Ante la crisis económica mundial y su impacto en la Argentina: ¡Que la crisis la paguen los de arriba!

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Otro camino para superar la crisis *

 

1 La actual crisis económica mundial es el resultado del agotamiento de un ciclo largo, el de la globalización y el neoliberalismo que se inaugurara a mediados de la década de los ’70 con la reestructuración capitalista bajo la hegemonía del capital financiero y que tuvo como precondición una fuerte ofensiva del capital sobre el trabajo y el desmonte de todas y cada una de la regulaciones, intervenciones y controles estatales que el mismo capital había levantado durante los llamados “años dorados” (1945-1975). Pero es también el final del ciclo corto iniciado en 2003 por la economía de los EE.UU. y su incidencia en la economía mundial. Un período donde la financiarización y la ausencia de regulaciones y controles estatales alcanzaron su máxima expresión. Libre comercio, libertad para el movimiento de capitales, precarización del trabajo, exacción de recursos naturales, degradación socioambiental son los signos que identifican esta fase.

La acumulación del capital siempre está condicionada por los métodos y formas que el capital se ve obligado a utilizar y su continuidad depende de que pueda superarlos recurriendo a otras modalidades, métodos y criterios, los que en algún momento tendrá que volver a sobrepasar. El capital se enfrenta, periódicamente, a sus propios límites y una y otra vez debe intentar franquearlos. Así, si no aparece un sujeto social-político capaz de articular un amplio movimiento obrero y popular que de forma a un bloque contrahegemónico y genere, de esta manera, las condiciones para erradicarlo; el sistema se recreará, dando paso a una nueva fase capitalista.

Quienes atribuyen el origen de la actual crisis exclusivamente al modelo neoliberal se niegan a ver que éste no es más que una fase, como antes hubo otras, y por lo tanto exculpan de responsabilidad al sistema capitalista. El sector financiero ha sido el catalizador de la crisis, pero más allá de las especificidades y particularidades se trata de una crisis de sobreacumulación de capitales y sobreproducción de productos manufacturados -agravada por la competencia global por bajar salarios-, combinada con una subproducción relativa y el encarecimiento de los productos primarios y energéticos determinada por una competencia capitalista que devasta la naturaleza.

En este sentido, esta crisis mundial nos da la posibilidad para desenvolver aún más lo que Fidel Castro llamara oportunamente “la batalla de ideas”. Es decir, dar el debate ideológico poniendo en cuestión la legitimidad del sistema del capital ahora debilitada, que es precisamente el punto donde fue más notorio el triunfo del neoliberalismo en el pasado al hacer del individualismo y del dinero la medida de valor de todas las cosas. Es una de nuestras tareas socializar la conclusión de que el Capital es la principal traba para resolver los males que el propio capitalismo provoca.

2 Las condiciones de la crisis mundial se vienen preparando desde hace tiempo, pero se manifestaron ampliamente a partir de mediados del 2007. Precisamente es, por ese tiempo, que el ciclo expansivo de la economía argentina comienza a mostrar sus limitaciones. El proceso inflacionario iniciado en 2006 y el fracaso en la política de control de precios tuvo como contrapartida el deterioro de la capacidad de compra de los salarios y los ingresos populares mientras que crecían los subsidios a las empresas –especialmente del sector energético y transportes- y los pagos de la deuda externa.

Sin embargo los términos del intercambio seguían favoreciendo a las economías de América Latina y particularmente a la de nuestro país. El nivel de reservas se mantenía aunque los superávit comercial y financiero mostraban ya tendencias a debilitarse.

El conflicto agrario contra la apropiación estatal de una porción adicional de la renta extraordinaria concluyó en una derrota para el gobierno en toda la línea –en el Congreso y en las calles. Este resultado dejó al gobierno muy debilitado, resquebrajado su frente interno y, como contrapartida, con la emergencia potencial de una coalición conservadora donde las clases dominantes del “campo” lograron la adhesión de vastos sectores de las clases medias urbanas y rurales. Es, en este contexto, cuando surge el espacio Otro camino para superar la crisis, con la voluntad de desarrollar en esa coyuntura una política independiente, que sembró las bases para pensar hoy cómo nos proyectamos estratégicamente.

