Constatar el cambio radical de período, ayudar a comprender su contenido y consecuencias

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Autor(es): Chesnais, François

Chesnais, FrançoisChesnais, François. Investigador-militante marxista, economista, profesor emérito en la Universidad de París 13-Villetaneuse. Es parte del Consejo científico de ATTAC-Francia, director de Carré Rouge y miembro del Consejo asesor de Herramienta, con la que colabora asiduamente. Autor de una gran cantidad de artículos, ensayos y libros, entre los que elegimos mencionar La Mondialisation du capital y Les dettes illégitimes. Quand les banques font main base sur les politiques publiques. Es también uno de los autores de la obra colectiva Las finanzas capitalistas. Para comprender la crisis mundial, publicado por Ediciones Herramienta. E-mail: chesnaisf@free.fr.


31 de mayo de 2007. Publicado en el sitio http://www.carre-rouge.org

Traducción del francés: Aldo Casas

Con el cambio de siglo, grosso modo entre 1992 y 2001, se produjo un cambio de período: no sólo de fase en la lucha de clases, sino de período histórico. Este cambio todavía ha sido muy poco analizado por quienes están comprometidos en el combate por la emancipación social. Uno de los principales objetivos de esta revista [la que surgirá de la convergencia entre Carré rouge y À l’encontre, con la colaboración también de Herramienta, nota de A.C.] es publicar materiales y elementos de reflexión teórica que contribuyan a aclarar su contenido, desde el punto de vista de la lucha contra la explotación. Este texto propone algunos elementos de análisis y permite comprender en que sentido se orientan las primeras discusiones realizadas por los iniciadores de la revista. Constituye así nuestra primer contribución al indispensable debate colectivo del cual quiere ser un soporte.

Una de las mayores dificultades en este trabajo es aprehender la combinación que se produce entre la muy fuerte unidad o identidad de los factores que contribuyen a modelar el período en que hemos entrado -la liberalización y la mundialización del capital, la crisis ecológica- y las muy grandes diferencias en los impactos que ellos tienen para los asalariados, explotados y dominados de un continente u otro, o incluso entre uno y otro país. Enfrentamos un momento histórico en que el carácter cada vez más unificado a niveles decisivos, se "combina" con el carácter extremadamente diferenciado y "desigual" de sus impactos. Y esto origina muchos problemas. Es grande el riesgo de imprimir al análisis elementos que lleven la marca de formas nacionales o en el mejor de los casos continentales de aprehender los cambios. Lo que vale en primer lugar para este texto.

 

Elementos constitutivos diferenciados

Otra gran dificultad es que este cambio de período nace del encuentro o choque de factores que tienen distintos tiempos de maduración; por ejemplo, el encuentro entre el cambio en las relaciones entre capital y trabajo y el salto cualitativo en los efectos de la explotación en lo concerniente a a las relaciones entre los hombres y el "medio natural" del planeta, en especial la biosfera.

En un primer nivel, el cambio de período asume muy evidentemente la forma de un profundo cambio en las relaciones políticas entre poseedores y explotados, a favor de los primeros. Visto desde la Europa de la Unión Europea, de los estados integrantes de la Federación Rusa y de Ucrania, como así también visto desde los Estadios Unidos, se trata de un cambio radical. Para los asalariados de estas regiones y/o Estados, un componente del momento actual es una contrarrevolución de gran magnitud. Es la resultante de procesos políticos y económicos que tienen un lejano inicio en los años 1970 y puntos de apoyo en numerosas partes del globo, no sólo en los Estados Unidos. En continentes o muy grandes países con trayectorias históricas distintas, el sentimiento de vivir precisamente ahora una contrarrevolución puede ser distinto. Los explotados pueden haber conocido ya, desde hace mucho tiempo o incluso desde siempre, situaciones de explotación intensa y mucha arbitrariedad política. Tal es, sin duda, el caso de Medio Oriente. Sin embargo, el carácter mundial del proceso económico y político de liberalización, desreglamentación y privatización tiene tanta fuerza, que los explotados y dominados sufren sus efectos en todas partes, aunque no sea de igual manera ni con la misma intensidad, y a pesar de que en algunos países se esbocen contraofensivas localizadas de los explotados. De igual manera, casi en todo el mundo los explotados y dominados sufren los impactos políticos "subjetivos" de la restauración del capitalismo en Rusia y el resto de la ex URSS, así como, bajo formas distintas, en China. Volveremos sobre esto mas adelante.

También hay un cambio de período para las burguesías, claro que con expresiones y consecuencias muy diferentes que para los explotados. La contrarrevolución neo-conservadora condujo a un fortalecimientos y una extensión muy importantes de la propiedad privada de los medios de producción, así como de todos los derechos y privilegios asociados a la misma. Pero también marcó el final del conjunto de los mecanismos regulacionistas levantados tras la crisis de 1929 y la Segunda Guerra Mundial. La economía mundial se ha convertido en un campo en el que se desencadenan las ciegas leyes de la competencia, y donde las tensiones comerciales y las rivalidades entre las monedas de los principales países comienzan a presentarse de pleno derecho como elementos constitutivos del cambio de período. Y en el plano del cambio climático, del que las burguesías ya no niegan la extrema gravedad, la competencia y las rivalidades monetarias no constituyen un terreno propicio para poner en marcha respuestas que son necesarias incluso para el funcionamiento del capital. La inestabilidad es endémica, tanto en el plano político como económico. La situación del Cercano y Medio Oriente es sintomática. En tanto que el capital parece haber asegurado la reproducción de su dominación en un grado desconocido desde 1917-18, la principal burguesía siente que se le mueve el piso a causa del uso mismo que hace de su fuerza militar en Irak. Frente al desempleo, a la marginalización y a las formas de revuelta que alimentan, la respuesta de los principales países capitalistas ha sido el montaje de métodos de vigilancia y represión que equivalen a un totalitarismo de baja intensidad, tras fachadas democráticas que se agrietan. Y en los Estados surgidos del estalinismo, prevalecen formas dictatoriales.

