Orígenes comunes de la crisis económica y la crisis ecológica

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Autor: François Chesnais ¨1 ·

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1. Uno de los rasgos
más importantes de la situación que se abrió en
el 2007, es la conjunción entre la crisis económica
mundial y la profundización de la crisis climática con
gravísimos efectos sociales de impacto mundial. Se suma la
crisis alimenticia, en gran medida provocada directamente por las
políticas comerciales que se pusieron en marcha hace ya 20
años. La rapidez con que avanza la crisis climática,
afectando a las poblaciones de los países más pobres y
vulnerables, nos indica sufrirán los impactos combinados de la
recesión mundial, del calentamiento y de los efectos de las
políticas agrícolas que se impusieron a muchos países.
Todo esto implica un cuestionamiento a la civilización en
cuanto tal, pero es seguro que los gobiernos lo abordarán como
si se tratase de manatener el orden, tanto a nivel nacional como
internacional (véanse las medidas de la Unión Europea
contra la inmigración). Los efectos de los cambios climáticos,
así como también la resistencia popular que ellos
provocarán en algunas partes del mundo, pueden ser tan fuertes
que indudablemente repercutirán sobre la economía y
agravarán la recesión.


2. La conjunción
entre la crisis económica mundial y el avance de la crisis
climática (con toda su gravedad) no es algo fortuito. Las
raíces de ambas crisis son las mismas: la naturaleza del
capital y de la producción capitalista. Pero esto es algo que
sólo pudo verse claramente con la liberalización y la
desreglamentación del capital y, consecuentemente, su completa
mundialización y exacerbada financiarización. Estos son
los procesos los que explican, por un lado los rasgos originales de
la crisis (en la que la subproducción de mercancías y
la sobreacumulación de capacidades de producción, se
combinan con el desmoronamiento de un monto gigantesco de capital
ficticio), y por el otro lado la aceleración de las emisiones
mundiales de CO2, después y a despecho de que los efectos de
esto sobre el clima fueran claramente establecidos.


3. Los tiempos del
cambio climático a consecuencia de las emisiones de CO2 (que
éstas sean la única causa, o que vengan desde hace
algunas décadas acelerando y agravando cualitativamente un
ciclo climático multisecular, no modifica en nada la
naturaleza del hecho) son muy diferentes al tiempo de la acumulación
a largo plazo del capital, que es también el de la acumulación
de sus contradicciones internas hasta que ya no pueden ser contenida.
Puede considerarse que la larga acumulación a la que puso fin
la crisis comenzó a fines de los años 1950, mientras
que a la producción de gas de efecto invernadero y su
concentración en la atmósfera, se los hace remontar
generalmente al momento de difusión internacional de la
revolución industrial y la utilización de carbón
a muy grande escala, a fines del siglo XIX. Son tiempos de maduración
muy distintos.


4. Pero cabe hacer dos
observaciones. En primer lugar, las emisiones comenzaron a
incrementarse hacia el fin de los “30 gloriosos”, en los
años 1970. Y sobre todo a partir de los años 1990.
Precísamente cuando se publicó el primer informe del
Grupo Intergubernamental de Expertos en el Cambio climático
(en adelante, GIEC) comenzó esta especie de “carrera
hacia el abismo” a nivel del cambio climático, cuyas
consecuencias son cada vez más evidentes. Y fue también
desde el comienzo de los años 1990 cuando comenzaron a
utilizarse cada vez más sistemáticamente todos los
mecanismos dirigidos a mantener la acumulación y detener la
crisis financiera: los mecanismos que retardaron la crisis hasta su
estallido en agosto de 2007 y que explican ahora su profundidad.
Volveremos sobre esto más adelante, señalando sus
implicaciones a nivel ecológico (Nota Bene: en este
artículo no abordaremos específicamente la pesada
contribución que hicieron la URSS y los países del
“socialismo real” del centro y este de Europa al daño
ecológico. Con Claude Serfaty hemos escrito un capítulo
sobre esto, en el libro colectivo coordinado por Michael Löwy y
J-M. Harribey, Capital contre nature, Actuel Marx
Confrontations, París, 2003).


