altamente transnacionalizadas).

Por otra parte la crisis norteamericana
no es el resultado exclusivo de factores endógenos, su consumismo parasitario,
sus déficits y endeudamientos han sido funcionales a la crisis crónica de
sobreproducción de carácter global
. Las grandes economías centrales y las
nuevas economías emergentes (como China o India) han podido crecer gracias a la
capacidad de absorción de mercancías y capitales por parte del mercado
estadounidense. En algunos casos se trata de colocaciones directas de
excedentes, en otros de ventas e inversiones en mercados a su vez enlazados con
los Estados Unidos, pero siempre el Imperio aparece como el motor en última
instancia del sistema universal.

Ahora cuando los Estados Unidos entran en
recesión son seguidos por las otras potencias.

Podríamos establecer una lazó histórico
entre los dos imperios atlánticos que dominaron todo el desarrollo del
capitalismo industrial desde su origen hacia fines del siglo XVIII hasta el
presente. Primero el Imperio inglés desbaratando en su etapa juvenil, a
comienzos del siglo XIX, la tentativa hegemónica francesa, más adelante, desde
las últimas décadas de ese siglo acosado por el imperialismo alemán finalmente
derrotado, subordinado luego de dos guerras mundiales en el siglo XX. Donde la
decadencia de Inglaterra fue más que compensada por el ascenso de los Estados
Unidos su hijo cultural hoy a su vez declinante (pero que antes de acelerar su
descenso derrotó a su enemigo estratégico global: la URSS). Además este ciclo
imperial anglo-norteamericamo debe ser asociado al ciclo energético apoyado en
la explotación intensiva de recursos naturales no renovables hoy también
declinante (carbón-hegemonía de Inglaterra-siglo XIX ===> petróleo-hegemonía
de los Estados Unidos-siglo XX).

Crisis militar

En el centro del fracaso eurasiático se
encuentra el del Complejo Militar Industrial norteamericano. Su crisis
adquiere dimensión global no solo por la magnitud de su estructura sino también
porque su decadencia arrastra al conjunto de la OTAN, en especial los grandes
aparatos europeos como los de Inglaterra o Francia.

Irak es el pantano de los
estadounidenses, pero Afganistán (y cada vez más Afganistán-Pakistán) es el
pantano común de todas la fuerzas occidentales.

El gasto militar real ha llegado en los
Estados Unidos a niveles nunca antes alcanzados, si a las erogaciones del
Departamento de Defensa (unos 700 mil millones de dólares) sumamos los gastos
militares de las demás áreas del Estado se llega para este año a cerca de 1,1
millones de millones de dólares (10).

Limitándonos a los gastos de los Departamentos
o Ministerios de defensa de los países de la OTAN llegaríamos al 70 % de los
gastos militares globales calculados de ese modo. Y sin embargo no pueden ganar
la guerra en Afganistán luego de más de seis años de combates (las últimas
informaciones disponibles señalan que mas bien es la resistencia afgana la está
obteniendo victorias) ante lo cual la OTAN ha respondido extendiendo la guerra
hacia Pakistán.

Por otra parte los Estados Unidos han
respondido recientemente a su empantanamiento en Irak desatando una guerra en
el Caucaso, empujando al combate a la minúscula Georgia contra Rusia, la
segunda potencia militar del mundo.

En ambos casos para los occidentales el
resultado es catastrófico. Podríamos sumar un tercer ejemplo, el del fracaso de
la ultima invasión israelí al Libano desplegando fuerzas militares
abrumadoramente superiores a las de la guerrilla Hezbollá y apoyada por las
fuerzas norteamericanas instaladas en la región. También allí se trataba de una
"fuga hacia adelante" que además apuntaba hacia Irán.

Dos observaciones me parecen útiles.

Primero, nos encontramos ante una grave "crisis
de percepción"
de los mandos militares de la OTAN (principalmente de los
norteamericanos) extensible a las elites dominantes de esos países. No es una
crisis pasajera, expresa una degradación psicológica profunda, un autismo muy
desarrollado, que por su permanencia y avance solo puede ser comprendido si lo
incluimos dentro de un proceso de degradación más amplio (cultural, económico,
político, social).

Segundo, estas guerras coloniales
fracasadas del siglo XXI muestran la confrontación entre aparatos militares
imperialistas extremadamente costosos y sofisticados y resistencias armadas
populares que pese a la pobreza de sus integrantes, a sus escasos recursos,
demuestran una enorme creatividad técnico-militar.

A diferencia de las guerras coloniales
del pasado donde la modernidad occidental se enfrentaba al "atraso"
periférico sometiéndolo brutalmente al capitalismo ascendente, ahora la
sofisticada maquinaria bélica imperial lucha contra fuerzas lo suficientemente "modernas"
e informadas como para combatir con alta probabilidad de éxito. La victoria
cultural planetaria de la modernidad occidental ha terminado por engendrar un
enemigo formidable a sus proyectos de dominación, la periferia ha profundizado
su subdesarrollo, se ha integrado completamente a la civilización burguesa y
cuando esta entra en decadencia los rebeldes periféricos disponen gracias a
ella de la cultura técnica que les permite derrotar a su enemigo imperial.