Las condiciones heredadas del pasado en las que deberá hacerse ahora la historia

Del lado de los asalariados y explotados no existe ninguna posibilidad de volver a formas de representación política y condiciones de lucha semejantes a las que dieron el marco al combate emancipatorio realizado y pensado durante todo un siglo (grosso modo, entre 1880-1990). El fracaso de este combate tuvo su punto culminante con el restablecimiento del capitalismo en la URSS. Esto se produjo después de victorias espectaculares y ejemplares aunque limitadas a nivel geopolítico. Centenares de miles de militantes que tenían como objetivo la revolución, pensaron que los estados surgidos de esas victorias representaban, incluso con sus deficiencias, trampolines para el combate por el socialismo. Durante mucho tiempo se negaron a reconocer que en el marco del estalinismo el socialismo había hecho nacer una forma de totalitarismo. Hacia finales de los años 1980 y comienzo de los 1990, el efecto de esta negación de la realidad fue mucho mas arrasador, porque se produjo junto con profundas transformaciones en los mecanismos de explotación capitalista. Estas vinieron a fragmentar las clases obreras, antes que la liberalización de las inversiones directas y el comercio pusieran a competir directamente entre sí a los asalariados. Estos son, entre otros, algunos de los factores que impiden pensar el futuro del combate contra el capitalismo en términos de una reedición -mejorada- de pasadas experiencias. El cambio de período exige una total renovación de las formas de organización y métodos de lucha.

Los asalariados y explotados no sólo deben enfrentar al capital en condiciones radicalmente distintas. Se enfrentan también con diversas facetas de crisis civilizatoria, a desafíos cuya solución se encontraría en una inversión de sus relaciones con el capital, pero que plantean sin embargo, por su carácter y amplitud, problemas radicalmente nuevos. Estos problemas interpelan a tod@s aquell@s que tienen el horizonte de la emancipación humana. Abarcan la cuestión ecológica en todas sus determinaciones o también la de inmensas concentraciones de explotados en condiciones de extrema miseria en los suburbios del mundo. Y en esto el cambio de período es constituye un cambio de época. L@s que siguen queriendo proyectarse hacia un mas allá del capitalismo de hecho se encuentran hoy en un momento de la historia en donde lo que está en juego es la cuestión del futuro mismo de la humanidad. ¿En qué términos puede ser pensado? ¿En qué condiciones y con qué medios puede ser evitada la caída en la barbarie? ¿Cómo pueden ser reformuladas las exigencias de emancipación social con palabras comprensibles por la gran mayoría de trabajadores y jóvenes que verían entonces reforzar su voluntad de combatir un sistema portador de barbarie?

"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, en condiciones elegidas por ellos, sino en condiciones directamente dadas y heredadas del pasado". Las condiciones heredadas son actualmente las de la desocupación masiva, la destrucción de las condiciones físicas de reproducción de las sociedades, de la guerra endémica, de la vigilancia orwelliana. Son también aquellas en que los fetichismos del dinero y de la mercancía han pasado a ser los principales medios de dominación social y política, al extremo de hacer aparecer como "normal" la extrema polarización de la riqueza que hoy conoce el mundo. Pero el momento actual también se caracteriza -y esto lo hace extremadamente difícil- por la obligación de deshacerse de la "tradición de las generaciones muertas que aplastan el cerebro de los vivos". Por gloriosa que pudo ser esa tradición, especialmente la de la revolución de Octubre de 1917, es imperioso valorar lo que nos enseña la historia del siglo XX. El proletariado ha aprendido a su costa que la superación del capitalismo no es una "necesidad" que estaría inscripta en el desarrollo mismo y cuyas condiciones serían creadas con la mera acentuación de sus contradicciones internas. Porque el nacimiento del capitalismo y su ulterior evolución dieron lugar a la formación de una clase social -la burguesía- que tiene como uno de sus rasgos el haberse volcado a la reproducción de su dominación con un empeño y con medios -especialmente los del Estado moderno- incomparables a los de las clases poseedoras precedentes. La barbarie que el capitalismo conlleva sólo es igualada por la magnitud del fetichismo que el régimen de la propiedad privada difunde, permitiendo a los poseedores y dominadores ocultar tanto las raíces de los problemas que la humanidad debe resolver, como las medidas que esa solución exige.

Todas estas son cuestiones que no pueden ser esquivadas ni "dejadas para después" en nombre del pragmatismo y la "necesidad de dar respuestas inmediatas". Los sectores de juventud politizada o en vías de politización no se comprometerán seriamente a menos de saber que perspectiva se les propone: ¿una adaptación al orden existente o un combate por un "otro mundo", pero no un "otro mundo" completamente indefinido, sino una perspectiva cuyo contenido comenzaría a ser esbozado? Los partidos y los gobiernos surgidos de la revolución neo-conservadora sólo serán echados el día en que los trabajadores y los jóvenes puedan proyectarse al futuro. Esta es la convicción que condujo al lanzamiento de un trabajo colectivo, todavía apenas inicial, alrededor del proyecto "Pensar el comunismo, el socialismo hoy". Los iniciadores de esta revista son parte de ello. La revista se propone ser uno de sus medios, pero no el único, de difusión de los resultados del trabajo de discusión y confrontación conducido en el marco de este proyecto.

Un postulado de trabajo central, un compromiso, una aspiración

Una de las características del momento histórico que vivimos es el hecho de que, aunque l@s que se plantean o sienten la necesidad de este tipo de cuestiones son numerosos en el mundo, sufren una muy grande dispersión. Casi no existen o tal vez directamente no existen espacio de debate e intercambio (encuentros regulares, soportes comunicativos, redes) en los que esté asumida una discusión colectiva buscando analizar este cambio de período, decir claramente en qué consiste, enunciar alguna de sus implicaciones. Por lo tanto, esta revista quiere contribuir a la creación o comienzo de constitución de este espacio.

