Presentación del libro "Cambiar el mundo sin tomar el poder" de John Holloway

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Museo Regional de Guadalajara
Jueves, 21 de noviembre de 2002

Rafael Sandoval

Los activistas y militantes que iniciamos en los 70’s, aunque también podría decirlo de mis mayores, los militantes que son desde los 60’s, especialmente del 68, la mayor parte de nuestras vidas nos la hemos pasado buscando cómo tomar el poder para cambiar este mundo y sin duda lo hemos hecho con buenas intenciones pero éstas, como sabemos, pertenecen al mundo de la voluntad y la conciencia y muy pocos de nosotros hemos tomado la responsabilidad de reconocer el compromiso de responsabilizarnos de las determinaciones inconscientes de la voluntad y las intenciones “buenas”.

También nos hemos pasado todo este tiempo viendo cuál es la manera de derrotar a la clase dominante que sustenta el poder y controla el estado y a lo más que se ha llegado es a compartir el poder y el control del estado. Por supuesto, no toda la izquierda mexicana había aceptado entrar en la lógica de compartir el poder político con la derecha.

Con todo, al menos desde 1968 y habiendo vivido la experiencia diversa de las luchas de masas de los 70’s y la guerrilla; las experiencias de organización autónomas de los ciudadanos después de los sismos del 85, la insurgencia del 88 con el cardenismo; y en los 90’s los nuevos movimientos sociales como Alianza Cívica, El barzón, el zapatismo, etc., nunca habíamos sido capaces de reconocer las diferentes formas de resistencia y rebelión que caminaban en todo el país como formas de hacer política porque no luchaban por el poder sino que “sólo” resistían y se rebelaban. Ahí estaba, como ejemplo, la lucha de los indígenas que si acaso vimos que en el 74, 82, 92, tuvieron momentos de movilización por que trascendió en los medios, pero igual la interpretamos instrumentalmente en la perspectiva del poder, como contra-poder del estado. Pero también ahí han estado infinidad de luchas de resistencia y formas de rebelión que no reconocimos y por supuesto nunca se nos ocurrió que su fragmentación es consustancial a la dominación capitalista y que su articulación no pasa por la lucha por el poder y menos se logra desde el estado.

El libro de John Holloway hace toda una disección de lo que significa el capital, el poder y el estado, como relaciones sociales y dá cuenta de la fetichización del hacer y su flujo social como elemento fundamental del mundo de la dominación capitalista hoy. No puedo dejar de resaltar, en detrimento de Ernst Bloch y Theodor Adorno, por ejemplo (con su principio de esperanza y su dialéctica negativa) que es desde Marx y Freud, pero sobre todo desde el marxismo, que Holloway logra reconocer la “riqueza caótica de luchas (como) una sola lucha por emancipar el pode-hacer, por liberar el hacer humano del capital” como una forma de “lo que existe en el modo de ser negado (y que ello) no es sólo un proyecto (sino que) existe… existe como negación, como no-identidad… como lo reprimido es la sustancia de la neurosis… como la crisis de las formas fetichizadas”.
[ Holloway; 2002; 304-305]

En el mismo sentido no puedo dejar de resaltar junto con tantas luchas y tantos luchadores-pensadores como los piqueteros de Argentina, los sin tierra de Brasil, los cocaleros de Colombia, entre otros, que es desde el zapatismo, que se logra reconocer el cambio en las formas de hacer política, desinvertidas de la idea de poder y estado, y luchas “que son destellos contra el fetichismo, festivales de los no subordinados, carnavales de los oprimidos, explosiones del principio de placer”, la revolución entendida como “un proceso sin fin o un evento que debe ser renovado constantemente”.
[ Holloway; 2002; 308]

El libro de John Holloway es, pues, una convocatoria, por decir lo menos, a reconocer que otro mundo es posible y está siendo en el reconocimiento de la dignidad y la autonomía que cada vez más personas y comunidades estamos reivindicando y ejerciendo. Y me permito aquí hablarles como zapatista, como activista del Frente Zapatista de Liberación Nacional, y convocarnos a que nuestra simpatía por el zapatismo se convierta en lo que ya somos de por sí pero que todavía no se reconoce del todo: activistas en la recuperación del poder-hacer, de la dignidad y la autonomía, que no otro cosa es estar-siendo zapatistas, piqueteros, ocupas, rebeldes.

