El problema de la derivación del estado burgués. La superficie de la sociedad burguesa, el estado y las condiciones generales de producción

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Sybille von Flatow
Freerk Huisken
 
            I. Algunos problemas de la discusión actual acerca de un concepto histórico-materialista del estado burgués
 
            Los ostensibles esfuerzos que hace la teoría marxiana en la fase actual de reconstrucción para plantear una teoría histórico-materialista del estado burgués se ven entorpecidos, sobre todo, porque la pregunta por la relación entre el concepto general de capital y la realidad empírica es respondida de la forma más diversa o ni siquiera es planteada como tal. Y probablemente es también por este motivo que se llega a características y derivaciones tan heterogéneas.
Cuando los “esfuerzos del concepto” se confunden desde el vamos con el hábito de una terminología y cuando el análisis de una parte concreta de la historia contemporánea no es un problema porque el análisis supuestamente ya ha sido efectuado suficientemente en las fundamentaciones teóricas de las tácticas revolucionarias históricas específicas (la teoría del imperialismo de Lenin)[1], la relación entre el concepto general y la realidad empírica ya no puede ser un problema; pues la selección de los fenómenos empíricos solo tiene la finalidad de verificar la teoría del imperialismo, adoptada sin cuestionamientos. El esquematismo de la explicación, al que también se le subsume el estado, es en el caso de estos grupos (“KPD”, KSV, Grupos KB, KSB…)[2] de una simplicidad sorprendente: según ellos, el imperialismo conlleva “horror, miseria, opresión, abandono y ruina” [3] y también vuelve cada vez más evidente el carácter clasista del estado, que, en tanto comité de la burguesía, debe promover esas tendencias. En esta visión, el estado es, en esencia, idéntico al Ejército, la Policía, la Justicia, etc.[4] De acuerdo con este modelo de explicación, sus otras funciones, por ejemplo, en el ámbito de las políticas sociales, laborales o educativas, cada vez que producen mejoras manifiestas de la situación de la clase trabajadora —recuérdese el ejemplo histórico de la reglamentación de la jornada laboral, la legislación fabril, pero también medidas actuales, como la mejora de la protección contra el despido, la ley sobre la presencia médica en el lugar de trabajo, etc.— deben interpretarse como meras maniobras de engaño y encubrimiento. Como resultado de esta restricción a la definición, en esencia tautológica, del estado burgués como estado clasista[5], este concepto, moralmente pervertido se aplica directamente a todo fenómeno político. Los fenómenos, que no revelan en sí ninguna huella fenoménica y que, por lo tanto, solo pueden someterse a un análisis si se conoce el curso lógico de la degradación de las relaciones esenciales del modo burgués de producción[6], serán forzosamente violentados[7]. Del mismo modo fracasará este concepto de estado si debe demostrar su utilidad en la confrontación con la ciencia burguesa. Frente a las ideas burguesas del estado como instancia esencialmente neutral y orientada al bien común, o bien al bienestar público, queda únicamente afirmarque estas teorías serían meros encubrimientos de la verdadera esencia; ante la pregunta decisiva sobre cómo se llega a esas teorías burguesas, semejante concepto de estado, definido metodológicamente, deberá capitular. La salida para esas agrupaciones dogmáticas transcurre análogamente a la caracterización de la política social fáctica de parte del estado burgués como maniobra de engaño, o sea, que los científicos burgueses inventan esas teorías sirviendo a los intereses de la burguesía. Cuando se reduce la capacidad de la teoría marxista para criticar la ciencia burguesa doblemente —como crítica de sus resultados y como prueba de la necesidad de su surgimiento— a la pura confrontación de resultados de la teoría burguesa y la marxista, también forzosamente la cuestión de su apropiación se convertirá en una cuestión de fe, de plausibilidad o de decisionismos externos al marxismo (un sostener-una-posición) ubicada afuera del marxismo.[8]
            Con una intención en parte explícitamente crítica frente al concepto reduccionista de estado (el estado como instrumento del capital o de los monopolios, como comité de la clase dominante, como aparato de poder y represión) de las organizaciones leninistas dogmáticas, desde hace algún tiempo se debaten definiciones del estado que, por un lado, intentan hacer justicia a fenómenos como la intervención del estado en la política social o de infraestructura y a los orígenes objetivos de la ilusión del estado social de origen reformista o revisionista y, por otro, se esfuerzan por derivar aquellas ideas de igualdad y libertad contenidas, sobre todo, en el concepto de democracia, como un rasgo característico del estado burgués.
El ensayo de Müller y Neusüß “Die Sozialstaatsillusion und der Widerspruch von Lohnarbeit und Kapital[9] cumple dos objetivos: en primer lugar, adoptando definiciones procedentes de La ideología alemana —“Mediante la emancipación de la propiedad privada con respecto a la comunidad, el estado cobra una existencia especial junto a la sociedad civil y al margen de ella…”[10]— enuncia la base real del origen de la ilusión de neutralidad del estado burgués respecto de las clases sociales; en segundo lugar, intenta justificar la necesidad de la intervención del estado burgués en la política social a partir del análisis del capítulo sobre la jornada laboral del primer tomo de El capital [11], que parte en su conjunto de la antinomia entre el derecho del capitalista en tanto comprador y el derecho del trabajador asalariado en tanto vendedor de la mercancía fuerza de trabajo. Müller y Neusüß resumen este punto así: “Según Marx, la antinomia entre los derechos de los capitalistas en tanto compradores y los derechos de los obreros en tanto vendedores de la fuerza de trabajo como mercancía se resuelve a través de la fuerza. Esta antinomia también constituye al estado en su carácter dual. Por un lado, las funciones socio-políticas del estado sólo pueden cumplirse, si se cumplen, a través de luchas obreras reales o potenciales. Sin ellas, la existencia del estado como capitalista colectivo en idea y como institución aparentemente independiente sería imposible. Por otro lado, las luchas de clase siempre constituyen a los obreros como clase, i.e., como un sujeto actuante con una tendencia a superar el capitalismo y su estado. Esta tendencia, a su vez, es enfrentada por la función de opresión militar del estado”.[12] Desde este enfoque, es posible diferenciar entre la definición del estado burgués como garante del sostenimiento del modo de producción capitalista [13] y la definición arriba mencionada del estado burgués como instrumento de la clase dominante. En especial el ejemplo de la “jornada laboral” evidencia claramente cómo la explotación óptima de la fuerza de trabajo por parte de los capitales individuales puede poner en peligro la fuente de valorización del valor y, con ello, el propio modo de producción basado en el trabajo asalariado. Las medidas necesarias para mantener el modo de producción capitalista que toma el estado, o bien que es obligado a tomar, pueden dirigirse, en parte, contra el interés de los capitales individuales. Por lo tanto, partiendo de esta interpretación del estado, es posible criticar el desdibujamiento, que caracteriza al concepto netamente instrumental de estado, de las diferencias entre las funciones del estado respecto de los capitales individuales, de la clase capitalista y del capital, es decir, del capital colectivo. Este enfoque, sin embargo, no es suficiente para alcanzar una definición positiva del estado burgués.
Existen otros dos enfoques que intentan superar a Müller y Neusüß y que, en nuestra opinión, exponen el estado más avanzado del debate sobre la génesis y la función del estado burgués. Por ese motivo, nos ocuparemos con mayor detenimiento de los marcos de derivación del Projekt Klassenanalyse [14] y de Elmar Altvater[15].
                
                 1. Projekt Klassenanalyse
            El Projekt Klassenanalyse les reprocha a Müller y Neusüß que, si bien con la referencia a la “existencia propia (del estado), junto a la sociedad civil y al margen de ella” enuncian la base del origen de la ilusión del estado social, no la derivan. Nos unimos a esta crítica: en lugar de la constitución del estado burgués, que ellos afirman, explican cómo se imponen a través del estado determinadas medidas y cómo la forma de esta imposición hace surgir, al mismo tiempo, otra función del estado, su función militar. Pero de esta manera aún no comprenden al estado burgués mismo y su forma específica.[16]
Por este motivo, el Projekt Klassenanalyse se plantea la tarea de explicar la génesis del estado burgués como un producto necesario de la sociedad burguesa y, “por consiguiente, el desdoblamiento de la sociedad burguesa en sociedad civil y estado”.[17] La categoría central resultante del Projekt Klassenanalyse es el concepto de las “funciones comunitarias”, que surgirían de los “intereses comunes”: la socialización de la producción implicaría un aumento de estas funciones comunitarias[18], las cuales, sin embargo, siendo mediatas debido al carácter capitalista de la socialización del trabajo, no podrían ser efectuadas por los mismos propietarios individuales de las mercancías. Esta contradicción sólo podría superarse oponiendo a la sociedad de los privados la sociedad como tal, “logrando, entonces, la sociedad, el todo, en el que se encuentran subsumidos los individuos particulares, una existencia independiente junto y al margen de la totalidad de los privados que constituyen la sociedad. He aquí el desdoblamiento de la sociedad en sociedad civil y estado. Todos los intereses comunes son desprendidos de la sociedad, arrebatados a la autonomía de los miembros de la sociedad y opuestos a estos como interés general, representado y perseguido por el estado.”[19] A continuación se esbozarán brevemente dos funciones del estado burgués: la función de producción de las condiciones generales de producción del capital y la función del sostenimiento del orden burgués mediante el uso de la violencia extraeconómica.[20]
Partiendo del concepto de “intereses comunes” en la “sociedad de los privados” utilizado por el Projekt Klassenanalyse, que se reflejan en funciones que deben cumplirse colectivamente, nos parece importante preguntarnos por el concepto de sociedad que subyace a este razonamiento. Por lo visto, el Projekt Klassenanalyse no utiliza el concepto de “sociedad” en forma idéntica al de “producción capitalista”. La “sociedad” parece ser el resultado social del modo de producción correspondiente, es decir, la estructuración social específica de un conjunto de personas dentro de un territorio nacional ficticio. Esta estructuración de la sociedad se mantiene, en la derivación del Projekt Klassenanalyse, en el nivel de la aglomeración de privados individuales, cuya interrelación solo se produce a través del mutuo intercambio de mercancías y de la referencia a los resultados del trabajo propio corporizado en estas. El uso sinonímico de los conceptos de “propietario individual de mercancías” y de “productor individual de mercancías” en este punto no permite una conclusión diferente de la de que la derivación del estado burgués —es decir: la derivación de la necesidad de desdoblar la sociedad, o bien, de la particularización del estado— radica en el nivel sistemático de la circulación simple de mercancías. Solo en las condiciones de la categoría sistemática de la circulación simple de mercancías coinciden el productor y el propietario individual de mercancías: como propietario privado de los medios y los instrumentos de objetivación del trabajo y como propietario de los resultados de su propio trabajo, de las mercancías, este puede apropiarse de los resultados del trabajo ajeno como valores de uso en el proceso de circulación M – D – M. Las particularidades de ambas categorías de propietarios de mercancías[21], de los propietarios de capital y de fuerza de trabajo, explicadas antes por el Projekt Klassenanalyse, no parecen tener consecuencias para la derivación del estado. A no ser que la privacidad de los miembros de la sociedad abarque el interés privado de los trabajadores asalariados y del capital, y que esa privacidad o el interés que resulta de ella puedan entenderse de alguna manera como interés común. Pero justamente este problema no se aclara. ¿En qué puede consistir el interés común de estos privados pertenecientes a dos clases sociales diferentes? ¿En qué consiste el todo, en el que parecen subsumirse de igual manera los individuos particulares, aquellos que poseen la mercancía fuerza de trabajo y aquellos que poseen los medios de producción? ¿O es que la categoría de los “intereses comunes” solo admite la comunidad de los propietarios del capital? Si fuera así, entonces el concepto de sociedad del Projekt Klassenanalyse sería igualmente excluyente. Sin embargo, respecto de la determinación de las diferencias y las características comunes de ambas categorías particulares de propietarios de mercancía,  podría responderse: la calidad que hace que todos los propietarios de mercancías, con las diferentes relaciones de trabajo y propiedad que estas contienen y sin tener en cuenta la definición económica de las mercancías, sean individuos privados sin diferencias, es la igualdad en el intercambio. Ellos existen “en el proceso de intercambio como propietarios individuales de mercancías, de los cuales cada uno persigue su interés privado”[22]. En el intercambio se enfrentan como propietarios libres e iguales de mercancías.
Si bien se podría estar en un primer momento de acuerdo con esta afirmación[23], a continuación, sin embargo, vuelve a plantearse la vieja pregunta en una forma modificada. ¿Cómo pueden derivarse intereses comunes de la igualdad de los propietarios de diferentes tipos de mercancías en el intercambio? ¿A qué podrían referirse estos intereses comunes si aquello que les es común, en definitiva, solo expresa la relación de equivalencia en el acto de intercambio, es decir, la igualdad cuantitativa de las mercancías que se comparan, pero haciendo abstracción de la función económica de las respectivas mercancías de igual modo que de las relaciones de propiedad supuestas por parte de los propietarios de aquellos dos tipos específicos de mercancías? Se podría pensar en una respuesta del tipo que el estado garantizaría el interés común de todos los propietarios de mercancías consistente en que estén aseguradas las condiciones para un intercambio de equivalentes. Aunque semejante respuesta seguiría siendo insatisfactoria porque no explicaría cómo los propietarios de mercancías pueden formular intereses sin tomar en consideración la determinación capitalista de la forma de sus respectivas mercancías[24], tendría la ventaja de referirse directamente a las condiciones desarrolladas. Pero la respuesta, como ya se explicó, resulta muy diferente: el contenido de los intereses comunes de los privados está constituido por funciones comunitarias, que son calificadas más específicamente como “condiciones generales de la reproducción social”.[25] Y estas funciones debe cumplirlas el estado —en determinadas condiciones[26]— “en oposición a los intereses de la clase trabajadora”. [27] Si hasta ahora hemos intentando afanosamente identificar el concepto de sociedad que se encuentra detrás de la derivación del estado como aglomeración de los privados iguales en las relaciones de intercambio, en este punto se volverá a esgrimir sin mediaciones ese concepto de sociedad que la sociedad capitalista adquiere como sociedad antagónica de clases. Se vuelven a obviar los “intereses comunes”, se coloca la situación de los intereses antagónicos en primer plano, sin mediaciones. Los propietarios individuales de mercancías, quienes hasta ahora solo fueron considerados bajo el aspecto de la venta de mercancías, pero prescindiendo de las relaciones de trabajo y de propiedad encarnadas en las mercancías mismas, son presentados ahora por el Projekt Klassenanalyse como clase sin propiedad y explotada que no tiene nada en común con sus explotadores.
Las fisuras e incongruencias en la derivación del estado del Projekt Klassenanalyse pueden resumirse de la siguiente forma: la definición general de la forma del estado burgués como particularización de la sociedad civil radica en otro nivel metodológico que la definición de las dos funciones generales del estado burgués. Mientras que la definición de la forma del estado burgués representa el resultado de una compilación directa de las determinaciones de la circulación simple de mercancías (igualdad de los productores individuales de mercancías, intereses comunes de los privados) con el teorema de las condiciones generales de producción y reproducción social [las funciones comunitarias [28]], que presupondría el desarrollo de las condiciones de la competencia de los capitales individuales, las dos funciones generales del estado expresan la esencia del carácter antagónico de la producción capitalista en la forma de la contradicción de clases. En las funciones determinadas por el contenido del estado burgués irrumpe su carácter como “instrumento de la clase dominante”[29]; la forma en que las cumple encubre a su vez el carácter de clase.[30] Por lo tanto, nuestra crítica se puede reducir por ahora a una única pregunta: ¿Cómo es posible lógicamente que la génesis del estado burgués como “existencia especial junto y al margen de la sociedad burguesa” sea el resultado de la articulación de los intereses comunes de todos los propietarios de mercancías en el cumplimiento de funciones comunitarias, si éstas en definitiva se caracterizaran como funciones que responden únicamente al interés de la clase dominante, es decir, de los propietarios de la mercancía especial que es el capital (como capital en dinero o en mercancías)? ¿Y cómo puede pensarse que, solo debido a la circulación, a los propietarios de la mercancía fuerza de trabajo les parezca que ciertas funciones necesarias (condiciones generales de producción y reproducción) son de su interés, aunque sean contrarias al mismo?
En el Projekt Klassenanalyse no se encuentra una respuesta a estas preguntas. No resuelve el problema de la mediación entre niveles, entre los cuales fluctúa permanentemente; es decir, de la mediación entre el nivel en el que los miembros de la sociedad son iguales y, por consiguiente, pueden subsumirse en un todo, y aquel otro en el que, como pertenecientes a diferentes clases sociales, pero también como individuos que compiten entre sí, deben hacer valer sus intereses particulares y como tales parcialmente contradictorios.
Antes de intentar una respuesta provisoria a estas preguntas, se aludirá a otro problema con ayuda del ensayo de E. Altvater.
 
            2. E. Altvater
            También en E. Altvater, las condiciones generales de la producción y reproducción ocupan un rol decisivo. Sin embargo, su punto de partida no es el nivel sistemático de la circulación simple de mercancías, sino el del movimiento de los capitales individuales en la competencia. Se concentra en una parte de la “actividad del estado, a saber, su acción sobre los distintos capitales individuales. En este sentido, el problema crucial de nuestra investigación consiste en la manera en que se lleva a cabo la síntesis real de una sociedad que está compuesta por múltiples capitales individuales y en el papel del estado en este contexto”.[31] La competencia, como forma en la que se imponen las leyes inmanentes del capital a través de la interrelación de los capitales individuales, es para Altvater al mismo tiempo la manera en la que aquellas funciones socialmente necesarias, cuyo objetivo central no es la generación de plus valor, no se pueden realizar. Así, tales funciones [32] son para “la síntesis real de una sociedad que está compuesta por múltiples capitales individuales” el complemento necesario de la competencia, pero no realizable en la forma de la competencia. “En este sentido, el capital no puede producir las condiciones sociales necesarias para su existencia únicamente a través de las acciones de los distintos capitales individuales; necesita como soporte una institución particular que no esté sometida a sus propias limitaciones en cuanto capital, que no esté determinada por las exigencias de la producción de plusvalía, que sea, en este sentido, una institución particular situada “junto a la sociedad civil y al margen de ella y que al mismo tiempo satisfaga, dentro del marco del capital y sin cuestionarlo, las necesidades inmanentes que éste ignora.[33]
Ante un “vacío” que dificulta el funcionamiento de la sociedad burguesa —formulado con agudeza— aparece aquí como un deus ex machina la “institución” del Estado burgués. La equiparación de “capital total” con “sociedad”[34] implica una amputación similar de la sociedad, como es parcialmente el caso en el Projekt Klassenanalyse. La sociedad, como resultado de la interrelación de los propietarios del capital, deja a los propietarios de nada menos que de su fuerza de trabajo fuera del espacio de la sociedad. Su existencia como propietarios de mercancías en circulación, en la que el Projekt Klassenanalyse quiso en otro lugar colar ex post a este grupo de miembros de la sociedad, queda excluido, así como sus intereses, sean generales o particulares. Por este motivo, el estado tampoco aparece en Altvater, para decirlo con precisión, “para llenar un vacío” en la sociedad burguesa, sino como un “órgano adicional” del capital total.
En nuestra opinión, esta argumentación puede servir en el mejor de los casos como punto de partida negativo para justificar la necesidad general de la particularización del estado. Sin embargo, con la comprobación de las dificultades para crear y garantizar  determinadas condiciones de producción, todavía no se dio el paso para una definición positiva. La comprobación de que algo debe suceder no reemplaza la comprobación de en cuáles condiciones generales puede suceder algo. Derivar positivamente al estado en su definición burguesa significa desarrollar las condiciones en las que se puede constituir algo así como un “estado”. En otras palabras: en la medida en que, con el desarrollo de la naturaleza interna del capital a través de la interacción de muchos capitales individuales, se hayan demostrado tanto las formas de imposición de la ley de valor como los límites de su realización social, solo estará definida positivamente la necesidad tendencial de superar semejantes límites; sin embargo, no está derivada positivamente la esfera en la que o desde la cual esto puede suceder. El estado tiene cabida en esta derivación solo como un hecho general empírico, no como una determinación lógica.
            En el Projekt Klassenanalyse, una definición positiva de este tipo parece resultar de las condiciones de la circulación de las mercancías. Pero esta igualdad que permitió subsumir a los individuos a un todo se ubica en un nivel sistemático de la evolución del concepto de capital, en el que el antagonismo social entre trabajo asalariado y capital ni siquiera puede explicarse, y menos aún desarrollable de la manera inversa, que a su vez borra el antagonismo. En Altvater falta un intento de este tipo y este problema se plantea con mayor claridad en su caso.[35]
Ahora podemos concluir el análisis puntual de estas dos derivaciones del estado y resumir una vez más los planteamientos que para nosotros surgen de ellas.
 
