La victoria cubana y sus posibles consecuencias

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Guillermo Almeyra

 
La lucha tenaz y constante, durante décadas, del gobierno y el pueblo cubanos contra el bloqueo estadounidense, que costó a Cuba más 120 mil millones de dólares y terribles penurias, acaba de rendir sus frutos. Barack Obama se vió obligado a ceder ante la presión internacional, como lo había hecho antes con el envío de seis prisioneros de Guantánamo a Uruguay. El bloqueo, aunque subsiste, políticamente está herido de muerte y aunque los Republicanos, que tienen mayoría en el Congreso, lo mantengan será mucho más que hasta ahora fuente de conflictos entre los capitalistas estadounidenses con el pueblo de Estados Unidos y con el resto del mundo. Se restablecieron, en cambio, las relaciones diplomáticas y otras entre los dos países vecinos.
 
La liberación de los tres patriotas cubanos que aún estaban presos, el reconocimiento estadounidense del gobierno cubano y la promesa de borrar a Cuba de la lista de “Estados terroristas” que elaboró Estados Unidos ( el principal Estado terrorista del mundo) es una gran victoria cubana, latinoamericana y democrática que pone al desnudo el debilitamiento progresivo y el aislamiento político de Estados Unidos.
Sin duda ella alentará y reforzará la lucha antiimperialista en América Latina y en el mundo y también el choque en Estados Unidos entre, por una parte, la extrema derecha cubana y Republicana y, por otra, los sectores capitalistas interesados en el comercio con Cuba y en invertir en ese país, los sectores populares y nacionalistas cubanos del exilio de Miami, la ciudadanía democrática y los inmigrantes latinoamericanos que protestan diariamente contra el racismo y la violencia estatal.
¿Cuáles podrían ser las consecuencias principales de esta victoria, en la que desempeñó un papel importante la mediación peluda del Papa Bergoglio, formado en la derecha peronista?
Desde el punto de vista económico, habrá probablemente un flujo importante de divisas fuertes hacia Cuba proveniente del aumento de los viajes y de las remesas de los cubanos en el exterior, del turismo estadounidense de masas, de las compras del mismo (hasta mil dólares por persona al retornar a Estados Unidos más el dinero dejado en Cuba o gastado con tarjeta de crédito), de las inversiones inmobiliarias de todo tipo. Así crecerán los servicios (hotelería, restaurantes, pequeños negocios y talleres) y aumentarán en cantidad y calidad los consumos urbanos de alimentos que habrá que producir o, desgraciadamente, importar, en mayor número y a mayor costo. En el campo tecnológico, Cuba, con las nuevas medidas que facilitan los intercambios y más aún si llegase a levantarse el bloqueo pasará a depender del mercado estadounidense, en vez de abastecerse en China y en Europa y deberá tomar medidas para importar sólo lo útil y necesario, combatiendo la ola de importaciones y el consumo de chatarra de moda y el consumismo de los enriquecidos por la nueva situación. Aumentarán también fuertemente el cuentapropismo, las consecuencias sociales negativas -legales o no- del turismo extranjero masivo, la diferenciación social entre los que viven de sus ingresos en pesos y los que, en cambio, lo hacen del turismo o reciben remesas de sus parientes emigrados. Esta capa social, que todavía no es una clase, soldará sus intereses con un sector de la burocracia estatal corrupta o con aspiraciones y valores capitalistas que deseará librarse de las reglamentaciones y restricciones defensivas que deberá dictar el gobierno.
Existe el peligro real de una rápida soldadura entre esa capa de la burocracia y de la administración y el capitalismo mundial, lo cual crearía una base social real a la oposición. El papel desempeñado por el Papa Francisco, además, reforzará la popularidad de éste en los sectores conservadores en Cuba y, de rebote, la influencia de la Iglesia católica, que dará apoyo político y material a las nuevas fuerzas sociales conservadoras, pro mercado o directamente contrarrevolucionarias que el dinero procedente de Estados Unidos reforzará en la isla.
Aunque en lo inmediato Cuba, gracias al aumento de las remesas y de los viajes, podría obtener más divisas necesarias para pagar sus importaciones de alimentos y combustibles (cuyo precio además habajado debido a la crisis económica mundial) también tendría que gastar más en la importación de productos suntuarios.
Lo más importante, sin embargo, es el estímulo moral y político que dará este triunfo de la tenacidad y la resistencia y que reanimará la autoconfianza de los trabajadores cubanos y su esperanza en futuros cambios favorables para ellos.
La política cubana de concesiones controladas al mercado llevará, al mismo tiempo, a una discusión sobre el carácter y el alcance de las concesiones necesarias y la definición de las que podrían resultar peligrosas para la independencia cubana. Cuba es un mercado-vitrina y tiene un papel políticamente estratégico de modo que el capitalismo en general y el estadounidense en particular, lo comprendan o no los cavernícolas de la ultraderecha en Estados Unidos, tienen interés en tratar de reabsorber una isla que perdieron con las medidas contrarrevolucionarias adoptadas en 1959-60 y con el bloqueo que empujó a Cuba a los brazos de la entonces Unión Soviética.
Obama, en ese sentido, no sólo cede a la presión cubana y mundial: también actúa de modo realista en interés del capitalismo y busca obtener con las armas del comercio lo que en medio siglo no logró ningún otro presidente imperialista. Pero involuntariamente al mismo tiempo, al legitimar las relaciones con Cuba, indirectamente favorece el apoyo a la independencia cubana por parte de grupos de trabajadores e intelectuales estadounidenses, agregando un nuevo elemento a la creciente radicalización política estimulada por los asesinatos racistas y por la situación económica.
En esta nueva fase de la lucha contra el bloqueo, esta victoria prepara otras en la relación entre Cuba y el imperialismo y en escala latinoamericana y mundial.