Para esto los iniciadores de la revista buscarán, en la medida de lo posible, "tomar al mundo como campo de análisis". Frente a un cambio de período, la única manera de intentar asirlo es abordarlo a nivel mundial. Este postulado metodológico no es nuevo. Es constitutivo del pensamiento marxista, en tanto este es uno de los únicos que comprendió que tal método estaba impuesto por el particular carácter de las fuerzas que modelaron la historia moderna. Desde que el capitalismo comenzó, a través de sucesivas etapas y utilizando tanto las armas como el comercio, a encerrar al conjunto del mundo y de los continentes en un sistema de relaciones económicas y políticas de alcance planetario, se hizo necesario tomarlas como otros tantos "elementos de una totalidad, de diferenciación en el interior de una unidad". Hoy, cuando la liberalización y la desreglamentación contemporáneas han constituido al "mercado mundial" en toda su plenitud, esto es mas cierto aún. Realmente nada puede comprenderse si no es adoptando al mundo como punto de partida. Esto vale para las relaciones propias de tal o cual país, o de tal cual "región-continental". Y vale mucho mas aún para el análisis de procesos asociados a un cambio de período histórico.

Decirlo, es señalar la dificultad que acompaña la decisión de lanzar esta revista. Aunque cuenten con el apoyo activo de "militantes-investigadores" de otros países de Europa y de otros continentes, sus fundadores son militantes situados en Francia y Suiza. Lo que no deja de tener consecuencias. La revista lleva necesariamente la marca de una revista creada en una parte precisa y restringida de esa Europa occidental que fuera, durante largo tiempo, una de las piezas dominantes del sistema de dominación imperialista y que no ha conocido tampoco el régimen político estalinista. Y más aún. En el caso de Francia, el movimiento social y lo que resta como herencia del movimiento obrero, durante mucho tiempo se vanagloriaron de la existencia de una "excepción francesa", vale decir de un país en el que la contrarrevolución neoliberal había sido contenida. Esto era en parte realidad, pero no dejaba de ser igualmente una realidad maquillada, sino mitificada. La revista nace en el momento mismo en que esta "excepción" está en peligro de desaparición, cuando será barrida salvo que ocurra una inmensa conmoción. Para quienes hacen esta revista, esto sólo viene a confirmar la convicción de que es necesario hacer todo lo posible para intentar desprenderse del sello de una perspectiva "nacional" o "regional-continental".

Esto vale evidentemente también para otros. El nuevo periodo debe ser pensado a partir de la economía y la política mundiales comprendidas como un todo. Sólo puede haber un trabajo conducido por un colectivo de "militantes-investigadores" provenientes de todos los continentes y movidos cada uno por la conciencia de las limitaciones de la perspectiva "nacional", para lograr dar algunos pasos en la comprensión del cambio de período y en la percepción de algunas de sus implicaciones políticas. Si se trata por ejemplo del análisis de las fuerzas y las contradicciones del movimiento de la acumulación del capital mundializado de comienzos del Siglo XXI, será difícil ir muy lejos sin el aporte de "militantes-investigadores" pertenecientes a los grandes países de Asia. Estos son la "ultima frontera" del capitalismo mundial, pero también el terreno de críticos antagonismos de clase de los que sin duda depende parcialmente el desenlace del combate de l@s explotad@s y l@s dominad@s entendido como combate mundial.

Tal es el postulado que esperamos guíe verdaderamente el trabajo de elaboración de esta revista. Esta ligado a un compromiso que tiene como contrapartida una aspiración. Haremos todo lo que podamos para superar las divisiones y oposiciones resultantes de diferencias políticas del pasado, lejano o reciente. Una de las originalidades del trabajo colectivo comenzado lentamente alrededor del proyecto "Pensar el comunismo, el socialismo hoy" es asociar a militantes provenientes de corrientes nacidas de la IV Internacional, con militantes pertenecientes a corrientes comunistas-libertarias. El texto de definición inicial del proyecto reivindica así un trabajo de reapropiación común de los objetivos de emancipación social que fueron compartidos por las corrientes que conjuntamente fundaron el movimiento obrero del siglo XIX. Nuestra revista hará lo posible por impulsar la misma aspiración de crear o recrear las condiciones de un debate, con otros militantes y con otras corrientes. Pensamos en aquellos con quienes hemos compartido una historia política común en el marco del trotskismo, así como en otros que defendieron la perspectiva de emancipación social con otra historia. En condiciones muy diferentes, así como menos dramáticas que aquellas en que escribía Víctor Serge en 1942, compartimos la aspiración que él formulara entonces: "Nosotros queremos participar en la construcción de un socialismo restaurado en su dignidad y en sus objetivos verdaderos que sólo pueden ser alcanzados por una organización de hombres libres. Queremos un debate de ideas honesto y claro en el seno de un movimiento obrero vivificado por la fraternal competencia y la libre discusión".

Un largo período de la historia política de la clase obrera se ha cerrado

Tal como hemos dicho más arriba, una de las dimensiones del cambio de período es que los asalariados y explotados están obligados a emprender una renovación total de sus formas de organización y medios de combate. En lo que concierne a Europa, el período histórico de los partidos y sindicatos construidos por los trabajadores desde 1880 y respaldados por ellos hasta 1968-69, está definitivamente cerrado. Tal vez esta afirmación no sea válida a escala mundial: en la India, por ejemplo, los partidos comunistas resistieron a la desaparición; en China, los puntos de referencia histórica que jalonan la conciencia de quienes han combatido al imperialismo y luego al maoísmo, son seguramente diferentes. Pero la proyección mundial del movimiento obrero nacido en Europa hace que necesariamente su crisis tenga un impacto mas amplio y en muchas partes del mundo.

