Introducción a El capital de Marx, volumen I: ediciones y contenido

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 Introducción a El capital de Marx, volumen I: ediciones y contenido*

 
Carlos Rojas Reyes**
 
Orientarse en el laberinto de las traducciones es especialmente difícil en lo que se refiere a las obras de Marx y Engels; sin embargo, es una tarea necesaria si se quiere tener una referencia rigurosa a lo que efectivamente estos dos autores dijeron, más allá de la imagen que fue construida durante largos años y que, en muchos casos, tenía intenciones de apoyar una determinada corriente política.
 
Si bien no se pretende establecer un panorama completo, se colocan algunas líneas orientadoras para quien quiera entrar o retomar el estudio del marxismo, más aún en este año –2017– en que celebramos tanto los 150 años de la aparición de El capital como los 100 años de Revolución Rusa.
 
Hay que destacar dos ediciones que sirven de referencia para cualquier trabajo sobre estos autores:
La primera de ellas es la Marx Engels Gesamtausgabe, MEGA 2 y su edición crítica de El capital.[1]
Esta edición completa y crítica de las obras de Marx y Engels –que aún se encuentra en proceso– retoma la publicación de estas obras iniciada en la Alemania del Este en la década de 1960 –MEGA–, pero detenida por la caída de los regímenes comunistas.
 
En 1990 se organiza el IMES para dar continuidad al proyecto con una edición histórico-crítica, que tendría 114 volúmenes y reúne equipos de expertos de diferentes países.
En cuanto a El capital, solo a partir del MEGA 2 se tiene su edición completa e histórico-crítica. Se debe tener en cuenta que “No existe una obra ‘terminada’ en tres volúmenes titulada El capital. Aunque Marx haya delineada una estructura general sucesivamente no modificada al menos a partir del 1863/65” (Fineschi, 2004: XIII). Las ediciones (pero solo del libro primero) supervisadas por Marx o Engels son cuatro: 1ª edición alemana: 1867; 2ª edición alemana: 1872/73; 3ª edición alemana: 1883; 4ª edición alemana: 1890; edición francesa: 1872/75; edición inglesa: 1887.
Todo esto muestra que el proyecto quedó inconcluso y no hay algo así como la “versión definitiva”. Una de las más completas revisiones del proceso de elaboración de El capital puede encontrarse en Un nuovo Marx, donde se comparan las principales variantes del tomo 1, a través de las ediciones y de los manuscritos (Fineschi, 2008).
En cuanto a la edición de la MEGA 2 de El capital, consiste en 15 volúmenes, con 23 tomos, que contienen la totalidad de las ediciones de esta obra, así como los manuscritos correspondientes. Una revisión del proceso de edición y sus compontes se puede encontrar también en Tras las huellas del fantasma (Musto, 2011).
La segunda obra de referencia es Marx-Engels Collected Works.
 
Iniciada en 1975 y concluida en el 2004, consiste en 50 volúmenes editados por Lawrence & Wishart en Londres. No son las obras completas de Marx y Engels, sino una selección.[2] Las traducciones, que toman como referencia los originales de Marx y Engels y los confrontan con traducciones existentes, son las preparadas por Terrell Carver. Estas son las que deberían ser utilizadas, si no se tiene acceso a la edición del MEGA 2, mayoritariamente en alemán.
Tres publicaciones son especialmente importantes:
 
·                    Marx, Karl, Later Political Writings. Trad. de Terrell Carver. Cambridge: Cambridge University Press, 1996. Incluye: Manifesto of Communist Party; The eigthteen Brumaire of Louis Bonaparte; Introduction to the Grundrisse; Preface to A Contribution to the Critique of Political Economy; The Civil War in France; Critique of the Gotha Programme; Notes on Adolph Wagner.
·                    Marx, Karl, Early Political Writings. Trad. de Joseph O’Malley Cambridge: Cambridge University Press, 1994. Incluye: From the Critique of Hegel’s Philosophy of Right (§§261-313); On the Jewish Question; A Contribution to the Critique of Hegel’s Philosophy of Right: Introduction; From the Paris Notebooks; Critical Marginal Notes on “The King of Prussia and Social Reform. By a Prussian”; Points on the State and Bourgeois Society; On Feuerbach; From ‘The German Ideology’: Chapter One, ‘Feuerbach’; From Poverty of Philosophy; Address on Poland.
·                    Marx and Engel’s “German Ideology” Manuscripts, Presentation and Analysis of “Feuerbach chapter” por Terrell Carver & Daniel Blank. Nueva York: Palgrave McMillan, 2014.[3]
 
Además, se han publicado los Marx’s Economic Manuscript of 1864-1865. Trad. de Ben Fowkes, ed. e introd. de Fred Moseley. Leiden: Brill, 2015.
 
