"Cambiar el mundo sin tomar el poder" o el discurso de renuncia definitiva a la revolución

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Osvaldo González

La declaración de imposibilidad  que los oprimidos puedan orientar concientemente  la lucha  hacia la destrucción del Estado de  dominación del capital y  la construcción de un poder de la clase explotada, haciendo  eficaz y posible la construcción de una nueva sociedad no capitalista,  es hoy el centro del moderno pensamiento del neomarxismo, o mejor dicho del  antimarxismo, consistente en reciclar algunas ideas de el mismo colocándolas en el terreno de planteos anarquistas sobre el Estado.

El viejo pensamiento anarquista negó siempre la importancia de la lucha política de los trabajadores y expoliados contra el poder de los explotadores y por un poder revolucionario de los explotado. Hoy ese pensamiento se ha mutado hacia la derecha, y en las ideas de una variedad de nuevos teóricos, consideran  anacrónico y del pasado la lucha contra el Estado opresor.

"El saber de los revolucionarios del siglo pasado fue derrotado" dice John Holloway en su libro, cuyo título parece escrito por Jonathan Swift o los hermanos Marx, y no por el ex marxista doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Edimburgo: "Cambiar el mundo sin tomar el poder". Con un subtítulo que lo enmarca históricamente: "el significado de la revolución hoy".

Tal destino no revolucionario para las luchas de resistencia en el mundo de hoy, no es modificado  - aunque es el intento del libro - por otro de combate contra el sistema de dominio imperialista del mundo. Al contrario, retrocediendo decenas de años en el pensamiento revolucionario, el de Marx y Engels, de la organización de los trabajadores en la primera y la segunda Internacional, en el pensamiento de Lenin y la revolución Rusa y la Tercera Internacional, en el debate de los marxistas sobre el significado de la URSS y los países del Pacto de Varsovia, en la revoluciones de liberación y socialistas de posguerra de los países oprimidos, en el pensamiento de Fidel y el Che para la revolución cubana y Latinoamericana, en la resistencia armada de los pueblos palestinos, árabes, latinoamericanos en la actualidad,  se dice en el libro mencionado a modo de lanzamiento de la idea de "Cambiar el mundo...":

"El llamado zapatista a construir un mundo nuevo sin tomar el poder ha tenido una repercusión extraordinaria, esta repercusión está relacionada con el crecimiento en lo últimos años de lo que podría llamarse un espacio de anti-poder. Dicho espacio corresponde a un debilitamiento del proceso que centra el descontento en el Estado".

Después de  más de 300 paginas donde impera un pensamiento basado en la psicología social  sobre el capitalismo, donde está suprimido toda observación económico-social, política, del sistema de dominio; y sin análisis teórico de los fracasos de la revolución y de las organizaciones tradicionales de los explotados y de los Estados no capitalistas; sin materializar jamás la propuesta de cambiar el mundo sin derrotar a los que lo dominan, asegura, volviendo a empezar,  en las últimas páginas,  que: "Hemos perdido toda certeza", aunque: "la apertura de la incertidumbre es central para la revolución". "Pero es más que eso: nuestro no saber, es también el de aquellos que comprenden que no saber es parte del proceso revolucionario".

Jhon Holloway es un  teórico de las nuevas corrientes de pensamiento,  que se plantean  aniquilar el pensamiento revolucionario "desde adentro".

En este reciente libro es atacada la revolución sin argumentos, salvo el de  los fracasos revolucionarios. Son  enterradas las ideas revolucionarias por el quebranto y la desmoralización que originaron los fracasos y las derrotas ideológicas del marxismo de mausoleo o el opuesto de recetario.

Por  inexistencia  de revoluciones triunfantes en el mundo en la actualidad, y consecuentemente la caída del pensamiento revolucionario. Ante la carencia de rehaprensión teórica, en nuevas condiciones históricas, del pensamiento marxista, ante el tacticismo, reduccionismo,  electoralismo y alejamiento de las organizaciones obreras y sociales de la izquierda tradicional en todas sus variantes, han surgido pensamientos en las que John Holloway como Toni Negri, situacionistas, contrapoder y otros, con mínimas diferencias, que no difiere en los sustancial,  rechazan la posibilidad que otra vez el pensamiento se centre en el debate acerca de la conformación de organizaciones revolucionarias para luchar por el poder de la clase social de los explotados.

