Manifiesto Medias Rojas

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REDSTOCKINGS fue uno de los grupos fundadores del movimiento de liberación de las mujeres de los 60, en los Estados Unidos. El nombre es un neologismo tomado del término “bluestockings” (medias azules), aplicada a las mujeres intelectualizadas en el siglo XIX, aquí modificado para “redstockings” (medias rojas), reivindicando el rojo como el color de la revolución.

Caracterizadas por acciones como demostraciones públicas, teatro callejero, acciones directas, y por difundir un periódico propio, el “Feminist Revolution” (Revolución Feminista). La organización surgió de un grupo de feministas radicales, en oposición al feminismo liberal como la Organización Nacional de Mujeres (NOW), la cual veían como una forma de avance del movimiento de mujeres únicamente en términos de reformas institucionales.
Hoy en día las miembras del grupo mantienen un proyecto de disponibilización del archivo histórico producido para eso mismo, llamado “Historia para Uso Activista”. Algunas cosas pueden ser obtenidas en el sitio web www.redstockings.org, de donde fue extraído el manifesto que sigue a continuación.
 
Traducción y Edición: marzo de 2012.
 
MANIFIESTO 
 
I.Después de unas centenas de luchas individuales y luchas preliminares políticas, las mujeres se están uniendo para alcanzar su liberación final de la supremacía masculina. Redstockings es dedicada a construír esa unidad y conquistar nuestra liberdad.
 
II. Las Mujeres son una clase oprimida. Nuestra opresión es total, afectando cada faceta de nuestras vidas. Nosotras somos explotadas como objetos sexuales, criadoras, siervas domesticas, y trabajo barato. Somos consideradas seres inferiores, cuyo único propósito es mejorar la vida de los hombres. Nuestra humanidad es negada. Nuestro comportamiento prescripto es forzado por las amenaza de violencia física.
 
III. Nosotras identificamos a los agentes de nuestra opresión como hombres. La Supremacía Masculina es la más antigua y la más básica forma de dominación. Todas las demás formas de explotación y opresión (racismo, capitalismo, imperialismo, etc.) son extensiones de la supremacía masculina: los hombres dominan a las mujeres, y unos pocos hombres dominan lo restante. Todas las estructuras de poder a través de la historia fueron hombre-dominadas y masculino-orientadas. Los hombres estuvieron controlando todas las instituciones políticas, económicas, políticas y culturales, y mantuvieron ese control con fuerza física. Ellos usaron el poder para mantener a las mujeres en una posición inferior. Todos los hombres reciben beneficios económicos, sexuales y psicológicos de la supremacía masculina. Todos los hombres han oprimido a las mujeres.
 
IV. Se intentó mover la carga de responsabilidad de los hombres, hacia
las instituciones o hacia las mujeres mismas. Nosotras condenamos esos
argumentos como evasiones. Las instituciones solas no oprimen; ellas
son meramente herramientas del opresor. Culpabilizar a las instituciones implica que hombres y mujeres son igualmente victimizados, y eso obscurece el hecho de que los hombres se benefician de la subordinación de las mujeres, y da a los hombres la excusa de que ellos fueron forzados a ser opresores. Por el contrario, cualquier hombre es libre  para renunciar a su posición superior, siempre que esté dispuesto a ser tratado como a una mujer por algún otro hombre.
Nosotras también rechazamos la idea de que las mujeres lo consienten, o
que deben ser culpadas por su propia opresión. La sumisión de las mujeres
no es el resultado de un lavaje cerebral, estupidez o enfermedad mental; por el contrario, resulta de la presión diaria venida de los hombres.
Nosotras no necesitamos cambiarnos a nosotras mismas, pero sí los hombres deben. La evasión más calumniosa de todas es la de que las mujeres pueden oprimir a los varones. La base de esta ilusión es el aislamiento de las relaciones individuales de sus contextos políticos y la tendencia de los hombres de ver a cualquier desafió legítimo a sus privilegios como una persecución.
 
V. Consideramos nuestra experiencia personal, y nuestros sentimientos sobre esa experiencia, como la base para un análisis de nuestra situación común. No podemos depender de las ideologías existentes cuando son todas ellas productos de la cultura supremacista masculina. Nosotras cuestionamos cada generalización y no aceptamos ninguna que no esté confirmada por nuestra experiencia.
Nuestra tarea principal en este momento es la de desarrollar consciencia de clase femenina por medio de la experiencia compartida y exponiendo públicamente la fundación sexista de todas las instituciones. Los grupos de autoconsciencia no son "terapias", que suponen la existencia de soluciones individuales y falsamente asume que las relaciones hombre-mujer son puramente personales, sino que es el único método por el cual podremos asegurar que nuestro programa para la liberación esta basado en realidades concretas de nuestras vidas.
El primer requisito para crear consciencia de clase es honestidad, en lo privado y en lo público, con nosotras mismas y con las demás mujeres.
 
VI. Nos identificamos con todas las mujeres. Definimos nuestro mejor interés como si fuera el de las mujeres más pobres, las más brutalmente explotadas. Repudiamos todos los privilegios económicos, raciales, educacionales o de status que nos dividen a nosotras de las demás mujeres. Estamos determinadas a reconocerlos y eliminar cualquier prejuicio que podemos tener con nosotras en contra de otras mujeres. Estamos comprometidas en alcanzar democracia interna. Haremos lo que sea necesario para asegurar que cada mujer en nuestro movimiento tenga iguales oportunidades de participar, asumir responsabilidad, y desarrollar su potencial político.
 
VII. Convocamos a todas nuestras hermanas a unirse con nosotras en lucha. 
Llamamos a todos hombres a dejar su privilegio masculino y apoyar la
liberación de las mujeres para el interés de la humanidad y de ellas mismas. Luchando por nuestra liberación, nosotras siempre tomamos el lado de las mujeres en contra de sus opresores. No vamos a preguntarnos lo que es "revolucionario" o "reformista", sino solamente lo que es mejor para las mujeres.
El tiempo de las pequeñas batallas individuales ha pasado. Ahora vamos
hasta el fin.
 
(7 de Julio de 1969).