Se ahogó y punto

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Se ahogó y punto
Sebastián Lacunza
 ¿Hubo testimonios falsos, se ocultó información, se inventaron teorías inverosímiles, se protegió a los culpables? ¿Cómo actuaron los poderes del Estado, los medios y los organismos locales e internacionales? ¿Qué imagen nos devuelve el espejo de un caso que conmocionó como pocos a la sociedad argentina? Mientras tanto, seis meses después, una familia todavía espera saber en qué circunstancias murió ahogado Santiago Maldonado.
 
Exigen disculpas. Manifiestan indignación por haber sido sospechados de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Activan la persecución judicial de quienes los acusaron miserablemente. No se la llevarán de arriba. El odio de la izquierda y el kirchnerismo al apellido Macri arrastró a la CIDH y a Amnesty International a calumniar a un gobierno democrático. CELS, se te va a acabar el curro. Vos, Iñigo Errejón, populista financiado por el chavismo, nos acordamos de tu tuit. Te engañaron, romántico Noam Chomsky. Meteoróloga Mercedes Moran, mejor preguntá dónde está Panigassi. Y vos, Sergio Maldonado, no te ampares en el dolor de hermano: no sos juez. Quisieron transformar a un mochilero que no sabía nadar en un heroico desaparecido. Les salió mal, lo sentimos. Se ahogó.
 
 No se trata de meros adjetivos e hipótesis disparados por trolls. Los principales funcionarios del gobierno, intelectuales afines, editoriales de diarios, columnistas, analistas de radio y panelistas de la televisión apelaron a alguno o varios de los argumentos citados para denunciar la “farsa” de la que fueron víctimas. Unos cuantos escribieron que los mapuches y parte de las querellas sabían de entrada que Santiago se había ahogado el día uno, hace hoy seis meses, y ocultaron el cadáver para generarle a Macri una derrota electoral.
 
 Nadie superó en puntillosidad a Jaime Durán Barba, autor de la tesis del terrorismo mapuche financiado por la Mapuche International Link de Bristol, la Association Amérique Indienne de Bélgica, el Consejo Indígena de Holanda, el Institut für Theologie und Politik y la Red Internacional de Apoyo al Pueblo Pehuenche de Alemania. Financistas que cuentan en el terreno con el apoyo de partidos “monárquicos, marxistas, psicodélicos o kirchneristas”. Como sostiene el influyente asesor ad-honorem de la Casa Rosada, “la gente” no está contaminada por las lógicas del “círculo rojo”, por lo que finalmente el engaño no prosperó y el voto brindó al Ejecutivo un sólido triunfo en octubre.
 
 La declaración final de victoria llegó de la mano de la reciente caída de las cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y el Comité contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas. Ambos habían emitido alertas por urgencia y gravedad ante la desaparición del joven oriundo de la localidad de 25 de Mayo. Dado que el cuerpo fue encontrado el 17 de octubre pasado, cesó la emergencia. Este paso elemental fue presentado como un “revés para la familia Maldonado”: caso cerrado.
 
 En ambas resoluciones que dieron por finalizadas las cautelares, la CIDH y el comité de la ONU exigieron al Estado argentino una investigación “exhaustiva” sobre la muerte de Santiago, con “garantía” jurídica para sus familiares, en cumplimiento de la Convención Americana de Derechos Humanos y la Convención Internacional para la Protección contra las Desapariciones Forzadas. Ya le aconsejó Durán Barba a Federico Sturzenegger: la gente no está para esos detalles. “Háblales de tus hijos y pon caras”.
 
 Para la segunda muerte que arrojó el combate contra el terrorismo mapuche, el guión no necesitó de peritajes criminalísticos, órdenes de allanamiento y testigos.
 
 El primer plano de los ojos de un joven mapuche con rasgos de adolescente asesinado por la espalda en un bosque de Bariloche, el 25 de noviembre de 2017, recorrería menos plazas y, sobre todo, menos pantallas. Hagan todas las marchas que quieran por Rafael Nahuel, no serán televisadas. Y si es necesario preservar el orden, arrestaremos a los manifestantes por intimidación pública, un delito federal. Les puede tocar el juzgado de Claudio Bonadio.
 