Tal vez estemos presenciando la última
etapa de la larga historia del capitalismo de estado blindado, del mega aparatismo
autoritario militar fundado en la convergencia entre ciencia, tecnología,
industria y administración pública, originada en la Europa de fines del siglo
XIX pero con antecedentes en el desarrollo militar de sus estados burgueses
desde la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas y la Revolución
Industrial inglesa. El Complejo Militar Industrial norteamericano habría llevado
este desarrollo hasta su límite superior, hasta la sofisticación tecnológica
más irracional, hasta un gigantismo operativo que le impide percibir al "pequeño
mundo"
real que pretende dominar. Este probable colapso del militarismo
burgués coincide con la crisis de la financierización del capitalismo, etapa
caracterizada la virtualización parasitaria de la economía, donde los grandes
operadores financieros confunden a la realidad con un videojuego. Entre la virtualización
financiera y la virtualización militar existen numerosos lazos culturales,
mafiosos, políticos, psicológicos.

Crisis del Estado

También la crisis del Estado
norteamericano irradia hacia el resto del mundo y al mismo tiempo expresa un
fenómeno universal. No se trata solo de asociar a Bush, con Berlusconi y Sarkozy
como muestra de la degradación política de los estados occidentales, debemos ir
más allá y enfocar la crisis de los estados integradores keynesianos (centrales
y periféricos, imperialistas y nacional-desarrollistas) desde los años 1970 - y
tal vez antes - y su apropiación por parte de las elites neoliberales. Dicha
revolución política se correspondió con la financierización acelerada del
capitalismo coincidente a su vez con el fracaso de casi todos los socialismos
del siglo XX: derrumbe de la URSS y su esfera de influencia, vía libre al
capitalismo en China.

El estado intervencionista fue el
producto superador de las crisis capitalistas ocurridas desde comienzos del
siglo XX, su ascenso estuvo siempre asociado al del militarismo, a veces de
manera visible y otras, luego de la segunda guerra mundial, bajo disfraz
democrático (si observamos la evolución de los Estados Unidos desde los años
1930 comprobaremos que el "keynesianismo militar" ha constituido hasta hoy la
espina dorsal de su sistema).

En numerosos países subdesarrollados
durante el siglo XX el Estado ("socialista", "nacionalista", "popular", etc.)
fue el pilar fundamental de una amplia variedad de proyectos emancipadores. En
el origen más remoto de todas esas experiencias encontraremos a la
transformación cultural que permitió la superación del capitalismo liberal
desde fines del siglo XIX reinstalando la expansión del sistema. La herramienta
decisiva de dicha proceso fue el Estado interventor, adoptando para su
funcionamiento soluciones extraídas de la actividad militar como la
planificación centralizada, el verticalismo, etc.

De manera extremadamente sintética es
posible afirmar que el desarrollo de las fuerzas productivas universales, hasta
llegar a su degeneración parasitaria-financiera actual, terminó por desbordar a
sus reguladores estatales sumergiéndolos en la mayor de sus crisis.

El neoliberalismo aparentó ser la
expresión de una globalización superadora de los estrechos capitalismos
nacionales, el mercado era postulado como espacio superior de desarrollo y su
libertad como la condición indispensable para el éxito de esa nueva
transformación; en realidad se trataba del vigoroso monstruo financiero devorando
a su padre estatal-productivo-keynesiano.

La superación estatista del capitalismo
liberal del siglo XIX no solo marcó culturalmente a las sociedades centrales
sino también a la periferia donde apareció como el instrumento idóneo para el
desarrollo independiente ante la debilidad o ausencia de burguesías locales
medianamente nacionalistas. Además fue desde comienzos del siglo XX la
componente decisiva de los proyectos de superación del capitalismo, en esos
casos se trataba de romper con el capitalismo adaptando, "proletarizando",
vistiendo de socialista a los métodos del por entonces joven y aparentemente
muy eficaz estatismo burgués.

Pero ese estatismo envejeció y finalmente
fue sometido al poder financiero globalizado, no fue derribado por el
movimiento insurgente anticapitalista central y/o periférico presentado como su
hijo negador-superador, que rebelándose desde sus entrañas, regeneraba el
desarrollo de las fuerzas productivas. Esta siendo devorado por otro hijo suyo,
astuto y tonto a la vez, improductivo, cuyo único proyecto es la depredación
(financiera, ecológica, social).

Crisis tecnológica

El sistema tecnológico enlaza en un todo
coherente técnicas, equipos, productos, estilos de consumo, materias primas,
redes de comunicación y transporte, visto de un modo más amplio el mismo se
corresponde con, es el núcleo central de, la civilización burguesa.