Dos crisis con
raíces comunes y consustanciales al capital


5. Las raíces
están en lo que se puede considerar “la esencia”
del capital. El dinero que deviene capital debe crecer, reproducirse
con ganancias, aumentar, en un movimiento que no puede tener ni fin
ni límites. Recordemos a Marx, que en los Manuscritos de
1857-58
(los Grundrisse) escribió que “el
capital, en tanto representa la forma universal de la riqueza -el
dinero-, es la tendencia sin límite y sin medida de sobrepasar
su propio límite. Si no dejaría de ser capital, dinero
que se produce a si mismo”. O también en El Capital
cuando insiste en decir qué “la producción no es
más que la producción para el capital y no a la
inversa, los medios de producción no se amplían en
beneficio de la sociedad de los productores” (subrayados
de Marx). Para crecer, el capital debe producir y apropiarse
indefinidamente del valor y de la plusvalía. Lo que también
significa que debe sacar los recursos del suelo y el subsuelo
ilimitadamente, tal y como ha hecho desde que se constituyó
como modo de producción abarcando países enteros y, más
aún, cuando comenzó su expansión mundial.


6. La expresión
“producción por la producción” que ahora se
escucha con frecuencia, requiere algunas precisiónes. Para
poner fin al “productivismo”, en primer lugar hay que
comprender bien su naturaleza y resortes. Está en la esencia
del capital apropiarse de la plusvalía. Lo que supone primero
reunir trabajadores en empresas, organizar la actividad productiva lo
mas eficazmente que se pueda y aumentar la productividad, al mismo
tiempo que se limita al máximo la suba de los salarios. Y
supone luego vender el producto en de mercancía, haciendo todo
lo posible por convencer a la gente para que las compre. El
“productivismo” se asienta en muy fuertes mecanismos que
buscan la “aprobación” social:


* Algunos de estos
mecanismos tienen que ver con la venta y la compra de la fuerza de
trabajo, con el hecho de que son las empresas (y más allá
de ellas, el funcionamiento general del capitalismo) las que deciden
quien tiene o no trabajo, con qué grado de seguridad y con qué
nivel salarial. La mejor manera de obtener la “aprobación”
a este nivel, vale decir, de garantizar la docilidad de los
trabajadores, siempre fue actuar de modo tal que las empresas entren
en competencia, en lo posible aguda. Mientras más compitan las
empresas, más en competencia estarán también los
trabajadores por los puestos de trabajo. Efectivamente, para cada
núcleo diferenciado de producción y de apropiación
de plusvalía, para cada empresa, la competitividad pasa por la
reducción de lo que se llama “costo del trabajo”.
Y la mayor garantía de que estos dos niveles interconectados
de competencia “funcionen bien” es liberalizar los
intercambios. Esto es lo que el capital viene haciendo desde hace 40
años en el marco de la Unión Europea y a nivel mundial
con el tratado de Marrakech y la cooptación de China a la
Organización Mundial de Comercio.


* Los otros mecanismos
de creación de “aprobación” (aprobación
forzada) tienen que ver con el acondicionamiento de los asalariados y
de toda la población para que compren. Es preciso que las
mercancías que encierran la plusvalía sean vendidas y
lanzadas al mercado en la mayor cantidad posible. Para eso deben ser
“cosas útiles”: pueden ser auténticamente
útiles para quienes las compran, mercancías que
responden a sus necesidades... Pero es preciso que sean “útiles”
por sobre todo en el sentido de que permitan la realización de
la plusvalía. En realidad, un conjunto de factores
(simplificando, digamos la repartición desigual de los
ingresos entre clases sociales y países y también
sencillamente la saturación) hacen que la dimensión del
mercado tenga límites. Es preciso entonces que el capitalismo
haga de todo para correrlos. Lo que le importa es que las mercancías
que contienen plusvalor tengan la apariencia de “cosas
útiles”, pues para el capital la “utilidad”
es lo que permite obtener ganancias y proseguir el proceso infinito
de valorización. Las empresas se han convertidos en maestras
en el arte de demostrar (a quienes tienen poder de compra) que las
mercancías que les proponen son “útiles”.