En lo referido al continente en que se escribe este texto, la situación es la siguiente. Los partidos comunistas de los países de esa entidad política que era la Europa Occidental antes de la caída del estalinismo, en el mejor de los casos son ruinas. Frecuentemente, ni siquiera existen. Ninguno sobrevivió al hundimiento de la URSS, lo que traduce hasta que punto representaban proyecciones internacionales del aparato estalinista, incapaces de sobrevivir al mismo y a la ficción del "socialismo soviético", aunque fueran también partidos que hundían sus raíces en la clase obrera. En cuanto a los partidos social-demócratas o socialistas, una parte de los asalariados -parte todavía importante en algunos países, en constante reducción en otros- le dan aún sus votos en las elecciones, pero ni militan, ni los habitan. Incluso en los períodos en que los asalariados y los dominados no encuentran a esos partidos enfrentándolos como partidos de gobierno, aplicando "con dulzura" el programa de la revolución neo-conservadora, no son para ellos instrumentos de combate en el período que se extiende entre dos elecciones.

Son estos mismos partidos, los "partidos obreros tradicionales", los artífices de una situación en que los asalariados y los dominados fueron empujados a tomar plena conciencia del hecho que ellos ya no son organizaciones políticas que puedan considerar propias. Pero esto no alcanza. Hay que descubrir las causas. Tras repasar la última etapa de la larga historia que ha desembocado en la actual situación, propondremos algunos elementos de caracterización de las relaciones entre la clase obrera y los partidos que ella construyó con su propia actividad política, pese a lo cual los vieron luego erguirse frente a ellos como fuerzas extranjeras y hostiles.

Limitándonos a las décadas mas recientes, en los acontecimientos que han preparado simultáneamente la situación en que están actualmente los asalariado especialmente en Europa, y el rechazo del que estos partidos son objeto, diremos que un primer momento el rol principal lo jugaron el Partido Comunista de la URSS y los partidos comunistas nacionales a él ligados, y en un segundo momento ese papel queó en manos de los partidos social-demócratas y socialistas. La primer fase en el seno de esta historia política reciente, fue particularmente importante. Arriba se dijo que las bases de la victoria neo-conservadora habían sido sentadas en los años 1970, pero ello no era de ninguna manera ineluctable. Su avance y posterior victoria fueron hechos posibles por los muros "internos" al movimiento obrero con que chocaron los trabajadores y estudiantes, así como por las derrotas que le fueron infligidas por el aparato burocrático de la URSS y otros aparatos de esencia estalinista implantados en otros países. Entre 1968 y 1974, la huelga general en Francia, el "otoño caliente" de 1979 en Italia y la "revolución de los claveles" en Portugal pudieron ser contenidas y luego rechazadas, gracias a la actividad de los partidos comunistas de los respectivos países. La "transición pacífica" a la monarquía fue asegurada en España con la decisiva ayuda del PCE, a pesar de que este fuera inmediatamente después marginalizado. Y fue el aparato burocrático de la URSS directamente el que asestó el golpe más decisivo aplastando la "primavera de Praga" en agosto de 1969, matando así la esperanza de que bajo una u otra forma se produjese una revolución política en el interior del comunismo. En la URSS así como en los otros países bajo regímenes burocráticos, los movimientos de solidaridad fueron severamente reprimidos. Un año antes, en 1968 y en Belgrado, el PC Yugoslavo había quebrado la movilización de los estudiantes. Los estrategas del capital comprendieron que tenían vía libre para lanzar su contraofensiva. Fuera de Europa, en América del Sur especialmente, el rol central recayó en los Estados Unidos, que organizaron el derrocamiento de la Unidad Popular y el asesinato de Allende en 1973 y apoyaron dos años mas tarde el golpe de estado en Argentina. Todo esto explica que los impactos mundiales de la caída de Saigón y la precipitada retirada de los Estados Unidos en Vietnam tuvieran menos fuerza de lo que hubiera sido posible y que no hubiera tampoco convergencia entre las situaciones de radicalización política y la crisis económica de 1974-75. Este es el contexto en que comienza la preparación de la revolución conservadora y de las políticas que serían puestas en marcha a partir de la elección de Thatcher y luego de Reagan. La victoria de thatcherismo coincide con el "reajuste económico" lanzado, hacia la misma época, por Deng Xiaoping en China.

En los años 1980, los partidos socialdemócratas tomaron la posta como principal agente de contención y rechazo del movimiento de los asalariados y de adaptación de los sistemas económicos y sociales a las necesidades del capital mundializado. En el caso de Francia, fue durante los gobiernos de François Mitterrand y Lionel Jospin cuando los asalariados pasaron dos veces por la experiencia de que sus votos se volvieran contra ellas bajo la forma de políticas de adecuación de la economías y las leyes a los procesos de liberalización. El rechazo al Partido Socialista se tradujo a nivel electoral en 1991, en el 2001 y nuevamente en el 2007: abstención masiva en 1995 y en el 2001, y el mismo año además un voto de "castigo-esperanza" por las organizaciones trotskistas; en 2007 voto sin entusiasmo, abstención e incluso, en un movimiento suicida, defección hacia la derecha. Bajo formas peculiares en cada país, se pueden encontrar procesos análogos en otros lugares, pero fue en Francia donde las consecuencias fueron mas serias y tuvieron un alcance que llegó mucho mas allá de las fronteras de ese país.

Esta es la constatación. Es preciso intentar distinguir las causas y eso sólo puede hacerse a través de un debate. Abrámoslo planteando una pregunta y arriesgando una respuesta. ¿Cómo explicar que unos partidos que nacieron gracias a la actividad política propia de la clase obrera, que no habrían podido ver la luz sin la inteligencia, el sudor y también la sangre de los hombres y las mujeres que militaron para construirlos y darles vida, pudieron pasar a convertirse en partidos que se levantaron frente a los asalariados y jóvenes politizados como fuerzas extrañas y hostiles? ¿Esto no tiene nada que ver con esa representación de la clase obrera como una clase que muy ráramente capaz de superar una conciencia tradeunionista, con esa idea de que es necesario un partido que hunda sus raíces en la clase obrera pero se mantenga como algo distinto de la misma, con la utilización de la noción de vanguardia en sus numerosas variantes, con la deliberada construcción de aparatos que concentraban el poder en pocas manos? ¿Acaso todo esto, en el marco de regímenes parlamentarios, no preparó la fusión del conjunto de esos procesos con los mecanismos de delegación que son consustánciales a la democracia representativa de los regímenes constitucionales de tipo parlamentario o presidencial? ¿No estamos ante una suma de factores que transformaron a los asalariados, militantes incluidos, en masa de maniobra de partidos cuyas direcciones se integraban en las instituciones que aseguran la perpetuación de la dominación del capital a nivel nacional e internacional? La última etapa en todos los casos es clara. Es la de partidos compuestos en gran parte por representantes electos y funcionarios pagos a expensas de los presupuestos públicos (estatales, regionales o municipales), por gente cuya existencia material estaba totalmente ligada a los cargos electivos, aunque su integración profunda al orden dominante fue debilitando su base electoral hasta llegar a provocar la desaparición de esos mismos sostenes electorales.