El despegue del capitalismo industrial
fue posible hacia fines del siglo XVIII gracias a un conjunto de innovaciones
que imprimieron velocidad al proceso de acumulación, extendiéndolo de manera
global. Paralela a la expansión colonial las nuevas técnicas permitieron a la
industria independizarse de los ritmos de reproducción natural de materias
primas, principalmente energéticas. La explotación intensiva de recursos
energéticos naturales no renovables proporcionó una primera fuente de energía
barata y abundante: como ya señalé el ciclo del carbón mineral se corresponde
con el del capitalismo inglés. La llegada en Inglaterra de la cima de la
producción de carbón a comienzos del siglo XX marcó el inicio de la
declinación del Imperio, fue una de sus causas. Pero antes de que esto
ocurriera se había iniciado el ciclo ascendente del petróleo con centro en los
Estados Unidos que llego a su cenit hacia 1970.

Este lazo entre capitalismo industrial y
explotación intensiva de recursos naturales no renovables ha sido decisiva en
la primera configuración y evolución posterior del sistema tecnológico moderno,
sesgó los modelos de producción, consumo, transporte y comunicaciones. Definió
incluso finalmente al sistema de explotación de los recursos naturales
renovables, como la agricultura y la pesca, insertándolos en un proceso más
amplio de depredación acelerada que desata ahora una crisis ambiental que se va
extendiendo acompañada por lo que podríamos definir como el comienzo de la
etapa de declinación en la explotación de los recursos no renovables (Peak Oil,
por ejemplo).

Conviene ahora introducir el concepto de "limite
estructural"
(¿porque no "cultural" o "civilizacional"?) del sistema
tecnológico definido por Bertrand Gille como el punto en el que dicho sistema
es incapaz de aumentar la producción en general o disminuir sus costos o por lo
menos impedir que estos últimos sigan aumentando ante "necesidades humanas"
crecientes (11). No se trata de necesidades humanas en general, ahistóricas,
sino de necesidades sociales históricamente determinadas (con sus clases
sociales, imperios, poblaciones sometidas, lujos, etc.), en ese sentido es
posible instalar la hipótesis de que el sistema tecnológico del capitalismo
estaría llegando a su límite superior más allá del cual va dejando de ser la
columna vertebral del desarrollo de las fuerzas productivas para convertirse en
la punta de lanza de su destrucción.

Este limite tecnológico puede ser visto
como parte del fenómeno de agotamiento de la civilización burguesa dominada por
el parasitismo financiero (que no hubiera podido alcanzar su nivel actual sin
el respaldo de las tecnologías de punta).

Colapsos ambiental y urbano

Los colapsos ambientales son tan viejos
como las decadencias de las civilizaciones, Ritchie Carlder comienza su
historia de las técnicas con el siguiente relato:

"La magnificencia de la Babilonia de Nabucodonosor
no existe más. Junto a sus múltiples guerras la obra principal de Nabucodonosor
fue la extensión y embellecimiento de Babilonia, reparó el gran templo de Marduk
y construyó el enorme palacio imperial cubierto con numerosas terrazas y sus
jardines colgantes que fueron una de las siete maravillas del mundo.
Reconstruyó la Torre de Babel, edificio piramidal en cuya cima se levantaba un
vasto templo.

Pero luego la naturaleza agregó a eso una
nota irónica apuntando hacia las ambiciones del hombre y la explotación a que
este la sometió. El río Eufrates tantas veces manipulado, desviado de su lecho
natural, terminó por vengarse . Un buen día transformó los alrededores de
Babilonia en un pantano esponjoso donde proliferaron los mosquitos del
paludismo , expandiendo la enfermedad y la muerte, debilitando a la población
hasta el punto en que no estuvo más en condiciones de mantener la red de
canales y cultivar los campos: la decadencia se aceleró. Es posible afirmar que
fueron los mosquitos y no los mongoles los que precipitaron la ruina de
Babilonia. Antes de que los hordas asiáticas se convirtieran en la avalancha
pagana que destruyó Babilonia cumpliendo la profecía de Isaias, los mosquitos
habían jugado el rol de comandos del Señor de los ejércitos.

Alejandro Magno conquistó Babilonia,
invadió Persia e India para convertirse en amo de civilizaciones más antiguas
que la suya, luego, a la cabeza de su ejército regresó a las tierras de
Babilonia y cuando llegó a ellas cayó enfermo y murió. "Aqui murió Alejandro
Magno"
me decía el técnico irakí mientras atravesábamos el pantano de
Babilonia, "murió de malaria, el mosquito era el verdadero rey de Babilonia,
recuerde usted que el más poderoso de los dioses babilónicos, Nergal, era
representado bajo el aspecto de un mosquito" (12).