7. Ya avanzamos
bastante en la comprensión de las raíces comunes de la
crisis en tanto crisis de sobreacumulación y sobreproducción
y del agotamiento de los recursos del planeta. Y de todo lo que
acabamos de explicar se desprende que el movimiento de acumulación,
cuyo motor es la necesidad de valorización infinita e
ilimitada del capital conduce simultáneamente:


* a la sobreacumulación
de medios de producción (la sobre inversión) y a la
resultante superproducción de mercancías;


* a la existencia de
una situación de desocupación endémica;


* a un inmenso
desperdicio de recursos no renovables, desperdicio continuado porque
es tan consustancial al capitalismo como la superproducción.


8. La racionalidad
propia del capital conduce a distintas expresiones de profunda
irracionalidad social y ambiental entre las cuales se conforman
procesos interactivos agravantes. Citemos uno. Cada empresa ve a los
asalariados como un costo que es preciso reducir, pero al hacerlo
“serruchan la rama” en la que estas empresas están
colectivamente sentadas. Mucho antes que Keynes, Marx escribió:


Cada
capitalista sabiendo que no ocupa frente a su obrero la posición
del productor frente al consumidor, busca limitar al máximo su
capacidad de cambio, su salario, pero desea naturalmente que los
trabajadores de los otros capitalistas consuman tanto como sea
posible su mercancía.


El movimiento del
capital agrava el problema de la realización de la plusvalía
y simultáneamente debe acentuar los esfuerzos para hacer que
quienes tienen sus necesidades saturadas, compren productos
socialmente inútiles. Esta contradicción alojada en el
corazón de la relación entre el capital y el trabajo,
es una de las expresiones del hecho de que “la verdadera
barrera de capital es el capital mismo”. Quienes son las
personificaciones del capital no pueden comprenderlo, mucho menos
aceptarlo en caso de llegar a presentirlo. Tampoco pueden sacar la
conclusión de que un sistema cuyo corazón es la
ilimitada valorización del dinero, es un sistema mortífero.


Aspectos específicos
de la configuración del capital y el “crecimiento”
desde los años 1990


El primer informe del
GIEC es de 1990. Planteó una constatación y formuló
una serie de previsiones, que no fueron posteriormente desmentidas.
Confirmó las informaciones sobre cambio climático ya
conocidas por los científicos desde hacía varios años.
En 1992 las Naciones Unidas adoptaron una “Convención
sobre los cambios climáticos”, que entró en vigor
en marzo de 1994. Posteriormente, cada nuevo informe del GIEC no hizo
más que confirmar las conclusiones de los precedentes y
achicar los límites temporales. Sin embargo, poco o nada se
hizo. Y los hechos que vinieron a “desmentir” las
previsiones de los científicos, lo hicieron siempre en el
sentido de la aceleración de los procesos, sobre todo en lo
relativo al derretimiento de los glaciares africanos y andinos, y de
la banca ártica y antártica. A pesar de las
advertencias, ninguna medida de alcance real fue adoptada e
implementada por los gobiernos ni, por supuesto, los grupos
industriales y financieros con mayor responsabildiad directa en las
decisiones económicas que influyen en la intensidad y
estructura del consumo energético. Esto se explica
parcialmente por el fuerte interés de estos grupos en
prolongar sus actuales fuentes de ganancia. Pero la explicación
más profunda de la “carrera hacia el abismo” está
dada por los desarrollos que vinieron a exacerbar los procesos
básicos que acabamos de presentar.


