La crisis

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Autor(es): Antunes, Ricardo

Antunes, RicardoAntunes, Ricardo. Profesor Titular de Sociología del Trabajo en el Instituto de Filosofia e Ciências Humanas de la Universidade Estadual de Campinas (IFCH/UNICAMP), Brasil. Autor, de entre otros libros de Los sentidos del trabajo, publicado por Ediciones Herramienta; editado también en Brasil, EE.UU., Inglaterra/Holanda, Italia, Portugal e India; Adiós al trabajo, publicado por Herramienta y editado también en Brasil, Italia, España, Venezuela y Colombia; además ha publicado Riqueza e miséria do trabalho no Brasil, Vol. I, II y III (Boitempo). Coordina las Colecciones Mundo do trabalho (Boitempo) y Trabalho e emancipação (Ed. Expressão Popular). Colabora en revistas académicas en el país y en el exterior. Integra el consejo asesor de Herramienta, de la que es colaborador habitual.


(Versão em português)

¿Acaso los remedios que fracasaron en el siglo XX serán los antídotos para la crisis que parece derretir al capitalismo en los comienzos del siglo XXI?.

Ya se escribió mucho sobre la crisis. Crisis de los "suprime", crisis especulativa, bancaria, financiera, global, repetición de la crisis de 1929, etc. Florece una fenomenología de la crisis, en donde lo que se dijo ayer pobre hoy es obsoleto. Los medios, comenzando por The Economist, hablan de "crisis de confianza" y el dicho se desparrama. La crisis se reduce a un acto de voluntad: "Fiducia!", dirían los latinos. Esta es la clave analítica.

Bush, Sarkozy y Gordon Brown redescubrieron, entonces, un estatismo completamente privatizado como receta para eliminar la desconfianza. El remedio neo keynesiano, enterrado en las últimas cuatro décadas, reaparece como salvación de un verdadero camino de servidumbre.

Aquí, Lula habló de "estornudo en los Estados Unidos y resfrío en el Brasil". Y, a la manera de los pícaros, semana tras semana aparece un cuento nuevo, con una jerga rastrera... Poco importa que la versión más reciente se oponga a la anterior, porque hay un trazo de coherencia en el discurso: decir lo que no se hace y hacer lo que no se dice. Versión lamentable del gran Gil Blas de Santillana.

Más allá de la fenomenología de la crisis, cabe recordar a aquellos (al menos algunos) que procuraron ir más allá de las apariencias. Robert Kurz, por ejemplo, viene advirtiendo desde comienzos de los años 1990, que la crisis que llevó a la bancarrota de los países del llamado "socialismo real" (comenzando por la URSS), no sin antes haberle arrasado el Tercer Mundo, era expresión de la crisis del modo de producción de mercancías, que ahora migra en dirección al corazón del sistema capitalista.

François Chesnais señaló las complejas conexiones existentes entre producción, financiarización ("la forma más fetichizado de acumulación") y mundialización del capital, subrayando que la esfera financiera se nutre de la riqueza generada por la inversión y la explotación de la fuerza de trabajo, dotada de múltiples calificaciones y ampliada globalmente. Y es la parte de esa la riqueza canalizada hacia la esfera financiera, lo que infla al fláxido capital ficticio.

E István Mészáros, hace mucho más tiempo todavía, viene indicando sistemáticamente que el sistema de metabolismo social del capital, después de vivir la era de los ciclos, entró en una nueva fase, inédita, de crisis estructural, marcada por un continuo depresivo que convertirá en historia aquella fase. Éste es el motivo por el cual, aúnque cambie su epicentro, la crisis se muestra laga y duradera.

Más aún: demostró el fracaso de los dos más audaces sistemas estatales de control y regulación del capital experimentados en el siglo XX. El primero, de corte keynesiano, que tuvo su vigencia especialmente en las sociedades marcadas por él "welfare state". El segundo, de " tipo soviético", que, aunque fuese resultado de una revolución social que intentó destruir el capital, fué fagocitado por este. En ambos casos, el ente regulador fue desregulado.

Un proceso similar parece estar ocurriendo en la China de nuestros días, laboratorio excepcional para la reflexión crítica.

Y en definitiva ¿quién va a pagar la cuenta? La Organización Internacional del Trabajo advierte: para 1,5 mil millones de trabajadores, el escenario es turbulento y estará marcado por la pérdida de salarios y el aumento del desempleo, no sólo para los más empobrecidos sino también para las clases medias que "serán gravemente afectadas" (Informe Mundial sobre Salarios 2008/2009).

Si una de las tres grandes montadoras de los Estados Unidos (GM, Ford y Chrysler) cerrara las puertas, se evaporarían millones de empleo, con repercusiones funestas en el desempleo mundial. En Eurostal, que ofrece las estadísticas de la Unión Europea, se calcula que si la industria automotriz redujese en un 25% los empleos, generará de un solo golpe 3 millones de desempleados.

En China, con una población activa de casi 2 mil millones, cada punto porcentual de disminución en el PBI corresponde a una hecatombe social, y los obreros desheredados de las ciudades ya no tienen refugio en el campo. El PC Chino puede esperar una nueva onda de revueltas que ampliará el trágico escenario actual.

Sin hablar de los inmigrantes del mundo, errando en busca de cualquier trabajo, que ahora son masivamente expulsados del "trabajo sucio", pues ahora también estos pasan a ser codiciados por los trabajadores nativos, inflamados por la xenofobia y presionados por la anorexia social.

Mientras tanto, una gran parte de la "izquierda" se atolondró intentando poner parches al viejo sistema de mercado. Y está, ahora, pasmada. Paralelamente, la magistral crítica de la economía política del capital parece renacer de las cenizas...

¿Acaso los remedios que fracasaron en el siglo XX serán los antídotos para la crisis que parece derretir al capitalismo en los comienzos del siglo XXI?.


Enviado por el autor el 2 de enero de 2009, traducido al castellano para Herramienta por Aldo Casas.