Por el lado de los sindicatos, la situación es en gran medida análoga. Las confederaciones sindicales y la mayor parte de los sindicatos nucleaban acentuaron cada día más su cooperación con la patronal y su integración al Estado. A semejanza de los partidos social-demócratas o socialistas, los sindicatos llamaron a la clase obrera a no aspirar mas que a una adaptación "lo mejor posible" al estado de cosas que resultaba de la mundialización nacida de la liberalización y de la desreglamentación, así como de las nuevas formas de explotación nacidas del encuentro entre las políticas neoliberales y las potencialidades para el capital de las tecnologías de la información. En cada movilización, en cada combate, los asalariados debieron enfrentarse con prácticas sindicales que obstaculizaban y después frenaron sus movilizaciones, que devolvieron la iniciativa al Estado y a la patronal cada vez que los trabajadores comenzaron a disputarsela con sus propios métodos. En el caso de Francia, por ejemplo, esta fue la experiencia de las huelgas de 1995 y de 2003.

En tales condiciones, los asalariados no tuvieron otra elección que buscar en sus propias capacidades los métodos de lucha, de resistencia, a veces de contraofensiva en algún sector delimitado. En gran medida, el giro de los asalariados hacia el empleo de múltiples formas de auto-actividad es un giro impuesto y forzado, tanto como un reencuentro con tradiciones originales del movimiento obrero. Por eso se ve su manifestación en todos los terrenos en que el capital pone en peligro las condiciones de existencia de los asalariados y cuando no encuentran la ayuda que esperan desde los sindicatos y partidos. Se los encuentra, pues, tanto en la actividad productiva de plusvalía como fuera del trabajo, en las resistencias incluso las mas modestas, que los trabajadores y explotados oponen a la dominación y explotación del capital, así como en las luchas que lanzan para salir del encierro. Sólo en estas resistencias y estas luchas (frecuentemente poco espectaculares) es donde puede re-surgir la conciencia de la necesidad así como de la posibilidad de una re-apropiación colectiva de los medios sociales de producción y de consumo, de nuevas reglas para vivir en común.

Hoy es imposible decir (y seguirá siéndolo por un tiempo posiblemente largo) si estos procesos de auto-actividad crearán la base para la construcción de nuevas organizaciones políticas y sindicales en las que trabajadores y dominados puedan conservar el control. La aparición y la extensión de formas múltiples de auto-actividad son una de las expresiones de este fin de un pedazo de la historia política de la clase obrera, elemento constitutivo, junto a los otros elementos indicados en el texto, de este cambio radical de período cuyas implicaciones debemos pensar de manera igualmente radical. Pero la aparición de la auto-actividad en su extrema diversidad es también el resultado de la situación en que están los asalariados ante el capital. Enfrentados con los efectos de la atomización del proletariado por el capital, colocados en condiciones de explotación extrema de las que el desempleo es una modalidad, los asalariados solo pueden apelar a sus propios recursos.

La puesta en competencia internacional de los trabajadores y los peligros políticos que encierra, grandes rasgos del nuevo período

La mundialización del capital surgida de la liberalización y de la desreglamentación ha significado la formación de un espacio (el "mercado mundial") que permite al capital poner a competir entre sí a los trabajadores de distintos países. La puesta en competencia a distancia de los trabajadores es uno de los rasgos del nuevo período. Esta es la base, más que cualquier otro factor, de una relación entre las clases tan favorable al capital. En todos los países en que se conformó una base industrial moderna, los asalariados de las industrias manufactureras y de una creciente cantidad de servicios, sufren el progresivo alineamiento de los niveles de salario, de las condiciones de empleo y trabajo y finalmente de los niveles de protección social que los pone a la altura de los países en que la clase obrera tuvo las mayores dificultades para organizarse. La puesta en competencia se hace simultáneamente de dos maneras: por un lado, las importaciones de productos con precios bajos, las deslocalizaciones a través de inversiones directas y los contratos de tercerización, y por el otro mediante las migraciones de mano de obra con todo nivel de calificación de un país a otro. La inmigración, los estatus jurídicos especiales que se impone a l@s inmigrantes, ("la inmigración elegida") y "la inmigración clandestina" con el conocimiento de las policías ponen a disposición de los empleadores una mano de obra vulnerable y menos posibilidades de defensa. Pero también un poderoso recurso para reducir el conjunto de los salarios y cuestionar los mecanismos de protección social del conjunto de los asalariados.

La formación de un ejército industrial propiamente mundial ha sido el resultado de un proceso que se desarrolló a lo largo de dos décadas, pero dio un salto en el 2001 con la adhesión (llamada cooptación bajo estrictas condiciones) de China a la OMC y de los países de Europa central y oriental "ex socialistas" a la Unión Europea. Este proceso golpeó de lleno a clase obreras muy debilitadas ya por las primeras etapas de la liberalización así como por la exitosa introducción que ella posibilitó de las tecnologías de la informática y de la comunicación (TIC). Una de sus consecuencias es un salto en la robotización, y otra aún más grave es permitir una fuerte desconcentración de la producción y por tanto de los obreros. La puesta en competencia a distancia de este comienzo del siglo XXI ha golpeado a trabajadores a los que el capital había ya quitado, evidentemente en distintos grados en cada país, la capacidad de reacción aprovechando los efectos de la concentración.