Con la caída de la resolución 125 –que paradójicamente, en términos recaudatorios, terminaría favoreciendo al gobierno- éste pareció dar un vuelco hacia la ortodoxia: dejó caer el tipo de cambio, anunció el pago al contado de lo adeudado al Club de París y la reapertura del canje con los holdouts, dio inicio a la refinanciación de los llamados Préstamos Garantizados. Un paquete de medidas que presuntamente llevaría a la “reinserción” del país en el mercado de capitales.

Pero con la quiebra de Lehman Brothers en los EE.UU. la crisis pegó un salto en calidad. Se desató un efecto “dominó” en los bancos de casi todos los países centrales con caída generalizada de las bolsas. La recesión mundial se transformó en una realidad concreta. El resultado de ello fue que al Club de París se le pagará mas adelante; que de la reapertura del canje ya no se habla; que el tipo de cambio sube diariamente respondiendo a las exigencias de competitividad de la UIA; solo continúa la renegociación por los Prestamos Garantizados (PG) necesarios para hacerse de fondos frescos. El Tren Bala y el soterramiento del FC Sarmiento fueron postergados; la autopista Rosario-Córdoba está virtualmente detenida al igual que los planes de viviendas estatales. Se reducen subsidios y se autorizan aumentos tarifarios segmentados –energía eléctrica, gas.

Frente al desplome de los precios internacionales de las materias primas que pone en serio riesgo el superávit fiscal, el gobierno nacional resolvió, sorpresivamente, la eliminación del sistema de capitalización privada y el retorno al sistema de reparto en materia jubilatoria. Con esta medida se hace de un flujo anual de unos 4.100 millones de dólares que le permitiría garantizar la continuidad del pago de jubilaciones y pensiones, y tal vez reducir las contribuciones que diversos impuestos hacen a la caja de la ANSES. Paralelamente, le posibilita la administración de un fondo de inversiones del orden de los 30.000 millones de dólares, hoy subvaluado por la crisis pero que a futuro le permitirá realizar políticas activas (obras públicas, proyectos industriales).

En términos políticos, se presenta a la izquierda y a los movimientos sociales y populares una situación muy similar a la provocada cuando se plantearon las retenciones móviles. La medida es justa, pero hay que discutir cómo se aplicará y con qué objetivos. Por otra parte, si en aquella oportunidad subyacía, por debajo de la apropiación estatal de renta extraordinaria, una fuerte disputa entre distintas fracciones del capital productivo por la orientación del proceso de acumulación capitalista; ahora, detrás de la necesidad de “hacer caja” del gobierno, nuevamente el Estado tiene que intervenir en la economía. Y, sobre todo, resulta importante la recuperación del principio de solidaridad intergeneracional, que es clave frente al egoísmo neoliberal que expresa y alienta el sistema de capitalización individual.

Está presente el riesgo efectivo de que estos fondos se apliquen al pago de deuda externa e incluso a subsidios a empresas. Por el contrario, deberían servir, entre otros objetivos, a hacer real la justa demanda del 82% móvil de las jubilaciones que fuera desairada recientemente por el gobierno. Para que ello sea así y se garantice un control público del uso de dichos fondos en real beneficio de los jubilados presentes y futuros es necesario avanzar en la construcción de un efectivo control y participación de los trabajadores activos y pasivos en el ANSES.

Por otra parte, la respuesta, tanto local como internacional no se hizo esperar. Masiva venta de bonos de la deuda y corrida contra el dólar. Fuerte reacción en Chile y Perú que tienen regímenes similares y aún en España, que con fuertes inversiones en la región cree ver el peligro de que si la crisis mundial se agudiza aún más, la intervención del Estado en las grandes empresas se haga presente y se siente el precedente de futuras nacionalizaciones. De hecho la posible expropiación de Aerolíneas Argentinas flota en el ambiente.

Claro está que el gobierno toma estas medidas más por necesidad que por convicción, pero el hecho concreto es que las toma. Recupera así iniciativa política. La contrapartida es que la coalición conservadora renueva sus andanadas empujadas por las distintas fracciones del capital que buscan reposicionarse.

Por otra parte también deben señalarse los intentos de profundizar una política de criminalización de la pobreza y la protesta que ha tenido en las últimas semanas un nuevo episodio en la demanda de la disminución de la edad de imputabilidad rápidamente transformada en propuesta oficial. Nuevamente, la agenda de la seguridad y de la mano dura propalada por los medios de comunicación a partir de llamativos hechos de delitos violentos, vuelve a ser utilizada para acentuar el carácter represivo de las políticas públicas que, junto con la expansión de la droga y el narcotráfico, se constituye en uno de los elementos centrales de control y disciplinamiento de las barriadas obreras y populares. Denunciamos y rechazamos estas políticas que pretenden viabilizar el ajuste que la crisis intenta descargar sobre los trabajadores y los sectores populares con mayor represión. Por el contrario, otro camino de salida a la crisis exige un mayor protagonismo, participación y organización de los sectores populares en el terreno de la lucha cuanto en el de la construcción de alternativas para asegurar la seguridad diaria del pan, la escuela, el trabajo y el futuro.