            3. Derivación del estado y circulación simple de mercancías
            Hacer justicia a la exigencia de una “derivación” de las particularidades del estado burgués a partir del concepto de capital implica calificar el contexto sistemático que hace surgir este ámbito “político” de las formas “económicas” [36] y de mostrar la necesidad del desarrollo de esa forma del estado burgués, que hasta ahora se entendió como la particularización del estado burgués o bien como el desdoblamiento de la sociedad burguesa en sociedad civil y estado.[37]
            Así como el desarrollo de la función del crédito recién es posible a partir del surgimiento de las finalidades del dinero como medio de pago, de las leyes de la circulación, y sobre todo de cómo estas resultan de la forma de circulación del capital-dinero, de la tasa de ganancia y del desarrollo del capital que genera intereses, también debe ser posible, en el caso de las formaciones “políticas” de la sociedad burguesa surgidas de las relaciones económicas, explicar sus condiciones lógicas y, mientras se reconstruyen estas condiciones, los criterios que permiten una emergencia diferenciada de las leyes y las relaciones efectivas de esta área “política”. Sin embargo, debe evitarse el error de suponer —para retomar el ejemplo del crédito— que ya está lógicamente desarrollado o que su desarrollo es posible en todos aquellos lugares en los cuales Marx lo menciona.
Así aparece el crédito en el primer tomo de El capital, pero especialmente en numerosos pasajes del segundo tomo, sin que pueda decirse sobre él algo más que decir que se trata de dinero que, viniendo de algún lado, puede superar los límites de la circulación, por ejemplo, reduciendo la velocidad de circulación, etc. Si el crédito estuviera acabadamente definido con solo indicar dónde puede hacer de bombero, entonces se procedería con el crédito de forma similar a como lo hizo E. Altvater con el estado, que en su obra solo aparece como algo negativo: “llenar el vacío”. Ahora bien, el crédito en realidad aparece en el segundo tomo de El capital también en otro sentido. Allí donde Marx analiza “la circulación del plus valor”[38], desarrolla al mismo tiempo la posibilidad de la liberación del capital-dinero [39] y, con esta, una de las condiciones generales para que el crédito pueda liberarse realmente para servir de capital.
De esta manera, el análisis de las leyes del capital, en la medida en que estas resultan del proceso de circulación del capital, contiene implícitamente, además de algunos ejemplos concretos de su función, las condiciones generales para que en el desarrollo ulterior del concepto de capital pueda analizarse el crédito en su forma y su papel explícitos. Sin embargo, para hacerlo es imprescindible desarrollar la categoría de la tasa de ganancia, ya que la mediación del proceso de nivelación de la misma es el objetivo principal del crédito.[40]
Si trasladamos este ejemplo metodológico a la problemática de la derivación del estado, entonces puede precisarse que no basta con enumerar las condiciones generales de la existencia del estado burgués, contenidas implícitamente en el desarrollo del concepto de capital, ni con intentar constituirlo como la suma de sus actividades fácticas, sino que debe encontrarse el punto de partida metodológico a partir del cual es necesario en su existencia real: el punto de partida a partir del cual —retomando una expresión empleada por Marx en otro contexto— aparece “la tendencia interna como necesidad exterior” [41] en el proceso de desarrollo sistemático.
El planteo central en cuanto al contenido ya está definido: ¿a partir de qué marco se justifica la necesidad del desdoblamiento explícito de la sociedad en sociedad civil y estado?
En este punto resulta tentador comenzar el análisis del estado análogamente a la dialéctica de la forma del valor, es decir, a partir del desdoblamiento de la mercancía en mercancía y dinero resultante de la contradicción entre valor de uso y valor de cambio. Müller y Neusüß recurrieron a este proceso de desarrollo para la particularización del estado: “El dinero aparece como una entidad independiente, apariencia vinculada con el carácter particular, socio-histórico, del valor como algo natural […]. La forma estado posee el mismo tipo de “fetichismo”. De acuerdo con las nociones burguesas, el estado existió siempre: el hombre “fue creado por naturaleza en relación con el estado,” o el estado es indispensable para la vida humana (i.e., burguesa) […]. El hecho de el estado es una mera particularización específica del modo de producción capitalista aparece invertido”.[42] Müller y Neusüß se quedan con la analogía formal, sin desarrollar paralelamente aquella contradicción que hace necesaria la particularización del estado. Mientras que, en el fetiche del dinero, puede identificarse como móvil la contradicción entre valor de uso y valor de cambio, el estado es la forma real de algo desconocido. Las ideas equivocadas resultantes de la propia forma del estado (siempre hubo estado; el ser humano como un ser creado para el estado…) no pueden ser señaladas al mismo tiempo como causa de la fetichización. En Reichelt aparece la misma relación y se la atribuye a “una dualidad de intereses característica del modo de existencia burgués” [43] que Marx y Engels ya habían identificado como el fundamento del estado en La ideología alemana: de la “contradicción entre el interés particular y el interés común cobra el interés común, en cuanto estado, una forma propia e independiente, separada de los reales intereses particulares y colectivos...”.[44]
Algo similar ya apareció en la derivación del estado del Projekt Klassenanalyse y puede volver a presentarse y precisarse aquí en forma de pregunta: ¿a qué nivel del desarrollo del concepto de capital puede producirse esa contradicción entre el interés común, o sea, colectivo, y el interés particular, que tiene como resultado el desdoblamiento de la sociedad?
¿Se puede abordar una contradicción de este tipo ya en la etapa conceptual de la circulación simple de mercancías (véase el Projekt Klassenanalyse) de tal manera que pueda entenderse como resultado del modo capitalista de producción?
La respuesta debe comprender tanto la reflexión sobre la categoría del “interés” como sobre la de “sociedad”; pues así como la última, en nuestra opinión, presupone la categoría de “clase”, que en primer lugar está en condiciones de estructurar suficientemente a los miembros de una sociedad basada en la producción capitalista, el primero presupone la diferenciación necesaria entre máscara y sujeto, porque los intereses solo pueden ser expresados si existe una diferencia conceptual entre la definición objetiva de una cosa (dinero, mercancía, capital) y su “custodio” [45], su portador, su propietario…, que a su vez solo puede derivarse de la posibilidad de una separación del tipo que sea entre la conciencia y las leyes fundamentales de la producción burguesa.
En principio, el nivel conceptual de la circulación simple de mercancías parece ser, en efecto, el punto de partida del cual puede derivarse al menos esa igualdad que se expresa en el interés colectivo o común. Pues “para vincular esas cosas entre sí como mercancías, los custodios de las mismas deben relacionarse mutuamente como personas cuya voluntad reside en dichos objetos, de tal suerte que el uno, solo con acuerdo de la voluntad del otro —o sea mediante un acto voluntario común a ambos— va a apropiarse de la mercancía ajena al enajenar la propia. Los dos, por consiguiente, deben reconocerse uno al otro como propietarios privados. Esta relación jurídica, cuya forma es el contrato —legalmente formulado o no—, es una relación entre voluntades en la que se refleja la relación económica. El contenido de tal relación jurídica o entre voluntades queda dado por la relación económica misma”.[46] Es decir que la propiedad privada de las condiciones de producción, de los medios de producción, y, en consecuencia, de los resultados del trabajo privado, de los productos mismos, la “libertad, igualdad, propiedad y Bentham”[47], dominan la esfera de la circulación simple de mercancías de la forma M-D-M. Marx desarrolla en el primer tomo de El capital las determinaciones de la circulación simple de mercancías, antes del análisis del proceso de surgimiento del plusvalor y, en consecuencia, antes de la definición positiva del capital. Por consiguiente, la circulación simple de mercancías, —prescindiendo de la dimensión histórica [48]— es un paso sistemático en la trayectoria del dinero al capital. En la circulación simple de mercancías, el dinero solo sirve como medio de circulación de la metamorfosis de la mercancía. Pero al mismo tiempo, con la fijación del valor de cambio en el dinero, se crea la posibilidad de desprenderse de su determinación como medio de circulación: “Pero cuando el valor de cambio en cuanto tal se fija en el dinero, respecto a aquél el valor de uso es tan sólo un caos abstracto. Precisamente merced a la separación de su sustancia, el valor de cambio se reencuentra consigo mismo y tiende a salir de la esfera del valor de cambio simple, cuyo máximo movimiento es la circulación simple”.[49] A partir de esta importancia de la circulación simple de mercancías en el proceso lógico de desarrollo del concepto de capital pueden explicarse sus otras determinaciones.
La satisfacción de las necesidades es el punto de partida y el punto final de la circulación. “El ciclo M-D-M parte de un extremo constituido por una mercancía y concluye en el extremo configurado por otra, la cual egresa de la circulación y cae en la órbita del consumo. Por ende, el consumo, la satisfacción de necesidades o, en una palabra, el valor de uso es su objetivo final”.[50]
Esto incluye que el uso de la mercancía, su consumo, esté ubicado completamente fuera de la esfera de la circulación; “no afecta en nada la forma de la relación […] y es un interés puramente material que sólo expresa una relación del individuo A, en su condición natural, con un objeto de su necesidad singular. Lo que hará con la mercancía […] es una cuestión exterior a la relación económica. Aquí (en el intercambio de fuerza de trabajo por capital; nota del autor), por el contrario, el valor de uso de lo que se cambia por el dinero se presenta como una relación económica especial, y la utilización determinada de lo que se cambia por el dinero constituye el fin último de los dos procesos. Es esto, por ende, lo que ya en lo formal diferencia del intercambio simple al intercambio entre el capital y el trabajo; dos procesos distintos.” [51]
La apropiación de valores de uso (mercancías) mediante el intercambio, es decir, de los resultados del trabajo ajeno por el valor de cambio, presupone propiedad (mercancías) originada en el trabajo propio, de modo que es posible apropiarse de los resultados del trabajo ajeno únicamente sobre la base del trabajo propio.[52]
En efecto, encontramos igualdad en todos los sentidos en las condiciones sistemáticas de la circulación simple de mercancías: en todos las partes participantes de los actos individuales de intercambio existen las mismas intenciones, las mismas relaciones de propiedad, las mismas relaciones de apropiación, con independencia total de las relaciones de equivalencia de los objetos participantes en el acto de intercambio (mercancía, dinero): “imposible es hallar entre ellos cualquier diferencia o aun contraposición, ni siquiera una disparidad”[53], si se prescinde de las diferentes necesidades —orientadas hacia valores de uso distintos—, las que sin embargo muestran el motivo de la igualdad social y económica [54] de los propietarios de mercancías.
Querer derivar al estado ya de este punto, por ejemplo, de una contradicción entre los intereses egoístas de los propietarios individuales de mercancías y su interés común en mantener las condiciones de cambio, significaría confundir dos cosas: la base general de las ideas de libertad e igualdad[55], que en primer lugar se derivan de las condiciones sistemáticas de la circulación simple de mercancías, con ese nivel de la libertad y la igualdad que representa ante todo el resultado del desarrollo de la differentia spezifika del modo de producción capitalista. De estas diferencias específicas, es decir, de la separación entre propiedad y trabajo y de las leyes de producción de plusvalor y de capital que se basan en ella debería hacerse abstracción todavía, si se busca desarrollarlas primero como resultado lógico de la función del dinero en la circulación simple.
En las condiciones de la circulación simple de mercancías, la libertad y la igualdad estaban referidas tanto al acto formal de circulación como a los requisitos en términos de contenidos de éste —relación de propiedad, intención, modo de apropiación—; si la separación de la propiedad del trabajo representa la base del modo de producción y establece la contradicción característica entre propiedad y no-propiedad, no puede mantenerse en sentido amplio ni el concepto de libertad ni el de igualdad en el contenido y la forma de la circulación simple de mercancías.
La igualdad y la libertad siguen relacionándose únicamente con el acto formal de intercambio, la simple relación de equivalencia, sin considerar las relaciones de propiedad y de apropiación ni las intenciones ahora divergentes de los custodios de las mercancías y de la diferente determinación económica de las mercancías a intercambiar. Como relación de cambio que representa libertad e igualdad, la relación de intercambio entre el capitalista y el obrero se convierte en “una apariencia correspondiente al proceso de circulación, en una mera forma que es extraña al contenido mismo y que no hace más que mistificarlo. La compra y venta constantes de la fuerza de trabajo es la forma. El contenido consiste en que el capitalista cambia sin cesar una parte del trabajo ajeno ya objetivado, del que se apropia constantemente sin equivalente, por una cantidad cada vez mayor de trabajo vivo ajeno. Originariamente, el derecho de propiedad aparecía ante nosotros como si estuviera fundado en el trabajo propio... La propiedad aparece ahora, de parte del capitalista, como el derecho a apropiarse de trabajo ajeno impago o de su producto; de parte del obrero, como la imposibilidad de apropiarse de su propio producto”.[56] No obstante, esto no se refiere a todas las relaciones de intercambio sobre la base de la producción capitalista. Si partimos de la metamorfosis del capital-dinero
 
        —MP
D—M…P…M’—D’,
         —FT
 
la separación entre relaciones de propiedad y relaciones de cambio, entre forma y contenido del cambio, se refiere solo al acto D—FT, dinero a cambio de fuerza de trabajo, o bien, capital-dinero a cambio de fuerza de trabajo. En el acto de intercambio D—MP, esa igualdad también está salvaguardada en lo referente al contenido, considerando que el capital-dinero de un capitalista se intercambia por el capital-mercancía del otro, es decir, del propietario de los medios de producción. La propiedad de ambos es cualitativamente igual, es capital (de ahí, entonces, diferente en su función económica respecto de las condiciones de la circulación simple de mercancías, en las que, si bien también era cualitativamente igual la propiedad de ambos participantes en el proceso de intercambio, ninguno era capital, sino que se trataba principalmente de medios de producción con la función de garantizar la reproducción de su propietario). En el acto de intercambio M’—D’ se nos presentan entonces, si M’ se materializa en MP, las mismas condiciones que en D—MP. Otra situación se presenta si M’ se realiza en alimentos (AL). En ese caso, no son cambiados por dinero como capital-dinero, sino por dinero como ingreso, cuya finalidad consiste en el consumo de su respectivo equivalente en mercancías.[57] En un primer momento, las formas de ingreso no tienen importancia; pues si el ingreso aparece como salario por trabajo improductivo o productivo, como parte de la renta o de la ganancia de la empresa, no modifica en nada su función económica, la de formar un fondo individual de consumo. En cambio, se hacen perceptibles diferencias cuantitativamente importantes entre los fondos de consumo, que no obstante son atribuibles a diferencias cualitativas, que nosotros ya registramos. En D—FT, D representa la magnitud de valor de la fuerza de trabajo que aparece en el salario; en D—MP, D representa ese dinero que realiza el plusvalor de su propietario representado en los MP, del cual una parte conforma su ingreso. Por lo tanto, la
                                                                         —MP
diferencia decisiva ya está contenida en D—M    ; reaparece en M’ (AL)—D’ (ingreso)                                                                           —FT
en forma mediada. Dentro de la totalidad de los procesos de intercambio nos encontramos con aquellos en los que formalmente y en cuanto a sus contenidos se salvaguarda la igualdad de quienes intercambian (D—MP; o bien, M’ (MP) —D’) y también con aquellos en los que la igualdad está salvaguardada solo formalmente (D—FT).
Mientras que en las condiciones abstractas de la circulación simple de mercancías la libertad y la igualdad estaban dadas “de hecho” [58] en el intercambio y en las relaciones de propiedad y apropiación económica entre las partes del intercambio en las que este se basaba, al “observar relaciones económicas más concretas que las que representa la circulación simple”[59] se convierten en determinaciones exclusivas del intercambio, que valen solo en apariencia para esas relaciones económicas más desarrolladas. Sin embargo, esta referencia a la libertad y a la igualdad que siempre le cabe al acto de circulación tiene un significado diferente en los distintos niveles del desarrollo del concepto de capital. En los Grundrisse, Marx lo insinúa de la siguiente manera: “En la evolución de la ciencia esas determinaciones abstractas [la circulación simple; nota del autor] son las primeras en aparecer y las más pobres, tal como también ocurre, en parte, históricamente; lo más desarrollado es lo posterior. En el conjunto de la sociedad burguesa actual, esta reducción a precios y a su circulación, etc., aparece como el proceso superficial bajo el cual, empero, ocurren en la profundidad procesos completamente diferentes, en los cuales aquella igualdad y libertad aparentes de los individuos se desvanecen” [60] La totalidad de la sociedad burguesa, que no puede comprenderse a partir de las “pobres” categorías de la circulación simple de mercancías, se divide de ese modo, por un lado, en los procesos superficiales del intercambio y, por el otro, en los procesos “en la profundidad” que -en las relaciones de propiedad y de apropiación de la producción y la reproducción, como contradicciones en proceso- están produciendo permanentemente la falta de libertad y la desigualdad o las consolidan. La contradicción real que, por ejemplo, se expresa en la máscara económica del trabajador asalariado como contradicción entre propiedad y no-propiedad, entre propietario de mercancías en el intercambio y personificación de la falta de propiedad en las relaciones de producción y reproducción, se debe a este dualismo entre “superficie” y “profundidad” de la sociedad burguesa. Su superación lógica recién resulta del desarrollo del capital hasta su “forma más fetichista”[61], en la que se logra la mistificación del modo de producción capitalista[62], en la que la apariencia que resulta de la circulación no se evidencia como tal por contradecirse con la falta de libertad y la desigualdad fácticas, sino que encuentra su equivalente en la conciencia ordinaria de los agentes de la producción respecto de las relaciones de propiedad y apropiación. El resultado de la mistificación de las relaciones esenciales que caracterizan al modo capitalista de producción “en la profundidad” es su apariencia invertida, en la que estas se corresponden con los fenómenos de la circulación “superficial”.[63]
Al final del desarrollo del concepto de capital, en el desarrollo de “el ingreso y sus fuentes” (la fórmula trinitaria)[64]; se explica básicamente este nivel metodológico que Marx caracteriza en diferentes pasajes con el concepto de “superficie”: “La forma del ingreso y las fuentes de éste expresan las relaciones de la producción capitalista bajo su forma fetichizada. Su existencia, tal como se manifiesta en la superficie [de las cosas] aparece desconectada de las conexiones ocultas y de los eslabones intermedios que sirven de mediadores”.[65]
La tesis central de nuestras reflexiones consiste en la conclusión de que sólo de las determinaciones de la superficie de la sociedad burguesa resultan aquellas relaciones que permiten alcanzar la esencia del estado burgués, de una manera que supera las dificultades e inconsistencias contenidas en las derivaciones del estado en discusión.
 
            La superficie de la sociedad burguesa
 
                 I. La formación de la superficie
            En el final de la crítica de la economía política, titulado “Los ingresos y sus fuentes”, al que Marx, según sus propias palabras, quería incorporar “la lucha de clases como punto final, en el que el movimiento y la disolución de toda la mierda se disuelve…”[66], se presentan sintéticamente los resultados de la distribución social de la riqueza creada [considerada según el nuevo valor[67]], distinguiendo respectivamente entre el interés o la ganancia, la renta de la tierra y el salario. Siendo resultados de este proceso de distribución del nuevo valor social en interés o ganancia, en renta de la tierra y en salario, podemos remitirlos a su fuente común, a la fuente del valor y del plusvalor, al trabajo humano en su forma abstracta. Tomados por sí solos y en la conciencia habitual de los agentes de la producción en la superficie de la sociedad burguesa, no parecen ser más de lo que son: no se refieren a lo común a todos, sino a aquello que los tres tipos de agentes de la producción llaman su propiedad: al capital, a la tierra y al trabajo (o bien, a la fuerza de trabajo). En el movimiento real de cada fuente de valor y plusvalor hasta su distribución entre interés, renta y salario desaparecen para los respectivos propietarios de las condiciones materiales de producción (fuerza de trabajo, medios de producción y tierra) las relaciones entre su ingreso y  la fuente real del mismo.
Este proceso de mistificación de la generación de plusvalor capitalista, que se desarrolla conforme a diferentes leyes, atraviesa los tres tomos de El capital como
 
            Transformación del valor de la fuerza de trabajo en precio del trabajo
 
            En la transformación del valor de la mercancía fuerza de trabajo en salario radica asimismo el origen del encubrimiento de la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y su potencia creadora de valor: “En la superficie de la sociedad burguesa, el salario del obrero se pone de manifiesto como precio del trabajo, como determinada cantidad de dinero que se paga por determinada cantidad de trabajo”.[68] Ya no se entiende a la fuerza de trabajo como mercancía vendible, es decir, como mercancía que puede y debe enajenarse, sino como el trabajo que realiza: “Sobre esta forma de manifestación, que vuelve invisible la relación efectiva y precisamente muestra lo opuesto de dicha relación, se fundan todas las nociones jurídicas tanto del obrero como del capitalista, todas las mistificaciones del modo capitalista de producción, todas sus ilusiones de libertad…”.[69]
 
            Transformación del plusvalor en ganancia
 
Con la transformación del plusvalor en ganancia, es decir, con el proceso en el que el plusvalor se refiere a todo el capital anticipado y no solo a v, la ganancia se convierte en una forma de manifestación del plusvalor, “en la cual se vela y se extingue el origen y el misterio de la existencia de éste […], se presenta el capital como relación consigo mismo, una relación en la cual se distingue,como suma originaria de valor, de un valor nuevo puestopor él mismo. Que el capital engendra este valor nuevodurante su movimiento a través del proceso de la produccióny del proceso de la circulación, es algo que se halla enla conciencia. Pero el modo como ocurre esto se hallaenvuelto en misterio y parece provenir de cualidadesocultas, que le son inherentes”.[70] En el proceso de mistificación de la fuente real de la riqueza aparece, además de la relación trabajo-salario, el “capital como relación consigo mismo”, o bien, la relación capital-beneficio.[71]
 
            División de la ganancia en beneficio e interés
 
            Con la diferenciación del capital dinerario ocurre ese desdoblamiento de la ganancia en beneficio del empresario e interés (para capital dinerario prestado), que finalmente se consolida de tal forma que el desdoblamiento de la ganancia en beneficio del empresario e interés aparece en la conciencia y en los cálculos del capitalista, incluso cuando el capital dinerario no es prestado sino que le pertenece: “El capitalista que trabaja con capital propio, tanto como el que lo hace con capital prestado, divide su ganancia bruta en un interés que le corresponde como propietario, como su propio prestamista de capital a sí mismo, y una ganancia empresarial, que le corresponde como capitalista activo, en funciones. De este modo resulta indiferente para esta división, en cuanto cualitativa, el que el capitalista deba compartir realmente la ganancia con algún otro o no. El empleador del capital, aunque trabaje con capital propio, se divide en dos personas: el mero propietario del capital y el empleador del capital; su propio capital, con relación a las categorías de ganancia que arroja, se divide en propiedad del capital, capital fuera del proceso de producción, que arroja un interés de por sí, y capital dentro del proceso de producción, que al funcionar en el proceso arroja la ganancia empresarial.”[72], que se presenta como salario por el trabajo asalariado del empresario.
 
            Transformación de la plusganancia en renta de la tierra
 
            Por último, la transformación de la plusganancia en renta para el propietario de la tierra, que sirve de base a la agricultura capitalista. La parte del plustrabajo del trabajador asalariado agrícola que se le paga al propietario de la tierra [“La propiedad de la tierra presupone el monopolio de ciertas personas sobre determinadas porciones del planeta, sobre las cuales pueden disponer como esferas exclusivas de su arbitrio privado, con exclusión de todos los demás.[73]] como renta (arrendamiento) —dejando de lado las complicaciones que son producto de la competencia—, aparece ante éste como producto de la tierra misma.
Como resultado de la perfección de la mistificación del modo capitalista de producción, que aquí solo resumimos brevemente, podemos constatar lo siguiente:
                              1. En el proceso de distribución de la riqueza disponible de la sociedad burguesa, es decir, del nuevo valor que corresponde a cada momento, desaparece crecientemente la relación entre causa y efecto, entre potencia creadora de valor y valor, hasta que en la superficie de la sociedad burguesa y “en la conciencia habitual de los propios agentes de la producción”[74] se borra toda huella de la fuente común en la apariencia de los elementos del valor nuevo.
                              2. Los resultados del proceso de distribución son ingresos, es decir, ingresos en forma de salario, interés y renta.
                              3. Todos ellos pertenecen a la misma esfera, a la del valor, o bien, del dinero.
                              4. En tanto tipos de ingreso que pertenecen a la misma esfera, solo pueden diferenciarse cuantitativamente, en el monto de cada ingreso, pero no cualitativamente.
                              5. En tanto ingresos aparecen como el respectivo resultado de las tres fuentes de ingreso: trabajo, tierra y capital. Las fuentes de ingreso son consideradas igualmente “fuentes reales” y no solamente causas de la distribución de los ingresos. El ingreso parece deberse directamente a ellas, o bien, a su enajenación (como venta, préstamo, arrendamiento): “Propiedad de la tierra, capital y trabajo asalariado se transforman, pues, de fuentes de ingreso en el sentido de que el capital atrae hacia el capitalista, en la forma de ganancia, una parte del plusvalor que él extrae del trabajo, de que el monopolio de la tierra atrae hacia el terrateniente otra parte en la forma de la renta, y el trabajo asigna al obrero, en la forma del salario, la última parte de valor aún disponible, se transforman, decíamos, de fuentes mediante las cuales una parte del valor se trasmuta en la forma de la ganancia, una segunda parte en la forma de la renta y una tercera en la forma del salario, en fuentes reales de las que surgen esas mismas partes de valor y las partes respectivas del producto en que aquéllas existen o por las cuales son intercambiables, y en fuentes de las cuales, como manantial último, brota por consiguiente el valor mismo del producto”.[75]
                                    6. Las fuentes de ingreso trabajo, tierra y capital solo son consideradas en términos materiales, es decir, pertenecen igualmente a una esfera, la de la materialidad. Se borra toda cualidad económica que las diferencie. El capital ya no es una relación social sino un medio de producción producido[76]; la propiedad de la tierra ya no es la tierra monopolizada por el terrateniente, que es la condición social determinada para el proceso de producción agrícola, sino una condición natural de la producción no producida; y, finalmente, el trabajo asalariado no es en este contexto la forma de trabajo en condiciones específicas de producción, sino que se considera al trabajo en términos generales, como condición subjetiva de la producción. En su interacción en el proceso de producción se evidencia que comparten un mismo rango, pues ¿qué sería la una sin la otra?
                              7. La disparidad entre las tres fuentes reside únicamente en su diferencia material.
                              8. “En este sentido, entonces, la fórmula capital-interés (ganancia), tierra-renta, trabajo-salario, ofrece una incongruencia uniforme y simétrica.”[77]
 
                  Vayamos ahora a los portadores subjetivos de las relaciones. En la relación entre el ingreso y sus fuentes, los propietarios de cada una de las mismas se ven mutuamente como iguales, de igual estatus e independientes: Su ingreso proviene de la esfera del valor, la vinculación del ingreso a una fuente es siempre la vinculación del dinero a una fuente material, y se considera a todas las fuentes “fuentes reales”, que simplemente deben aprovecharse bien, como independientes las unas de las otras. De esta manera, se cumplen las condiciones para la igualdad entre los propietarios privados, siendo además los dos factores de disparidad antes mencionados —la diferencia material entre las fuentes y la diferente cuantía del ingreso (que en principio entra aquí como hecho empírico)— constituyentes necesarios para la libertad y la igualdad de los propietarios privados de trabajo, tierra y capital. En tanto fuentes materiales diferentes (trabajo, o bien, fuerza de trabajo, tierra, medios de producción), son elementos necesarios del proceso de producción considerado como proceso de trabajo. Dado que su interacción en el proceso de trabajo es indispensable aparece aquí, sobre la base de su diferencia material, su igualdad de rango, que encuentra su equivalente en el resultado común, el producto expresado en el precio obtenido por este, en tanto composición cuantitativa del precio de la mercancía a partir de los elementos salario, interés y renta. Esta igualdad de rango no anula el hecho de su independencia, ya que la interacción en el proceso de trabajo es solo expresión de su libertad, de su libre decisión de obtener de este modo un ingreso a partir de las fuentes tierra, capital, trabajo. El hecho de que se obtenga un ingreso regular de la fuente, de que esta siempre pueda volver a prestarse, venderse o arrendarse, es solo un indicio de que aquella decisión libre fue correcta; y el monto divergente del ingreso tiene en un primer momento un efecto de estímulo para aprovechar óptimamente la fuente de ingreso propia.[78] Esto implica, a la inversa, que el modo óptimo de aprovechamiento de esa propiedad, librado a la voluntad y a la capacidad subjetiva, debe considerarse como el motivo para la mayor o menor cuantía del ingreso. Y esta referencia a los sujetos en relación con su propiedad privada, o sea, a que puedan elegir entre diferentes posibilidades para aprovechar óptimamente la fuente de ingreso propia sobre la base de la libre disponibilidad, constituye asimismo la categoría del interés como resultado de la posibilidad lógica de la diferencia entre máscara y sujeto. Como máscaras, los agentes de producción son personificaciones de leyes económicas generales que se imponen a sus espaldas, es decir, sin que tengan conciencia de ellas. Como sujetos que deben creerse libres, siempre y cuando puedan disponer de una propiedad privada, tienen intereses que se refieren en su totalidad y exclusivamente al aprovechamiento óptimo de su propia propiedad con la finalidad de obtener un ingreso elevado. [No hace falta resaltar que el marco y las posibilidades para este aprovechamiento óptimo de su fuente de ingreso están predeterminados cuantitativa y cualitativamente por condiciones generales].[79] En este sentido, el propietario privado se caracteriza en términos generales (en esencia, es decir, independientemente de la diversidad material de las respectivas propiedades) por tres intereses:
            “a) El interés en conservar la fuente misma de ingreso,
             b) El interés en obtener el mayor ingreso posible, esto es, el interés en obtener el mayor rendimiento posible mediante la disposición sobre su propia fuente de ingreso,
             c) El interés en el flujo continuo del ingreso, que con esa certeza de continuidad significa ingreso”.[80]
            El resultado de la prosecución de estos intereses por parte de los tres grupos de propietarios de fuentes de ingreso es, en última instancia, el mantenimiento de las determinaciones que caracterizan a estos tres grupos como clases, es decir, la conservación de las relaciones de clase. La protección de la propiedad sobre la “fuente de ingreso trabajo” significa de hecho la protección de la no-propiedad; el interés en el flujo continuo de ingreso no significa otra cosa —si se abandona la superficie— que garantizar las condiciones para un proceso de valorización del capital sin dificultades. Sin embargo, los propietarios no son conscientes de como este hecho se articula con el interés. Es decir, los respectivos propietarios privados no se dan cuenta de la relación entre su interés en proteger la propiedad privada y la forma específica en la que se produce o las consecuencias de este modo de producción, respectivamente. El interés común a todos apunta efectivamente a mantener las condiciones existentes; sin embargo, subjetivamente, se refiere únicamente al uso óptimo de la fuente de ingreso correspondiente.
            El interés en la conservación de la fuente de ingreso y en el reconocimiento de las formas dadas para obtener ingreso de esa fuente mediante el intercambio implica simultáneamente, junto con el interés de proteger la propiedad propia, el reconocimiento de la propiedad ajena. Así, “el mantenimiento de las condiciones sociales existentes, de las formas generales de relacionarse socialmente y de los medios dados por estas para hacer prevalecer los intereses de los propietarios privados” es “la condición misma para imponer esos intereses, es decir, el interés general de los propietarios privados por antonomasia, un interés que le corresponde a todos los propietarios privados y que es común”.[81] En cambio, en la diferencia material de las fuentes de ingreso está la posibilidad de articular intereses específicos, a través de cuya prosecución se pone de manifiesto prioritariamente el interés general. Por lo tanto, la conservación de la propiedad privada en general es, en realidad, la condición para la articulación de intereses específicos y, al mismo tiempo, su resultado más general.[82]
            Como propietario privado, como representante del interés general en mantener las condiciones de la propiedad privada —cualquiera sea su sustancia material—, los propietarios privados constituyen en la superficie esa esfera de la apariencia real de la igualdad, la libertad y la independencia que entraña la posibilidad para el desarrollo del estado burgués. Por consiguiente, al desarrollarse el concepto de capital, se deriva en esta instancia aquel nivel que, como falsa apariencia de las relaciones antagónicas de clases, comprende por sociedad el resultado social de las relaciones entre propietarios privados independientes e iguales. Se mantienen ocultas las verdaderas relaciones entre las personas unas con otras y unas contra otras, como integrantes de las clases a las que pertenecen objetivamente. Las personas se creen en la esfera de la libertad y la igualdad, que ya no es  resultado de una expansión de las determinaciones del acto de intercambio —metodológicamente inadmisible— o de la circulación simple de mercancías, sino del desarrollo de aquella conciencia en la que los trabajadores asalariados, caracterizados, según su determinación económica, justamente como no-propietarios, como “exentos y desprovistos, desembarazados” de propiedad[83], pueden representarse a sí mismos como orgullosos propietarios privados al lado de aquellos que verdaderamente lo son qua apropiación del trabajo ajeno. Pero esta diferenciación entre propiedad como resultado del trabajo ajeno y propiedad como resultado del trabajo propio, que es aquella con la que aparece el antagonismo, se pierde con el ocultamiento de las verdaderas fuentes del nuevo valor.[84]
            Antes de continuar con otras reflexiones sobre el estado, principalmente sobre la necesidad de su génesis, analizaremos más detenidamente los tres intereses mencionados.
 