Georg Simmel (avanzando en una ruta
visitada antes por Marx) establecía en su obra póstuma la contraposición, el
antagonismo entre la dinámica de la vida creadora y sus productos ("fijos")
que se "autonomizan" de su realizador bloqueando o incluso destruyendo
su desarrollo (13). Podríamos llevar ese enfoque hacia una secuencia bien
conocida: el hombre domina a la naturaleza a través de técnicas que a su vez lo
condicionan, asumiendo una cierta "autonomía" respecto de su creador,
desarrollando rigideces que bloquean el despliegue de sus fuerzas productivas.
Obviamente dicha "autonomía" no es realmente exterior, está presente en tanto
rigidez civilizacional dentro de su propio sistema social y puede llegar hasta
impedirle modificar (superar) una dinámica técnica que lo conduce hacia la
depredación de su medio ambiente, es decir hacia la destrucción de su entorno
vital. Cuando eso ocurre es porque la civilización que engendró ese sistema
técnico ha llegado a su etapa senil (la destrucción del medio ambiente es en
realidad autodestrucción del sistema social existente). La historia de las
civilizaciones ha repetido esa secuencia, ahora es evidente que el capitalismo
que no era el fin de la historia (sino una etapa siniestra de la misma) la vuelve
a repetir, pero la diferencia esencial con los tiempos premodernos es que hoy
ya no nos encontramos frente a una catástrofe ambiental limitada a una región
del mundo sino ante un desastre de extensión planetaria y de intensidad nunca
antes alcanzada. La radicalidad del fenómeno cuestiona a la técnica (convertida
en "tecnología") en tanto instrumento de lucha del hombre contra la
naturaleza, concebida como espacio exterior (hostil) que es necesario dominar,
controlar integralmente, manipulando a gusto sus ritmos de reproducción,
gastando a voluntad sus tesoros. Además la separación ideológica entre el
hombre y la naturaleza considerada como objeto de explotación es indisociable
de la división del trabajo entre los hombres superiores, opresores y los inferiores
oprimidos considerados también ellos materia pasiva de explotación.

El capitalismo no inventó ese estilo pero
lo llevó hasta el extremo límite, hasta un nivel tal que la supervivencia de la
especie humana dependerá cada vez más de la perspectiva de superación de esa
larga historia de disociación ideológica cuyos resultados prácticos plantean el
peligro del colapso planetario. La radicalidad del fenómeno exige entonces
cerrar un prolongado ciclo de civilizaciones cuya última etapa es la del mundo
burgués.

Estrechamente vinculado a la cuestión
ambiental aparece el tema de la crisis urbana. También en este caso es
necesario remontarnos hasta un pasado muy lejano, hasta los orígenes de la
civilización. Marx fue terminante al respecto: "La más importante división
entre el trabajo intelectual y el trabajo material fue la separación de la
ciudad y el campo. La oposición entre la ciudad y el campo inicia el paso de la
barbarie a la civilización, del régimen de tribus al Estado, de la localidad a
la nación, y prosigue a través de toda la historia de la civilización hasta
nuestros días"
(14). A ello es necesario agregar que la expansión
urbana se desarrolló a través de una sucesión interminable (ascendente en el
muy largo plazo) de éxitos y fracasos, de progresos y degradaciones, donde la
ciudad, centro del poder, de la organización social y de la creación técnica,
emergía como motor decisivo del desarrollo de las fuerzas productivas pero
también como generadora de parasitismo cuya hipertrofia terminaba siempre por
empujar a cada civilización hacia la decadencia. El proceso fue descripto mucho
antes de la modernidad, por ejemplo en el siglo XIV árabe, Ibn Jaldún,
establecía una teoría de ciclos de civilización que comenzaba con la imposición
de la hegemonía urbana generando progreso general, continuaba con el ascenso
del parasitismo en la ciudad (donde residía el poder) y concluía con la
decadencia parasitaria y el colapso del sistema (15).

Pero con la irrupción del capitalismo
industrial el sistema urbano se expandió sin frenos como nunca antes lo había
hecho, la tendencia se aceleró desde mediados del siglo XX y más aún en sus
últimas décadas hasta llegar al establecimiento de la vida urbana burguesa como
patrón único de la cultura universal (en 2008 la población urbana global
alcanzará las 3.300 millones de personas) (16).

Desde comienzos de los años 1980, cuando
la desocupación y el empleo precario en los países centrales se hicieron
crónicos y cuando la exclusión y la pobreza urbanas se expandieron velozmente
en la periferia, el crecimiento de las grandes ciudades fue cada vez mas el
equivalente de involución de las condiciones de vida de las mayorías (megaurbanización
= subdesarrollo caótico). En 1980 la población urbana periférica era del orden
de las 930 millones de personas contra cerca de 770 millones en el centro
(relación 1,2 a 1), en el año 2000 la relación pasó a ser de 2 a 1, las
ciudades desarrolladas crecieron moderadamente llegando a 960 millones y las
subdesarrolladas llegaron a los 1960 millones aproximadamente la mitad de estos
últimos viviendo en suburbios miserables. La era neoliberal con su avalancha de
privatizaciones, recortes de gastos públicos sociales y de infraestructura
(principalmente en los países pobres), exclusión productiva y desregulación
operó como un catalizador de la entropía urbana.