3 En el plano mundial es posible que veamos un mayor multilateralismo, con la posibilidad de un regreso a ciertos niveles de proteccionismo e incluso al fortalecimiento de los bloques regionales frente a la globalización, lo que podría tal vez llevar a un mayor grado de independencia relativa de las burguesías locales. Por otro lado, la crisis también aparece como una justificación a aquellos sectores que proponen profundizar los acuerdos de liberalización de mercados a nivel internacional promoviendo una profundización de las recetas neoliberales, como aconteció en la reciente reunión de la OMC para reimpulsar la Ronda de Doha. Sea que finalmente el proceso se incline en un sentido o en el otro, las iniciativas gubernamentales hacia la redefinición de un nuevo acuerdo económico mundial entre los países capitalistas desarrollados que se encuentran planteadas y las propuestas que en relación a ello van a formularse en la próxima reunión del Grupo de los 20 no auguran ningún beneficio para los pueblos del mundo. Por otra parte, la reaparición al calor de la crisis de las disputas intercapitalistas e interimperialistas por acuerdos comerciales, zonas de influencia y por la apropiación de los bienes de la naturaleza otorgan a la crisis económica una dimensión político internacional que no podemos obviar.

En este contexto, si bien como consecuencia de la crisis, EE.UU. ve relativamente debilitada su hegemonía -con un grado de descontento social interno que estuvo a la base del reciente triunfo electoral de Obama- esto mismo incrementa el riesgo de sus “golpes de mano” -entre los que se inscribió recientemente el regreso de la IV Flota, las maniobras “golpistas” de su embajada en Bolivia, los vaivenes del Plan Colombia, los planes homicidas contra Hugo Chávez, etc. Por contrapartida, los movimientos populares no han dejado de resistir los embates del neoliberalismo y están en curso en la región procesos sociales de cambio en Venezuela, Bolivia y Ecuador que se distinguen del conjunto regional tanto por el protagonismo popular como por los avances alcanzados en el desarme de la matriz neoliberal de distribución del ingreso. En contraste con ello, en otros países del continente se ha profundizado el rumbo neoliberal así como las primeras reacciones ante la crisis han suscitado una mayor adopción de las recetas ortodoxas; como se reflejó, por ejemplo, en el reciente apoyo del gobierno brasileño a la propuesta de una nueva ronda de liberalización en la OMC. Somos conscientes que estas diferentes realidades que enfrentan los pueblos latinoamericanos se expresan en proyectos de integración distintos y hasta contrapuestos convirtiendo a la integración regional en un escenario de disputa sobre los sentidos, iniciativas y ritmos que la misma debe asumir. En esta dirección, consideramos de vital importancia apoyar una integración en beneficio de los pueblos y no del capital; impulsando la unidad con los movimientos populares de la región a favor de aquellas iniciativas que marchen en esta dirección, en solidaridad con los procesos de cambio en curso bajo amenaza de intervención y cuestionando la recolonización de nuestros países con todos los gobiernos que se opongan a las políticas imperialistas.

4 Es la crisis, su profundidad y la vertiginosidad con que se propaga, la que empuja a los gobiernos y a los Estados a acciones políticas no previstas. En enero de este año ¿quién hubiera pensado la situación política que se abriría a partir del 11 de marzo, con el proyecto de retenciones móviles? Hace un mes atrás ¿quién previó la reestatización del sistema previsional? La crisis abre un campo fértil para la intervención política, con propuestas que en primer lugar tiendan a resolver la situación de los trabajadores y las clases populares, que apunten a cambiar la relación de fuerzas sociales, y que también se propongan transformaciones profundas con una orientación claramente socialista.

Pero la intervención política no es posible en abstracto, encerrada en los debates de los círculos militantes. Es necesario instalar estos y aquélla en la sociedad. Esto requiere de un conjunto de medidas de intervención político-práctica, propuestas que incluyan lo reivindicativo pero que se enfoquen también sobre los grandes problemas nacionales, que no resultan en un programa acabado pero intentan abordar lo que realmente está en discusión.