            2. Los intereses de los propietarios privados de fuentes de ingreso
            A continuación, analizaremos más detalladamente estos tres intereses básicos. Sería necesario examinarlos, por un lado, por sí mismos, y por otro, desde la perspectiva de las tres fuentes de ingreso materialmente diferentes y las consecuencias resultantes para la armonía, o bien, para la desarmonía en el proceso de su imposición; debería alcanzarse especialmente una definición más exacta de los conflictos entre los propietarios de fuentes específicas de ingreso en el proceso de realización de sus intereses egoístas. Esta tarea excede el presente trabajo. Tenemos que darnos por conformes con algunas alusiones, en las que trataremos insuficientemente sobre todo a los propietarios de la tierra.
 
                 a) La conservación de la fuente de ingreso
 
            El interés en conservar la fuente de ingreso es el interés primario y prioritario. Sin su conservación, no fluiría ningún ingreso, ni esporádica ni continuamente. La conservación de la fuente es, por lo tanto, la condición o el medio para la prosecución de los demás intereses.
La conservación de la fuente de ingreso requiere su protección contra abusos de cualquier tipo que se opongan a las formas normales de relación de la sociedad burguesa. Como estas están establecidas mediante las relaciones de intercambio de equivalentes, se puede llegar a la siguiente definición más precisa: la conservación de la fuente de ingreso significa, en primer lugar, su protección contra formas de apropiación externas a las del intercambio; protección contra robo, hurto, destrucción deliberada, saqueo, etc. Todas las formas de intercambio de propiedad que no se basan en el intercambio de equivalentes se oponen a las formas normales de apropiación. Y el castigo a las formas inusuales de apropiación no apunta a otra cosa que a hacer cumplir la relación formal de intercambio. Los sujetos toman conciencia de esta relación de intercambio en tanto protección de la propiedad privada o en tanto posibilidad de los propietarios de disponer libremente de sus fuentes de ingreso. Pero también hay límites a esta libre disposición, aquellos límites que marcan el margen de las posibilidades de disponer de las fuentes de ingreso conforme su determinación capitalista. Por consiguiente, en condiciones específicas, la fuente de ingreso debe ser protegida incluso de sus propietarios.
            Sin embargo, el interés en conservar las fuentes de ingreso se define de manera diferente según su particularidad material: en el caso de las fuentes de ingreso capital y tierra, este interés comprende todas las medidas adecuadas para objetos con existencia material externa. En cambio, la fuente de ingreso trabajo no existe en forma material externa, sino en forma de inmaterialidad interna al propietario. Así, la protección contra lesiones físicas y psíquicas por parte de otros es el modo primario de proteger esta fuente específica de ingreso.
            Como las tres fuentes específicas de ingreso, en tanto propiedad, exigen para su protección y conservación dos tipos diferentes de dispositivos —destinados a proteger la materialidad externa y la inmaterialidad interna— estos se plasman, en consecuencia, en normas distintas de protección y constituyen, partiendo ahora cada uno de sí mismo, conceptos de propiedad que ya no se refieren únicamente a las fuentes de ingreso tierra y capital, sino (en un primer momento) a todo bien material. Esto hace desaparecer la diferenciación entre la fuente de ingreso y las “fuentes” del disfrute a adquirir mediante esa fuente de ingreso, entre el auto como medio de producción y su función como medio de consumo. Visto así, también se comprende que, para los propietarios de la fuente de ingreso trabajo, los medios de consumo durables —auto, casa propia, lavarropas—, que hoy, en el promedio social, van formando poco a poco parte del valor de la mercancía fuerza de trabajo, parecen corresponder mucho más a la categoría de la superficie de “propiedad privada” que a la del trabajo, o bien, de la fuerza de trabajo.
            Esta subsunción no diferenciada del medio de consumo y de la fuente de ingreso encuentra su correspondencia en un concepto jurídico cosificador de la propiedad. Sin embargo, no debe concluirse a partir de este hecho que los propietarios de la fuente de ingreso trabajo no manifestarían su interés en la protección de esta forma inmaterial especial de propiedad. Este interés se articula explícitamente cuando, por ejemplo, se exige la protección de las condiciones de trabajo que “a uno lo destrozan”, es decir, que pueden destruir la fuente de ingreso trabajo o dificultar su uso continuado. La forma en que se produce esta protección de la propiedad privada, resultante de las especificidades de la fuente de ingreso trabajo, es la ley. Pero no aquella que protege a los propietarios del capital contra el hurto, o la que protege a los propietarios de la tierra contra su uso ilegal o su destrucción. La ley fabril (8° apartado), la ley sobre el médico de fábrica que se presenta actualmente, etc., pueden ser consideradas ejemplos de aquellas leyes que —si bien en general pueden ser subsumidas en las leyes que apuntan a la protección de la propiedad privada— se deben a las características especiales de la fuente de ingreso trabajo.
            Y al igual que la forma material del concepto jurídico de la propiedad es motivo de confusiones, las normas para proteger la integridad corporal pueden referirse en igual medida a la fuerza de trabajo y al cuerpo del propietario del capital y de la tierra, a pesar de sus diferencias económicas, ya que deben hacer referencia a todo “cuerpo” y a que, en su forma jurídica, no hacen ninguna diferencia entre el cuerpo como fuente de ingresos y el cuerpo como puro “recipiente del disfrute”. A pesar, o justamente por la definición de la propiedad privada que difiere de su origen económico, y la fetichización indiscriminada de cualquier cosa como propiedad que resulta de ella (diferenciándolas en el mejor de los casos por el valor, pero no por su función económica), el interés en conservar la fuente de ingreso como propiedad privada es la base del interés general en proteger la propiedad privada. Este interés, que aúna a todos los propietarios de fuentes de ingreso, no es otra cosa que la expresión del hecho de que, sin la conservación de la existencia de la propiedad privada, tampoco estarían protegidas sus formas de uso. Pero el interés en proteger la propiedad privada es, en realidad, idéntico al interés en conservar las relaciones sociales existentes basadas en la propiedad privada y en las relaciones de intercambio.
            Los diferentes modos de existencia de la propiedad privada (material-objetivo, inmaterial-corporal), que hacen necesarias diferentes formas e instrumentos para garantizarlas, son también las que se presentan como fuentes primarias de los evidentes conflictos entre propietarios de fuentes de ingreso materialmente diferentes cuando se trata de lograr imponer las condiciones específicas en cuanto al contenido del interés, común a todos, de conservar la propiedad privada. Así, para el capitalista, justamente las condiciones del lugar de trabajo que violan a la larga la propiedad privada de la fuente de ingreso trabajo, o dificultan su uso continuo, son, en tanto propiedad privada suya, objeto de su interés en conservarlas inalteradas y funcionando. La forma de existencia material-objetiva de la fuente de ingreso capital (medio de producción) se convierte en su actuación en causa de la violación de la fuente de ingreso inmaterial-corporal que es el trabajo, o bien, la fuerza de trabajo; al igual que, a la inversa, toda protección como, por ejemplo, la que exigen los propietarios de la fuerza de trabajo respecto de los medios de producción que los destruyen, se presenta como una violación de los derechos de los propietarios de los medios de producción.
            Sin embargo, la articulación del interés en conservar y proteger la propiedad privada en su forma material específica recién llevará a conflictos cuando se exprese el interés en obtener el mayor ingreso posible en el proceso de trabajo, utilizando óptimamente las fuentes de ingreso como factores del proceso de trabajo. El interés en el incremento del ingreso o en su flujo constante presupone esta contradicción.
 
                  b) El incremento del ingreso
 
            El interés común de todos los receptores de ingresos de obtener el mayor ingreso posible no se expresa allí donde se enfrentan en el intercambio y articulan, en su carácter de propietarios de fuentes de ingreso, un interés en proteger la propiedad, o bien en salvaguardar las relaciones de equivalencia en el intercambio. Allí donde el comprador y el vendedor se encuentran frente a frente, solo cambian de mano valores iguales, y por lo tanto el incremento del ingreso no tiene allí su punto de partida. Recién cuando varios vendedores quieren adquirir el mismo producto, cuando existe entonces una relación entre compradores entre sí y entre vendedores entre sí, o sea, cuando los respectivos propietarios privados de fuentes de ingreso se comportan el uno con el otro como competidores, se vislumbra en la superficie la posibilidad de incrementar el ingreso para el individuo en el marco de las formas normales de las relaciones sociales (es decir, mediante el intercambio, no mediante robo, etc.).
            En un primer momento, hay competencia de los trabajadores, de los dueños del capital y de los propietarios de la tierra entre sí. Son competidores en cuanto al interés, que es el mismo en cada caso, de obtener el mayor ingreso posible para la forma respectiva de enajenación de la propiedad privada (venta, préstamo, arrendamiento), en la medida que se refieren a un tercero separado de ellos, el correspondiente precio de mercado, y se relacionan entre sí por medio de este tercero. [Sí bien el precio de mercado por sí mismo es el resultado de la aparición en el mercado de los propietarios privados como compradores o vendedores, al mismo tiempo siempre está presente como tal instancia independiente ante los competidores. Por ende, la competencia es “la relación de un sujeto con una cosa producida por él y otros sujetos, cosa, sin embargo, separada de ellos (el precio). Tan solo a partir de esta determinación es posible desarrollar otra. Pues si se observan dos sujetos, ellos se comportan en forma bastante similar respecto del precio. Recién entonces se los puede considerar rivales. El uso cotidiano del idioma […] únicamente retoma esta segunda determinación, olvidando que la rivalidad presupone un mismo objetivo, pero este debe haberse producido primero”.[85]] Si no se satisface su interés en obtener el precio correspondiente del mercado, o bien el precio de mercado lo más alto posible, o bien el mayor excedente posible sobre el costo, entonces se ven forzados a reaccionar ante el precio del mercado de una manera adecuada a sus fuentes de ingreso. Intentarán adaptar su propiedad privada como objeto de venta a las condiciones de una demanda más favorable. Sin embargo, no es en el mercado donde la respectiva propiedad privada puede ser modificada, sino fuera de él. He aquí otra área de la libertad en tanto libertad burguesa: la libre elección entre diferentes estrategias de mercado con la finalidad del aprovechamiento óptimo de la propia fuente de ingreso.
            Siguiendo las diferencias materiales de las fuentes de ingreso mismas, este proceso se desarrolla de diferentes modos.
            Los capitalistas reaccionan individualmente al precio de mercado de sus productos intentando incrementar la productividad del trabajo; o bien —así lo ven ellos— intentando reducir el costo; o, en caso de que la modificación del producto o del costo no condujese a mayores ingresos, buscando una nueva esfera de inversión para su propiedad. Los trabajadores reaccionan individualmente al precio de mercado de su trabajo intentando ponerse en la situación de trabajar más rápido, mejor, o —si fuera necesario— hacer otro trabajo del que aprendieron.
            Estas reacciones al precio de mercado no solo afectan a los propietarios de las tres fuentes de ingreso, materialmente diferentes, en su conjunto, sino que se diferencian de acuerdo con la diferenciación entre las fuentes de ingreso mismas: los propietarios de viñedos tomarán otras medidas que, por ejemplo, los propietarios de campos, “dueños de bosques, poseedores de minas y poseedores de pesquerías”[86]; los ingenieros otras que los montadores; y los peones otras que los obreros especializados. Se van formando fracciones al interior de los tres grandes grupos de propietarios de fuentes de ingreso y, en parte, incluso atravesándolos. En su interés en aumentar sus respectivos ingresos, se comportan en un primer momento como rivales, como adversarios cuyo interés solo es igual en general, pero cuya expresión específica en un propietario de trabajo (capital, tierra) puede excluir la realización de ese mismo interés específico de otro propietario de trabajo (capital, tierra). Pero en el momento en el que dependen, como propietarios de fuentes de ingreso del mismo tipo, en igual medida de determinadas condiciones para poder sostenerse en la competencia o para poder imponer en la competencia un aumento del ingreso, queda suspendida la relación de competencia entre ellos (o bien, entre sus respectivas fracciones) y se vuelve latente. Luego articulan en conjunto su interés en concretar tales condiciones, que son requisitos en igual medida para todos los propietarios de fuentes de ingreso iguales, para poder ofrecer su propiedad de tal manera que se haga vendible en las condiciones más favorables. Tales requisitos generales, impuestos por la competencia misma, son para los propietarios de trabajo, por ejemplo, la instrucción, suficientes posibilidades generales de reproducción (salud, tiempo libre) para el propio trabajador y para su familia; para el propietario de capital, el desarrollo de la ciencia como condición general para el incremento de la productividad del trabajo, las regulaciones para el otorgamiento de ingresos, la importación y exportación de mercancías y con ello, por ejemplo, los tipos de cambio, etc.
            Tales intereses, que resultan de la competencia y que, al mismo tiempo, son su condición para la creación de las condiciones que permiten “preparar” la respectiva fuente de ingreso en un modo apropiado para que “responda al mercado”, apuntan entonces en primer lugar a crear condiciones igualitarias en la competencia sobre la base de unas leyes de distribución de riqueza incomprendidas, es decir, sobre la base del modo existente de distribución y de las formas de manifestación basadas en él, como relación directa de la fuente de ingreso con el ingreso. En tanto los propietarios de las tres diferentes fuentes materiales de ingreso articulen individualmente intereses en la creación de requisitos para la competencia iguales para cada uno de ellos, cuya realización simultánea y equivalente sea imposible (por ejemplo, los intereses de los trabajadores en la instrucción y de los capitalistas en la construcción de caminos), se enfrentarán los tres grandes grupos entre sí: como competidores por el nuevo producto creado en conjunto. Por ende, la competencia al interior de cada uno de los tres grupos de propietarios de fuentes de ingreso conlleva la competencia entre los tres grupos, a la competencia por la distribución. Competencia ésta sólo entendida como una medida que pretende corregir ciertas injusticias, fundamentadas apenas moralmente, en la consideración hacia los tres grandes grupos de propietarios. No se intuye la verdadera relación, solo se ven desproporciones en la superficie. (La consigna del DKP “Abajo el armamento, arriba la instrucción”, por ejemplo, refleja esta idea de la competencia distributiva en la superficie en el ámbito de la creación de condiciones igualitarias en la competencia.)
            En las consideraciones realizadas hasta ahora, los intereses se refieren a la adecuación de su propiedad respecto del mercado, necesaria para lograr un ingreso elevado, es decir, se refieren al intercambio definido antes de su operación en la producción.
            Sin embargo, el interés por un ingreso lo más alto posible también puede definirse en función de su operación en la producción y en el resultado común de dicha operación de las fuentes de ingreso como factores de producción, en el producto. Si el precio del producto común es una composición de los tres tipos de ingreso, el interés de los tres grupos de propietarios en obtener un ingreso elevado dependerá del nivel del precio obtenido por su producto, siendo el punto de partida ya no el propietario individual de una fuente de ingreso (trabajo, tierra, capital) que se enfrenta con otro, sino más bien la empresa individual y la cantidad de producto, que busca imponerse en el mercado a la cantidad del mismo producto de otra empresa. La competencia dentro de una esfera lleva así en un primer momento a la unión de todos los propietarios de trabajo, tierra y capital de una empresa contra aquellos de otras empresas. (La expresión “tiramos todos de una misma cuerda” tiene en este contexto un grano de verdad.) A este acuerdo común respecto de la venta del producto que todos crearon en conjunto, le sigue inmediatamente la “pelea”[87] por la porción (en general o adicional) de la que cada uno se apropiará.[88] Como en la superficie no es posible efectuar la distribución del precio obtenido según criterios inherentes a los factores de producción implicados que, además, en la medida en que solo son determinados materialmente, no se pueden cuantificar[89], entonces el patrón de referencia solo puede ser externo a la determinación de las fuentes de ingreso mediante una sencilla comparación con aquella cantidad de ingreso que otros obtuvieron o uno mismo obtuvo en otras condiciones. El punto de referencia siempre será, por lo tanto, la participación en la distribución ya existente, respecto de la cual las ventajas o desventajas se convierten cada vez en objeto de “pelea”, pero cuyas proporciones promedio no son cuestionadas en la superficie.[90] (Por lo tanto, la crítica a las “injusticias” en la distribución, contenida en la demanda de “un salario justo”, no puedes basarse nunca en un criterio absoluto, sino que siempre se basan solo en relaciones relativas, es decir, el salario es injusto en relación con los precios en alza, los cambios en los medios necesarios para la reproducción, la tasa de ganancia, el aumento individual o colectivo de los rendimientos (tiempo), etc.; nunca se basan, sin embargo, por ejemplo, en el valor de la mercancía fuerza de trabajo o en la tasa de trabajo vivo necesario, suponiendo que fuera posible cuantificarlos empíricamente en forma exacta.)
            De esta manera, se convierte en referencia una suerte de ingreso promedio, que en sí es resultado de los movimientos de nivelación de los precios que tienen lugar a espaldas de los diversos propietarios privados (formación del precio de mercado) expresados en los componentes del precio, es decir, en los tipos de ingreso. Así se posibilita simultáneamente el acuerdo entre todos los propietarios privados de una esfera frente a la coalición de todos los propietarios privados de otra. Dicha competencia no tiene como condición un precio lo más elevado posible por la cantidad de producto para una empresa, sino para una esfera, de manera que su resultado sea el “reparto de valor del producto social entre cada una de las esferas de producción”.[91]También aquí al acuerdo le sigue inmediatamente el desacuerdo (que es permanentemente parte de la empiria), lo que en definitiva conduce a la agrupación de intereses de los propietarios de fuentes de ingreso materialmente iguales en un nivel superior al de la empresa. De esta manera se llega una vez más, desde otro punto de partida, a una forma de la competencia distributiva que ya no se refiere a la igualdad de oportunidades en las condiciones de competencia, sino directamente a la cuantía del ingreso —y se puede prolongar este proceso incluso hasta la competencia en el mercado mundial—. La aglutinación de los respectivos propietarios de fuentes de ingreso en asociaciones de intereses es la consecuencia de la imposición de la competencia distributiva que pasa desde una esfera hacia la competencia por la distribución de toda la torta.[92]
            La base de una y otra “pelea” es la idea de superficie, de que en el precio del producto está contenida al mismo tiempo la porción del ingreso propio. Como ésta porción remite a la fuente misma del ingreso, resulta otro aspecto de la “pelea”: si la propiedad, como factor de producción, produce esta cantidad de ingreso, entonces su uso aún más intensivo permitirá lograr una cantidad mayor del ingreso correspondiente. Por lo tanto, el interés en obtener un mayor ingreso contiene siempre, al mismo tiempo que la competencia distributiva por una cantidad de valor dado, el motivo para incrementar, mediante un mejor aprovechamiento de las fuentes propias de ingreso, la porción propia del ingreso en el producto, lo que se expresa entonces en el aumento de la cuantía total. Marx tiene esto en la mira cuando resume la “pelea”: “ello no es, en fin de cuentas, más que el resultado final de esta competencia entre la tierra, el capital y el trabajo, acalorados en su lucha en torno al reparto del valor del producto, del que cada cual quiere obtener una parte mayor, lo que hace que su misma competencia se manifieste, simplemente, como un acicate de su misma armonía”[93] en el proceso conjunto de trabajo.
            Y el resultado contradictorio de esta “expresión incitadora de la armonía” es que en la prosecución del interés para obtener un mayor ingreso subyacen, simultáneamente, las condiciones que tendencialmente impiden un flujo continuo del ingreso. Así, por ejemplo, el desgaste en exceso de la fuerza de trabajo —ya sea como resultado de un uso óptimo de los medios de producción en función de su estructura técnica o como imperativo auto-impuesto— lleva a su agotamiento permanente.
 
                  c) La protección del flujo continuo del ingreso
 
            Las superposiciones entre los tres intereses generales nos condujeron a mencionar dos aspectos de este interés. Por un lado, la protección permanente de la propiedad privada es, por supuesto, al mismo tiempo la condición para su uso continuo; por otro, las demandas respecto de condiciones iguales de competencia dentro de los tres grupos contienen, en parte, puntos de vista que apuntan a su protección a largo plazo, más allá del mejoramiento momentáneo de las oportunidades del mercado (la protección de patentes, la universalidad de la educación…).
            Como el conflicto que aparece en la consecución de los intereses entre el interés en obtener un ingreso mayor y el flujo continuo que ya se abordaron, solo queda aquí señalar el papel del desarrollo cíclico de la economía en la superficie y en la conciencia de los propietarios de las fuentes de ingreso.
            Entre los propietarios de la fuente de ingreso trabajo, este interés se manifiesta en las demandas por la “garantía del puesto de trabajo”. El ciclo de crisis, aparentemente natural, exige medidas que garanticen el ingreso también cuando el mercado ofrece pocas oportunidades. Entre estas figuran la indemnización por despido y la jubilación, al igual que el interés en la continuidad del pago del salario en caso de enfermedad, aunque en ese caso el carácter cíclico del movimiento del capital no es la causa de la interrupción del flujo de ingreso. En todo caso, el interés superior es que la economía funcione sin crisis. Más adelante abordaremos en qué medida semejante interés, que no solo es articulado por los propietarios de una fuente especial de ingreso[94], puede imponerse con la prosecución simultánea, por ejemplo, del interés en obtener un ingreso mayor.
 
