Observatorio Internacional de la Crisis

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Jorge Beinstein (Economista - Argentina) - Reinaldo Carcanholo (Economista - Brasil) - Wim Dierxsens (Sociólogo Economista - Holanda) - Antonio Jarquin T (Médico -sociólogo - Nicaragua) - Paulo Nakatani (Economista - Brasil) - Remy Herrera (Economista - Francia) *

1. El mundo vive hoy una situación de
conmoción aún poco comprendida y los medios de comunicación comprometidos con
los grandes intereses económicos que controlan el planeta tratan de hacer creer
a los pueblos que se trata de simples y transitorios problemas fácilmente
superables; en realidad vivimos una grave crisis estructural del sistema
capitalista y, más aún, una verdadera crisis de la civilización, que puede
poner en riesgo la supervivencia de la humanidad. Esa crisis estructural se
manifiesta de diversas formas en los distintos continentes, espacios y
actividades humanas, y afecta todos los niveles de la vida y de la sociedad.

2. En los últimos trescientos años el
capitalismo ha encabezado como nunca antes en la historia una verdadera explosión
en el desarrollo tecnológico, de las fuerzas productivas, de las ciencias, las
comunicaciones, las artes, el comercio, la educación, la salud, etc. Sin
embargo, este sistema, junto al colonialismo y el imperialismo, también ha sido
y continúa siendo responsable, como nunca antes en la historia, de la
explotación extrema de los sereshumanos, de la destrucción, del derroche y de
la degradación de los recursos naturales planetarios que son centrales para
sustentar la vida y la dignidad humana. La dictadura de elites dominantes que
han venido controlando y concentrando la riqueza y los recursos del mundo son
responsables del actual nivel de degradación de los ecosistemas y del deterioro
global, de las profundas diferencias en las condiciones de vida de miles de millones
de seres humanos; y también somos responsables los demás ciudadanos del mundo,
que no hicimos lo suficiente para evitarlo.

3. Hoy, iniciando el siglo XXI, y como
nunca antes, es indispensable que tomemos conciencia del significado y las implicaciones
de lo anterior, lo que requiere de niveles adecuados de información, desde
distintas disciplinas y perspectivas del conocimiento humano, que permita una
adecuada comprensión de los problemas y sus soluciones. Esta es la razón
principal para organizar este Observatorio Internacional de la Crisis -una
iniciativa latinoamericana-; crisis que por múltiples razones contiene, como
nunca antes en la historia, niveles de peligrosidad.

4. La actual crisis del capitalismo, en
pleno siglo XXI, es un período crítico, pero también es una oportunidad para construir
un nuevo camino. En este contexto, la paz con democracia, libertad, justicia,
dignidad y equidad para el progreso, la seguridad común, la supervivencia de
todos los seres humanos y de sus futuras generaciones, deben ser un objetivo de
primer orden no sujeto a negociación.

5. La Unión Soviética perdió la guerra
fría que culminó en su autodesmembración; Estados Unidos y Occidente también la
perdieron, lo que se expresa en la actual crisis del capitalismo. No hubo,
pues, ganadores; todos los seres humanos perdimos.

6. Desde la segunda guerra mundial y, en
especial, con la última etapa de la globalización neoliberal, hemos presenciado
un periodo de la historia en el que se ha dado la más grande transferencia de
riqueza de los pobres a los ricos, en todas las naciones, y desde los países
pobres del Sur al Norte del planeta. Estos subsidios masivos de los pobres a
los ricos del mundo no han sido suficientes para compensar los grandes
desequilibrios producidos por la guerra fría, la especulación y el derroche
improductivo de las elites dominantes y de las grandes potencias -en primer
lugar, sus gastos militares.

7. A partir de los años ochenta, con el
neoliberalismo, el sector productivo tendió a crecer cada vez menos; el sector
financiero especulativo se volvió dominante y se convirtió en el centro de la
actual crisis económica, financiera, política, social, militar y cultural. A la
vez estamos próximos a la cima de la producción mundial de petróleo, y el agua
y los recursos minerales se tornan recursos cada vez más escasos. Por otro
lado, se produce una competencia entre biocombustibles y alimentos, por el uso
de la tierra, lo que encarece la producción de los últimos. Está claro que se
trata de una crisis estructural y no solamente coyuntural, pero, además, de una
crisis de la civilización que exige un replanteamiento de parámetros al que la
lógica del capitalismo no puede responder.