La descomposición de las ciudades es
claramente visible en la periferia pero no es su exclusividad, se trata de un
fenómeno global aunque es en el mundo subdesarrollado donde se suceden los
primeros colapsos, expresiones mas agudas de una marea multiforme,
irresistible. Pierre Chaunu señalaba como uno de los síntomas decisivos de la
decadencia "la aparición de ciudades cancerosas de crecimiento anárquico,
destructoras del medio ambiente"
haciendo el paralelo entre los procesos de
declinación civilizacional en el Mundo Antiguo, por ejemplo el Imperio Romano,
y la situación actual (17).

Ciclos largos e integración de las crisis

El panorama global asume el aspecto de
una convergencia de numerosas crisis de diferente ritmo e impacto en el corto
plazo. Esta simultaneidad sugiere la existencia de un fenómeno mayor que las
incluye a todas, la idea de crisis-sistémica-general aparece como
respuesta inmediata al interrogante sin embargo el concepto de sistema se
presenta cargado de ambigüedades. ¿De que "sistema" estamos hablando?,
¿de los sistemas financiero, económico, de hegemonía norteamericana mundial, de
hegemonía occidental o bien del sistema capitalista como un todo?. Además: ¿se
trata de crisis o de algo mucho más grave?, ¿nos encontramos tal vez ante el
comienzo de un mega colapso potencialmente mortal para el "sistema"?.
Por otra parte con el correr del tiempo son percibidas nuevas "crisis" que se
incorporan a la lista, por ejemplo a las nueve turbulencias arriba descriptas
podríamos agregar la de los símbolos legitimadores de la modernidad,
sus normas, valores, visiones del futuro, identidades y todos aquellas
representaciones que otorgan sentido a la existencia (18), más que evidente en
los países centrales y también en los espacios (preferentemente urbanos) de las
zonas más modernas de la periferia.

Empezando la lista de las crisis con el
ocaso de los Estados Unidos, el mismo aparece como la etapa terminal del ciclo
de la hegemonía anglo-norteamericana que abarca toda la historia del
capitalismo industrial, desde sus orígenes hacia fines del siglo XVIII, luego
derrotando sucesivamente a sus oponentes francés (guerras napoleónicas), alemán
(las dos guerras mundiales y soviético (guerra fría). Una evaluación
prospectiva rigurosa nos llevaría a la conclusión de que no existen en un
horizonte temporal razonable sucesores imperiales dignos de ese nombre. La
crisis actual, sobre todo las turbulencias financieras en curso y sus secuelas
comerciales e industriales, confirman plenamente esa afirmación: las otras
grandes potencias están completamente atadas al destino de los Estados Unidos y
viceversa.

Ese ciclo bicentenario coincide (se
encuentra estrechamente asociado) con el de la explotación intensiva de los
recursos energéticos no renovables (superciclo carbón-petróleo) corazón del
desarrollo industrial capitalista que pudo despegar y expandirse
vertiginosamente porque sometió a sus ritmos a las fuentes energéticas
(objetivo técnicamente imposible si se hubiera tratado de recursos energéticos
renovables).

Hacia los años 1970 comenzó a declinar la
producción petrolera norteamericana y el crecimiento económico global de las
décadas posteriores, centrado en los países de alto desarrollo (energéticamente
deficitarios) aceleró la depredación planetaria de esos recursos hasta llegar
al agotamiento (en el transcurso de la década actual) de aproximadamente la
mitad de las reservas. Es decir lo que se conoce como "peak oil", cima de la
extracción petrolera global, antesala de su declinación que a su vez
(re)introduce después de dos siglos el tema de la penuria alimentaria.

Por su parte la financierización
acelerada del capitalismo se desarrolló desde fines de los años 1960 hasta
llegar a una hipertrofia imposible de controlar y que ahora ingresa en un
período de alta turbulencia. El ascenso del capital financiero como centro
dominante del sistema fue detectado hace casi un siglo, pero no deberíamos
detener la historia allí, es necesario remontarnos a los orígenes del
capitalismo industrial y sus crisis de sobreproducción a lo largo del siglo
XIX. Luego de cada una de ellas y producida la depuración correspondiente, el
sistema no renacía como si nada hubiera ocurrido, no solo acumulaba las
innovaciones de la etapa anterior a las que agregaba otras sino que heredaba
también algunas heridas, algunas taras, algunos segmentos parasitarios (por
ejemplo financieros) que pasaban a formar parte de la nueva etapa. Podemos así
ver, siguiendo a Marx, como el capitalismo va transitando una sucesión de
crisis superables apuntando hacia una crisis de carácter general. La misma no
se produjo hacia fines del siglo XIX o a comienzos del siglo XX porque el
capitalismo no es solo una "estructura económica" sino algo mas amplio,
se trata de un sistema social muy complejo capaz de generar correctivos,
parches o incluso grandes transformaciones que le han permitido sobrevivir y
crecer. No se trata de la imposición de soluciones salvadoras desde lo
no-económico (por ejemplo desde la esfera política) impuestas a la
irracionalidad económica, sino de una interacción plural al interior de las
clases dominantes que va diseñando la alternativa más eficaz, el estatismo, el
militarismo, la expansión financiera se conjugaron para salvar al sistema.
Podemos entonces trazar un solo ciclo capitalista bicentenario bajo hegemonía
industrial primero y financiera después.

