“Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia: mirar a Venezuela, más allá de la polarización”.

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“Por la presente, como académicos, intelectuales y activistas sociales queremos manifestar nuestra profunda preocupación frente a la incontrolada situación de violencia política y social que atraviesa Venezuela, la cual se ha traducido ya en más de cincuenta muertos, centenares de heridos y detenidos, puestos a disposición de tribunales militares.
No dudamos de que la situación de violencia en la que está sumida Venezuela tiene orígenes complejos y compartidos, en el marco de una polarización política cada vez más virulenta y de un escenario de desintegración del tejido social. Así, el conflicto venezolano tiene diferentes rostros.
Por un lado, existe un gobierno cada vez más deslegitimado, con marcados rasgos autoritarios. Esta dinámica arrancó con el desconocimiento por parte del ejecutivo de otras ramas del poder (la Asamblea Legislativa) donde la oposición hoy cuenta con la mayoría, luego del triunfo en las elecciones de diciembre de 2015. Esta se fue potenciando exponencialmente con el posterior bloqueo y postergación del referéndum revocatorio -una herramienta democratizadora introducida por la propia constitución chavista-, la postergación de las elecciones a gobernador el pasado año, hasta llegar el fallido autogolpe del ejecutivo. A esto se ha sumado la reciente convocatoria a una Asamblea Constituyente en forma claramente inconstitucional, que está lejos de resolver la crisis; antes bien la alimenta y recrudece, en la medida en que trasluce el intento de consolidar un régimen totalitario, en el marco de una enorme crisis social y económica (carencia de alimentos, medicamentos, entre otros).
Dicho esto, no creemos, como afirman ciertos sectores de la izquierda latinoamericana, que hoy se trate de salir a defender a “un gobierno popular anti-imperialista”. Este apoyo incondicional de ciertos activistas e intelectuales no sólo revela una ceguera ideológica sino que es perjudicial, pues contribuye lamentablemente a la consolidación de un régimen autoritario. La identificación del cambio, aún de la crítica al capitalismo, no puede provenir de la mano de proyectos antidemocráticos, los cuales pueden terminar por justificar una intervención externa, “en nombre de la democracia”. Desde nuestra óptica, la defensa en contra de toda injerencia extranjera debe basarse en más democracia, no en más autoritarismo.
Por otro lado, como intelectuales de izquierda, tampoco desconocemos la realidad geopolítica regional y global. Queda claro que existen sectores extremistas de la oposición (la cual es muy amplia y heterogénea), que también buscan una salida violenta. Para éstos se trata de exterminar, de una vez por todas, el imaginario popular asociado a ideas tan peligrosas como la organización popular, la democracia participativa, la transformación profunda de la sociedad en favor del mundo subalterno. Estos grupos más extremos de la derecha han contado, por lo menos desde el golpe de Estado del año 2002, con apoyo político y financiero del Departamento de Estado norteamericano.
Como ciudadanos de América Latina y de otras regiones del mundo, sostenemos un compromiso doble. Por un lado, un compromiso con la democracia, esto es, con una democracia participativa, lo cual implica elecciones periódicas, ciudadanos en las calles y ampliación de arenas públicas para la toma colectiva y comunitaria de las decisiones; así como con una democracia igualitaria, lo cual conlleva la ampliación de la frontera de derechos, en pos de una sociedad más justa. Por otro lado, tenemos un compromiso con los derechos humanos, el cual coloca la base mínima e innegociable del respeto mutuo, que impide la tortura, la muerte del oponente, la resolución de nuestros conflictos a través de la violencia.
En esa línea, creemos que el principal responsable de la situación en Venezuela –en tanto garante de los derechos fundamentales- es el Estado, en manos de las actuales autoridades gubernamentales. Pero, como ya hemos dicho, es fundamental colocarse por encima de esta polarización, y buscar las vías de otro diálogo político y social, que dé lugar a aquellos sectores que hoy quieren salir de dicho empate catastrófico y colocarse por encima de toda salida violenta.
En razón de ello, nos manifestamos solidarios con el reciente llamamiento a un dialogo democrático y plural, que incluya las diferentes voces, no exclusivamente aquellos sectores polarizados del campo del gobierno y la oposición, que ha sido realizado por sectores autoconvocados de Venezuela, entre ellos, dirigentes políticos, académicos, activistas sociales y organizaciones sociales y políticas de alcance nacional, ex ministros de Chávez y ex dirigentes de sectores de la oposición, activistas de derechos humanos, comunitarios, sindicales y políticos .
Convocamos a la urgente conformación de un Comité Internacional por la paz en Venezuela, a fin de detener esta escalada de violencia institucional y callejera. Apostamos, desde la izquierda, a que otro diálogo es posible en Venezuela, más allá de la polarización y de la violencia.
Las salidas a tales crisis siempre son largas y complejas, pero requieren más democracia, nunca menos. Y este proceso solo podrá concretarse por la vía del respecto de los derechos humanos, así como de la autodeterminación del pueblo venezolano”.
 
Entre los firmantes, aparecen los argentinos Maristella Svampa, Roberto Gargarella, Carlos Altamirano, José Nun, Enrique Viale, Beatriz Sarlo, Pablo Alabarces, Horacio Machado Aráoz, Adrian Gorelik, María Eugenia Borsani, Horacio Tarcus, Patricia Zangaro, Ruben Lo Vuolo, Zulma Palermo, José Miguel Onaindia, Julio Aguirre, Patricia Pintos, Osvaldo Acervo, Marcelo Plana, Carlos Penelas, Darío Lagos, Ana Sarchioni, Jorge Jabkowsky, Vera Carnovale, entre otros.
Enviar adhesiones a: comiteporlapazenvenezuela@gmail.com