Presentación de "Cambiar el mundo sin tomar el poder"

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John Holloway

Herramienta-BUAP, Buenos Aires, 2002.

Raquel Gutiérrez Aguilar

Holloway afirma, desde el principio de su trabajo que “el propósito de este libro es fortalecer la negatividad, tomar partido por la mosca atrapada, hacer el grito más estridente”.

Y va a hacerlo, esforzándose por entender la historia a partir de una subjetividad indefinida que se rebela, que grita, que niega aquello que es, recurrentemente, forzada a ser.

En este sentido Holloway recupera una vía para la intelección de los fenómenos sociales: el privilegio del hacer sobre el ser.

Una segunda idea central del trabajo de Holloway es argumentar que: “la pulverización del flujo social del hacer está en la base de la dominación del capital (y de la generación constante de las condiciones materiales necesarias para la explotación del trabajo vivo).

Mis preocupaciones, y por tanto así va a llevarse a cabo mi presentación, son epistemológicas y prácticas. Me voy a alinear con John en su propósito, que también es el mío y voy a bosquejar 3 ideas:

1.      Muchas de las nociones que “sabemos”, es decir, un conjunto sistemático de saberes acerca del mundo y, sobre todo, de la práctica revolucionaria, funcionan hoy como auténticos “obstáculos epistemológicos” -en el sentido de Bachelard- que enturbian nuestra comprensión de lo que sucede.

2.      Después de exponer lo anterior presentaré algunas herramientas teóricas que creo, pueden ser útiles para sintonizarme con el esfuerzo de John.

3.      Y terminaré presentando algunos aspectos de la manera como entiendo que se “arma una estrategia”.

El primer punto tiene que ver parte de lo que John aborda en su trabajo, aunque él lo hace desde un enfoque teórico un tanto diferente al mío.

Considero entonces que su libro queda inscrito en los esfuerzos múltiples, descentrados y tendencialmente colectivos por superar los “obstáculos epistemológicos” a fin de dotarnos de un horizonte de posibilidades prácticas respecto a qué hacer desde el trabajo vivo.

Aquí hay algunas preguntas: ¿Podemos pensar que hacemos la revolución si nos embarcamos en una empresa común por tomar el poder? ¿Podemos pensar que el “socialismo” se consigue a través de imponer colectivamente la estatización de los medios de producción y la planificación centralizada? ¿Podemos pensar que avanzamos en la empresa de tomar el poder para construir el socialismo, si construimos un partido “eficiente como una máquina”, compacto, sólido, unitario, etc.?

Estas son preguntas cuyas respuestas se bosquejan en el libro de John y él utiliza una herramienta: la dialéctica negativa.

Mi interés es precisar algunos puntos que, desde mi propia perspectiva, requieren de clarificación. Partamos del modo como “amueblamos” el mundo. ¿Qué consideramos que existe? ¿Estructuras que adquieren cuerpo, se consolidan y se enfrentan entre sí? ¿Átomos, relativamente libres, que se agregan ordenados por principios reguladores que conducen a la estabilidad del sistema? ¿Sistemas de relaciones sociales donde los agentes constituyen la red de relaciones en la que quedan colocados al mismo tiempo que la producen?

En fin, la ontología no es cuestión solamente del “monasterio académico” sino que es un punto muy decisivo a la hora de diseñar estrategias políticas.

A mi me gusta, esto es, elijo, una versión de la teoría de sistemas, la que busca dar cuenta de los fenómenos lejos del equilibrio. Y permítanme introducir algunas nociones y distinguir entre:

·        Aquello que fluye --- John dice que esto es el trabajo vivo, la capacidad humana de hacer, esto a fin de cuentas, es la sustancia social básica y por tanto, también, la sustancia del poder-imposición. Es la energía básica en flujo, es el poder hacer.

·        Las estructuras que tal flujo constituye --- Esta energía, dada la configuración actual de la red de relaciones sociales, se estanca en determinados sitios, se condensa, se fractura. Esto es lo que John llama “la ruptura fundamental del flujo social del hacer”. Notar que lo interesante es que esta “manera” de fluir es lo que constituye las estructuras que hoy padecemos.