Traducciones a idiomas latinos
 
No existe una traducción al español de los textos del MEGA 2 y, por lo que conocemos, ni siquiera existe como proyecto.
Tenemos una traducción que toma versiones anteriores y las confronta con los originales del MEGA 2: Marx. Estudio Introductorio de Jacobo Muñoz. Madrid: Gredos, 2012. Incluye textos selectos: algunos pasajes de El capital (que desgraciadamente siguen la traducción de Wenceslao Roces); Manuscritos de París; Manifiesto del Partido Comunista; Crítica del Programa de Gotha.
En italiano, está la traducción de Fineschi de El capital: Marx -Engels, Opere Complete, XXXI, Tomo I y II. Nápoles: La cittá del Sole, 2004.
En portugués, hay varias traducciones publicadas por la editorial Boitempo, que es bastante ecléctica, pues toma como referencia el MEGA 2, pero a partir de traducciones anteriores. Se ha criticado su falta de rigor, sobre todo la ausencia de criterios filológicos y técnicos precisos.
 
El capital de Marx en español
 
Sin lugar a dudas, la traducción de El capital realizada por Pedro Scaron, editada por Siglo XXI es la mejor, no solo de las que hay en español sino de todas las traducciones a otros idiomas, según el criterio de Roberto Fineschi. Scaron señala, en la introducción a la traducción, la serie de criterios filológicos que utilizó y los motivos por los que eligió la segunda edición alemana como texto de base (mientras que la edición crítica de Fineschi, tomando la edición del MEGA 2, se hace sobre la cuarta edición alemana editada por Engels). Es una traducción extraordinaria y hemos tenido la suerte de disponer de ella hace ya largos años.[4]
 
La versión de Scaron debería confrontarse con los textos publicados por el MEGA 2 y especialmente con la traducción de Fineschi; los cambios que habría que introducir en realidad son pocos, aunque algunos de ellos significativos. Desde luego, lo ideal sería tener una nueva traducción que, partiendo de la de Scaron, se actualice tomando en cuenta los últimos estudios y hallazgos. Por el momento, como instrumento de trabajo, sería suficiente tener en cuenta la edición italiana que, sobre la base de la cuarta edición alemana, coloca todas las variantes de las otras ediciones alemanas e incluye la francesa revisada por el propio Marx. Mientras se espera una edición crítica completa de El capital en español, juntando todas sus versiones y manuscritos, la elección obligatoria es la traducción de Pedro Scaron, en la cual se tienen que señalar algunas modificaciones, no tanto de estilo o de giros del lenguaje propios de nuestra lengua, sino de términos que al cambiarse implican una alteración de los contenidos, en diversos grados.
Por lo general, Scaron rehúye el término “fenoménico” y prefiere utilizar “manifestación”.[5] Aunque no es el lugar para discutir a fondo, hay una diferencia importante entre una “manifestación” de la forma y la “forma fenoménica”, porque el término fenómeno tiene toda una historia y especialmente en Hegel, de donde Marx tomará una buena parte de su terminología para esta primera sección de El capital.
 
En otras ocasiones, Scaron reemplaza “forma cosale [sachlich]” por “forma material”[6], aunque en otros contextos mantiene el término cosa para traducir Sache.
El término que sufre un cambio con implicaciones mucho mayores, es lo “universal” que se traduce por “general” y, a pesar de la proximidad aparente, remiten a significados harto diferentes, con implicaciones ontológicas y epistemológicas sustanciales y pueden conducir a distorsiones en la comprensión del pensamiento de Marx.[7] Con estos señalamientos a la traducción de Scaron, se tendría una versión suficientemente crítica y filológicamente ajustada, que permitiría una gran precisión en los debates sobre esta primera parte de El capital, que es particularmente difícil.
 
El contenido de El capital, tomo I
 
Podría parecer paradójico el preguntarse por el contenido de El capital, pero no lo es, porque la respuesta a esta pregunta será orientadora de la aproximación y de la toma de posición sobre los debates específicos que se tengan sobre esta obra. A continuación, sigo la introducción realizada por Taylor y Bellofiore (2004), que precisa el conjunto de elementos fundamentales que están en cuestión en el volumen I de El capital.
 