El militarismo moderno tampoco fue una
innovación que apareció de improviso a fines del siglo XIX, su primer
desarrollo fue paralelo a la consolidación del estado burgués en Occidente y su
periferia colonial. La introducción de la ciencia en la esfera militar y la
transformación de esta última en una estructura de carácter industrial se fue
conformando gradualmente a los largo de ese siglo al final del cual dio un
salto cualitativo. Su hipertrofia aparatista actual, impulsa y es impulsada por
la crisis general, tiene que ver con el horizonte de penuria energética (guerras
eurasiáticas) y con su expansión incesante bajo predominio europeo durante todo
el siglo XIX y comienzos del siglo XX cuando despegó el moderno Complejo
Militar-Industrial y más adelante, desde la segunda guerra mundial, bajo
predominio norteamericano (marcado por el "keynesianismo militar"). Lo
que lo convirtió en la era de la financierización acelerada (desde mediados de
los años 1970) en un pilar decisivo de los negocios industrial-financieros más
concentrados cuya degradación parasitaria lo sobre determina.

El mito del Estado ausente o marginal
durante la era del capitalismo liberal del siglo XIX debe ser revisado, fue la
resultante de vulgarizaciones fuertemente impregnadas de ideologismo burgués
que retornaron con fuerza en la era neoliberal. El estado aún débil a
comienzos de dicho siglo fue creciendo e incrementando sus funciones a medida
que la expansión económica lo permitía y que las crisis del sistema lo exigían
hasta convertirse en el estado-interventor del siglo XX. La actual degradación
del Estado (financiera, cultural, técnica) es el fin de un largo ciclo y esta
enlazada con las otras crisis ya mencionadas, la hipertrofia
burocrática-militar del Imperio lo afecta de manera directa, los altos círculos
financieros controlan los estados de las grandes potencias convirtiéndolos en
marionetas de los especuladores.

Tanto la crisis militar, como las crisis
energética y alimentaria, como en última instancia la crisis de la financierización
originada en la crisis de sobre producción crónica nos están alertando acerca
de la existencia de una profunda crisis del sistema tecnológico de la
modernidad, de la civilización burguesa, incapaz de superar sus bloqueos, de
generar una ola global de innovaciones que posibilite ampliar a largo plazo la
expansión del capitalismo introduciendo transformaciones decisivas (por ejemplo
en el perfil de consumo energético). El mundo burgués ha quedado prisionero de
su cultura productiva, de sus proezas científicas y tecnológicas, es decir de
una acumulación cultural demasiado pesada como para que sea removida (renovada)
por una civilización vieja.

La crisis urbana se deriva directamente
del proceso de financierización que desestructuró aparatos productivos
periféricos, concentró ingresos a escala mundial, elitizó los estados anulando
o disminuyendo su anterior rol integrador.

En fin la crisis ambiental aparece con
lazos directos hacia todas las crisis mencionadas y de manera muy evidente con
el agotamiento del sistema tecnológico cuya rigidez lo convierte en el motor de
la destrucción ecológica.

Precisamente esta multiplicación al
infinito de "crisis" y su creciente virulencia e interacción nos está
señalando que nos encontramos frente a la crisis del sistema como totalidad civilizacional,
el mismo ha venido experimentando en las últimas cuatro décadas diversas crisis
parciales, sobre todo financieras, en el marco de una larga decadencia general
donde el parasitismo depredador fue avanzando de manera irresistible en todas
las esferas de la vida social. De ese modo la larga crisis del capitalismo
convertida en decadencia derivó finalmente ahora, al final de la primera década
del siglo XXI, en un colapso financiero que podría llegar a combinarse con
otras turbulencias agudas y transformarse en colapso general de la civilización
vigente. Colapso no equivale de manera inmediata a muerte pero si se extiende y
perdura puede engendrar la desintegración imparable del sistema (el paralelo
con la decadencia del Imperio Romano es inevitable).