Delata el  libro de Holloway un verdadero pensar antirrevolucionario, al declarar la  inutilidad de la lucha por la destrucción del Estado capitalista y afirmar como imposible eliminar revolucionariamente  al capitalismo y su Estado, en la concepción insurrecional o de guerra civil o nacional  prolongada, afirmando que:  "El problema de la lucha armada es que acepta desde el comienzo que es necesario adoptar los métodos del enemigo a  fin de vencerlo , pero incluso en el improbable caso de la victoria militar las que han triunfado son las relaciones sociales capitalistas". La  posición pacifista ante la violencia los coloca en el terreno del peor anarquismo, el  "liberal de izquierda" al decir de Lenin.

Descubrimos así,  según estas ideas, que la organización militar revolucionaria, los ejércitos populares,  llevan el germen del capitalismo por el uso de  la ciencia y el arte militar. No por el programa político que defienden; como en el caso de Nicaragua, que luego de un triunfo revolucionario sobre el imperialismo, logra este último recuperar el Estado perdido por la adaptación de la dirección Nica al democratismo burgués y la negativa a empujar el proceso histórico hacia  las transformaciones socialistas.

Es una  clave del libro  la crítica al  determinismo, que surge del resultado de mayor combatividad social derivada de la teoría marxista de las crisis (por tendencia decreciente de la tasa de ganancia, o la teoría de la desproporcionalidad, o del subconsumo.: Holloway dice: "tienden a deificar a la economía,(o a la historia o a las fuerzas productivas), a crear una fuerza por fuera del accionar humano, que será nuestra salvadora".

Responder a este tema, más allá de las dificultades que crea el hecho  que muchas corrientes de la izquierda hayan utilizado una y más veces el inflador determinista para estimular un efímero entusiasmo militante es fundamental, porque en lo mejor del pensamiento revolucionario siempre se entendió que si los hombres no resuelven la revolución, la clase capitalista de por si, no cae como una fruta madura.

Aunque el método de utilizar citas de los clásicos revolucionarios no arroja soluciones a los debates, en este caso demuestra al menos "la mala leche", de muchos de los críticos que apoyándose en los errores de la izquierda, quieren destruir toda la historia del pensamiento revolucionario de 150 años, válidos muchos de ellos para analizar que el determinismo no está en la esencia del pensamiento revolucionario.

En el preámbulo de los Estatutos de la 1a. Internacional se dice: "La emancipación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos", y se sienta en esas palabras el papel de las  masas en la revolución.

Es poco tomada en cuenta  aquella frase del máximo dirigente de la Revolución Rusa que dice que  "la revolución no surge de toda situación revolucionaria, si no solo de una situación en la que los cambios objetivos antes enumerados viene a sumarse un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria para llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo bastante fuertes como para destruir (o quebrantar) el viejo gobierno, que "jamás caerá", ni siquiera en las épocas de crisis, si no se lo hace caer".

En esta línea antideterminista, Fidel Castro, en la 2a. Declaración de la Habana de 1962 dijo: " Se sabe que en América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo. El papel de Job no cuadra con el de un revolucionario". En la misma Declaración de la Habana se repite una frase anterior del Che Guevara donde fuera de todo determinismo  llama  asumir  que "el deber de todo revolucionario es hacer la revolución".

Los conceptos marxistas de  fetichismo, enajenación, o extrañamiento y separación del trabajo de su producto la mercancía,(en los Manuscritos de 1844 Marx dice: "la enajenación del trabajador en su producto significa que existe fuera de él, independientemente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él" y luego en el segundo párrafo del Capital afirma: "la mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior") es utilizado por Holloway para sacar a diferencia de Marx, conclusiones reformistas y de adaptación al marco del sistema capitalista.