            III. La superficie de la sociedad burguesa y el estado
 
1. La posibilidad de la génesis del estado burgués[95]
            La posibilidad de la subsunción de los propietarios privados de fuentes de ingreso materialmente diferentes en un todo presupone que tengan el mismo estatus. Y esto no como abstracción lógica-formal, en el sentido de que solo sean “personas”, sino como resultado de la definición de sus intereses, tal como surgen de la propiedad privada misma. Su igualdad de estatus debe adquirir explícitamente la forma de un interés común y general [96] para lograr la cualidad a partir de la cual debe fundamentarse el desprendimiento de nuevas formas (políticas) de las relaciones económicas en las que siempre estuvieron ocultas.
 
                 a. Intereses generales
 
            Enredados en las ideas y las relaciones de la superficie de la sociedad burguesa, los propietarios de las fuentes de ingreso trabajo, tierra y capital dependen, como propietarios privados, del mantenimiento de las condiciones de las relaciones económicas, como se desprende de la propiedad privada misma. La protección y la garantía de la propiedad privada de uno contra su apropiación por parte de no-propietarios o propietarios de otras fuentes de ingreso [97] es la demanda común de todos los propietarios privados, constituye el primer interés básico, común a todos y, por lo tanto, general.
            En el proceso de prosecución de su interés en obtener el mayor ingreso posible en forma de salario, de interés y de renta, los propietarios privados trascienden sus relaciones de competencia, en las cuales entablan inicialmente, como individuos, relaciones de rivalidad con otros propietarios individuales de la misma fuente de ingreso al entrar en relación de rivalidad con un tercero. El resultado es la competencia distributiva en la que los tres grupos de propietarios de fuentes de ingreso luchan por una porción más adecuada, más justa, etc., en cualquier caso, una porción mayor del nuevo valor total. La condición para que los tres grupos tengan medianamente éxito en esa competencia es el crecimiento constante de valor total del producto, es decir: la garantía del crecimiento económico. Este es el segundo interés general, es decir, que une a todos los propietarios privados. Como los propietarios de las fuentes de ingreso dependen del flujo constante del ingreso, su tercer interés general apunta a un funcionamiento de la economía sin dificultades, libre de crisis.
 
                  b. Condiciones de competencia
 
            Además de estos tres intereses generales, pudimos distinguir en el análisis de las relaciones de competencia en la superficie aquellos intereses que no son intereses generales en el sentido que podrían unir a todos los propietarios privados. Pero, de todos modos, son intereses que “anulan” la privacidad del individuo en la competencia y lo empujan a la alianza con otros. No se trata aquí necesariamente de la alianza de todos los propietarios de la misma fuente de ingreso; al menos la finalidad de una alianza semejante de todos los propietarios de las mismas fuentes materiales de ingreso no sería aquí idéntica a la finalidad de la competencia distributiva: una porción mayor de la “torta”. Más bien son alianzas de intereses que se forman alrededor de las demandas por condiciones de competencia iguales. Pueden surgir —como mostramos— tanto en el caso de la competencia por obtener el mejor precio para la enajenación de los tres tipos de propiedad privada (en el mercado de trabajo, el mercado de bienes de capital o financiero y en el mercado inmobiliario, respectivamente), como también en la competencia por obtener el mejor precio para la enajenación de los productos que resultan de la operación armónica de los tres factores de producción. Por ende, tales grupos de intereses pueden formar las alianzas más difusas: el abanico va desde la totalidad de los propietarios de una de las tres fuentes de ingreso[98] hasta la alianza de los propietarios de las tres fuentes de ingreso dentro de una esfera.[99] Sin embargo, es común a todas las alianzas de este tipo que se refieran a las condiciones de la competencia y que estén enredadas en las ideas de superficie, es decir, se trata siempre de la formación de agrupaciones de intereses y no —como sería posible, por ejemplo, en el primer caso del abanico mencionado— de su constitución como “clase para sí”.[100] Si bien los intereses de este tipo no se pueden caracterizar en el sentido precedente como interés general, ya que no abarcan a todos los propietarios privados, tienen en común sin embargo con los tres intereses generales antes mencionados que se refieren a aspectos que no forman parte de la competencia y que son igualmente medio, o bien, condición de la competencia.
            Solo en este sentido, es decir, independientemente del tamaño de cada grupo, estos intereses pueden caracterizarse también como intereses generales, que son capaces de anular el aislamiento de los individuos privados en la competencia de una manera relacionada con la competencia [contrariamente, por ejemplo, a la constitución de un grupo de fuentes de ingreso como clase, en la que ya no es decisiva la referencia inmanente a la competencia[101]]. Cuando hablamos en los siguientes párrafos de “intereses generales”, sin caracterización más detallada, nos referimos a ambas definiciones.[102]
            La esfera donde se originan los intereses generales de este tipo es la esfera en la que puede surgir el estado burgués. Su condición lógica es esta esfera de lo público[103] (o bien, de la estatalidad), que en un primer momento solo expresa la posibilidad de surgimiento y articulación del interés general, pero que no incluye aun la posibilidad de su consecución, es decir, su realización.
 
                 2. La necesaria particularización de la sociedad burguesa como estado
           
            a. La contradicción entre intereses generales y particulares
 
            Sin embargo, en la consecución de sus intereses, los propietarios privados están sujetos a los procedimientos relacionados con las particularidades de la fuente de ingreso. Como privados incorporados individualmente a la competencia, no perciben como tal el interés general que los une con otros privados, sino solo en la forma del respectivo interés particular. Pero asegurando la propiedad privada individual sobre el capital o la tierra o el trabajo, justamente, no se asegura la propiedad privada en su conjunto. Es decir, persiguiéndolo de la manera en que lo define su contenido particular, no es posible concretar un interés general; las particularizaciones no se suman en el movimiento de la competencia, sino que se excluyen mutuamente. Esto no significa otra cosa que el hecho de que los propietarios de cada una de las fuentes particulares de ingreso no pueden realizar como privados el interés general. Sin embargo, en la medida en que los intereses generales sean, en su contenido, medio o condición de prosecución de los respectivos intereses particulares, se vuelve necesario concretar los contenidos de esos intereses generales de una manera diferente de la dada por las posibilidades de actuación de los privados.
            Los propietarios privados existen, por lo tanto, de un modo doble: como propietarios privados con intereses particulares y como representantes de intereses generales. Esta duplicación se corresponde conceptualmente con la de los propietarios privados y la de los ciudadanos, referida a la totalidad de los propietarios privados, se corresponde con la duplicación de la sociedad en sociedad y estado.[104] La contradicción entre la generalidad y la particularidad, que necesariamente constituye al estado burgués, asume diferentes modos de existencia, que abordaremos q continuación en la forma de ejemplos. A tal fin, el esquema que se presenta a continuación puede servir como recurso heurístico, pero carece de valor sistemático:
Las cuatro flechas que sirven de ejemplo tienen el siguiente significado:
 
            1. El interés del propietario de capital en obtener el ingreso más elevado posible (base de la flecha) conduce al aprovechamiento óptimo de su fuente de ingreso, el medio de producción. El resultado no es solo el aumento de la cantidad de productos, sino también una fuerza de trabajo que se desgasta prematuramente y cuyo flujo de ingreso se ve interrumpido por ese motivo (punta de la flecha). En su importancia para la sociedad en su conjunto, este proceso implica el origen de la crisis y/o el estancamiento y/o la amenaza de la fuente de ingreso trabajo. Es decir que del antagonismo de intereses particulares surge en este contexto un antagonismo entre el interés particular del propietario de capital en obtener una ganancia elevada y el interés general en que la economía se desarrolle sin dificultades.
            2. a. El interés de los propietarios de la fuente de ingreso trabajo en conservar su fuente de ingreso los empuja a hacer reclamos contra las fuerzas destructivas en la producción. Estas son siempre propiedad del capital y se presentan a este último forzosamente como una violación a la propiedad
            b. o bien como una disminución de la ganancia, en caso en que los intereses particulares tengan la forma de reclamos por mejoras de los dispositivos de protección, etc.
            3. El interés de los propietarios de capital de obtener un ingreso elevado puede poner en peligro —por contaminación del medio ambiente— la fuente de ingreso del propietario de la tierra, es decir, su propiedad privada se puede ver afectada al sustraerse a las condiciones normales de intercambio de la sociedad burguesa.
            4. El interés en obtener un ingreso elevado empuja a los propietarios de trabajo a hacer horas extra, a trabajar en negro, etc., los empuja a la destrucción progresiva, prematura, de su capacidad de trabajo, a la autolesión de la propiedad privada —lo que debe entenderse como acto de automutilación, más allá de las presiones ejercidas en la superficie por el capital—. De esta manera se alcanza un límite respecto de la libertad para manejarse en relación con la propiedad privada, que solo puede ser violada sufriendo un “castigo”.
            Las contradicciones entre intereses particulares dentro de cada uno de los grupos de propietarios de fuentes de ingreso y entre estos grupos contienen contradicciones entre los intereses particulares y generales. La violación a la propiedad privada de la tierra es al mismo tiempo una falta contra el interés, común a todos, en proteger la propiedad privada (por ejemplo, en el caso 3); y el interés en aprovechar óptimamente la fuente de ingreso medio de producción con la finalidad de lograr una ganancia elevada (el caso 1) contiene el origen de la crisis con la consecuencia de una interrupción del flujo continuo de ingreso para este o aquel grupo de propietarios privados.
 
            b. La contradicción entre el aprovechamiento y la creación de las condiciones de la competencia
 
            Las contradicciones resultantes de las relaciones de competencia juegan un papel similar en la articulación de reclamos por condiciones iguales o mejores para competir. La competencia tiene como objetivo el uso óptimo de estas condiciones por parte de los individuos, quienes quieren conseguir una ventaja frente a los demás respecto de las oportunidades que brinda el mercado. Pero en esta relación de rivalidad no hay espacio para la creación de las condiciones. Su aprovechamiento óptimo más bien las presupone y lleva a su “utilización” [Vernutzung], pero no simultáneamente al desarrollo de su “condición de utilizable” [Nutzbarkeit]; por ejemplo, las calles, como vías de transporte, sirven como condición para la competencia en el ámbito de la industria y, al mismo tiempo, son medios para mejorar las condiciones de reproducción (por ejemplo, viajes, conexión entre la vivienda y el lugar de trabajo…); pero en conjunto sufren la “utilización” y quienes las “utilizan” a su vez, en lo inmediato, no las hacen ni las mantienen “utilizables”.[105]
            El resultado de esta contradicción entre el interés particular y el general en sus diferentes modos de existencia es la existencia particularizada del estado al margen y por fuera de la sociedad de los privados en competencia —ya no como posibilidad, sino como necesidad. El estado encarna el desprendimiento del interés general de la esfera de los privados y su administración en la esfera del estado. Con la particularización del estado, los intereses generales se convierten en sus intereses particulares, cuya administración solo le compete a él.[106]
            Esta es la base a partir de la cual puede explicarse que el estado a veces tome medidas que le suscitan la reprimenda de todas las clases y fracciones. Entonces, la forma de administración de los intereses generales por parte del estado genera constelaciones de conflictos en los que no solo se enfrentan el capital y el trabajo, o el trabajo y el estado, sino, lógicamente, también en las que se enfrentan el estado y el capital e incluso el trabajo y el estado contra el capital; y, finalmente, incluso el trabajo, el capital y la tierra contra el estado es un conflicto imaginable y puede constatarse empíricamente.[107]
 
                 c. La administración de los intereses generales
 
            El estado como esfera, en la que es posible la administración de intereses generales en el sentido arriba descripto, por lo tanto, no tiene como objetivo prioritario establecer las condiciones materiales para satisfacer los contenidos individuales de los intereses generales. La administración de los intereses generales de los propietarios privados no significa, en un primer momento, otra cosa que la constitución de una forma en la que estos intereses son atendidos.
            En estos puntos se desdibujan antes que nada las fronteras entre las esferas de lo estatal o público y el estado mismo. Solo se puede determinar teóricamente dónde termina la función de los grupos de interés, quienes, ante un sinfín de tareas que compiten entre sí, abogan por la atención inmediata y prioritaria por parte del estado, y dónde comienza la del estado. Cuando el contenido de un interés, un determinado reclamo, etc., pasa a estado legislativo, es decir, al debate de si se lo codificará en forma de una ley, un decreto, una regulación general, una directiva, etc., alcanzó el estadio de “forma estatal”. A su tratamiento primario, es decir, a la ponderación, la modificación, la decisión, le sigue la codificación en forma de una ley, un decreto, una disposición, etc., que luego representará la forma de salvaguardar los intereses generales y será vinculante para todos los propietarios privados. O, por la negativa, representará la forma vinculante en la que se enumerarán todas las irregularidades y cómo sancionarlas. Este paso no comprende necesariamente la garantía del cumplimiento de las leyes y la ejecución de las disposiciones con carácter legal. Por ejemplo, existe una diferencia entre decretar laescolaridad obligatoria (9 años), controlar su cumplimiento (con inspectores) y garantizar, desde el estado, su factibilidad (proveyendo edificios escolares, docentes, etc.). Los acontecimientos de los últimos años muestran que incluso en este ámbito, en la actualidad, ni siquiera un ejército de inspectores alcanza para garantizar el control, la ejecución y el cumplimiento de las disposiciones. El aparato de control, de conciliación y de sanción necesario en este nivel de la actividad estatal (el aparato represivo, las instituciones policiales y militares) requiere, adicionalmente a su aparato administrativo, el equipamiento del estado con recursos financieros que le permitan pagar a los servidores del estado, crear instituciones, mantener aparatos y finalmente también, de acuerdo con sus atribuciones, contribuir con operaciones monetarias a garantizar el crecimiento económico libre de interferencias. Todo esto implica impuestos y la disposición sobre recursos de considerable cuantía.
            La particularización del estado es, por lo tanto, la base de la formación del estado como aparato, como suma de instituciones con un conjunto propio de “servidores” subsumidos por él, de servidores del estado. Si los intereses generales de los propietarios privados se convierten en los particulares del estado, entonces en esta formación del aparato estado en su conjunto y de sus responsables radica también la posibilidad de formación de intereses particulares por parte de los empleados al interior del aparato del estado.
 
            IV. Las funciones del estado y la forma del estado burgués
 
            Nuestro intento de caracterizar la forma del estado burgués como la esfera de la administración de los intereses generales, separada del ámbito de articulación de los intereses particulares de los propietarios de las fuentes de ingreso, incluye al mismo tiempo indicaciones para aclarar la relación entre la forma del estado y las funciones del estado.[108] Estas indicaciones tendrán como objetivo definir las funciones del estado de otra manera que mediante la enumeración de todo aquello que el estado concretamente hace. Lo empírico no es el punto de partida para la definición de las funciones del estado, porque conduce forzosamente a una colección extremadamente heterogénea de las más variadas políticas de intervención, regulación y represión, sino el concepto del interés general con sus definiciones arriba desarrolladas.
            De este modo se logra, en primer lugar, que la forma particular del estado burgués pueda entenderse como resultado de su función (la administración de los intereses generales), formulada en principio de la manera más general. Pero la relación no se puede revertir: no toda acción empírica del estado burgués o de sus representantes queda así acabadamente interpretada. Sino que el proceso de la formación de intereses generales, de su articulación, ejecución y administración a cargo del estado, como se explicó, comprende —en segundo lugar— al mismo tiempo, aspectos que justamente permiten estructurar la heterogeneidad de las acciones empíricas del estado burgués. Desde esta perspectiva, la función legislativa, las funciones relativas a la política educativa y policial, por ejemplo, no existen por separado una al lado de la otra, sino en un contexto específico; o nos parece posible, por ejemplo, enfocar el problema del cambio de apariencias de las actividades estatales partiendo de este punto de partida.
 
            1. Sobre la discusión actual acerca de las funciones del estado en E. Altvater y en el Projekt Klassenanalyse
            Respondiendo acerca de las funciones del estado burgués, E. Altvater enumera cuatro ámbitos con considerable participación del estado: “(1)  la creación de las condiciones materiales generales de producción (la ´infraestructura´); (2)  el establecimiento  y  la protección del sistema legal general, en el que tienen lugar las relaciones entre sujetos jurídicos en la sociedad capitalista; (3)  la regulación de los conflictos entre el trabajo asalariado y el capital y la opresión política de la clase trabajadora […]; (4) la protección de la existencia del capital nacional total y de su expansión en el mercado mundial capitalista”.[109] Sin embargo, con la mera enumeración se pierde la relación específica entre estos ámbitos de actividad del estado. Cuando se coloca, por ejemplo, al sistema judicial (n° 2) al margen de los instrumentos necesarios para cumplir las normas jurídicas (en parte, n° 3), y estos, a su vez, sin conexión con determinadas condiciones materiales de producción (n° 1) que pueden ser de interés tanto de los propietarios de la fuente de ingreso trabajo como de los propietarios de otras fuentes de ingreso, entonces se está pasando por alto la relación entre la administración de los intereses generales (que pueden subsumirse en el n°. 1, el 3, pero también el 4), la forma en la que estos se constituyen primeramente (n° 2) y los medios que permiten imponerlos (n° 2 y 3). La forma jurídica que adquieren los intereses generales cuando son regulados por el estado no expresa otra cosa que la generalidad en forma de validez general que hace iguales a los propietarios privados como ciudadanos. De este modo no se está incluyendo en este punto (n° 2) una función del estado, sino la resultante de la administración de los intereses generales, propia del estado; recién a partir de esta es posible derivar el aparato que es necesario para garantizar el cumplimiento de las leyes y disposiciones, castigar los comportamientos irregulares, etc.
            Las dos funciones que menciona el Projekt Klassenanalyse equivalen aproximadamente a una agrupación de las cuatro funciones en E. Altvater: a la creación de las condiciones generales de producción del capital se suma la función regulatoria, o bien, policíaco-militar: “con el desarrollo de los antagonismos sociales se produce al mismo tiempo la posibilidad de que la lucha organizada de la clase obrera quiebre la coacción silenciosa de las relaciones económicas. Como esta lucha debe salir inevitablemente del marco de los capitales individuales, adquiriendo cada vez más el carácter de una lucha de la clase obrera contra la clase capitalista, pero resulta imposible al capitalista individual controlar esta resistencia de toda la clase, es cada vez más el estado el que debe hacerse cargo de estas tareas. De esta forma se convierte directamente en instrumento para el mantenimiento del orden burgués mediante el uso de poder extraeconómico”.[110]
            Esta argumentación tomó como modelo simplemente a aquella, que se justifica parcialmente, por ejemplo, en la necesidad de crear ciertas condiciones generales de producción (tareas comunes) resultantes de los propietarios de fuentes de ingreso en competencia mientras que, simultáneamente, esa relación de competencia dificulta o imposibilita su realización en conjunto. Se trata aquí de condiciones inherentes y resultados de la competencia; siendo, en principio, indistinto el contenido de la competencia y la particularidad material de los propietarios que compiten en cada caso.
            En la argumentación del Projekt Klassenanalyse, sin embargo, no se trata de las relaciones de competencia dentro de los tres grupos de propietarios ni tampoco entre ellos, sino de la lucha, de la lucha de clases entre ellos. Y su condición es, justamente, la existencia de los respectivos grupos de propietarios como clase; lo que, a su vez, significa que sus relaciones de competencia, en las que cada uno de ellos quiere hacer valer sus intereses particulares, pasan a un segundo lugar y se priorizan sus intereses comunes como clase, al igual en la clase de los trabajadores asalariados que en la de los capitalistas. Su lucha es tendencialmente una lucha por el poder político y económico que ya no puede decidirse inmanentemente o disputarse con medios inmanentes. Entre la lucha de los propietarios de la fuente de ingreso trabajo por mejores condiciones de formación (condiciones de competencia) y la lucha de los trabajadores asalariados como clase (supresión absoluta de las relaciones de competencia) existe la diferencia cualitativa decisiva, que Marx expresó con el par conceptual “clase en sí” y “clase para sí”. En el primer caso —y no resultará necesario volver a poner de relieve en este contexto que ambos casos no pueden diferenciarse de este modo en lo empírico—, los trabajadores asalariados (en tanto propietarios de la fuente de ingreso trabajo) se refieren a la apariencia errónea del modo burgués de producción en la superficie. Es la esfera a través de cuyo desarrollo preliminar intentamos mostrar la esencia del estado burgués. En el segundo caso, los trabajadores asalariados (como clase y con la conciencia de ser la única fuente de valor y plusvalor) se refieren a las relaciones esenciales del modo burgués de producción y su expresión política: descifraron la superficie, comprendieron la esfera en la que se constituye el estado como esfera de la apariencia real. En esta etapa del desarrollo del proceso revolucionario, el estado burgués no puede ser para ellos lo que parece en la realidad, pues sus “intereses” ya coinciden con su perspectiva objetiva: combatiendo la relación de capital, combaten al mismo tiempo al estado, que solo partiendo de esa relación se comprende en su particularidad, determinada por el modo de producción capitalista. En consecuencia, la clase obrera se referencia al estado y a sus instituciones a lo sumo tácticamente, pero ya no engañada por la apariencia real. Y algo similar rige para los instrumentos y medidas que el estado burgués despliega en asociación con toda la clase capitalista ante el desarrollo del proceso revolucionario: porque el estado opera aquí y solo en esta situación excepcional como mero instrumento de la clase dominante, sin apartarse de los capitales individuales, sino con ellos y con su apoyo directo. Precisamente en esta reacción abierta del estado burgués como estado de clase desaparecen esos momentos que distinguen al estado capitalista respecto del que existía en todos los modos de producción precedentes; adquiere abiertamente la importancia que le correspondía en la antigüedad así como en el feudalismo. Así, no es asombroso que tampoco en condiciones de producción burguesas aparezca ya ese apartamiento del estado respecto de la sociedad, esa duplicación de la sociedad en sociedad y una esfera propia de la estatalidad, cuando el estado debe conducir una lucha aguda en la lucha de clases. También aquí se manifiesta la identidad del poder económico y político, presente inmediatamente tanto en la antigüedad como en el feudalismo. Se vuelve posible descubrir que lo particular del estado burgués, su separación respecto de la sociedad y su función de administrar los intereses generales de un modo que concibe a todos los individuos como iguales, es una apariencia errónea. O sea: solo donde la clase de los trabajadores asalariados comienza a reconocer la verdadera relación entre las tres formas de ingreso, donde se descubre, detrás de la apariencia errónea de la riqueza burguesa, a sí misma como su fuente, puede desenmascarar la esencia del estado burgués como la falsa apariencia del estado que caracteriza toda sociedad de clases. De esta manera se vuelve capaz de tomar conciencia de aquella esfera que oculta necesariamente los antagonismos sociales en el capitalismo y, en consecuencia, de comprender finalmente al supuesto adversario (el estado) como “instrumento” del verdadero adversario (el capital).
            En las formaciones sociales pre-capitalistas que se basan en el antagonismo de clases, existía “lo general como forma ilusoria de la comunidad” solo en forma metafísica, solamente en la religión. Así Marx pudo decir sobre el feudalismo: “la Constitución ha sido hasta ahora el ámbito religioso, la religión de la vida del pueblo, el cielo de su generalidad frente a la existencia terrena de su realidad”.[111] Y solo en tanto que los representantes del poder económico, en su función de representantes del poder político, se aseguraran la iglesia, podían ejercer sin luchas su poder político sobre las clases subalternas. El estado mismo era un estado netamente clasista que incorporaba la desigualdad económica: la relación de los respectivos súbditos con el estado no era igual, sino justamente desigual, y solo en tanto que la luz de la generalidad divina (la religión) lo hacía brillar, podía, a pesar de la desigualdad terrenal, reclamar el reconocimiento general en la conciencia de los individuos. La generalidad divina, metafísica, formaba, con su promesa de igualdad en el más allá y la exigencia de aceptar la pertenencia a una clase como querida por Dios, la “base”[112] de la constitución política, es decir, del estado feudal. La base de la igualdad era el reconocimiento general de la desigualdad y no la falsa conciencia de la situación económica. La conciencia del individuo respecto de su propia situación y desu relación con el estado (en tanto miembro de una clase) era clara y no oculta. Lo que se encubría era la valoración de las posibilidades de cambio y de las consecuencias individuales de aspirar a estos cambios (el purgatorio, etc.) y no se encubría necesariamente a la manera de una conciencia errónea, que puede derivar directamente de la situación económica, sino mediante el adoctrinamiento religioso.[113] En condiciones burguesas de producción, por el contrario, ya no se necesita más a la religión como fundamento de la constitución política de la comunidad sino, en el mejor de los casos, como una de sus “condiciones”.[114] En el proceso de la génesis (sistemática) del estado burgués se constituye aquella esfera de la igualdad, la libertad… como producto necesario de la apariencia de la distribución de la riqueza en la superficie de la sociedad burguesa. La relación de estado clasista (o bien, de estado feudal), como la expresión terrenal de la constitución política y de la religión, como base metafísica de la misma, no se repite de esta manera bajo condiciones capitalistas de producción. Ambos momentos del estado, como estado de clases y como estado que expresa la generalidad social, ya no se dividen en poder terrenal y promesa divina, sino que son en igual medida realidad terrenal y, al mismo tiempo, concilian una con la otra. El estado burgués es el estado de clases considerado en su totalidad; en el proceso de administración de los intereses comunes perpetúa en última instancia los antagonismos de clase. Pero como estado burgués solo puede actuar cumpliendo con su concepción cuando en realidad no aparece como lo que es.  Esto no quiere decir que el estado se revista con una segunda piel, un sustituto de la religión, para encubrir su “verdadero carácter”. El mismo modo burgués de producción crea esa esfera de igualdad y libertad en la superficie de la sociedad burguesa, como base terrenal del estado terrenal en la sociedad burguesa. El estado burgués se destaca justamente porque su carácter de clase solo puede mostrarse a los ciudadanos en forma mediata, y no como consecuencia de un adoctrinamiento ideológico, sino debido al proceso que los convierte en ciudadanos.  Si el estado burgués aparece como lo que es lo característico del estado como tal (es decir, de todas las sociedades de clase), entonces ya no puede seguir actuando como estado específico, burgués. Cuando los obreros ya no se entienden como propietarios de una fuente de ingreso, sino como miembros de una clase, ya no defienden los intereses que pueden ser administrados por el estado burgués como si fueran comunes, sino que dichos “intereses” incluyen la lucha contra las bases del estado burgués y, por consiguiente, contra este mismo. Si el estado no se encuentra bajo la “protección” de la esfera religiosa, ni bajo la “protección” de la superficie, en tanto esfera de igualdad y libertad reales, entonces queda desnudo; queda como negación política de la determinación objetiva del proletariado, y como tal, solo es efectivo en su faz policial y militar. Los medios para la consecución de los intereses generales administrados por el estado, los medios que deben controlar y garantizar el cumplimiento de las regulaciones y disposiciones, son recursos que, en la conciencia de sus usuarios, son utilizados en todo caso más intensamente, pero no en función de intereses cualitativamente distintos. Lo que cambia son los destinatarios; mejor dicho: el desarrollo de sus “intereses”. Entonces, ya no son los medios empleados a favor, sino en contra de ellos.
            El Projekt Klassenanalyse —para volver al punto de partida— nombra con las dos “funciones generales”, que en su opinión determinan “en esencia”[115] al estado, dos formas de la expresión política del modo burgués de producción que no se pueden abarcar con el término de “funciones estatales”. Son los dos modos polarizados de existencia del estado burgués, como expresión fáctica y adecuada de las particularidades del estado burgués (duplicación de la sociedad), por un lado, y como la negación instalada al mismo tiempo en el modo burgués de producción de esta diferencia específica del estado burgués, es decir, el estado como instrumento evidente de la clase dominante, por el otro. En opinión del Projekt Klassenanalyse, en esta segunda determinación, el estado debe “desacatar la ley para asegurar la continuación de la existencia de la dominación de clase”.[116] Pero justamente con esta caracterización queda de manifiesto que el Projekt Klassenanalyse no comprendió estos dos “niveles” del estado y cómo estos se concilian en la realidad. El estado no es “hacedor de leyes” en esa definición e “infractor” en la otra. Es primero necesariamente la clase obrera la que, en la medida en que tome conciencia como clase, debe violar aquellas leyes que solo se originan en sus intereses de superficie para asegurar y aprovechar óptimamente sus fuentes de ingreso, pero que sancionan sus “intereses” de clase como tendencialmente criminales. Para los representantes políticos de las leyes generales, la ocupación de una planta industrial es tan criminal como el hurto en una tienda; en ambos casos, se trata de la apropiación de propiedad ajena de una manera que no se ajusta a las formas de trato normales del mundo burgués. El Projekt Klassenanalyse, al entender esta forma más extensiva de la expresión de la violencia del estado, motivada por el movimiento del proletariado, como función específica del estado y ubicarla al margen de la primera función, demuestra, en nuestra opinión, que no capta justamente lo decisivo del estado burgués, a saber, la necesaria superación del carácter clasista del estado burgués en una forma que tergiversa su carácter de clase.
 