Estábamos acostumbrados a ver las crisis
del capitalismo como crisis de sobreproducción, de ese modo nos acercábamos a
la realidad pero no conseguíamos entenderla bien. La crisis crónica, larga, de
sobreproducción no impidió el crecimiento económico, pero exacerbó las tendencias
parasitarias, la cultura del corto plazo, la frivolidad como patrón de
comportamiento, la depredación de fuerzas productivas y ecosistemas, y empieza
a derivar en una crisis de subproducción (centrada por ahora de
manera visible en el techo energético) lo que nos permite establecer
afinidades con decadencias y colapsos de civilizaciones anteriores al
capitalismo (que después de todo no es tan original como habíamos creído).

En este nuevo contexto se abren
escenarios futuros girando en torno de desarrollos potenciales visibles e
invisibles. La instauración de un tecno-fascismo imperial cuenta al parecer en
el presente como serias bases de apoyo evidenciadas a lo largo de la era Bush.
Aunque ese poderío está demasiado enlazado con la crisis en curso, ¿hasta que
punto la crisis puede llegar a deteriorar seriamente dicha alternativa hasta
hacerla impracticable?. Otra perspectiva "visible" es la de
supervivencia de capitalismos de baja intensidad tanto en el actual centro como
en la periferia, serían la expresión de una prolongada decadencia sin
superaciones en el camino (una suerte de "mas-de-lo-mismo" pobre y
degradado).

La superación humanista, extendiendo la
libertad y la solidaridad, aboliendo desigualdades, parecería una utopía
enterrada en el pasado, sin embargo una mirada histórica profunda nos
permitiría descubrir un increíble siglo XX (casi invisible) sepultado por el
virtualismo neoliberal. En ese siglo y por primera vez en la historia de las
civilizaciones centenares de millones de seres humanos ejercieron sus derechos
democráticos aunque en numerosos casos estos fueron luego bastardeados o
aplastados, ingresaron en sindicatos, eligieron autoridades, hicieron
revoluciones populares e incluso algunas socialistas.

Más aun, bajo la reciente modernización financerizada
(neoliberal) se han multiplicado las redes de comunicación (internet) haciendo
posibles formas futuras de participación y de ejercicio de democracia directa
nunca antes imaginadas. Este enorme potencial democrático ha empezado a
desplegar algunas expresiones de lo que podría llegar a constituir una
alternativa o un abanico plural de alternativas de dimensión universal.

Periodización

Podríamos periodizar todo el desarrollo
del capitalismo industrial utilizando una curva en forma de campana que
representaría la trayectoria temporal de un indicador del dinamismo del sistema
dividida en cuatro períodos.

Un primer período, el más largo podría
ser definido como de "capitalismo joven", sus crisis de
sobreproducción fueron en última instancia crisis de crecimiento, luego de cada
gran turbulencia el sistema se expandía, mejoraba cuantitativamente y
cualitativamente, el optimismo histórico (progresismo derivado del iluminismo)
dominaba la cultura de las clases dominantes, sus saqueos coloniales eran
visualizados como históricamente positivos desde las sociedades centrales (y
desde las elites coloniales). También era vista de manera positiva la superexplotacion
de recursos naturales no renovables presentada como proeza técnica y
científica, el mito de una revolución tecnológica infinita se instaló de manera
durable.

Pero en el capitalismo joven se sucedían
crisis que aunque superadas dejaban secuelas negativas hasta engendrar
finalmente un poder parasitario financiero que hacia comienzos del siglo XX
devino dominante.

Ingresamos entonces en un segundo período
de "capitalismo maduro" donde la intervención estatal, junto a
los parasitismos militar y financiero, consiguieron controlar las sucesivas
crisis de sobreproducción de las que emergieron algunos síntomas de decadencia.
Esta confusión histórica entre componentes de decadencia con otros de eficacia
y progreso colocó sucesivas bombas de tiempo en los procesos de ruptura
periférica, con mayor carga trágica en aquellos que anunciaban la superación
del capitalismo. Las primeras fisuras graves del mundo burgués brindaron
espacios favorables para las revoluciones antiimperialistas y socialistas
periféricas pero la hegemonía cultural del capitalismo las encadenó a muchos de
sus mitos consumistas, tecnológicos, administrativos, etc. Vistas desde la
larga duración de la historia podríamos ver a estas revoluciones como procesos
pioneros, culturalmente débiles, ante los cuales el mundo burgués cedió espacio
(a empujones) aunque pudo finalmente acorralarlos, vencerlos, integrarlos a su
decadencia.

La tercera etapa es la del capitalismo
senil
(19) iniciado en los años 1970 a lo largo del cual se desarrolló
una crisis crónica de sobreproducción que aceleró la financierización del
capitalismo hasta ser hegemónica imponiendo su sello a la cultura universal.
Junto al cáncer financiero se expandieron las más variadas formas de
parasitismo y de saqueo de recursos naturales y estructuras productivas
periféricas. El crecimiento del Complejo Militar Industrial no se detuvo con el
fin de la Guerra Fría sino que llegó a niveles nunca antes alcanzados.