El marco de la puesta en competencia de los trabajadores de distintos países es una economía mundial marcada por el predominio de lo que Marx llamó "la anarquía de la producción". La competencia ha vuelto a ser el mecanismo ciego descrito en El capital. Nuevamente es esa fuerza coercitiva todopoderosa que pone a los países y sus poblaciones bajo el imperio de las tendencias inmanentes de un modo de producción en que la ganancia es el objetivo principal, sino el único. En el contexto de la mundialización, el movimiento del capital está regido por el efecto conjunto de mecanismos que escapan casi por completo a cualquier "regulación-". Por un lado, se encuentran mercados financieros capaces tanto de condenas a la desaparición de sectores industriales enteros o de destruir la economía de un país débil mediante la especulación, si esto permite aumentar el valor de los títulos de algunos grupos de accionistas, o de ceder a los movimientos de pánico financiero colectivo que abren paso a los cracks. Por el otro, se asiste a la competencia desenfrenada entre grupos industriales de gran dimensión en una economía mundial con endémica capacidad excedente. La convergencia entre estos dos mecanismos crea una situación en la que las firmas ya no vacilan en participar activamente en la dislocación de los tejidos industriales y sociales nacionales de los países que les sirvieron como base anteriormente. Y para no culpar al capital, los perros guardianes de la burguesía deben culpabilizar a otros grupos. Se debe encontrar otros chivos emisarios. En lo inmediato, son primero y ante todo los trabajadores extranjeros, comenzando por los más cercanos y visibles, así como todos los "recientemente nacionalizados" que puedan ser amalgamados a ellos.

No existe el "regreso de las naciones". La mundialización vació de sustancia a la noción de soberanía para todas las burguesías o elites burocrático-capitalistas a excepción de algunas pocas que pueden contarse con los dedos de una mano. Los asalariados ya no modificarán mas las relaciones con el capital en los límites de un solo país. En cambio, lo que sí hay por parte de los partidos más próximos al capital, es un regreso al uso sistemático y a gran escala del nacionalismo como instrumento político, utilizando los recursos mediáticos actuales. Existe también por parte de los PC como de los "soberanistas" de todo pelaje, una incapacidad -si no es la voluntad deliberada de dificultarla- de concientización de los asalariados. Estos están en una situación que impone simultáneamente plantear los problemas a nivel de las relaciones de propiedad, y reformular el internacionalismo proletario en nuevos términos. El desafío es mostrar a los asalariados y a los desempleados que tipo de medidas pueden ser adoptadas para superar la competencia destructiva: medidas a nivel de un determinado continente para reconstruir un aparato productivo en manos de los asalariados, medidas para ordenar las relaciones con las clases obreras de los países que constituyen "la última frontera" del capitalismo. En el caso de los países que fueron cuna del movimiento obrero, reformular el internacionalismo proletario exige también, y sobre todo, repensar el mundo en condiciones en que el terreno de las luchas más decisivas se ha desplazado y en el que las viejas jerarquías explícitas o implícitas que rigieron las relaciones internacionales serán seguramente sacudidas cuando se reconstruya un movimiento internacional de los asalariados.

En el centro del nuevo período está la cuestión ecológica, concebida como nuevo terreno de la lucha de clases

La liberalización y la desreglamentación impulsaron y constituyen la forma específica de la mundialización del capital, uno de cuyos principales componentes es la plena incorporación de China y la India al mercado mundial, y han coincidido con la plena maduración de la crisis ecológica mundial con las dimensiones que resultan del recalentamiento climático. Pero no sólo esto. De hecho, las consecuencias más graves del recalentamiento se manifiestan precisamente allí donde operan ya otras dimensiones de la crisis ecológica. El recalentamiento climático es el resultado de procesos largos, pero su culminación en el momento en que se desarrolla la revolución conservadora le otorga una peculiar gravedad. La crisis ecológica modela el horizonte de la humanidad en este comienzo del Siglo XXI. Y debe ser pensada en términos de clase. Constituye un terreno de confrontación muy importante entre dominantes y dominados. Limitándonos sólo a la cuestión del recalentamiento climático, ya sea que la abordemos como una cuestión planetaria o como cuestión referida a cada país, es indisociable de la "cuestión social". Lo que está en juego a nivel planetario es nada menos que la amenaza, en algunos casos inmediata y en otros a mediano plazo, al mantenimiento de las condiciones para la reproducción social de algunas clases o grupos sociales, de algunos pueblos e incluso de algunos países enteros. En Africa Oriental y en la América Andina, el recalentamiento climático y la crisis del agua ya se mezclan de manera inextricable. En Asia, en la península indiana y en muchas partes del Sudeste Asiático, así como en Oceanía, el aumento en el nivel del mar y los fenómenos asociados al mismo son los que amenazan las condiciones de existencia de los más vulnerables. Todos los estudios, entre ellos el Segundo Informe del Grupo Internacional de Investigación sobre el Clima (GIRC, según la sigla en inglés) en el 2007, prevén que los golpeados en primer lugar serán o mejor dicho son ya la gente más desprotegida.

En su rol de principal potencia empeñada en la perpetuación de la hegemonía planetaria de las relaciones de producción capitalistas, los Estados Unidos se están preparando, incluso a nivel de formas de intervención militar específicas. Pero aunque sea en en el dominio de los paliativos y frenos, el capital financiero ha decidido tomar en serio la amenaza. El alerta referido a las emisiones de gas con efecto invernadero fue lanzado por los científicos desde hace unos veinte años (a mediados de los años 1990). Ahora el alerta fue escuchado: hay que hacer algo, pero para que lo esencial siga. A nivel de la perpetuación de modos de vida que le garanticen mercados y aseguren el respaldo protector de algunas capas sociales, el capital financiero trabaja para la perpetuación de la "civilización del automóvil". Desde su punto de vista, una de las claves por ejemplo es impedir que el recalentamiento climático sea utilizado para cuestionar la privatización de los servicios públicos o la remodelación del espacio urbano. Para el capital comprometido con la gran agricultura capitalista altamente concentrada, la producción de "biocarburantes" a muy gran escala es simultáneamente una inversión muy rentable y también un medio para reforzar aún más la dominación de clase sobre los trabajadores rurales.