·        La configuración que ordena la forma del flujo.--- Esta noción, que para mi es la decisiva, en el trabajo de John no queda nítidamente aclarada. Una configuración es la manera en la que están en relación los distintos elementos de un sistema, es la forma del fluir del flujo. Es una idea geométrica. Bajo relaciones capitalistas de producción este flujo es disconexo, tiende a la pulverización, tiende a ser atrapado por las condensaciones de energía solidificada que constituyen las estructuras, etc.

 

Viendo las cosas así, las tareas estratégicas de aquellos que tengan el propósito de cambiar el mundo, al menos a nivel abstracto se clarifican: de lo que se trata es de re-unificar el flujo social del hacer, desde la pulverización que la configuración actual, capitalista, le impone.

John afirma que desde su enfoque, impulsar una estrategia para cambiar el mundo, significa, hoy, agudizar la negación práctica de la impotencia en la que quedan sumidos los hacedores. Y esto es justamente, el despliegue del poder hacer.

El despliegue del poder hacer en medio de unificaciones dinámicas no estables es capaz de cambiar el mundo. Yo creo que sí. Y además, considero que es lo único que lo puede cambiar porque es lo único cuyos esfuerzos se dirigirían a modificar la configuración del sistema: el modo como los distintos elementos están en relación y que diagrama la forma de fluir del hacer, o de la capacidad humana de hacer.

En relación a todo lo anterior tres ideas para cerrar:

·        La mente humana genera, más bien, antes que deducir de axiomas, patrones de conocimiento -mundano, práctico- para procesar la información.

·        Una parte de las tareas pendientes, actuales, urgentes, es la generación de patrones de conocimiento -y re-conocimiento- colectivo de aquellas acciones prácticas en las que se despliega el poder-hacer. Estamos hablando de la producción de un marco de intelección, de una matriz de entendimiento que nos permita reconocer y distinguir las acciones, los esfuerzos del poder hacer.

Dos elementos que pueden atribuirse a esta necesaria matriz de intelección: el despliegue del poder hacer exige ante todo la soberanía de la acción de todos en la autonomía de la acción de cada uno. Y es por aquí, por donde estas ideas se vuelven a eslabonar con lo que John llama dignidad.

·        Y ahora si ya para finalizar, pero también para intentar decir algo más concreto, bosquejo una idea acerca de cómo se producen acuerdos si pensamos de este modo.

Si de lo que se trata es de trabajar por la interunificación de los múltiples casos en los que el flujo social del hacer se resiste y se opone a la fragmentación, si de lo que se trata es de impulsar la interunificación de los diversos despliegues del poder-hacer... no se pueden tomar acuerdos de la manera cómo estábamos acostumbrados: afirmando principios fundamentales, proponiendo estatutos, legislando sobre conductas, etc. Estas herramientas sirven para conducir y organizar estructuras no para orientarse de manera vertiginosa en los esfuerzos humanos por negar la negación radical en la que vivimos y por des-configurar y re-configurar la red de relaciones del capital en su conjunto.

Es mucho más fértil si el objetivo es lo que antes señalé, pensar principios generadores del acuerdo: estos principios no asumen la forma de afirmaciones, sino que son colecciones de principios negativos que delimitan campos de acción con posibilidades de interunificación.

Veámoslo con lo que Marx dice nada más y nada menos que en el Manifiesto.

·        Los comunistas no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros.

·        Los comunistas no tienen intereses que los separen del conjunto del proletariado.

·        Los comunistas no proclamamos principios especiales a los que quisiéramos amoldar el movimiento real que se desenvuelve ante nuestros ojos.

·        Nuestras tesis no se basan en modo alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual reformador del mundo.

·        Nuestras tesis no son sino la expresión de conjunto de las condiciones reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está desenvolviendo ante nuestros ojos.

Considero que no es extraño que Marx, en 1848, para presentar la “identidad” de los comunistas, haya tenido que recurrir a cinco formulaciones construidas en torno a la palabra NO.

Estos 5 no´s en mi opinión, dibujan un principio generador: marcan las opciones que definitivamente no hay que elegir. Esta enunciación de negatividades entonces, porta, gesta, genera una positividad... pero es positividad práctica y además positividad en marcha.

Esto mismo, hoy, es lo que creo yo que hace John Holloway. Por eso es un honor comentar su trabajo.

Muchas gracias.

Raquel Gutiérrez Aguilar


UNAM, 11 de Febrero de 2003