Frente a las consecuencias sociales de la desaceleración y recesión de la economía, se requiere acentuar la lucha por la protección del empleo y los ingresos populares afirmando:

La prohibición inmediata de despidos, suspensiones y rebajas salariales.

Por incrementos salariales ajustables periódicamente por la inflación asegurando un salario mínimo igual a la canasta familiar.

Reducción general de la jornada laboral sin disminución salarial, comenzando por el estricto cumplimiento de la jornada legal de 8hs.

Blanqueo del trabajo en negro y protección a los trabajadores informales que son los más afectados por el ajuste.

Universalización de los planes sociales para los trabajadores desocupados o de menores ingresos que cubra el valor de la canasta familiar.

Por el 82% móvil para las jubilaciones y un ANSES bajo control de los trabajadores pasivos y activos.

Incremento inmediato del presupuesto de la educación y la salud públicas.

Contra el hambre y la inflación, implementación de centros de abastecimientos comunitarios con alimentos al costo, bajo gestión de las organizaciones territoriales. Eliminación del IVA para los alimentos y medicamentos.

Producción Pública de Medicamentos y Vacunas, desarrollando un plan estratégico de producción estatal de todos los medicamentos y vacunas que hoy el estado adquiere de la industria farmacéutica privada.

Incentivos a las empresas bajo control obrero, a los emprendimientos productivos autogestionarios de los movimientos de desocupados y a los planes de vivienda popular cooperativos.

Frente a la negativa empresarial de detener los despidos y las rebajas salariales y ante la amenaza de cierre, control de las empresas por los trabajadores. Fábrica cerrada, fábrica recuperada.

Frente al intento de responder a la crisis con una mayor criminalización de los sectores populares y el incremento de la represión nos pronunciamos:

Contra la baja de la edad de imputabilidad y toda iniciativa destinada a incrementar la capacidad punitiva del Estado contra los sectores populares. Basta de represión y mano dura, desmantelamiento del aparato represivo.

Estas reivindicaciones y medidas plantean la necesidad de:

La recreación y protección del mercado interno, especialmente del consumo popular, a través de:

La elevación de las protecciones arancelarias y para-arancelarias; especialmente a los bienes de países de otras regiones y complementaria de los procesos de integración regional beneficios para los trabajadores y sectores populares.

La prohibición de importación de artículos suntuarios y el estímulo a la sustitución de importaciones.

Promoción de los mercados populares y de la economía social.

La promoción de proyectos productivos con alta generación de empleo y orientados al consumo popular, promoviendo los modelos de gestión obrera.

Planes de obra pública y vivienda popular, gestionados por cooperativas independientes.

Una reforma tributaria progresiva para que paguen más los que más tienen, con gravámenes a las operaciones financieras e incremento del impuesto a los grandes patrimonios. Eliminación del IVA a los artículos de primera necesidad y los medicamentos.

Frente a la ausencia de crédito, control público-estatal de la Banca, ya sea mediante la nacionalización sin pago o la estatización de los depósitos. No a la estatización de las deudas privadas.

Frente a las presiones internacionales, No al pago de la deuda externa, aplicando los recursos liberados para atender las necesidades sociales.

Frente a la fuga de capitales, control y bloqueo de la salida de capitales. Reponer el control cambiario con política de cambios múltiples y diferenciados que fuera abolido por Martínez de Hoz.

Nacionalización del comercio exterior, recuperando las juntas reguladoras.

Reestatización, bajo control de los trabajadores y los usuarios, de las empresas de servicios públicos privatizados.

Recuperación del control público-estatal sobre los bienes comunes de la naturaleza (los mal llamados “recursos naturales”) con participación de los trabajadores y la comunidad.

Prohibición de la minería a cielo abierto en todas las provincias, como lo ha hecho Córdoba. Derogación del actual Código de Minería y puesta de la actividad minera al servicio de las necesidades populares.

Reconversión planificada de la producción agraria. Eliminación del “modelo sojero” e impulso de dicha producción bajo el principio de la soberanía alimentaria. Titularización de las tierras en posesión del campesinado familiar, marginado y saqueado por la burguesía agraria, y los territorios reclamados por los pueblos originarios.