La toma de conciencia y la resistencia política y social contra los graves atentados lanzados simultáneamente contra los explotados y contra la naturaleza, entendida como medio ambiente necesario para la reproducción social y encrucijada de la lucha de clases, han sido tardías e insuficientes entre las corrientes que se reivindican del socialismo revolucionario. Por esto, en el terreno de las "respuestas" al recalentamiento climático, es relativamente fácil para las burguesías tomar la delantera. Es urgente terminar en este terreno con las posiciones retraídas y vacilantes. ¿Qué medidas es preciso concebir e implementar, si la tarea principal es lograr que el espacio mundial no sea un infierno para las tres cuartas partes de sus habitantes, y para que dejen de estar amenazados por las destrucciones ecológicas provocadas por los modos de producción y de consumo que basados en la propiedad privada y el individualismo de la mercancía-fetiche? ¿No es preciso pensar al planeta como la "casa común de la humanidad"? ¿Qué lecciones sacar a este nivel de las distintas luchas de resistencia, incluyendo los contra ataques referido a la propiedad de los recursos de sus países llevados adelante por sectores de los explotados en Ecuador, en Bolivia o en Perú? ¿No es este un terreno en el que a través de su auto actividad los explotados y los dominados pueden elaborar reglamentaciones y medidas adecuadas, para aplicarlas ellos mismos y/o controlarlas de cerca?

El sistema mundial de dominación política del nuevo período también cambió

No puede haber análisis del nuevo período que esquive la cuestión de la nueva configuración de las relaciones inter estatales y su articulación con las relaciones de clase. Limitándonos al período posterior a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, las grandes cuestiones políticas y sociales relacionadas con el combate de la clase obrera han sido pensadas, por la mayoría de las corrientes que se reclaman de esa lucha, dentro de un cuadro de relaciones mundiales modeladas y dominadas de manera aplastante por los Estados Unidos. Frente a ellos, era preciso "elegir un campo" en el terreno inter estatal. Sólamente en las organizaciones trotskistas, y después de un largo debate, el orden mundial que reinó durante cuatro décadas fue caracterizado como un resultado de la conjunción entre las políticas conducidas de un lado por los Estados Unidos y desde el otro por la URSS y el aparato internacional de los partidos ligados a ella. La Revolución china de 1947-48 escapó a ese control conjunto, y luego la Revolución Cubana de 1959. Pero en general esas relaciones -marcadas por una combinación de cooperación contra revolucionaria y de rivalidad- entre los Estados Unidos y la URSS lograron contener la lucha de clases mundial. Y a partir de los años 1970, la China se incorporó a este trabajo de contención. Por fuera del círculo de las organizaciones trotskistas, fue dominante la teoría de los "campos": a los Estados Unidos y sus aliados se oponía, según los momentos y sensibilidades, el "campo de la paz", el "campo socialista" o el "campo de Bandug".

Con la Guerra del Golfo y aún más luego del hundimiento final de la URSS, la tesis de una dominación política sin cortapisas de los Estados Unidos pasó a imponerse aún más completamente. Tomo incluso la forma extrema de suponer la existencia de un sistema mundial "unipolar" y del "Imperio Americano". Entre 1995 y 2005, pudo parecer que esta forma de ver se correspondia al menos parcialmente con la realidad. Nosotros pensamos que ya entonces se trataba de una visión equivocada. Pero actualmente consideramos que semejante enfoque es totalmente incorrecto. Hoy la reflexión sobre las grandes cuestiones políticas y sociales que tienen que ver con las luchas cotidianas de la clase obrera y el combate por la emancipación debe ser colocado en un contexto marcado por dos características: en primer lugar, la configuración multipolar tanto de la economía mundial como del sistema mundial de dominación política de la propiedad privada de los medios de producción y, luego, la extrema inestabilidad de ambas y por lo tanto del conjunto de las relaciones políticas. Sólo en este marco, pensamos, será posible examinar, caso por caso, si tal o cual gobierno o partido con vocación gubernativa puede ser caracterizado como "anti imperialista".

Los Estados Unidos dieron el mayor impulso al montaje de la mundialización contemporánea. El régimen institucional internacional, económico y político surgido de la liberalización y de la desreglamentación nunca hubieran nacido sin la tenaz y sostenida acción política de los Estados Unidos durante más de treinta años. Lo construyeron pensando sobre todo en sus propios intereses. Pero con el paso del tiempo, se hizo claro que el beneficiario más importante y más diseminado geopolíticamente, al menos relativamente, es el capital concentrado en cuanto tal -financiero, petrolero y gasífero, minero, agro industrial, más raramente manufacturero- así como las oligarquías allí donde se encuentren. Los procesos de centralización y de concentración del capital y de polarización creciente de la riqueza son comunes al "Norte" y al "Sur". La transición al capitalismo de China ha consolidado el proceso a nivel mundial. En sectores precisos del "Sur" -la banca y los servicios financieros, la agro industria, las minas y los metales básicos- se constata un análoga acentuación de la centralización y concentración del capital. Los países en los que la formación de oligarquías "modernas" poderosas avanzó junto con fuertes procesos endógenos de acumulación financiarizada y de la valorización de recursos "naturales" -la posesión de fuentes de energía o la combinación entre las fuentes de recursos básicos con la libertad de explotar mano de obra muy barata- han sido integrados al funcionamiento del régimen internacional de la mundialización. La vuelta a las viejas "ventajas comparativas" se ha hecho en el contexto de relaciones con los centros capitalistas mas poderosos que hacen de los oligopolios des los países del Sur y de las oligarquías a las que sirven de base asociados de pleno derecho en la cadena de las relaciones de dominación mundial. El carácter supuestamente "anti imperialista" de tal o cual Estado, incluso frente a ataques estadounidenses, debe necesariamente ser examinado sobre la base de estos elementos.