10. Es obligatorio
considerar la esencia de el capital al nivel de abstracción
que antes utilizamos. Pero es preciso también aprehenderlo en
las configuraciones organizativas que en cada momento esboza. En el
actual estadio del capitalismo, estas configuraciones son por
supuesto los grandes grupos de la energía, la industria y la
gran distribución: todas son sociedades transnacionales (SNT).
Sin embargo, desde hace 30 años, son también y sobre
todo las sociedades financieras, los grandes bancos, las sociedades
de seguros, los fondos de pensión por capitalización y
los fondos de colocación financiera (Mutual funds o
SICAV), los llamados “inversores institucionales”. Su
poderío está basado en la centralización de
dinero que busca valorizarse con la forma de préstamos y
colocaciones, la forma llamada “capital con interés”.
Una parte de tal dinero proviene de ganancias no invertidas, otra de
las ventas (la más importante de las cuales es la renta
petrolera) y finalmente de obligaciones institucionales, como es el
caso de los fondos de pensión por capitalización. Sea
cual fuere su origen, el dinero centralizado se confía a los
gestionarios de fondos. Se convirtieron en un componente central del
capital contemporáneo gracias a un conjunto de instituciones,
en primer lugar los mercados financieros y especialmente la Bolsa, y
gracias también a mecanismos tales como la “gobernancia
de empresas” en provecho de los accionistas. Es preciso ver lo
que esto implica.


11. El punto de partida
del ciclo de valorización del capital es el dinero D y
su punto de llegada es más dinero D’. Quienes por
así decirlo personifican D (el dinero en toda su
“pureza”) fueron siempre quienes lo poseían, lo
centralizaban o lo “creaban” mediante el crédito.
Luego de un paréntesis de aproximadamente 40 años
(entre mediados de los años 1930 y mediados de los 1970), se
volvió a esa situación. El poder capitalista decisivo
pasó nuevamente a manos de los financistas, de los poderosos
gestionarios de los fondos de pensiones y de colocación
financiero. La liberalización, la desreglamentación y
la mundialización contemporánea les abrieron un espacio
de valorización planetaria. Los fondos son la materialización
de un capital que posee, más que en cualquier momento
anterior, los atributos de una fuerza impersonal dirigida
exclusivamente hacia su auto valorización y su auto
reproducción. Extrema movilidad de los flujos de capital, gran
flexibilidad en las operaciones de valorización, exterioridad
en relación a las constricciones de producción y venta
qen que opera el capital industrial. Y también una radical
indiferencia en cuanto a los mecanismos políticos y sociales
para la producción y apropiación de la plusvalía
o a sus consecuencias sociales y ecológicas.


12. Los gestionarios
financieros ocupan gran parte de los puesto de mando del capitalismo
“occidental”. En el caso de los Estados Unidos, que no lo
oculta, sus nombres son muy conocidos, comenzando por los PDG de
Goldman Sachs, Robert Rubín y Henry Paulson: el primero fue
Secretario del Tesoro de Clinton, el segundo de G.W. Bush. Ellos
personifican un capitalismo que creyó haber desplazado “sus
límites inherentes”
por mucho tiempo, y lo hicieron
como siempre recurriendo a “medios que levantan nuevamente
estas barreras frente a ella, a una escala aún más
formidable”
. La burguesía alineada detrás de
los Estados Unidos durante los últimos 30 años trató
de superar los límites inherentes al capital esencialmente a
través de tres medios: a) la liberalización de
los flujos financieros, del comercio y de las inversiones directas;
b) el recurso en una escala jamás vista a la creación
de capital ficticio en su forma más vulnerable, el crédito,
sobre todo hipotecario; c) finalmente y como respuesta a la
penuria de plusvalía creada por la pérdida de velocidad
de la inversión en los países centrales del sistema, un
nuevo e importante salto en las inversiones exteriores, cuyo destino
principal fue China.


13. La creación
de capital ficticio en dimensiones desconocidas y también con
la forma de crédito al consumo, tuvo el objetivo de ampliar
artificialmente el mercado doméstico de los países que
recurrieron a este procedimiento. Especialmente después del
2001, y durante algún tiempo este artilugio construido
mediante la constante extensión de las técnicas de
“titulización” fue capaz de contrarrestar los
efectos de una demanda insuficiente. Así ocultó
entonces situaciónes de superproducción crónica,
como en el caso de la industria automotriz. Un monto
extraordinariamente importante de acreencias insolventes “escondidas”
en títulos fue asentado en el activo de capital de los bancos,
de la sociedad de seguros y los fondos de colocación. Después
de agosto del 2007 (de hecho después de julio), todo el
edificio comenzó a hundirse, pedazo por pedazo, a través
de sucesivos episodios cada vez más espectaculares.