La primera y fundamental tesis hace referencia a la relación entre capital y trabajo, en donde se trata de entender cómo se produce el capital y esto solo puede resolverse en relación con el trabajo; son dos elementos que funcionan de manera correlativa: en nuestras sociedades, no se puede comprender el uno sin el otro. Pero, esta es una relación desigual, asimétrica, en donde la existencia del capital implica un proceso de explotación del trabajo; así, los dos aspectos se encuentran en una confrontación permanente: “El principal objetivo de Marx en Das Kapital: Kritik der politischen Ökonomie, es entender las condiciones que hacen posible la existencia y crecimiento del capital sobre la base de la explotación del trabajo” (Taylor & Bellofiore, 2004: 1). Esta perspectiva se mantiene a lo largo de los tres volúmenes y subyace como su fundamento, que está detrás de cada uno de los elementos y procesos, no importa en el nivel en el que nos encontremos. En cada uno de los momentos de producción del capital, cabe preguntarse por el otro extremo, por el modo en el que el trabajo entra en dicha fase. Por ejemplo, el momento del capital como dinero, encontramos que es aquel que compra el tiempo de trabajo socialmente necesario. Ahora bien, está claro que El capital carece de una versión definitiva, acabada, que los autores hayan establecido como tal. Incluso después de cada edición, tal como los manuscritos muestran, se formulan nuevas redacciones, se introducen otros aspectos y debates, se avanza sobre la propia comprensión: “El capital de Marx permanece como un proyecto inconcluso que va de una muy extensa escritura a procesos de revisión que crean enormes dificultades de interpretación que también son fácilmente olvidables” (Taylor & Bellofiore, 2004: 1). A pesar de este carácter no terminado de la obra, se ve con claridad que hay un plan integral, que hay una unidad en donde cada aspecto depende del otro y que desemboca en una “totalidad estructurada: “Desde nuestro punto de vista, el rol de la dialéctica de Marx es asir una totalidad estructurada en donde cada elemento depende de su relación con los otros elementos y con el todo.” (ibíd.: 12).
 
En la dinámica de esta “totalidad estructurada”, hay unos primeros aspectos que fundamentan y explican todos los demás, que establecen leyes y restricciones que actúan en los otros niveles y que permiten su desarrollo. Por lo tanto, cada momento, cada parte, cada hallazgo, tiene que ser tomado en cuenta en el siguiente momento, porque sin este no se lo puede comprender a cabalidad. Nuevamente, en el caso de la constitución del dinero, este remite en último término a relación entre capital y trabajo, entre valor de uso y valor.
 
En el proceso de producción del capital, los niveles más desarrollados no solo abren nuevos campos de realización hacia adelante, sino que regresan sobre su propio fundamento, sobre su punto de partida, arrastrando a estos a su plena concreción, a la posibilidad de su reproducción ampliada, en una espiral sin fin, tal como vivimos desde el inicio del capitalismo. Tal como se ve en el caso del dinero, únicamente cuando el capital aparece como dinero, este capital puede comprar ese trabajo socialmente necesario y reproducirse a escalas cada vez más amplias. El dinero regresa sobre la relación valor de uso y valor para realizarse plenamente el valor, para convertirlo en capital. En términos actuales se podría decir que el capital actúa como un software, que de manera recursiva se llama a sí mismo en un bucle interminable.
 
Metodológicamente hablando, el punto de partida de Marx son las categorías simples, que expresan ese fundamento en su inicio, nuclear, que sirve de inicio a todo el proceso, que crean un campo marcado en donde se dan todos los demás procesos; estas categorías no desaparecen durante todo el proceso de producción del capital sino que mantienen como su núcleo causal y explicativo:
[…] todos los que contribuyen a la colección actual están de acuerdo que Marx comienza en el Volumen I con las categorías abstractas y simples y entonces procede en el curso de los tres volúmenes a desarrollar cada vez más concretas y complejas categorías (ibíd.: 11).
Por ejemplo, la contraposición entre valor de uso y valor, entre capital y trabajo, se mantendrá de principio a fin en los tres volúmenes de El capital. Ya nos es conocido que el punto de partida es la mercancía, detrás de la cual está la contraposición entre valor-de-uso y valor:  
Dado que esta totalidad de relaciones no puede ser presentada inmediatamente la primera dificultad es en dónde empezar. Marx comienza, en la Primer Parte con la “mercancía” y su oposición dialéctica interna entre el valor-de-uso y el valor, y entonces coloca la forma-valor como la peculiar modalidad a través de las que estas contradicciones se exhiben (ibíd.: 12).
 