            2. Las funciones del estado y el análisis de las leyes económicas decisivas para la articulación e imposición de los intereses generales
 
            Pero el análisis de las funciones del estado tiene otra dimensión importante: con la respuesta a la pregunta acerca de cómo puede y debe llegar a incorporar, administrar y satisfacer los intereses generales en una forma que se separa del ámbito de producción y reproducción de los interesados, y cómo se les presenta este proceso a los interesados mismos, no se llega a explicar por qué determinadas demandas, cuyo contenido puede describirse concretamente y que pueden referirse a diferentes ámbitos y relaciones de la sociedad burguesa, adquieren el estatus de intereses generales y se imponen a través del estado –aunque truncos, con retrasos y modificaciones–. Hasta ahora logramos relacionar tales demandas concretas con cada uno de los tres intereses generales de los propietarios de las fuentes de ingreso, ahora quizás podemos determinar el nivel de contradicción que se pone en juego en la prosecución de un interés particular. Pero con las reflexiones efectuadas hasta el momento no es posible explicar por qué se materializan en lo empírico determinadas demandas, plasmándose en actividades del estado o incluso consolidándose en algunos casos como funciones estatales. Las políticas del estado en el ámbito de la educación y de la ciencia, sus funciones en los sistemas de transporte y de comunicación, la política económica anti-cíclica o esta o aquella regulación sociopolítica, etc., no se pueden explicar por la vía histórico-materialista bosquejada hasta ahora.
            Partiendo de la caracterización del proceso en la superficie, todo parece deberse solo a los actores, a sus voluntades, etc. Aún no dijimos hasta qué punto, a partir de un interés concreto, estos actores articulan algo —en una forma confusa, mistificada— que deben articular como máscaras de leyes económicas, y de qué leyes económicas se trata. En la superficie, en la conciencia de los agentes habituales de la producción y en los escritos de los apologetas científicos (los politólogos burgueses, etc.), esa pregunta por el POR QUÉ se responde únicamente en términos cuantitativos, es decir, en términos de grupos, clases, fracciones y su disposición sobre recursos de poder e influencia de todo tipo (desde la televisión hasta los instrumentos de opresión de naturaleza mucho más fuerte, pasando por el lobby). Pero, de esta manera, un fenómeno político solo se explica políticamente.[117] Si no se considera a cada decisión de los representantes del estado burgués como la expresión adecuada de un interés general que se impone momentáneamente, sino que se considera que, en lo empírico, el proceso de administración de los intereses generales se impone en un modo contradictorio, mezclado con desviaciones y medidas ocasionales, entonces la pregunta por las tendencias, o bien, por las leyes del modo de producción capitalista, escondidas detrás de los fenómenos políticos, se convierte en un interrogante plausible.
            (Marx mostró en el octavo capítulo del primer tomo El capital cómo detectar el hilo conductor en la confusa multiplicidad de decisiones, medidas, correcciones o revocaciones de decisiones que se manifiestan en lo empírico. En los intereses diferentes, y hasta cierto punto, cambiantes de cada uno de los dos grandes grupos de propietarios privados, comprobado por los testimonios históricos, se trasluce la tendencia a una autovalorización desmedida del capital. Más precisamente: detrás del interés articulado por los trabajadores en mantener y usar de manera continuada la propiedad fuerza de trabajo está el “interés” del capital total en el consumo productivo continuo de la fuerza de trabajo.)
            Responder a la pregunta de por qué una u otra medida se impuso y se terminó concretando después de una larga lucha invocando la fuerza de un determinado grupo de propietarios privados, solo echa luz sobre cómo se abre paso una tendencia que permaneció oculta a los interesados mismos, pero no se explica esta tendencia en sí misma ni tampoco por qué se hace valer con tanta envergadura justamente en esta fase. Para comenzar, esta pregunta por el “por qué” debe remitir a los puntos de referencia concretos de estas determinaciones, en resumen, a los intereses mismos, lo que nos obliga a abandonar la superficie del modo burgués de producción, ya que lo que se encuentra en discusión son las relaciones económicas básicas y las leyes que rigen los intereses generales articulados en la superficie. Desde el punto de vista metodológico, proceder de esta manera implica que nuestra argumentación se desarrollará a continuación en el nivel del capital en general o en el nivel de la competencia entre los capitales individuales. En este contexto, hay que llamar la atención sobre el hecho de que el nivel metodológico de la competencia, en el cual los “muchos capitales se imponen, entre sí y a sí mismos, las determinaciones inmanentes del capital”[118], no puede equipararse simplemente con la superficie de la sociedad burguesa, en la que las legalidades económicas aparecen en determinada forma invertida en la conciencia —y, en consecuencia, como parte del interés— de los individuos, sentando las bases para su actuación como sujetos privados, como propietarios privados. Si bien actúan en respuesta a las leyes a través de las cuales se impone la naturaleza del capital en la competencia, no son simplemente idénticas con estas leyes mismas. En la superficie de la sociedad burguesa, los individuos se enfrentan como individuos libres, determinados solamente por sus intereses privados; en la libre competencia no son los individuos “sino el capital quien se ha liberado” y “el movimiento de los individuos en el marco de las condiciones puras del capital se presenta (solo parece -la aclaración es nuestra, F. y H.-) como la libertad de los mismos”.[119] “Cuando se asevera que en el marco de la libre competencia los individuos, obedeciendo exclusivamente a sus intereses privados, realizan los intereses comunes o rather generales, no se dice otra cosa salvo que, bajo las condiciones de la producción capitalista, chocan recíprocamente y, por ende, que su colisión misma es sólo la reproducción de las condiciones bajo las cuales ocurre esa acción recíproca.”[120] Es decir que los individuos actúan subjetivamente siguiendo su interés como máscaras del capital, cuyas leyes de movimiento objetivas se imponen a sus espaldas. O, en otras palabras: tienen la libertad, como máscaras, de aprovechar el margen que los  diversos métodos de asegurar las fuentes de ingreso y multiplicar los ingresos les otorgan en cada momento histórico.
            Lo que aparece en la superficie como un interés más o menos general de los propietarios de distintas fuentes de ingreso debemos relacionarlo con el proceso capitalista total y sus leyes esenciales. Las respectivas fuentes de ingreso, que en la superficie solo pueden diferenciarse por su materialidad pero son cualitativamente similares en cuanto a su potencia económica, por lo tanto, deben ser consideradas, en sus formas de determinación económica, como muy diferentes unas de otras: el trabajo o la fuerza de trabajo, no como trabajo, sino en la forma del trabajo asalariado como fuente de valor y plusvalor; el capital, no como medio de producción producido o como dinero, sino como valor en proceso que asume diferentes formas a lo largo del proceso: capital productivo, capital en mercancías, capital dinerario; la tierra, ya no más como tierra monopolizada por el propietario de la tierra, que se considera solamente como medio de producción no producido, sino como condición social determinada para el proceso de producción y reproducción del capital.
            Si partimos de la fórmula de la circulación del capital (como circulación del capital dinerario):
            —MP
D — M                  …P… M’— D’,
            —FT
las fuentes de ingreso juegan un papel diferente en las diferentes fases de la circulación.
            En la producción misma, las tres fuentes de ingreso interactúan armoniosamente mientras, se analice el proceso de producción como proceso de trabajo. Sin embargo, ya en esta interacción material aparecen determinaciones dobles, que resultan de la determinación capitalista de este proceso de trabajo. Su sentido y finalidad es una extracción de plusvalor óptima; el medio, el incremento de la productividad del trabajo mediante numerosos métodos.[121] Estos últimos reaparecen como requisitos para las fuentes de ingreso: por un lado, deben combinarse en determinadas proporciones cuantitativas (surgidas de la composición técnica del capital) y, por otro, deben combinarse en una calidad específica en cada caso, es decir, las máquinas deben tener un determinado nivel tecnológico, los trabajadores disponer de determinadas cualificaciones, la tierra de una composición específica, etc. Ambos aspectos, tanto el cuantitativo-proporcional como el cualitativo, referido a las propiedades concretas y útiles, constituyen los componentes de la demanda de los capitales individuales en el mercado.
            En ambos actos de circulación aparecen a su vez las fuentes de ingreso: por un lado, como mercancías que se compran y venden, es decir, que deben ser vendibles; por otro, como requisito del acto de circulación, el dinero; y finalmente, en tanto que la circulación suceda no solamente en el tiempo, sino también en el espacio[122], la tierra, el agua, etc., como condiciones materiales del transporte. El imperativo central aquí no es la creación de condiciones óptimas para extraer el plusvalor, sino la realización del plusvalor. Para ambos actos de circulación, esto significa la mayor continuidad y libertad posibles en las condiciones temporales y espaciales para la circulación. Así surgen las demandas respecto del capital (dinero), la tierra y la fuerza de trabajo. El dinero debe ser intercambiable libremente, estar disponible en cantidades suficientes, en lo posible no sufrir pérdidas de valor; las condiciones materiales del transporte (las vías navegables, las carreteras, etc.) deben estar disponibles en cantidad suficiente y permitir un transporte rápido; la mano de obra debería estar en todo sentido dispuesta, líquida, etc. 
            Ya en esta primera instancia, con solo relacionar las fuentes de ingreso, separadas en la superficie, en lo fenomenológico, con el proceso general, se evidencia su carácter diferenciado como condición para el proceso capitalista total. La modificación de la fuerza de trabajo, antes aún debida solamente al interés expreso del trabajador, es ahora función —mediada como sea— de los cambios en el proceso capitalista de producción. Todos los esfuerzos de los propietarios de fuerza de trabajo para adaptar su capacidad de realizar un trabajo concreto y útil, así como su adaptación psíquica y física a las condiciones de la estructura de la demanda experimentada en la competencia, constituyen en principio un “consumo individual”, al igual que el proceso de reproducción declarado en el proceso de producción capitalista como disfrute de ingreso sin búsqueda de utilidad. Sin embargo, respecto del proceso capitalista total, “dentro de los límites de lo absolutamente necesario […] el consumo individual de la clase obrera es la operación por la cual los alimentos enajenados por el capital a cambio de fuerza de trabajo, se reconvierten en fuerza de trabajo nuevamente explotable por el capital. Dicho consumo es, por consiguiente, producción y reproducción del medio de producción más indispensable para el capitalista: el obrero mismo. El consumo individual del obrero sigue siendo, pues un elemento de la producción y reproducción del capital… El hecho de que el obrero efectúe su consumo individual en provecho de sí mismo y no para complacer al capitalista, nada cambia en la naturaleza del asunto”.[123]
            Recordemos cómo se desarrolló la argumentación hasta este punto: las tres fuentes de ingreso aparecen primero en una función económica diferente (como mercancía, como medios de producción, como medios de circulación…) en la producción y en la circulación. Se les plantean determinadas exigencias cuantitativas y cualitativas, que se definen en la producción en general por las leyes de la extracción óptima de plusvalor (incremento de la productividad) y en la circulación en general por las leyes para la realización óptima del plusvalor (continuidad, libertad). Para modificar, preparar y condicionar las condiciones materiales de la producción y la circulación de acuerdo a los requisitos que de allí resultan, se requieren medios que pueden definirse de un modo diferente para cada una de las tres fuentes de ingreso y de acuerdo a su respectiva función: la fuerza de trabajo exige una cualificación determinada que presupone procesos de formación e instituciones; exige una determinada constitución física que supone la existencia de un sistema de salud, etc.; los medios de producción presuponen que existan las ciencias naturales, cuando se trata de abordar su nivel técnico, etc.; la tierra exige un determinado grado de preparación que debe asegurarse mediante la canalización, la conexión a las redes de agua potable, electricidad y transporte, etc.
            Pero nuestra pregunta de partida no se refería a cada fuente de ingreso en determinados momentos del proceso capitalista total de producción y circulación, sino que apuntaba a las causas económicas fundamentales de la articulación y la administración de los intereses generales. Por consiguiente, se trata de derivar determinados cambios, que se hicieron necesarios, en las correspondientes condiciones de producción y circulación, más precisamente, aquellas modificaciones que no se deben solamente a las condiciones específicas de valorización de un capital individual y solo afectan a algunos pocos capitales, sino que atañen al proceso de producción y reproducción del capital total. Cuando el proceso de desarrollo del modo capitalista de producción se encuentra en el correspondiente estado de desarrollo de las condiciones de producción y circulación con obstáculos[124] que se manifiestan como limitaciones al desarrollo del capital total, está dada la base a partir de la cual se hace posible articular intereses como generales y que su administración estatal se convierta en una necesidad objetiva. Desde el punto de vista metodológico, esto significa que el concepto general del capital ya lleva implícitos los motivos para la aparición de limitaciones a su auto-utilización desmedida. Cuando Marx realiza este desarrollo conceptual en los tomos I y II de El capital hasta el punto en el que la realidad y el concepto se funden, explica estos obstáculos como límites al despliegue histórico y/o sistemático del capital hacia su forma perfecta (la subsunción real) en el desarrollo conceptual. Se trata, en parte, de los párrafos de los dos primeros tomos de El capital donde hace o se ve obligado a hacer digresiones referentes a la competencia de los capitales individuales.[125] Pues “todos los momentos del capital que aparecen implícitos en él si se le considera según su concepto universal, adquieren una realidad autónoma, y se manifiestan, tan sólo cuando aquél se presenta realmente como muchos capitales. Es solamente ahora cuando la viviente organización interna, que tiene lugar en el seno de la competencia y gracias a ella, se desarrolla ampliamente”.[126] Así se encuentran dispersas en todos los tomos alusiones a los obstáculos y a las condiciones generales para su superación, con referencia a la fuerza de trabajo, a la tierra, a los medios de producción y al dinero:  se alude a las leyes fabriles, a las cláusulas sobre educación y salud en el contexto de los límites naturales de la capacidad humana de trabajo[127]; la ciencia aparece especialmente en aquellos puntos donde hay limitaciones a la valorización del capital mediante el incremento de la carga laboral al trabajo[128]; la regulación del uso de la tierra, del agua y de los bosques se aborda en relación con la renta básica, entre otros aspectos[129]; y cuando se trata la circulación, la mayoría de las alusiones se refieren a limitaciones naturales, tradicionales e impuestas por el capital mismo a las funciones dinerarias.[130]
            Lo que quiere mostrarse es:
            Primero, la prosecución de un interés general no depende en primer lugar de la cantidad de aquellos que perciben esta limitación de modo directo como un obstáculo al aprovechamiento de la propiedad privada, sino de la relevancia de esta limitación para el proceso de la producción y reproducción del capital total. (En este punto se evidencia la incompatibilidad entre la idea burguesa de democracia, fundada en definiciones cuantitativas, y la necesidad, ajena a menudo a las relaciones de mayoría cuantitativa, del estado burgués de imponer aquellos intereses que no encontrarían un respaldo mayoritario por parte del pueblo. Por un lado, la democracia burguesa es la forma más adecuada para el estado capitalista de imponer los intereses y ejercer la política, ya que adopta el principio de la igualdad en su forma más pura; por el otro, este concepto burgués de democracia necesariamente entrará en contradicción con la necesidad de hecho de considerar aquellos intereses que reflejan la limitación al proceso de reproducción del capital total, que se manifiesta más claramente en lo económico, cuando son intereses articulados solamente por un lobby pequeño. Esta contradicción se hace tanto más evidente cuanto más polarizado se vuelva el enfrentamiento entre las dos clases principales y —debido a eso— cuanto más se reduzca en los reclamos de los trabajadores la diferencia entre sus intereses como propietarios privados del trabajo y los “intereses” de clase.)
            Segundo, la prosecución de un interés general no depende primariamente de la naturaleza material de la condición de producción y circulación que se convierte en limitación. Son decisivas las leyes económicas que transforman en obstáculo un determinado estado de las condiciones de producción y circulación. La fuerza de trabajo humana, por ejemplo, en un estado de limitación mental, no es en sí un obstáculo, sino únicamente cuando el proceso de producción exige capacidades intelectuales.
            Tercero, queda claro que las leyes económicas generales, que convierten en obstáculo cierta naturaleza de las condiciones de producción y circulación, solo pueden conducir a un enfoque explicativo común al precio del desvanecimiento de las categorías explicativas en ideas abstractas sumamente débiles (creciente socialización, creciente agudización de la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción…).
            Cuarto, queda finalmente en evidencia en este punto que ya no existe en nuestro contexto la obligación metodológica de alcanzar una derivación general de las actividades estatales específicas. Esta resulta exclusivamente del intento de derivar el estado burgués (en caso de que no sea de una función —véase Müller y Neusüß) mediante una argumentación que abarque todas sus funciones específicas concretas. Para este fin se forzaron los conceptos de “condición general de producción”, o bien de “marco general de la producción”, de modo que terminaron vaciándose.[131]
            En cierta forma, volvemos así al principio de nuestro trabajo, donde criticamos en forma provisional la derivación del estado de E. Altvater y del Projekt Klassenanalyse. Decíamos, entre otras cosas, que la derivación por medio de las condiciones generales de producción podría considerarse válida, en el mejor de los casos, como prueba para las dificultades de la producción en condiciones de competencia. El paso de la definición por la negativa a una positiva no se habría realizado hasta ahora. Volvemos a encontrarnos con las dificultades (limitaciones a la reproducción del capital total), pero por otro camino, que justamente encuentra su punto de partida en la comprobación de la posibilidad positiva de esforzarse para reducir las limitaciones (mediante la administración de los intereses generales). Metodológicamente, esto no significa otra cosa que decir que la esencia del estado burgués no puede comprenderse simultáneamente con la explicación de determinados contenidos concretos a los que se debe dedicar (funciones del estado). Las funciones del estado, es decir, los ámbitos a los que se dirige la política estatal y que se visualizan en la organización de áreas temáticas y de ministerios, no son constitutivas de la esencia del estado burgués sino que, a la inversa, el abanico de los ámbitos a los que se dirige la política estatal recién puede analizarse cuando se parte de un concepto del estado burgués que contiene, además de la caracterización de la forma del estado burgués, la enumeración de las condiciones generales de la génesis de las funciones del estado (la administración de los intereses generales).

 

 
 
 
Relación con el proceso de producción y circulación
Condiciones para el aprovechamiento óptimo de la extracción y realización del plusvalor
Recursos y condiciones para modificar, preparar y condicionar las condiciones
Fuerza de trabajo
a)      consumo en la producción
 
b)      relación libre de la fuerza de trabajo con diversos capitales individuales (liquidez)
a)      Constitución física, estado psíquico y moral, cualificación específica.
b)      Cualificación general, independencia (véase relación familiar, etc.), flexibilidad con respecto al lugar de trabajo
a)      Salud, educación y formación (profesional).
 
b)      Formación general, legislación familiar, etc.
Tierra
a)  a) como parte del capital fijo:
aa) industrial
ab) agrícola
     b) base para el transporte
aa) civilización
ab) fertilidad
  b) determinada composición del suelo, etc.
 
A a) amplia red de abastecimiento de electricidad, agua, desagües, etc.
ab) agronomía, etc.
 b) (“dado por la naturaleza”)
Capital
(medios de
producción)
consumo en la producción
nivel técnico (productividad, durabilidad, fácil operación…)
Ciencias naturales, tecnología, en parte también fisiología y ciencia de las relaciones laborales
Capital
(dinero)
medio de pago
(crédito)
conmensurabilidad,
reconocimiento de reclamos de deudas, etc.
derecho financiero, regulación crediticia,
regulación aduanera internacional,
regulación de los tipos de cambio
 

 

                 1. Un ejemplo: la formación
            Queremos retomar la relación entre el estado burgués y las condiciones de producción o de circulación, respectivamente, que se trató hasta aquí en forma abstracta y metodológica, pero ahora sobre la base del ejemplo de la educación y la formación. No partimos ahora de la aparición de determinadas demandas de formación en los intereses concretos de determinados propietarios privados como se manifiestan en la superficie de la sociedad burguesa. Es decir que no nos preguntamos, por ejemplo, qué “hay detrás” de la demanda de igualdad de oportunidades en la formación, como se plantea desde hace algún tiempo desde distintas perspectivas, o cómo debe posicionarse el estado obligatoriamente ante esta demanda. Más bien intentamos —solo de una manera preliminar— señalar, a partir del concepto general del capital, los rasgos elementales que adquiere la formación en el modo capitalista de producción, para señalar, con definiciones cada vez más concretas, el marco en el cual el estado burgués debe asumir funciones relacionadas con la formación. (De paso hay que señalar que con este intento pretendemos esbozar a grandes rasgos una derivación general de la necesidad de estatizar los procesos de formación, más allá de que estemos refiriendo a ejemplos históricos concretos, que Marx introduce en el capítulo I. Cómo se impone este proceso históricamente en cada momento, y en qué medida, con cuáles tendencias contrarias, en qué períodos, etc., solo puede dilucidarse mediante estudios empíricos.)
            1. Ya a nivel del concepto general del capital, la categoría de trabajo asalariado como trabajo asalariado doblemente libre implica la necesidad de modificar la capacidad natural de trabajo. La definición capitalista de la forma del trabajo como trabajo asalariado implica, sin embargo, la libre disponibilidad solo en el sentido del uso de la fuerza de trabajo siguiendo las necesidades cambiantes de la explotación. La liquidez del capital, como definición contenida en el concepto general del capital, que se refiere a la indiferencia “respecto de la especificidad de cualquier esfera productiva[132], o bien “respecto del carácter específico del proceso de trabajo, del cual se apropia”, implica “la misma fluidez o variabilidad en el trabajo, o sea, en la capacidad del trabajador de aplicar su capacidad de trabajo”.[133]
            2. Esta necesidad de modificar la capacidad de trabajo, contenida en el concepto general, en el sentido de una capacidad variable de aplicación, opera en contra de los cambios en la organización del trabajo a lo largo del desarrollo del modo de producción capitalista. Luego de señalar la relación entre la liquidez del capital y la variabilidad de la capacidad de trabajo antes citada, Marx señala “que el mismo modo de producción capitalista crea esos obstáculos económicos que se oponen a su propia tendencia”.[134] Con esto se está refiriendo a aquellos fenómenos de destrucción de la fuerza laboral en edad infantil que se deben al desarrollo de las maquinarias. De esta manera, el capital no (solo) infringe las leyes de la humanidad, sino las que rigen la valorización del capital por medio de la fuerza laboral. Impidiendo tendencialmente la reproducción física, psíquica y de calificación de la capacidad de trabajo, el capital, en condiciones de subsunción real del trabajo al capital, se crea a sí mismo una limitación a la valorización del capital, que se presenta como obstáculo a la capacidad variable de uso de la capacidad de trabajo. Por lo tanto, mientras la división del trabajo no haya vuelto totalmente monótona la capacidad de trabajo, “en principio el trabajador libre está predispuesto y sujeto a cualquier variación de su capacidad y actividad laborales que le prometa un salario mejor”.[135]
            3. Este obstáculo, que puede mostrarse en términos generales, adquiere relevancia social apenas la forma de organización del trabajo, que constituye su base, se convierte por la competencia misma en la forma promedio del proceso de trabajo en la sociedad.[136] La carencia de capacidad de trabajo aplicable en forma variable se convierte tendencialmente en una barrera perceptible en el proceso de reproducción del capital total. (El vagabundeo de niños, el abandono moral, etc., fueron efectos históricos secundarios.) Una educación que crea las condiciones generales para la aplicación variable de la capacidad de trabajo se convierte en necesidad real.[137]
            4. Los límites para la reproducción del capital total se les presentan en un primer momento a la propia mano de obra o bien —si se trata de niños— a sus padres. Ellos ya no pueden vender su fuerza laboral, ya no pueden usar su propiedad, porque es destruida por otros propietarios. El interés en la educación se articula a través de conflictos y luchas, y con la creciente fuerza explosiva de las consecuencias de la falta de educación se convierte en interés general, administrable por el estado. Como en esa época —esta era una particularidad histórica, pero con una importancia sistemática para la relación entre el estado y la educación— no había un sistema constituido de educación pública y como, incluso, las causas de embrutecimiento de la naturaleza infantil afloraban abiertamente, ese interés estaba dirigido al estado, pero solo con la intención de que forzara a los culpables, a los propietarios del capital, a garantizar este mínimo de educación. [“El fabricante es responsable del cumplimiento de la ley. La educación fabril es obligatoria, y es parte de las condiciones de trabajo.[138]]
            5. La ley se promulga. No importa cuán pobre y poco entusiasta resulte finalmente[139], representa igualmente una victoria de los intereses de los propietarios de la fuerza de trabajo, una primera protección contra el aprovechamiento ilegítimo de la fuerza de trabajo.
            Metodológicamente, habría que observar aquí que, en este punto, el estado debería incorporarse mediante un camino especial de derivación. Prescindimos de hacerlo porque la derivación aún está presente. Solo es importante volver a confirmar que, con los pasos 1 a 4, se deriva únicamente la génesis sistemática del interés de un grupo de propietarios en la protección de la propiedad, es decir, que reconstruimos un interés específico a modo de ejemplo, partiendo del concepto general de la producción de plusvalor y siguiendo su concreción hasta la superficie.
            6. El control de la ejecución de estas leyes, que en un primer momento se referían a algunas ramas de la producción, hizo necesario generalizar las leyes fabriles a otros ámbitos: “Las circunstancias decisivas (para esta generalización, la aclaración es nuestra) son, en último término, dos: la primera, la experiencia siempre repetida de que el capital, apenas queda sometido a la fiscalización del estado en algunos puntos de la periferia social, se resarce tanto más desenfrenadamente en los demás;  la segunda, el clamor de los capitalistas mismos por la igualdad en las condicione de competencia, esto es, por trabas iguales a la explotación del trabajo.”[140] Este control implica recursos financieros del estado y representa la base para la creación de instituciones (por ejemplo, los comisarios del estado o inspectores de trabajo, que —por oficio— debían tener empatía con la clase trabajadora)[141] para “las prestaciones” que resultaran de la administración de los intereses.
            7. El siguiente paso sistemático nos llevaría a las limitaciones impuestas por el capital total a la producción de las cualificaciones demandadas por parte de los capitales individuales.
            ¿Por qué el estado no solo promulga leyes referentes a la educación, sino que también debe hacerse cargo de los contenidos de la educación / formación y de su materialización? Y ¿representa esta situación, habitual para nosotros hoy en la República Federal de Alemania, un caso especial o una tendencia general? No podemos responder estas preguntas en el marco de este trabajo. Pero queremos mencionar que, desde el punto de vista metodológico, también aquí –como sucedió en el punto 5– debe fundamentarse la subsunción necesaria de partes de la formación, no solo en cuanto a lo legislativo, sino también a lo curricular y a lo financiero / material, partiendo de argumentaciones separadas.
            8. Finalmente, uno podría preguntarse —anticipándose a la interpretación del ejemplo de la “construcción de carreteras”[142]—, en qué se manifiesta la tendencia a una creciente subsunción de las condiciones de producción en el área de la instrucción / formación, establecidas antiguamente por el estado, a los capitales individuales, como afirma Marx. Aquí no habría que mencionar algún invento de privatización de la formación, sino la llamada industria de la educación, es decir, el hecho de que el material didáctico y las condiciones son producidas de modo capitalista, no la cualificación (véase la conexión entre los puntos 1 - 8 del siguiente esquema).
 