 La descripción dada por Patricia Bullrich y Gabriela Michetti sobre “un grupo con preparación militar” que portaba lanzas, boleadoras y misiles que arrancaron árboles de cuajo bastó como explicación oficial. Cuatro prefectos intentaron disparar balas de pintura pero escucharon que los mapuches los querían matar. “Tiraban con todo”.
 
 De todo, lo único que se encontró en el bosque mediante georradar en la inspección de los peritos fueron treinta vainas de balas 9 milímetros, como las que utiliza Prefectura. De acuerdo a lo que explicó a Andrés Fidanza en Perfil la perita de la familia Nahuel, Silvia Bufalini, si los mapuches limpiaron el bosque de Villa Mascardi, cerca de Bariloche, debieron haber aplicado precisión japonesa para ocultar los restos de municiones propias y dejar enterradas sólo las vainas de balas utilizadas por Prefectura.
 
 Están haciendo tronar el escarmiento. El Ministerio de Seguridad denunció por falso testimonio a Matías Santana, el joven que dijo haber visto cómo gendarmes golpeaban a Santiago Maldonado y luego subían un bulto a una camioneta; a Lucas Pilquiman, el testigo “E” que declaró que “el Brujo” le dijo que no podía cruzar el río; y a otros seis mapuches. Si se abre la causa, caerá en manos del juez federal de Esquel Guido Otranto. El magistrado conoce bien a los denunciados. A algunos de ellos retuvo maniatados durante horas en ocasión de un allanamiento tan espectacular como carente de resultados en la zona del Pu Lof en Resistencia, sobre el río Chubut, el 18 de septiembre, en la antesala de su expulsión de la causa.
 
 Fausto Jones Huala y Lautaro González, los jóvenes que bajaron el cuerpo agonizante de Rafael Nahuel, pasaron unos días en la cárcel y quedaron procesados por usurpación y atentado a la autoridad.
 
 Además, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi procesó a 22 personas que manifestaron en Plaza de Mayo el 1 de septiembre, al cumplirse un mes de la desaparición de Santiago Maldonado, bajo el cargo de moda: intimidación pública. El ojo clínico de la Policía aportó los detenidos.
 
 No todo es escarmiento, también hay premios. Como las acusaciones en su contra están “superadas”, la cartera de Patricia Bullrich ascendió a la categoría alférez a Emmanuel Echazú, del grupo de gendarmes que corrieron a Santiago Maldonado y a los mapuches hasta el río, y según los testimonios y confesiones, les dispararon, tiraron piedras, insultaron, amenazaron y uno de ellos gritó: “tenemos a uno”. En tal circunstancia, el aventurero Santiago, como no sabía nadar, se ahogó, dice la hipótesis autoexculpatoria que valida el oficialismo.
 
 
La otra causa, la de Nahuel, parece ir por otro sendero, y es probable que en las próximas horas o días sea identificado el prefecto que disparó la bala letal.
 
***
 
El de Santiago es un caso intrincado, con señuelos a cada paso. Un integrante de un organismo de derechos humanos que conoce el expediente y Fernando Soriano, el periodista que cubrió el tema para Infobae, utilizan las mismas palabras. “Creo que es la causa más compleja en la que me tocó trabajar”. Soriano especifica: “en veinte años de laburo, no sé si me tocó cubrir algo tan operado. Pocas veces vi cómo actuaba el gobierno o los servicios en la filtración de información falsa a diario. Del otro lado también hubo versiones y actitudes sospechosas, pero menores, no comparables”.
 
 Habrá que dilucidar detalles, pero la versión dada por Matías Santana y, en el primer testimonio dado ante la APDH, por Lucas Pilquimán (“E”), parece chocar de lleno con los peritajes sobre el cadáver que no detectaron daños por violencia. Ambos testimoniaron que “el Brujo” había sido tomado por los gendarmes y Santana especificó que vio cómo luego subían “un bulto” inerte a un camión Unimog. 
 