Enfrentar la crisis también plantea hacerlo desde una perspectiva regional impulsando una integración a favor de los pueblos y no del capital. Por ello es importante que propuestas como el ALBA, Petroamérica, Banco Del Sur, Telesur, etc. formen parte de nuestras preocupaciones y atención, para discutirlas e impulsarlas con los movimientos populares de América Latina, promoviendo toda aquella iniciativa de integración que vaya en beneficio de los pueblos y exigiendo al gobierno posicionamientos y acciones efectivas sobre ello.

5 Como es fácil inferir, este programa de medidas de carácter fundamentalmente defensivo frente a la crisis es una propuesta que debe ser enriquecida y cristalizada en el debate y la acción de los trabajadores y los sectores populares, en la construcción colectiva de ese “otro camino” para salir de la crisis. Somos conscientes que sólo en un proceso de creciente activación popular, de mayor discusión y organización de los trabajadores y los movimientos populares, de una serie de luchas y conflictos, de una creciente y ganada capacidad de intervención en el debate social y de incidencia en el rumbo de las políticas públicas, y de la creciente independencia política respecto de las diferentes fracciones de los sectores dominantes y el Estado, se podrá ir forjando este camino de una salida alternativa a la crisis. Por otra parte, muchas de las propuestas reseñadas aquí se les plantean también a todos los pueblos latinoamericanos, lo que implica el reto de un esfuerzo de propaganda y coordinación continental.

En definitiva la crisis traza enormes desafíos para los trabajadores y los sectores populares y nos exige potenciar la construcción unitaria de este “Otro camino”. Sabemos que, como consecuencia de la continuidad de la hegemonía ideológica del individualismo neoliberal, la actual relación de fuerzas sociales es desfavorable, pero es también necesario colocar en perspectiva la influencia del desarrollo de la crisis global sobre la conciencia colectiva aunque hoy no se observen niveles de descontento y movilización social similares a los de otros momentos del pasado.

En este sentido, la fragmentación existente en el campo de los trabajadores y entre los sectores sociales subalternizados es uno de los desafíos principales a abordar. El sectarismo, el particularismo, el dogmatismo, el vanguardismo, el corporativismo, el ideologismo y el pragmatismo son obstáculos a superar. Estos son también los desafíos que afronta la construcción de este “Otro camino” y, en particular, si se trata de consolidar y avanzar colectivamente desde la experiencia de una coordinadora de agrupaciones, centralizadora de acciones, y trabajar hacia la constitución de un bloque político de organizaciones sociales, agrupamientos de trabajadores combativos y clasistas, mujeres, intelectuales críticos, movimientos socioambientales, de campesinos y de pueblos originarios, que alcance mayores grados de amplitud nacional y definiciones colectivas.

CONSTRUYAMOS OTRO CAMINO PARA SUPERAR LA CRISIS

Eduardo Lucita, Clara Algranati, Claudio Katz, Enrique Gandolfo (Sec. General de CTA Bahía Blanca-Coronel Dorrego), Guillermo Almeyra, Gabriela Delfino (Sec. de Género de CTA Bahía Blanca-Coronel Dorrego), Guillermo Gigliani, José Seoane, Miguel Mazzeo, Emilio Taddei, Jorge Marchini, Laura García (Sec. de Formación de CTA Bahía Blanca-Coronel Dorrego), Guillermo Caviasca, Gustavo Robles, Mariano Feliz, Natalia Vinelli, Hernán Ouviña, Hugo Calello, Alejandro Andreassi Cieri.

Otro Camino esta integrado por:

Frente Popular Darío Santillán – FPDS

FOL Frente de Organizaciones en Lucha

Corriente Político-Sindical "Rompiendo Cadenas"

Corriente Julio Antonio Mella – UBA

Frente de Organizaciones por el Poder Popular - FOPP

MTR 12 de abril

la bORDÓ– Moreno

Grupo Estudios América Latina – GEAL;

PUMA - Propuesta de unificación marxista Argentina

Regional Bahía Blanca del Otro Camino

Bases Socialistas

MTL Rebelde

Militancia Comunista

Mayo Socialista – Rosario

Partido Comunista de los Trabajadores – PCT

Tupac Amaru;

BASE (económicas-UBA)

Regional Oeste del Otro Camino

Regional Sur del Otro Camino

Adhieren al documento:

Daniel De Santis - Juventud Guevarista y Asamblea Popular de Olivos.

 

Para firmar o contactarnos:elotrocamino@yahoo.com.ar

* Otro Camino para superar la crisis/4. Declaración del plenario del 8/11/08. Enviado al Foro por Aldo Casas en diciembre de 2008.