El valor se levanta como una forma que abstrae, que separa el contenido del valor-de-uso, que prescinde de él y que tiende a valorizarse en niveles cada vez más amplios. Aquí la noción que atraviesa prácticamente todos los procesos, es esta de forma-valor, que enuncia con claridad su relación con el valor-de-uso.
La forma-valor contiene en cada momento, en cada fase, en cada aspecto de la producción del capital, una expresión específica de la “oposición dialéctica” entre capital y trabajo. Hay que resaltar que esta “oposición” no es algo exterior, sino que le es “interna”, inherente o le pertenece plenamente a toda la producción del capital, sin la cual no podría ni existir ni ser comprendida.
 
Una vez que está dado el capital, este aparece como un universal, imponiendo su estructura y sus procesos a todos los demás. Este capital “como un todo” “pone” los otros elementos, a través de “particularizaciones y concreciones”:
A partir de aquí todo lo que es presupuesto –todas las relaciones del capital como un todo– son puestas progresivamente… En otras palabras, todos los conceptos en la primera parte del Volumen I requieren de posteriores particularizaciones y concreciones. El proceso de particularización y concreción puede ser más fácilmente entendido como un doble movimiento que estructura, de una parte, la relación entre las partes del volumen I (particularización) y, de otra, la relación entre las partes particulares de los otros tres volúmenes (concreción) (ibíd.: 18)
Aquí cabe detenerse para clarificar este término que proviene del sistema hegeliano y que Marx utiliza: “poner”. ¿Qué se quiere decir con “puestos progresivamente”? En un primer sentido evidente, se está refiriendo a que el capital como universal coloca los otros elementos que le son necesarios para su reproducción ampliada, para valorizar el valor cada vez más; pero, significa, de fondo, que estos procesos que se desencadenan no son exteriores al capital, sino que son realizaciones de este.
 
Es el propio capital el que se desdobla, el que se desarrolla, el que se despliega sin parar y cada una de sus “creaciones” solo son formas concretas en las que ha devenido el mismo capital. Es como si el capital fuera adquiriendo diversas caras, como “Las siete caras del Doctor Lao”, que son siempre las del mismo personaje. El capital existe de esta manera: explicitándose, indexándose, a través de una serie de concreciones y particularizaciones.
Entonces, esos momentos en los que el capital se realiza le son inherentes y más aún, necesarios; esto es, sin ellos no podría existir; este es el caso del dinero. El capital está obligado a convertirse en dinero para poder comprar el trabajo socialmente necesario y reproducirse ampliadamente.
Durante todo el proceso se trata, siempre, de cómo se valoriza el valor, de cómo se acumula más capital, que es como un vampiro insaciable que chupa la sangre de los trabajadores, en una metáfora que proviene del mismo Marx, y que solo puede hacerse a través del dinero: 
Las partes de El capital I están conectadas por un movimiento que va de la universalidad a la particularidad y las determinaciones (sistemáticas) internas que vinculan estos diferentes elementos a la unidad: capital. En las primeras dos partes del volumen I la universalidad del capital está inicialmente constituida por el desarrollo de formas-valores, mercancías, dinero, capital. “Valor” es presentado como el auto-movimiento de la substancia o del sujeto yendo a través de un proceso de auto-valorización capital como valor en proceso, como dinero en proceso (ibíd.: 12).
La fórmula general del capital M-D-M’ muestra este proceso de valorización del valor, este incremento del capital y del dinero, cuyo único origen se encuentra en la apropiación del plusvalor, de la cantidad de trabajo socialmente necesario no pagado:
 
Esta forma es la forma más abstracta-simple de “valorización”, un proceso en donde una cantidad inicial de dinero genera una diferencia cuantitativa con ella misma (un plusvalor) que es puesto como un incremento monetario (la cantidad en la M’ excede a M). (Taylor & Bellofiore, 2004: 12).
Por esto, El capital no trata únicamente de los procesos del capital sino de su origen, que se encuentra, tal como se estableció desde el inicio, en la relación de oposición entre valor-de-uso y valor, entre capital y trabajo; esto es, en la explotación de los trabajadores por parte del capital. El capital existe únicamente en la medida en la que explota la fuerza-trabajo, en cuanto incorpora el trabajo vivo y pone el movimiento el trabajo muerto –el capital–:
 
La parte media del volumen I responde a la cuestión no solo de cómo el capital trabaja sino (y sobre todo) de dónde viene. Aquí Marx considera ‘no solo cómo el capital produce, sino cómo el capital es el mismo producido’ y con eso coloca el escenario para el análisis de explotación como una condición necesaria para la existencia del capital como forma de valorización. Un incremento del dinero solo es posible gracias a la incorporación del capital en sí mismo con la fuerza-trabajo, e incluye una breve introducción al valor de la fuerza-trabajo, el salario (ibíd.: 13).
 