Santana aceptó declarar ante el juez Otranto el 5 de septiembre, más de un mes después de la desaparición de Santiago. Hasta entonces, había brindado testimonio bajo reserva de identidad ante la Procuración contra la Violencia Institucional. ¿El testimonio de Santana, que desde el vamos invitaba a tomar distancia, fue sobreestimado para causar daño?
 
 Otra fuente de un organismo de derechos humanos pide poner los dichos de Santana en su lugar. “Siempre hay distintas valoraciones sobre un testimonio, pero hay que considerar otros elementos determinantes. Toda la respuesta del gobierno;  que primero negó los hechos, luego evitó llevar a cabo una búsqueda eficiente y después se dedicó a filtrar pistas falsas y a atacar a la familia de la víctima; fue la típica reacción de un Estado que trata de tapar una desaparición forzada”. “Intervinieron 127 gendarmes para despejar una ruta cortada por ocho personas, en un contexto en que el gobierno acusaba a los mapuches de terroristas. Si se resiste a investigar, nuestra tarea es visibilizar su desaparición y, hallado el cadáver, tratar de esclarecer su muerte”.
 
 Conviene enumerar las principales pistas difundidas por el gobierno y los panelistas que, a la luz de los resultados, resultaron fallidas: 
 
 -Santiago Maldonado podría haber sido herido de muerte por un puestero de un campo de Benetton que se defendió de un ataque mapuche el 21 de julio.
 
-Viajaba por Entre Ríos para mimetizarse con artesanos desaliñados.
 
-Estaba en Chile “con el RIM”.
 
-Viajaba hacia el sur en el auto de un matrimonio fueguino.
 
-Se cortó el pelo en San Luis.
 
-Un registro fílmico demostró que no hubo “un operativo represivo brutal”, “ni una cacería feroz”, ni nadie, una vez concluido el choque, reclamaba por su desaparición. (video de 9 minutos aportado por Gendarmería).
 
-“Se sacrificó”: decidió pasar a la clandestinidad y simular desaparición para perjudicar al gobierno.
 
-Se les fue la mano a gendarmes sueltos y se les murió.
 
-La familia ocultó datos.
 
-Era un diestro ejecutor de kenpo karate que se podría haber defendido ante varios gendarmes con bastones.
 
-Estaba el 29 de julio en una fiesta de FM Alas en El Bolsón.
 
 No todas las inexactitudes tuvieron el mismo origen ni fueron del mismo tipo. Las fuentes variaron entre el propio gobierno, “los investigadores”, medios de comunicación y algún testigo tentado de aportar su granito de arena.
 
 Las vueltas de la historia hicieron que en el mismo momento en que el cuerpo de Santiago era despedido en la localidad de 25 de Mayo, tras permanecer dos meses y medio desaparecido, llegara la noticia del asesinato de Rafael Nahuel a 1.445 kilómetros de allí, en Bariloche. Si en el caso de Santiago había cabos sueltos, en el de Rafael todo pareció estar más claro. Entre otras cosas, porque el relato oficial fue tan grosero, que el gobierno se quedó, esta vez sí, sin municiones.
 
 Pero la cobertura mediática de la muerte de Nahuel y la reacción social resultaron inversamente proporcionales a la claridad del caso. ¿Hasta qué punto se puede deber a que los antimacristas fueron demasiado lejos con Santiago?
 
 “La diferencia entre la cobertura puede tener que ver con el ‘éxito’ del gobierno, pero también con el origen de cada una de las víctimas. Un pibe de clase media, blanquito, de ojos claros y conmovedores podía llegar a generar empatía en el consumidor masivo. Rafael Nahuel era un ‘negrito mapuche’ de los barrios altos de Bariloche”, apunta Soriano.
 
 “Con el diario del lunes, podemos ver que le dimos demasiada importancia a los dichos de Santana, pero la acusación tenía – y sigue teniendo – bases sólidas”, dice otro periodista que cubrió el caso en Esquel.
 
 El concepto diario de lunes aparece de inmediato en la respuesta de Ernesto Tenembaum, quien cree que el respaldo del Gobierno a Gendarmería es “injustificable”, y a Prefectura en el caso Nahuel, “una barbaridad”, pero que también cuestiona el “sesgo partidista” de los organismos de derechos humanos.
 