¿Cómo? "Logrando que el hacer (el trabajo) no se separe de lo hecho". No hacia la revolución que niega, si no  retrocediendo,como veremos, a las propuestas del socialismo utópico previo al marxismo.

Resolver el problema  que "el hacer" no se transforme en mercancía  y que por la vía de la acumulación capitalista se vuelva contra "el hacedor", es solo materia de la revolución y de la eliminación de la explotación capitalista y del Estado que la sostiene.

Propone Holloway "el cambio de una política de organización a una de eventos". El muestrario de tales "eventos", lo ve en los desocupados, las Asambleas populares y el trueque. Dice que en estos casos "tales eventos son destellos contra el fetichismo, festivales de los no subordinados, carnavales de los oprimidos, explosiones del principio del placer". Los espacios de emprendimientos autónomos laborales de los desocupados y las Asambleas populares están muy lejos, como el trueque, de ser "el fin de la dominación del trabajo muerto sobre el hacer vivo, la disolución de la identidad".

Para comprobarlo basta la opinión de "Chichi" Doga, ministra de Desarrollo Social, que asegura  que "en Argentina se está terminando con el hambre por el plan Jefes y Jefas" y apoya los emprendimientos laborales como forma de parar las luchas y controlar la actividad social de los desocupados, no "los destellos contra el fetichismo y los festivales de la no  subordinación" que estimula  Holloway, y los grupos situacionistas y contrapoder, que  colocan un  espejismo de revolucionarismo en  los movimientos cooperativos de fábricas o talleres ocupados, en los emprendimientos de granjas comunitarias o huertas. Dice la ministra, en una entrevista de Página/12, del 22 de septiembre, mostrando el significado de subordinación al capital y a los planes gubernamentales de los emprendimientos, que: "tenemos que generar oportunidades a los emprendimientos, como organizar granjas o huertas".

El socialismo utópico de nuestra época no asusta a los gobernantes como antaño. Ni es el socialismo en un solo país del stalinismo, es apenas la utopía del socialismo en una sola cuadra, o en una sola casa, de los emprendimientos cooperativos.

Una pagina antes de terminar el libro, Holloway se pregunta ¿"Entonces, como cambiamos el mundo sin tomar el poder"? Y responde: "Al final del libro como al comienzo, no lo sabemos".

Luego, en franca desmoralización y carencia de análisis serio, asegura: "los leninistas lo saben o solían saberlo. Nosotros no"."El cambio revolucionario es más desesperadamente urgente que nunca, pero ya no sabemos que significa revolución". Y sigue"Este es un libro que no tiene un final feliz".

Al espontaneismo militante defendido en el libro,que afirma que "preguntando caminamos", es preferible aclararle que los caminos suelen ser peligrosos. En cualquier recodo del camino  puede aparecer la derrota del movimiento popular, sino hay previsión. Se sabe que  prever, es la política.

Hay que decir además que las experiencias de la lucha de clases en el mundo no nacieron con el zapatismo, y que mucho antes, los revolucionarios venían acumulando experiencias y elaboraciones de gran valor. La cuestión está en qué punto se establece la madurez, cómo caminamos: si hacia la mesa de negociaciones, aceptando que así podemos modificar la vida de los explotados en la sociedad capitalista e imperialista, o intentando y probando las formas de derrotarlo, como  lo vinieron  haciendo los pueblos durante décadas y lo seguirán haciendo siempre, precedidos por los destacamentos de hombres que toman la revolución como centro de sus vidas.

Elaborar un pensamiento sobre la "no- revolución" disfrazada como "el significado de la revolución hoy", es tarea de intelectuales que solo buscan trasmitir a los explotados su propio sentimiento de imposibilidad, de desánimo y conformismo, propio de sectores medios insertados en la sobrevivencia en una sociedad capitalista, que organiza para el resto de la humanidad la barbarie.

Osvaldo González
2 de octubre del 2002