La explotación no es exterior al capital, no es una especie de componente marginal que podría o no estar; aquí toda la fuerza está en su carácter “necesario”, sin el cual el capital no podría existir: el capital para valorizarse, o el proceso de valorización del valor, está en función directa del grado de explotación de la fuerza-trabajo.
Así, no se podría decir que el capital financiero ha tenido ganancias extraordinarias sin estar diciendo, al mismo tiempo, que el grado de explotación de la fuerza-trabajo también ha crecido de manera “extraordinaria”; como tampoco sería válido sostener que la consolidación de cierto capital industrial se ha dado si no se dice simultáneamente que la explotación de la fuerza-trabajo se ha incrementado.
De tal manera que
 
[…] casi la tercera parte del libro trata de este antagonismo fundamental aunque necesario entre trabajadores-asalariados y capitalista, a través de indagar que abarca el intercambio (que ahora se llama mercado de trabajo) y la producción. La particularización del capital en capital constante y variable (tanto los gastos monetarios como sus elementos) constituyen los dos polos opuestos de la “unidad en la diferencia” de manera crucial, el trabajo vivo permite una transferencia de valor exhibidos por los elementos del capital constante a un nuevo producto y al mismo tiempo genera un nuevo “valor añadido”, que para Marx no es sino la expresión monetaria del “tiempo de trabajo socialmente necesario” extraído de los trabajadores (ibíd.: 13).
 
 Por eso, Marx establece cuantitativamente la relación entre capital y trabajo, a través de la tasa de plusvalor, que establece una relación directamente proporcional entre el incremento del capital y el grado de explotación. Si ha habido en un período dado, ganancias extraordinarias del capital significa directamente, que el grado de explotación de los trabajadores ha crecido de manera monstruosa: “La razón entre el plusvalor y el capital variable es llamada por Marx la ‘tasa de plusvalor’y es dependiente del ‘grado de explotación de la fuerza-trabajo por el capital’” (ibíd.: 13).
Al final del volumen I de El capital  nos encontramos con la acumulación capitalista; esto es, con el resultado del proceso de valorización del valor a través de una determinada tasa de plusvalor, que siempre se da en una escala más grande, que tiene la lógica de seguir una espiral que no puede detenerse.
 
La parte final del Volumen I considera la reproducción del capital. La categoría de acumulación significa que el resultado de la actividad productiva es realmente la perpetuación del propio movimiento de auto-valorización (Parte Siete), La ‘reconversión’ del plusvalor en capital Marx lo llama ‘acumulación de capital’. Una espiral de acumulación es esencial al concepto abstracto de capital, puesto que, sin este, el capital meramente colapsaría en dinero en su simple función de medio de circulación de mercancías (Parte Uno)  (ibíd.: 14).
 
Ahora podemos explicitar la parte política de la crítica a la economía política de Marx, porque a través de la desigualdad entre capital y trabajo, conectados por la explotación del uno sobre el otro, vemos cómo todo movimiento del capital tiene repercusiones directas sobre los trabajadores. De esta manera, la acumulación como tendencia imparable lleva a la concentración del capital que hecha fuera del “mercado de trabajo” a una masa de trabajadores, que conforman el “ejército de reserva” y que permite mantener los salarios lo más bajo posible:
 
El dinero como capital continuamente es lanzado a la circulación: tanto los avances del dinero original como su incremento. Dada la tendencia del capital incesante e ilimitada a acumular, la dinámica de explotación culmina sistemáticamente en: (i) la concentración del capital y (ii) al ejército de reserva de los desempleados a través de la expulsión del trabajo vivo… ahora él introduce una referencia directa al capital ‘total’ como tal y a la reproducción social del capital total de una manera esencial (ibíd.:14).
 