Un sistema con pilares múltiples, marcado por la guerra y acechado por una fuerte inestabilidad económica y financiera

La transición al capitalismo de China consolidó fuertemente el proceso. Ella es resultado de procesos políticos y sociales internos, pero también aquí el capital estadounidense jugó un rol de primer plano. Los grupos industriales y comerciales estadounidenses fueron los primeros (antes incluso que las firmas japonesas) en combatir la tendencia a la caída de la tasa de ganancia y responder a las exigencias de "valor para el accionista" mediante deslocalizaciones importantes hacia China. Los Estados Unidos ayudaron así a que emergiera como potencia industrial de primer nivel el único Estado que está en condiciones de convertirse en un rival potencial realmente serio. Desde el 2002, se colocaron incluso en una relación de dependencia financiera inmediata con respecto al mismo. Esta situación ya ha tenido consecuencias políticas (como la obligación de recurrir a China para desactivar la crisis nor coreana) y las tendrá cada vez más. China constituye un pilar de la actual configuración del sistema mundial de dominación. Si la cuestión de la caracterización de China como país imperialista todavía puede ser discutida, no ocurre lo mismo con el rol que ella juega como sostén -hoy día decisivo- del sistema mundial de dominación de la propiedad privada de los medios de producción. La conversión de China en una potencia conlleva a corto plazo tensiones con características de rivalidades inter imperialistas. Y se produce en un continente que es el único campo de verdadera acumulación de capital en el mundo, y donde existe ya una potencia económica y financiera de primer nivel, el Japón, que observa esta conversión de China en potencia con hostilidad; y también otro Estado importante como la India, con quien China tuvo ya un conflicto armado limitado. Los Estados Unidos son responsables simultáneamente de la velocidad con que esta configuración multipolar a emergido y el país imperialista para el cual, junto con Japón, tiene de manera directa e inmediata los más agudos problemas de adaptación. En el seno de este nuevo sistema de relaciones inter estatales, las burguesías europeas ocupan un lugar completamente subordinado. Esto es una fuente de tremendos peligros para los asalariados de los países europeos, y una razón más que les exige retomar el camino de un internacionalismo renovado. De otro modo, la decadencia de las burguesías europeas será también la suya.

Más arriba, subrayamos ya la gran inestabilidad de la dominación política mundial de la propiedad privada de los medios de producción. Esta inestabilidad toma formas políticas y militares además de las económicas o financieras. Pero su fundamento último se encuentra en las relaciones de producción y de propiedad. Los nuevos rostros de la guerra desde fines de los años 1980, el carácter multiforme de las guerras "nuevas" son la expresión de fenómenos anclados en la liberalización, la aparición de nuevas potencias industriales y la superexplotación de hombres, mujeres y productos básicos. Las "guerras por los recursos" entre grupos y/o países industriales tienen frecuentemente como terreno los estados o regiones en que viven, o mejor dicho sobreviven, los que pueden ser llamados "condenados de la mundialización". Estas guerras pueden abrir paso o servir como cobertura a otras guerras, en las que el objetivo visible evidencia una voluntad de tipo genocitario de aniquilación de decenas o centenares de miles de mujeres y hombres con los cuales precedentemente habían prevalecido la coexistencia sobre un mismo territorio. Conducidas en nombre de la religión de la pertenencia étnica, se trata de guerras atizadas por una forma de competencia que las gentes más miserables entabla por medios de supervivencia. El "choque" entre expresiones de la barbarie creciente que es propia del período en que hemos entrado hace que estos Estados o regiones sean también generalmente aquellos en que el cambio climático ya se tradujo en la destrucción de tradicionales medios de reproducción social y esto ha comenzado a provocar los desplazamientos migratorios característicos de estas situaciones.

En el terreno económico y financiero más "civilizado", la competencia encarnizada que se desarrolla en la arena internacional es la expresión de contradicciones constitutivas del modo de producción capitalista, que se desarrollan ahora como contradicciones efectivamente mundiales. La centralización del capital y su financiarización agudizan la relación antagónica del capital con respecto al trabajo. Ellas le dan un carácter cada vez más radical y una de sus consecuencias es que cada centro de acumulación capitalista tiene la obligación absoluta de volverse hacia el mercado exterior. El momento actual es de mundialización de procesos de interacción y de refuerzos recíprocos entre la contracción tendencial de la demanda doméstica, la degradación de las anticipaciones de ganancia, las bajas de salario y despidos y, finalmente, la fuga hacia delante de las empresas con su deslocalización hacia las pocas partes del mercado mundial que ofrecen al mismo tiempo un mercado en expansión y la libertad en el ordenamiento de las relaciones capital-trabajo. En este sentido, China en su avanzado estadío actual de completa transición hacia el capitalismo, es el centro inmediato de uno de los mecanismos mas importantes de inestabilidad y muy posiblemente de crisis a nivel del marcado mundial. El 70% de la producción china se exporta, debido tanto a las relaciones sociales y políticas que se oponen al aumento del poder de compra interno según el ritmo de la producción de mercancías, como a la elección de los grupos industriales y comerciales extranjeros que hacen de China su base productiva (la tercera parte del comercio exterior de China está asegurado por las empresas y grandes distribuidoras extranjeras). Los Estados Unidos son el otro centro; allí, con un nivel de ingreso per capita muy distinto al de China, pero de manera no menos sorprendente desde el punto de vista de los mecanismos capitalistas, se ha remediado la insuficiencia de la baja tendencial de la demanda, mediante la creación masiva y cada vez más descontrolada de crédito, así como de la acumulación de déficits externos (tanto en la cuenta capital, como en la cuenta de bienes y servicios).

Esta situación de las relaciones políticas entre el capital y el trabajo significa, que en caso de estallar una crisis económica mundial profunda, la misma sorprenderá a los asalariados, los explotados y los dominados de los países industriales en las condiciones que acabamos de presentar. Sólo podrán contar con su propia comprensión del origen de estos fenómenos, con sus propios recursos intelectuales y materiales, y con su auto actividad. Los militantes que suman sus fuerzas para lanzar esta revista se colocan entre ellos y en su campo.