 
Cuadro de texto: 1.	Necesidad general de la capacidad de uso variable de la fuerza de trabajo a partir del concepto general del capital.
Cuadro de texto: 2.	El capital mismo crea limitaciones económicas. La capacidad variable de uso se convierte en necesidad real.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Cuadro de texto: 2.	Necesidad general de la capacidad de uso variable de la fuerza de trabajo a partir del concepto general del capital.
Cuadro de texto: 3.	El capital mismo crea limitaciones económicas. La capacidad variable de uso se convierte en necesidad real.
Cuadro de texto: 3. Se reconoce socialmente la limitación y esta comienza a poner en peligro la reproducción social. La educación general surge como medio para superar la limitación.
Cuadro de texto: Condiciones históricas específi-cas en el proceso de consecución del interés.
Cuadro de texto: 6. Control de la ejecución de la educación por parte del Estado.
Cuadro de texto: Derivación de los motivos por los que el Estado interviene en la educación en otra forma que la jurídica, y debe actuar él mismo como organizador.
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            IV. El significado del ejemplo de la construcción de carreteras en la discusión sobre el estado burgués
 
            En esta última parte no se tratará de seguir el desarrollo –sistemático o histórico-concreto- de las reflexiones de las anteriores partes. Su eje será la interpretación del apartado de los Grundrisse[143]donde Marx utiliza el concepto, que actualmente es un constituyente conceptual común del estado burgués, de “las condiciones generales de la producción”[144] o “condiciones generales, colectivas de la producción social.” [145] Sin embargo, la referencia a este apartado en Marx presenta algunas dificultades. En primer lugar, muy a menudo se introduce al estado a través de esas “condiciones generales de producción”, separándose del texto, y se constata un “incremento” en las actividades del estado, en las funciones del estado o en sus intervenciones en la actualidad, aunque justamente esta constatación —que es justificada mediante indicadores empíricos como el creciente aumento de la participación del presupuesto estatal en el producto social, la multiplicación de las instituciones estatales, de los servidores del estado, etc.— entra ya a primera vista en considerables conflictos con declaraciones que hace Marx en este apartado de los Grundrisse que se utilizó en mayor o menor medida para la reconstrucción de su teoría del estado. Allí dice: “el más alto desarrollo del capital ocurre cuando las condiciones generales del proceso social de producción no se crean a partir de una deducción del rédito social, de los impuestos estatales —donde es el rédito, y no el capital, el que aparece como labour founds [fondo de trabajo] y el obrero, aunque es un asalariado libre como cualquier otro, desde el punto de vista económico, está sin embargo en otra relación—, sino del capital en cuanto capital”.[146] Más confuso se vuelve el asunto cuando se intenta descubrir en el texto la sucesión de diferentes “fases”. Así, por ejemplo, se dice que, primero, las condiciones generales de producción se habrían creado en forma privada, luego que el estado debía ocuparse de ellas [147] y, finalmente, que los capitales habrían vuelto a subsumir su producción bajo su propia órbita.[148] Es decir: al principio, el estado debía hacerse cargo de su producción y, con el creciente desarrollo de la relación de capital, los capitales mismos se ocuparían de la producción de las condiciones generales de producción. Si se mantuviera esta interpretación y se adoptara como ley general respecto de las funciones del estado o de las condiciones generales de producción, entonces la expansión del sector estatal en la formación, por ejemplo, resultaría tan inexplicable como la expansión cuantitativa de condiciones de infraestructura para la producción y reproducción capitalistas reguladas por el estado. O se calificaría —precipitadamente, como se comprobó— la fundación de una sociedad científica de responsabilidad limitada como primer indicador empírico de la creciente externalización de la producción de la ciencia básica respecto de la esfera estatal.[149]
            Nosotros, en cambio, opinamos que este pasaje de los Grundrisse no debe generalizarse ni tampoco convertirse en la base de una teoría del estado, pues este intento acabaría —mediante una interpretación provisoria del texto— justamente en una teoría de autodisolución del estado burgués. Una interpretación del texto que busca encontrar una sucesión de fases pasa por alto la posición secundaria de este pasaje en los Grundrisse y se enreda en contradicciones, pues ya ha introducido al estado a través de la necesidad de crear las condiciones generales de producción. La diferencia[150] entre la administración de los intereses generales como codificación y como garantía material y de contenido (creación, producción) está ausente.[151] El estado solo es comprendido en la segunda determinación, la que, en nuestra opinión, solo puede ser consecuencia de la primera, siendo, en principio, indistinto si en este pasaje Marx había pensado o no en una diferenciación de este tipo en la relación entre el estado y las condiciones generales de la producción.
            Por eso, a continuación: 1° abordaremos el significado de este pasaje de los Grundrisse, 2° realizaremos un pequeño análisis de su contenido, especialmente de las “fases”, y 3° nos preguntaremos si en él se encuentran afirmaciones que pueden ser generalizadas e, incluso, leyes generales.
 
            1. El significado del ejemplo de la “construcción de carreteras” en el marco del desarrollo del concepto del capital
 
            El propio Marx declaró que este pasaje tan citado es una “digresión”[152], que parte de la discusión sobre las leyes generales de la circulación capitalista. Después de una primera explicación de la circulación del capital[153] y mientras analiza la circulación desde el punto de vista cuantitativo (del tiempo de circulación)[154], Marx se tropieza con la cuestión de cómo situar en esta el tiempo de transporte.
            ¿La superación de la distancia espacial entre el lugar de producción y el mercado, forma parte del tiempo de producción o del tiempo de circulación? O, formulado de otra manera: “conforme a los principios que hasta ahora hemos enunciado, ¿puede extraerse una plusvalía sobre los costos de transporte?”[155] Y es justamente aquí que empalma el pasaje que a nosotros nos interesa y que en el índice se presenta adecuadamente como “costos del transporte”[156] y no, por ejemplo, como “Las condiciones generales de la producción y el estado burgués”. Los ejemplos de la construcción de carreteras, canales, ferrocarriles, etc. no son, por lo tanto, ejemplos cualesquiera que podrían sustituirse por la formación, la salud, la protección del medio ambiente, la asistencia social, la policía, etc., sino que son ejemplos elegidos conscientemente de “medios de transporte y comunicación”[157], denominados condiciones generales de la producción. La cuestión que le importa a Marx exclusivamente en este punto es: ¿en qué condiciones el estado burgués debe intervenir en la producción de medios de transporte y comunicación y en qué condiciones estos se transforman en una esfera de inversión lucrativa para los capitales?
            Así que no puede sorprender que Marx le haya concedido a esta relación solo un pequeño espacio en el segundo tomo de El capital.[158] Además, en los propios Grundrisse rechaza explícitamente toda interpretación amplia de la relación descrita en la “digresión”: “Solo que, paralelamente, se ha abierto ante nosotros la perspectiva -que a esta altura de las cosas aún no podemos trazar rigurosamente- de una relación específica entre el capital y las condiciones generales, colectivas de la producción social, a diferencia de las del capital particular y de su proceso particular de producción”.[159]
Los medios de transporte y comunicación satisfacen una “necesidad socialmente definida”, son parte de aquellos medios “que [el individuo; la aclaración es nuestra, F. y H.] satisface y experimenta colectivamente, con otros –y cuyo modo de satisfacción es, por su naturaleza, social- […]”.[160] Por lo tanto, se trata de cosas que, en tanto únicas y específicas y debido a su carácter material específico, pueden ser usadas por muchos en tanto que sirven para la comunicación. Con esto se excluye que los fabricantes de mercancías o aquellos individuos que tengan la necesidad de un transporte y de una comunicación que supere espacios, establezcan su propia red de comunicación o construyan su propia red de carreteras, pudiendo subsumirse dentro de esta categoría el transporte de mercancías del lugar de producción al mercado y el transporte de la fuerza de trabajo del lugar de reproducción al lugar de producción así como también el uso de los medios de transporte y comunicación con fines netamente productivos. Sin embargo, considerando el contexto de todo el pasaje, se trata solo de las condiciones materiales de la circulación y del consumo productivo del capital, así como de las limitaciones que resultan de esta relación para la valorización del capital, actuando, en un principio, el propio tiempo de circulación como limitación: “la expansión y la contracción del tiempo de circulación actúa como límite negativo sobre el contraerse o expandirse del tiempo de producción o del grado en que un capital de una magnitud dada funciona como capital productivo. […] Por tanto, el tiempo de circulación del capital limita en general su tiempo de producción y en consecuencia su proceso de valorización”.[161] Si bien el transporte conceptualmente forma parte de la producción, ya que “[el producto, la aclaración es nuestra, F. y H.] solo se encuentra en circulación económica una vez que puede hallársele en el mercado”[162], desde el punto de vista del capital el tiempo de circulación es igual al tiempo de trabajo “que se requiere como condición del proceso productivo”.[163] Este constituye una limitación de la misma manera que el tiempo de circulación, pues retrasa el proceso de operación productiva del capital.[164] Al analizar las posibilidades de superar esas limitaciones, Marx se pregunta luego hasta qué punto la fabricación de determinados medios de transporte y comunicación, cuyo consumo solo es posible de una manera compartida (de carreteras, no de autos; de canales, no de barcos; etc.) puede ser lucrativa para el capital individual (contrastando, en ese entonces, con el consumo de la red ferroviaria y de los ferrocarriles, que sí eran de uso individual).[165]
            Los obstáculos con los que generalmente se encuentra la fabricación de medios de transporte y comunicación por parte de los capitales individuales (y que solo pueden ser compensados según la demanda) radican en la naturaleza del producto mismo. Una carretera es un producto de “naturaleza continua”, es decir, el proceso de trabajo “se extiende a lo largo de un número mayor de procesos laborales diarios que, al unirse, en la continuidad de su operación, sólo suministran un producto terminado”.[166] El resultado de este período de trabajo más largo —y en esto se evidencia la diferencia entre el capital fijo y el circulante “en su importancia práctica”[167]­—  consiste en la prolongación de la velocidad de circulación. Es decir, diariamente debe adelantarse nuevo capital para adquirir los componentes circulantes del capital, aunque —dejando de lado, por un momento, las condiciones de la venta de una carretera— aún no se haya recuperado nada del capital. Cuanto mayor es el desembolso de capital durante un período más largo, es decir, para la producción de productos de naturaleza continua, tanto mayor es, por supuesto, el riesgo. Sin embargo, el problema ya comienza con el anticipo del capital mismo. “En los estadíos menos desarrollados de la producción capitalista, las empresas que requieren un período de trabajo prolongado, y por ende un gran desembolso de capital por un lapso considerable, sobre todo si sólo se las puede ejecutar en gran escala, no se llevan a cabo en absoluto de manera capitalista, como ocurre, por ejemplo, con rutas, canales, etc., que se construyen a cargo de la comunidad o del estado (en tiempos más antiguos, mediante trabajos forzados, en lo que respecta a la fuerza de trabajo). O bien aquellos productos […] sólo son fabricados mínimamente por el propio patrimonio del capitalista. Por ejemplo, en la construcción de casas, el particular para quien se construye la casa la paga, por porciones, adelantos al contratista. […] En cambio en la era capitalista desarrollada en que, por un lado, capitales enormes están concentrados en manos de individuos y por otro, junto a los capitalistas individuales aparece el capitalista asociado (sociedades por acciones) y al mismo tiempo el sistema crediticio está desarrollado, un contratista capitalista sólo excepcionalmente construye por encargo, para particulares aislados.”[168] En el caso de los productos que requieren un prolongado periodo de trabajo, su fabricación o la manera en que se reúnen los adelantos de capital necesarios para producirlos se regula de distintas maneras, según el estado de desarrollo de la relación de capital: mediante el trabajo forzado, el anticipo del capital a partir de recursos impositivos o por parte de las personas particulares que hicieron el encargo, a través del crédito, mediante sociedades anónimas, etc. No obstante, en los ejemplos no se trata solamente de productos que se distinguen a partir de las dos definiciones que caracterizan a los medios de transporte, consumo compartido y prolongados períodos de trabajo, sino siempre únicamente a partir de la última de las dos. Allí donde coinciden ambas definiciones (construcción de carreteras), la producción para el mercado (como, por ejemplo, en el caso de las casas para personas particulares) no puede funcionar, a no ser que todos los potenciales consumidores se unieran en una cooperativa de consumidores. En las definiciones arriba desarrolladas de la relación entre el tiempo de producción y el de circulación, en las que aparece el transporte como limitación, debiéndose mantener el anticipo de capital lo más bajo posible, la idea de una cooperativa de consumidores constituida por capitales individuales que conjuntamente financien la construcción de las carreteras parece ser una idea absurda. (Y es más: el desplazamiento del capital requiere que haya otras vías de transporte; sin embargo, lo que cada uno había pagado, ya no se lo puede llevar bajo el brazo). En esta situación, la norma es que el estado anticipe el capital mediante impuestos.
            Resumamos.
            Lo que a Marx le importa son las condiciones para la producción de los medios de transporte y comunicación, que pueden caracterizase mediante las definiciones de “consumo compartido” y “período de trabajo prolongado”. Las limitaciones y los obstáculos para la producción, la circulación y el consumo de los medios de transporte y comunicación (gran adelanto de capital, después de la compra ya no puede manejarse como una propiedad privada material común, etc.) se pueden derivar de estas dos definiciones. En suma, las condiciones desarrolladas dicen más sobre las leyes de valorización del capital y sobre la importancia del capital fijo y circulante en el proceso de valorización que sobre la relación entre el estado y el capital individual.
           
2. La teoría de las “fases”
 
Una vez aclarada la significación del citado pasaje, ya no deberían desconcertarnos las declaraciones sobre las fases en el desarrollo de la producción de los medios de transporte y comunicación. Queda resuelta la tarea de tener en cuenta en cada una de las fases establecidas los conocimientos generales o los hechos empíricos acerca del desarrollo de la producción de otras condiciones generales de producción. Ahora se trata simplemente de la construcción de carreteras y similares; y el propio Marx utiliza aquí sus conocimientos de historia para graficar.
            Comienza con la enumeración de los modos de producción de calles, carreteras, canales, etc., que aún no están definidos en general por la relación de capital: “Por lo demás, las vías de comunicación estuvieron a cargo originariamente de la entidad comunitaria y más tarde, por largo tiempo, de los gobiernos, como simples deducciones de la producción; derivan del plusproducto colectivo del país […]”.[169] También indica cómo este proceso se lleva a cabo: mediante la distribución del trabajo dentro de la comunidad, según la regulación colectiva (trabajo social directo) [170]; mediante el sometimiento a la servidumbre por parte del estado o, en sociedades más desarrolladas, con un estado también más desarrollado, mediante impuestos, lo que en principio no cambia nada respecto del principio de que siempre se trata de “una transformación forzada de parte del plustrabajo o del plusproducto del país en caminos”.[171] Si bien las últimas dos formas también se presentan en el contexto de la producción capitalista[172], no alcanzan para que los modos de producción de las comunicaciones sean caracterizados como modos determinados por el capitalismo. Tampoco es posible caracterizarlos por medio de este procedimiento histórico-descriptivo. Aquí solo podría constatarse que, por ejemplo, los objetivos que el estado feudal perseguía con la construcción de carreteras habían sido puramente militares, pero que, objetivamente, promovía así considerablemente el desarrollo —espacial— de la relación de capital; que, a pesar de la eliminación de los modos de producción y de las formas de gobierno feudales, por supuesto, se siguen construyendo carreteras y se debe regular esta construcción, la reparación y el uso de las carreteras, y que estas tareas se siguen haciendo en un primer momento, desde luego, como se hacían históricamente, etc.[173]
            Lo que entonces puede entenderse fácilmente como una primera “fase” del desarrollo de la producción de medios de transporte y comunicación no es otra cosa que la caracterización ilustrativa de un punto de partida histórico o de las posibilidades capitalistas de organizar y ejecutar la construcción de carreteras.
            Recién cuando los medios de transporte y comunicación aparecen sistemáticamente en el desarrollo del concepto de capital como limitaciones a la producción o a la realización del plusvalor, la cuestión de su determinación capitalista se convierte en un problema. Esta reside en la relación, ya caracterizada arriba, en la que, por un lado, las vías de transporte y comunicación existentes se presentan como obstáculos para la reducción de la velocidad de circulación del capital[174] y en la que, por otro lado, los costos del transporte para los capitales mismos representan una limitación para la valorización de la mayor cantidad posible de capital en el proceso directo de trabajo.[175] Desde este punto de partida, sería posible derivar de modo general la necesidad de mejorar los medios y vías de transporte dados; y también de definir y explicar un interés de los capitales individuales, que se expresa en reclamos por más y mejores vías y medios de transporte. Si es en este punto del desarrollo de las posibilidades para superar las limitaciones a la valorización del capital que el estado entra en escena, o si algunos capitales individuales transforman la superación de estas limitaciones en un negocio específico (sociedades ferroviarias, etc.), no puede explicitarse sin definiciones adicionales que deberán considerar la naturaleza de la cosa. El uso común y el extenso período de elaboración eran aquellas características que conducían a que, en un contexto de relaciones crediticias no desarrolladas y de escasa centralización del capital, los capitales individuales no estuvieran en condiciones de reunir la inversión que requerían la producción de carreteras o la construcción de una línea ferroviaria.[176] “Un país, por ejemplo los United States, puede sentir en la esfera productiva misma la necesidad de ferrocarriles; no obstante, la ventaja inmediata que de ellos deriva para la producción puede ser demasiado exigua como para que la inversión no parezca à fonds perdu. Entonces el capital echa la carga sobre los hombros del estado […]”.[177] Aun así, no queda definido cómo el estado emprenderá la construcción de una línea ferroviaria: podrá ser en la forma de una mera administración de ese interés, es decir, el estado decidirá la construcción de una línea ferroviaria, la encargará y controlará su construcción; o en la forma de la fabricación estatal misma. En el segundo caso —en su tipo ideal—, ningún capital tendría participación en la construcción y el funcionamiento; en el primer caso, la fabricación ocurriría con capitales que trabajan por encargo y reciben un adelanto, pero el funcionamiento estaría a cargo del estado. Pero la fabricación con capitales individuales no ocurre en este caso porque exista una gran demanda, sino porque las ventas están aseguradas desde un principio y de antemano. Sin la garantía estatal no podría pensarse, en esta situación, en la producción de medios de transporte y comunicación a cargo de capitales individuales.
            Quedémonos el segundo caso: el estado garantiza al fabricante de ferrocarriles y vías la compra de una determinada cantidad de mercancías, o sea, por ejemplo, una determinada línea de tren con todo lo que forma parte de ella. Para poder construirla, se requiere de un adelanto del capital que, sin embargo, está considerablemente por encima del valor (valor = c + v + p) de la línea ferroviaria. En el anticipo entra aquel capital fijo que alcanza, por ejemplo, para construir diez líneas ferroviarias. Pero en c solo reaparece 1/10 de capital fijo. Mientras no esté planeada la construcción de otras líneas ferroviarias, ningún capitalista individual construirá la línea ferroviaria en esta situación, tampoco lo hará por encargo ni contra un anticipo, porque el valor de la línea ferroviaria por construir solo le reemplazará el capital que se incorpora en la mercancía y le aporta un plusvalor. Pero no le restituye el adelanto total de capital. La idea de que el excedente (p) no solo abarcaría el plusvalor, sino una “prima de riesgo” por valor del 9/10 del capital fijo no valorizado, no solo sería la peor estafa, sino además idéntica al primer caso: el estado mismo no solo habría realizado el valor del producto del capital individual (i.e., comprado el ferrocarril), sino que habría organizado todo su funcionamiento, es decir, adelantado todo el capital circulante y fijo. En este caso, ya no existiría una división entre el estado como comprador y el capital individual como vendedor. En las condiciones mencionadas (sin capital social, o bien, con un bajo nivel de concentración del capital, escasas posibilidades crediticias, etc.), “descargar” la tarea en los hombros del estado sería idéntico a la administración, fabricación y gestión estatal del medio de transporte.
            De esta manera ya quedó desarrollado implícitamente cómo deberá entenderse esa fase que Marx llamó el “desarrollo más alto del capital”.[178] Esta se alcanzaría “cuando las condiciones generales del proceso social de producción no se crean a partir de una deducción del ingreso social, de los impuestos estatales -donde es el ingreso, y no el capital, el que aparece como labour funds  y el obrero, aunque es un asalariado libre como cualquier otro, desde el punto de vista económico, está sin embargo en otra relación-, sino del capital en cuanto capital.[179] Marx menciona ampliamente todas las condiciones que deben darse para que “el capitalista, pues, emprenda la construcción vial como negocio, a su costa”.[180]Primero: se da por supuesta una magnitud del capital, del capital concentrado en sus manos, como parapoder emprender trabajos de tales proporciones y de rotacióny valorización tan lentas. Por consiguiente, las más de lasveces capital por acciones […]Segundo: se exige de él que reditúe intereses, no beneficios (puede redituar más que intereses, pero no es necesario) […].Tercero: como supuesto, un tráfico tal -comercial, ante todo-, que haga rentable el camino, esto es, que el precio que se exija por el uso del camino valga tanto valor de cambio para los productores o suministre tal fuerza productiva que les permita pagarla tan cara. Cuarto: que ha de gastarse en estos artículos de locomoción una parte de los ingresos obtenidos por la riqueza que los aprovecha”.[181]
            Con esto se han señalado especialmente aquellas condiciones que deben cumplirse para poder reunir un anticipo de capital de una considerable cantidad. Además, la “necesidad en la relación productiva” es cada vez más patente para los potenciales usuarios. [“El capital en cuanto tal –suponiendo que haya alcanzado la envergadura necesaria- no producirá caminos sino cuando la producción de éstos se convierta en una necesidad para los productores y, en especial, para el capital productivo mismo, lo cual es una condición para la obtención de beneficios por el capitalista”.[182]] Esta condición ya estaba dada cuando ese negocio se descargó en el estado y sigue existiendo como condición necesaria, aunque no suficiente por sí sola.
             Sin embargo, en este contexto Marx pasa por alto las dificultades en materia de la compra y la venta debidas al carácter especial de las vías de transporte (en los casos de medios de transporte como aviones y buques, la cuestión es un poco distinta), ya que estas anteceden al consumo (al uso).[183] Cuando el transporte mismo es la “mercancía” (mejor dicho: la prestación de servicio), [184]no se producen dificultades. La locomoción se compra pagando un billete, reservando un pasaje, comprando un boleto o pagando el flete. El asunto es más problemático cuando deben ser comprados y vendidos los requisitos para el transporte, como las calles, los canales, etc.[185] Se pueden distinguir dos posibilidades (prescindiendo de la cooperativa y la compra privada): primero, la imposición de una tasa directa de uso (véanse los peajes) y, segundo, la tasa indirecta de uso, que resulta en una deducción continua del ingreso (los impuestos). La segunda variante presupone la existencia del estado, como única esfera e instancia de la sociedad que, en el caso de necesidades que pueden ser satisfechas solo comunitariamente mediante el uso de una y la misma “mercancía”, puede dictar regulaciones generales para el pago de tasas de uso. En la primera variante, la dificultad con el anticipo de capital no aparece una sola vez, o sea, al inicio del primer ciclo del capital circulante, sino también en el segundo y el tercero y así sucesivamente. El capital fijo en equipos para la construcción de carreteras debe volver a usarse al finalizar la carretera, para que no se produzca una pérdida de valor. Para la construcción de una segunda carretera no se requerirá, entonces, de la totalidad de anticipo de capital fijo y circulante. Sin embargo, el valor del capital invertido en la construcción de la primera carretera ya debe haberse recuperado (más un excedente, que no necesita ser idéntico a p), antes de que se pueda comenzar con la construcción de la segunda carretera. Con un financiamiento basado en la recaudación continua de tasas de uso, sin embargo, el tiempo de valorización supera ampliamente el de la construcción. La consecuencia es una nueva toma de crédito, que llevará nuevamente a la división adicional de la ganancia. Recién después de múltiples períodos productivos, el capital circulante se habrá valorizado completamente, siempre y cuando la demanda de nuevas carreteras justifique seguir construyendo, siempre y cuando las tasas de uso fluyan con regularidad, y siempre y cuando se encuentren nuevamente acreedores privados.[186] Así es comprensible que la segunda variante solo esté abierta como posibilidad teórica y que apenas se encuentren ejemplos empíricos. La forma predominante de la fabricación de medios de transporte del capital como capital sigue siendo, por lo tanto, aquella en la que la administración de la red de carreteras, etc., está en manos del estado, que adjudica estas obras a empresas constructoras que emprenden la construcción de carreteras como negocio.[187]
            El resultado de nuestra interpretación no es un modelo de fases. Más bien nosotros mostramos, partiendo de la descripción de la regulación pre-capitalista de la construcción de medios de transporte y comunicación, aquella relación sistemática dentro del desarrollo de las leyes de circulación (transporte y venta) en la que los costos del transporte o las carreteras y los medios de transporte faltantes aparecen como obstáculos a la valorización del capital. Sobre esta base introdujimos progresivamente aquellas condiciones que hacen posible una superación de esos obstáculos con la premisa de la creciente capitalización [Kapitalisierung][188] de todas las esferas sociales, pudiendo constatar como resultado que prácticamente no es concebible una capitalización total de las condiciones generales de producción, caracterizadas aquí como medios de transporte y comunicación. Se requiere la administración a cargo del estado, siempre y cuando se trate de “necesidades fijadas socialmente”[189]; en cambio, la fabricación de los elementos materiales puede convertirse en creciente medida en un negocio lucrativo.
Con este resultado —hay que resaltarlo una vez más— no se ha dicho nada todavía sobre otras condiciones generales de producción o requisitos generales de la producción y la circulación. Estas reflexiones no se pueden trasladar sin más a la ciencia y a la formación, ni tampoco sin modificaciones a la protección del medio ambiente y a la salud. En el mejor de los casos, algunos planteos y determinaciones metodológicas serán generalizables: ¿en qué medida aparece la diferenciación, obtenida de la derivación del estado, entre distintas formas de administración de los intereses generales por parte del estado (codificación en leyes, control de la ejecución, realización propia incluida la producción de las condiciones materiales) en otras condiciones generales de circulación y producción? ¿Qué elementos se pueden producir en forma capitalista, es decir, en forma lucrativa? ¿Qué elementos deben quedar necesariamente en el estado? ¿Qué problemas aparecen en la producción por parte de capitales individuales en la compra y venta y en el consumo?
 