 “Trabajamos en tiempo real, no con la perspectiva del diario del lunes. Había dos relatos muy cristalizados. Por un lado, queda resumido en la tapa de Página/12 ‘Macri tiene su primer desaparecido’, y por el otro, el discurso del Gobierno de que Gendarmería había hecho las cosas bien y cualquier reclamo era destituyente”, dice el conductor de “¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?”.
 
 Para Tenembaum, en un primer momento hubo una “desaparición, era grave”, pero no correspondía concluir que Macri “ya tenía un desaparecido. ¿Cómo volvés?”.
 
 El periodista inscribe su crítica en un marco mayor. “Existe un doble estándar que se muestra indiferente ante determinadas víctimas del Estado y considera gravísimas otras cosas. Ello genera un gheto muy evidente”. Acelera: “Uno se pregunta. ¿Qué les intersaba, Santiago Maldonado o Macri? ¿Dónde está la autocrítica? Un discurso reivindicativo de los derechos humanos tiene la obligación de ser preciso. La moderación, la paciencia y la persuasión siempre es muy convincente”.
 
 Maximiliano Goldschmidt fue uno de los primeros cronistas en llegar al Pu Lof de Cushamen, enviado por la revista alternativa Cítrica. En esos primeros días, en cada oportunidad que atendía a una radio de Buenos Aires desde el paraje mapuche en la Patagonia, Goldschmidt insistía en que los medios con poder económico debían ocuparse de una probable desaparición forzada. Que los mapuches estaban indefensos ante la parafernalia de Gendarmería, con un procesista, el jefe de Gabinete de Bullrich, Pablo Noceti, dirigiendo el operativo.
 
 Un informe elaborado por La Vaca y entregado a la CIDH puso el abordaje mediático en estas palabras: “Desde la primera semana de agosto, de este sector fueron los primeros medios (Cítrica y lavaca.org, ambas cooperativas de periodistas) que enviaron profesionales de prensa al lugar en el cual desapareció Santiago Maldonado. Es decir: los medios más ‘pobres’ fueron los únicos que invirtieron recursos humanos y financieros para producir información que fue determinante para desbaratar operaciones de prensa, imponer el caso en la agenda mediática e, incluso, aportar testigos a la causa”.
  
Si lo que marca La Vaca es una característica del momento (medios artesanales detectan el tema informativo más importante del año antes que corporaciones), la posterior cobertura del mainstream consolidó otra novedad.
 
 Ante una falsedad flagrante, la respuesta por excelencia de los medios argentinos había sido el silencio o el maquillaje. Dato transversal de la historia del periodismo. Y ya en la era digital, la alternativa de borrar el link se presentó como un atajo incluso más efectivo.
 
 La cobertura de Santiago Maldonado inauguró otro comportamiento. Más bien, Clarín pareció sacar pecho con los bulos publicados. “Hubo una incentivación para una cobertura obscena”, indica una voz con más de quince años de experiencia en la redacción de la calle Tacuarí. Citas autoelogiosas en columnas, espacio exacerbado sobre versiones que ya se habían desvanecido el día anterior, tapas acríticas con versiones del Ministerio de Seguridad.
 
 Claudio Andrade, el corresponsal de Clarín en Bariloche y encargado de la cobertura del caso, es contundente. “No soy quien para evaluar, mi trabajo es en la calle y está escrito, soy un simple cronista. Detesto y me aburre el machismo, y más el machismo opinador; un divismo que no es lo mío”.
 

 La mirada de Santiago Maldonado seguirá poblando murales de los pueblos y ciudades de la Argentina. Allí estará, por siempre, en el tatuaje del brazo izquierdo de Sergio, el hermano que nos pidió que, si haciera falta, pasemos música. Allí estará, en alguna cartelera de una universidad francesa. Rafael Nahuel apenas tuvo oportunidad de eludir el destino de los morochitos de Bariloche. Lo mataron y acusaron a su cadáver de ser terrorista. En un tiempo, poco sabremos de su memoria y su familia. 

De Revista Anfibia