Por otra parte, este libro nos convoca a debatir y claramente desde una posición de antipoder a cambiar el mundo sin tomar el poder. Esto significa, en principio, renunciar al poder que ejercemos en la cotidianeidad sobre otros, en las relaciones sociales que mantenemos con nos-otros, en los diferentes ámbitos de la vida o solo se trata de renunciar a tomar el poder del estado. La cuestión no es cualquier cosa, se está planteando no solo transformar el mundo sino cambiarlo por otro. Un mundo donde quepan todos, donde la diferencia, es decir, la no-identidad, sea el principio que nos permita no volver a clasificarnos y definirnos en la diferencia-desigualdad, donde unos manden y otros obedezcan; pero además, John no nos ofrece mas que un método, el método zapatista de caminar preguntando.

Pero antes de salirnos por el método, habrá que preguntarnos qué significa esto de renunciar al poder-sobre los otros en el que estamos imbuidos y del que somos responsables o mejor corresponsables. Voy a dar un (aparente) rodeo al tema, hace poco más de veinte años Raúl Páramo publicó Sentimiento de culpa y prestigio revolucionario que a varios activistas y militantes revolucionarios nos movió el tapete de la conciencia revolucionaria y nos mando a la lona del inconsciente para caer en la cuenta de los horrores a que nos sometemos como sujetos sujetados no sólo al dominio político-social, sino cómo este penetra hasta lo más profundo de nuestro ser-humano, al inconsciente, y cómo desde ahí se reproduce el dominio, el poder-sobre entre nos-otros

Sin duda fue un gran alivio reconocer el sentimiento de culpa tanto por no hacer bien la revolución como por hacer como que la hacíamos con toda clase de marrullerías en pos de mantener un prestigio revolucionario e intentar situarnos en la conciencia de culpa que permitía que nuestras limitaciones se convirtieran en motor generador para superarlas en vez de adoptar una personalidad autoritaria-“revolucionaria” o cuando menos reconocerla. Para aludir a la relación que Páramo hace, cito “lo que en la literatura marxista aparece como «falsa conciencia» en la literatura psicoanalítica se revela como «sentimiento de culpa» [Páramo; 1982; 9]. Por cierto, cabe mencionar que antes de lla publicación en libro, intentamos que este ensayo fuera publicado en la revista Cuadernos Políticos y más de uno de los más prestigiados revolucionarios emanados del movimiento del 68 y dirigentes de la entonces Coordinadora Revolucionaria Nacional, CNR, no lo consideró pertinente y aún incomodo que se publicara.

En el mismo sentido quiero mencionar lo que nos permitió reconocer sobre el factor subjetivo, en el ensayo de Páramo La subjetividad en la historia de hace poco mas de diez años, en el que se advierte que “es insuficiente creer que todo se resolverá automáticamente con el triunfo del socialismo (y que)… la absolución del capitalismo —como un primer paso indispensable— no resuelve aún los pasos subsiguientes” [Páramo; 1992;1].

En suma, como ignorar la estructura psíquica conformada en todos estos miles de años (y determinada por los procesos sociales) en la forma de dominio y fetichización, sin caer en falsas conciencias o si se quiere dicho en otros términos como “emprender la crítica de las relaciones amorosas actuales (que no condiciones de vida)”, como cita Páramo a Marx, de tal manera que sin ignorar la realidad de la lucha de la rebeldía, se reconozca la contradicción y el antagonismo entre todos y todas. Cómo reconocer pues, que la solidaridad, la dignidad, el todavía-no, también ya son una realidad.

Como ignorar que la estructura social conformada en todos estos miles de años en la forma de dominio depende y fué hecha por todos nosotros, y que también puede ser cambiada. De nuevo, no hay respuestas ni certidumbre en conseguirlo, pero se propone un método: el caminando preguntando zapatista a partir del reconocimiento de la realidad que representa el factor subjetivo como condicionante exclusivo de los procesos sociales y de cómo ese ¡Ya Basta!, ese ¡No! A la situación actual es el punto de partida para generalizar y articular lo que el capitalismo fragmenta: el hacer de todos, la dignidad y la autonomía.

¿Cómo cambiar el mundo sin tomar el poder? Holloway dice que la respuesta es obvia: no lo sabemos; pero se plantea el desafío propuesto por los zapatistas: el salvar a la revolución del colapso de la ilusión del estado y del colapso de la ilusión del poder [Cf. Holloway; 2002; 43], “… nuestra preocupación central (dice) es cambiar el mundo negando el que existe” [Holloway;2002; 45] y empezar por reconocer que las personas tienen millones de maneras de decir ¡No! [Cf.Holloway;2002; 295], el desafío es también reconocer que “todos somos revolucionarios (rebeldes) aunque en formas muy contradictorias, fetichizadas, reprimidas” [308].

Es decir, la cuestión está en aprehender a vernos como rebeldes en nuestras contradicciones, nuestra fetichización y represión.