3. La realización del plus valor por parte del estado
 
Hay sin embargo una situación de la que resulta un problema para un análisis más profundo de las causas del aumento de la actividad estatal (sea lo que fuere que se quiera decir con esta afirmación), que —partiendo del ejemplo de la “construcción de carreteras”—, en nuestra opinión, puede generalizarse. A tal fin contrastamos una vez más el primer caso, en el que el estado construye las carreteras bajo su total responsabilidad, es decir, administra la construcción, la dirige y construye él mismo la carretera; con el segundo caso, en el que el estado solo se presenta como administrador de la explotación y no como productor, debiendo adquirir, por consiguiente, las condiciones materiales de empresas privadas de construcción.
En el primer caso, el estado no emplea la mano de obra disponible para cumplir las funciones necesarias “con la finalidad de producir valores”[190]; por lo tanto, no cambia su capacidad de trabajo por capital, sino por dinero que —proporcionado por intermedio de impuestos— representa deducciones a los ingresos. “Si el tiempo de trabajo se consumiera íntegramente en la producción inmediata (o, para expresarlo de manera mediata, si fuera imposible recaudar impuestos suplementarios para este fin determinado), el camino habría de quedar sin construir. Si se considera a la sociedad como si fuese un individuo, el trabajo necesario consistiría en la suma de todas las funciones del trabajo especiales, a las cuales la división del trabajo ha vuelto autónomas.”[191] Los trabajos que representan las condiciones generales de la producción social forman parte, por lo tanto, del trabajo necesario; solo que los diferentes individuos, en relaciones capitalistas, deben participar de ellos en un modo mediado por los impuestos. Si la carretera es construida por un capital individual y no por el estado, entonces el capital individual quiere valorizar su capital, quiere exprimir un tiempo de plustrabajo de los obreros y realizarlo también al vender el producto. Marx establece el siguiente cálculo al respecto: supongamos que la producción de una carretera dura 12 meses con un obrero. El valor de la carretera asciende, por lo tanto, a 12 meses. Supongamos, además, que la reproducción del obrero requiere en promedio social solo al equivalente de valor correspondiente a seis meses. En el caso de la fabricación capitalista de la carretera, el capital obliga al obrero a trabajar doce meses y le paga el equivalente a seis meses de trabajo. “La parte del valor del camino que contiene su plustrabajo constituye el beneficio del capitalista.”[192] Los “compradores”, que son obligados a comprar mediante la deducción impositiva del ingreso, deberían invertir entonces solo seis meses de trabajo necesario, pero deben abonar por doce.
            Respecto de la fabricación pública de la carretera, Marx escribe: “si la comunidad construyera el camino y el trabajador sólo quisiera trabajar el tiempo necesario. Habría que agregar otro trabajador que estuviera en actividad 6 meses”.[193] Según esta argumentación, la carretera costaría para el “comprador”, por consiguiente, otra vez los doce meses, pero ahora distribuidos entre dos obreros. Pero esta argumentación no sería acertada en el contexto capitalista. El estado —si él mismo hace construir la carretera— no busca valorizar capital, sino fabricar un valor de uso directamente necesario socialmente. Sin embargo, la duración del día de trabajo no se mide en relación con el tiempo de trabajo necesario en cada caso, sino con la duración del día de trabajo promedio en la sociedad, en el que queda incluida la relación entre trabajo necesario y plustrabajo. Así, el obrero al servicio del estado trabaja tanto como su colega que lo hace para el capital individual y recibe un salario comparable. Esto significaría que, en ambos casos, la carretera sería construida por un obrero en doce meses. Esto es lo común. La diferencia consiste en la facturación del plustrabajo.
En el segundo caso, el plusvalor termina en el bolsillo del capital, es decir que el equivalente a seis meses de trabajo se resta del fondo impositivo y queda para el capital privado. En el primer caso, se resta al fondo impositivo solamente la parte necesaria para la reproducción de la fuerza de trabajo: el equivalente al valor de seis meses. Lo restante, también un valor de seis meses, es un ahorro para el fondo impositivo que puede ser utilizado para la producción de una segunda carretera.
La consecuencia es manifiesta: como la tendencia del modo capitalista de producción es someter “el conjunto de los supuestos sociales dentro de los cuales transcurre el proceso de producción a su carácter específico y a sus leyes inmanentes”[194], se producirán cada vez más elementos de las condiciones generales de producción en modo capitalista (y esto solo se podrá comprobar con mayor precisión mediante estudios específicos): en la construcción de las carreteras, las calles, etc.; en la educación, el material didáctico, al que desde hace poco se le suman los edificios escolares y los equipamientos; en la salud, los fármacos, etc. En la medida en que se produce esta situación, se obtiene un resultado paradójico: por un lado, se reduce la producción, por parte del estado,de condiciones materiales que forman parte de las condiciones generales de la producción; por otro, sin embargo, aumenta el volumen del presupuesto estatal (impuestos más deuda pública), en tanto que estas condiciones materiales deban seguir siendo gestionadas por el estado. Es necesario gastar más para una igual cantidad de bienes, ya que los capitales buscan la realización del plusvalor contenida en los bienes. O formulado al revés: por partes iguales del presupuesto estatal, el estado dispone de cantidades menores de bienes. Si además está restringida la libre competencia, es decir, si no existe en la misma medida la obligación de aumentar la fuerza productiva del trabajo, bajando el valor por unidad de producto, se estima que el indicador “presupuesto estatal” al menos dice poco sobre el aumento de la actividad del estado. La ley aquí esbozada refleja, por un lado, un desplazamiento dentro de las actividades del estado: una menor proporción de producción propia, y en su lugar más gestión. Por otra parte, expresa las consecuencias para el presupuesto estatal, es decir, para la política impositiva y de endeudamiento público. En la distribución de los costos para satisfacer las necesidades sociales, la interrupción de la producción privada se contabiliza cada vez más plustrabajo en lugar de tiempo de trabajo socialmente necesario. De esta manera, el capital ya no carga solamente la solución de las necesidades sociales en los hombros del estado, sino también la realización de su ganancia.


[1] Evidentemente las agrupaciones leninistas dogmáticas aún no tomaron conocimiento de las dos publicaciones recientes más importantes sobre la teoría acerca de la revolución y del imperialismo de Lenin. Nos referimos a Neusüß, Ch.: Imperialismus und Weltmarktbewegung des Kapitals, Erlangen, 1972; y Projekt Klassenanalyse: LENINISMUS – neue Stufe des wissenschaftlichen Sozialismus?,  Berlín, 1972, dos tomos.
[2] [El KPD (Kommunistische Partei Deutschland) es el ya mencionado Partido Comunista Alemán; KSV (Kommunistischer Student Innenverband) es la Asociación de Estudiantes Comunistas austríaca, KB-Gruppen (Kommunistische Bund - Gruppen) son los grupos de la Liga de los Comunistas, de Alemania occidental, KSB (Kommunistische Studentendbund) es la Liga de Estudiantes Comunistas, también de Alemania occidental, organizaciones de la nueva izquierda, a manudo maoístas, fundadas en los setenta; NdT.]  
[3] Das Programm der Westdeutschen Kommunisten, número especial de la revista Neues Rotes Forum, 1972, p. 23
[4] Idem, p. 25.
[5] Véase al respecto la parte IV.
[6] Para evitar malentendidos: aquí no se afirma que sea posible un desarrollo lógico desde las categorías generales hasta los fenómenos empíricos. La diferencia entre el análisis general, que contiene el análisis del capital en general, el movimiento de los capitales individuales en la competencia (= formación del precio de producción) y las relaciones de la superficie que resultan de la fórmula trinitaria y el análisis empírico de una parte concreta de la historia moderna no puede superarse mediante derivaciones empíricas del análisis general. Véase al respecto, por ejemplo, Projekt Klassenanalyse: Zur Taktik der proletarischen Partei. Marxsche Klassenanalyse Frankreichs von 1848-1871, Berlín, p. 24 y ss.
[7] Por lo demás, aquí está el motivo metodológico por el cual a estas organizaciones solo les quedan dos posibilidades, igualmente funestas, de referirse a la conciencia actual de los trabajadores: o bien confrontan la respectiva conciencia, no importando cuán equivocada sea, con las categorías generales de trabajo asalariado y capital y sus cualidades imperialistas como “podredumbre”, estancamiento, miseria, etc. y se ven aislados forzosamente como sectas, o bien se unen oportunistamente al correspondiente “movimiento”, sin comprenderse a sí mismas.
[8] No abordamos aquí el concepto de estado en la teoría de Stamokap [i. e., del capitalismo monopolista del estado]. No porque no valga la pena ocuparse de la llamada teoría revisionista, sino al contrario, porque exige mucho más esfuerzo y es mucho más importante teniendo en cuenta, justamente, la inesperada publicidad de las teorías de Stamokap como resultado de la información sobre la fractura de los Juso [i.e, Jungsozialisten o Jóvenes Socialistas, organización juvenil socialdemócrata].
[9] Véase Sozialistische Politik 6/7, 1979, p. 4 y ss. [se trata de “La ilusión del estado social y la contradicción entre trabajo asalariado y capital”, incluido en este volumen].
 
[10] Marx, K.: La ideología alemana, Barcelona, Pueblos unidos, 1970, pp. 71-72.
[11] Marx, K.: El capital, México, Siglo XXI, 2010, tomo I, pp. 277 y ss.
[12] Müller, W. y Neusüß, Ch.:  op. cit., p. 52 y ss.
[13] Ídem, p. 43 y ss.
[14] Projekt Klassenanalyse: “Zur Kritik der 'Sozialstaatsillusion'“, en Sozialistische Politik 14/15, p. 193 y ss., y "Zur Taktik der proletarischen Partei", op. cit., p. 128 y ss.
[15] Altvater, E.: "Zu einigen Problemen des Staatsinterventionismus", en Probleme des Klassenkampfs 3, 1972, p. 1 y ss. ["Algunos problemas del intervencionismo de estado", incluido en este volumen]. En el último tiempo se publicó una serie completa de trabajos sobre el estado o se los puso al alcance en idioma alemán, que nosotros no abordamos aquí. Es cierto que estos contienen, en parte, análisis importantes, pero ofrecen poco para las preguntas que nos interesan aquí centralmente sobre la derivación del estado burgués como resultado necesario del modo de producción burgués. Remitimos, entre otros, a Miliband, R.: El estado en la sociedad capitalista, México, Siglo XXI, 1997, y “Marx y el estado”, en H. Tarcus (comp.): Debates sobre el estado capitalista, Bs. As., Imago Mundi, 1991; la controversia reproducida parcialmente en la publicación Kritische Justiz (número 2, 1971) entre Miliband y Poulantzas  [véase H. Tarcus (comp.): op. cit.]; Offe, C.: Strukturprobleme des kapitalistischen Staates, Frankfurt, 1972; Gerstenberger, H.: “Elemente einer historisch-materialistischen Staatstheorie”, en Kritische Justiz 2, 1972; Lefevre, W.: Zum historischen Charakter und zur historischen Funktion der Methode der bürgerlichen Soziologie,  Frankfurt, 1971, p. 65 y ss.; Ritsert, J. y Rolshausen, C.: Der Konservativismus der kritischen Theorie, Frankfurt, 1971, p. 59 y ss.; Evers, A. y Lehmann, M.: Politisch-ökonomische Determinanten für Planung und Politik in den Kommunen, Offenbach, 1972. Remitimos muy especialmente al trabajo de Läpple, D.: Die allgemeinen materiellen Bedingungen der gesellschaftlichen Produktion und Saatstätigkeit in der kapitalistischen Produktionsweise. – Grundlagen zu einer Kritik der Infraestrukturtheorien, Berlín, 1972, manuscrito. Este trabajo contiene algunas nuevas observaciones sobre el problema de las “condiciones generales”, etc., pero que nosotros no pudimos incluir en nuestro comentario.
[16] En la Parte IV abordaremos el problema de si es posible elaborar un concepto general del estado burgués mediante una definición previa de las funciones del estado, o, dicho de otro modo, si la “forma” del estado burgués no resulta recién del análisis de sus “contenidos”, es decir, de las funciones del estado.
[17] Projekt Klassenanalyse: "Zur Kritik …", op. cit., p. 194. A continuación nos referiremos solo a la versión posterior de “Zur Taktik der proletarischen Partei …”, op. cit., p. 128 y ss.
[18] Los siguientes conceptos son utilizados por Projekt Klassenanalyse como sinónimos: “gemeinschaftlich” [comunitario], “a priori gemeinschaftlich” [comunitario a priori], “unmittelbar gemeinschaftlich” [inmediatamente comunitario]. La determinación del contenido es poco satisfactoria. Pero evidentemente se trata de “las condiciones generales de la reproducción social”, que son el contenido de las “funciones comunitarias” y los “intereses”. No obstante, no estamos en condiciones de decir en qué medida estas son idénticas a las “condiciones generales de la actividad productiva”, las “condiciones sociales de la producción y la circulación”, las “condiciones generales de producción del capital”, las “condiciones generales de la producción y la circulación”, “las condiciones generales del proceso de valorización” — mencionadas como contenido de la primera de las dos funciones del estado burgués —. Lamentablemente, el placer de la variación estilística del autor —todos los conceptos se encuentran en las dos páginas 130 y 131— dificulta mucho la comprensión exacta de la derivación extremadamente comprimida.
[19] Projekt Klassenanalyse: "Zur Taktik …", op. cit., p. 130 y ss.
[20] Idem, p. 131 y ss. Abordaremos con más detalle estas dos funciones (en la Parte IV). Aquí solo nos interesa el marco general de la derivación.
[21] Idem, p. 129.
[22] Véase arriba.
[23] En I. 3 nos ocupamos más detenidamente de la pregunta sobre la relación de la circulación simple de mercancías con la derivación del estado
[24] No afirmamos que esto sea imposible. Pero al Projekt Klassenanalyse le falta el desarrollo de ese nivel en el que las diferentes mercancías se le presentan incluso a los respectivos propietarios, ya no en la definición de la forma capitalista, sino como fuentes iguales de ingreso; véase la Parte II.
 
[25] Idem, p. 130.
[26] “Esas condiciones generales de producción de capital —a diferencia de las particulares de los capitales individuales—son creadas por el estado, en la medida en que sean necesarias para la valorización del capital, pero su creación no sea suficientemente lucrativa como para ser operada por los capitales individuales como inversión independiente, o no pueda ser operada por estos debido a la relación externa de los capitales individuales del proceso productivo (?) (Idem, p. 131)”.
[27] Ibídem.
[28] Véase al respecto el ejemplo de la “construcción de caminos” de Marx, K.: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857 – 1858, México, Siglo XXI, 2009, volumen II, pp. 12 y ss. Abordaremos las dificultades que conlleva el intento de derivar el estado de esta relación en la Parte V.
[29] Projekt Klassenanalyse: "Zur Taktik …", op. cit., p. 131.
[30] Esto queda claramente de manifiesto en el siguiente pasaje: La función del estado como instrumento para mantener el orden burgués “está oculta detrás de la legitimación por medio de las leyes de la libertad y la igualdad de la circulación de mercancías fijadas en normas legales que regulan el tránsito de los propietarios individuales de mercancías en el proceso de intercambio y los confronta. Esta mediación específica es al mismo tiempo la base para la ilusión del estado como representante de los intereses de toda la sociedad” (Idem, p. 132).
[31] Altvater, E.: “Zu einigen Problemen des Staatsinterventionismus”, en Probleme der Klassenkampfe 3, 1972, p. 5 ["Algunos problemas del intervencionismo estatal", incluido en este volumen]. Una cuestión que no quiere abordar Altvater es la definición del estado como “órgano de dominación del capital sobre la clase de trabajadores asalariados”. Sin embargo, lo hace superficialmente en las explicaciones sobre el papel del estado en el conflicto entre trabajo asalariado y capital.
[32] Al principio, estas funciones solo son caracterizadas negativamente por la competencia. “Sin embargo, no todas las funciones sociales pueden ser desempeñadas de esta manera capitalista, ya sea porque la producción de determinadas condiciones (materiales) para la producción no son rentables, ya sea porque el grado de generalidad de muchas regulaciones en ciertas condiciones es excesivo como para que puedan ser establecidas por los capitales individuales con sus limitados intereses particulares” (Idem, p. 7). Posteriormente,  Altvater menciona un catálogo de cuatro funciones, que luego desarrolla detalladamente (p. 9 y ss.). Abordamos ese catálogo en la parte IV.
[33] Idem, p. 7; subrayado F. y H.
[34] Véase al respecto p. 5: “síntesis real de una sociedad que está compuesta por múltiples capitales individuales…”, subrayado F. y H.
[35] En nuestra opinión, la importancia del ensayo de E. Altvater no está tanto en el esfuerzo por discutir una derivación del estado, sino más bien en el intento de debatir en forma más diferenciada las condiciones para la creación de condiciones materiales generales de producción por parte del estado. Su diferenciación entre “creación” y “operación” (p. 20) contribuye por cierto a esclarecer algunos pasajes que requieren interpretación en el ejemplo de la “construcción de caminos” de los Grundrisse.
[36] Véase la nota 107 sobre la problemática de los conceptos “político” y “económico”.
[37] No queremos ocuparnos de la interpretación de las escasas alusiones al libro sobre el estado en las cartas de Marx. Sin embargo, debemos remitir al proyecto de organización en el que Marx hace observaciones implícitas sobre la relación del concepto de sociedad con el concepto de estado: “VI. El capital como fuente de la riqueza. El capitalista. Después del capital, habría que ocuparse de la propiedad de la tierra. Tras ésta, del trabajo asalariado. Una vez analizados estos tres, [habría que ocuparse] del movimiento de los precios, tal cual es determinado por la circulación en su totalidad interna. Además estudiar las tres clases, pues la producción está planteada en sus tres premisas y formas fundamentales de la circulación. Luego, el estado. (Estado y sociedad burguesa. — Los impuestos, o la existencia de las clases improductivas. …)” (Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., tomo I, p.204).
[38] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, pp. 391 y ss.; véase también ibidem, p. 632.
[39] Ibidem, p. 393-394.
[40] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, pp. 561 y ss. y Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, pp. 6-7.
[41] Idem, volumen I, p. 366. Al mismo tiempo subrayamos que, en el caso de estas discusiones metodológicas, no se trata de alcanzar una analogía sino solo de ilustrar un procedimiento en base a un ejemplo.
[42] Müller, M. Y Neusüß, Ch.: op. cit., p.54.
[43] Reichelt, Zur logischen Struktur des Kapitalbegriffs bei Karl Marx, [Sobre la estructura lógica del concepto de capital en Karl Marx] , FaM, 1970, p. 63
[44] Marx, K., Engels, F.: La ideología alemana, op. cit., p. 35., subrayado F. y H.
[45] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 103.
[46] Ibidem.
[47] Ibidem, p. 214.
 
[48] En numerosos pasajes, Marx señala que las determinaciones de la circulación simple de mercancías poseen al mismo tiempo una realidad histórica (véase, por ejemplo,  El capital, op. cit., tomo I, p. 139 nota 73 y p. 206; tomo III, pp. 437-438; Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., pp. 178-179). Sin embargo, de estos datos no puede derivarse la existencia de una fase o de un período histórico entero de circulación simple de mercancías previo del modo de producción capitalista (véase Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, p. 1137). El Projekt Klassenanalyse lo indica en su análisis sobre Lenin (véase Projekt Klassenanalyse: "Leninismus…", op. cit., p. 76 y ss).
[49] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen I, p. 209.
[50] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 183.
[51] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen I, p. 216.
[52] Ibídem, p. 216 y 478-479, volumen III, p.163.
[53] Ibidem, p. 180 – 181.
[54] Ibidem, p. 180 – 181.
[55] “Por lo tanto, igualdad y libertad no solo se respetan en el intercambio basado en valores de cambio, sino que el intercambio de valores de cambio es la base productiva, real de toda la igualdad y libertad” (Ibidem, p. 182 – 183).
[56] Marx, K.: El capital, op. cit. tomo I, p. 721, véase Marx, K.: Elementos fundamentales, op. cit., volumen I, p. 225-226.
[57] Véase sobre ambos conceptos de ingreso, Marx, K.: El capital, op. cit. tomo I, p. 730.
[58] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen I, p. 226.
[59] Ibidem, p. 165.
[60] Ibidem, p. 186.
[61] Marx, K.: Teorías sobre la plusvalía, México, Fondo de Cultura Económica, tomo III, p. 403.
[62] Véase Marx, K.: El capital, op. cit. tomo III, p. 1056.
[63] El Projekt Klassenanalyse pasa por alto esta relación central, por ejemplo, cuando desarrolla el proceso de generación de la conciencia de clase. Si bien su planteo inicial es correcto: “En un análisis de las condiciones de desarrollo de la conciencia de clase debe aclararse en primer lugar cómo se lleva a cabo la inversión de las relaciones sociales, a la cual también está sometida la clase trabajadora, de manera que ella, en condiciones normales de reproducción, acepta la relación del capital como forma aparentemente natural” (Projekt Klassenanalyse: Klassenbewußtsein und Partei, Berlín, 1972, p. 123 y ss.). Sin embargo, para Projekt Klassenanalyse, el espacio de experiencia social del trabajador asalariado se divide a continuación en dos partes: una de la apariencia y otra de las relaciones evidentes de dominación. Así, la conciencia de los trabajadores está determinada contradictoriamente: en la esfera del intercambio formal queda atrapado por las formas de la apariencia (p. 124) pero, tan pronto se involucra a la “fuerza de trabajo en el proceso directo de producción de capital, se relativiza esta apariencia de dependencia solamente material de los propietarios de mercancías” (p. 124). De esta manera solo se responde a medias la pregunta correctamente  planteada. No se problematiza de qué modo aparece el proceso de producción en la conciencia y hasta qué punto las inversiones también afectan directamente a la producción. Por consiguiente, —en opinión del Projekt Klassenanalyse— todo lo decisivo respecto de la conciencia de los trabajadores asalariados queda dicho en la transición del capítulo 4 al 5 del primer tomo de El capital: abandonan la esfera de la libertad y la igualdad (Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 213-214) y entran a la “curtiembre” (Ibidem, p. 214). La misma aparece en la conciencia tal cual es: como relación de dominación. Y el resultado del movimiento cíclico del capital es entonces la disolución del “estado contradictorio de la conciencia” (p. 125), el surgimiento de la conciencia de clase. En cambio, a nosotros se nos plantea a la inversa: con el reconocimiento de esta contradicción entre la producción y la circulación, se comprende a la vez la esencia de este modo de producción. El problema es cómo superar la mistificación del proceso en su totalidad, que sintoniza las determinaciones superficiales concretas de la circulación con la producción. Marx desarrolla la mistificación del proceso en su totalidad en el capítulo “El ingreso y sus fuentes”, habiendo ya desarrollado la relación del salario como ingreso con su fuente, el trabajo, en el primer tomo de El capital. el Projekt Klassenanalyse también reclama ahora el fetiche del salario para su construcción; sin embargo, no como “parte” de la “fórmula trinitaria”, sino como un fenómeno aislado de la circulación (p. 124). La importancia del fetiche del salario (así como todas las demás apariencias invertidas respecto del valor nuevo) no radica, sin embargo, en su rol transformador del modo de producción. Elimina el antagonismo entre trabajo necesario y plus-trabajo y armoniza la producción en la conciencia de los trabajadores asalariados (véase la nota 72).
 