Durante la mayor parte de la era del
capitalismo senil las crisis catastróficas fueron impedidas, reguladas gracias
al instrumental de intervención heredado de la era keynesiana, la gran crisis
fue postergada pero no eliminada del horizonte. La crisis crónica de
sobreproducción asociada a la superexplotación de los recursos naturales apunta
ahora claramente hacia una crisis general de subproducción
iniciada con las crisis energética y alimentaria. De ese modo el sistema
tecnológico del capitalismo que proclamaba haber terminado con las crisis de subproducción
de las civilizaciones anteriores, solo afectado por crisis de sobreproducción
hasta ahora controladas, termina hacia el final de su ciclo generando una
crisis de subproducción planetaria, la mayor de la historia humana
.

Finalmente
estallan todas las "crisis" de manera casi conjunta y el sistema va
ingresando en una zona de colapso.

Notas

(1),
OECD, "National Accounts-Main Aggregates, 1960-1996", OECD, Paris, 1998; OECD
"OECD Economic Outlook" (varios números).

(2),"El capitalismo que inció su desarrollo con el pequeño capital usurario llega
al final de este desarrollo como un capital usurario gigantesco... Todas las
condiciones de la vida económica sufren una modificación profunda a cosecuencia
de esta degeneración del capitalismo" (pág. 767) ... "¿Donde está la base de
este fenómeno histórico universal?. Se encuentra en el parasitismo y en la
descomposición del capitalismo inherentes a su fase histórica superior..." (pág.
729). Lenin, "El Imperialismo, fase superior del capitalismo", en V.I.Lenin,
Obras Escogidas, tomo I, Ediciones de Lenguas Extranjeras, Moscu, 1960.

(3),
Nikolai Bukharin, "Theory of the Leisure Class", International Publishers,
1927.

http://www.marxists.org/archive/bukharin/works/1927/leisure-economics/in...

(4), Energy Watch Group (http://www.energywatchgroup.org/Reports.24+M5d637b1e38d.0.html);
"Oil Report", "Coal Report", "Uranium Report".

(5),
un análisis mas detallado del tema puede ser encontrado en: Jorge Beinstein.
"El hundimiento del centro del mundo. Estados Unidos entre la recesión y el
colapso", Rebelión, 08-05-2008, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67099

(6),
"Economic Report of the President", 2008.

(7),
U.S. Department
of Justice - Bureau of Justice Statistics.

(8),
Adam Liptak, "American Exception. Inmate Count in U.S. Dwarfs Other
Nations", The New York Times, April 23, 2008

(9), MacKinder
escribió que "quién domine el corazón continental -de Asia- dominará la isla
mundial -Eurasia y África-; quién domine la isla mundial dominará el
mundo".
Halford John Mackinder, "Britain and the British Seas", su
primera edición fue realizada por Heinemann, London, 1902.

(10),
Chalmers Johnson, "Going bankrupt: The US's greatest threat", Asia
Times, 24
Jan 2008.

(11),
"Histoire des techniques", sous la direction de Bartrand Gille, La Pléiade,
Paris, 1978.

(12),
Ritchie Calder, "L'homme et ses techniques", Payot, Paris, 1963.

(13),
Georg Simmel, "Intuicion de la vida", Caronte Filosofía, La Plata, 2004.

(14),
Karl Marx, Oeuvres Philosophiques, tome VI, Editions Costes, Paris, 1950.

(15),
Ibn Jaldún, "Introducción a la historia universal (Al-Muqaddinmah)", Fondo de
Cultura Económica, México, D.F, 1977.

(16),
United Nations Population Fund, Estado de la población mundial-2007.

(17),
Pierre Chaunu, "Histoire et décadence", Perrin, Paris, 1981.

(18),
Alain Bihr, "Actualiser le communisme",http://www.plusloin.org/textes/Commu.PDF

(19),
El concepto de capitalismo senil fue elaborado en los años 1970 por Roger Dangeville
(Roger Dangeville, "Marx-Engels. La crise", editions 10/18, Paris 1978) y
retomado en la década actual por varios autores (Jorge Beinstein, "Capitalismo
Senil", Ediciones Record, Rio de Janeiro, 2001), Samir Amin , "Au delà du capitalisme
senile", Actuel Marx -PUF, Paris 2002).


* La inclusión de este artículo en el Foro fue autorizada por
el autor el 8 de noviembre de 2008. Es la versión final del trabajo que fuera
presentado en el Seminario Internacional "Colapsos ecológico-sociales y
económicos"
realizado los días 29 al 31 de 0ctubre de 2008 en la
Universidad Nacional Autónoma de México

** Dr.
en Economía, profesor en la Facultad de Ciencias Sociales-UNBA, autor de
numerosos trabajos publicados en el país y el exterior. En el nº 30 de Herramienta,
octubre de 2005, se incluyó su artículo "El concepto de crisis a comienzos del siglo XXI. Pensar la decadencia". E-mail jorgebeinstein@yahoo.com