Hay una muy grave crisis financiera. Desde
mediados de 2007 se han venido incrementando las masivas inyecciones de dinero
creado mágicamente del aire por los bancos centrales de los países ricos, en un
intento por evitar el colapso de sus más grandes bancos y empresas, principales
responsables de la crisis. Estas operaciones de rescate han llegado en los
meses de septiembre y octubre de 2008 a niveles inimaginables que se miden por millones
de millones de dólares (trillones). Tales intervenciones monetarias agregan más
volatilidad al sistema e incrementan la incertidumbre, profundizan aún más la
crisis y profundizan el daño -que ya es dramático en extensos sectores de la
población mundial. Esto implica que en el futuro tales emisiones inorgánicas de
dinero tratarán de ser respaldadas con una mayor transferencia de riqueza real
desde el tercer mundo, desde las clases trabajadoras y medias de los países
centrales, por la vía de diferentes mecanismos, incluyendo la amenaza o la imposición
militar para sostener el poder económico de la elite de los países ricos y, en
particular, de Estados Unidos.

8. Hay una crisis financiera que se
expresa en la volatilidad de las monedas -y, en particular, del dólar-, en la insolvencia
de los bancos, en el incremento de las deudas, entre otros males que son parte
de la crisis del conjunto del sistema de producción y distribución. La actual crisis
económica financiera se acompaña, además, de una crisis ecológica. Los recursos
naturales no son suficientes para atender el actual estilo occidental de vida;
actualmente el 20% de la población mundial, concentrada en el Norte, consume el
80% de los recursos naturales.

9. Hay una crisis ecológica. El
desequilibrio ecológico y el calentamiento global, consecuencias de la sobreexplotación
de los recursos naturales -en particular, de los recursos fósiles- afecta a
todas las regiones del mundo y se siente más intensamente en las zonas más
deprimidas y, dentro de ellas, en los sectores mas empobrecidos. En tan solo
trescientos años de revolución industrial hemos destruido lo que la naturaleza
tardó millones de años en construir. Las mayores reservas de recursos naturales
se encuentran en el Sur y son ferozmente disputadas por los países dominantes,
lo que ha venido generando guerras que tienden a ampliarse a otras regiones del
planeta. Por tal razón, para protegerse ante la crisis, es necesario que los países
latinoamericanos -y no solo estos- reivindiquen la soberanía sobre sus recursos
naturales, los que tienen un peso determinante en la economía mundial, en su
propia conservación y en su aporte futuro a la supervivencia mundial.

10. Hay en la actualidad una crisis social
que se expresa a través de una distribución extremadamente desigual de la
riqueza y la renta, alimentada por el flujo permanente y la transferencia de
dichos recursos del Sur al Norte. El Sur ha venido financiado el desarrollo y
el progreso del Norte a través de transferencias de riquezas producidas en el
Sur. Es necesario un proceso de redistribución de estas en función de los
países pobres y, en particular, de los sectores más empobrecidos en todos los
países y a nivel mundial.

11. El siglo XXI es un período de
agotamiento de las reservas de las materias primas, y esta realidad configura una
nueva situación y un problema muy grave para la humanidad. Los precios
ascendentes de los minerales conducen a una deformación de la estructura económica
de los países poseedores de esos recursos. Por otro lado, la tasa de inflación
de los productos agrícolas es hasta hoy el doble de la tasa de inflación
general. Hay problemas sociales que desembocan en la exacerbación de la
violencia como método para la solución de los conflictos cotidianos;
desorientación cultural, producto de la hegemonía de una cultura occidental de
progreso y derroche sin límite, excluyente y que provoca más explotación,
enajenación, desesperanza, visiones fatalistas, xenofobia y racismo, y la
emergencia de extremismos fundamentalistas religiosos. Se puede agregar a esto
que la mayor parte de los medios de comunicación son dominados por los
intereses de las elites que controlan el capital y sirven como instrumentos de
deformación de la conciencia de las sociedades.

12. Hay una crisis política a nivel
internacional. La guerra es el instrumento que el sistema capitalista no duda
en utilizar para apropiarse de los recursos naturales y, en particular, los
energéticos, como en Irak y en Afganistán, o para resolver las contradicciones
internas, sin descartar el uso del arma nuclear y otros instrumentos de destrucción
masiva. América Latina no está al margen de esta estrategia geopolítica que
repercute en la actual crisis militar general y que amenaza con su expansión. A
principios del año 2008 Estados Unidos anunció e inició el despliegue de su IV
flota en los mares latinoamericanos, lo que es visto por muchos países como una
amenaza a su seguridad y la de sus recursos naturales. Esto es un elemento de
presión que empuja a la región a adquirir e invertir en nuevos equipos y tecnología
militares, a alterar el actual balance de fuerzas en la región y a derivar
valiosos recursos productivos que son necesarios para los pueblos hacia el
sector improductivo de armamentos. Esto solo beneficia al complejo militar
industrial mundial. A América Latina conviene tratar y procurar resolver los
asuntos de paz y de seguridad, así como los de su supervivencia y desarrollo,
de forma conjunta entre los estados y como un todo; de aquí se deriva la
urgente necesidad de conformar rápidamente, desde México hasta la Tierra del
Fuego, la unidad regional en la diversidad y la mayor igualdad posible, en un
proceso de construcción de independencia regional, que no debe postergarse más.