[64] Marx, K.: El capital, op. cit. tomo III, caps. 48-51.
[65] Marx, K.: Teorías sobre la plusvalía, ed. cit., tomo III, p. 403. Marx no siempre utiliza de modo uniforme el concepto de “superficie”. A continuación, se utiliza únicamente para caracterizar la “forma más fetichista” de la producción. De este modo se fue constituyendo terminológicamente en los debates de Munich, Erlangen, Bremen, etc. (véase Cirkular 1 y 3, del GRUPO MARXISTA/Fracción Teórica, Erlangen).
[66] Marx, K. y Engels, F.: Briefe über "Das Kapital", Berlín, 1954, p. 272.
[67] Que solo se considere el nuevo valor se debe a la idea de superficie de que se divide también la parte constante en los elementos v [valor de la fuerza de trabajo] y p [plusvalor] y, por lo tanto, de que la masa de valor se descompone en tres tipos de ingreso (véase al respecto Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, pp. 443-452, 538 y ss., y omo III, pp. 1063-1064)
[68] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 651.
[69] Ibidem, p. 657.
[70] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, p.55 – 56.
[71] Aquí no se explica la transformación de la ganancia en ganancia media. Véase, por lo demás, sobre el proceso total de mistificación, Marx, K.: Ibidem, p. 1052, y Teorías sobre la plusvalía, op. cit., tomo III, p. 427 y ss.
[72] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, pp. 480. Esta transformación tiene una particularidad: en la forma de un interés que el capital arroja fuera del proceso de producción (Ibidem, p. 481-482) se alcanza la “mistificación del capital en su forma más estridente” (Ibidem, p. 501). “El capital aparece como la fuente misteriosa y autogeneradora del interés, de su propia multiplicación […] En el capital que devenga interés […] este fetiche automático -el valor que se valoriza a sí mismo, el dinero que incuba dinero- se halla cristalizado en forma pura, en una forma en la que ya no presenta los estigmas de su origen. La relación social se halla consumada como relación de una cosa, del dinero, consigo misma” (Ibidem, p. 500). El capital que devenga interés se presenta entonces “no en oposición directa al trabajo, sino a la inversa, sin relación alguna con el trabajo y como mera relación entre un capitalista y otro” (Ibidem, p. 488). El resultado es que el proceso mismo de explotación aparece como mero proceso de trabajo “en el cual el capitalista actuante sólo efectúa un trabajo diferente al del obrero” (Ibidem, p. 489). La consideración del beneficio del empresario como salario por su propio trabajo, la relación “beneficio del empresario – capitalista en funciones” es entonces una forma de relación “salario– trabajo”, no obstante, se sigue desarrollando hasta el punto en donde, como resultado del desdoblamiento en salario administrativo y beneficio del empresario, “como persona superflua” desaparece completamente “del proceso de producción” (véase Ibidem, p. 494 y ss.).
[73] Ibidem, p. 793.
[74] Ibidem, p. 30.
[75] Ibidem, pp. 1051 - 1052.
[76] El dinero, que actúa como un medio para el intercambio de medios de producción, no debe considerarse aquí por separado (Ibidem, pp. 1051 – 1052).
[77] Ibidem, p. 1049.
[78] Las relaciones muy armónicas en la superficie no deben compararse todavía aquí con las relaciones menos armoniosas en la realidad empírica. En este momento solo importa comprender la superficie en sus determinaciones centrales; el movimiento en la superficie (posibilidades de imponer intereses), a partir del cual deben desarrollarse aquellas relaciones menos armoniosas subyacentes, se abordará más adelante.
[79] Véase al respecto Ibidem, p. 1090 y ss.
[80] “Zur Oberfläche des Kapitals”, en Cirkular 3, editado por el Marxistische Gruppe / Theoriefraktion, Erlangen, 1972, p. 4.
[81] Ibídem, p. 7.
[82] No puede estudiarse en qué medida las duplicaciones aquí abordadas son idénticas con aquellas que Marx desarrolló en sus primeros escritos (véase Marx, K.: “Sobre la cuestión judía”, en K. Marx: Antología, Bs. As., Siglo XXI, 2015, pp. 48-49) sin analizar la relación de Marx con Hegel.
[83] Ibidem, tomo I, p. 205.
[84] En este pasaje es necesario hacer una observación metodológica sobre la superficie. En muchos contextos, la utilización del concepto de “superficie” en Marx sugiere la interpretación de que las determinaciones de la superficie serían siempre las determinaciones empíricas verdaderamente existentes. E. Altvater retoma esta interpretación y habla de “superficie empírica” (Altvater, E.: “Algunos problemas…”, op. cit., p. 3). Cuando Marx habla, por ejemplo, de la “figura acabada de las relaciones económicas tal como se muestra en la superficie” (Marx, K.: Ibidem, tomo III, pp. 266), no se refiere a la expresión más concreta de las leyes económicas abstractas, sino a la más mistificada. En épocas en las cuales se satisfacen los mencionados intereses, en las que ninguna alteración ni lucha enturbia las relaciones armónicas, esta forma más mistificada del modo burgués de producción en la conciencia y en la existencia real resulta, en el término medio ideal, comparable con las relaciones empíricas. (Aun así, estas últimas deben entenderse únicamente como relaciones de la superficie modificadas por las casualidades y particularidades nacionales.) Sin embargo, si en la conciencia de los obreros, por ejemplo, se pusieran en duda esas tergiversaciones—cualquiera sea la causa—, si en una situación histórica específica (y por consiguiente empírica) comenzasen a desarrollar en cierta medida una conciencia de clase, entonces sus actos y su conciencia estarán relacionados con las verdaderas relaciones y no con su apariencia equívoca. La empiria es entonces para ellos superficie parcialmente descifrada. Si se abandonan estas ideas tan esquematizadas, entonces la empiria histórica concreta es siempre una totalidad de luchas y de armonía, de ideas de superficie y de conciencia revolucionaria, de política de intereses y de acción que hace estallar el sistema, y esto con todos los matices y variaciones. La tarea de los socialistas es encontrar aquellos que son determinantes, explicar sus causas y “mantener el rumbo” en el proceso del desciframiento “natural” de la superficie.
 
[85] AK - Fraktion der Roten Zellen (ed.): Sozialistisches Studium I, Munich, Rote Zelle Ökonomie, 1972, p. 25.
[86] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, pp. 1124.
[87] Marx, K.: Teorías sobre la plusvalía, op. cit., tomo III, p. 446.
[88] El Marxistische Gruppe / Theoriefraktion propone una determinación similar en su análisis de la superficie (p. 10 y ss.). Sin embargo, en nuestra opinión, comienza infundadamente con la competencia entre las esferas y tiene en cuenta la “pelea” solo a propósito del ingreso promedio [en este caso, la “tasa promedio de ingreso” (?)].
[89] Véase Cirkular 3 "Zur Oberfläche…", op. cit., p. 9.
[90] Marx resume las definiciones cuantitativas que sirven de base a estas proporciones en Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, p.1090 y ss.
[91] Véase Cirkular 3 "Zur Oberfläche…", op. cit., p. 10.
[92] Este desarrollo se modificará todavía por el tamaño, el carácter multinacional, etc., de los consorcios (véanse los sindicados relacionados con consorcios, etc.).
[93] Marx, K.: Teorías sobre la plusvalía, op. cit., tomo III, p. 446.
 
[94] Aquí no se tiene en cuenta la diferencia de intereses que resulta del tamaño y con ello de las posibilidades de concentración.
[95] Véase la nota al final de II.1.
[96] Debe tenerse en cuenta aquí la diferencia entre los tres intereses de los propietarios de las fuentes de ingreso en la conservación y el uso óptimo y continuo de las fuentes de ingreso y los intereses generales. Si bien los primeros también valen para todos, los hacen para cada grupo solo en su forma especial. Los últimos tienen un aspecto doble: existen en manifestación especial y en su generalidad como interés igual a todos.
[97] Véase Parte I. 2a.
[98] Véase esquema del apartado 4.2, última columna.
[99] Por ejemplo, toda la agricultura de un país como coalición de los trabajadores asalariados, el capital y  los propietarios de tierra, que exige subvenciones: la minería, la construcción de buques, etc.
[100] No debe irritar que cada una de las dos determinaciones sea comparada muy bruscamente. Véase al respecto la nota 107.
[101] Véase la Parte IV. 1.
[102] Todavía no puede introducirse aquí una tercera determinación. Se trata de aquella según la cual una condición de la competencia resulta una barrera general de la reproducción de toda la sociedad. Véase al respecto la Parte IV. 2.
[103] El Marxistische Gruppe / Theoriefraktion desarrolla el concepto de “lo público” partiendo del estado (p. 24). Esto es erróneo en tanto que aquella esfera de la generalidad ya incluye la posibilidad de la constitución de grupos de interés y de la articulación de intereses generales. Es correcto en tanto que lo público se modifica con la particularización efectiva del estado. Sin embargo, esta relación entre el estado y lo público es la clave para un análisis más detallado de las organizaciones de intereses en la sociedad burguesa (por ejemplo, las asociaciones) y para la investigación de las características de la articulación de los intereses sobre la base de un modo de producción que ya no requiera del estado como institución particularizada.
 
[104] Véase al respecto la nota 82. La formulación elegida aquí es en realidad imprecisa, ya que el ciudadano solo es una especie particular de propietario privado.
[105] Véase al respecto la Parte V.
[106] Véase Cirkular 3, "Zur Oberfläche...", p. 22.
[107] En este punto de la definición del estado burgués adquiere importancia la discusión relacionada con el par conceptual “lo político” – “lo económico”. En la medida en que estos conceptos intentan entender solo las dos áreas desarrolladas actualmente (el estado = área política, la sociedad de los privados = área económica), su uso no genera problemas. Sin embargo, en la medida en que estos conceptos se utilicen para caracterizar la relevancia revolucionaria de reclamos de la clase trabajadora, se vuelven problemáticos: por una parte, hay que señalar que no son ellos mismos otra cosa que el resultado de la superficie de la sociedad burguesa. Una demanda política de parte de la clase trabajadora, que solo por ser tal se clasifica como política y como tal mucho más revolucionaria porque se dirige al estado, ignora la relación sustancial entre el estado y la producción capitalista. El reclamo por mejorar las condiciones de competencia es un reclamo económico, siempre que se refiera a las oportunidades de mercado, y con estas, al ingreso; que en este caso el reclamo se dirija al estado y no a los propietarios de los medios de producción no es, por lo tanto, muestra de una visión especialmente revolucionaria, sino en el mejor de los casos, una visión pragmática de atribuciones históricamente consolidadas, que por ende no merece sin más calificarse como dotada de “consciencia de clase”. La asignación de atribuciones a las diferentes organizaciones de la clase obrera (demandas políticas = partido, reclamos económicos = sindicato), basada por ejemplo en este uso del par conceptual, no es otra cosa que un esquematismo asentado en las ideas de superficie del recetario revolucionario.
[108] Véase la nota 16.
[109] Altvater, E.: op. cit., p. 9.
[110] Projekt Klassenanalyse: "Zur Taktik…", op. cit., p. 132.
[111] Marx, K.: Crítica de la filosofía del estado de Hegel, Madrid, Biblioteca Nueva, 2010, p. 101, subrayado de F. y H.
[112] Véase Marx, K.: “Sobre la cuestión judía”, op. cit, pp. 50-51.
[113] Esto no quiere decir que le religión fuera un invento de la respectiva clase dominante, ni que la situación económica de las clases subalternas no los predispusiera para el adoctrinamiento religioso (véase MEW 1, p. 6; [NdE: la página citada de las MEW corresponde a Marx, K.: “Observaciones sobre las recientes instrucciones para la censura en Prusia” en Marx, K.: En defensa de la libertad. Los artículos de la Gaceta Renana 1842 – 1843, Valencia, Fernando Torres, 1983, pp. 28 – 29; sin embargo, allí Marx no trata la cuestión referida, sino que lo hace en MEW 1, pp. 11-12, correspondientes a Marx, K.: “Observaciones sobre las recientes instrucciones para la censura en Prusia”, op. cit., pp. 34-35]; Engels, F.: Anti-Düring, Madrid, Ciencia Nueva, 1968, pp. 129-130).
[114] Marx, K.: “Sobre la cuestión judía”, op. cit, pp. 50-51.
[115] Projekt Klassenanalyse: "Zur Taktik…", op. cit., p. 131.
[116] Ibídem, p. 132.
[117] Véase al respecto, por ejemplo, las descripciones muy amplias y excesivamente detalladas en el libro de Miliband, R.: El estado en la sociedad capitalista, op. cit., pp. 239, 350.
[118] GR, p. 545 [Marx, K.: Elementos Fundamentales para la Critica de la Economía Política, op. cit., Volumen II, pp. 168-169].
[119] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p.167.
[120] Ibidem, p.169.
[121] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, pp. 49-50 y 382.
[122] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p. 24.
[123] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 703 - 704.
[124] Estos obstáculos son de diferente tipo. Se puede tratar de circunstancias naturales que aparecen en un determinado nivel de desarrollo del proceso de producción y circulación de fenómenos económicos, que por su parte actúan como limitaciones a la producción y realización del plus valor y finalmente también de limitaciones extraeconómicas en forma de leyes, tradiciones, formas de conciencia, etc. (cfr. K. Marx, Die Resultate des unmittelbaren Produktionsprozessses, FaM, 1969, p. 39) [Marx, K.: El Capital, Libro I, Capítulo VI (Inédito). Resultados del proceso directo de producción, México, Siglo XXI, 2009, p. 46.]
[125] Véase, por ejemplo, Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, pp. 384 y ss.
[126] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p. 8.
[127] Véase Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, caps. 8 y 9.
[128] Véase el capítulo 13 de Marx, K.: Ibidem;  pasajes de los “Resultados …” (Marx, K.: El Capital, Libro I, Capítulo VI (Inédito), México, Siglo XXI, 2009).
[129] Véase Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, p. 795.
[130] Véase Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 152-153; tomo II, caps. I y II; tomo III, p. 247.
[131] Véase, por ejemplo, la nota 16. Por lo demás, nos parece que el concepto de condiciones “generales” de producción, en contraposición a las “específicas”, solo posee un significado muy limitado. El atributo de “general” puede usarse en este contexto para señalar el aprovechamiento conjunto de un producto específico por parte de muchos individuos (por ejemplo, de una ruta); se puede referir al carácter útil general de un resultado de trabajo, como en el caso de la producción intelectual general (ciencia), cuyos resultados generales (o bien, resultados del “trabajo general”; Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, pp. 127-128) no pueden usarse en forma general, sino solo de un modo específico (tecnología); y finalmente se podría usar para señalar la importancia para la existencia de la sociedad de determinados productos cuya obtención está sujeta a monopolios naturales (carbón, agua …), que —porque tampoco son sustituibles— deben producirse aun cuando no sea rentable para un capitalista individual. En este último significado, sin embargo, ya se ha reemplazado implícitamente una definición originada en las cualidades del producto por una que se refiere a los intereses de sus usuarios. Es por eso que en este caso puede introducirse sin dificultades al estado en su función de administrador de intereses generales. Véase además también parte V.
[132] Marx, K.: El capital, Libro I, Capítulo VI (Inédito), op. cit., p. 46 [NdE: el texto es ligeramente diferente en la edición citada en español. Hemos mantenido la traducción ya que no altera el sentido y permite la fluidez de la exposición].
 
[133] Ibidem, pp. 46 – 47 [Véase NdE en nota 132].
[134] Ibídem, p. 47.
[135] Ibidem, p. 71.
[136] Véase Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 152-153.
[137] Ibidem, p. 589 y ss.
[138] Véase, por ejemplo, Marx, K.: El capital, op. cit., tomo I, p. 598.
[139] Ibidem, pp. 597.
 
[140] Ibidem, pp. 597.
[141] Véase, por ejemplo, Ibidem, p. 349.
[142] Véase la Parte V.
[143] Marx, K.: Elementos fundamentales…, ed. cit., tomo II, pp. 12 y ss.
[144] Ibidem, pp. 20, 21.
[145] Ibidem, p.24. Este concepto juega un papel central en E. Altvater, aunque no lo transforma en el único constituyente del estado. También en el Projekt Klassenanalyse constituye el eje de la fundamentación conceptual, aunque se entremezclan diferentes argumentaciones (véase la Parte I). En estos puntos se basan también, entre otros, Evers, A. y Lehmann, M.: op. cit.; Ritsert, J., y Rolshausen, C.: op. cit.; en forma más diferenciada, V. Ronge y G. Schmieg se refieren a esta relación en su tesis de doctorado Restriktionen politischer Plannung, Munich, 1972, p. 555 y ss. D. Läpple desarrolla su tesina con el eje en este pasaje de Marx y es en este autor donde probablemente se encuentra el análisis más detallado del mismo.
[146] Ibidem, p. 22.
[147] Ibidem, p. 13 y ss.
[148] Por ejemplo: Evers, A. y Lehmann, M.: op. cit., p. 60 y ss.
[149] Véase por ejemplo Hirsch, J. y Leibried, S.: Materialien zur Wissenschafts- und Bildungspolitik, Frankfurt, 1971, p. 95 y ss.
[150] Véanse las Partes I, II y IV de este trabajo.
[151] Esta diferenciación aparece en E. Altvater con una conceptualización algo diferente y con un procedimiento metodológico distinto. Éste autor diferencia entre “producción y empresa” [véase el artículo incluido en este volumen, NdE], mediante  una diferenciación fenomenológica. En su trabajo todavía no aparecen como formas de la administración de los intereses generales que pueden ser derivadas del concepto del estado.
[152] Ibidem, p. 23.
[153] Ibidem, p. 3 y ss..
[154] Ibidem, p. 9 y ss.
[155] Ibidem, p. 10.
[156] Ibidem, p. 487.
[157] Ibidem, p. 11.
[158] Véase Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, pp 178 y ss., 303 y ss., 283.
[159] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., tomo II, p. 24, subrayado de F. y H. [suprimimos el subrayado original de Marx para evitar confusiones entre ambos, NdE].
[160] Ibidem, p. 22, subrayado F. y H.
[161] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, p. 148; véase Marx, K.: Elementos fundamentales..., op. cit., tomo II, p. 40.
 GR. p. 446.
[162] Ibidem, p. 13; véase Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, p. 154 y ss.; Marx, K.: Elementos fundamentales..., op. cit., tomo II, p. 12, 23, 148.
[163] Ibidem, p. 13.
[164] Véase la diferencia entre el tiempo de producción y el tiempo de trabajo en Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, p. 277 y ss.
[165] Marx, K.: Elementos fundamentales..., op. cit., tomo II, p. 21.
[166] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, p. 277.
[167] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, p. 280. En los Grundrisse Marx parte en un primer momento de que los medios de transporte y comunicación “constituyen una forma del capital fixe [capital fijo] que tiene leyes propias de valorización” (ibídem, p. 16). Pero al final de la discusión consta: “el resultado de nuestra digresión es, por lo demás, que la producción de los medios de comunicación, de las condiciones físicas de circulación, entra en la categoría de producción del capital fixe, por lo cual no constituye caso particular alguno” (ibídem, p. 23-4).
[168] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II, p. 283, subrayado de F, y H.
[169] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p.13.
[170] Marx, K.: El Capital, op. cit., tomo I, p. 95.
[171] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p. 14.
[172] En lo que se refiere a los impuestos, este es de todas maneras el caso. El trabajo forzado equivaldría a la prestación laboral.
[173] Este problema debería dilucidarse con mayor precisión por separado. Se dice muy fácilmente que el estado, en la transición de un modo de producción feudal al capitalista, apoyó objetivamente al último mediante, por ejemplo, la construcción de carreteras. Se complica esta afirmación cuando se ve, justamente en esta fase, que el estado actuaba en contra de la naciente burguesía. Además, el estado, como estado feudal, no es garante de los intereses generales de la manera que hemos constatado por ejemplo, en el estado burgués. Finalmente, habría que esclarecer si estos interrogantes requieren de un análisis sistemático o solo histórico. La hipótesis concisa que debería formularse aquí sería: el estado no apoya “objetivamente” la formación de la relación del capital siguiendo éste como su objetivo superior, sino persiguiendo otros objetivos, que únicamente se pueden lograr con medios que también son convenientes para la formación de la relación de capital. Construye carreteras, por ejemplo, que son la condición tanto para el desarrollo del capital comercial como para el “desenvolvimiento” militar, cumpliendo su objetivo feudal o siguiendo los intereses propios explicables solo a partir de la fase de transición. El mismo Marx alude a este otro objetivo del estado: “[…] donde éste ocupa tradicionalmente aún una posición superior con respecto al capital, el estado todavía tiene el privilegio y la voluntad de compeler la colectividad [a invertir] una parte de su ingreso, no de su capital, en tales trabajos de utilidad pública […]” (Ibidem, p. 21; véase también Ibidem, pp. 167-168).
[174] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo II.
[175] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p. 13 y ss; El capital, op. cit., tomo I, pp. 11 y ss.
[176] Marx, K.: Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p. 21. El trazado de líneas ferroviarias en el desierto del oeste es un ejemplo de estas empresas fallidas de capitales individuales.
[177] Ibidem, p. 21. La “descarga” se refiere a la necesidad de superar limitaciones que pueden aparecer como la ausencia de ferrocarriles o como una empresa ferroviaria en quiebra.
[178] Ibidem, p. 22. La expresión “desarrollo más alto del capital” puede conducir a malentendidos y entenderse como la última fase, la fase terminal. En nuestra opinión, Marx se refiere a aquella “fase” en la que la realidad termina coincidiendo con el concepto de capital en la producción, la circulación y el estado. La “comunidad real se constituye a sí misma en la forma de capital”.
[179] Ibidem, p. 22.
[180] Ibidem, p. 19.
[181] Ibidem, p. 19 y 20.
[182] Ibidem, p. 20.
[183] En varios pasajes Marx pasa por alto explícitamente esta pregunta: piensa que la carretera puede venderse así nomás, como una roca o una tonelada de hierro (Ibidem, p. 11). O afirma: “[…] (el momento y forma de la venta de ningún modo nos conciernen aquí)” (Ibidem, p. 22).
[184] “Cuando el dinero se cambia directamente por trabajo sin que éste produzca capital, sin que sea, por tanto, trabajo productivo, el trabajo se compra como un servicio, expresión equivalente al valor de uso específico que el trabajo al igual que cualquier otra mercancía, presta, pero que es una expresión propia y especifica del especial valor de uso del trabajo cuando éste no presta servicios en cuanto cosa, sino en cuanto actividad […]” (Marx, K.: Teorías sobre la plusvalía, op. cit., tomo I, p. 374).
[185] Aquí debería analizarse aún el rol de la renta básica. Véase también Marx, K.: El capital, op. cit. tomo II, p. 536.
[186] Marx explica las dificultades para construir casas: “Los fondos se consiguen mediante hipotecas, y el dinero se va poniendo a disposición del empresario a medida que progresa la construcción de las diversas casas. Si entonces se produce una crisis que paraliza el pago de las cuotas de adelanto, fracasa habitualmente toda la empresa; en el mejor de los casos, las casas quedan sin terminar hasta que lleguen tiempos mejores; en el peor, se las pone en subasta y se las vende a mitad de precio. Hoy ningún empresario puede progresar ya sin construir con fines especulativos y en gran escala”. (Marx, K.: El capital, op. cit. tomo II, p. 284).
[187] Quedarían por analizar las consecuencias que tienen sobre esta situación las condiciones de competencia limitada (el monopolio de demanda por parte del estado).
[188] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, p. 247; Elementos fundamentales…, op. cit., volumen II, p.22 y pp. 34-35).
[189] Ibidem, p. 23 [NdE: la cita exacta en la edición en español aquí utilizada dice: “Se da por supuesto aquí que el camino constituye una necesidad para la colectividad”]; véase Parte IV.
[190] Ibidem, p. 19, nota.
[191] Ibidem, p. 15.
[192] Ibidem, p. 14.
[193] Ibidem, p. 14.
[194] Marx, K.: El capital, op. cit., tomo III, p. 247.