14. La crisis
financiera desgarró el velo que ocultaba la superproducción
en los Estados Unidos, en Europa y de rebote en el Japón, que
es terriblemente dependiente de las exportaciones. Lo que ahora está
en juego es si la extensión de la crisis de sobreacumulación
y de superproducción se producirá de modo tal que
alcance o nó a China. Desde comienzos de los años 1990,
el flujo del capital productor de plusvalor hacia el exterior no tomó
solamente la forma de una extensión de las relaciones
imperialistas de apropiación-expropiación de recursos
básicos de los países subordinados o de producción
monopólica en esos países para la venta en sus mercados
domésticos, como ocurriera en las fases precedentes. Ahora se
trató, particularmente en lo que concierne a China, de la
extensión de relaciones de producción entre capital y
trabajo en el sentido fuerte, es decir, relaciones cuyo objetivo es
la creación de valor y plusvalor en la industria
manufacturera. China no es solamente un mercado. Es “the
factory of the world”,
una de las más importantes
bases de producción manufacturera del mundo, sino la
principal. Esto implica que es una base productiva que exige una
esfera de realización, es decir un mercado, de dimensión
proporcional al monto de las mercancías producidas. La
extensión de las relaciones productoras de valor y plusvalor
fue alentada por la dirección del Partido Comunista Chino, que
convocó al capital extranjero a participar y hacer ganancias.
Las empresas extranjeras, encabezadas por las estadounidenses y
japonesas, se desplazaron desde mediados de los años 1990
hacia China, para aprovechar una mano de obra disciplinada, bien
formada y barata. El incremento de la capacidad productiva debido al
flujo de inversiones extranjeras fue acentuado por mecanismos
político-económicos específicos que propiciaron
la súper acumulación. Por todas estas razones, China es
el terreno en el que se decidirán la dimensión y
duración de la crisis, y tal vez su desenlace.


15. Volvamos a la
aceleración de los procesos de utilización de los
recursos no renovables hasta su agotamiento, del desgaste de la
capacidad productiva de los suleos por largos períodos en cada
vez mas lugares del planeta, y del incremento de las emisiones de gas
con efecto invernadero. En el primer caso, la cuestión está
abundantemente documentada. La destrucción de las selvas
primarias en África, en el Amazonas y el archipiélago
indonesio, para vender maderas raras, para cultivar especies que
sirvan para los agro carburantes o posibilitar los cultivos
extensivos y la quimificación cada vez más pronunciada
de la gran agricultura, tienen lazos estrechos con el pago de la
deuda, con la liberalización del comercio y la acentuada
penetración en el sector agrícola ganadero del capital
concentrado y los accionistas de los fondos de colocación
financiera.


16. En el caso de la
aceleración de las emisiones de gas con efecto invernadero, el
lazo no es ciertamente tan directo, pero existen al menos un
“ramillete de indicadores”. Cabe la hipótesis de
que sea, al menos parcialmente, una consecuencia de muchos procesos
ligados a la liberalización de intercambios, a la
desreglamentación y la mundialización de las
inversiones y las privatizaciones: el salto salto cualitativo en el
transporte de carretera con camiones, así como los transportes
marítimos y aéreos ligados a la tercerización y
el “justo-a-tiempo”, a las mercancías chinas
baratas, a los gastos de invierno, etc.; las deliberadas
subinversiones en los transportes públicos; la urbanización
que tiende a hacer obligatorio el uso del automóvil (para
todos los que pueden pagarlo...), etc. (¿será realmente
una casualidad que Renault y Peugeot, Bouygues y cia. sean los
principales destinatarios y beneficiarios del “plan de
relanzamiento”?).


