Entrevistado por Sebastjan Leban - Segunda parte
Recapitulación crítica
Intervención en el Congreso “Marxism 2009”, organizado por el SWP (Partido Socialista de los Trabajadores) británico en Londres, del 2 al 6 de julio. David Harvey participó en el taller consagrado a la crisis económica junto a Chris Harmann. En su intervención se desarrolla principalmente una idea que parece paradójica hoy con relación al repliegue del movimiento social. Para él, la crisis, lejos de cerrar los horizontes socialistas, abre nuevas perspectivas. Es la hora, según él, para las fuerzas de izquierda, de volver a salir al ataque, armadas de una teoría del cambio social que se inspira en Marx. (Nota de los editores franceses)
La crisis es, a mi juicio, una racionalización irracional de un sistema irracional. La irracionalidad del sistema queda perfectamente clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas, de costa a costa, en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas. ¿Acaso esto no es una estupidez? La racionalización que el capital desea tiene por objeto restablecer las condiciones de extracción de plusvalía, restaurar los beneficios. El medio irracional de lograr este objetivo consiste en suprimir trabajo y capital, condenando inevitablemente al fracaso la racionalización buscada. He aquí lo que entiendo por racionalización irracional de un sistema irracional.
Entrevistado por Sebastjan Leban
La pedagogía crítica en Norteamérica fue muy impactada por lo que ha venido ocurriendo desde que el capital comenzó a responder a la crisis de los setenta del capitalismo fordista-keynesiano –que William Robinson ha caracterizado como la feroz búsqueda del capital para liberarse de las limitaciones a la acumulación por los Estados-nación y las relaciones reguladas entre el capital y el trabajo establecidas en el siglo XX basadas en algunos (al menos unos pocos) derechos y obligaciones recíprocos; un movimiento que desarrolla un nuevo modelo de acumulación en el que las fracciones transnacionales del capital se han convertido en dominantes. Los nuevos mecanismos de acumulación incluyen: 1) un abaratamiento de la mano de obra y un incremento de la flexibilización, desregulación y desindicalización del trabajo, donde las mujeres siempre sufren una mayor superexplotación que los hombres; 2) la dramática expansión del capital mismo; 3) la creación de una estructura normativa mundial para facilitar la emergencia de circuitos globales de acumulación; y 4) un programa de ajuste estructural neoliberal que tiene como objetivo crear las condiciones para las operaciones sin trabas del capital transnacional emergente a través de las fronteras y entre los países. Todavía existe el capital nacional, el capital global, los capitales regionales, etcétera, pero la fracción del capital hegemónico a escala mundial es ahora el capital transnacional. Entones estamos viendo el profundo desmantelamiento de las economías nacionales, la reorganización y reconstitución de economías nacionales como elementos componentes o segmentos de una mayor producción global y el sistema financiero, que se organiza de manera globalmente fragmentada y descentralizada pero de un modo en que el poder se concentra y centraliza. En otras palabras, como señala Robinson, existe una descentralización y una fragmentación del actual proceso productivo nacional en todo el mundo, al tiempo que el control de ese proceso –esas interminables cadenas de acumulación– está concentrado y centralizado a escala mundial por una clase capitalista transnacional.
Daniel Bensaïd (1946 - 2010)
A 20 años de la caída del muro de Berlín.
Para considerar con perspectiva histórica semejante desastre, vale recordar las amargas reflexiones con las que Carlos Marx denunció el oportunismo que tempranamente impregnó al Partido Socialista Obrero de Alemania (luego Partido Social Demócrata Alemán). En la carta con que presentó su crítica, afirmaba que ese programa (conocido como Programa de Gotha) era “absolutamente inadmisible y desmoralizador” porque los dirigentes que lo redactaran habían admitido “el chalaneo con los principios”.
Las experiencias de construcción de sociedades socialistas tuvieron en el siglo XX importantes reveses; la caída del supuesto “socialismo real”, dada su aplicación forzosa y exógena, la crisis de un inoportuno modelo extensivo en la economía, el aislamiento de la clase dirigente y la no fidelidad al pensamiento autóctono de las naciones, ha hecho pensar en la obsolescencia del modelo socialista para satisfacer a las necesidades de la humanidad.
Hoy parece que la noción de vanguardia pertenece, definitivamente, al museo de antigüedades de la historia del movimiento obrero o, peor aún, a los famosos basureros de la historia. Puede en rigor interesar académicamente a determinados investigadores del movimiento obrero, pero ni siquiera este tipo de referencias existe en las organizaciones que se reivindican herederas del mismo. Algunas, de tradición anti-autoritaria (libertaria o consejista), siempre la rechazaron considerándola directamente enfrentada al proyecto de auto-emancipación, central en la lucha de los oprimidos. Otras, sobre todo las provenientes de la tradición leninista, en su inmensa mayoría, ni se atreven a mencionarla o explícitamente renunciaron a ella, a causa de los dramas y crímenes cometidos en su nombre.