Estamos ya de lleno en una sociedad de clases. Desgraciadamente con los sucesos del siglo XX, especialmente la caída de los llamados socialismos reales, el triunfo del capitalismo y las grandes derrotas de los trabajadores, esta perspectiva ha desaparecido de los análisis, de las estrategias, de las prácticas, de la academia.
Pero, se tiene que volver a esta perspectiva de clase porque la valorización del valor cada vez en un nivel más amplio y profundo, que no deja aspecto alguno de la vida sin secuestrar, significa un nivel mayor de explotación de los trabajadores. Nunca ha sido tan cierto como ahora que las leyes del capital se cumplen férreamente y que El capital sigue siendo la mejor descripción de la realidad que vivimos; esto es, una sociedad de clases en donde los trabajadores solo tienen su fuerza-trabajo para vender mientras el capital crece sin cesar:
 
[…] ahora podemos ver la emergencia de sujetos realmente “desiguales” en una sociedad de clase, la clase trabajadora (que tiene solo la fuerza-trabajo para vender) y la clase capitalista (que es propietaria del dinero, los medios de producción y las mercancías; (iii) el capital por lo tanto no solo produce y realiza el plusvalor, sino también y principalmente produce capital y en una escala ampliada, así que (iv) la reproducción es la reproducción de las relaciones capitalistas de explotación (ibíd.: 15).
 
Por eso, cualquier estrategia que únicamente se centre en los procesos de dominación, en las alternativas contra-hegemónicas o en las iniciativas puramente culturales o lingüísticas -con todo lo importantes que son y que siempre tienen que estar presentes- están destinadas al fracaso, a ser reabsorbidas por la lógica del capital.
La lucha de clase tiene que expresarse tanto en los niveles de la dominación como de la explotación; esta es la única manera de ser realmente anti-capitalistas. Por eso, se puede concluir que:
 
El Volumen I de El capital es acerca del proceso de producir y reproducir una particular sociedad de clase; es acerca de la relación capital-trabajo a través de la que las relaciones sociales capitalistas de explotación y acumulación son reproducidas (ibíd.: 15).
 
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Sekine, T. T. An Outline of the Dialectic of Capital (Vol. 1). Londres: Palgrave/McMillan 1997.
Zeleny, J., La estructura lógica de El Capital de Marx. México: Grijalbo, 1974.
 
 


* Artículo enviado por el autor para su publicación en el presente número de Herramienta.
** Carlos Rojas Reyes. Profesor Honorario de la Universidad de Cuenca y de la Universidad del Azuay, Ecuador. Docente de Epistemología y de Estética. Diversas publicaciones en el campo filosófico y literario, especialmente tres volúmenes de Estéticas Caníbales que contiene segmento sobre la forma en El capital de Marx. carlos.rojas@ucuenca.edu.ec http://esteticascanibales.blogspot.com
[1] Marx Engels Gesamtausgabe publicado por el IMES, Internationale Marx-Engels-Stiftung IMES), cuya página web oficial es: http://mega.bbaw.de/struktur, en donde además se pueden encontrar todos los tomos aparecidos y digitalizados, de libre acceso, en el idioma original en que fueron escritos por los autores.
[2] Se puede acceder a estas obras en el sitio web Marx/Engels Collected Works:
 
[3] (En español, se puede ver el análisis y la traducción de algunos fragmentos de la “German Ideologý”, en Carlos Rojas, “La ideología alemana. Un libro que nunca existió”, en http://esteticascanibales.blogspot.com/search/label/Ideolog%C3%ADa%20Alemana)
 
[4] Lamentablemente la de Roces, que es francamente mala, sirvió -y sirve todavía- de referencia.
[5] Así, la versión de Fineschi dice: “il valore d’uso diventa forma fenoménica del suo contrario del valore” (67), la versión de Scaron: “el valor de uso se convierte en la forma en que se manifiesta su contrario, el valor” (69). Fineschi: “E dunque una seconda peculiaritá della forma di equivalente che il lavoro concreto diventi forma fenoménica del suo contrario, del lavore astrattamente humano” (69), Scaron: “Es, pues, una segunda peculiaridad de la forma de equivalente, el hecho de que el trabajo concreto se convierta en la forma en que se manifiesta su contrario, el trabajo abstractamente humano” (72).
[6] Donde Fineschi escribe: “…dei lavori umani riceve la forma cosale [sachlich]” (83), se lee en Scaron: “…de los trabajos humanos adopta la forma material…” (88).
[7] Cuando Fineschi escribe: “In questa misura, per lui lo scambio è un proceso universalmente sociale” (99), en Saron se lee: “En esa medida el intercambio es para él un proceso social general” (105). O también: cuando Fineschi escribe “…la sua merce vale come equivalente universal” (99), Scaron opta por: “… y esta como equivalente general de todas las demás” (105).