Dos cuestiones
políticas a tratar



17. La primera es la
del “decrecimiento”. Estamos en un sistema que tiene como
núcleo y racionalidad característica, la valorización
del dinero devenido capital, en un movimiento infinito. Valorización
que se hace (y no puede dejar de hacerce) mediante dos
procedimientos: 1º) una relación intrínsecamente
antagónica con el trabajo, de la que nacen (excepto en
situaciones políticas excepcionales y transitorias que las
atenúan como ocurriera durante los “30 gloriosos”)
la polarización social, la pobreza, la miseria; y 2º)

la venta infinita de mercancías, hasta la saturación,
con las implicaciones ecológicas que antes vimos. La
liberalización y la mundialización hicieron saltar los
mecanismo que contenían el primer procedimiento y han
acentuado terriblemente al segundo. El único momento en que
este sistema “decrece” es durante las crisis, como ocurre
actualmente.



18 . Otro sorprendente
error de los teóricos del decrecimiento es colocarse
políticamente en un terreno de súplica al
capital: que sea más razonable, que tome conciencia de sus
intereses “bien entendidos” a largo plazo... Son
sensibles a la pobreza, pero no colocan en el centro la lucha de
clases. Pueden unirse a las luchas en el punto de intersección
entre las consecuencias de la explotación y tal o cual
cuestión de orden ecológico, y sienten la presión
popular cuando se desarrolla. Pero la búsqueda sistemática
de puentes entre ambas les es ajena, porque no comprenden la
naturaleza del sistema capitalista o porque piensan que “ya
ganó”, como los social-liberales.


19. Una segunda
cuestión política tiene que ver con la utilización
del término “ecosocialismo”, en vez de socialismo
a secas. Tengo la impresión de que, en definitiva, los únicos
argumentos reales en tal sentido son a) el descrédito
de la palabra socialismo a causa del estalinismo y de la
socialdemocracia y b) la poca importancia concedida a las
cuestiones ecológicas por los marxistas, incluyendo los
revolucionarios, al punto que se “redescubrió” a
Marx en esta cuestión recién en los años 1990 y
gracias sobre todo a gente como Bellamy Foster.


20. Por lo tanto, mis
dos respuestas son (invirtiendo el orden): 1) la cuestión
ecológica no es la única que subestimada por los
marxistas, incluídos los revolucionarios (ver el texto de
Jean-Louis Marchetti para la reunión del 13-14 de diciembre);
2) el contenido de la palabra socialismo puede y debe ser repensado a
partir de los jalones puesto por Max en relación a los
“productores asociados” y sus relaciones con la
naturaleza. En uno de los últimos capítulos de El
capital
Marx asigna a los hombres socializados, devenido
“productores asociados”, la perspectiva de “combinar
racionalmente y controlar sus intercambios materiales con la
naturaleza, de modo tal de realizarlo con el menor gasto de fuerza y
en las condiciones más dignas y más acordes a la
naturaleza humana”. Esto nos indica que la protección de
la naturaleza contra la mercantilización capitalista es
inseparable del hombre en tanto parte de la naturaleza. Dicho otra
manera, toda política que asuma la cuestión ecológica
deberá combatir también la alienación -la
alienación mercantil, pero también la alienación
en el trabajo- y esto con verdadera eficacia, y no como esas campañas
en “defensa del empleo” donde vemos a los sindicatos
aliados a los empleadores en torno a cuestiones como las normas en
materia de polución. De lo que se trata es de actuar de tal
manera que el individuo “individual”, creación del
capitalismo escindido en productor y consumidor y privado de toda
instancia que pueda ayudarlo a comprender las principales
determinaciones de su experiencia social, pueda devenir un productor
asociado, en condiciones de administrar sus relaciones con el medio
natural según una racionalidad colectiva. El socialismo, así
redefinido, es la palabra que debemos reaprender a defender.


1¨
Texto preparado para una reunión de las estructuras
provisorias del Nuevo Partido Anticapitalista (Francia) los días
13 y 14 de diciembre de 2008. Enviado por el autor para el Foro el
18 de diciembre, traducido para Herrramienta por Aldo Casas.

··Destacado
marxista, es parte del Consejo científico de ATTAC-Francia,
director de Carré rouge, y miembro del Consejo asesor
Herramienta, revista con la que colabora asiduamente. La
finance
, último libro publicado bajo su dirección,
está siendo traducido para su próxima publicación
por Ediciones Herramienta.