Allá por el año 1999 en Buenos Aires estábamos asistiendo a la calma que anunciaba la tormenta. El tendal de pobreza, corrupción y tristeza generalizada que dejó el neoliberalismo pudo ser aprovechado políticamente para sembrar esperanzas en remozadas fórmulas que no fueron más que un breve suspiro. Se extendía por el mundo aquella doctrina propagandizada por el sociólogo inglés Anthony Giddens: la Tercera Vía. El Estado retomaría las debilitadas riendas y el capital y el trabajo se conciliarían en un renovado contrato social. Como la historia no le da tiempo ni oportunidad a la cavilación extemporánea, en sólo dos años pasó el Argentinazo cual huracán y se llevó puesta cualquier impostura. A nivel mundial la anexión de Tony Blair a la carrera bélica imperial selló, definitivamente, el fin de esa aventura política.
“Con el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia…”