13. Hay crisis del Estado puesto al
servicio del capital. Hay cuestionamiento y deslegitimación de gobiernos, de partidos
políticos y de la construcción de espacios y procesos democráticos. La
corrupción forma parte de la lógica económica de las transnacionales, las
elites y la acumulación, al tiempo que su acción en las economías periféricas,
al priorizar la acumulación de ganancias, distorsiona las funciones racionales
de los estados y de la economía, en cuanto a la provisión de bienes, servicios
y empleo para sus respectivas sociedades, y daña la conservación y renovación
de los recursos naturales y la institucionalidad de las naciones.

14. El nivel de la crisis se ha venido
profundizando cada vez más y requiere de su seguimiento integral y cuidadoso a
partir de análisis y opiniones diversas, que permitan a la ciudadanía mundial
su comprensión, su estado de alerta y su acción preventiva, frente a los
peligros que encierra para grupos sociales, países, regiones y para toda la humanidad.

¿Cuáles son los objetivos de este
observatorio?

1. Se busca analizar e informar sobre esta
crisis de la civilización en sus diferentes dimensiones, con el objetivo de buscar
en esta oportunidades para construir en la práctica y en la teoría un postcapitalismo,
es decir, formas nuevas de reorganización social, sobre la base de las
experiencias positivas y negativas del siglo XX, que articulen de forma seria
los contenidos de conceptos tales como democracia, libertad, equidad,

justicia, seguridad común, paz, ciudadanía real,
etc., con el uso sostenible de los recursos naturales y su apropiación social,
el alto al derroche de dichos recursos, la predominancia del valor de uso -es
decir, las respuestas a las necesidades de la gente- sobre el valor de cambio,
-o sea, la necesidad de acumulación de dinero-, la democracia generalizada a
todas las relaciones sociales, políticas, económicas, culturales, de género, y
la multiculturalidad, de modo que se permita a todas las culturas, saberes,
filosofías y religiones dar su aporte propio a la reconstrucción social de una
nueva sociedad en equilibrio entre sí, con el medio ambiente y con las
capacidades del planeta.

2. Se busca analizar cómo la crisis actual
también brinda nuevas oportunidades a los seres humanos para las resistencias
al sistema vigente en los diferentes sectores: campesinos, obreros, pueblos
indígenas, afrodescendientes, migrantes, mujeres, jóvenes, viejos,
profesionales y ciudadanos a todos los niveles, que demandan un mundo más justo
y equitativo, en paz y armonía con la naturaleza. Son procesos diversos, con actores
múltiples que se enfrentan a oposiciones radicales de elites minoritarias en
función de intereses de clases o de grupos dominantes, cuyo objetivo solo es la
acumulación de dinero, riqueza y poder, por encima de otras consideraciones
humanas. Estos procesos encuentran en la crisis -como en todos los procesos
sociales- nuevas dificultades de organización, culturales, éticas e
ideológicas, pero también nuevas oportunidades. Son procesos dialécticos que
exigen determinación, realismo, estrategias concretas, pero sobre todo claridad
de visión e información.

3. Se busca analizar cómo la crisis brinda
oportunidades para la construcción de nuevas institucionalidades o para la
profundización de procesos de integración en marcha, como hoy ocurre en América
Latina. El mundo está necesitado de salidas multinacionales y multiculturales,
constructivas, que aseguren la equidad, el bien y la seguridad comunes, el
progreso, la paz, la libertad y la democracia integrales, cosas que no podrán
surgir de quienes han llevado a la humanidad al borde de su propio autoexterminio.

4. Se busca que este observatorio
transcienda el marco académico y sea un instrumento de información y alerta documentada
para los pueblos en sus luchas, para la construcción de alternativas y para
hacer propuestas en los distintos espacios y regiones del mundo.

5. Se desea que este Observatorio sea un
sitio de intercambio mundial para socializar las ideas desde una perspectiva
multidisciplinaria constructiva e interregional. En esta medida puede llegar a
ser un instrumento de construcción, intercambio y unificación de criterios para
concertar y hacer propuestas a nivel nacional, regional y mundial.

6. Finalmente, el siglo XXI se nos
presenta como una época que puede ser el fin de la historia o el principio de
una nueva historia; es decir, un período para que la humanidad se reconstruya
como raza humana, para las futuras generaciones y su continuación, aprendiendo
y construyendo a partir de los errores y los aciertos del pasado. Ese es el
reto para la humanidad: construir la alternativa o la transición hacia algo
superior en función de la máxima creación a que podemos aspirar, el ser humano
integral en armonía consigo mismo y con la naturaleza.


* Publicado en ALAI, América Latina en Movimiento, 2008-10-31 http://www.observatoriocrisis.org

http://alainet.org/active/27278

Considerando las similitudes y/o convergencias entre ambas iniciativas, el 8 de noviembre de 2008 hemos escrito a los organizadores del Observatorio ofreciendo este espacio del Foro para la difusión de sus trabajos e iniciativas.